Navidad en Brooklyn
Nota de Autor: Lamento la espera, mis disculpas a quienquiera que mantenga su interés en esta historia. Me metí en fanfiction de FF9 (Final Fantasy IX) después de que consiguiera el juego en Navidad, además de que estuve lejos de mi ordenador durante las vacaciones. ¡Pero aquí estoy de nuevo! :)
Tercera Parte: Sunset Arms
"Puedo decir por tus ojos que has estado llorando
por siempre
Y las estrellas en el cielo no significan nada para ti
Son un espejo
No quiero hablar de eso,
¿Cómo me rompiste el corazón...?"
~ Indigo Girls
Helga se despertó tarde aquel domingo, y al principio no recordaba dónde estaba. El papel tapiz estaba cubierto de pequeñas flores color rosa, las sábanas estaban limpias, eran de encaje y lucían humildes. Recordó lentamente a medida que se despertaba que estaba en casa de los padres de Phoebe, que la Navidad estaba a sólo unos días, y que ella era en la actualidad una vagabunda sin trabajo, sin casa, y sin ninguna dirección oficial para que su ex marido le enviara los papeles de divorcio.
Dejó la cama y bostezó frente al espejo. Las finas líneas alrededor de sus ojos ya se estaban suavizando, y un saludable rubor volvía a sus mejillas. Me veo como un ser humano de nuevo, observó, en lugar de como un robot adicto al trabajo. Pero ¿cuánto tiempo duraría esta atractiva apariencia? Pronto tendría que volver a buscar trabajo, a buscar casa, y a que resurgieran sus viejos hábitos, si es que esperaba sobrevivir. Olga era la única persona a quien podía imaginar que le prestara dinero, pero nunca aceptaría la caridad de "la hija bendita". Preferiría morir de hambre antes que admitir derrota frente a Olga, ¿para qué? sólo para que corriera a informarle a Miriam y Big Bob. Se imaginó a su familia riéndose de ello alrededor de la mesa: Esa fracasada de Helga, le estuvo yendo bien por un tiempo, ¡pero sabíamos que no iba a durar!
Helga no les daría esa satisfacción. Prefería mudarse a Arkansas y voltear hamburguesas en Popeye's que pedirle dinero prestado a su hermana.
Y ciertamente no podía pedirle a la familia de Phoebe nada más. Ellos ya hacían bastante proporcionándole un lugar para descansar su cabeza, auténticas comidas caseras (algo que Helga no había disfrutado desde la escuela secundaria, bueno, salvo unas cuantas visitas a casa de los padres de Dirk durante su noviazgo), y la hospitalidad en general que le brindaban. Había toallas limpias colocadas en una silla cerca de la cama, y ella felizmente les recogió y se dirigió a la ducha; al chorro de agua caliente que atravesaba los rayos de luz que entraban por la pequeña ventana en el baño. Era un día soleado y sin embargo, helaba en Brooklyn, y Helga se apoyó contra la pared de la ducha y disfrutó de la sensación del agua caliente. Se preguntó qué iba a hacer hoy: ¿ver la televisión con el genial papá de Phoebe, o ayudar a su frenética madre a cocinar más comida para las próximas fiestas?
Tal vez deba caminar hasta la escuela primaria. Helga pensó. Ella suspiró con una mezcla de remordimiento y amargura. Phoebe le había dicho que los chicos no la habían excluido más que a cualquier otro, que fue ella la que eligió ser excluida. Eso no tiene ningún sentido, pensó Helga, frotándose el pelo con champú de fresa, ¿por qué iba yo a procurar su resentimiento?
Ella no era psicóloga, pero estaba segura de que no sucedió de esa manera. Los chicos de este barrio siempre la habían rechazado, tal vez porque no era precisamente la imagen de la feminidad, o porque no era la niña más inteligente de alrededor, o la más paciente en ese entonces. De cualquier manera, podrían haber mostrado un poco más de compasión, y Helga decidió que le encantaría golpear sin descanso hasta sacar los mocos de cualquiera de ellos, incluso ahora.
Pensó en Arnold mientras enjuagaba la espuma de su cabello. En aquel entonces había estado tan segura de que con el tiempo estarían juntos, pero después de que la escuela secundaria empezó, sus esperanzas fueron aplastadas. El tipo de chicas con las que Arnold había salido -. Helga se burló consigo misma. Ella no podía creer que había estado casado. Sea quien fuera la mocosa británica con la que había caminado rumbo al altar de la iglesia seguramente era una babosa absoluta, como Lila, o aquella Ansley Peterson de la preparatoria. Ansley, la aborrecida violinista de cabello rizado y piel perfecta. ¡Esa forma en que levantaba la barbilla; esa insolencia de su excelente postura! Helga la había pateado cada vez que tenía la oportunidad, ganándose el odio de Ansley, de la administración de la escuela, y de Arnold.
Salió de la ducha y se vistió, se secó el pelo. Se puso un cálido suéter sobre su camisa, y agarró su chaqueta, guantes y gorra de esquiar peluda. Estaba hecha de verdadero casimir, - Helga se había metido en una tienda exclusiva en Manhattan durante un viaje de negocios el año pasado. La parte glamorosa de su vida había terminado, pensó, casi triste de verla irse, casi aliviada.
.
"¡Ah, ahí estás!" La madre de Phoebe saludó a Helga sin mirarla mientras ella bajaba las escaleras. Ella estaba luchando con una cazuela, con una mano cubierta con una agarradera de ollas calientes y la otra sosteniendo un vaso corto de líquido de color ámbar.
"Siento que me levantara tan tarde", dijo Helga, agarrando un plátano para desayunar. Miró a la pieza de fruta por un momento y luego se lo pensó dos veces: había perdido tanto peso durante su estancia en el hospital, ¿por qué no huir de la dieta y disfrutar del privilegio de ganar unos kilos? Helga sonrió y se sirvió dos panes de canela, un rollo de pecan, y un pedazo de pastel de café.
"¡Esto es un buffet increíble! " proclamó Cuando terminó, tomando jugo de naranja para terminar su banquete. "¡Vaya cocinera que eres, Reba!"
"Ah, ¡gracias!" Reba dijo rápidamente, tirando de un pavo congelado para sacarlo fuera del horno para bombear líquido marrón en él de nuevo. "Helga - ¿Podrías hoy también darme una mano?" suplicó.
