Navidad en Brooklyn

Cuarta parte: PS- 118


Nota de Traductor: Estos proximos días estaré haciendo limpieza en el Foro y llevaré todos los topics en Español a uno nuevo. Será llamado también Bienvenidos a Hillwoood. Habrá tópicos nuevos y la opción de hablar de algo de nosotros mismos que queramos compartir. Lo verán pronto. Por ahora, que empiece el drama.


"Un Corazón hechizado… no me permitas ser...
Los sueños repiten una dulce, pero solitaria
Melodía para mí ...
"

~ Jo Stafford


Helga estaba sentada pacientemente en la sala de piano de la casa de Phoebe, tratando de no moverse mucho mientras la joven doctora le quitaba el yeso.

"Esto ha sanado bastante bien," dijo como para sí misma con un asentimiento, removiendo las últimas piezas.

"Dios!" Helga gimió, mirando su brazo, "¿Está todo verde o qué...? ¡se ve lamoso!"

"¡Bueno!" Phoebe dijo, frunciéndole el ceño "Te dije que no te metieras bajo la regadera con el yeso, ¿no?"

Mientras la regañaba, dos niños asiáticos entraron corriendo a la sala, riendo y jugando a pelearse por un muñeco Minion parlanchín. Phoebe palmeó sus manos al dirigirse a ellos.

"¡Muy bien, ustedes dos!" les espetó: "¿A dónde con esas payasadas? ¡Vámonos de aquí!"

"Pero, Phoebe!" uno de sus primos pequeños gimió, "¡Hace frío ahí afuera!" Helga oyó el timbre de la puerta, y Reba, con sus pantalones negros cubiertos de harina y un regalo medio envuelto colgando del dedo meñique de su mano izquierda, salió corriendo a abrir la puerta y fingir entusiasmo ante la llegada de más familiares.

"H'mbre," Helga murmuró, rascándose el brazo, "¿Cómo le hace tu madre? Miriam habría colapsado hace días." Sintió una punzada de remordimiento al pensar en su madre: recordó el sueño que había tenido hace unos días, de sus padres sin hogar, acurrucados en un callejón poco iluminado. No podía ser, Helga pensó, sacudiendo la imagen de su mente, Olga nunca dejaría que eso les sucediera. Aun así , se preguntó qué habría sido de sus padres después de que Big Bob Beepers se fuera a la quiebra .

Phoebe negó con la cabeza ante la pregunta. "Yo le digo todos los años que el estrés de ser anfitriona de estas fiestas es malo para su salud," dijo ella, golpeando la mano de Helga para que la alejara de su brazo, "¡No te rasques!" la reprendió.

"¡Criminal!" Helga exclamó cuando el timbre sonó de nuevo. "¿Cuántos familiares tienes, Phoebe?"

Phoebe frunció el ceño, "Pensé que todo el mundo ya estaba aquí," dijo ella, levantándose a abrir la puerta antes de que su madre tuviera la oportunidad. "¡Oh! " dijo luego, un poco sorprendida al abrir, "¡Curly!"

Helga se puso de pie y caminó hacia el vestíbulo para saludar a Curly, quien estaba intercambiando saludos del tipo '¡Cuánto tiempo sin vernos!' con Phoebe. Él estaba envuelto en una gabardina muy estilosa, una bufanda que tenía copos de nieve encima rodeando holgadamente su delgado cuello. Sonrió a Helga al localizarla rápidamente entre la multitud de personas de cabello oscuro y baja estatura que ahora eran un hervidero por toda la casa de Phoebe.

"Vamos," dijo Helga , tomándolo del brazo y llevándolo a la relativamente vacía sala de piano. Phoebe les siguió, y se sentaron en el sofá junto a la ventana, todos incómodos momentáneamente debido la repentina reunión.

"¿No es esto bizarro?" Curly dijo con una sonrisa, y las dos chicas rieron. Vaya que era bizarro, especialmente para Helga que no había vuelto al antiguo barrio en años. El sentarse con la mejor amiga de su infancia y su mejor amigo de la adolescencia era asombrosamente extraño.

"¿Cómo has estado Curly? " Preguntó Phoebe , "¿Quieres algo de beber? ¿Comer? ¡Ciertamente tenemos un montón de comida!"

"No, gracias, querida," Curly declinó cortésmente, sorprendiendo a Helga y Phoebe con sus modales de adulto, porque ambas lo recordaban como un inquieto demonio en su juventud. "Sólo pase para una breve charla que le prometí a Helga ayer en Sunset Arms," le dijo, "Deberías darte una vuelta por ahí, estoy seguro que a Stinky y a Arnold les encantaría verte."

"Sí," dijo Phoebe con una pequeña y triste sonrisa: "Sólo que odiaría decepcionarlos con la forma en que me han salido las cosas. Ya sabes – la cerebrito de Phoebe, esa predeciblemente cirujana que vive sola." Ella se echó hacia atrás y sus mejillas se sonrojaron un poco; Helga tuvo la sensación de que no había esperado que sus palabras sonaran así.

"Nah," Curly dijo, haciendo un gesto de su mano, "Les encantaría verte sin importar nada de eso. De hecho, créeme, nos vas a vencer a todos en lo que se refiere a carreras. La única cosa que me preocupa es que harás que nos brote lo envidioso."

La sonrisa de Phoebe se hizo más cálida y genuina, " ¿Qué diablos ha sido de tu vida, Curly Gammelthorpe?" preguntó ella, "Alguna chica sensata debió haber conseguido poner sus manos en ti y hacer que te convirtieras en un ser humano decente."

Curly se rió, sus ojos grises centelleando con secrecía, "De hecho, no," dijo, "Ya sé que era un chiflado en la escuela, pero creo que la vida termino sacando lo mejor de mí. He perdido mi brío, me temo." Echó un vistazo a Helga.

"Eso es una pena" dijo ella. Él se encogió de hombros.

"La normalidad tiene sus beneficios", dijo, "¿No te parece?"

"Hey," dijo Helga "¿Por qué me dices a mí? Yo aún no llego allí. Espero ser normal, como Curly, cuando crezca," bromeó, y él le dio un manotazo, riendo divertido. " ¿Y qué haces en estos días, de todos modos?" -le preguntó, "¿Cuántos corazones has roto? ¿Bancos has robado?"

