Chapter 3: Can you see the truth.
Poesía en negrilla.
Flashback en cursiva.
Me entregaste el placer de tus ojos,
Rostro, piel mientras pasamos,
Observas mi barba, pecho, manos,
A cambio,
Anna llego mas temprano de lo usual, usando sus Adidas negras, rotos pantaloncillos y una polera de micro fibra. Observo la maltrecha banca de madera y se sentó. Rozó sus manos sobre la negra chaqueta de cuero que estaba sobre su regazo. Sus pulmones llenos con el frío aire mañanero. Su cabeza cayendo hacia atrás mientras recordaba los eventos de la noche anterior. Relajándose, sus parpados de cerraron.
Llegó más temprano a casa porque uno de sus pacientes había cambiado la hora. Suspiro pesadamente y camino hasta el baño dejando toda ropa sucia de su bolso en un cesto. La corredora dejo en el piso su bolso rosado, decidiendo tomar un rápido baño.
Sirvió un vaso lleno de Merlot, sintiéndose limpia y fresca tras la ducha. Ojos cobalto inspeccionaron la cara chaqueta de cuero que había dejado en el sofá. Retiro la carta en el trabajo y la escondió en la parte trasera del ultimo cajón de su escritorio. Temerosa de tener que explicar el origen de la chaqueta decidió colgarla en su closet. El mentir se le había vuelto una actividad frecuente, pero no tenia deseos de sentirse cómoda con el acto. Asumió que Kristoff no preguntaría por el ajeno ítem Aun así, sabia que existía la posibilidad de que su prometido lo notara. La posibilidad era razón suficiente para ella para esconder la chaqueta de Elsa.
Anna volvió a su confortable lugar en el estropeado sillón reclinable. Acurrucándose en el desteñido material del asiento ojeando sin mucha atención la revista Magazine. Los últimos rayos de luz brillaban a través de la ventana del living. Sus ojos escaneaban las coloridas paginas, pero su mente estaba en otro sitio. Estaba tratando de comprender porque era tan reservada con sus encuentros con Elsa.
Una parte de ella temía que alguien lo descubriera y la mejor parte de su día se desvaneciera. Le aterraba que él se descubriera de lo que hablaban. Por sobre cualquier otra razón, temía que alguien entendiese porque necesitaba desesperadamente caer en esos orbes azul cielo todas las mañanas cuando ella misma no conocía la razón.
La revista calló al piso perdida mientras el rítmico respirar de Anna llenaba el cuarto. Tras sus cerrados parpados visualizaba ojos cielo. Soñaba con el alcanzar y recorrer con sus dedos dorados mechones, pero con cada paso hacia adelante la rubia permanecía fuera de alcance. Lagrimas caían libremente por sus mejillas. Cada vez que la llamaba, silencio era todo lo que oía. Desde algún lugar en la oscuridad tras ella oía una voz llamando, "Anna!"
Abrió sus ojos para encontrar preocupados orbes castaños, "Hola. Estabas teniendo una pesadilla." Dijo su prometido, limpiando las lágrimas de su mejilla. Desorientada por su siesta toco su rostro encontrando abundante humedad.
Tragó los inquietantes sentimientos y sonrío pese a su confusión interna. "Si, supongo." Afortunadamente, su voz no se quebranto durante su respuesta.
"Estas bien?" Su masculina voz era suave y gentil, matándola aun más porque sabia que le importaba. Pese a su genuina preocupación todo lo que le podía dar a cambio era una mentira.
Su sonrisa y expresión facial era reconfortante para él, "Estoy bien."
Él observo sus ojos y no observo nada más que la verdad en sus palabras, "Que bien porque te tengo una sorpresa" Ella frunció el ceño mientras el buscaba en su bolsillo, "Terminaron de arreglarlo hoy, ahora puedes lucirlo." Abrió la negra caja para revelar un anillo de diamantes de dos quilates con una dorada banda. Usando su mano izquierda para levantar la de ella puso el anillo en su dedo con su derecha. "Ahora es realmente oficial."
"Lo es." Dijo ella suavemente. Su perfil cambio a uno de mostraba cariño, "Es hermoso."
Sus ojos castaños no abandonaron sus azules, "No tan hermosa como tú." Se acerco y tiernamente beso los rosados labios de Anna. Por costumbre y deseando sentir lo que el sentía regreso el beso. "No se como pude tener tanta suerte," sonrió ampliamente y se levanto.