Helga intentó resistirse, pero sus modales de adulta la vencieron, así que se quitó la chaqueta, guantes y gorra para pasar la mayor parte del día trabajando como burro junto a Reba en la calurosa cocina . Le debo al menos esto, seguía diciéndose a sí misma, mientras a escondidas echaba miradas al reloj de vez en cuando. Tenía una especie de plan para hoy, y que no quería perder la oportunidad de aprovechar al menos un poco de la luz del día.
Reba finalmente la liberó alrededor de las cinco, cuando el sol se ponía detrás de la línea del horizonte hacia el final de la calle. Helga rápidamente se vistió de nuevo con sus ropas de invierno, y declinó una invitación del padre de Phoebe para ver un partido de baloncesto mientras se apresuraba hacia la puerta.
Sólo quiero echar un vistazo rápido a la vieja escuela, se dijo, podía ver su aliento cuando salía de su boca en el aire helado. Había una espesa nieve hoy, y casi no había coches en la calle. Helga caminó con dificultad atravesando la nieve, pasando casa tras casa hacia allá, en dirección a PS- 118.
Pero antes de que pudiera llegar hasta allí, algo la detuvo. El Sunset Arms Inn, su destartalado y viejo cartel que soplaba en el viento helado. Vulgar oropel navideño colgaba del pasamano de los escalones de la entrada. Helga se quedó inmóvil, mirando al frente, pero viendo la vieja casa de huéspedes de los abuelos de Arnold con el rabillo del ojo. Una cálida luz del vestíbulo bañaba la oscurecida calle. Él no puede estar aquí ya, se dijo, seguramente vendieron el lugar a otra persona después de que sus abuelos murieron.
Helga se volvió y se acercó con cautela, a la posada. Ella echó una breve mirada al interior por la ventana y vio que la sala de estar era exactamente como la recordaba - el viejo tocadiscos, el sillón raído- por un momento se preguntó si estaba soñando.
De repente, alguien abrió la puerta principal del edificio, y Helga saltó hacia atrás soltando un pequeño grito de asombro. Un niño pequeño cerró la puerta detrás de él, y corrió escaleras abajo. Helga lo miró, sin moverse, en completo silencio. Se veía tan condenadamente familiar - se parecía - a Arnold.
El niño llevaba un trineo, y traía una gorra enorme y pasada de moda echada sobre la frente. Él noto a Helga mientras caminaba hacia la calle, y la miró con atención.
"Oye, tú," dijo, con voz pequeña, como de niña, para nada parecida a la prematuramente voz profunda de cantante de Jazz de Arnold. "¿Qué haces?"
"N - nada," Helga tartamudeó, cruzando los brazos sobre el pecho a la defensiva, "¿Qué estás haciendo tú?" -le preguntó ella al chico.
"Oh", pensó un poco, pateando la nieve, "Sólo me estoy preparando para hacer unos cuantas deslizadas antes de la cena. Tengo que ser rápido, sólo tengo diez minutos." Él le sonrió, y con eso se marchó, arrastrando su trineo detrás de él, en busca de una buena pendiente para deslizarse. Helga se quedó helada cerca de la escalinata, viéndolo irse. Quienquiera que fuese, llevaba una gorra que se parecía mucho a la estúpida gorra azul que Arnold había usado cuando eran niños.
Haciendo acopio de valor y temiendo lo peor, Helga subió lentamente las escaleras hacia la puerta del Sunset Arms Inn. Olvídate de visitar la PS -118, pensó para sí misma. Tenía la sensación de que siempre supo en el fondo de su mente que iba a terminar aquí, - la sensación de que esta era la razón de por qué estaba tan ansiosa por salir de la cocina de Reba antes. No podía haber esperado de sí misma simplemente caminar por enfrente de la vieja casa de Arnold como si nada, sin echar un segundo vistazo.
Helga cogió el pomo de la puerta, su mano tembló por dentro de su guante de algodón color rosa. Giró el pomo y empujó con cuidado la puerta hasta abrirla, sin saber qué esperar. La misma luz cálida que había visto por la ventana proyectaba su resplandor sobre ella tan pronto como abrió la puerta. Un árbol de Navidad de tamaño mediano, medio ralo, pero animoso brillaba en el vestíbulo, decorado con luces blancas y copos de nieve de papel. Suaves villancicos salían del aparato reproductor de habitación de al lado. Podía oler la sopa en la estufa, escuchar los sonidos de una conversación amistosa que manaba de la cocina en la parte trasera. Extrañamente, se sentía como si estuviera en casa, por fin.
Helga tomó unos momentos para disfrutar de la escena, todavía temblando a pesar de la atmósfera reconfortante. Se acercó a un pequeño podio que estaba cerca de la puerta. Había un gran libro con los nombres de los huéspedes y los números de habitación ahí. Helga se acercó cuidadosamente para echar un vistazo.
"¿Puedo ayudarla, señorita?" -dijo una voz repentina desde un lado de la habitación, y Helga levantó la mirada con un jadeo. El hombre que la miraba con curiosidad desde la puerta de la cocina definitivamente no era Arnold- no, este hombre era alto, de nariz grande, y un acento de pueblo.
"¿Stinky?" Helga exclamó con incredulidad.
"Bueno, lo sería," el tonto sureño dijo con una sonrisa, "¡Si esta no fuera Helga G. Pataki! Terror del sexto grado y bruja mayor de la escuela secundaria!"
"Eh, de carne y hueso" Helga murmuró, haciendo una especie de pequeña reverencia.
"¿Qué demonios 'tás haciendo aquí, Helga? Escuchamos de Phoebe que eras una famosa abogada de la gran ciudad o algo así" dijo Stinky, inclinándose casualmente en el podio y observándola con atención.
Ella miró sus ojos pequeños y brillantes que se arrastraban desde sus tobillos hasta su pecho con interés. Helga había salido brevemente con Stinky en un pobre intento de poner a Arnold celoso, y a pesar del cruel modo en que despidió sus afectos cuando su plan salió mal, él siempre había estado medio enamorado de ella. De repente se sintió un poco acorralada.
"Uh, ejecutiva de marketing, de hecho" Helga orgullosamente le corrigió, no estaba dispuesta a admitir frente a Stinky que su carrera se había ido por el retrete antes de que haber siquiera llegado a los treinta. No había ningún daño en hacerle creer que, al menos, todavía tenía un trabajo.