"No soy un rompecorazones," Curly dijo con un bufido , "Y no soy una persona de carrera, en ese punto. Hago un poco de todo. Ayudo a un amigo a manejar un negocio de lavado de coches en el verano, pero últimamente he estado conduciendo quitanieves para Jake's Mantenimiento Invernal de Caminos," él rodó los ojos, "Así o más glamoroso, ¿eh?"

"Lo glamoroso está sobrevalorado", dijo Helga rápidamente, sin mirarlo .

"Supongo que sí," dijo Curly, mirándola mientras ella se rascaba su brazo con disgusto, "Pero más que nada, siempre vengo aquí con Arnold y Stinky, a jugar poker, llevar a Miles a juegos de béisbol... ya sabes, actividades típicas de vago."

"Miles," Helga murmuró, todavía sin mirarlo a los ojos "Lindo niño."

"Oh, sí," Curly asintió, " Miles es genial"

"No he visto al hijo de Arnold en un rato," Phoebe murmuró, "Necesito ir a visitarlos. Y sólo están un poco más abajo en esta misma calle... pero es difícil." Con eso se excusó para 'ir a ayudar a su madre'.

Helga la observó marcharse, desconcertada, y luego miró a Curly. Él negó con la cabeza.

"Tiene miedo de que va a ver Gerald por allí" dijo, manteniendo su voz baja, "Tuvieron una especie de romance en la universidad - ninguno de ellos habla realmente de eso y creo que sólo Arnold sabe lo que realmente pasó. Tú sabes, él y Gerald fueron a la misma escuela, pero por supuesto, no podemos sacarle ni una palabra al Señor 'Yo guardo todos los secretos hasta la tumba…'

Helga se rió.

"Pero la pobre Phoebe," dijo Curly, recostándose en los cojines del sofá, "Realmente se deprimió cuando rompieron... Sale con puros idiotas ahora, no sé por qué."

"Para castigarse a sí misma," Helga contestó secamente. Curly frunció el ceño.

"¿Por qué haría eso?" le preguntó. Helga suspiró profundamente.

"Porque toma solo decisiones equivocadas," dijo ella , hablando, por supuesto, de su experiencia propia, ya que realmente no sabía mucho acerca de Phoebe. "Porque ella... dejó que se le escapara."

Curly guardó silencio durante un minuto , "Tal vez", dijo finalmente, "No sé nada acerca de eso. Amor, quiero decir." Helga lo miró.

"¿No? ¿Por qué?" le preguntó, "Eres un tipo guapo. Y ya no eres raro." Curly resopló con una breve risita.

"No lo sé," dijo, mirando sus zapatos. "No me gusta decir que soy exigente. Sé que no merezco ser selectivo. Pero ... Supongo que no he encontrado a la chica adecuada. ¿Sabes?" Helga no respondió. Ella había sabido - o, al menos eso pensaba -que ella había sabido quién era el más adecuado para ella desde preescolar...

"Creo que las personas que lo saben tienen suerte," Curly agregó " Siempre pensé que Arnold tuvo suerte al haber encontrado a Kathryn. Pero..."

"Ella murió," Helga terminó, tratando de sonar como que no le importara.

"Sí," dijo Curly en voz baja, mirando a Helga en busca de algún tipo de señal.

"Debe haber sido difícil para él" dijo Helga, mirando al suelo.

"No tienes idea," dijo Curly, exhalando fuertemente para enfatizar sus palabras "Estuvo como zombie por meses ... sólo el pensar en cómo afectaría a su hijo lo sacó de eso. Y aun así..."

"Ahora es diferente," Helga terminó y Curly asintió.

"No es tan diferente como se podría pensar," dijo, " Quiero decir, él parece un poco frío a veces... más que nada porque solía ser tan... "

"¿Cálido?" Helga sugirió, sus mejillas pintándose de un cuidadoso rosa.

"Ajá," dijo "pero creo que estará bien. Es joven... lo superará, con el tiempo. Si tan solo... si tan sólo no fuera porque primero fueron sus padres... y luego sus abuelos..." Curly se detuvo y miró detrás de él, por la ventana, a la nieve que caía. "Parece que van a ser muchas pulgadas esta noche," comentó sobre el clima, aclarándose la garganta.

Helga se volvió y vio a los copos caer. Los dos miraron en forma simultánea su reflejo en el cristal helado, y sus ojos se encontraron. Permanecieron sentados en silencio, ambos sintiendo algo en el momento, pero sin saber qué decir al respecto, la verdad. La sensación era como de pérdida de la inocencia, de recuerdos intensos que rezumaban de cada grieta en la calle, de cada ladrillo en cada edificio. Cada baile de la escuela se reproducía en la mente de Helga en cámara lenta, chicas dando vueltas con melodías olvidadas, sus trenzas balanceándose descuidadamente por el aire. Cuando Helga miró la imagen de Curly en el cristal pudo oír la risa de su niñez, sentir el dolor de su adolescencia. Ella apartó la mirada y trató de sacudirse del trance.

Era triste que todos se hubieran distanciado, pero ¿qué amigos de la primaria permanecen cerca por tanto tiempo? Helga se sorprendía incluso de que ellos se hubieran mantenido en contacto durante toda la secundaria y preparatoria.

"¿Cómo era ella?" Preguntó ella de pronto, picando las hebras sueltas del sofá.

"¿Quién?" Preguntó Curly.

"La esposa de Arnold", dijo Helga , "La fabulosa Kathryn."

Curly se encogió de hombros , "Vivieron en Londres mientras estuvieron casados, así que nunca la conocí," dijo "He visto un par de fotos. Arnold mantiene algunas en su habitación en el Inn."

Helga sintió una punzada de celos. Date un descanso, chica, pensó, ¿celosa de la esposa muerta de un tipo? Eso es bastante bajo, incluso para ti .

"Tenía el pelo rojo," dijo Curly, "Y... es decir, era bonita, pero nada espectacular. Tengo la impresión de que era más bien su personalidad la que era atractiva. Como que podrías verla y no fijarte mucho en su cara, pero una vez que la conocías jurarías que era la mujer más bella del mundo."

Helga frunció el ceño, "¿Estás seguro de que no la conociste? " -le preguntó con una sonrisa. Curly se mordió el labio .

