Nota de SS: Conserve esta nota de autor porque aun me parece increíble que esta historia haya sido escrita hace tanto tiempo. Gracias a todos los que dejaron comentarios y gracias por tanta efusividad. Ni Oye Arnold ni esta historia me pertenecen. Yo actúo aquí sólo como traductor. Tampoco poseo ninguna marca registrada mencionada a lo largo de la historia.
.
Nota de Autor: Una rápida ADVERTENCIA: Este capítulo contiene algo así como un spoiler del capítulo 'Matrimonio'. En caso de que no lo hayan visto todavía, están avisados. Yo no lo he visto tampoco, pero leí acerca de él, así es como sé que es lo que pasa ;)
Una ADVERTENCIA más: Esta entrega es algo intensa emocionalmente, en mi opinión. ¡Así que prepárense!
.
Navidad en Brooklyn
Quinta parte: Waltz # 2
"Nunca voy a conocerte ahora:
Pero voy a amarte, de todos modos. "
~ Elliott Smith
Resultó que la familia de Phoebe sabía cómo divertirse. Después de la elaborada cena de Nochebuena de Reba, la música funk empezó, y los Heyerdahls bailaron sin parar el resto de la noche. Helga estaba disfrutando de esta no tradicional manera de festejar la Navidad, pero mientras tanto, a Phoebe no se le veía por ningún lado. Se había disculpado después de la cena, y Helga no la había visto desde entonces.
Helga estaba tratando de divertirse bailando con los tíos y primos de Phoebe, pero en lo único que podía pensar era en lo que había pasado antes con Arnold. Debe estar pensando que soy la peor escoria de la raza humana, pensó con tristeza, él pone su corazón en la mano y yo lo trato como si estuviera loco, cuando de hecho lo que él hace es leer la mente. Pero todo era tan increíble, la noción de Arnold, finalmente, teniendo sentimientos por ella; o de haber tenido sentimientos por ella alguna vez; de preguntarse acerca de su poesía; de saber de su costumbre de saltar la cuerda frente a su casa. . .
"Hey, Kyo," dijo Helga, abriéndose camino a través de la sala llena de gente hacia el padre de Phoebe, quien estaba haciendo girar a una ruidosa Reba que daba vueltas sobre sí misma, "¿Has visto a Phoebe?"
"¿Phoebe?" Preguntó Kyo, como si recordara el nombre, pero no pudiera ubicar la cara. Helga podía decir por sus mejillas rosadas que había tomado demasiado sake con la cena. "Sí, creo que fue arriba. ¿Bailamos?" preguntó, mientras su mujer aun riendo lo empujaba, asegurándole que vomitaría si continuaban.
"No, gracias," dijo Helga sobre la música a todo volumen, dejando la sala y subiendo las escaleras para buscar a su amiga. El segundo piso de la casa Heyerdahl estaba un poco más tranquilo, con los gatos de Reba rondando alrededor, confundidos por la multitud de la planta baja; y algunos de los familiares de más edad que ya buscaban sus camas. Helga se topó con una pequeña anciana japonesa cuando estaba doblando la esquina hacia la habitación de Phoebe.
"Con su permiso," dijo Helga, comenzando a caminar por delante de ella.
"Kiwotsukeru hitomajiwari osanagokoro," dijo la mujer en voz baja, sonriéndole.
"¿Disculpe?" Helga dijo, sorprendida. Ella tenía conocimientos muy básicos del japonés, gracias a ciertas transacciones internacionales por lucrativos negocios, pero no tenía ni idea de lo que la anciana le había dicho. Entonces la mujer se alejó sin explicar más, desapareciendo en una de las atestadas habitaciones.
H'mbre, esta casa está atiborrada, pensó Helga. Ella estaba segura de que no conseguiría dormir esta noche: estaba compartiendo su antigua habitación de invitados con Phoebe y dos de sus primas.
"Te dijo: 'Ten cuidado con su corazón'," La voz de Phoebe llegó repentinamente desde las sombras de la puerta de su habitación.
"¿Qué quiso decir con eso?" Preguntó Helga, con el corazón acelerado. ¿Cómo podría la abuela de Phoebe posiblemente saber que ella había sido imprudente con el corazón de Arnold hoy? Imprudente con su corazón... Helga no lo había considerado de esta manera antes.
