Bueno acá les dejo un capitulo con un poco más de acción. Le agradezco a todos aquellos/as que me dejaron un review. Sus comentarios me provocan más ganas de continuar este fic.

Como saben Digimon no me pertenece pero disfruto tomar prestado por un momento a sus personajes

Asalto en el Muelle.


La noche Anterior…

Las calles en los distritos de los muelles parecían más calmadas en al caer la noche. Los guardias empezaron a patrullar la zona esperando controlar la ola de disturbios que se han azotado durante estos tiempos. La guerra había atraído a la gente equivocada. Pero al parecer esto no parecía preocupar a un tercio de jóvenes que caminaban tranquilamente por las calles como si estuvieran en su barrio. Los jóvenes del Reino del Manto parecían más calmados de lo normal para el plan que tenían en mente. Carles y el joven Ishida hablaban mientras que Thomas se mantenía al margen de la conversación. Nunca fue un admirador de las historias de conquista de Casanova. Para desfortunio de el si lo eran la gran mayoría de la tripulación.

-Así que Casanova… ¿Qué lograste con esa chica?- Carles pregunto curioso.

-¿Huh? ¿A qué te refieres?- El rubio se hacia el desinteresado.

-Vamos, escúpalo capitán, esa chica se veía realmente linda.

-¿Si lo era verdad?- Casanova dijo dibujando una sonrisa aún más grande en su rostro.

-¡Claro que sí!-

-Pero bueno, la verdad no tenía muchas oportunidades con ella.- Ishida contestaba bastante tranquilo. Thomas mostro un poco interés en la conversación. La humildad no era una virtud del joven capitán.

-¿Bromeas? ¿El legendario Casanova tiene una presa que no pueda conquistar?-

Ishida simplemente se rio ante la exageración de su joven amigo, aunque no le sorprendía. La verdad él tenía cierta reputación de llevarse a la cama a casi cualquier chica en la que posa el ojo.

-Hay infinidad de mujeres que no dormirían conmigo.- El rubio decía mientras reía.- El secreto de mi éxito es distinguir quienes son aquellas mujeres.

-Pues a mí me parecía bastante interesada en ti.-

-Acababa de salvarla de un salvaje. Me sorprendería si se hubiera comportado de una forma indiferente.- Casanova dijo y luego continuo.- Pero estamos en el Gran Imperio. La cordialidad es más difícil de encontrar que un esgrimista decente.- Carles rio un poco

-Aun así capitán. Bien pudo usar eso a su favor.-

-No lo creo. Cuando tenía bajo mí merced a esa escoria la pobre parecía tan asustada como aquella sabandija.- Casanova volvió a reír

-Tengo que admitir que esa mirada me saco un escalofrió capitán. Y eso que no era mi cuello el que se encontraba bajo su sable.- Dijo Carles

La sonrisa del rubio se desapareció. Odiaba ser visto en esa posición. Pero odiaba aún más ver a imbéciles como aquel tipo aprovechando de gente más débil. Si hubiera llegado unos segundos más tardes y hubiera alcanzado a golpear a la chica o al niño no se hubiera mantenido tan tranquilo.

-Tengo muy poca paciencia con individuos como el.-

-Sigo pensando que tenía muchas oportunidades con aquella chica.-

-Si estuviera en cualquier otra nación podría ser el caso, acá no es tan simple.-

-¿Eh? ¿A qué se refiere capitán?

-Chicas como ellas no entran a la cama con un par de halagos y una sonrisa seductora. Aunque debo de admitir por la forma en cómo se sonrojo que no era inmune a eso.- La sonrisa de Ishida regreso con esa afirmación.

-Así que le tomaría un par de días de cortejo, ¿Cuál es el problema?-

-No es tan sencillo Carles. Incluso aunque me haga el propósito que la verdad no tenemos el tiempo era más que obvio que aquella chica era de la nobleza del imperio. Esas chicas protegen su virginidad más que cualquier otra cosa.-

-No entiendo por qué.-

-La nobleza del imperio son un conjunto de sanguijuelas sedientas de poder. Y la mejor manera de combinar el poder entre dos familias es mediante el matrimonio. Los matrimonios arreglados son muy comunes en el Imperio. Además los nobles del Imperio son unos mojigatos puristas, una mujer que no es virgen antes del matrimonio acá es muy mal vista. Es un poco trágico medir el valor de una mujer de esa forma. Pero que podemos esperar del Imperio.- Termino Casanova.