"Lo siento," dijo en voz baja: " Creo que sólo estoy asumiendo." Helga suspiró.

"Sí," dijo "Estoy segura de que era endiabladamente encantadora. Arnold siempre caía por esos tipos... sofisticados…. Bailarinas de ballet, y similares."

Curly se rió : "Bueno," dijo, "Ella era arqueóloga, al igual que la madre de él. Tengo la sensación de que ella era... algo parecido a la figura materna con que reemplazar ese agujero en su vida. Lo que es un poco perturbador si me lo preguntas a mí, pero nadie me lo ha preguntado. Gerald siempre me dijo que eran más un matrimonio de amor cómodo que de pasión".

"Hmm," Helga reflexionó, secretamente aliviada. Amor cómodo... su propio matrimonio era algo por el estilo. Sólo que el de ellos había pasado a ser más bien una 'cuenta bancaria cómoda' que un 'amor cómodo'. A ella y Dirk los unía el hecho que ambos ganaban mucho y ninguno de los dos temía que el otro lo estuviera utilizando por su dinero.

"Es extraño," dijo Curly , "Siempre pensé que Arnold iba a terminar con ... bueno… contigo."

"¿Qué?" Helga exclamó, fingiendo escandalizarse por la mera sugerencia. " ¿Por qué demonios pensaste eso?" -preguntó ella. Curly se rió .

"No lo sé", dijo, "¿Los opuestos se atraen? Creo que entre ustedes dos había una cierta química de amor-odio. Tal vez era sólo cuando fueron más jóvenes. Como he dicho, ¿qué sé yo de eso? Supongo que no sería un buen casamentero."

"Bueno, um, y - ¿habrá por ahí, bueno, alguna otra razón para que pensaras eso?" Helga le preguntó con cierta inquietud. "Debido a que, bueno, ya sabes, siendo una sugerencia tan extraña... "

Una pequeña sonrisa entendida se apoderó de los labios de Curly.

"¿Qué? " Preguntó Helga, echándose hacia atrás "¿Qué significa esa sonrisa?"

"Nada," dijo Curly "Pero sí había otra razón por la que pensé que tal vez... tú y Arnold... ya sabes."

Helga levantó una ceja. "¿Y...?"

"Sólo era toda esa... fascinación... que él tenía contigo en la preparatoria," dijo "Tú con toda esa actitud ruda y tu total desprecio por las reglas. Él siempre se estaba quejando de ti... Creo que quería sonar como que le molestabas, pero para mí que simplemente lo tenías intrigado. Como he dicho, los opuestos se atraen y todo. Tal vez él pensó que tú podrías sacar a la luz la vena salvaje que había en él," Curly sugirió, picándole a Helga en el costado, juguetonamente.

"¡Vena salvaje - Ja! " Helga dijo, su pierna saltando arriba y abajo, dejando al descubierto su secreta emoción con la teoría. "¡Como si ese simplón pudiera tener una vena salvaje!"

"No sé," dijo Curly, poniéndose de pie: "Creo que todo el mundo tiene un gemelo malvado escondido dentro de ellos. Algo que les hace hacer cosas que la gente no esperaría que hicieran. ¡Como yo!" -dijo, sonriendo: "¡Nadie hubiera esperado que terminara como algo más que un trabajador postal maniático!"

Helga sonrió y se levantó para abrazarlo con un solo brazo antes de que se fuera a festejar las navidades con su familia.

"No creas que estoy tratando de ser fría aquí," explicó Helga "pero créeme, no desearás que este otro brazo esté cerca de ti, ¡No antes de que tome una ducha!"

Ella y Curly intercambiaron adioses, y Helga se quedó de pie en la puerta, observándolo caminar hasta su coche y luchando para conseguir encenderlo una vez que estuvo dentro. Finalmente el viejo motor encendió y Curly agitó su mano mientras se alejaba bajo el cielo oscurecido. Era sólo media tarde, pero las nubes decembrinas se habían apoderado del cielo y producían perezosos copos de nieve que amenazaban con hacer aún más difícil y traicionero el navegar por aquellos paisajes invernales. Helga vio el coche de Curly hasta que desapareció, preguntándose si alguna vez volvería a ver a su amigo de la infancia de nuevo.

. . .

Algo sobre esta situación de estar 'de vuelta en casa' parecía frágil, como si viniera acomodándose a duras penas, pieza por pieza, pero el más mínimo paso en falso podría desmoronar todo, y enviaría a Helga tambaleándose hacia atrás con la fuerza del fuerte viento que había soñado antes de que viniera aquí...

Tenía un mal presentimiento en sus entrañas, y no era sólo por comer demasiado del dip de chile con queso de Reba. Algo en el viejo barrio estaba completamente desacoplado, ella lo sentía. Pero también existía la subyacente necesidad de tener su cierre: de asegurarse que la gente supiera lo que sentía por ellos, aunque apenas podía soportar la idea de darles las pistas más vagas. Y por eso, mejor ignoraba sus instintos, y seguía adelante en el mundo del pasado.


Ansiosa por escapar de la casa llena de gente, Helga se vistió con sus ropas invernales y decidió finalmente hacer su peregrinación hasta la PS- 118. Era el último lugar que se acordaba haber sido verdaderamente feliz- en el entablado en que se las había arreglado para robar un beso de Arnold en la obra Romeo y Julieta; en el patio donde había comandado a los otros estudiantes de cuarto grado amenazándolos con la Vieja Betsy y los Cinco Vengadores. Helga rió para sus adentros mientras caminaba por la calle, más allá de la casa de huéspedes. Le dio a la posada un vistazo, pero se contuvo de hacer un desvío, y siguió hacia delante, hacia la escuela.

Había otro edificio engorroso que pasar sin embargo, ese que estaba en la esquina frente al área de juegos de la PS- 118. Era la antigua casa de Helga, el brownstone de tres pisos donde se había criado. Ella trató de seguir su camino más allá de su casa de la infancia sin mirarlo, sin recordar los dolorosos días que había pasado allí, tratando de convencerse a sí misma de que sus padres no la odiaban, y que no era para nada cierto que ella no valía nada sólo porque ellos no la quisieran. Pero las lágrimas se deslizaron en sus ojos de todos modos, y se endurecieron rápidamente en el helado aire del norte. Helga se estremeció y se volvió ligeramente para mirar su antiguo hogar.