"¿Quién sabe?" Phoebe dijo, mientras Helga se reunía con ella en la habitación, cerrando la puerta detrás de ellas. "Se está volviendo un poco senil en su vejez. Las mujeres de mi familia viven para siempre... lo que es medio intimidante".
"Phoebe," dijo Helga, con un suspiro "¿Qué haces aquí sola? Realmente te estás perdiendo una gran fiesta allí abajo."
"Supongo que no estoy de humor para fiestas," Phoebe murmuró, sentándose en la cama. Helga fue a la ventana y se asomó a la calle de abajo, las farolas brillaban débilmente en algunos puntos, detrás de la intensa nevada que caía.
"Qué es lo que pasa, Phoebe?" Preguntó Helga, quien puso su voz de pijamada de cuarto grado. Se sentó en la cama junto a su amiga y le dedicó toda su atención. Phoebe se quedó mirándola.
"No creo que lo entendieras," dijo ella, "Confía en mí."
"¡Hey, vamos!" Helga dijo, "Dame un poco de crédito - sé una cosa o dos sobre depresión, te lo aseguro."
Phoebe suspiró: "¡Oh, Helga!" ella dijo, "No es que esté clínicamente deprimida ni nada por el estilo. Es sólo la Navidad - siempre me deprime."
"Te entiendo," Helga ofreció, "Dirk y yo solíamos volar a Jamaica cada año sólo para no tener que lidiar con todo esto."
Phoebe se quedó callada por un momento, pensando. "¿Lo extrañas?" le preguntó. Helga se sorprendió con la pregunta, pero luego se dio cuenta de Phoebe nunca había conocido a Dirk. No puedo creer que ni siquiera la invité a la boda, pensó con tristeza. Por supuesto, había sido solo una fiesta sencilla - no mucho más que una cena de negocios, de verdad. Olga había cortado un par de horas de su apretada agenda para asistir a la recepción, y se había ido antes de tiempo, cuando algunos de los desagradables clientes de Dirk habían tratado de seducirla. Helga recordó con una punzada de culpa el haber declinado la oferta de Big Bob de bailar con ella. Miriam probablemente lo obligó a hacerlo, de todos modos, se dijo, empujando su remordimiento hacia adentro.
"No," Helga contestó fácilmente. "Dirk no era... 'El Elegido." Phoebe la miró.
"¿Has visto a Arnold desde que estás de vuelta?" -preguntó ella con calma, pretendiendo que la idea de un reencuentro fuera sólo medianamente interesante.
Helga no respondió.
"Le pedí que viniera a la fiesta," dijo Phoebe, causando que la frecuencia cardíaca de Helga se disparara, "Pero él dijo que tenía otros compromisos. "
"¿Viste a Arnold hoy?" Preguntó Helga, involuntariamente dando un brinco.
"Supongo que no lo has visto, entonces," dijo Phoebe con desdén.
"No," dijo Helga, cerrando los ojos, "Sí lo vi. Hoy, y ayer, también. ¡Oh, Phoebe ! Todo esto es un lío terrible . ¿Cómo es que siempre me las arreglo para arruinar las cosas con él? Es como si me estuviera saboteando a mí misma".
"¿Qué pasó?" Preguntó Phoebe, sin molestarse en ocultar su emoción ahora. De repente, el aire de la conversación cambió al de una pijamada de nuevo; dos niñas hablando animadamente sobre sus amores.
"Él me besó," dijo Helga lentamente, sólo dándose cuenta de que había ocurrido en realidad cuando las palabras salieron de sus labios: "Él realmente hizo el primer movimiento. Yo estaba... aturdida. Corrí. "
"¿Por qué te besó?" le preguntó Phoebe.
Helga frunció el ceño y sintió como se revestía con el disfraz de matona de nuevo: "¿Por qué no iba a hacerlo? Criminal - ¿Qué soy yo, hígado picado?"
"Eso no es lo que quise decir," Phoebe la regañó: "Y lo sabes. Es solo que no tenía idea que había algo entre ustedes dos... aun hoy, después de todos estos años."