-Cielos… A lo mejor tu hermano sería una mejor opción para ella.

El capitán Ishida no pudo evitar soltase a reír. Incluso Thomas se rio un poco.

-Lo de mi hermano no es tan malo y es un poco más complicado que eso, pero puedes tener un poco de razón.- El rubio dijo recuperando la compostura.

-¿Cómo sabe tanto de eso capitán?-

Thomas miro a Casanova, este puso una mueca de incomodidad. Pensó en intervenir en la conversación pero el capitán respondió rápidamente.

-Un buen pirata sabe todo sobre la ciudad que piensa saquear. Además, Phoenix… si en vez de emborracharte con el resto de la tripulación leyeras un poco sabrías muchas cosas sobre el mundo.-

Carles puso una cara de disgusto, la lectura como a la gran mayoría de la tripulación no era uno de sus hobbies favoritos.

-Pero por lo visto parece demasiado trabajo para una noche.-

-Lo es.- Dijo Ishida sin mucho interés en seguir con la conversación.

Thomas había estado escuchando toda la conversación y se mantuvo al margen, pero había algo que no le quedaba muy claro en todo esto. Si bien no era tan extraño que alguna chica se resistiera al encanto de su amigo el no solía rendirse tan fácilmente. Y por lo que vio al parecer no lo intento demasiado.

El joven trio siguió caminando por las calles hasta llegar a un establecimiento en unas condiciones bastante buenas para la zona donde se encontraba. Salía música a un volumen bastante alto y al parecer había una especie de fiesta en ella. En la entrada aparecía el nombre del lugar que decía "La casa de las musas". Carles al ver el establecimiento se metió de inmediato con una gran sonrisa.

-Te conozco desde hace años. Y si bien la lección de sociología del Imperio es cierto, lo que le dijiste a Carles es pura basura. Tú no ignoras una oportunidad con una chica como esa con tanta facilidad.- Thomas dijo de repente

El rubio miro con cierta sorpresa a su amigo, el no solía meterse mucho en ese asunto de su vida, aunque ciertamente tenía razón. A él le encantaban los desafíos, y mucho más si es contra alguien del Imperio. A decir verdad él tampoco estaba tan seguro de por qué no intento algo más con esa chica. No podía negar lo hermosa que era.

-¿Qué te puedo decir? Probablemente la seriedad de nuestra misión finalmente me alcanzo.-

-Y yo soy más preciso para ubicarnos que un Sextante. Hay algo con esa chica que te llamo la atención.

Ishida sabía que Thomas no iba a dejar pasar esto tan fácilmente.

-No era ninguna tonta.-

-¿Y qué? No eres realmente muy quisquilloso a la hora de seducir a las mujeres.-

-No, me refiero a que era demasiado inteligente para la tontería que cometió.-

Thomas no parecía entender, por lo cual su amigo continúo

-Esa chica tenía toda la pinta de ser de la nobleza del imperio y caminaba por una de las zonas más peligrosas de la capital, no solo eso, se enfrentó a un tipo que fácilmente podría someterla sin mucho esfuerzo y de hecho lo hizo. Y a pesar de eso hubieras visto la bofetada que le acomodo al tipo, estaba completamente rodeada y aun así ataco, hay que ser muy tonta para actuar como ella actuó...-

Thomas estaba empezando a entender. Había dos tipos de mujeres a las que el joven capitán no se acercaba, las chicas de sus amigos y las chicas que le agradaban más de lo normal.

-Por lo visto es inmune al miedo como tu.-

-Esa es la cosa, desde el primer momento se veía con miedo en los ojos, aun así actuó y se mantuvo firme cuando vio como maltrataba a ese pequeño.- El capitán suspiro.- No era ninguna tonta. Sabía que estaba en problemas. No carecía de miedo, actuó a pesar de este.

-Bastante valiente para una imperialista.-

-Bastante tonta.- Le corrigió el rubio

Thomas miraba con atención a su amigo. No era la primera chica que le llamara la atención al capitán Ishida, pero ninguna antes lo había hecho pensar tanto. Generalmente antes de que llegara a más de cualquier tipo de atracción física su joven amigo se alejaba de inmediato

-¿Sabes? No es tan malo enamorarse

Ishida lo vio algo confundido y luego se soltó a reír. Thomas no lo tomo con mucha gracia

- La conocí por como 3 minutos antes de que interrumpieran.-

-No me refiero precisamente a ella, hay muchos peces en el mar. Tal vez una novia no te caería tan mal Casanova.

