«DDR» Macross, sus personajes, lugares y nombres pertenecen a Studio Nue/Shōji Kawamori/Big West

«OC» Los personajes que aparecen en la historia son de mi autoría.

«N/A » Esta historia participa en el III Desafío: Accidentalmente enamorado. Del Forum de DZ del GE.


Las dos Meltran caminaron rápidamente siguiendo la traza que atravesaba el centro de la ciudad y se desviaron hacia el norte en la primera rampa que encontraron. Ciudad Capital era uno de los pocos lugares de la esfera de influencia humana donde la infraestructura urbanística había sido concebida para la coexistencia de ambas especies.

La pujante metrópoli estaba erigida en las faldas del macizo montañoso conocido como Cordillera Centralia, una sucesión de picos elevados que discurren en forma de media luna, perdiendo altura a medida que se adentraba en el Mar de Satruán.

—Más despacio Lala! —suplicó la joven de anteojos mientras trataba de seguir el paso a su compañera—. Se supone que no debemos llamar la atención!

El pasaje en el que había desembocado la calle estaba libre de otros Zentradis, no obstante las pasarelas para los micronianos estaban atestadas de gente. La pareja siguió avanzando mientras echaban miradas por sobre sus hombros

—No creo que nos haya visto nadie —agregó en un murmullo.

—Estas cosas solo pasan en los comics —exclamó su compañera con evidente irritación en la voz— ¿Que se supone que debemos hacer ahora?

—Busquemos un lugar apartado primero —indicó con la mano un enorme cartel en lenguaje Zentradi a unos doscientos metros de distancia. —Allí!

Salieron a un espacio abierto, donde los edificios circundante eran más bajos y la falda de la montaña estaba casi al nivel de la calle. Era una plazoleta pequeña, aunque «pequeño» en lenguaje Zentradi se traducía en un enorme espacio abierto de más de cuatrocientos metros cuadrados.

Habían tallado bancos y mesas apropiados para los gigantes con el mismo granito de la montaña. No muchos, apenas 5 bancos en la plaza circular con un enorme roble en el centro. Ambas Meltran se sentaron en el banco que quedaba oculto tras las ramas del árbol.

Una cubierta elevada con barandillas recorría el perímetro la plaza, de modo que los Zentradis que se sentaban allí podían conversar e interactuar con los humanos en una posición relativamente más cómoda.

—En los mangas siempre es una hermosa muchacha la que suele caer del cielo sobre el protagonista —dijo la joven de anteojos mientras hacía un gesto negativo con la cabeza. —Mira a ver si esta vivo todavia.

Su compañera se enderezó nerviosa en el banco y miró hacia los costados para ver si había alguien cerca. No se veía a nadie por suerte y el árbol, a pesar de llegarles a la altura de la cintura cuando estaban de pie, ahora que estaban sentadas la ocultaban bastante bien de miradas indiscretas.

—Deprisa Lala, debe estar asfixiandose!

La joven suspiró y se desabrochó los botones superiores de la blusa blanca que llevaba puesta, dejando a la vista el inicio de su enorme busto, completamente visible a través del escote abierto.

Con un rápido movimiento metió la mano entre sus pechos y revolvió buscando algo.

—No lo encuentro —Dijo

—Déjame probar a mi —Exclamó la joven de anteojos metiendo su mano dentro del escote de su amiga, a la vez que comenzaba a buscar en el reducido espacio.

—Despacio Quinn, me haces cosquillas — exclamó con la cara roja de vergüenza.

Forcejearon un momento en una escena que hubiera puesto colorado hasta al más avinagrado de los burócratas del Gobierno Unificado. De pronto Quinn dio un grito de triunfo y extrajo de entre los pechos de su amiga, cuyo rostro ya parecía un tomate, a un inconsciente Ralph.

—¿Esta vivo? —preguntó Lala viendo como su amiga levantaba delicadamente al desvanecido Microniano y lo depositaba en la palma de su mano.

—No se… ¿Y si lo tiramos ahi? —dijo señalando una pequeña fuente que se encontraba en la cubierta de observación.

Su compañera asintió y tomó al hombre con la mayor delicadeza posible. Los micronianos eran muy frágiles, un movimiento brusco podría aplastarle las costillas o empeorar las heridas que tuviera ya.

—¡Lala! —exclamó su amiga y señaló tras el árbol

Una joven Meltran con ropa de camarera se acercaba a ellas. Lala soltó a Ralph, que cayó desde unos dos metros de altura justo dentro de la fuente, levantando un pequeño géiser de agua.

