Mil disculpas a los que esperaban la continuación de esta historia. He estado con una presión por proyectos finales y exámenes finales.
Agradezco muchísimo a los que se molestaron por dejarme un review.
Sin más que agregar.
Digimon no me pertenece ni sus personajes
El comodoro y el pirata.
La tarde estaba llegando a su fin en la capital, y con ella la corta desaventura de cierta castaña. El camino a los barrios del norte de la capital, hogar de las familias comerciantes más ricas y las familias de mayor tradición del Imperio, parecía ir sin contratiempos. El carruaje mantenía un paso firme por las bellas calles decoradas con impresionantes obras de arte diseñadas con la flora del lugar. Vista Dorada, como se llamaban las zonas residencias de estos lugares presumía ser la zona más exclusiva y bella para vivir en todo el imperio. Al estar ubicada sobre las cimas del valle en la que se encontraba la capital se podía observar una hermosa vista hacia la enorme capital, donde se podía presumir un paisaje rumbo al inmenso mar del que dependía la economía del lugar. Ni siquiera grandes cantidades de dinero te garantizaban tener un hogar por aquel lugar. La única forma de conseguir permiso para cualquier construcción por estos lugares es por decreto real. Claro que para héroes de guerra como el padre de Hikari Yagami es un mero trámite.
-¡Te das cuenta de la suerte que tuvimos!- Gritaba casi histérica la peli morada en la privacidad del carruaje de madera de caoba con decoraciones doradas.- ¿¡Te pusiste a pensar al menos en lo que hubiera pasado si ese salvaje se hubiera atrevido a hacerte daño!- Continuaba Yolei y sin parar para respirar siquiera exclamo.- ¡Sora y Mimí me hubieran matado por haberte seguido el cuento, y ese hubiera sido un destino mucho mejor del que me hubiera tenido reservado tu madre!- pero estas palabras cruzaban a oídos sordos por parte de la castaña.
Kari completamente concentrada en la vista que le presentaba el camino a casa. Perdida en sus pensamientos había logrado poder ignorar los regaños de su mejor amiga, un logro impresionante considerando el volumen y la intensidad con la que la Yolei hablaba. Mimi aseguraba que si se lo proponía, podía callar el ruido de los cañones de los navíos imperiales.
Yolei se percató del estado casi catatónico de Kari y simplemente suspiro. Ese chico al parecer causo una impresión en su amiga. No podía negar que el encanto del rubio y la forma en la como controlo la situación podría parecer incluso atractivo. En cierta forma podía entender a Kari. Que más hubiera querido una mujer que ser rescatado por un encantador rubio y tan atractivo.
-¿Puedes creer a ese idiota?- Kari finalmente reacciono ignorando completamente el sermón que le acababa de recitar su mejor amiga.- En serio; acepto que nos sacó de un apuro pero no tenía por qué actuar como idiota arrogante.- argumentaba la castaña.- ¿Qué le costaba darme su nombre? Ay sí, claro soy un sexy marinero misterioso dedicada a rescatar doncellas en apuros.- Finalmente término con una voz burlona la castaña apoyándose en el asiento del carruaje cruzando los brazos.
Yolei parpadeo un par de veces un poco atónita. Kari no solía ser tan sentenciosa con otras personas, ni mucho menos malagradecida. Finalmente una idea cruzo su cabeza y una leve sonrisa picarona se dibujó en su rostro. Si bien no podrá castigarla con sermones al menos le hará pasar un mal rato.
¿Sexy eh?- Sonrió Yolei.
Kari se sonrojo inmediatamente, apenas se había dado cuenta que había usado esa palabra.
-Eh… yo no me refería de esa forma, el… yo…- decía nerviosa la castaña
-A mí no me engañas Kari, jamás en mi vida te había visto sonrojarte tantas veces desde que tu madre te presento a sir Wallace Cruzé. También era un rubio de ojos azules como tu amor platónico.- Alcanzaba a decir entre risas Yolei
Kari se sorprendió que Yolei recordara eso. La castaña habrá tenido como 11 años cuando sir Wallace Cruzé, el famoso caza tesoros, visito el gran Imperio en búsqueda de una pista de otra más de sus aventuras. Su padre formo una gran amistad con él durante una de sus aventuras y aprovecho para visitar a la familia con la que se había encariñado, muy a pesar de que el almirante Yagami hubiera fallecido hace ya algunos años. A pesar de ser considerado parte de la familia, Kari había tenido una inocente fijación en el famoso aventurero.
-¡Eso no significa nada!-Protestaba Kari, no le estaba gustando hacia donde se estaba dirigiendo esta conversación.- ¡Hacia demasiado calor!- Incluso a Kari le pareció ridícula esa excusa.
-Apuesto a que lo hacía.- Respondió inmediatamente con un guiño Yolei.
-¡Arg! ¡Estas completamente equivocada!- Seguía protestando la castaña con fervor cada vez más sonrojada.
-Ohh sensual extraño misterioso. Otorgaos su nombre que mis entrañas anhelan conocer- Yolei exclamaba con una voz y acento exagerado.- Permítame recompensar vuestra valentía de alguna forma. Estoy segura que podemos llegar a un acuerdo que nos deje ambos satisfechos.- Finalizo Yolei con una sonrisa provocativa y jugando con su escote con una mano. Tal vez si hubiera prestado más atención hubiera podido esquivar el cojín que Kari le había lanzado.
Yolei se reía de su propio ingenio, pero al quitarse el cojín de la cara su risa se fue apagando al ver la seriedad del rostro de su mejor amiga fijada en el paisaje que daba la ventana del carruaje. No pudo hacer otra cosa más que otorgarle una sonrisa empática a su amiga.
-De verdad que te gusto el chico.- Más que una pregunta fue una aseveración. La castaña no respondió. Yolei empezó a comprender, o al menos intentar acercarse a los pensamientos de la castaña.