-¿Desde cuando eres un romántico?- Ishida le pregunto sorprendido y todavía riéndose.

Thomas simplemente le sonrió y se sacó un relicario que se ocultaba bajo su camisa. El capitán Ishida sabía que tenía la foto de Penélope y ella se lo había regalado antes de que salieran en uno de sus viajes.

-No me hagas vomitar Caireles…- Dijo el rubio con cierto disgusto

Ahora le toco reír a Thomas.

-Amar a una mujer no te va a matar.- Thomas dijo algo divertido, no estaba acostumbrado a hacer sentir incomodo a el capitán. Ishida lo vio con cierta seriedad y suspirando termino la conversación.

-Dile eso a mi padre.- El rubio dijo y luego entro al establecimiento sin darle oportunidad a Thomas de responderle algo. Pero no hacía falta. Thomas quedo completamente callado.


La "Casa de las musas" era un establecimiento de muy dudosa legalidad. Se rumora por los lugares que si un marinero se sentía muy solitario podría encontrar a mujeres dispuestas a darles compañía. Si bien este tipo de actividades estaba completamente prohibida en el imperio la corrupción de este le permitía mantenerse abierto con ciertas cuotas que podían pagar con facilidad. El Lugar en si parecía una cantina enorme con un salón de baile en medio. Había un grupo de músicos tocando en una esquina. Varios marineros parecían estar haciendo un alboroto cantando canciones del sur de los mares, otros parecían estar hablando con las mujeres que se encontraban en las barras. Thomas noto que faltaban algunos de sus compañeros por lo que supuso que estaban en los cuartos privados.

El imperio lo ignoraba pero la casa de las musas era el lugar donde siempre que necesitaba los piratas del manto se reunían. No tenía nada especial con otros lugares por lo cual nunca sospechaban del lugar.

-Parece que nuestros camaradas se están divirtiendo.- Dijo con su tradicional sonrisa Casanova.

-¿Estos idiotas no tienen idea de lo que es una misión sigilosa?- Thomas estaba bastante frustrado con lo que veían sus ojos.

-Relájate ha sido un largo viaje, los hombres tienen derecho a un poco de recreación.

-Pero…-

-Somos ciudadanos del manto no imperialistas.- Dijo riéndose el capitán.

Thomas solo suspiro, la verdad desearía que su capitán se tomara más en serio todo esto.

-Bien sabes que si algo sale mal en todo esto podría ser nuestra última misión.- Dijo de repente el rubio capitán.- Déjalos disfrutarlo.- Thomas solo suspiro y asentó.

-Supongo que tienes razón.-

-Tú también la tienes.- Dijo Ishida de inmediato. Esto sorprendió a Thomas.- Reúne a los hombres haremos el plan para esta noche. Hoy recapturamos al Lobo Solitario.-

-¿Hoy?-

-No podemos perder más tiempo. Realmente no sabemos cuánto tiempo tenemos.

-Entendido capitán.-

Casanova se sorprendió de lo que dijo Thomas. O más bien como lo dijo.

-Es la primera vez que me dices capitán sin algún tipo de recriminación.- El rubio dijo un poco divertido

-Es la primera vez que actúas como uno.- Thomas le contesto y se retiró sin nada más que agregar.

Casanova sonrió y se relajó contra una pared cruzando los brazos, no lo quería aceptar pero estaba algo preocupado. Si bien tenían un plan nada tenían garantizado. Si no funciona podría perder varios amigos y tal vez algo más importantes. Se dejó llevar por la música que sonaba en el ambiente y la sonrisa regreso a su rostro al ver como Thomas peleaba con sus camaradas que estaban bailando y cantando con el ritmo. Son pocas las veces en las que puede verlos sin preocupaciones y libres de la disciplina a que los somete durante sus viajes. Cerró los ojos tratando de olvidar sus preocupaciones y por un segundo una chica cruzo por sus pensamientos. Recordó de repente su cabello corto y castaño. Su rostro inocente que cambiaba a una mirada desafiante. Sin permitir que su cabeza tomara algún otro rumbo abrió los ojos y finalmente dijo casi murmurando.