—Hola! —Saludo la recién llegada —¿Quieren ordenar algo?

—Eh… ¡Café! —Exclamó de pronto Quinn sobresaltando a la camarera.

—Eso.. Cafe yo también — agregó rápidamente su compañera a la vez que interponía su brazo delante de la fuente para ocultar el pequeño desastre que había causado.

—Dos cafés —La joven Meltran anotó la orden en un Pad que luego volvió a guardar en un bolsillo de su uniforme.

Quinn y Lala suspiraron con alivio cuando la camarera desapareció tras uno de los edificios en el recodo del camino. De pronto se acordaron del humano y miraron a la fuente con preocupación.

Ralph había salido por sus propios medios y yacía a un costado de la misma mientras tosía y escupía agua por su boca.

—Fiuuu! —exclamó aliviada Lala

—Hey Lala —Quinn bajó la voz lo más que pudo —¿No será un pervertido?

Su amiga la miró con cara de no comprender. —¿A qué te refieres?

—Lo lei en la Red, algunos pervertidos se arrojan sobre los escotes fingiendo caídas o accidentes.

Lala miró a su amiga y luego miró a Ralph, quien seguía tosiendo agua de la fuente en cuatro patas. —No lo creo —dijo moviendo negativamente la cabeza. —Venía cayendo desde muy alto

—¿Un suicida? —Quinn frunció el ceño y el tono de su voz sonó aún más preocupado. —Lala, no podemos inmiscuirnos en esto… las ordenes…

—No voy a dejar a ese Microniano tirado….deberíamos llevarlo a un hospital o algo.

Quinn suspiró profundamente y miró a su amiga con ganas de decirle unas cuantas verdades pero… la verdad es que Lala era su superior en esa misión, ella solo estaba como soporte de inteligencia y comunicaciones.

—Haz lo que quieras —dijo volviendo a suspirar —Pero por el bien de la misión te aconsejo que no te enredes en sea lo que sea que este tipo estaba haciendo.

Ambas Meltran volvieron a mirar al hombre, quien finalmente se había sentado en el suelo y miraba a las dos gigantas sin comprender nada.

—¿Estas bien? —preguntó Lala

Ralph todavía respiraba con algo de dificultad, pero el chapuzón lo había hecho reaccionar de inmediato. Lo primero que vio cuando abrió los ojos fue a estas dos enormes Meltrans quienes parecían estar discutiendo sobre el. Una de ellas llevaba el cabello castaño claro y ondulado que le llegaba hasta los hombros y usaba anteojos, un accesorio realmente extraño en un Zentradi. Vestía una simple remera azul con una pequeña letra U bordada en dorado sobre el pecho izquierdo.

La otra Meltran era un poco más alta, de cabello oscuro con reflejos verdes, era de tez morena y tenía el pelo atado en dos largas coletas. Tenía un aspecto bastante más humano que su compañera y además vestía de forma mucho más femenina; una blusa blanca a la que Ralph no pudo evitar ver el amplio busto que se asomaba por el escote desabrochado. La Meltran pareció darse cuenta de lo que miraba el Microniano y se tapó el pecho con ambas manos. Ralph se pasó la mano por el rostro y se fregó los ojos con vigor, pero cuando los abrió nuevamente la escena no había cambiado; allí estaban las dos gigantes mirándolo fijamente.

—Estoy…. bien — dijo aun aturdido mientras bajaba la cabeza y miraba sus ropas mojadas.—¿Ustedes me salvaron? —agregó de pronto recordando lo sucedido

—El busto de mi amiga te salvó —dijo Quinn señalando el amplio pecho de Lala, quien había vuelto a ponerse colorada mientras cerraba los botones de la blusa para ocultarlo.

—Yo… —dijo Ralph balbuceando —...lo siento, de verdad.

Las Meltran intercambiaron miradas por unos segundos. Parecían estar confundidas e indecisas por lo que debían hacer o decir a continuación, finalmente fue Lala quien tomó la palabra.

—No ha sido nada, fue una casualidad que pasaramos justo en ese momento por allí. ¿Seguro que estas bien?

Ralph intentó ponerse de pie pero las piernas le temblaron y volvió a caer de rodillas ante la consternada mirada de las dos gigantas. Una pareja de jóvenes enamorados pasó caminando por la pasarela junto a la fuente, pero no miraron ni a Ralph ni a las Meltrans, estaban tan pendientes uno del otro que ni siquiera repararon en ellos.