"¡Ya!, no me digas", reflexionó con una sonrisa mientras se rascaba la cabeza. "Bueno, ¿qué te trae a Sunset Arms?" -le preguntó, esperanzado, "Buscas un lugar para quedarte?"
"No exactamente," Helga eliminó sus esperanzas rápidamente "Estoy buscando..." se detuvo, reacia a admitir ante cualquier persona que Arnold era un pensamiento que jugueteaba de vez en cuando, si no constantemente, en su mente.
Oyó pasos en la escalera detrás de ella, y se volvió para romper la libidinosa mirada de Stinky. Un hombre con pantalones vaqueros y los pies vestidos en calcetines venía bajando las escaleras, con un periódico en la mano.
"Hey Stinky," Helga se congeló cuando oyó hablar. Esa voz de músico de jazz, sexy, profunda... "¿Has visto a Miles? Le dije que era casi hora de la cena-" el tipo se congeló cuando vio a Helga observándolo. Se detuvo, en mitad de la escalera, abriendo mucho los ojos mientras observaba la intrusa en el vestíbulo.
"Arnold", la voz de Helga se quebró un poco mientras decía su nombre, y se aclaró la garganta para cubrir su nerviosismo. "¿Tú... tú todavía vienes por este chiquero? Heh..." se rascó el pelo, se quitó el otro guante, se mordió el labio y evitó su mirada. Él era guapísimo, no tan alto como ella hubiera imaginado, pero había embarnecido de manera más uniforme ahora que se había convertido en un hombre. Probablemente a duras penas llegaría al 1.70, era bajo y fornido, con el pelo rubio bastante largo, decolorado por el sol. Él parecía haber renunciado a afeitarse varios días atrás, ya que juvenil pelo rubio le cubría ligeramente la barbilla, el labio superior y la mitad inferior de las mejillas. Sus ojos eran tan verdes y claros como ella recordaba. Más verdes, incluso, más claros. Su piel se veía más áspera, sus manos fuertes, pero en general, era el mismo chico que amó. Basada en su aspecto, claro estaba. Helga casi tenía miedo de oírlo hablar. Quería recordarlo como ahora, hermoso, silencioso, y aparentemente tan atemorizado como ella lo estaba. De pie, como un fantasma en el vestíbulo de su casa de la infancia.
"Soy yo-" empezó a decir debido a que él se quedó en silencio por todo ese largo tiempo, pero él la detuvo.
"Sé que eres tú, Helga" respondió rápidamente, pasándose la lengua por los dientes cuidadosamente. "Hola." Él la miró, estoico, con su cara de póquer que no revelaba nada de lo que pudiera estar sintiendo.
"Entonces," dijo ella, exhalando y, avergonzada, volviéndose al desairado Stinky, que habría tenido que ser aún más tonto de lo que ella recordaba para no sentir la tensión entre ella y Arnold. "Así que ahora eres dueño de este lugar, ¿eh?" -preguntó ella, aventurando una mirada a los zapatos de Arnold.
"En realidad, es mío," Stinky arrastró las palabras. "Mis padres compraron este lugar cuando Phil falleció, y me lo dejaron a mí cuando se mudaron de vuelta a Kansas", explicó.
"Sí," Arnold elevó la voz, el mero sonido de esa áspera y profunda inflexión enviaba a Helga a un estado de estremecimientos privado. "Yo sólo vivo aquí ahora", añadió, completando su viaje por las escaleras. "Mi hijo y yo vivimos aquí", agregó, caminando hacia ella, deteniéndose a un pie de distancia de ella o tal vez menos. Somos exactamente de la misma estatura, se dio cuenta Helga, con alegría, mirándole directamente a los ojos. Dios, pensó, todo su interior haciendo rutinas gimnásticas, ¿Qué está pensando? ¿Por qué me mira de esa manera?
"Ah, tu em, hijo, ¿eh?" Helga no podía creer cuan blandengue estaba actuando. ¡Este es sólo el mismo Cabeza de Balón de siempre! se dijo. ¡Sólo un perdedor que la ha pasado mal y terminó de vuelta aquí, en este barrio acabado!Sí, es un perdedor guapo, pero,¿ y eso qué?
"Mi hijo," Arnold confirmó con un movimiento de cabeza, "Es posible que lo hayas visto afuera. Casi no podemos tenerlo dentro un minuto ahora que hay bastante nieve" él levantó una ceja "Buen tiempo para sacar el trineo."
"Así es.", dijo Helga en voz baja. Quería saltar a sus brazos. Arnold, ahí, delante de ella, de carne y hueso. Ella sabía que más tarde, en la cama, en la casa de los padres de Phoebe, eso la golpearía, y que iba a llorar o reír a carcajadas o de alguna manera reaccionar adecuadamente. Pero por ahora lo único que podía hacer era mirarlo, un amortiguado anhelo por él despertando lentamente en ella, volviéndose más intenso con cada segundo.
"Así que, Helga," Stinky dijo, acercándose y rompiendo la conexión entre ellos con su presencia fatua. "¿Nunca me dijiste por qué estás aquí?"
"Oh, yo, lo siento," dijo ella, sacudiendo la cabeza para aclararla, "… me voy a quedar con Phoebe para las fiestas", les dijo, sus ojos volando hacia Arnold: "Estoy en la mitad de mi divorcio," escupió rápidamente y sin pensar.
Arnold arqueó las cejas, preocupado. "Lo siento," dijo, "Eso debe ser difícil"
"Bueno, no lo sé", dijo, rodando los ojos, "El tipo es un completo imbécil. Sinceramente, ni siquiera supe jamás su segundo nombre." Ella forzó una risa, y Arnold frunció el ceño.
"¿Entonces por qué te casaste con él?" -preguntó él, con la mayor naturalidad.
"Fue como una fusión de negocios, sabes?," Helga replicó, sus rasgos endureciéndose de nuevo bajo su coraza protectora.
"Ah, sí", dijo Arnold lentamente: "Tú eres alguien importante ahora, ¿verdad? Curly encontró un artículo acerca de ti en el Times - lo recortó y nos lo mostró a todos."
"¿Curly?" Helga dijo con una sonrisa: "¿Ese imbécil todavía está por aquí?"
