«DDR» Macross, sus personajes, lugares y nombres pertenecen a Studio Nue/Shōji Kawamori/Big West
«OC» Los personajes que aparecen en la historia son de mi autoría.
«N/A » Esta historia participa en el III Desafío: Accidentalmente enamorado. Del Forum de DZ del GE.
El planeta lo abrazó mientras caía.
No era ni por asomo tan cálido y reconfortante como los brazos de Midori y eso, junto a las inexplicables lágrimas que nublaban la grandiosa vista, su última mirada a esta cruel existencia, lo hicieron enfadar.
¿Podría alguien enfadarse durante su propia muerte? Ralph lo estaba… o más bien creía estarlo. ¿Donde estaba la liberación en cometer semejante acto de desesperación…? Ah, ya era demasiado tarde para pensar en eso, mejor cerrar los ojos y esperar el fin inevitable.
El problema es que, al cerrar los ojos, los recuerdos de Midori llenaron su mente.
Midori entró en la vida de Ralph como si un rayo de luz horadada las profundidades de un mar oscuro y solitario. Con ella a su lado, una nueva perspectiva se había abierto frente a Ralph, una nueva forma de ver el mundo, de sentirlo, de poseerlo.
Si alguien hubiese dicho que el amor lo había cambiado, probablemente habría hecho reír a carcajadas al joven técnico. Sólo al perderlo se había dado cuenta de su gran error.
Durante incontables tardes compartieron el paisaje. Como si Edén fuera un patio de juegos exclusivamente para sus ojos. Nadie más existía alrededor de ellos mientras contemplaban juntos, tomados de la mano, el descenso del sol tras las lejanas montañas.
Y una noche, durante las festividades por la llegada del solsticio de verano, solos en medio de la playa y a la luz de los fuegos artificiales que creaban majestuosas figuras en el cielo estrellado, sellaron su amor con un beso.
También, sin saberlo, habían sellado su destino en Edén.
De pronto, Star Hill se había convertido en un sitio demasiado estrecho para su amor. Recorrieron juntos la enorme urbe de Ciudad Capital, descubriendo cada tarde un nuevo y maravilloso lugar para contemplar. Las terrazas llenas de cafés y restoranes que descendían hasta la bahía, las grandes avenidas peatonales que conectaban la plaza principal con los distritos residenciales, la enorme fuente de aguas danzantes que se hallaba frente al ayuntamiento. Todos los lugares que Ralph ya había visitado con anterioridad se habían, de pronto, transformado en lugares completamente nuevos y diferentes a los ojos de ambos.
Bailaron de noche, solos a la luz de las farolas de la plaza principal. Jugaron a las escondidas entre los juegos para niños y armaron castillos en los areneros del parque. Cantaron hasta perder la voz en una de las tantas casas de karaoke en el sector comercial y persiguieron felices, como niños, a los pequeños robots de limpieza que se escabullían de ellos mientras trataban de mantener limpia la ciudad.
Saltaron sobre los pedestales holográficos de la Quinta Avenida y se vistieron con ropas antiguas, De pronto fueron reinas, reyes, soldados de armadura brillantes y damas con enormes vestidos de seda. Fueron Romeo y Julieta, fueron Juana de Arco y El Cid Campeador, fueron Marilyn Monroe y Antonio Banderas.
Fueron Lynn Minmay y Nekki Basara.
Hicieron el amor debajo del mirador de Star Hill, con las dos lunas de Edén como únicas testigos. También entre las dunas de la playa y en medio del bosque. Se amaron como solo dos adolescentes podían amarse en la plenitud de sus vidas, descubriendo a cada momento algo nuevo, algo sorprendente y maravilloso el uno del otro.
—Eres mi Principita. —Le dijo Ralph a su amada una noche, mientras contemplaba el reflejo de las lunas en la reluciente superficie de Lake Valley, abrazados y cubiertos por una pesada manta.
Ella se rió encantada y no lo corrigió
—¿De qué planeta has venido? —Preguntó mientras hundía su nariz en el cabello de su amada y aspiraba el delicado perfume.
—Del asteroide B612. —Dijo mientras cerraba los ojos y descansaba su mejilla en los fuertes brazos de Ralph.
Se quedaron dormidos mientras las lunas surcaban el cielo estrellado sobre sus cabezas. Era como si la propia galaxia… no, el mismo Universo girase en torno a ellos dos.
El tiempo pasó pero ellos no lo notaban. Ralph rechazó promociones y ascensos solo por estar más tiempo junto a Midori. Ahorraron centavo a centavo y, finalmente, alquilaron un pequeño departamento con vista al puente colgante que cruzaba la bahía.
Ralph no pudo resistir más y abrió los ojos.