El anillo, el beso y las palabras condujeron un cuchillo a través de su corazón. Eran tan tiernas, tan amoroso, sin embargo, su ternura, su amor, eran forzados. Ella se sentaba ahí recibiendo toda la atención que cualquier otra mujer estaría deseosa de recibir y todo lo que sentía era lastima. Lastima por un hombre que no amaba de la manera que el merecía, de la manera que el la amaba. Se alejo de ella, sus largas trenzas siguiéndole, "Espero que tengas hambre. Traje a casa comida China de ese lugar frente a mi oficina."
Mordiendo su labio inferior, levanto su mano izquierda debajo de la luz de la lámpara. La clara joya resplandecía en la luz, emitiendo rayos multicolores que brillaban contra las paredes blancas. "Suena genial. Rente el documental del Área 51 que querías ver."
"En serio?" Se asomo desde la cocina para preguntarle, arreglando sus lentes mientras lo hacia.
Su sonrisa se ensancho ante la esperanzadora mirada en sus ojos castaños. "Si." Sentía ganas de reír por la gran sonrisa que aparecía en su rostro.
"Genial!" Se cambió al sofá. Él se sentó a su lado sacó unas cajas de unas bolsas de plástico, dejándolas en la mesita. "Alguien en el trabajo me dijo sobre esto. Dijo que mostraban un prototipo de la nave en la que estaban trabajando. Puede volar desde Nueva York hasta Francia en veinte minutos! Que tan genial es eso?"
Sabia que era una pregunta retórica y mantuvo silencio, contenta con ver su arranque geek. Su mente divagaba durante la conversación, regresando a las palabras de su nueva amiga. Se había vuelto floja? Se había rendido en la relación? Tenían un 'eso' en primer lugar? Más importante aún como sabia que era 'eso'? Cuándo se había vuelto todo tan confuso y…
"Anna? Anna?" Movió su mano frente a sus nublados ojos.
Sacudió su cabeza para aclarar la niebla. "Lo siento. Ha sido un largo día."
Simpatía llenaron sus preocupados ojos. "Esta bien." No, no lo esta, pensó para si misma.
Se volteo y su voz cambio a una cuidadosa y preocupada, "Y bien… hoy estaba pensando. Se que no estabas exactamente emocionada cuando mi mamá menciono que um… dejaras tu trabajo después de la boda." Junto sus palmas, temeroso de mirar los azules ojos de su prometida, "Quiero que sepas que puedes hacer lo que tú quieras. No es que necesites mi permiso. Quiero decir… no me importa. Quiero decir, me importa pero… mi mamá es bastante llevada a sus ideas, pero eso no quiere decir que hacer todo lo que diga."
Anna rió sin mucha gracia, "Ella no paga nuestra renta Kristoff, es dueña de todo el edificio. Lo siento pero no crees que tal vez ella se siente en el derecho de tomar alguna de las decisiones que conciernen a nuestras vidas."
"Eso no importa. Soy su hijo, ella no va a echarnos si no haces algo que sugirió." El rubio finalmente volteó hacia ella, "Mira, solo estoy diciendo que es nuestra vida y nuestras decisiones así que… podemos hacer lo que queramos."
La corredora presiono el puente de su nariz, "Trabajas en un lugar que ella te escogió. Te recomendó para el lugar. Me refiero a que ella dono dinero para tu investigación." Suspiró, "No estoy segura de que sepas lo que es tomar tus propias decisiones. Y no creo ser mejor."
"Yo te escogí." Murmuro.
Y fue una mala decisión, pensó Anna. "Lo sé, pero… mira, aprecio lo que dijiste. De verdad lo hago. Es solo que… quieres que siga con mi trabajo?"
"Quiero que hagas lo que sea que te haga feliz." Suspiro sonoramente.
"Es una pregunta de si o no."
"Si! Consérvalo!" Exclamo, llevando sus manos al aire.
"Bien." Cogió algo de su manchada caja blanca llena de fideos. "Lamento lo que dije," su suave voz hizo que él se encorvara más.