La casa de piedra no había sido vendida, o por lo menos no lo parecía. Las ventanas estaban oscuras, y no había decoraciones de Navidad ni en el pórtico, ni en las ventanas. Una de las ventanas del primer piso estaba rota, y Helga se estremeció cuando la oscuridad de adentro de la casa miró hacia ella a través del orificio de la ventana rota. Parecía tratar de hipnotizarla, de retenerla en ese lugar.

Helga comenzó a temblar, tal vez por el frío, tal vez por la ominosa estructura delante de ella. De cualquier manera, tenía miedo de quedarse congelada allí, a medio camino, no poder alejarse debido a la culpa, a los remordimientos que parecían yacer dentro de esta vieja casa.

"¡Helga!" oyó que alguien gritaba su nombre a través de su bruma de los recuerdos, y se volvió para mirar al otro lado de la calle, a la escuela PS -118. Sus ojos se encontraron a Arnold, de pie en el borde de la pequeña, oxidada zona de juegos en la que habían pasado sus horas de receso cuando eran niños. Había unos cuantos niños corriendo ahora, uno de ellos era Miles. Helga suspiró , apartó los ojos de su casa de su infancia , y siguió caminando hacia Arnold.

"Hey," dijo él mientras se acercaba "¿Dando un recorrido por el viejo vecindario?"

"Yo... supongo que sí ", dijo Helga , todavía un poco agitada. "¿Eso es café?" -preguntó ella viendo el vaso de poliestireno que Arnold sostenía. Él asintió

"¿Quieres un poco?" -le preguntó, "No es ningún gourmet, ni nada por el estilo. Sólo café negro." Helga asintió y cogió el vaso, bebiendo de él y dejando una mancha de lápiz labial de color malva en el borde.

"Otra sorpresa," dijo ella, sintiendo una especie de alivio psicosomático correr a través de ella mientras el café de Arnold calentaba su interior. "Nunca hubiera sospechado que tomabas tu café negro."

Él se encogió de hombros "No tiene nada que ver con mi actitud," aseguró "Es sólo a lo que me he acostumbrado de tanto vivir en selvas y desiertos durante años. No hay ningún tipo de endulzante o crema por allí." Helga rió suavemente, y se dio cuenta de pronto por qué había sido tan mala con él cuando eran niños. Ser malvada hacía su nerviosismo desaparecer. Ahora que era mayor todo lo que sentía era ansiedad por estar con él a la orilla del campo de juegos, por el olor de su jabón y por el sabor a café que bailaba a su alrededor y revolvía sus sentidos.

"Veo que te has cortado el pelo después de ayer," comentó, dándole una mirada de soslayo, la cual él encontró con sus ojos verdes siempre curiosos. Parecían más suaves afuera, a la mansa luz del cielo que se colaba a través de las nubes.

"Sí," dijo "pensé que debía arreglarme para la pequeña fiesta de Nochebuena que Stinky tiene planeada para esta noche." Se había afeitado, también, Helga notó. Parecía más joven y más guapo, y ella se encontró sin querer queriendo inclinarse hacia él mientras estaban juntos y veían a la nueva generación de niños del barrio jugar.

Ambos estaban en silencio por un momento, los ojos de Arnold siguiendo a Miles por todo el patio de la escuela lleno de nieve, y Helga buscando fantasmas en las oscuras ventanas de la PS- 118. Aquí estamos los dos cocinándonos en nuestras obsesiones privadas, pensó sombríamente, notando que ninguno de los otros niños tenía padres que los cuidaran en sus citas de juego. Se imaginó que Arnold debía ser un padre muy sobreprotector comoquiera, sobre todo por su propio interés. Miles parecía ser la última oportunidad de Arnold de tener una familia.

"Y entonces, ¿para qué has vuelto, Helga?" Arnold finalmente le preguntó, entrecerrando los ojos un poco mientras la miraba. Helga se metió las manos en los bolsillos. No estaba muy segura de por qué estaba allí, pero estaba empezando a ver que tenía mucho que ver con él.

"Supongo que Phoebe me convenció," respondió ella sin perder un segundo. Hizo una pausa por un momento y luego aventuró más información: "No tenía muchas razones para no hacerlo. Perdí mi trabajo." Las palabras cayeron rápidamente de su boca, y ella se sorprendió al encontrar que con decirlo le llegó una sensación de alivio, más que una de vergüenza.

"Lo siento" dijo Arnold, observándola. Helga se preguntó egoístamente si tenía toda su atención en ella; aunque estaba segura de que había al menos una esquinita de su ojo para Miles.

"No tienes por qué," dijo Helga lentamente, entrecerrando los ojos pensativamente hacia la nieve bajo sus pies "Fue … algo bueno. Me estaba convirtiendo en mi padre."

"Tu padre," dijo Arnold, con la mirada perdida en la distancia soltó un bufido, "Oí que perdió su negocio. ¿Qué pasó con él? "

"No tengo la menor idea ", dijo Helga , su voz se volvió hueca. ¿Y por qué no habría de hacerlo? Era un tema del que ella mantenía cierta distancia, su familia. Y era sólo debido a la distancia que ellos siempre habían mantenido de ella antes, cuando ella estuvo dispuesta a darles una oportunidad.

"Creo que los dos hemos tenido un poco de mala suerte", dijo Arnold , con un suspiro, posando su mano sobre el hombro de Helga. Ella tembló bajo su toque: él no llevaba guantes, sus manos desnudas estaban rosadas por el frío. Ella quería tomarlas en sus propias manos y hacerlas entrar en calor, pero se quedó quieta. Ladeó la cabeza un poco para poder echar una mirada de reojo al 'amor de su infancia'. No permitiendo encontrarse con su mirada. Vio sus labios, que hacían juego con el rojo de sus mejillas, que reaccionaban ante el frío en el aire. Helga dejó vagar su mente: se permitió imaginar a lo que los labios de Arnold sabrían ahora. No a las paletas heladas de sabor naranja de su juventud, sin duda. No, habría rastros de humo de cigarrillo, que ella imaginaba habría fumado esta mañana, temprano, cuando el sol acababa de salir de detrás de las nubes. También habría sabor a café: fuerte y cargado, probablemente el único desayuno que había tenido. En algún punto entre todo eso estaría el sabor puro de Arnold, un sabor que ella había probado sólo una vez. Apenas podía recordarlo, ahora.