A lo lejos, por sobre los edificios que lo rodeaba se podía divisar el puente colgante que unía la ciudad con la isla donde se emplazaba el aeropuerto local. Fue solo un segundo pues pronto quedó oculto tras las torres de oficinas. ¿Tanto se tardaba en caer en ese maldito planeta? Ciertamente la gravedad era ligeramente menor a la de La Tierra, pero debería caer casi a la misma velocidad.
El viento rugía a su alrededor y no podía escuchar nada más ¿Estaba gritando? No lo sabía y quería hacerlo, quería expulsar toda su pena y frustraciones de un solo golpe.
Apretó los dientes con fuerza y cerró los ojos.
Quería verla una vez más, una sola vez más.
Midori plantó rosas en el balcón del departamento. Eran una variedad nativa de Edén y no eran exactamente como las fotos de las rosas que se podían ver en la Enciclopedia Galáctica, pero a Midori le encantaban y por ende a él también.
Se pasaba horas y horas cuidando de ellas y Ralph se pasaba horas y horas también contemplando a ambas, flores y amada como si fueran la misma cosa.
Un sonido furioso lo trajo de vuelta al mundo que se deslizaba a toda velocidad mientras se acercaba con rapidez al suelo. Ya podía distinguir los autos en las avenidas elevadas y las enormes calles especiales que usaban los Zentradis para caminar por el centro de la ciudad. Era gracioso, iba a caer en medio de esa calle, a lo mejor un gigante lo aplastaba con el pie y llevaría su cuerpo aplastado pegado a la suela como si fuera un excremento de perro.
Una bandada de gaviotas cruzó el aire a su alrededor. Durante una fracción de segundo vió plumas revoloteando por todos lados, al asustarse las aves del repentino ser humano que caía en picado desde lo alto de la torre. ¿Que le recordaba eso..? Ah si… el pequeño príncipe había llegado a La Tierra usando a una bandada de golondrinas para desplazarse por el espacio… Ojala los humanos pudieran viajar así y no depender de esos enormes armatostes que llamaban naves espaciales y sus aparatosos dispositivos de salto FOLD. Sin esa tecnología, no hubieran descubierto Edén.
Pero tampoco él habría conocido a Midori.
—Si yo soy la Principita… —Dijo Midori mientras regaba las rosas con un pequeño atomizador. —¿Eres tu el Piloto varado en el desierto? —Preguntó.
Ralph no respondió, pero al día siguiente pidió una semana libre en el taller, alquiló un vehículo 4x4 y juntos fueron a visitar el desierto de Edén.
Recorrieron las gigantescas extensiones de enormes e infinitas dunas, seguros de no perderse o quedarse sin combustible. Los satélites que giraban sobre sus cabezas mantenían el contacto con el vehículo las veinticuatro horas del día.
Al segundo día de exploración se toparon con los restos de un avión estrellado.
Era un caza de la UNSpacy, casi con seguridad el remanente de un accidente o de algún ejercicio de tiro del centro de pruebas de la base. En Edén se probaban siempre los nuevos prototipos de cazas variable que usaba el Gobierno Unificado.
Ralph reconoció el avión, era un VF-11 Thunderbolt. Se hallaba incrustado en la arena y se había partido en varios pedazos. Al parecer los militares habían quitado los dos reactores y las municiones. Solo quedaba el fuselaje y restos de cables y placas de aleación descoloridas por el sol. El avión había estado transformado en modo Gerwalk durante el aterrizaje de emergencia, por eso no se sorprendió al ver las "piernas" y "brazos" que asomaban por encima del fuselaje. Lo que lo sorprendió es que el avión estaba cabeza abajo. ¿Habría sobrevivido el piloto?
—¿Vas a arreglarlo, mecánico? —Preguntó Midori bajando del vehículo, con su sombrero de ala ancha para protegerse del sol y un vestido ligero de verano que le llegaba a las rodillas.
—Técnico Mecánico. —Corrigió Ralph y comenzó a desmontar la tienda de la parte trasera del vehículo.
Armaron la tienda junto al avión e hicieron el amor toda la noche.
—No me dejes nunca. —Le dijo Ralph a Midori por la mañana, cuando el sol se asomó por entre los picos de piedra y las sombras comenzaron a retroceder.
—Solo si tu me proteges de las serpientes. —Dijo mientras lo abrazaba.
Una idea le cruzó por la mente ¿Acaso no era una serpiente la que había separado al piloto del Principito en el cuento? ¿Y no había también una serpiente en el Jardín del Edén, la que había condenado a Adán y a Eva a una vida de sufrimiento? ¿Acaso todo estaba relacionado en esta maldita historia?
Ralph volvió a abrir los ojos, pasando rápidamente junto a las pasarelas superiores de la calle, llenas de transeúntes que caminaban despreocupadamente. El suelo venía velozmente a su encuentro
Ya no había tiempo, su caída llegaba a su fin. Ralph cerró los ojos para no ver llegar a la muerte. Al fin y al cabo era un cobarde.