No respondió, pero sabía a lo que se refería. Sabe que tiene razón. Él es hijo de su madre. Algo que nunca considero como algo malo. Su madre era inteligente y usualmente estaba en lo correcto. Quién era él para cuestionar a la mujer que le dio todo? Dijo que el trabajo de una esposa era cuidar de la familia, casa y marido. Pero él no quería perder a Anna por culpa de esa ideología. "Tan solo veamos la película."
Comieron en silencio a excepción del ruido de la televisión. Eventualmente, la cena fue dejada de lado. El animo de Kristoff cambio a feliz mientras empezaba el documental. Anna lo observo semi interesada. Su atención iba de entre los brazos puestos a su alrededor a las imágenes que aparecían por la pantalla.
Sabía que Anna no la obligaría a dejar su trabajo, pero forzó el tema de todos modos. Pensó que si tal vez presionaba lo suficiente él diría no y ella tendría suerte. Porque si él decía no ella finalmente tendría una razón para no amarlo. Una razón para no quererlo. Ella no lo quería, pero lo necesitaba… como amigo.
Ahí en sus brazos. Brazos que eran tan fuertes y cálidos al tacto, sintió el vacío formarse. Sintió el siempre presente vacío expandirse con cada segundo que pasaba. No entendía porque se sentía sola en los brazos del hombre que la amaba completamente. Su mente regreso a la analogía ofrecida por la trabajadora del club. Se volvió la relación un sobre vacío? Borro ella su pasado, su futuro? O existió la carta en primer lugar?
Los pensamientos fueron alejados mientras trataba de amar nuevamente al hombre que la mantenía sobre un pedestal. Luego de un rato se encontraron recostados en su cama. Anna de su lado. Su espalda hacia su prometido.
"Te amo." Susurró en su oreja antes de apagar la luz. Rodeó con sus brazos a su futura esposa.
Lágrimas amenazaron con salir mientras respondía, rezando por que fuera cierto, "También te amo." Anna trago la bilis que se formaba en su garganta. Apretó los brazos que rodeaban su cintura, deseando que el peso del anillo en su mano no se sintiera tan ajeno, tan sofocante. El sueño no le acompaño. En vez de eso se mantuvo despierta, mirando a la blanca pared.
El recuerdo se desvanecía mientras cobaltos ojos se ajustaban a la luz a través del follaje. Certeros dedos se presionaban contra la suave madera de la banca, como tratando de volver a la realidad. Una que rápidamente se le salía de control.
Su cabeza, pesada y pulsante, se fue hacia un costado. Observaba el suave y negro cuero. Dedos trazaban la brillante doble línea amarilla que recorría las mangas de la chaqueta. Se deslizaban sobre un parche triangular cocido a la chaqueta. Perdida en su exploración de la costosa prenda no oyó los pasos que se acercaban.
Su nueva amiga noto su aturdido estado. Ojos azul cielo inmediatamente detectaron el anillo de diamantes que residía en su mano izquierda. La rubia suspiro ante la confirmación visual de que la corredora esta de hecho comprometida. Se quedo viendo al redondo diamante sostenido por una montura de oro blanco. Frío, hermoso, solo. Por otra parte, noto el tamaño y la calidad de la brillante joya. Quien fuera que puso la sortija en la mano de la bella castaña, la amaba y le daría todo lo que su corazón deseara. La única pregunta que queda es si, el corazón de Anna lo deseaba a él? La respuesta, no estaba segura de querer conocerla.
Caminando hasta ser vista por la corredora, provoco que sus azules ojos recorrieran desnudas piernas de porcelana. La dorada rubia podía pasar fácilmente por una super modelo con su mini falda de mezclilla, top con cuello de encaje y tacos con tirantes negros. Trasnochados ojos y labios con brillo completaban la apariencia que tendría a cualquier hombre tartamudeando un saludo. El natural aire de confidencia que irradiaba de la rubia disminuía al hacer contacto visual con Anna. Si hubiese visto a Elsa en cualquier otro lugar estaba segura de que la mujer le parecería inalcanzable. Sin embargo, aquí en el parque la rubia permitía que sus murallas se volvieran casi transparentes, pero aun así las mantenía firme en su lugar.
"Buenos días." Saludo Elsa calidamente.