-Una chica realmente tonta…- Dicho esto recupero la compostura y se dirigió a donde estaban sus camaradas


La música y el ambiente festivo de la casa de las musas habían sido apagados. En la mesa principal los hombres de mayor confianza del capitán Ishida se encontraban discutiendo los planes que tenían para esta noche. Cierto ambiente incomodo de seriedad rondaba entre la tripulación. Todos estaban conscientes de la seriedad que ahora tenían tomar ahora. Las bromas contra Thomas y la actitud despreocupada del capitán eran cosa del pasado. Había mucho que perder esta noche y gran parte del éxito de la misión dependía de la precisión y coordinación entre los individuos

-Muy bien Lisandro llévate a Carles y a Dante contigo. Tu eres el más capaz usando los explosivos y conoces la carga necesaria para incendiar el edificio. Recuerda, es necesario que no lo hagan volar, necesitamos que sarda para que los soldados se distraigan por un tiempo. Primero empiecen con una pequeña carga para llamar la atención. En cuanto vengan los soldados a checar cual es el alboroto detonen la segunda carga. Después de eso escapen y alcáncenos en la entrada del muelle, ahí nos reuniremos para la siguiente parte de la misión.- El rubio dice calmadamente y procurando ser lo más claro posible

-Entendido capitán.- Decía un joven de pelo largo y enredado. Era de los mayores de los presentes.- La escoria del Imperio no sabrán ni lo que les paso.

-Thomas, a mi señal tú te llevaras a la mayor parte de la tripulación directo hacia el Lobo. Suban lo más pronto posible al navío y hagan los preparativos para poder salir del muelle lo más rápido que puedan. Preparen el puente para que los demás puedan abordar el barco sin pensarlo dos veces. Una vez que todos estén adentro vayan hacia el este hasta salir de la capital. Nos reuniéremos en el punto de reunión por las planicies del continente…- El capitán decía seriamente viendo a su amigo.

-Sigo pensando que sería de más utilidad contigo, necesitas los mejores hombres para…- Thomas decía pero fue interrumpido

-No existe hombre más capaz para dirigir a nuestros hombres. Tal vez no lo parezca pero todos te respetan y confían en ti amigo. Te llevaría conmigo pero si algo sale mal ese barco es la única esperanza de nuestra gente.- Ishida le decía con una amable sonrisa en su rostro.

-Pero…- Thomas iba a decir algo pero luego se detuvo.- Entendido señor.

-Perfecto. Nos separaremos en dos grupos en el muelle, Thomas llévate treinta hombres para los preparativos del barco y yo me llevare a veinte para tratar de contener a los soldados que se queden o traten de atacarnos, cuando todo esté listo mándanos una señal y así los que queden abordaran el barco. Yo huiré al centro del distrito para reunirnos con los hombres que queden. Ya ahí pensare en el siguiente paso. Thomas, si en dos días no nos vemos en el punto de reunión, abandona el continente y dirígete hacia el archipiélago. Sin pensarlo dos veces.- Con esto termino el capitán Ishida viendo duramente a su amigo. Este simplemente asentó sin decir nada más.- Y deja a alguien encargado del rumbo del barco, no quiero que les tome cuatro años llegar al archipiélago.

Todos en la mesa empezaron a reír excepto Thomas.

-Muy bien. Empecemos el show.- Casanova dijo con una gran sonrisa en su rostro. Hoy será una noche ajetreada.


La noche ya empezaba a caer en la capital. El este de los muelles parecía extrañamente tranquilo. Tres individuos caminaban sigilosamente por las calles de los muelles, Carles los guiaba a su objetivo. Llegaron hasta unos edificios abandonados.

-Esperen un momento.- Carles se detuvo de inmediato.- Ahí hay algunos soldados.

Los dos piratas que seguían a Carles levantaron la vista y vieron a dos soldados resguardando la zona despreocupadamente. Al parecer estaban hablando

-De acuerdo, tratemos de escabullirnos detrás de ellos.- Dijo Lisandro sacando una cachiporra, Carles hizo lo mismo.

Dante, Carles y Lisandro caminaban tratando de hacer el menor ruido posible y lograron escabullirse detrás de los soldados.

-No podremos maniobrar si están ellos por acá, sígueme Carles.- Lisandro le indico al peli rojo.

Los dos se acercaron lo suficiente a los soldados sin que ellos se percataran y sin pensarlo dos veces golpearon a ambos con sus cachiporras noqueándolos de inmediato.

¡Dante, trae unas sogas!- Lisandro ordeno al otro chico que estaba con ellos y saco de la mochila que traía unas sogas.

