Capitulo 4: You can see the truth.

Sus tempranos encuentros continuaron. Ambas mujeres buscaban alivio del estrés en sus vidas con las alegres bromas matutinas. Anna no sacaba a colación sus problemas personales y Elsa no se molestaba en mencionarlo.

La rubia amaba la forma en que su espíritu se sentía más ligero luego de sus encuentros con la corredora. La pelirroja disfrutaba del calor y alivio que encontraba con la presencia de la rubia. Mirar los ojos azul cielo todas las mañanas era comparable a rodear con sus manos un tazón de chocolate caliente en un día de invierno. Sentía que las falsas sonrisas y el oculto dolor se desvanecían mientras verdadera felicidad llenaba su vacío.

Ninguna entendía como una extraña se había convertido en su santuario, aun así ambas lo aceptaban. Las citas al amanecer eran momentos atesorados. Encuentros de los que no hablaban con nadie.

Por un mes, mantuvieron una rutina de variadas discusiones que iban desde chismes de celebridades hasta cuestiones de política. Ninguna preguntaba sobre los asuntos personales de la otra. No obstante, algo de información se escapaba cuando hablaban. Datos sobre experiencias personales, opiniones sobre variados temas y reacciones físicas frente a diferentes asuntos formaban su opinión sobre la otra. Comenzaron a esperar respuestas en particular de la otra. Había un grado de entendimiento, pero un mutuo interés en que era lo que no podían entender la una de la otra.

Tal vez es el misterio, la niebla que rodeaba a la otra lo que las traía de vuelta. Tal vez es la paz que las llenaba al estar en la presencia de la otra lo que las mantenía adictas. Lo que 'fuese', las asustaba a un nivel que no admitirían. Porque 'eso' era desconocido. Y lo desconocido no puede entenderse. Sin entendimiento, la confianza es un puente que podría sucumbir ante la fuerza de una suave brisa de verano. Así que ambas mujeres se sujetaban a lo seguro, lo conocido. Aun si lo conocido hacia a la rubia sentirse muerta por dentro. Aun si lo conocido hacia que la corredora se sintiera destrozada por dentro.

Pero lo desconocido tiene un atractivo distinto a todo lo que han encontrado. El espejismo de un oasis en medio del Sahara cuando se te ha negado el agua durante una semana era nada en comparación. Existía una fuerza invisible atrayéndolas y empujándolas hacia la otra. El cansado y débil podía solo resistir hasta que el cuerpo se abandonara ante las demandas del corazón…

Anna miraba por la ventana de su departamento, viendo las luces de la ciudad. Sostenía su taza de té de frambuesa un poco presionada contra su pecho. Una desgastada frazada azul cubría sus piernas mientras se estiraba en el sillón. Ojos vacíos reflejaban las coloridas luces que brillaban a las 3 A.M. de un martes por la mañana. Oyó pasos acercándose por el pasillo. Una enredadera envolvía su corazón, rodeando, apretando. Es el momento, pensó. El dolor la adormecía mientras intensificaba su agarre sobre la taza como si fuese un salvavidas.

"Anna?" Llego una cansada pregunta. "Qué sucede?"

Se quedó ahí inmóvil, su mirada firme en la roja luz de un edificio a la distancia. La corredora se había movido hasta la sala a las 2 A.M. Desesperadamente tratando de entender que estaba mal. Su veredicto… sin resultados. Su sincero deseo cuando ayer regreso del trabajo fue tratar de amar al hombre que la amaba profundamente, sin esfuerzo. El tratar de ser la prometida que él merecía. No la novia fugitiva en la que se estaba convirtiendo. Por primera vez en mucho tiempo le respondió honestamente, "No lo se. No lo se."

Las repetidas palabras rompieron el dique y las lágrimas brotaron. Las claras gotas que rodaron por sus mejillas las secó, temiendo que él hiciera el trabajo por ella. "Anna…" Imploro con genuina preocupación, caminando hacia ella.

"No," dijo en un ronco susurro. No quería su amabilidad cuando sabia que su corazón estaba por romperse. "Yo…" No, pensó. Le ahorraría eso incluso si la verdad carcomía su consciencia. "Kristoff, lo siento tanto. Es solo…." Se atraganto con sus palabras, cerrando con fuerza sus ojos para evitar sus preocupados ojos castaños.

Él sabía que algo estaba mal. Él sabía que algo andaba muy mal. Anna parecía distante. Por las últimas semanas había estado fuera de su alcance. Meses si era honesto consigo mismo. Hizo la propuesta esperando que volviera a él. Después de decir 'si', la bella pelirroja estuvo más con él, pero nunca totalmente 'con' él. Era solo su sombra, un mero matiz de la original. No estaba ciego, pero se lo atribuía a los nervios. Tal vez estaba confundida.

Las mujeres eran complicadas. Unos días podían ser todo sonrisas y brillar más que el sol, pero otros días podían empezar una pelea sin ninguna razón. Ahora, sin embargo, enfrentado a la mujer que amaba llorando en dolor, entendió que las razones que se daba a si mismo eran mentiras. "Qué sucede?" Se arrodillo a un costado del sofá, sosteniendo su mano pese a su advertencia. Necesitaba saber que estaba mal para así poder arreglarlo. Si le daba la oportunidad lo arreglaría.