Más tarde atribuiría su imprudencia a la falta de sueño, pero no pudo evitar que su boca se abriera, "No es por ser grosera, pero naciste así? Porque en realidad eres como… perfecta." Anna utilizo sus cuidadas manos para gesticular un ovalo para enmarcar la figura de Elsa
La rubia sonrió, mostrando sus perfectamente alineados y blancas perlas. Bajo su cabeza avergonzada y soltó un risa que sonaba como música para la cansada mente de Anna. Recuperando la compostura Elsa le mostró un lindo puchero mientras respondía, "Um… si quieres decir si soy natural y no me he hecho nada, entonces si."
La respuesta que recibió fue una sacudida de cabeza y una mirada de disgusto, "Eso es ridículo," Hubo una larga pausa, la cual Elsa utilizo para inspeccionar la condición de su acompañante. La palabra exhausta vino a su mente, pero la mujer esta estresada. Esos magnificentes e hipnóticos ojos cobalto están vacíos y sin brillo. Lo que veía hacia que el corazón de la rubia se apretara en dolor y lástima. "Lo siento, eso fue realmente inapropiado. No debí…" La pelirroja se sonrojó, percatándose de lo que había dicho.
"Hey," Interrumpió Elsa, compasión y entendimiento llenando sus orbes. La suave mano de la rubia envolvió la de la corredora, su pulgar gentilmente acariciaba la parte posterior de su mano. Su pulso tanto se calmo como acelero ante el tacto. "No te preocupes por ello." Con esas simples palabras de consuelo, Elsa apretó su mano y la soltó.
"Así que cambiando el tema. Tengo una pregunta para ti." Avisó Elsa, esperando distraer a la mujer.
"A si? Dame tu mejor tiro."
Elsa soltó una risita, "Muy bien. No se trata sobre ninguna posible operación que te hayas realizado. Así que no te preocupes por ello." Anna le dio una mirada asesina en broma y Elsa la ignoro, "Si pudieses tener un superpoder, cuál seria?"
"Cómo es que escogiste esa pregunta? Es tan random."
Culpaba a Luka por hacer que realmente considerara la pregunta cuando tomaron chocolate caliente temprano esa mañana. En vez de responder dijo, "Te di una fácil, teniendo en cuenta que preguntaste si era plástica."
"No dije que eras plástica…"
"Solo responde la pregunta." La rubia rodó los ojos ante la resistencia de la mujer.
"Oh, poniéndonos un poco nerviosas, no?" Elsa se detuvo, golpeando con un dedo su barbilla, "Magia."
"No se si eso realmente…"
"Lo es. Preguntaste por un poder y hasta donde se la magia es un superpoder."
"Hablando de ser peleadora." Murmuro Elsa, pero Anna la escucho y le golpeo el brazo. "Bueno, bueno. Magia será. Serias una bruja."
"No quiero ser una bruja."
"Bueno, como una hechicera." Anna sacudió su cabeza. "Como una chica mágica." La bella pelirroja movió sus hombros medio descorazonada. "Sabes que? Serás mágica de cualquier forma que quieras." Eso trajo una sonrisa satisfecha a la cara de Anna.
"Qué hay de ti?" Preguntó la corredora.
"No lo sé."
"Por qué me preguntaste si no sabias?"
"No puedo decidirme." Explico Elsa.
"Vamos. Seis de uno o la mitad de otra docena." Anna se encogió de hombros como si no dejara a nadie más confundido.
"Qué?"
"Ya sabes."
"No, no lo sé. Me mareas."
"Es sobre la indecisión." Arrugas se formaron en la frente de Elsa. "Piensa en ello."
"Preferiría no hacerlo." La rubia entrecerró sus ojos hacia el océano. "Rayos mágicos."
Era el turno Anna para mirar a la rubia confundida, "Qué es eso?"
"Tengo una imagen mental. No puedo explicarlo."
Anna miro con recelo a la desprevenida rubia, "Por qué dijiste que la magia no era un superpoder si ibas a escoger magia."
Elsa levanto sus manos en defensa ante las acusaciones, "Primero que todo, no dije eso. Mayoritariamente porque nunca me dejaste. Y segundo, no se como describir mi elección, así que ahí tienes."
"Arrepintiéndote." Acuso Anna.
"Como sea," Elsa cruzo sus brazos sobre su bien dotado pecho. Anna mordió su grueso labio inferior para contener su risa por el adorable puchero en el rostro de la rubia.
"Estamos discutiendo por idioteces." Anna rodó los ojos por la infantil discusión.