"Claro que estoy," dijo otra voz desde la cocina, y Helga volvió para ver a Curly, de pie en la puerta con una sonrisa en su rostro. Ella se sorprendió con su aspecto - apenas se parecía al chico escuálido que recordaba. Todavía estaba delgado, pero era muy alto, aún llevaba su cabello negro envaselinado, pero ya no había lentes. Sorprendió a Helga al caminar hacia ella y envolverla en un abrazo muy apretado.
"Curly", se atragantó con alegría apretándole los hombros, "¡No me digas que vives aquí también!"
"No," dijo, dando un paso atrás con una sonrisa: "Yo sólo vengo los domingos para jugar al poker y fastidiar a Miles. ¿Qué te pasó en el brazo?" Preguntó Curly, tocando con cuidado su yeso.
"Oh, es una larga historia," Helga murmuró, agradecida de que alguien estuviera feliz de verla sólo con ojos de amigo.
"¿Por qué no cenas con nosotros, Helga?" Arnold ofreció, doblando su periódico bajo el brazo, "Así tendrás un montón de tiempo para contarnos tu larga historia. "
"¿Quién dice que quiero cenar con ustedes, bola de vagos?" Helga contestó, medio en broma. "En realidad, tengo que volver y ayudar a la madre de Phoebe con algunas cosas..." Ella realmente no quería otra cosa que quedarse en Sunset Arms y comer de la sopa enlatada con Arnold y sus viejos amigos, pero se estaba poniendo muy nerviosa sólo con estar aquí, y no iba empezar a contarles acerca de su accidente, y de la pérdida de su empleo. Ya era bastante malo haber soltado la noticia acerca de Dirk - ahora Arnold sabía que era mercancía usada. No es que él no lo fuera. ¡No es que ella planeara en realidad mantenerse en contacto con Arnold! Ni siquiera podía imaginar algo más ridículo. Arnold es sólo material para sus fantasías, se recordó a sí misma, nunca funcionaría entre nosotros dos, somos muy diferentes.
"Como quieras", dijo Arnold, sin dejar de mirar sus ojos como si estuvieran en medio de un concurso de miradas." Voy a ir a buscar a Miles," dijo, finalmente rompiendo su intensa mirada y se dirigiéndose a la puerta.
"Me voy, entonces", dijo Helga rápidamente, deseando estar un momento a solas con Arnold, con la esperanza de alcanzarlo en el camino, "Curly, pasaré por aquí para verte mañana", prometió ella, apretándole la mano. Estaba tan agradecida por la presencia de Curly - siempre habían parecido compartir sus singularidades, su disgusto por la gente, y había sido uno de los pocos chicos que fueron lo suficientemente valientes como para juntarse con ella en la escuela secundaria.
"Mañana es Nochebuena, cariño", le recordó: "Me voy a casa de mi tía, en Long Island " le dijo, "Pero voy a pasar por casa de Phoebe antes de irme, y podemos platicar."
Helga le sonrió cálidamente, sorprendiéndose a sí misma al rodearlo en un abrazo, y le dio a Stinky una rápida inclinación de cabeza antes de salir corriendo por la puerta para alcanzar a alguien, - a Arnold.
Salió de Sunset Arms y buscó en la calle en frente de ella por Arnold, pero no estaba en ningún lugar. Olió humo de cigarrillo, y se volvió para verlo apoyado en la pared cerca de la puerta detrás, de ella, fumando y observándola en silencio.
"Hey, Helga," la saludó de nuevo, con calma. Sólo llevaba una chaqueta fina encima, y Helga se preguntó si tenía frío, pero claro, no podía imaginar a Arnold teniendo frío. Él parecía emanar calor, como si fuera un radiador humano.
"Hey" respondió Helga, caminando con cautela y limpiando la nieve de la barda de ladrillo del pórtico para que pudiera sentarse. Se preguntó cuántas veces se había sentado aquí siendo niña, sudando en su pequeño vestido de color rosa antes o después de un juego de kickball, viendo a Arnold comer una paleta helada de naranja, y haciéndose ilusiones con él. Ahora lo veía fumar en silencio, pensando en que alguna vez había soñado con degustar el helado de naranja de segunda mano en sus labios. Ahora ella anhelaba probar una calada de segunda mano de su cigarro: en mitad para saborear sus labios, la otra mitad para saciar su reprimida adicción a la nicotina.
Él le ofreció el cigarrillo sin decir palabra, y ella lo cogió, sosteniéndolo entre sus propios labios e inhalando, no siendo capaz de probar a Arnold ahí, pero ciertamente satisfecha al menos en un sentido.
"Nunca te hubiera clasificado como un fumador", le dijo, sosteniendo el humo mientras le entregaba el cigarrillo de nuevo.
"Las cosas cambian", Arnold murmuró, soplando tres anillos de humo perfectos.
"Supongo que sí" Helga concedió, "Pero yo no creo haber cambiado mucho."
Arnold se rascó la barbilla, pensativo: "Bueno," dijo, "Te ves diferente, por lo menos."
"Sí," Helga murmuró: Siempre soñé parecerme a Olga - en secreto, por supuesto, pero ahora... ¿qué bien me hizo, me pregunto, sabes?" Se dio cuenta de que estaba sonando como la perfecta patética - de repente Arnold estaba sacando al ser humano que había dentro de ella, cuando antes solía sacar al monstruo. Las cosas cambian, es cierto.
Arnold se encogió de hombros y dejó caer su cigarrillo en el piso, aplastándolo bajo su bota, "Te parecías a Olga ya en la escuela secundaria" le recordó "Quiero decir, te ves diferente ahora. Más madura"
"Bueno, obviamente", dijo Helga, insultada, pero pensando que tal vez él simplemente le estaba recordando que era mayor.
"Llevabas demasiado maquillaje en la escuela secundaria" dijo.
"¿Y qué?" ella dijo, frunciendo el ceño, "Tú llevabas una faldita escocesa en la primaria. Pero, ¿quién lleva la cuenta?" Ella rodó los ojos.
Él sonrió, "Lo dije como un cumplido", dijo, "quiero decir que te ves mejor sin maquillaje."
"Sí, bueno," murmuró, pateando la nieve.