—Oye, no te esfuerces demasiado —dijo la Meltran de anteojos. —Acabas de sufrir un golpe bastante fuerte ¿Quieres que te llevemos al hospital? Mi amiga y yo…

—¿Porque lo hiciste? —interrumpió su compañera, dejando a Quinn boquiabierta.

—¡Lala!

Ralph no contestó; había logrado ponerse de pie y con dificultad caminó un par de pasos hasta un banco de madera que estaba enfrentado a la barandilla. Se sentó trabajosamente y apoyó la espalda mojada contra el respaldo de madera. Pasó casi un minuto hasta que Ralph se movió nuevamente, buscando algo en el bolsillo superior de su traje de mantenimiento.

Quinn y Lala observaron como el Microniano extraía una cajilla de cigarrillos, algo mojada por el chapuzón reciente. El hombre rebuscó hasta encontrar un cigarrillo lo bastante seco como para prenderlo y se lo puso en la boca, pero no lo encendió.

—¿Porque lo hice? —pareció que se lo preguntaba a sí mismo —Porque soy débil y un cobarde, por eso.

La joven camarera llegó entonces con una bandeja y dos tazas de café humeantes. Mientras colocaba las bebidas frente a las dos amigas, miró con curiosidad al Microniano vestido con un traje de mantenimiento naranja quien parecía haber salido de la ducha hacía solo un momento. Estaba segura que el banco estaba vacío cuando había tomado las órdenes antes.

Quinn sacó un Pad del bolsillo de su pantalón y lo acercó a la camarera, quien extendió el suyo y descontó el importe de las bebidas. —Muchas gracias —dijo y colocó unos dulces junto a las tasas, alejándose inmediatamente luego de hacer una pequeña reverencia a las jóvenes.

En silencio abrieron los pequeños sobres de azúcar (Que en realidad era bolsas de papel de al menos cincuenta kilogramos de sacarina) y revolvieron el contenido de las tazas lentamente, viendo como el vapor se elevaba en pequeñas nubes.

—Los Zentradis conocen el acto de quitarse la vida voluntariamente —dijo de pronto Quinn al terminar de dar un pequeño sorbo; estaba bien negro y fuerte, como a ella le gustaba. —De hecho se lo considera una táctica de ataque válida cuando el enfrentamiento es contra fuerzas superiores o la importancia del blanco requiere una neutralización sin posibilidad de fallas —colocó la taza suavemente sobre el plato de cerámica y miró con curiosidad a Ralph. —Pero en el caso del ser humano, los motivos suelen ser de naturaleza mucho más… —Quinn se detuvo al no encontrar la palabra exacta. —¿Banales? —Pregunto dudando.

—¿Fué por una mujer? —preguntó Lala

—Fue por una mujer —respondió Ralph mientras se reclinaba en el banco.

Permanecieron en silencio, ellas bebiendo de a pequeños sorbos y él recostado en silencio, sintiendo la brisa que bajaba de las montañas, transportando las fragancias de los pinos y las «Flying Apples» que maduraban en esa época del año.

El reloj de la torre del ayuntamiento dió las 4 de la tarde, Ralph sólo pudo ver la parte superior del dial a medida que se erguía por sobre los edificios circundantes. Tuvo un pequeño escalofrío al escuchar las cuatro campanadas y recordar su caída.

—Hey Lala —exclamó de pronto la Meltran de anteojos —Es tarde y todavía no conseguimos nada.

Lala bajó la taza y miró a Ralph con tristeza en los ojos. —¿Vas a intentarlo de nuevo? —preguntó.

—Tal vez —dijo Ralph

Quinn suspiró y depositó la taza vacía en su plato. —Haz lo que debas hacer Microniano. Tu vida es cosa tuya y nada mas que tuya.

La Meltran de coletas miró a su amiga y movió la cabeza en gesto de desaprobación. —No —dijo —Estoy segura que puede haber otro camino, debe haberlo. ¿Cuál es tu nombre, Microniano?

-Ralph —dijo el levantando la cabeza. —Pero me temo que no hay esperanzas para mi, si muero aquí o me escondo en la otra punta de la Galaxia, todo seria igual.

Lala no supo qué responder a eso y bajó la vista hacia la mesa, sintiéndose mal por el desdichado humano, pero Quinn levantó una de sus cejas intrigada. —Oye Ralph —dijo de pronto señalando el uniforme naranja que vestía. —¿Eres mecánico?