No es que Kari sea una princesa de hielo incapaz de sentir atracción hacia otra persona. Pero sea lo que sea que siente no tiene mucha importancia, o más bien no tiene mucho futuro. Desde que Kari tenía edad para razonar sabía que el amor para una doncella en su posición es algo muy complicado. Su familia tiene un peso específico en la corte noble del imperio. Escandaloso sería una forma amable de decir lo significativo que sería para su familia una relación con un ciudadano común de la capital, ni se diga de uno de los distritos del sur. Y no es que se pusiera a pensar en bodas y bebes pero hasta un inocente romance juvenil se ve imposible, no es como que todos los días va al mercado de contrabando de la capital y se encuentra con un rubio sacado de los cuentos y el tamaño de la capital hace mucho más complicado encontrarse dos veces con la misma persona. Y no tenían ni un nombre para empezar.
Este tipo de cosas desesperaba a Kari. Ella nunca disfruto las fiestas, cenas, eventos y costumbres de la nobleza como su amiga Mimi. Para la Castaña una tarde en las praderas de la capital bajo la sombra de un árbol y un libro para leer le bastaba para mantener un gran ánimo por el resto de la semana.
-Al menos te quedaste con un agradable recuerdo, todavía existe la caballerosidad en el gran Imperio.- Yolei trato de animar a su amiga. Esta finalmente le regalo una sonrisa.
-Hubiera preferido un nombre.- Kari respondió y regreso su mirada hacia la ventana. Yolei suspiro, y también poso su mirada en la ventana del carruaje, pero algo capto su atención.- Que extraño, está saliendo mucho humo de los muelles.-
Kari tomo un poco de interés y fue hacia la ventana de Yolei. Por alguna razón tuvo un mal presentimiento, pero no le presto mucha atención, disturbios en estos tiempos son más que comunes en los muelles. Después de todo nadie lo sabía mejor que ella, al menos por hoy.
El resto del trayecto hacia el palacio pasó sin mayor contratiempo.
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El palacio Yagami se ubicaba en una de las zonas con mejor vista hacia el mar de toda la capital. El almirante Yagami así lo había querido. Según el, así sus hijos y su querida esposa podían ver hacia el horizonte en busca de su barco cuando regresaba a casa. En cambio, ahora es el barco del joven Tai el que esperan con ansias.
Kari salió del carruaje y se dirigió a la mansión. Yolei la acompaño hasta la antesala del palacio. Ya ahí Yolei le entrego un objeto a Kari.
Señorita Yagami, creo que se le olvida esto.- Yolei dijo sonriéndole a su amiga y entregándole el libro por el que se habían metido en todo este embrollo.
-¡Dios!, es cierto, lo había olvidado por completo.- Kari respondió sorprendida, todo esta situación le había hecho olvidar la razón por la que se habían metido en tantos problemas. Una sincera sonrisa apareció en el rostro de la castaña, Yolei sonrió al ver como la alegría de su amiga había regresado.
-¿Que traes por ahí Hikari?- Una voz se escuchó en dirección a la entrada de la antesala hacia la sala principal.- ¿Y que son estas horas para llegar a la casa? ¿Yolei, confió en que mantuviste fuera de problemas a mi hija?
Un escalofrío recorrió la espalda de ambas chicas y automáticamente se pusieron en una posición firme en dirección a la madre de Kari, la Dama Yuuko Yagami. Kari apenas pudo esconder su libro en su espalda
-Ho.. Hola madre- Dijo kari con una sonrisa nerviosa.- Pensé que estarías con mi hermano en los preparativos para su ascenso.- Kari termino más rígida
-Tu hermano dijo que tenía cosas más importantes que hacer esta noche, algo relacionado con la milicia. Ya sabes lo serio que se toma todo esto.- Respondió la madre de la castaña con orgullo. Su hijo era la viva imagen de su difunto marido, lo cual ella disfrutaba al máximo.- Pero eso no tiene nada que ver con la hora que es para que llegues tan tarde.- Finalizo con los brazos cruzados
-Pues… es que… yo…- Decía muy nerviosa Kari, si su madre se enteraba de lo que paso hoy no la dejaría salir del palacio hasta que se casara. Yuuko arqueo una ceja
-Pues vera mi señora…- Yolei intervino por su amiga. -No lográbamos decidirnos en un atuendo digno para la ocasión, sabemos lo importante que es este día para el joven Tai.
-Y que trae en la espalda mi hija.- Yuuko dijo todavía algo incrédula.
-Es la tiara mi señora. Combina elegantemente con el atuendo que escogimos
-Oh, tienen que dejarme verlo, es raro ver a mi hija con ropa acorde a su belleza.- Dijo emocionada la señora Yagami. Kari dio un pequeño suspiro.
-Disculpe mi señora pero la señorita Yagami prefiere que todo sea una sorpresa.- mintió Yolei, y le preocupaba no saber dónde conseguiría una tiara para salvar a su amiga.
Yuuko volteo a ver a su hija. Kari estaba un poco paralizada pero Yolei le dio un par de codazos para que reaccionara.
-¿Eh?.. Ah sí, cierto, quiero que todo sea perfecto.- Kari dijo con una sonrisa completamente fingida, dudaba mucho que su madre se tragara todo esto.
Yuuko todavía mantenía su cara de incredulidad pero la esperanza de ver a su hija comportarse finalmente a la altura era suficiente para ignorar sus instintos.
-Perfecto, entonces lo veremos mañana en la fiesta de tu hermano.- Término con una sonrisa satisfecha la dama de la casa y se dirigió hacia sus aposentos. Kari y Yolei suspirando aliviadas.
-Eso estuvo cerca…- Dijo la castaña
-Ni que lo digas…- Yolei dijo con completo alivio. Aunque su preocupación apenas empezaba. Donde diablos iba a conseguir un atuendo elegante y una tiara que lo combinara en tan poco tiempo.
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Yolei acompaño a Kari hasta su recamara, ya en la entrada se despidieron. Yolei hubiera preferido quedarse acompañando a Kari unos minutos más para asegurarse de que estuviera bien, pero al ver la cara alegre de su amiga con su nuevo "tesoro" decidió que sería mejor dejarla sola.
-Hasta mañana señorita Yagami.-Yolei dijo con una sonrisa y se retiró hasta su habitación en la casa de la servidumbre.
-Ya te dije que…- Kari decía pero Yolei ya se estaba retirando por lo que solo alcanzo a suspirar y dirigirse a su habitación.