"Escucha," dijo, "Lamento si fui un poco duro ayer. Estuve pensándolo anoche... no tenía derecho a poner eso sobre tus hombros. Somos viejos amigos. "

"Está bien," Helga le restó importancia rápidamente, porque no quería escuchar ningún cursi desdecir. "Nunca fuimos muy amigos, de todos modos."

"Sí lo fuimos" Arnold insistió, sonando casi herido.

"Vamos," dijo Helga , mirándolo de frente, lo que era un poco intimidante, en cierto modo. "No es como si... nos llamáramos el uno al otro y nos juntáramos para jugar cartas" Casi volvió a las viejas mañas. Se tuvo que contener cuando tuvo la tentación de inclinarse y enfatizar su sarcástico comentario escupiendo en la acera.

"Tal vez no amigos-amigos," dijo Arnold, "pero lo fuimos... yo incluso sentía como que si fuéramos cercanos. ¿Sabes? Quiero decir, pasamos por muchas cosas juntos."

"Tú me salvaste la vida," Helga soltó sin querer. Sus rojas mejillas ya mordidas por el frío se pusieron de un rojo más oscuro.

" ¿Cuándo? " Arnold preguntó con una sonrisa.

"Cuando estábamos en cuarto grado," dijo Helga mecánicamente, sin mirarlo. "Fue durante esa inundación yo... caí por la ventana del último piso - Dios, no recuerdo cómo. Pero tú me atrapaste." Ella lo miró, y vio en sus ojos cómo el recuerdo llegaba hasta él.

"Gritaste mi nombre," dijo en voz baja. Se miraron el uno al otro entonces: una frontera parecía haber sido cruzada. Helga sintió que él veía más allá de su máscara, y que no le importaba.

"¡Oye, Arnold!" la voz de barítono de un hombre lo llamó desde el otro lado del patio de recreo. Helga se volvió para ver a Gerald acercarse, dos chiquillas con coletas y esponjosos abrigos rosados corrieron por delante de él hacia el patio de recreo. Arnold le hizo un gesto con la mano para que se acercara, y la cabeza de Helga bajó, lamentando que el momento de la verdad que había sentido de pronto hubiera pasado.

"Gerald," Arnold dijo, su voz cambió un poco en presencia de su viejo amigo: "No te había visto desde Halloween, hombre." le recordó.

"Así es" dijo Gerald, asintiendo, dando una palmada amistosa a la mano que Arnold le tendió. "Estamos en la ciudad por Navidad, en casa de mis padres."

Helga notó que Gerald llevaba el mismo tipo de ropa a la que Dirk era aficionado: lo suficientemente elegante como para probar que se tenía dinero, pero sin ser llamativa. Ella dio entonces al atuendo de Arnold otra mirada: sus vaqueros eran ásperos y viejos, y realmente demasiado delgados para este frío. Su largo abrigo tenía agujeros en algunos lugares y le faltaban dos botones: Helga recordaba haber visto algo similar en su abuelo, hacía mucho tiempo. Llevaba una bufanda que parecía hecha a mano: se imaginó que Kathryn la había tejido para él en el primer año de su matrimonio; que se habían sentado junto al fuego con tazas de chocolate caliente mientras sus agujas hacían clic, que le había prometido que la prenda lo mantendría caliente incluso cuando ella no estuviera allí para hacerlo por ella misma. Helga no estaba segura de si quería vomitar o llorar, pensando en ello.

"¿Eres tú, Helga?" Preguntó Gerald. Su voz sonaba igual: siempre había sido así tan profunda, como la de un adulto desde que hubo llegado a la pubertad. Ella asintió y le ofreció una pequeña sonrisa a pesar de sí misma. Ella y Gerald siempre se habían odiado. Él siempre había sido rápido para recomendarle a Arnold que renunciara a las sutilezas y se mantuviera alejado de ella.

"Gerald," dijo ella secamente "Te ves bien. ¿Son tus hijas?"

"Sí," dijo con orgullo, mirando a las chicas mientras se empujaban unas a otros hacia arriba y abajo en el sube y baja cubierto de nieve. "Amber y Gracie" dijo.

"¿Cómo está Maureen?" Arnold preguntó por alguien que Helga supuso era su mujer, ¿la mujer que se lo había robado a Phoebe? ¿O fue Phoebe la que permitió que le fuera robado? Realmente no sabía toda la historia.

.

Helga se imaginó cómo se habría sentido si hubiera sabido con certeza durante todos esos años que Arnold estaba casado. El hecho de que ya oficialmente no era de ella, como nunca lo había sido. Se imaginó lo que su vida con Kathryn debió haber sido. Helga nunca había conocido ese tipo de amor cálido y reconfortante. Claro que había tenido sus relaciones, pero al igual que en la familia con la que había crecido, su confianza en sus parejas era inconsistente en el mejor de los casos, ella siempre estaba esperando que la traicionaran, que la dejaran, que se aburrieran. Y siempre le demostraron que tenía razón.

Pero Arnold y su esposa: seguramente confiaban el uno al otro por completo. Se los imaginó pasando el tiempo en su mullida y blanca cama en una lluviosa mañana de domingo. Se imaginó a Arnold, su pelo rubio despeinado, sus ojos suaves y todavía idealistas, bañados en la suave luz matinal, mirando a su esposa con adoración. Pero cuando Helga volvió sus pensamientos a su compañera de cama, no se imaginó a una pelirroja inglesa, sino a ella misma. Una versión más delgada de ella, más relajada tal vez, pero seguía siendo Helga. ¿Cómo habría ocupado sus días si Arnold hubiera sido su marido? Olvídate de adquisiciones corporativas; incluso hacer pan tostado habría sido demasiado pedir para ella. Habría sido sólo capaz de deleitarse en su resplandor, de yacer a su lado y admirar su cuerpo; descubierto y vulnerable sólo para ella.

Helga se dio cuenta de que estaba dejando llevar.