"Todos estamos muy contentos por tu éxito, Helga", dijo, de repente sincero, entrecerrando los ojos para ver en la distancia, "Sobre todo, yo estaba preocupado porque en la escuela secundaria- Siempre estabas portándote mal"
"¡Portándome mal!" Helga exclamó, el resentimiento revoloteando en su pecho, "¡No me vengas con esa mierda, suenas como mi maldito psicólogo!" lo acusó. Arnold entrecerró los ojos
"¿Vas a decirme que la que eras entonces era una legítima representación de tu verdadera personalidad?" la desafió.
"Estaba pasando por momentos difíciles con mi familia, ¿de acuerdo?" ella casi gritó: "¡Nunca lo entenderías, Sr. Perfecto."
"Oh, ¿nunca lo entendería?" -preguntó con los dientes apretados: "Claro, Helga, yo no entiendo nada acerca de los problemas de la familia. No cuando cada miembro de la familia que he amado ha muerto. Incluyendo a mi esposa. No, tienes razón. ¡Tú la has pasado mucho peor que yo!"
"¡Pero tú nunca fallaste al tratar de sostenerlo en alto para que todo el mundo lo viera!" Helga dijo, enojada y triste al mismo tiempo. Ella no quería estarse metiendo en este pleito de nuevo, pero no podía evitar odiar a Arnold cuando trataba de sentir lástima por ella. ¡Ella nunca requirió de su estúpida piedad farisaica! "Siempre restregándolo en mi cara - que a pesar de todo lo que estaba en tu contra, tú siempre manejabas todo a la perfección y te convertías en la imagen de la compasión y del éxito!"
"¿Éxito?" Arnold se burló y se rió oscuramente, "Es obvio que no te has enterado de las últimas noticias. Estoy trabajando en una maldita lavandería, Helga. Apenas puedo darme el lujo de mantener a mi hijo con vida con latas de Chef Boyardee y Pop Tarts, y él ha tenido el mismo par de zapatos desde que tenía cuatro años. Creo que me sobreestimas. Pero a diferencia de ti, yo estoy dispuesto a admitir que mi vida no ha resultado como lo había planeado, que fallé en algún punto del camino para convertirme en quien quería ser. Porque no soy tan digno, y no soy orgulloso. Te lo digo ahora mismo, Helga, puedes olvidar quién fui cuando éramos niños, ya que, en este momento, estoy apenas con vida" La voz de Arnold se rompió en algún punto en medio de su monólogo, y él se alejó de ella para esconder algunas renegadas lágrimas.
Helga fue silenciada. Ella deseaba tanto alcanzarlo, abrazarlo y decirle que estaba bien, que lo sentía. Que era sólo sus celos de él, su deseo por él, lo que la mantuvo siempre al ataque. Pero sólo pudo tartamudear y juguetear sus pulgares, conmocionada.
"P-pero," comenzó a decir, "¿Pensé que tenías becas? ¿Becas de investigación?"
"Las tuve" dijo. Su voz era firme otra vez, pero todavía no se volvía para mirarla. "Pero cuando Kathryn- mi esposa- murió durante una de nuestras expediciones, la fundación me culpó a mí. Me cortaron los recursos. No he trabajado en antropología desde entonces. . ."
"¿Qué pasó?" Helga susurró sin querer.
Arnold se quedó callado por un momento, parecía estar tratando de decidir si contestarle.
"Estábamos en América del Sur", dijo en voz baja "Ella estaba en un puente sobre un río, que fue construido por una pequeña tribu que vivía en la otra orilla, y no era muy resistente. Estábamos bromeando sobre eso..., " su voz tembló un poco, y luego continuó: "Se rompió", dijo con un suspiro profundo. "Yo no pude alcanzarla. Ella... se ahogó." Ambos guardaron silencio por un momento después de que terminó.
"Bueno," Helga comenzó en voz baja, "No fue tu culpa."
"Eso no importa," dijo Arnold, "me levanto de la cama todos los días solo para que Miles tenga un padre, para que no sea un huérfano como yo. Él es todo por lo que estoy vivo, todo lo demás es nulo. La muerte de Kathryn... mi trabajo... sólo el pensar en ello, es inútil. Esa parte de mi vida se ha acabado."
"Arnold", dijo Helga en un hilo de voz, casi inaudible. Alargó la mano hacia él, su brazo temblaba, y le puso una mano consoladora en el hombro. Él se sacudió y se dio la vuelta. Sus ojos se encontraron por un segundo, y Helga aun pudo ver, en algún lugar del profundo océano verde de dolor que ondulaba en sus ojos, al niño idealista que ella había perdido. Entonces sus ojos se separaron abruptamente de los de ella, y se oyeron pasos en la nieve, acercándose a ellos.
"¡Miles!" Arnold llamó, haciendo que su voz sonara molesta: "¿Qué te dije? ¡Diez minutos! ¡Ven aquí, llegas tarde!"
"Sí, papá" Miles chilló, mirando a Helga brevemente antes trotar adentro de la posada.
"No seas tan duro, Arnold," Helga susurró una vez que Miles estuvo adentro. Arnold se limitó a sacudir la cabeza.
"No luzcas tan decepcionada, Helga," dijo, su tono frío, "No deberías haber vuelto si no podías manejar la realidad." Con eso, se dio la vuelta y desapareció de nuevo en el Inn.
Helga no pudo dormir esa noche. No podía quitarse la imagen del rostro de Arnold de su mente: lo había visto tan abatido, tan desesperado. Parecía que se había dado por vencido, algo que Helga había creído que era imposible de hacer por una persona tan optimista. Supongo que la muerte de su esposa fue la gota final, pensó con tristeza, no lo culpo por sentirse vacío después de tanta pérdida.
¡Pero él todavía tenía a su niño! Helga pensó, enojada con él por negarle a su hijo el derecho a crecer con el verdadero Arnold, el Arnold que ella recordaba, el que habría sido un gran padre. Ella suspiró - estaba segura de que aun así era probablemente un mejor padre que la mayoría, incluyendo y especialmente a Big Bob. Arnold siempre odió a Big Bob, recordó con gusto. Recordó la noche en que habían realizado una protesta cuando Big Bob había tratado de cortar el árbol que daba cabida a aquella vieja casa del árbol, Mighty Pete. Helga se le había unido, alegando que ella estaba simplemente tratando de fastidiar a su padre (lo que era cierto en parte), pero sobre todo porque quería estar detrás de cualquier causa que Arnold apoyara – él era siempre tan inquebrantablemente bueno, tan destinado a la felicidad.