La habitación de Kari era enorme pero sencilla. Las paredes de un solo color amarrillo. Su cama ubicada en la parte norte de la habitación era de un tamaño pequeño. Nada raro para una doncella de su edad ya que no necesitaba más. Si bien en cuestión de decoraciones y muebles era bastante modesta la colección de libros que se colocaban en una de las paredes era impresionante. Mimi la había molestado en varias ocasiones de que podría cobrarle a los académicos por entrar a su cuarto a leer los libros.
Si bien la literatura la emocionaba su verdadera pasión era la pintura. Eso se podía notar con la gran cantidad de lienzos regados por los suelos a lado de su cama. En sus ratos libres le encanta salir al balcón y dedicarse tiempo a pintar paisajes que le llegan a la cabeza. Ahí recae el poder de sus amados libros. Estos le otorgan una visión extraordinaria que solamente ella podía imaginar y gracias a la pintura podía representar. Y no existía mejor droga para esta acción que las obras artísticas del archipiélago de cristal. El gran Imperio había prohibido cualquier producto salido del reino del Manto. Kari no podía entender porque. Grandes artistas han salido de ahí, y era conocido por sus academias de arte donde hace algunos años los artistas de cualquier oficio soñarían ir. Pero después de la guerra y la victoria del Imperio todo ha sido censurado. La excusa del imperio es que todas esas obras fomentan ideas antipatrióticas y en contra de la nacion, pero para Kari eso no era cierto. Había leído varios libros de esa nación y lo único que había ahí eran ideas sobre lugares extraordinarios y novelas que la hacían suspirar y le daban ideas para poder transmitirlas en sus pinturas. Gennai en especial era su autor favorito. Sus poemas y novelas fantásticas de mundos increíbles y criaturas fantásticas la apasionaban.
Pero hoy en su mente había otra cosa, habrá otros días donde Gennai le trasmitía ideas para sus lienzos, pero en esta noche había un ángel atascado en su cabeza que deseaba retratar en pintura. Saco sus pinceles y se puso a pintar por varias horas.
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La tarde había llegado al palacio Yagami, y Kari se notaba algo nervioso caminando de lado a lado por su habitación.
"Espero que Yolei haya podido encontrar un vestido para todo esto". Pensaba Kari. Yolei había salido en la mañana en busca de un atuendo especial para Kari. La única forma de no hacer sospechar a su madre de lo que había sucedido ayer era que todo lo que habían dicho la noche anterior sea cierto. Eso incluía el gran vestido misterioso y la tiara que habían presumido.
Si bien a Kari le resultaba fastidioso tener que pretender ser parte de un círculo exclusivo le resultaba emocionante poder ver a su hermano nuevamente. Había pasado ya un año desde su última visita cuando lo dejaron salir de formación por unas semanas. Aunque la mayor parte del tiempo se la pasó con Sora el tiempo que estuvieron juntos fue suficiente para divertirse y rescatar ese gran vínculo que tenía con su hermano.
Pasaron otros diez minutos que para Kari parecieron horas hasta que la puerta de su cuarto se abrió ligeramente.
Ahí apareció la peli morada con una sonrisa de oreja a oreja que al parecer no se le sacaba con el limón. Kari le pareció extraño. Incluso aunque hubiera tenido éxito parecía tener un brillo especial esa sonrisa que no había identificado.
-¡Hola Kari!- Dijo inocentemente Yolei descansando en la cama de la castaña con una caja en sus manos. Kari se quedó aún más extrañada. Era extremadamente raro que Yolei se refiriera a la castaña por su primer nombre de una forma tan casual dentro del palacio.
-¿A ti que te pico?-
-¿Ah? ¿Por qué lo preguntas Kari?- Pregunto extrañada Yolei.
-Si no te conociera pensaría que conociste a un chico.- Arqueo una ceja Kari.
Yolei solamente sonrió
-Se podría decir que si.- Dijo Yolei un poco misteriosa y antes de que Kari continuara.- Luego te cuento por el momento acá tengo el atuendo.
Yolei abrió la caja donde había un vestido bastante peculiar.
Kari se lo probo sin siquiera verlo, tal vez si le hubiera echado un vistazo antes no se hubiera sorprendido tanto por este.
El vestido era de un amarrillo pastel. La falda era bastante corta para lo acostumbrado en el Imperio, llegaba hasta las rodillas en lugar de que le cubriera las piernas como normalmente lo son los anticuados trajes de cola. La espalda estaba ligeramente al descubierto.
-¡Me encanta!- Exclamaba Kari, no era de las que se emocionaban con una prenda pero definitivamente Yolei dio en el blanco. –Es tan… tan..
-Poco convencional.- Sonreía satisfecha Yolei.
-¡Exacto!-
-Bueno la tiara me costó menos trabajo conseguirla increíblemente.
-¿Dónde conseguiste este vestido?- Pregunto maravillada Kari, definitivamente tenía que visitar ese negocio.
-Eh… la cosa es que es el único que había…- Decía nerviosa Yolei.- Digamos que fue un golpe de suerte.- Dijo sonrojándose un poco. Kari le estaban empezando a ganar la curiosidad.
-Escúpelo amiga- Dijo sonriendo Kari
-Pues veras…
-¡Hikari! ¿Ya estas lista? El carruaje nos espera.- Un grito en la distancia se alcanzó a escuchar. No había duda era la madre de Kari.
-Luego me cuentas, tengo que ver a mi hermano- Dijo alegremente Kari.
-Señorita Yagami no se le olvide esto.- Decía Yolei mientras sacaba buscaba algo entre las cosas que había traído y luego le dio una tiara de plata a su amiga.
La tiara brillaba por si sola y en el centro tenía grabado un círculo con cuatro rombos en dirección de cada punto cardinal y lo que parecía pétalos de girasol entre ellos.
-¡Es hermosa! ¿Dónde la conseguiste? – Kari pregunto.
-En el mismo lugar, pero es una larga historia.- Dijo sonriendo Yolei, nos vemos en la noche señorita Yagami.
-Muchas gracias Yolei.- Kari abrazo fuertemente a su amiga, tenía que buscar la forma de regresarle el favor. Al separarse Kari se dirigió hacia el carruaje.