"Hey" dijo Arnold, tocando su hombro mientras Gerald la miraba con curiosidad. "¿Estás bien?"

"Sí...," dijo Helga con una risa forzada. "Estoy... algo cansada. Tuve un accidente" dijo abruptamente sin pensar.

Arnold levantó las cejas con preocupación.

"¿Qué pasó?" preguntó Gerald.

"Uh, nada", dijo Helga, cerrando los ojos y dando su memoria una revolcada. Los detalles eran borrosos, incluso para ella misma. Recordaba a una anciana, todavía podía oler las sábanas de su excesivamente estéril cama de hospital. "Un accidente de ascensor en Canadá."

"¡Diablos!" Arnold dijo, frunciendo el ceño: "Eso es terrible. ¿Demandaste?"

"N-no ", dijo Helga, sorprendida de que no hubiera pensado en eso por sí misma.

"La verdad es que ni siquiera recuerdo el nombre del edificio..."

"Caray," Gerald se burló, "¿Te quedó daño cerebral por el accidente o algo así? ¡Podrías sacarles millones a esas personas! "

Helga frunció el ceño: "Creo que fue solo que estaba demasiado agradecida con el sólo hecho de salir con vida," dijo: "No estoy tan obsesionada con el dinero como para que ese sea mi primer pensamiento después de salir del coma."

"Pues casi me engañas, ¿sabes?" Gerald murmuró. Helga sintió ganas de partirle la cara, pero incluso ella misma se había sorprendido con sus propias palabras. ¿Qué ha sucedido conmigo? se preguntó, estar cerca de Arnold debe estar convirtiéndome en un blandengue. No es que no él siga siendo muy dulce que digamos, al menos ya no.

"Ese es un buen punto, Helga," dijo Arnold, mirando a Gerald, "Dale un respiro, hombre."

O tal vez lo era. El corazón de Helga se aceleró: no era la primera vez que él había sido el único en defenderla. ¿Por qué demonios le ponía tanta atención, antes y ahora? Ella no había hecho nada más que tratarlo como escoria la mayor parte de su vida.

Gerald se cruzó de brazos y miró a las niñas jugando en la nieve en el patio de la escuela. Helga tenía un presentimiento de que iba a exigirle una explicación a Arnold después, pero mientras tanto no le importaba. Ellos dos no parecían ser tan cercanos ya, de todas formas. Al menos estaba segura de que no había visto a Gerald en el Sunset Arms el domingo jugando al póquer con los chicos.

"Voy a echar una vistazo alrededor," murmuró, alejándose de ellos, hacia el edificio de la escuela. Oyó unos pasos seguirla silenciosamente a través de la gruesa capa de nieve, y ella tenía una noción bastante segura de que no era Gerald.

Se volvió y miró a Arnold, quien se puso las manos en los bolsillos y se mordió el labio un poco.

"¿Te muestro algo? " sugirió, inseguro de sí mismo.

"Está bien," ella estuvo de acuerdo, decidiendo no cargar mucho la situación con demasiada charla. Ya era bastante surrealista el sólo estar de vuelta aquí, en la vieja escuela primaria, no quería confundir las cosas, ofreciendo un montón de no-me-olvides que echaran a perder el ánimo. En cambio, se limitó a seguir a Arnold mientras la conducía a la parte trasera de la escuela, hacia el gimnasio.

"¿Miles va a estar bien?" preguntó ella.

"Gerald los cuidará" dijo, "Sé que ustedes dos no... se llevan muy bien, pero confío en él para cuidar de los niños. De todos modos, esto sólo tomará un minuto." Estiró su mano para tomar la suya enguantada para ayudarla a pasar por encima de un montón de escombros cubiertos de nieve cerca de la remodelada cafetería, y luego se dio cuenta de su acción y la miró con cautela, como si quisiera preguntarle si el contacto estaba bien. Helga se encogió de hombros e intentó sonreír: era algo extraño, ser amable con Arnold. Ella le apretó la mano.

"Debe ser raro para ti," ella dijo, "Todo este frío después de tus días... en la selva."

"Sí," dijo, deteniéndose cerca de las puertas del gimnasio, "A veces siento como si hubiera imaginado toda esa parte de mi vida, como si nunca hubiera salido de Brooklyn."

Helga se rió "Dímelo a mí. De vuelta aquí... en la vieja escuela, más que nada, de repente se siente como si mi vida adulta no fuera más que un mal sueño."

Arnold la miró fijamente, con los labios entreabiertos, como si tuviera el impulso de hablar, pero no podía comenzar a encontrar las palabras.

"Como si sólo con desearlo con la suficiente fuerza pudieras volver atrás en el tiempo," dijo finalmente. Helga lo miró y trató de imaginárselo transformándose de nuevo en el niño que fue. ¿Algo sería diferente si pudieran volver atrás? Ella lo dudaba.

"Estamos en el lugar correcto para volver en el tiempo, creo." dijo ella.

"Bueno, aquí es." dijo Arnold, mirando hacia las puertas dobles con un suspiro. Helga recordaba los suspiros de Arnold con infinita claridad: tenían la capacidad de ser exasperantes de la manera más adorable. "La cerradura no sirve," explicó, extendiendo la mano para empujar la puerta un poco y abrirla. Había una grieta apenas lo suficientemente grande para que ellos pasaran a través de ella, de uno en uno. "Vamos adentro," dijo, "Yo detengo la puerta."

"Per ... " Helga no podía dejar de pensar que el interior del gimnasio no daba buenos presagios. Estaba muy oscuro ahí, y ella oyó el vacío de la sala haciendo eco desde detrás de las puertas.

"Voy a entrar después de ti," aseguró él, y algo en la forma en que la miró cuando lo dijo hizo que Helga de pronto estuviera demasiado ansiosa de treparse en un cuarto oscuro con el objeto de sus pasadas (y, de repente, presentes) afecciones.