Amarraron a ambos soldados en un callejón escondido de las calles y les taparon la boca con unas telas para evitar que puedan decir algo o llamar la atención.

-Esto es muy raro…- Dijo Carles y sus dos amigos le pusieron atención.- Cuando estuve investigando la zona habían muchos más soldados. Esto es demasiado fácil.

Lisandro se puso a pensar por un momento y finalmente dijo.

-A mí también se me hace raro pero no podemos detenernos ahorra. No tenemos más tiempo para realizar este plan, tendremos que arriesgarnos a que todo salga bien.- Lisandro dijo firmemente. Carles solo le asentó.

Ya dentro de los edificios Lisandro se puso a analizar el edificio. Analizo los espacios y lo que habia dentro de este para poder facilitar su trabajo. Finalmente le ordeno a Carles y Dante acomodar los explosivos en lugares apartados entre ellos.

-No podemos detonar todos los explosivos al mismo tiempo pues podríamos demoler el edificio y no distraerá a la milicia por mucho tiempo. Incendiaremos primero el edificio y luego detonaremos los explosivos para que mantenga distraídos a los soldados.- Lisandro le explicaba la logística del plan. Dante y Carles asintieron en señal de que entendieran el plan.

Lisandro saco una lámpara de alcohol y la estrello cerca de los detonadores y un montón de maderas casi podridas. Encendió un cerillo y la aventó hacia donde estaban los escombros.

-Corran.- Lisandro dijo tajantemente

Los tres camaradas alcanzaron a salir del edificio y luego de unos minutos se escuchó una gran explosión. El edificio empezó a emanar humo por una de sus ventanas. Y después de algunos varios militares llegaron para poder saber que era todo ese escándalo y de inmediato pidieron refuerzos para controlar el incendio.

-Vámonos al punto de reunión.- Lisandro dijo y mientras los tres piratas corrían se alcanzó a escuchar una segunda explosión.


-Esto es demasiado raro.- El capitán Ishida dijo algo preocupado.

-¿Qué pasa?- Thomas pregunto.

-¿No lo notas? ¿Dónde están todos la milicia que vimos hoy?-

Thomas no lo había notado pero tenía razón, hace algunas horas había notado con Carles una gran cantidad de soldados por los muelles, ahora habrá contado unos 50 por toda la zona. Era realmente sospechoso.

-¿Qué crees que signifique?-

El capitán pensó por un momento pero no podía llegar una conclusión. No cree que sea una emboscada porque si hubiera alguien consiente de su plan los hubieran atrapado en la casa de las musas. Pero tampoco es común del imperio dejar desprotegido los navíos más importantes del ejército sin una buena razón.

-Esto no puede ser así de fácil.-

-¿Cancelamos la misión?-

-No, ya es demasiado tarde, no habrá otra oportunidad como esta. Reúne a los hombres.

-De acuerdo.- Thomas dijo y se retiró.

Los hombres se escondieron por los edificios que estaban con vista a los muelles esperando la señal que les indicara Thomas. Pasaron así los minutos escondidos esperando el momento justo para actuar.

-¿Por cierto, cuando sabremos cuando atacar?- Pregunto Thomas

-Cuando nos den la señal.- respondió tranquilo el rubio.

-¿Cuál es la señal?-

-Lo sabrás a su tiempo.-

-Me sentiría más cómodo si la supiera…-

-No seas tan desesperado.-

-Tenemos que estar preparados.- Decía Thomas un poco exasperado

-¿Preparados para qué?-

-Casanova…- Thomas estaba empezando a perder la paciencia

-Caireles…- El capitán le respondió con el mismo tono pero con una sonrisa.

-Empiezo a sospechar que lo haces apropósito.-

-Si apenas lo sospechas entonces me preocupo por tus habilidades deductivas.-

-Te mataría deci...- Thomas empezó pero fue interrumpido por el capitán.

-Por cierto ¿Mandaste a los siete hombres al punto de reunión?- Pregunto el rubio

-Claro que si, al menos uno de nosotros si se toma en serio todo esto.- Contesto ya algo molesto Thomas.

El rubio se rio un poco ante la desesperación de su amigo.

-Perfecto.

Thomas veía fríamente a Casanova esperando una respuesta.

-Cuanto tiempo va a pasar antes de que me digas cual es la señal.

-De acuerdo, ¿Ves los edificios que vamos a incendiar?