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El camino hacia el salón de fiestas era algo incómodo. Kari se había percatado que su madre no estaba tan encantada con el vestido que había conseguido. No le extrañaba, desde hace tiempo que tenía conflictos con lo poco concentrada que estaba Kari en su posición en la sociedad. De por si su extraña fascinación por la pintura, una actividad realmente inútil a futuro le resultaba extraña. Pero esto realmente era ridículo. No le costaba nada comprar un hermoso vestido tradicional como usan casi todas las damiselas en la corte. En cambio eligió algo que llamara la atención y no de la forma en la que ella hubiera querido. A Yuuko le preocupaba que si se mantenía con esa conducta sería más difícil poder emparejarla con un hombre de una familia digna para el apellido Yagami, aunque le calmaba un poco le hecho de que su hija era una chica hermosa.
-Interesante elección de vestido.- Su madre finalmente corto el silencio.
-Si.- Dijo nerviosa Kari
La Yuuko solamente suspiro, pensó que sería mejor no empezar una discusión así que simplemente le otorgo esta victoria a su hija. Luego vera como reparar el daño.
Pasaron algunos minutos hasta que finalmente el carruaje se detuvo. El chofer le abrió les abrió la puerta. El salón de fiestas que rentaron para el evento era espectacular. El pórtico se alargaba por al menos unos 100 metros decorado con hermosa esculturas con los jardines del lugar. La topiaria no es uno de los hobbies de Kari pero hasta ella podía aceptar lo impresionante que se veía algunas de las figuras hechas con los jardines. La entrada al salón estaba inundada de personas de la alta sociedad. Cuando Kari y su madre llegaron al lugar todos pararon de hablar y vieron fijamente a la las mujeres de la familia Yagami.
Un silencio atravesó el lugar. Muy a pesar de lo bien, que para la opinión de Kari, se veía el atuendo de la joven castaña, la gente no estaba acostumbrada a esos cambios tan bruscos de moda entre la nobleza. Kari estaba empezando a ponerse nerviosa. Si bien no le importaba lo que la gente pensara de ella no quería hacerle pasar un mal rato a su madre.
-¡Pero que hermoso atuendo!- Se escuchó gritar entre las personas. Mimi se acercaba rápidamente hacia Kari abrazándola prosiguió.- Te dije que ese vestido te quedaría hermoso Kari, bien podríamos empezar u nuevo estilo este día.
Automáticamente la gente regreso a sus asuntos, si Mimi Tachikawa dice algo positivo hacia algún vestido significa que sería un éxito en las próximas fiestas. Kari le debía la vida a su amiga y por la mirada de alivio de su madre también.
-Buenos días Lady Yagami.- Mimi se acercó a Yuuko con una naturalidad. Mimi sabe perfectamente cómo comportarse y actuar en estas situaciones. Cosa que apreciaba Yuuko, una excelente y de las pocas buenas relaciones que tiene su hija.
-Buenos días señorita Tachikawa, un placer verla. Kari, querida, hablare con algunas personas nos vemos en la fiesta. Me parece que tu hermano debe de estar dentro del salón.
Kari sonrió. Hacía mucho que no veía a su hermano.
-Muchas gracias Mimi, me salvaste el pellejo.- Dijo apenada Kari
-Ni lo menciones, pero no dije ninguna mentira. ¿Dónde encontraste ese vestido?- Decía Mimi mientras examinaba la tela.
-No lo sé. Yolei lo consiguió y no me dio tiempo de que me dijera.-
-Hmm, bueno supongo que luego nos podrá decir dónde. En fin, tu hermano esta al final del salón hablando con los invitados. Nos vemos después al parecer el Duke de Dunikan trajo a su hijo y si los rumores son correctos es todo un Adonis.- Mimi dijo emocionada y se fue en dirección hacia donde se encontraba un grupo de gente.
Kari reía un poco de su amia. Era de lo más terrible. Apenas hace una semana termino con su último chico.
Kari atravesó todo el salón, ignorando miradas sentenciosas de las chicas del lugar y otras miradas un poco más invasivas sobre los jóvenes que se encontraban en la fiesta.
"¿Cuantas invitaciones entrego mi madre?"
Finalmente lo encontró. Parado en una posición recta y serena mientras le estrechaba la mano a los que se les acercara y regalada una sonrisa forzada. En aquella esquina se encontraba un joven con uniforme militar y una nueva estrella brillante en un lado de su pecho. Lo primero que sorprendió de Kari es ver el pelo largo y amarrado de su hermano, completamente peinado y arreglado. Vaya que la naval lo había cambiado. Su pelo alborotado era su mayor orgullo por más que le molestara a su madre. Se rio un poco de la seriedad de su hermano, un atributo tan poco característico de él, pero es entendible, después de todo es su gran día y tiene que comportarse como tal. Pero ningún uniforme militar o actitud tan seria podría ocultar a la persona en a que más confía Kari. Su hermano Tai
Mientras se acercaba lo noto algo extraño. No era ese chico alegre e imprudente. Parecía apagado y su mirada parecía estar en otro lugar. Tenía una cara de que no había dormido para nada y su sonrisa burlona no aparecía por ningún lugar. Kari se preocupó un poco.
-¿No es un día demasiado bueno para que tengas esa cara tan larga Comodoro?
Tai se exalto por un momento, definitivamente lo había agarrado de sorpresa. Al ver a su hermano de inmediato se relajó y una gran sonrisa se dibujó en su rostro. Esto hizo sonreír también a Kari.
-¡Pequeña pilluela! ¿Cómo has estado? – Tai sin pensarlo dos veces abrazo a su hermana y la levanto del suelo.- Cielos, hace tiempo que no te veía.
-Tai te he dicho miles de veces que no me digas así- Kari dijo haciendo pucheros pero borro rápidamente esa expresión de molestia. Y le correspondió el abrazo de una forma aún más fuerte a su hermano.- Te extrañé tanto.
-Yo también pilluela.- Tai dijo y Kari hizo una mueca, pero el la ignoro y al verla más a detalle- ¿Qué demonios traes puesto, donde conseguiste ese vestido?- Tai exclamaba totalmente sorprendido.