¿Qué, entonces, le había pasado? ¿Qué destino cruel había permitido que Arnold, quien ya había perdido a todos los que alguna vez fueran cercanos, perdiera también a su esposa?
Fue la confesión de Arnold que su vida estaba en ruinas lo que inquietaba más a Helga. ¿Por qué no podía ser orgulloso como ella, y pretender, con tal de impresionar, que todo estaba bien? El hecho de que él había divulgado voluntariamente su deprimente situación decía que tan mal estaba realmente todo para él. Sólo hubo un otro momento en el que a Helga se le ocurría que Arnold había compartido los dolorosos secretos de su vida con ella. Y eso había sido cuando tenían dieciocho años, en el campamento del último año de preparatoria...
Una excursión estúpida a la que Miriam la había obligado a asistir...
Helga jalaba su mochila hacia arriba de la colina hacia el campamento, iba detrás de Rhonda y sus compinches. Todas iban quejándose de no poder conectar sus secadoras de cabello.
"¡Mejor que nadie tome fotos!" Rhonda advirtió: "¡Mi cabello va a estar absolutamente plano en este horrible aire natural!"
"¡Oh, Rhonda, cállate!" Helga gruñó, empujándola fuera del camino. "Nadie desperdiciaría película contigo de todas formas, ¡cabeza hueca!"
Las chicas de la pandilla de Rhonda murmuraron como siempre, disparando de nuevo insultos mientras Helga se perdía en la distancia. Deseó que Curly o Brainy estuvieran ahí para reírse de su broma, pero los padres de Curly no podían permitirse el lujo de mandarlo en el viaje con los del último año, y Brainy tenía una convención de ciencia este fin de semana.
Helga asentó su saco de dormir cerca de Phoebe y Nadine, las dos chicas que eran aun marginalmente amables con ella.
"Hola, Helga", dijo Phoebe, tratando de sonar alegre. Nadine parecía un poco asustada. Desde que había visto a Helga golpear a Harold hasta sacarle la mierda en octavo grado por decir que tenía una sola ceja, Nadine había estado bastante aterrada de ella. (Y también desde ese día, Helga se había convertido en una experta en depilación de ceja).
"Hey, Phoebe," Helga saludó a su ex mejor amiga, con la esperanza de mantener las cosas ligeras. Ella no quería estar allí, pero su madre le había obligado a ir como un último esfuerzo para animar a su hija a hacer más amigos. Helga había traído sus cigarrillos, una copia de Jack Kerovac 'En el camino', y un pequeño frasco lleno de mejor whisky de Big Bob para entretenerla durante este mundano festival de canciones y fogatas.
La noche transcurrió sin incidentes, con Helga mirando sobre la parte superior de su novela al otro lado de la fogata, al terrible dúo: Arnold y Ansley, la "Doble A" mientras se sentaban a asar malvaviscos y a besarse sin parar. Arnold era un bobo más santo que el pan blanco, que siempre hacía buenas obras y del que Helga se había enamorado hacía años y Ansley era la consentida de los profesores, quien estaba planeando darles una serenata con sus "expertas" habilidades para tocar el violín. Helga tuvo ganas de vomitar por la mera sugerencia, y cuando todo el mundo (incluyendo a Phoebe, la traidora), aplaudió a Ansley tan pronto ella acercó y puso su delicada barbilla – libre de espinillas- en su violín, Helga cogió su libro y su whisky y se fue a encontrar un lugar para estar a solas: algún lugar fuera del alcance del oído del pequeño concierto de Ansley.
Lo encontró en un arroyo que se alejaba del campamento, y pensó que sería bastante fácil encontrar su camino de regreso si ella seguía el arroyo en la dirección que había venido. Así que, mientras caminaba a lo largo de este hasta que ya no pudo oír el sonido de la música del camping, o el feliz parloteo de sus compañeros de clase. Encontró un árbol talado que parecía un buen lugar para sentarse, y se dejó caer, tratando de leer, pero en su mayoría sólo bebiendo whisky y deseando que Ansley consiguiera ser comida por un oso.
De pronto oyó pasos que se acercaban hacia ella y le cortó la respiración: ¡Me retracto, me retracto! Pensó rápidamente, Por favor, ¡Nada de osos!
Pero en lugar de un grizzli feroz, era Arnold quien salió del bosque, y se acercó a ella en el claro cerca del arroyo.
"Mmm," Helga gruñó, "¿Qué demonios quieres, cabeza de balón?"
"Deja de llamarme así", dijo, frunciendo el ceño "ya crece, por dios".
"¡Mira!" Helga gritó, arrojando su libro a un lado "¡No vine hasta aquí porque me sintiera con ganas de ser acosada por un baboso que se cree muy santo! Vine aquí para estar sola. Así que, ¿por qué no vas a adorar a tu noviecita un poco más, y terminas por dejarme en paz?"
"Helga", dijo, dándole una de esos suspiros que decían que estaba sumido en sus pensamientos - dilemas: "Yo no la adoro. Y solo vine aquí porque no quiero que bebas hasta perder la conciencia"
"¿Qué te importa a ti, anticuado?" -preguntó ella, tomando un gran trago de su frasco para molestarlo.
"Yo... no sé", dijo, "Es sólo la forma en que me criaron. Ahora deshazte de esa cosa, ¿quieres? El Sr. Dean te matará si te atrapa con eso."
"Dean ya me odia", Helga le recordó con una sonrisa: " Me pilló fumando una vez y le di las gracias por arrastrarme a la oficina del director poniendo la cola del cigarrillo en su café." Ella soltó una risita "Eso es lo que yo llamo buenos recuerdos de secundaria"
"Mira", dijo, "sé que tu actividad favorita es hacer que todos se preocupen por ti, pero yo no quiero tener en mi conciencia que te vi escapar con ese frasco infame cuando encuentren que fuiste comida por los lobos."
"¿Por qué simplemente no apartas tus malditos ojos de mí, niñito?" Helga sugirió con un bufido, secretamente halagada de que él le hubiera estado prestando tanta atención. "Y deja de darme lata acerca de beber. Todo el mundo lo hace. Excepto tal vez tú y la Princesa Ansley."