Thomas volteo a ver hacia donde estaban esos edificios y veía que humo salía del edificio. Los soldados que estaban por la zona se percataron de eso

-¿Qué demonios pasa ahí?- Una voz a lo lejos se escuchó. Definitivamente era de uno de los militares.- Ustedes vayan a investigar que pasa ahí- Le ordeno a un grupo de la milicia.

-¿Esa es la señal?- Thomas pregunto algo satisfecho

-Por supuesto que no, ¿qué clase de señal es esa? –Contesto con una cara ofendida Ishida.- ¿Humo? ¿Que acaso estamos en el siglo XII? Nuestra señal será mejor que una simple cortina de humo.

-¿Bueno entonces cual es la maldita señal?

-¿De verdad quieres saber cuál es la maldita seña?-

-¡CON UN DEMONIO! ¡DIME CUAL ES LA MALDITA SE…!- Thomas ya había perdido la paciencia pero una explosión interrumpió sus gritos.

-¿Pero qué carajos sucede ahí? Rápido, vamos hacia el edificio. Ustedes quédense aquí.- El que parecía era el teniente le ordenó a sus hombres y fueron corriendo hacia donde se originó la explosión.

-Esa es la señal.- el rubio dijo con una sonrisa satisfecha

-Es una buena señal.- Thomas le respondió atónito.

Para este punto ya solo quedaban unos veinte hombres resguardando los muelles y por lo que se veían estaban bastante nerviosos por lo que estaba sucediendo.

-¡VAMOS!- Thomas grito hacia sus camaradas y una gran cantidad de marineros fueron corriendo hacia donde estaban los últimos hombres que resguardaban los muelles

Los soldados que se quedaron completamente sorprendidos. No se esperaban un ataque y tardaron un segundo en reaccionar. Un segundo que costo oro para poder defenderse. Los hombres del capitán Ishida los vencieron sin mucha dificultad incapacitándolos fácilmente. Por lo que se vio estaba mucho mejor preparados para la batalla que la milicia que se quedó ahí.

Ya después de vencerlos amarraron las manos a todos los hombres noqueados. Esa era la señal para que el capitán Ishida y sus hombres fueran hacia los muelles.

-¿Hubo alguna baja?- Ishida le pregunto

-Ni siquiera un rasguño de ninguno de nuestros hombres.- Thomas contesto algo revolucionado.

-¿Y los de ellos?-

-No hubo necesidad por lo visto, no se pudieron ni siquiera defender. Tenía razón capitán la milicia del Imperio da lástima.-

-Generalmente los mejores hombres se van a la naval.- Suspiro tranquilo el capitán.- De acuerdo suban a la bestia, yo me quedare con los veinte hombre que acordamos para poder darles el tiempo para poder sacar el barco de aquí.-

-De acuerdo capitán.-

Thomas y sus hombres rápidamente se dirigieron al Lobo Solitario, Thomas fue el primero en abordar y rápidamente bajo las escaleras para facilitar el abordaje de los hombres.

Ishida y sus hombres se mantuvieron en línea pues por el horizonte veían como algunos soldados se acercaban, no eran una cantidad considerable pero tenían que estar preparados.

-Alto en el nombre del imperio.- Un hombre exclamo.- Ríndanse y bajen sus armas ahora y sus vidas serán perdonadas.

El rubio simplemente se rio.

-¿Por qué no vienen a buscarlas?-

Los soldados corrieron hacia donde se encontraba la línea formada por los hombres del capitán Ishida. Estos fácilmente lograron bloquear los ataques con sus sables. Los piratas parecían mejor entrenados en el arte de la espada y lograron sacar de combate a varios. Eran fácilmente vencidos y los militares se percataron de esto.

La pelea se mantenía el capitán Ishida no necesitaba ni siquiera derramar sangre, podía desarmar a varios hombres a la vez sin mucho esfuerzo. Era obvio que el rubio es un duelista con los sables muy capaz para su edad. La pelea se mantenía entre los hombres y los piratas iban ganando.

Un grito de dolor se escuchó entre la batalla y al capitán se percató de este, le pertenecía a uno de sus hombres. Al parecer fue desarma dado por un militar. Este parecía mayor que todos los demás así que supuso que era el hombre de más experiencia. Su compatriota estaba en el suelo con una herida en la pierna y el militar estaba a punto de terminar con él. Sin pensarlo dos veces fue en su auxilio.