—Tecnico Mecanico —dijo sin pensarlo Ralph, mientras cerraba los ojos. —Como si realmente importara ya.

Lala miró sorprendida a su amiga y luego miró a Ralph, sin entender el porqué de la pregunta.

-Tecnico mecanico —repitió Quinn mientras se acomodaba los lentes sobre la nariz, gesto que Lala conocía de sobra cuando veía a su amiga pensar sobre un asunto en extremo delicado. —¿Tienes experiencia en trabajar con mechas pesados? —preguntó.

—Trabajo en los equipos de mantenimiento con los clase HMG Serie III —explicó el hombre palpando los bolsillos de su traje en busca de su encendedor. El aire fresco de la montaña había secado bastante su traje.

—Esos son mechas pesados, de los que se usan en construcciones submarinas —dijo Quinn mirando a su amiga con una extraña luz en los ojos —¿Trabajas entonces con traje de buceo? ¿Haces EVA's también?

—¿El espacio? —preguntó Ralph intrigado —No —dijo. —Nunca trabaje en Gravedad Cero, aunque si entrené en las piscinas con gente que si lo hace, es bastante similar en cuanto a los procedimientos de seguridad.

Lala estaba algo perdida con la conversación y se puso a quitarle el envoltorio a uno de los chocolates que la camarera había dejado. ¿Que estaba tramando Quinn?

—No puedo prometerte la otra punta de la Galaxia Ralph… pero sí un lugar cerca de eso —dijo mientras cruzaba las manos y las apoyaba sobre la mesa —Estamos buscando a alguien con tus capacidades para trabajar en una Colonia en el Brazo de Perseo de la Vía Láctea.

Lala se quedó petrificada y casi se atragantó con el chocolate. —¡Quinn! —exclamó mientras tragaba rápidamente el resto del dulce de un bocado —Se supone que debemos contratar a un Zentradi! Si volvemos con un microniano la Directora nos…

—¿Conoces el proceso de Macronización Ralph? —agregó Quinn ignorando las protestas de su amiga.

Lala y Ralph asintieron en silencio.

—Mi compañera y yo representamos a la Fundación Unity —explicó Quinn. —Si aceptas, nos encargaremos de los costos del proceso de Macronización y todo el entrenamiento que requieras para poder empezar a trabajar con nosotros.

A Ralph se le deslizó el cigarrillo por los labios, entreabiertos por la sorpresa y cayó silenciosamente al suelo ¿Estas Meltran querían convertirlo en uno ellos? ¿En un gigante?

Lala estaba casi tan confundida como el humano —Oye Quinn…—dijo dubitativamente mirando a su compañera —No si eso esta contemplado en las directrices de la misión… ¿Estás segura que la Directora lo permitirá?

—Lo garantizo —afirmó con seguridad.

La joven de Coletas suspiró y se cruzó de brazos a la vez que cerraba los ojos. Al parecer no tardó mucho en llegar a una decisión, porque abrió repentinamente los ojos y miró fijamente a Ralph —¿Tú qué dices?

—La paga es muy buena —insinuó Quinn haciendo un pequeño gesto con los dedos índice y pulgar.

Ralph se pasó la mano por la barbilla, hace varios dias que habia dejado de afeitarse…. exactamente desde aquel dia.

—¿Cuanto? —pregunto.

—Quince veces el sueldo de un trabajador calificado de tamaño Micrón, plus la bonificación por trabajar en la Periferia.

La «Periferia» eran los bordes más alejados de la esfera de Colonización Humana, lugares tan alejados que tomaba semanas y semanas de saltos FOLD solo para llegar a ellos. Solo los pioneros y los desesperados trabajaban en lugares tan alejados.

Ralph se rió y las Meltran lo miraron confundidas ¿Porque se reía?

—¿Qué es lo gracioso? —preguntó algo molesta Lala —Te estamos ofreciendo la oportunidad de empezar de nuevo —dijo. —¿No nos dijistes que eras débil y cobarde? Con el cuerpo de un Zentradi ya no lo seras, eso te lo aseguro.

—Un nuevo comienzo, un nuevo cuerpo, una nueva vida —dijo Quinn mientras cruzaba sus manos frente a su barbilla —Es la oportunidad de tu vida, Humano. Elige

Los ojos de Ralph se llenaron de lágrimas y bajó la cabeza hacia el suelo, donde sus lágrimas formaron pequeñas manchas oscuras en el pavimento. —No quiero una nueva vida —dijo. —No quiero dejar atrás a Midori.