Arnold suspiró, "Tienes razón, Ansley no bebe" dijo, "Pero Gerald y yo tomamos una cerveza a veces en las fiestas. Pero no es sólo beber en tu caso, Helga, te he visto en las fiestas. Todos beben, claro, pero no todo el mundo queda tan ebrio que trata de buscar pelea con el coche de Eugene".
Helga se rió en voz alta, "Por desgracia, sólo puedo recordar eso a través de historias" ella dijo, "No tengo ningún recuerdo de hacerlo realmente."
"¿Y eso no te asusta, Helga?" Preguntó Arnold, acercándose y sentándose a su lado en el tronco. "¿El no ser capaz de recordar fragmentos de su vida?"
"Nada me asusta", le mintió, tomando otro trago. "Ten", ella le ofreció, para ponerlo a prueba: "No has bebido nada hasta que has probado el whisky. La cerveza es para maricas."
Arnold tomó el frasco y lo miró. Helga empujó su hombro y le dijo que viviera un poco, y él tomó un sorbo. Se atragantó un poco y sacó la lengua.
"Dios, es horrible " dijo, entregándoselo de nuevo.
"Que te guste no es el punto" Helga le dijo: "Este de verdad se te sube, y rápido." Arnold negó con la cabeza.
"No te entiendo ", dijo, mirándola con su intensa mirada. Helga apartó los ojos de los suyos: tenía que admitir que era increíblemente atractivo, sobre todo esos inocentes ojos verdes.
"¿Qué hay allí para ser entendido?" -le preguntó en voz baja, mirando hacia abajo en el frasco en la mano: "A veces lo que se desea es dejar de pensar en las cosas, por lo que tomas un trago. Y se siente bien, así que, tomas otro..." su voz se fue apagando. "Pero tú no lo sabes, ¿verdad?" se apresuró a añadir: "Tu vida es perfecta."
"Sí, claro", murmuró, "¿Crees que yo no me deprimo?"
Helga miró sus zapatos, y luego lo miró a los ojos. Tuvo que retirar de la mirada rápidamente, odiaba esa forma en que la miraba, como buscando algo, como si quisiera saber todo lo que ella estaba sintiendo en secreto.
"Quiero huir de mí mismo, a veces, también", admitió, su voz se tornó suave, "Cuando me pongo a pensar en mis padres... a veces me lleno de esperanzas, pienso que van a ser encontrados con vida... sé sólo estoy engañando a mí mismo. Es desesperante y… "hizo una pausa y la miró, avergonzado. Helga le entregó el frasco de nuevo, y esta vez él bebió más, siguió haciendo caras, pero se forzó a tragarlo.
"Créeme", susurró, "Los padres no son tan geniales. Yo no soporto a los míos... ¿y sabes por qué? Porque no les gusto. O sea, en serio. A ellos no les gusta su propia hija. Ellos me aguantan, pero sólo porque soy familia. La peor parte es que sé que son capaces de amar - … Porque aman a mi hermana Olga como a nadie en el mundo, pero a mí..." Su labio inferior empezó a temblar, y ella lo mordió, duro, para evitar que el cobarde mostrara alguna emoción. "No sé qué hice mal ", se las arregló para terminar. Tomó su frasco de vuelta y bebió un largo trago.
"Pero mis padres... ", dijo Arnold en voz baja, mirando al suelo.
"Estoy segura de que eran grandiosos", dijo Helga rápidamente, y él la miró. Cogió el frasco, y su cálida mano, algo sucia, cubrió la de ella mientras lo agarraba. Helga retiró su mano para dejarle tomar el trago, sus mejillas se pusieron rojas por su toque.
"Supongo que eran grandiosos", dijo, sosteniendo el frasco y mirando la luna que brillaba desde el otro lado del bosque, muy abajo en el cielo nocturno. "No los recuerdo en absoluto. Todo lo que tengo son las historias que mi abuelo... " se interrumpió , " Bueno, " dijo con una burla , "Supongo que ya no tengo eso tampoco . " Bebió de nuevo.
"Hey ", dijo Helga, " Tómatelo con calma, ¿de acuerdo? " ella dijo, cogiendo el frasco, "No es bueno para un primerizo tomar tanto. Hay que acostumbrarse a él, de poco en poco cada vez."
"¡Que te importa!" Arnold imitó su típico, agitado tono, y se echó hacia atrás sin soltar el frasco cuando ella trató de quitárselo.
"No es que me importe," Helga se encogió de hombros, con los ojos fijos en los de él. Él parpadeó un par de veces, y entrecerró los suyos, estudiándola.
"¿Y cuál es tu problema con Ansley, en todo caso?" -le preguntó, "¿Estás celosa como Rhonda y todas las otras chicas? ¿Sólo porque es bonita?"
Con el corazón ligeramente herido, Helga soltó el frasco y se retrajo.
"Por supuesto que no" dijo con un bufido "Es sólo que creo que es una estirada y... que está sobrevalorada"
Arnold soltó una risita: "Bien" dijo, "Porque tú eres más bonita que ella de todos modos. "
Helga se rió, sorprendida. Sabía que era bonita, pero no es más bonita que Ansley.
"No seas condescendiente conmigo" murmuró.
"No lo soy", dijo con gravedad. "No se lo digas a Ansley ", agregó.
Permanecieron en silencio durante un rato después de eso. Arnold terminó los restos del whisky, y Helga fingía leer mientras su corazón latía queriéndosele salir de su pecho. No podía creer que él pensara que era bonita - Seguro, los albañiles le silbaban cuando pasaba y el chico de la pizzería en la esquina de la 8va le daba Mountain Dews gratis y le sonreía mucho con sus afilados dientes de jugador de hockey... pero de alguna manera, siempre dudaba de que alguien del calibre de Arnold pudiera verla de la manera en que otros perdedores como Brainy hacían.
"De- deberíamos volver al campamento, " Helga sugirió, cuando una brisa fría sopló.
"No quiero ir de vuelta al campamento," Arnold murmuró. "Se está tan tranquilo aquí. "
"Pero tengo frío ", dijo Helga, abrazándose a sí misma. Arnold la miró, y colocó el frasco vacío en el suelo.