-Maldita sabandija. Te llevare al infierno.- Decía el militar mientras levantaba su sable y ataco al hombre en el suelo. La herida hubiera sido fatal si el capitán Ishida no hubiera actuado a tiempo y bloqueado el ataque de su nuevo oponente.

El hombre se sorprendió por un momento pero de inmediato se puso en guardia. Por su posición era más que obvio que el sí tenía una mejor preparación para este tipo de situaciones. El rubio se tendrá que tomar en serio este duelo.

El hombre ataco al capitán pero este se defendía de una gran forma, bloqueaba todos sus ataques y siempre que dejaba una apertura golpeaba al militar con su mano libre. El militar parecía desesperarse pues era más que obvio que estaba siendo vencido.

-Te recomiendo que escapes ahora.- Dijo con confianza el rubio.

-¡Prefiero morir antes de rendirme ante una escoria como tú!-

-Como tú quieras.- El rubio le contesto.

El hombre volvió a cargar contra el capitán. Y este de nuevo bloqueaba sus ataques pero estabas contraatacaba y en una distracción del militar el rubio logra herir la pierna del militar con el sable. El hombre suelta su arma un grito de dolor y cae derrotado en el suelo. Casanova de una patada noquea al hombre para sacarlo completamente de combate.

Finalmente la batalla parece ser disipada y una gran cantidad de sus compatriotas se encuentran sin ninguna herida. Los demás tienen heridas poco profundas o sin importancia.

-¿Te encuentras bien?- El capitán le pregunto a su compatriota que estaba en el suelo.

-Si capitán, estaré bien.-

-No me arriesgare. Ve de inmediato al barco y pide atención contra esa herida. ¡Lucas! ¡Ayuda a este hombre a abordar!- Le grito el rubio a uno de sus captases.

-Entendido señor.- Le respondió uno de sus hombres.

-Gracias señor.

-No lo menciones.

El rubio se mostraba satisfecho como estaba resultado su plan, había pocas bajas por ambos lados y todo parecía fluir con tranquilidad. Pero si bien estaba satisfecho no estaba confiado. Todo parecía estar fluyendo de una forma demasiado natural. No podía tener tanta suerte puesto que pocos hombres estaban resguardando los muelles. No había ni la mitad de hombres que habían contado temprano. Y los que estaban no parecían los hombres más capaces.

-Señor parece que no vienen más hombres.- Le decía uno de los hombres a su capitán

-Manténganse alertas.- Dijo el rubio

-¡Casanova ya estamos listos para zarpar!- Un grito se escuchó que provenía del Lobo Solitario que le pertenecía a Thomas.-

El rubio sonrió tranquilamente por primera vez en un buen rato.

-¡Todos suban al bote, yo luego los alcanzare!- Grito el joven rubio y todos sus hombres le hicieron caso.

El rubio corrió hacia los callejones de los muelles para esconderse y vio como sus hombres terminaron de abordar al barco. Vio como varios militares se percataron del movimiento que estaba realizando el barco y fueron corriendo hacia los muelles. Pero ya era demasiado tarde. Sus hombres ya habían abordado a la bestia y estos habían cortado las cuerdas que la ataban. Las velas estaban desplegadas a máximo y se notaba como el barco se iba alejando fuera del alcance de lo cualquier imperialista. Poco a poco el barco se iba alejando de las aguas del muelle principal de la capital. Los militares ayudaban a los hombres que habían quedado fuera de combate y habían quedado heridos durante la confrontación. Se escuchaban maldiciones y lamentos. La noche estaba perdida para ellos.

El capitán Ishida sonrió satisfecho. Las dudas y sus sospechas sobre la poca seguridad que hubo esta noche fueron despejadas. Viendo lo bien que había salido todo el plan decidió creer que la suerte le sonrió a él.

"Ahora tengo que ir en busca de la mejor esperanza del Reino del manto". Con este pensamiento el capitán Ishida se retiró victorioso del lugar, si este plan dio resultado, en esta noche todo iba a ser posible.