La primera impresión de Kari a la sorpresa de Tai fue sobre lo revelador que era su vestido pero al ver más a detalle la reacción de Tai no parecía sobre enojo de que su inocente hermanita tenga puesto algo así. Parecía como si estuviera viendo un fantasma.
-Emm me lo consiguió Yoleio.- Dijo un poco preocupada Kari.
-¿Pero dónde diablos conseguiste un vestido del reino del Manto?-
Kari arqueo una ceja.
-¿Es de ahí? No tenía idea. Como diablos sabes eso, no es por nada pero no eres conocido precisamente por tu sentido de la moda.- Kari dijo pero cada vez más le gustaba este vestido. Tenía que sacarle a Yolei de dónde diablos consiguió el vestido.
De repente la mirada de Tai volvió a perder su brillo. Cierta melancolía y tristeza se dibujó en el rostro del joven comodoro.
-Mi última misión fue ahí.-
Kari estaba confundida. Normalmente hubiera gritado como cualquier niña de 13 años de emoción y rogarle a su hermano que le contara historias del lugar que más ha querido conocer en la su vida pero la mirada de su hermano le preocupaba. Algo había pasado en su último viaje y por lo visto en su última misión que lo cambio completamente.
-¿Paso algo en tu misión?- Pregunto Kari con un tono visiblemente preocupado
Tai estuvo a punto de contestar pero algo lo interrumpió
-Te dire lo que paso- Dijo una voz grave y rasposa detrás de ellos.- Este pequeño bribón aseguro un puesto en la flota Real del Imperio.- Finalizo con una risa muy ruidosa. Coloco su enorme mano en el hombro de Tai y continuo.- Jamás había visto un cadete con tan excepcionales capacidades para este trabajo.
Kari observo al gigantesco hombre detrás de ellos. Un hombre con un aspecto intimidante. Vestido de un uniforme militar de la armada como el de su hermano pero a diferencia de la solitaria estrella de Tai, este hombre contaba con innumerables condecoraciones y medallas en su uniforme. El aspecto del hombre daba miedo. La mitad de su rostro estaba cubierta con una barba negra y lo visible de su rostro estaba lleno de cicatrices. El hombre en si era enorme, incluso más que Viktor, y eso es decir mucho.
Tai miro seriamente de una forma extraña al hombre, Kari noto eso y trato de leer a su hermano sin éxito.
-Kari, te presento al almirante Herman Metyard, capitán del Dragón Metálico. Estoy en sus filas y es mi superior directo.- Tai dijo fríamente
-Un placer princesa.- El enorme hombre dijo con una sonrisa un poco perturbadora.
Un almirante no es poca cosa en el imperio. Siendo la naval el orgullo más grande del Gran Imperio ver un hombre en esa posición es considerado un gran honor. Para llegar a esa posición no es suficiente ser un militar derecho y disciplinado. Hay que tener cualidades excepcionales. Siendo ella hija del legendario Almirante Susumo Yagami lo sabía perfectamente.
-Un placer conocerlo almirante.
-Debes de estar orgulloso de tu hermano. A su corta edad ha hecho cosas por el imperio dignas de mencionarse. Ha exterminado a una gran cantidad de escorias del mar.- El hombre se reía mientras hablaba.- ¿O me equivoco Comodoro?
Tai dudo un poco en responder, no parecía estar cómodo con la situación. El almirante pareció notar esto y cambio un poco la mirada a una más seria.- ¿Comodoro? Me parece que le hice una pregunta.
Tai finalmente le regalo una sonrisa y prosiguió
-Perdóneme almirante. Todavía recuerdo a esas sabandijas que escaparon. Nada más me alegraba que exterminar a esa escoria del Reino del Manto de nuestros mares.-
El almirante miro por un segundo a Tai y luego empezó a reír nuevamente
-Eso es lo que me encanta de ti Yagami. Incluso en el éxito encuentras desperfecto en tu trabajo. Pronto llegaras a Contraalmirante con esa actitud. Pronto regresaremos al mar a exterminar a esas sabandijas
Kari no podía creer lo que escuchaba. No dudaba que con los constantes conflictos habría bajas por ambos sectores. Pero de ahí a sentirse feliz por eso es inexcusable.
-Supongo que iras al juicio Comodoro.- Prosiguió Herman.- Lamentablemente yo no podré ir al juicio de ese ladrón espero que tu si puedas.
La sonrisa de Tai se incrementó aún más.
-No me lo perdería por nada almirante.-
-Me encanta esa actitud Yagami. En fin te dejare continuar con la celebración tengo que hacer trabajo administrativo.- Una mueca de disgusto se dibujó en el almirante. Por lo visto la burocracia no era una de sus mayores gustos.- Nos vemos en el mar.- Terminado esto se retiró y fue a hablar con uno que otro invitado que estaba por ahí.
Un silencio incomodo se adueñó entre los hermanos. Tai se percató de esto pero no se atrevió a cortar el silencio.
-Asi que ahora exterminas sabandijas con gusto.- Kari dijo con un poco de disgusto.- Que honorable de tu parte.
-Déjalo ir Kari.- Tai dijo seriamente.
-¿Pero por qué dices eso Comodoro? Después de todo no hay cosa más gratificante que matar a otras personas que piensan diferente a ti.
-Kari te pido que…-
-Estoy seguro que nuestro padre estaría orgulloso Taichi.- Kari dijo con un tono desafiante.
-¡Suficiente!- Tai exclamo completamente indignado.
Kari se sorprendió, Tai no solía perder su temperamento de esa forma con ella. No sería la primera vez que Kari desafía a su hermano y este discute con ella por algún desacuerdo, pero jamás le había levantado la voz de esa forma. Tai continúo hablando
-Nuestro padre vivió en una época y situación completamente diferente.- Tai prosiguió tratando de recuperar el control.- No necesito que te pongas en un altar de moralidad.
-Estoy seguro que la guerra ha cambiado muchísimo desde nuestro padre.- Kari no se inmuto en contestar. Tai estaba empezando a perder otra vez la paciencia.