"Ven" dijo, arrastrándose hasta ella y poniendo un brazo alrededor de sus hombros. Helga dejó que la jalara hacia él, congelada, sorprendida, todos los sentimientos que tenía escondidos por Arnold saliendo a la superficie. "¿Mejor?" le preguntó. Apenas tuvo fuerzas para asentir con la cabeza. Algo acerca de finalmente estar en los brazos de Arnold era tan maravilloso como aterrador a la vez. Recordó la obra de cuarto grado donde habían actuado como Romeo y Julieta uno frente al otro: su única, merecida oportunidad para chocar labios con él. Había salido bien: ciertamente no hubo electricidad, ya que él había estado fingiendo que estaba muerto en el momento, y sumándole que todo el asunto fuera algo en contra su voluntad. Pero ahora... él se había acercado a ella... por su propia voluntad. ¿Era sólo porque estaba borracho?
"Tenemos que regresar", dijo Helga de nuevo.
"¿Por qué?" -preguntó, un poco ofendido, " ¿No estás cómoda?"
"Demasiado cómoda", dijo con una risita: "Pero voy a quedarme dormida si me quedo así por más tiempo. Entonces todos van a pensar..."
"¿Qué pasamos la noche juntos a propósito?" Arnold aventuró con una sonrisa.
"NO." Helga dijo, con las mejillas rojas y ardientes "Que fuimos comidos por los osos."
"Imaginaran los dos escenarios, estoy seguro ", dijo Arnold, sacudiendo la suciedad de sus pantalones, "Pero, ¿cuál es peor?" -le preguntó, con los ojos chispeando con la luz de la luna.
"Detente", susurró Helga, su cara todavía cerca de la suya. Él sonrió, le acarició la mejilla, luego inclinó su frente contra la de ella, dejando que sus labios tocaran el puente de su nariz. Él la besó allí, y Helga se estremeció de felicidad, poniendo sus brazos alrededor de su cintura.
"Arnold", gimió, su cuerpo rogando por el suyo, sus brazos apretándolo más fuerte alrededor de su cintura.
"Ten cuidado, " advirtió, sentándose derecho, "No... no me siento muy bien."
"¡Oh! Lo siento-"
"Es-" Arnold empezó a decir algo, luego sus hombros se encorvaron y se inclinó para vomitar detrás del tronco.
"Heh", Helga dijo, secándose el sudor de su frente, sus decepcionados latidos desacelerando. "Te dije que no bebieras tanto..."
Helga recordaba esa noche con una mezcla de nostalgia y decepción. Después de que la sobriedad llegara, Arnold había caminado derechito a los brazos de Ansley de nuevo, sin ningún miramiento a que Helga ahora portaba el título de "la más bonita". Ella se burló de nuevo de su comentario de borracho; claramente, el alcohol tuvo mucho que ver con su conexión de esa noche. Helga se había dicho a sí misma que fue pura chiripa, que tenía que sacarse a Arnold de la cabeza de una vez por todas.
Pero esta noche, casi ocho años más tarde, ella todavía no podía dejar de pensar en el chico. Finalmente renunciando a toda esperanza de dormir, salió de la cama y se puso los jeans, una chaqueta y su gorra de esquí. Salió de su habitación y bajó las escaleras, y en silencio salió, deslizándose hacia la noche fría.
Helga caminó por la calle, no temiendo ladrones o vagabundos, porque había vivido aquí cuando las calles eran limpias. Y en una noche como esta, en que la nieve fresca cubría las calles y edificios, todavía parecía más limpio que nunca. La luz de la luna brillaba en el paisaje helado, y el único sonido audible era el crujido de la nieve bajo las botas de Helga mientras se dirigía hacia el Sunset Arms Inn.
Ella se dirigió hacia el callejón, un lugar donde ella solía detenerse a veces y mirar con embeleso la luz de la habitación de Arnold. Donde solía golpearla el pensamiento de que era increíble el hecho mismo de existir en el mismo planeta que Arnold; que mientras ella estaba viviendo su vida cotidiana, él estaba viviendo y respirando y, probablemente haciendo algo de gran importancia. Él siempre estaba salvando el mundo, en esos días.
Vio la ventana durante unos momentos, sacando un paquete de cigarrillos del bolsillo de su abrigo. No puedo empezar a fumar de nuevo, se dijo, pero ella encendió uno de todos modos. Había tomado el paquete del escondite secreto de Reba, y se sintió mal por haber robado, y mal por volver a fumar de nuevo por supuesto, pero se lo iba a pagar a Reba al volver mañana después de que el ansia hubiera pasado, y que éste fuera su último. En realidad, se dijo, el último...
De repente, una sombra cayó sobre la ventana, y la respiración de Helga se detuvo. Dejó caer el cigarrillo en la nieve y lo aplastó para que no se viera la luz. Pero el rostro que se veía en la ventana no era el de Arnold, sino el de Stinky. Tomó la antigua habitación de Arnold, Helga pensó, el muy imbécil. Recordó a Arnold presumiendo en la primaria su habitación y todas las lindas modificaciones que tenía, que tenía una gran vista del cielo. Y ahora ese maldito Stinky vivía allí ...
Se le pusieron los pelos de punta mientras observaba a Stinky mirar hacia afuera. Tenía la extraña sensación de que tenía la mirada fija en ella, a pesar de que estaba segura de que él no podía verla en las sombras del callejón.
Cada vez más incómoda, Helga se dio la vuelta y salió del callejón, encaminándose de regreso por las calles heladas, hacia su hogar temporal.
Continuará….
A/N II: ¡Parece que siempre me pongo a trabajar en esta historia justo antes de las vacaciones! ¡Saldré el viernes por vacaciones de primavera! (con suerte, si puedo conseguir quien me dé un maldito aventón...) Así que no voy a ser capaz de poner el siguiente capítulo por una semana. Pero no se preocupen, me pondré a trabajar en ello tan pronto como regrese ;) ~ Mena (Heidi G. Patacki)
Nota de SS: Bueno, coincidió que es primavera y todo pero yo sí espero tener el capítulo el próximo jueves o viernes. Así que nos vemos pronto. Sus reviews son bienvenidos, como siempre. Mil gracias a nova por siempre, GRIMMM, Anjiluz, acosta perez jose ramiro, Alexamili, Orkidea16 y MarHelga por sus reviews y quienes la siguen o la marcan como favorita. Saludos.
T: 15/03/2014
P: 23/03/2014