"Es nuevo para mí, también," Helga murmuró. "Pero tan pronto lo vi... ¡Oh, esto sólo es enorme malentendido! Una araña venenosa probablemente se arrastró hasta mis labios y me mordió mientras yo no estaba mirando... o algo así."
"¿QUÉ?" -Exclamó Phoebe.
"¡Tal vez él sólo estaba tratando de succionar el veneno antes de que fuera demasiado tarde!" Helga gritó exasperada, "Tiene más sentido eso que él tratando de hacer un movimiento hacia mí."
"Helga," dijo Phoebe, rodando los ojos: "Eres una mujer hermosa y él es un hombre solitario, un hombre que recuerda haber sido amado intensamente – además de bizarramente y desde lejos – por ti. ¿Por qué no puedes creer que te quiere?"
Que te quiere. Helga no podía dejar procesar a su mente las palabras, la satisfacción largamente esperada era demasiado grande.
"Es - eso no importa ahora de todos modos," dijo Helga con voz suave, sonando derrotada. Se sentó de nuevo, dejando que el ritmo de su corazón disminuyera. "Acabé con mis oportunidades cuando me alejé de él como alma que lleva el diablo. Probablemente piensa... - oh, ¿a quién le importa lo que piense? Sólo tengo que salir mañana en la mañana a primera hora y no volver nunca a Brooklyn. No puedo manejar ésta atmósfera en tiempo pasado – esos viejos, buenos tiempos son pasado; es hora de poner los pies en polvorosa."
Alguien llamó a la puerta: probablemente una de los primas de Phoebe que venían a lavarse los dientes antes de irse a la tierra de los sueños endulzados de la Nochebuena. Era casi medianoche, casi acababa otro año, y Helga tenía casi treinta... Ella se levantó a abrir la puerta.
"¡Espera!" Phoebe gritó de repente "Helga, escúchame. No me atrevería a dar consejos que no estén bien fundados, y tú lo sabes. Te voy a decir esto sólo una vez, y quiero que escuches."
Helga se tragó el nudo que tenía en la garganta. Tenía la sensación de que sabía lo que Phoebe le iba a decir.
"Siempre te defendí de las personas que no entendían... tus modos, incluso en la secundaria cuando nos distanciamos," Phoebe hablaba con una intensidad, con una urgencia: "Y cuando éramos niñas, recuerdo el juego de Rhonda, ese de la adivinación – de cómo predijo que tú y Arnold terminarían casados".
"Eso fue estúpido," dijo Helga rápidamente, se le estaba rompiendo el corazón. "Todas las opciones decían 'Helga' – Rhonda lo manipuló para asustarlo."
"Después de que la broma fue revelada, Rhonda estuvo bromeando con la idea de que ustedes dos estuvieran juntos," Phoebe continuó sin atender la desaprobación de Helga.
"Pero la puse en su lugar porque yo creía en ti. Yo creía en tu amor por él – en esa, Dios, ridícula fijación que pasó de ser un flechazo a una razón para vivir, que fue creciendo a medida que nos hicimos mayores. Helga, si no puedes darle al menos una oportunidad a algo que yo pensé, que tú pensaste, era tan correcto durante tanto tiempo…. – Es sólo que no sé si seré capaz algún día de creer en el amor de nuevo".
"Phoebe," Helga comenzó. Los golpes en la puerta era más insistentes ahora.
"Y no creo que mi fe en el amor pueda aguantar un golpe más." dijo Phoebe en voz baja. "Ahora, sé tan amable de responder la puerta."
Sintiéndose como zombi después de oír las palabras de Phoebe, Helga abrió la puerta. Era Reba, finalmente luciendo exhausta después de su agitada semana de 'vacaciones' navideñas.
"Hey, Helga, dijo ella, bostezando "¿Está Phoebe aquí?" Helga asintió y señaló en dirección a Phoebe, aún sin decir palabra.
"¿Qué pasa, mamá?" Phoebe hablaba como si un peso hubiera sido quitado de sus hombros, se levantó con facilidad y se fue hasta su madre.
"Uno de tus amigos de más abajo la calle acaba de llegar," dijo Reba, "¿Podrías, por favor, simplemente actuar como buena anfitriona por un rato y luego enviarlo a casa? Me temo que ya no aguanto más."