-No tiene ni la menor idea de lo que hablas. Si hubieras visto las cosas que yo vi. Todo tu mundo cambiario. Si supieras lo que yo se…
Kari lo interrumpió. -Y que son las cosas que yo no sé. Ilústrame querido hermano.- Kari estaba logrando su objetivo. Su hermano no se comporta normalmente así y estaba decidido a saber que estaba mal con su hermano.
-¡Todo este Imp…- Tai hablo pero rápidamente se detuvo. Estaba a punto de decir algo que no debía. Kari suspiro. Tai se calmó un poco y su rostro se llenó de melancolía y tristeza.
-Querida hermana este tipo de cosas no es necesario que lo sepas.- Tai dijo calmadamente y acariciando la mejilla de su hermana con ternura. Kari se ruborizo. No importaba la situación siempre le causaba felicidad el cariño de su hermano.- Me tengo que retirar. Ve con nuestra madre a disfrutar el resto de la fiesta tengo que hablar con algunas personas.
Sin dejar que su hermana protestara se retiró hacia otras personas
Kari suspiro. Algo de todo esto no le gustaba pero sabía que ya de nada serbia insistir. Su hermano se comportaba de forma muy extraño. Se preguntó que había sucedido durante la ausencia de su hermano en altamar.
(-)
La fiesta prosiguió como lo hacen casi todas las fiestas de la capital. Los invitados no dejaban de aludir a Tai y felicitarlo por su rápido ascenso en la naval. En cuanto a Kari, ella se encontraba en una de las mesas apartadas de la fiesta con Mimi. Al parecer ella ya se había cansado de coquetear con su último objetivo. Kari finalmente le relato todo a Mimi sobre su preocupación con su hermano.
-Vaya, también lo habia visto un poco extraño cuando lo salude pero pensé que eran los nerviosos.- Mimi le comento a Kari cuando esta le habia terminado de comentar lo que paso.
-No puede ser eso… Podra estar nervioso pero generalmente no se comporta tan a la defensiva. Y parecía eludir el tema. Realmente no quería hablar de eso, cosa que es rara pues mi hermano no se guarda muchas cosas cuando se enoja.
-Bueno Kari creo que no deberías de romperte la cabeza con todo. Sabes bien como son las cosas en la milicia. Probablemente el stress este haciéndole pasar un mal rato. Estoy seguro que cuando vea a Sora se le quitara todo eso. Y si no estoy seguro que Sora tendrá una o dos ideas para regresarle su sonrisa de idiota a tu hermano.- Mimi dijo riéndose. Kari no pudo evitar sacar una pequeña risa.
-Por cierto. ¿Dónde está Sora? Pensé que quería ver a mi hermano lo antes posible.
-Tuvo que salir con su padre. Una cuestión de negocios urgente. La hubieras visto. Estaba devastada la pobre. Pero bueno, estoy segura que podrá ver a Tai después.
-Que lastima.-
-En fin creo que es hora de que bailemos. Esta es una fiesta después de todo.
-Pero Mimi…-
-Sin peros. Hay una gran cantidad de buenos de buenos prospectos por acá.- Mimi dirigió su vista por los alrededores.- Solo hay que esperar a que se acerquen.
Y Mimi tenía razón. Se habían dedicado a declinar invitaciones de varios jóvenes para sacarlas a bailar pero Mimi y Kari estaban ocupadas hablando. Pero ahora Kari ya no tenía excusa para evadir actuar como se espera de ella. A lo mejor encuentre a alguien que no sea un típico burgués arrogante. Aunque las probabilidades no estaba a su favor.
-De acuerdo pero solo bailare una pieza.- Kari dijo resignada y Mimi sonrió satisfecha
No pasaron ni 30 segundos en que un joven apuesto y alto saco cordialmente a bailar a Mimi. Ella tenía el plan de bailar cerca de la mesa del Duque. Provocar celos era una de las estrategias favoritas de Mimi para llamar la atención.
Kari se sintió un poco vulnerable. Hubiera preferido que Mimi estuviera acá para asustar a los idiotas. Mientras pensaba esto noto que un joven buen arreglado se acercaba hacia ella. Bien arreglado y con una mirada algo presumida.
-Hola preciosa ¿me concederías el honor de un baile?- Dijo el joven con suma confianza.
A Kari no le daba buena espina ese joven pero siendo sinceros así lo sentía con casi todos los chicos de su edad de familias importantes, además, sabía que mientras más pronto termina con esto sería mejor y no tendría que escuchar a su madre quejándose de no conocer a más personas.
-Claro…- Kari respondió dudando un poco. El joven mostro una sonrisa de satisfacción y la acompaño a la pista de baile.
(-)
La música clásica era linda pero aburrida para bailar, no arriesgaba nada, siempre a buen tiempo y si bien ahí estaban los mejores músicos que la ciudad podía entregar Kari sabía que la música los limitaba bastante. La castaña bailaba a ritmo con su pareja con una mirada distraída, no es que el chico no sea atractivo pero Kari tenía varias cosas en la cabeza que no le permitían concentrarse.
-Eres una damicela muy hermosa señorita Hikari Yagami.- Dijo el joven tratando de captar su atención sonriéndole.
-¿Eh?, ah gracias… un momento… ¿cómo sabes mi nombre?- Kari pregunto un poco incomoda
-Tu madre quería presentarnos, simplemente me señalo hacia dónde estabas.- El chico respondió con confianza.- Pero no era necesario haberte señalado, con que me hubiera dicho que buscara al único ángel del lugar me hubiera bastado.
"¿Es en serio lo de este tipo?, pero al menos intento ser original…".- Kari pensó
-Muchas gracias.- Kari le otorgó una sonrisa de cortesía. Al parecer no era la reacción que el joven esperaba pero no se iba a rendir tan fácil.
-Soy de la familia Cloran, mi nombre es Dan y mi padre es…-
-Hugo Cloran, dueño de la compañía de mercancias del Oriente.- Kari respondió interrumpiéndolo. Si bien no le interesaba mucho hablar sobre la importancia de las familias en la corte o lo prestigiosas que son las familias, pero ser hija de Yuuko Yagami y una gran amiga de Mimi Tachikawa es imposible no escuchar sobre uno que otro nombre. Y el nombre de la familia Cloran es uno bastante grande. La compañía del Oriente son de las más fructosas flotas comerciantes del imperio. Los nietos de los nietos de Hugo Cloran tenían el futuro asegurado
El joven se notó un poco sorprendido pero volvió a mostrar una sonrisa confiada.