Quinn y Lala quedaron en silencio, sin saber que hacer mientras miraban al robusto hombre derramar lágrimas en el suelo. Nunca había visto llorar a un hombre y eso las afectó profundamente. Lala estiró la mano para tratar de consolar a Ralph, pero Quinn sostuvo el brazo de su amiga y movió la cabeza en forma negativa. —Déjalo —dijo. —Dale solo un momento.

Permanecieron en silencio mientras Ralph sollozaba, al cabo de unos minutos se calmó y se pasó la manga del traje de mantenimiento por el rostro, secándose las lágrimas que quedaban con un gesto de resignación.

—Lo siento —dijo.

—Ella…. —Lala preguntó con un susurro —Esa Midori, digo ¿Ella murió?

Ralph suspiró y colocó sus manos sobre las piernas, respirando profundamente. Luego levantó la mirada y vió a las gigantes que lo miraban fijamente.

—No —dijo. —Midori no esta muerta.

—Entonces no debes perder las esperanzas —se sorprendió Quinn hablando con total franqueza al Microniano Ralph. Lala asintió con la cabeza, aprobando el comentario de su amiga.

El hombre respiró hondo y pareció tomar una decisión, de pronto se puso de pié y enfrento con determinación a las dos Meltrans —¿En verdad seré un gigante? —dijo ¿Sere tan grande y fuerte como un Zentradi?

—Con seguridad que sí —dijo Lala entusiasmada. —Eres alto y robusto siendo un Micrón, conservaras esas características cuando te Macronices.

Ralph avanzó lentamente hacia la barandilla, de modo que ahora podía ver con toda claridad a las Meltrans a cada lado de la mesa. De pronto extendió el brazo y abrió la palma de la mano.

—Acepto. —dijo. —Por Midori

Quinn estiró el brazo y abrió la mano, extendiendo solo el dedo índice para estrechar la mano de Ralph. —Soy Quinn y ella es Lala —dijo. —Bienvenido a Unity Ralph.

Dos días más tarde, un transbordador privado con el logotipo de la Fundación Unity despegaba de la bahía de Eden, con un solo pasajero; Ralph.

A cada lado de la nave, dos Queadluun-Raus, pilotados por Lala y Quinn respectivamente, lo escoltaban de cerca. El joven técnico miró por última vez Ciudad Capital y el sitio donde apenas podía distinguirse las colinas de Star Hill.

—No te abandonaré Midori. —dijo poniendo su puño sobre el vidrio. —Lo juro por mi vida.

El transbordador llegó a la atmósfera superior y una serie de vibraciones seguidas de un resplandor dorado indicó el inicio del salto FOLD. Ralph se acomodó en su asiento y miró hacia adelante.

Una luz repentina rodeó a la nave y las dos armaduras Meltran, luego un destello y de pronto los cielos quedaron en silencio.

—Por Midori —repitió Ralph.

FIN


Notas del Autor: Este es el ultimo capítulo de la historia de Ralph en Edén, la historia sigue en Chatarra por supuesto, casi diez años mas tarde. Espero que hayan disfrutado esto tanto como disfruté yo escribiéndolo, ha sido un total desafío escribir algo del genero romántico.

Agrego un par de notas para quienes no estén familiarizados con el universo Macross.

Los Zentradis: Son la raza alienigena que llega a La tierra en 1999 persiguiendo a una nave que luego de estrellarse en una lejana isla del pacífico sera reconstruida por los humanos y rebautizada con el nombre de SDF-1 "Macross" Son una raza de guerreros gigantes creados artificialmente como armas pero, en definitiva, son exactamente iguales a los humanos, solo que de mas de 10 metros de altura. Los Zentradis se dividen en Zentrans y Meltrans (Hombres y Mujeres) y quedan tan sorprendido por la cultura humana que luego de una violenta guerra, quedan completamente asimilados a la misma, comenzando a convivir con los humanos mediante la "micronización" de sus cuerpos.

El Salto FOLD: Es una tecnología que los humanos extrajeron de la nave caida en el año 1999, permite acceder al espacio dimensional y "viajar" a través de los pliegues del espacio, cubriendo enorms distancias, mas veloces que la luz misma

Queadluun-Rau: Son las armaduras de combate Meltran (mujeres Zentradi) Solo pueden ser usadas por mujeres y son extremadamente rapidas y mortiferas

Macronizar/Micronizar: El proceso por el cual un humano puede convertirse en un gigante o viceversa.

Micrón/Micronianos: Los seres humanos