"Oh, mamá", dijo Phoebe, envolviéndola en un abrazo y apretando sus hombros: "Por supuesto que puedo." Reba se veía sorprendida por la reacción de su hija: le dio las gracias; les deseó a ella y a Helga una Feliz Navidad, y caminó por el pasillo hacia su habitación, dando pasos inciertos. Phoebe se volvió hacia Helga e hizo un gesto de estar bebiendo con su mano, rodando los ojos con buen humor.
"Siempre beben de más en las fiestas," dijo con una sonrisa despreocupada. "Creo que es realmente la única vez que mis padres se sueltan".
"¿Quién está aquí?" Helga balbuceó, tratando de deshacerse de la carga de las palabras rápidamente. Phoebe sonrió lentamente.
"Ten cuidado con su corazón," murmuró, "¡Tal vez la abuela Li no es tan senil después de todo!"
"¡Oh, Phoebe, ya basta!" Helga susurró: "¿Es él?"
"¡No lo sé!" Phoebe dijo alegremente, su repentina actitud entusiasta irritó a Helga, "¡Tal vez es Stinky! También lo invité."
Helga y Phoebe se abrieron paso por las escaleras, pero Phoebe se detuvo a mitad de camino cuando vio quien estaba de pie en el vestíbulo. Helga topó con la espalda de Phoebe, al no haber anticipado su brusca parada.
"Oye, Phoebe, ¿cuál es la gran idea?" -preguntó ella, y luego miró hacia enfrente para ver a Gerald de pie cerca de la puerta, nerviosamente aferrando su gorra de invierno.
"Gerald," dijo Helga, sorprendida y decepcionada. Pero él no pareció oírla: él siguió mirando a Phoebe mientras ella seguía cuidadosamente su camino por las escaleras.
"Buenas noches," dijo ella fríamente , caminando junto a él a la sala de piano. "Es un poco tarde para una visita, ¿no te parece ? ¿Maureen y las chicas no te extrañarán?"
"Quería desearte una Feliz Navidad, en el momento justo," dijo Gerald.
"Es justo la medianoche, si mi reloj está bien." Helga estaba sorprendida por él – no creyó que alguna vez vería a Míster Sofisticado parecer tan inseguro de sí mismo. Phoebe se quedó en la sala de piano, de espaldas a él, con las manos en las caderas. Helga se sentó, abatida, en las escaleras. Así que Arnold no iba a venir a... ¿venir a qué? En esta ecuación, no era él quien debía ofrecer una disculpa.
"Bueno," oyó decir en voz baja a Phoebe "Feliz Navidad. Ahora, si me disculpas, tengo primos que llevar a la cama, platos que lavar-"
"Phoebe," dijo Gerald, con cuidado, "Es el aniversario de... nuestro final."
"Sí," dijo ella, con frialdad "Un aniversario inverso, supongo."
"Fue hace casi diez años," dijo "Apenas podía creerlo, pero estaba yo allí, sentado en la mesa y pensando en ello -"
El escuchar sin querer por parte de Helga fue interrumpido por el crujido de la puerta principal, que Gerald había dejado entreabierta. Por ahí entró Miles, llevando un plato lleno de galletas de azúcar en forma de bastones.
"Hey," dijo en voz baja, a pesar de la música a todo volumen que todavía se estaba tocando en la sala y del ruido de las parejas más jóvenes que continuaban bailando, celebrando la llegada oficial de la Navidad. Miles se dirigió a Helga y le sonrió "Feliz Navidad," le dijo con su voz suave. "¿Dónde debo poner esto?"
Helga sintió extrañamente conmovida, y sus ojos amenazaron con desbordarse mientras observaba al pequeño niño que se parecía tanto a Arnold cuando tenía a su edad.
"Um," soltó un sollozo "Solo ponlo aquí en las escaleras por ahora. Podemos llevarlo a la cocina en un minuto."
"¿Estás bien?" le preguntó él, poniendo las galletas abajo según le dijeron, y tomando asiento junto a ella en las escaleras.
"Creo que no," Helga gimió, sin creer que estaba a punto de perder el control en presencia del hijo de seis años de edad de Arnold.