-Pues entonces podrás entender mi posición social.-
Kari rodo los ojos hacia un lado.- "Bueno al menos esta me dio un cumplido y duro más de 10 minutos antes de que me explicara por qué sería conveniente que nosotros salgamos".- Kari pensó .
-Es bastante impresionante.- Kari dijo sin mucho interés.
-Así que… que tal si nos vamos a un lugar más privado.- El joven dijo lentamente mientras deslizaba su mano por un costado de la castaña hasta su cadera.
- Creo que prefiero terminar esta canción.- Kari dijo moviendo la mano del chico a donde estaba antes mientras bailaban. Estaba empezando a perder la paciencia. Esto no pareció caerle muy bien a Dan.
Siguieron bailando por un rato más hasta que la pieza se terminó.
-Bueno ha sido un placer Dan, pero que creo que me retirare a descansar.- Kari dijo de una forma cortes y se dirigía hacia su mesa pero algo sostuvo su brazo
-Creo que no entiendes lo que quería decir.-
-Yo creo que sí, ahora si me disculpas te agradecería que soltaras mi brazo.- Esta vez Kari lo dijo con un tono más exasperado.
Dan no soltaba el brazo de la castaña. Tenía una mirada de confusión en su rostro, al parecer no solían rechazarlo muy seguido. La paciencia de Kari estaba a punto de acabarse pero no quería crear una escena y arruinar la fiesta de su madre.
-Creo que la señorita ya no quiere gozar de tu presencia.- una voz familiar se escuchó atrás de Dan y Kari observo una mano acomodarse en el hombro de Dan. Al alzar la vista Kari reconoció al joven alto y moreno que se encontraba de inmediato. Una sonrisa volvió a dibujarse en su rostro.
-Y a quién demonios crees que le estas habl…- Dan había comenzado pero se detuvo al voltear y reconocer de inmediato al joven.
-Supongo que me reconociste amigo, te sugiero que te retires.- Dijo aquel joven con suma confianza
Dan lo volteo a ver, y luego a Kari. Finalmente se retiró del lugar visiblemente molesto.
-Por lo visto sigues metiéndote en problemas con tus pretendientes Hikari Yagami.- Se dirigió a Kari con una gran sonrisa.
-Por lo visto sigues asustando a todos mis pretendientes Daisuke Motomiya.- Kari le respondió y le regreso el gesto con otra sonrisa.
Los jóvenes se miraron durante un momento felices del reencuentro. Kari al final se acercó a Daisuke y le abrazo emocionada.
-Te extrañe Davis.- Kari dijo contenta
El joven Daisuke no pudo evitar sonrojarse a la muestra de afecto de Kari pero le regreso el abrazo satisfecho.
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Davis y Kari conversaban en una mesa alejados de la fiesta. Habían pasado 3 años desde que Daisuke fiel a la tradición de su familia fuera a la escuela de entrenamiento militar para jóvenes cadetes. La familia Motomiya al igual que la Yagami es de tradición militar. Davis era muy parecido a Tai a su edad. De hecho este era visto como un ídolo e inspiración para Davis. A Kari siempre le acuso risa esto. Si bien era igual de temperamental y descuidado que su hermano, también compartían rasgos raros en la nobleza como la amabilidad, compasión y valentía.
Así paso el tiempo y la joven pareja de amigos recuperaba el tiempo perdido compartiendo historias y anécdotas. Cuando Kari reia Davis se sonrojaba un poco. Kari sabía que el joven Motomiya sentía una atracción haca ella, y si no fuera porque le recordaba demasiado a su hermano a lo mejor ella sentiría lo mismo. Tenía que aceptar que Davis era incluso atractivo, había crecido muchísimo desde la última vez que lo vio hasta parecerse casi a un hombre. Pero ella sabía que cierto rubio estúpido le evitaría poder ver a algún hombre de una forma diferente al menos hasta que se lo quite de la cabeza.
-En fin, ¿qué te trae al prestigioso banquete de los Yagami? – Kari pregunto sabiendo ya la respuesta
-Sabes que no me perdería el ascenso de Tai.-
Kari de repente perdió un poco el color de su sonrisa recordando lo que había pasado con su hermano hace algunos momentos. Davis noto eso de inmediato.
-¿Sucede algo? ¿Acaso dije algo?- Davis se preocupó.
-No… No es nada.- Kari dijo rápidamente con una sonrisa. Davis no le creyo.
-Vamos Hikari sabes que puedes decirme cualquier cosa.-
Kari dudo un momento. Sabía que Davis idolatraba a su hermano y no quería discutir con su amigo ya que probablemente se ponga del lado de la milicia y su hermano. Davis siempre le decía cuando eran más pequeños que el sería el mejor Almirante de la armada que el Gran Imperio haya conocido.
-No es nada importante.- Kari respondido con la mejor sonrisa que pudo dar.
-Pero…-
-Por cierto donde se encuentra mi hermano.- Kari trato de cambiar la conversación, pero también quería saber dónde se había desaparecido Tai. Hace tiempo que no lo veía.
-¿Eh?, ah sí hable con el antes de verte. Salió al juicio de un saqueador muy famoso.-
Kari puso una cara de confusión pero luego recordó la conversación con el almirante Metyard. Recordó como Tai sonrió completamente cuando escucho sobre el juicio y como al parecer quería estar presente. A lo mejor ese juicio le podría dar una pista de lo que sucedió con su hermano.
-De hecho mis superiores me recomendaron ir pero creo que disfrutaría más tu compañía.- Davis dijo en tono algo persuasivo. Kari estuvo a punto de decir algo pero vio una oportunidad.
-También yo disfruto de tu compañía Davis.- Kari dijo con una sonrisa coqueta. Davis se sonrojo de inmediato.- Pero me encantaría que me llevaras a ver ese juicio. Sabes bien que ser hija de mi padre todo esto de la milicia me encanta.