Así que se metió dentro, y el olor que le pegó al entrar la dejó sin aliento. Era el olor de un día de lluvia en un receso dedicado a jugar un incómodo juego de kickball en el interior; el olor de un nervioso, sudoroso baile de escuela; de cada Feria de la Ciencia a la que había asistido para vitorear la inevitable victoria de Phoebe. Se puso de pie en el cuarto oscuro, completamente desorientada mientras sus ojos luchaban por adaptarse. Pero Helga podía ver con claridad el pasado, incluso en la oscuridad: podía verse a sí misma a los diez años, mientras renegando, y con la mirada furiosa, injuriaba a Arnold por adular a Ruth McDougal, o a Lila, o a quien fuera, mientras que en secreto anhelaba la imposibilidad del ensueño de un baile lento con él, con la cabeza apoyada en su hombro.

Lo oyó luchando con la puerta detrás de ella y después sintió su mano, pesada, en el hombro.

"Déjame encontrar la luz," su voz estaba cerca de su oído, y Helga apenas podía respirar, ahogada por demasiados recuerdos, demasiados sueños incumplidos que amenazaban con convertirse en realidad con cada nuevo contacto.

Es demasiado tarde, demasiado tarde, se dijo rápidamente. Los dos estamos rotos, usados y sobrios. No tiene sentido soñar ahora con un romance con Arnold, nunca lo tuvo.

Eso solo era algo para llenar las horas. Y ahora... ahora sólo podía aspirar a hacer un amigo rápidamente antes de salir de Brooklyn y dejar todos sus recuerdos atrás para siempre.

"Aquí está," le oyó decir, y una luz de color amarillo brillante de repente inundó el gimnasio. Helga se quedó sin aliento, quedó ciega por un momento, y luego la arena de su pasado volvió a la vida ante sus ojos. La suave luz inundó el gimnasio, y ella dio un paso adelante, reconociendo el lugar.

"Se siente raro, ¿eh?" Arnold preguntó con una risita.

"¿Te acuerdas del baile con Dino Spumoni?" Preguntó Helga, su voz pequeña. "Rhonda y yo... te fastidiamos tanto por haberlo contratado, pero, ... pero termino siendo perfecto."

" Sí, " dijo Arnold, de pie junto a ella y viendo las paredes como ella, como si fueran a cobrar vida con los personajes del pasado: Rhonda rodando los ojos ante el ultimo faux-paux en la moda de Sheena, Eugene tropezando con sus zapatos, Curly riéndose consigo mismo en un rincón. "Esos fueron los buenos tiempos" dijo con nostalgia al recordar el baile.

"Supongo que sí", dijo Helga, dejando escapar el aliento y se quitó el pesado abrigo y sombrero, "Yo realmente nunca la pasé bien en los bailes. Todas las otras chicas conseguían pareja, y yo siempre me quedaba de pie cerca del ponche." Ella trató de reír con ligereza, pero no podía hacer que sonara auténtico. ¿Qué paria de la infancia no alberga todavía resentimiento hacia sus compañeros?

Arnold se quedó callado por un momento, pensando con las manos en los bolsillos. Él la miró:

"Pues bailemos ahora," dijo, sin que su sonrisa decayera. Helga sonrió y le dio una mirada de reojo, haciéndole ver que entendía que solo fueran habladas. Él no se inmutó.

"¿Qué? " le preguntó, riendo: "No podemos bailar - Yo... ni siquiera hay música."

"Yo me encargo de eso" dijo Arnold, corriendo hacia el escenario improvisado en el otro extremo del gimnasio. Helga lo vio buscar en algunas cajas hasta que salió con un disco de vinilo. Lo agitó sobre su cabeza triunfante, y luego lo puso en el viejo y polvoriento tocadiscos.

"No, Arnold," dijo Helga, sacudiendo la cabeza mientras caminaba hacia ella. "Es un gesto muy bonito, de verdad, pero..." El disco empezó a tocar, era una vieja dama del jazz que cantaba una sombría canción acerca de un amor perdido. Arnold estiró la mano hacia ella.

"Helga" dijo "¿Quieres bailar conmigo?"

"¡Détente!" le espetó: "No seas cursi!"

"Vamos," dijo, agarrando su mano "Compláceme. Hazlo por mí. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que le saqué brillo a una pista de baile."

"Oh, por favor," Helga gimió, pero le permitió arrastrarla hacia el centro de la pista. Y ciertamente le permitió colocar una mano en su cintura, sosteniendo con la otra su mano. Ella cautelosamente encontró su hombro con su propia mano libre, de repente deseando que no fueran de la misma altura para que no tuviera que enfrentar esa intensa mirada que la derretía mientras se deslizaban por el piso.

"Esto es tonto," dijo ella en voz baja.

"Pensé que querías una pieza lenta" dijo, luciendo un poco ofendido.

"Arnold," dijo Helga, apretando su hombro sin darse cuenta. "Me alegra ver que todavía tengas sentimientos... Ayer... no sé, me asustaste. Da miedo ver al fanático optimista volverse contra sus viejos hábitos."

"Todos nos vamos hastiando a medida que nos hacemos mayores" dijo en voz baja.

"Bueno, sí," Helga admitió: " Especialmente Phoebe, ¡Caramba! Pero... no sé, ¿qué habríamos hecho todos si no te hubiéramos tenido a ti, en aquel entonces?"

"Oh, vamos," murmuró, molesto con su adulación, "¿No puedes simplemente insultarme y ponerme pegamento en el pelo como lo hacías cuando éramos niños?"

"Lo siento," dijo Helga, su rostro cayendo un poco. "Creo que no tengo la energía para eso, ya no."

"Helga ", dijo en tono de regaño, bajando su mano para tomar su barbilla, tirando de su cara hacia la de él. "Estaba bromeando. Me alegro que al fin podamos ser civilizados el uno con el otro, ¿sabes? ... tú fuiste el gran misterio de mi juventud."

"¿Qué?" Helga le preguntó con una risa nerviosa, sorprendida de que ella pudiera haber sido el gran 'lo-que-sea' en la vida de alguien.

Arnold asintió, "Solías saltar la cuerda fuera de mi casa toda la tarde cuando yo estaba adentro. Sé que siempre te hacía enojar, pero solía pensar que tal vez yo era tu hobby. Que fastidiarme era el punto más luminoso de tu día," sonrió.

"Era diferente, contigo," admitió, su voz pequeña. No me lo va a sacar, se prometió a sí misma, pero cuando él la miraba de esa manera... No- voy- a- decir- nada...

"Luego, en la secundaria tú como que te encarrilaste a una diferente dirección, supongo," dijo. Ella resopló.