"Tal vez, pero es una idiotez importante."
"Y eso no tiene sentido." Ambas mujeres rieron ante su extraña batalla verbal. Entonces el silencio lleno en espacio entre ellas.
"Y um… Toma." Anna le entrego la chaqueta negra a la silenciosa rubia. "Mejor te la entrego antes de que salgas corriendo otra vez," bromeó.
La dorada rubia soltó una risita, tomando la chaqueta de la otra mano de Anna. El contacto piel-con-piel envió una corriente a través de las venas del brazo de Elsa. Supondría que esa sensación seria a lo que los rayos mágicos se parecerían. "Seh, lamento eso. Como que lo olvide luego de que… 'Te vi, se encontró pensando. En su lugar dijo',… trabaje."
"No hay problema." Anna levanto la mirada hasta el claro cielo azul. "Solo le agrega al misterio."
"Misterio?" Una rubia y esculpida ceja se levanto.
"Si. El misterio que es Elsi." Anna no noto el coqueto y juguetón tono en su voz, "Eres como un puzzle."
La rubia frunció sus labios, consintiendo a la corredora. "Cómo un rompecabezas?"
"No. Eres un crucigrama." Inconcientemente la corredora se acerco a la hipnotizada rubia, "Tengo estas pistas, estos pequeños datos. Pero aun me es algo difícil el encontrar que es lo que encaja y cual es la palabra que mejor te define."
Elsa sonrió, pero no se reflejaba en sus repentinos congelados ojos carmesí. La rosada piel de Anna se volvió de gallina. La trabajadora del club descruzo y cruzo sus largas y ágiles piernas. El aire entre ellas se sentía frío para la corredora mientras Elsa paseaba sus azules ojos por el barandal frente a ellas. La rabia respiro profundo antes de voltear nuevamente hacia la castaña con ojos que podrían derretir el metal con su intensidad.
Anna se recargo en la banca ante la ferviente mirada fijada en ella. No sabia donde o si es que había sobrepasado su lazo, pero reconocía esa mirada. Era similar a la que la rubia fijó en ella cuando hicieron contacto la primera vez. Casi como si la rubia estuviese tratando de sumergirse tras la superficie de sus cobalto. "Tú también eres un misterio para mi." Elsa rompió el encuentro de miradas para ver la hora en su teléfono. "Será mejor que me vaya antes que me quede dormida y al gerente le de un ataque."
Anna sintió como si la rubia fuese a huir, pero no fue capaz de detenerla. Extrañas sensaciones recorrieron su cuerpo cuando esos orbes azul cielo se clavaron en los suyos. Su resistencia y fuerza parecieron disminuir frente al tornado que era la desconocida rubia. No entendía porque era que se resistía, pero si se dio cuenta de que estaba perdiendo. "Tengo una cita temprano. También debería irme."
"Bien." Elsa reunió la fuerza para levantarse. Sus pálidos brazos se deslizaron por las negras mangas de cuero. Pasó la correa de cuero de su bolso por sobre su cabeza para dejarla sobre su hombro. "Cuídate, Anna." La rubia se detuvo solo un segundo antes de decir su nombre. Como si decirlo en voz hiciese que todo alrededor de ellas se fuese a caer a pedazos.
"Tú también, Elsi." La trabajadora del club sonrió por el cariñoso apodo lo que a cambio provoco que una genuina sonrisa cobrara vida en el bello rostro de la castaña. "Buenas noches."
"Buenos días." Con las palabras de despedida la rubia se giró y alejó de la fisioterapeuta. Anna se sentó ahí por unos cuantos minutos luchando contra la urgencia de seguir a la rubia, pero no la siguió. En vez de eso se alejo de la banca, esperando impaciente por su futuro encuentro.
No soy quien para hablarte, no soy quien para pensarte
Cuando me quedo sentado solo o despierto por la noche, solo
Debo esperar, no tengo dudas de que volveré a verte
Debo cuidar de no perderte.
Uff~ otro capitulo.
Saludos a todos los que leen esta historia. Los que dejan sus reviews y los que no, pero sobre todo a los que se toman el tiempo para dejarme sus opiniones y eso por que me animan a seguir adelante...
Y sobre el review que quería que le diera un hijo... No estoy muy segura de poder hacerlo lol
Aunque tampoco estoy segura de que se tomen la molestia en leerme lol