Esto sorprendió a Davis en varios aspectos. Él estaba seguro que a Kari ese aspecto de su familia nunca pareció importarle mucho. No solo eso sino que ir al juicio de un forjado no parecía como la cita que una mujer quisiera tener. Basta decir que empezaba a cuestionar un poco a Kari. Esta se dio cuenta de eso, sabía que tenía que ser más persuasiva
-Vamos Davis, significaría mucho para mí. Kari le dijo acercándose un poco más.- El sentido común de Davis no tuvo ninguna oportunidad.
-De acuerdo.- Davis dijo vencido. Kari simplemente sonrió.- Veme en tu carruaje afuera e iremos al salón de justicia. Debemos apurarnos ya está cerca en realizarse el juicio. Lo bueno es que esta cerca de aquí.
-Entendido, solo déjame despedirme.- Kari salió como cometa antes de que Davis dijera algo. Este solamente sonrió.
-Motomiya, eres todo un galán.- Se dijo asimismo con orgullo
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El viaje hacia el salón de justicia fue rápido como lo predijo Davis. El salón de justicia era un edifico enorme blanco. Mucho más grande que incluso la mansión donde vivía Kari. Tenía una fachada elegante y un sinfín de ventanas.
-Como me meterás en el juicio.- Kari pregunto
-Tenemos suerte de que este juicio será público, hoy será una ocasión especial.-
Kari se sintió un poco extrañada. Generalmente los juicios a los bandidos se hacían en privado.
-¿A quién se supone que están enjuiciando?-
-Al capitán Ishida.- Davis dijo con una sonrisa realmente satisfactoria
-¿¡Estas bromeando! Pensé que Hiroaki Ishida había muerto hace años.
El nombre de Hiroaki Ishida era muy famoso en todo el Imperio, incluso en todo el mundo. Difundió terror por los mares, fue una pesadilla para los comerciantes y la naval. Nadie sabe a ciencia cierta como es que murió pero el legado que dejo paso a la historia.
-Estas en lo cierto. Pero es su hijo el que capturaron.- Davis dijo tranquilamente.- El bribón había dado muchos problemas estos últimos tiempos.
-Vaya no sabía que tenía un hijo. ¿Cómo se llama?- Kari pregunto con curiosidad.
-No lo sé. Se ha reusado a decirlo tengo entendido.-
-Vaya.-
La joven pareja camino por los pasillos del edificio hasta que Davis la guio a una gran puerta subiendo unas escaleras.
-Es por acá.- Davis le dijo a Kari.
Al entrar por el salón Kari vio un pequeño balcón que miraba hacia un salón más grande en el piso de abajo. Ahí se encontraba un típico salón de corte. Observo varios hombres sentados en unas mesas altas con unas pelucas ridículas. Supuso de inmediato que eran los jueces. Noto que entre los que estaban en un costado de ese salón se encontraba su hermano. Al parecer parecía muy nervioso.
La multitud compartía murmullos y entablaba conversaciones en voz baja.
-Vaya parece que llegamos justo a tiempo.- Davis parecía bastante satisfecho.
-Muchas gracias Davis.- Kari le regalo una sonrisa de lo más sincera. Davis volvió a ponerse completamente rojo y solamente acomodo a la castaña en un asiento y luego se sentó a un lado de ella completamente nervioso. A Kari le pareció adorable eso y simplemente soltó una risilla. Por cierto como capturaron al capitán Ishida.
-Lo capturaron mientras trataba de saquear un barco del imperio. El idiota no sabía que se preparaba una emboscada contra él. Davis se mostraba satisfecho.- Teníamos un espía entre sus agentes de confianza.
Unos fuertes golpes se escucharon desde el estrado. Uno de los jueces aporreaba un partillo para llamar la atención. Al parecer los jueces querían empezar todo esto.
El juez que estaba en el centro se paró y se dirigió hacia el público que se encontraba ahí
-Mis queridos compatriotas, nos reunimos acá para ser testigos de un juicio de suma importancia para nuestra amada patria. El individuo en cuestión ha sido acusado de los crimines más antiguos y barbáricos. Barcos del imperio han sido hundidos en por su mano, otros han sido saqueados. Pero como bien saben somos un pueblo justo y todos merecen una oportunidad para defenderse.- El juez decía. Kari trato de no vomitar ante el discurso. Si bien aquel pirata puede ser culpable de lo que lo condenan no le cabe duda que uno que otro militar en la naval bien podría caerle ser juzgado. Esa idea luego le dio cierta tristeza pensando en su hermano.- Sin más preámbulo les presento al capitán Ishida. Hijo del infame asesino Hiroaki Ishida.
Las puertas que estaban al final del pasillo que conducía al estrado se abrieron. Un joven con las muñecas atrapadas por unas cadenas de metal se dirigía al estrado. Kari no alcanzo a verlo bien pues habían unos soldados escoltándolo por lo que le bloqueaba un poco la vista. Pero cuando los soldados se acomodaron a un costado y el joven estaba de frente al estrado Kari pudo observarlo de frente. El corazón de Kari se detuvo por lo que pareció una eternidad. No daba crédito a lo que sus ojos veían. No había duda. Ese pelo rubio, esos ojos azules, su misma cara…
-Capitán Ishi…- El juez hablo pero de inmediato fue interrumpido por el acusado.
-Por favor use mi nombre completo.- Dijo el rubio con una confianza y una sonrisa arrogante.- Me llamo Yamato Ishida.
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Phew. He dejado muchísimos cabos sueltos… Tengo la intención de atarlos todos pero me tomara algunos capítulos. No sé si eso es algo bueno o malo para ustedes jajaja.
Este capítulo me costó mucho trabajo por que no sabía cómo mantener el misterio. Espero que al final no me salga el tiro por la culata como decimos en mi pueblo.
Los siguientes 2 o 3 capítulos tendrán mucha más acción (después de todo es una historia de piratas) y probablemente más cortos. Además en esos capítulos darán final al preámbulo. Les prometo que haré todo lo posible por escribirlos lo más pronto posible.
Como siempre agradezco cualquier review que me dejen y cualquier duda intentare contestársela.
Hasta el siguiente capitulo