"Sí, hacia la dirección borracha, y antisocial" bromeó: "¿Sabes que me las arreglé para aterrizar en Alcohólicos Anónimos cuando tenía diecisiete años?"

"Lo sé" dijo en voz baja. "Solía recolectar chismes acerca de ti."

"Bien, entonces," dijo Helga "Supongo que supiste que me escapé de casa después de que terminamos la preparatoria."

"Sí," dijo Arnold en voz baja.

"No sabes todo sobre mí." Helga lo desafió. "¿Recuerdas cuando estabas tratando de reunir al Sr. Hyunh con su hija en Navidad? ¿Y necesitabas las botas de nieve Nancy Spumoni?"

"Sí".

"Bueno, las que ' mágicamente' arreglaron el asunto eran mías, un regalo de Navidad de mi madre." Le dijo ella.

"Lo sé," dijo. Ella lo miró, sorprendida.

"Pero, ¿cómo?" preguntó ella . Arnold negó con la cabeza.

"Sólo lo presentí" explicó.

"¿Qué más sabes de mí, chico listo?" le preguntó, un poco molesta.

"Sé que convenciste a las otras chicas de que te dejaran el rol de Julieta en nuestra obra de la escuela," dijo "Porque querías ese papel."

"Sí, ¿y qué? " Preguntó Helga, soltándose de él y dando un paso atrás, examinando sus uñas "Tal vez estaba considerando la idea de convertirme en actriz."

Pero él se acercó a ella y puso sus brazos alrededor de ella de nuevo, tirando para acercarla más esta vez.

"Sé que escribes poesía," dijo, "Solía verte escribiendo en clase, me preguntaba sobre qué escribías."

"Oh, cállate, cállate," Helga dijo, las lágrimas subiendo y amenazando con ahogar su voz, "¿Crees que me conocías? ¡Ja! ¿Sabías que te amaba? Cuando éramos niños yo absolutamente te adoraba, y eso me volvía loca. ¿Sabías eso?"

"Creo que sí, tal vez," dijo en voz baja "No te preocupes, no voy a usarlo contra ti. Todos teníamos mal gusto en aquel entonces. Caray, yo estaba loco por Lila, la cabeza llena de burbujas más grande de todos ellos."

"¿Mal gusto?" Helga dijo mirándolo " ¿Qué quieres decir?"

"¡Me refiero a mí!" dijo, riendo: "Echa una buena mirada al hombre de tus sueños de niña, Helga," dijo sombríamente: "No soy exactamente material para las fantasías de una mujer adulta."

"¡Por Dios!" dijo Helga, limpiándose la nariz, el peso de su confesión lentamente cayendo sobre ella: "Pude haber elegido mucho peor."

"No veo cómo" murmuró, "Un tipo acabado, solitario que nunca salió de Brooklyn."

"Arnold," dijo Helga sinceramente: "Yo... aun así tendría suerte de tenerte. Quiero decir, ¡Mírame! Sin trabajo, sin pareja, sin familia ni amigos."

"¡Bienvenida al club!" Arnold casi gritó.

"¡Tienes un trabajo, tonto!" ella también vociferó.

"Oh, ¿cómo podría olvidarlo? - ¡Tengo el gran privilegio de lavar ropa ajena para ganarme la vida!" Los dos se miraron el uno al otro por un momento, y las sonrisas aparecieron en sus rostros.

"¡Dios!" dijo Helga, riendo, trayendo una mano a su frente: "¿Quién hubiera pensado que alguna vez íbamos a terminar de nuevo aquí, en la maldita PS -118, discutiendo sobre a quién le fue peor?"

Arnold se rió, y en un instante la había levantado en sus brazos y apretaba sus labios contra los de ella, casi como jugando. Pasó la punta de la lengua por su labio inferior, y Helga se dio cuenta de pronto de lo que estaba sucediendo. Ella se estremeció por completo y se agarró sus brazos, para estabilizarse, de algún modo tenía miedo de caer.

Arnold llevó su cabeza hacia atrás y la miró, vio su expresión aterrorizada y la soltó.

"Lo siento," dijo "me dejé llevar. Lo siento. No había besado a nadie en tres años -" se detuvo, avergonzado.

"No, está bien," dijo Helga, el mero esfuerzo de evitar que sus rodillas se doblaran requería demasiado del poder de su cerebro como para poder decir una oración de corrido.

"Creo que deberíamos salir de aquí," él murmuró. El disco estaba saltando en su pista cerca del escenario al otro lado de la habitación, y él se fue a levantar la aguja, dejando Helga de pie, atónita en el centro del gimnasio.

Arnold, vuelve, quería llamarlo. El aire frío en el gimnasio sin calefacción pareció afectarle tan pronto como él se alejó, y ella se estremeció y trató de aferrarse a la poca calidez que su contacto le había dejado.

Algo en ella le dijo que huyera. No puedo manejar esto, se dio cuenta, esto no está destinado a ser. Se trata de una fantasía, un sueño...

Antes de que se diera cuenta, estaba huyendo del gimnasio mientras Arnold deslizaba el viejo disco de jazz de nuevo en su cubierta. Ella apartó la puerta suelta y se catapultó a sí misma hacia fuera sobre el paisaje nevado. Nunca me alcanzará, se aseguró a sí misma mientras corría de vuelta hacia la casa de Phoebe. Pero por supuesto que secretamente quería que lo hiciera. Ahora que había probado a Arnold: el café, los cigarrillos, el anhelo, la soledad: su ansia por él sólo se había hecho más fuerte.


Continuará en la parte 5... Vals No. 2

Mil gracias por sus reviews a GRIMMM, Alexamili, Nimia Forctis, MarHelga, nova por siempre, Orkidea16, acosta perez jose ramiro, Cerezo de Luna y Anjiluz, ustedes saben cuanto los aprecio. Gracias a todos por leer. A esta historia le quedan dos capítulos más, muy largos e intensos. Están traducidos pero necesitan una revisión más y que se les dé formato. El siguiente será publicado probablemente el domingo, y el último alrededor del martes o miércoles, si todo sigue el plan. Gracias por seguir aquí. Y Gracias a Heidi por permitirnos compartir esto.


T. 23/03/2014.

P. 27/03/2014.