Mientras la noche ya caía sobre la capital un joven se movía tranquilo sobre las calles del distrito. Con un aire de confianza se daba el lujo de recordar todo lo que había sucedido mientras se dirigía al punto de reunión a unas cuadras de la casa de las musas. Al parecer este día le había traído gratas sorpresas y no es por el éxito de la misión. Tal vez era el sabor de victoria o la confianza que un plan exitoso había traído pero se dio la oportunidad de recordar aquella chica de la tarde. Sabía que lo que hacía no le podía traer nada bueno. Si una chica se quedaba en su cabeza por más tiempo del que estaba cómodo aceptar haría hasta lo imposible por sacársela de la cabeza. Pero hoy decidió ignorar a su mejor juicio. No era solamente la belleza de la chica lo que se mantenía en la cabeza del rubio. Durante su vida se ha encontrado con mujeres de una belleza comparable con la de ella que se habían cruzado en su cama, pero ninguna de ellas se había mantenido por más tiempo del que el rubio había permitido. Había algo especial en aquella chica que no podía identificar. Estos pensamientos empezaron a incomodarlo, no soportaba caer en lo cursi y el rumbo que estaban tomando estos pensamientos estaba empezando a preocupar al joven capital.

"Esta ciudad está haciendo estragos mi cabeza". Se dijo así mismo rehusando a dar otra explicación.

Así pasaron algunas cuadras pero un escalofrió recorrió la espalda del capitán. Las preocupaciones y dudas regresaron al rubio. Esto no es así de fácil. Uno no entra y roba al imperio una carga tan importante como lo es ese barco sin bajas considerables. Nadie tiene tanta suerte. Por más que insulte al imperio y lo subestime dentro de sí mismo sabe que no es fácil derrotarlo, uno simplemente no engaña a la fuerza militar más poderosa así de fácil. La adrenalina de la misión había desaparecido y ahora solo quedaba la lógica y la razón. Cualidades que el rubio había apartado esta noche. Una conclusión había llegado a su cabeza. Para bien o para mal alguien sabía que iban a asaltar el muelle.

La paz de los distritos transmitía un preocupante silencio. Cada paso hacia la casa de las musas se sentía más pesado. Puso una mano firme en su sable, cada vez faltaba poco para acercarse al lugar donde habían acordado reunirse.

Mientras se acercaba veía unas siluetas familiares, parecían estar ahí sus amigos, esto no le trajo nada de confianza, seguía avanzando poco a poco. Pasó a paso. Centímetro a centímetro hasta que sus sospechas se hicieron realidad.

Sus hombres más capaces se encontraban rodeados y desarmados, casi sometidos y apunto de armas de fuego por varios militares. Ahí veía al joven Carles con una mirada derrotada. Sus hombres tenían dolor en sus rostros, no había duda que pensaba que le habían fallado a su capitán. Nada le gustaría más al rubio que decirles que no se preocuparan por nada y que no podía sentirse más orgullo de ellos por su valor, y que fue su propia imprudencia por acabar con esto lo más pronto posible lo que los puso en esta situación.

-Capitán Ishida, es un placer que nos acompañe a esta hermosa velada.- Una voz familiar que se dirigía de uno de los hombres que habían sometido a sus amigos recorrió los odios del rubio.

-Una hermosa noche, de eso no hay duda.- Respondió con una sonrisa el rubio sin apartar su mano de su sable.

-Por favor, no es necesario que lleguemos a medidas tan extremas, porque no podemos resolver nuestras diferencias con una plática.-

El rubio trataba de analizar cada situación, cada oportunidad posible, giraba la vista de sus ojos en busca de alguna idea o salvación pero la esperanza se había perdido casi en su totalidad.

-No se preocupe por sus amigos en el barco, a ellos les espera una sorpresa muy agradable dentro del Lobo Solitario.- Dijo aquel hombre. Esta afirmación casi hace que el corazón del capitán se detuviera por completo.- Pero si copera creo que podemos llegar a un trato que nos deje a todos satisfechos.

El rubio no dijo nada. No tenía nada, no había planes maestros, acciones milagrosas que lo sacaran de este problema. No veía ninguna otra solución. Si por el fuera cargaría contra esas escorias y morirá orgulloso como un pirata, pero la vida de sus hombres estaba en juego. Y si había una posibilidad para que sus hombres salgan con vida la tomara aunque le cueste su orgullo. Después de pensarlo la mano que sostenía su sable perdió fuerza. El sonido del sable estrellado con el suelo retumbo por la calle. El hombre que lo había vencido simplemente sonrió.

-Me alegra que cooperara, pues vera, hay un juicio mañana al que me gustaría que atendiera.-


Espero que les haya gustado este capítulo como a mi escribirla

El próximo capítulo les despejara muchas dudas (si es que las tienen)

Hasta la próxima