"Kristoff ," dijo, rogándole que dejara de ser tan amable con ella. "No puedo…" Anna se atraganto con sus palabras al ver los verdes orbes compasivos. Dejo su taza en la mesa de café. Las palabras que necesitaba decir se rehusaban a salir. Pero viendo esos ojos llenos de amor, supo que debía hablar, "No me puedo casar contigo. No puedo. Lo siento. Lo siento tanto." Su voz se rompió a la vez que soltaba su mano de la de él. Le rogó que se quedara, que no hiciera esto. Pero ella bloqueo sus plegarias y cerro de golpe la puerta de su cuarto.

Sus puños colisionaron con la puerta. Él preguntó 'por qué' pero su única respuesta era llorar aun más. Con su espalda contra la pared que daba hacia la puerta se deslizó hasta el suelo. Cómo podría darle el porque cuando ni siquiera tenia una respuesta definitiva para ella misma? No podía explicar el porque su amor por él se había desvanecido, porque no sabia la razón o cuando ocurrió.

Los golpes se detuvieron, pero continuaba rogando por respuestas, por ella. Se calmó lo suficiente como para saber que no se podía quedar. Armó dos bolsos y una mochila.

Endureciendo su resolución abrió la puerta para encontrar a un agitado rubio sentado de espalda a la pared opuesta. Levanto la vista con esperanzados ojos que se llenaron de dolor al ver sus bolsos. Sus rubios mechones estaban fuera de lugar y sus anteojos estaban ladeados, pero ella apretó su mandíbula. Caminando hasta la puerta, se detuvo cuando su mano se posó alrededor de su cintura. "Por favor no te vayas. No se que hacer sin ti." No le respondió, "Por favor quédate." Mirada alicaída, no quería ver su respuesta. Anna tragó sus lágrimas, el dolor y levanto su rostro. No esta haciendo esto solo por ella. Esta haciendo esto porque Kristoff merece algo mejor que ella. Al menos se convencía a si misma para creer que esa era la verdad.

"No puedo, Kristoff . Necesito espacio." No estaba en posición para preguntar por tiempo o espacio, pero lo hizo de todos modos. Él cedió, obedeciendo su petición. Su único deseo era complacerla y el pensar en ello la hacia sentir enferma. Sus piernas la habían llevado hasta la puerta, su mano envolviendo el pomo.

Tomo su pausa como un centelleo de esperanza. Pero la esperanza murió rápido cuando sintió su mano ser abierta y cerrada alrededor de un anillo de diamantes. Cálidos labios rozaron contra su húmeda mejilla, pero sus ojos castaños nunca dejaron de ver el cerrado puño que sostenía la realidad de la situación. El cerrar de la puerta resonó en el repentino frío y solitario departamento. El rubio no sabia que era lo que acababa de pasar a excepción de su mundo saliendo por la puerta. Porque, se preguntaba mientras se hundía en la blanca alfombra.

Mérida se arrastro hasta la puerta, el idiota que golpeaba a su puerta a intempestivas horas iba saber un poco de lo que pensaba. Observo a través de la mirilla de la puerta y sus cansados ojos se abrieron.

"Anna, qué…" no termino la pregunta porque una bella ojiazul se lanzo a los brazos de su amiga.

Mérida pasó sus brazos alrededor de la lloriqueante mujer. "Cariño, quien…" Rapunzel se detuvo a la mitad de su pregunta. Le ofreció a su prometida una comprensiva sonrisa. "Iré a preparar té."

Mérida asintió, pero no soltó el agarre que tenia en la destrozada mujer. Había visto la incertidumbre en los ojos de Anna el día que les habló sobre su compromiso. Tal vez si hubiese puesto más atención hubiera notado la falsa sonrisa de Anna cuando Kristoff era mencionado en sus conversaciones. Sabía que debió haber dicho algo en vez de, extrañamente, morderse la lengua. Pero ya era tarde para todo eso. Su mejor amiga estaba en sus brazos, murmurando incomprensibles palabras.

Algunas de las que decía eran disculpas dirigidas a ella y Rapunzel. Mientras el resto, asumió que iban dirigidas a su prometido… ex prometido.

La guió hasta el sofá, pateando la puerta para cerrarla, en el proceso. La ojiverde se sentía tan inútil mientras sobaba la pequeña espalda de Anna.

Entre las muchas preguntas que plagaban a ambas, Mérida y Rapunzel, una se realzaba por sobre el resto. Qué o tal vez quién podía tocar a Anna tan profundamente que sus nublados ojos se aclararon para ver la verdad? Por qué Anna reconoció su infelicidad una vez levantado el velo? Se puedo haber cegado a la verdad, actuar por el bien de hacer feliz a Kristoff pero no lo hizo, Por qué?

Por qué era la pregunta que todas se harían durante los siguientes meses.

Y ya estamos a la mitad de la trama.

Pobre , pobre Kristoff ... Me dedicare a terminar este para dedicarme a los otros fics elsanna que tengo por ahí ~