"¿Qué te pasa?" -preguntó con esa genuina preocupación que sólo un niño puede expresar estando cerca de extraño, "¿No conseguiste lo que querías para Navidad?"
Helga negó con la cabeza, pensando en lo que realmente quería; era algo que sólo ella podía darse a sí misma: Valor para dejar que Arnold la amara. Algo que había estado deseando darse desde la escuela primaria, algo que todavía no tenía las agallas de recibir.
"Yo tampoco," dijo Miles con un suspiro: "Cada Navidad le pido a Santa tener a mi madre de nuevo, pero nunca funciona. Papá dice que Santa no tiene control sobre ese tipo de cosas, pero yo se lo pido de todos modos, por si acaso."
Escuchar el deseo de Navidad de Miles fue la gota final; las lágrimas le corrieron por ambas mejillas; sus hombros rebotaron arriba y abajo por los sollozos.
"Lo siento mucho," exclamó ella, mirando a Miles "Todo es mi culpa. No tenía que suceder de esta manera."
"No, ¡no es tu culpa!" Miles le aseguró, colocándole su pequeña mano enguantada en el brazo "Yo también pensé por un tiempo que era mi culpa, porque no estuve allí para salvarla. Pensaba y pensaba: ¡Yo debí haber estado allí! Si hubiera estado allí con ellos, podría haber cogido un palo largo y se lo habría tendido a mamá para lo que agarrara. Pero papá dice que no es culpa de nadie. Y creo que tiene razón," Miles palmeó el brazo de Helga en un intento por consolarla, pero su pequeño soliloquio sobre su madre sólo la había berrear aún con más fuerza.
"No, yo lo he hecho todo mal," dijo Helga, jadeando en busca de aire entre sollozos, "Yo le he hecho algo horrible a tu padre," dijo ella, completamente segura de que las cosas podrían haber sido diferentes, al menos para él, si es que no para ella también, si sólo se hubiera armado de valor y le hubiera confesado entonces cuanto lo amaba.
"¿Papá?" Miles dijo, confundido.
"¿Sí?" La voz de Arnold vino desde la puerta, la golpeó ligeramente y la empujó para abrirla completamente, más allá de la grieta a través de la que Miles se había deslizado. Vio Helga sollozando en la escalera y sus ojos se abrieron desmesuradamente.
"¡Oh, Dios mío!" dijo, preocupado: "¿Qué pasa?"
"Nada," dijo Helga rápidamente, tratando de mostrar una sonrisa casual y fallando miserablemente, "Estoy bien. Todo está genial."
Miles alzó una mano a la boca y le hizo señas a su padre con un dedo enguantado. La frente de Arnold se frunció, y se acercó para escuchar a su hijo susurrar:
"Es que no recibió lo que quería de Navidad."
Arnold dio un paso atrás y miró a Helga, quien se sacudió la nariz ligeramente y aventuró una mirada hacia él. Lucía apuesto vestido con su 'elegante' traje de Navidad: una bonita camisa blanca con corbata negra y viejos pantalones grises.
"Es gracioso," dijo Arnold tímidamente: "Yo pensé que simplemente no lo quería. "
Helga se dio cuenta de lo que quería decir, y elevó la voz:
"No, no. ¡Sí lo quiero!" dijo con énfasis, luciendo infantil y asustada, "¡De veras! Es sólo... ¡ughh! Esto es difícil para mí, ¿de acuerdo?"
Arnold rodó los ojos: "Yo no te lo estoy poniendo difícil, ¿sabes?" dijo. "Miles, ¿por qué no vas a poner las galletas en la cocina y buscas a Yuri y Tomoko? Estoy seguro de que aún están por aquí."
"Está bien," dijo Miles con tristeza, claramente hubiera preferido quedarse y escuchar a los adultos tejer sus confusas e intrigantes telarañas de diálogo. Cogió la bandeja de galletas y saltó de la escalera, encaminándose hacia la puerta de vaivén que conducía a la cocina.
"Gracias por escucharme, Miles, " Helga murmuró, secándose los ojos con la manga de su camisa de seda.
"De nada," respondió el niño mientras se iba.
"¡Expresando gratitud!" Arnold dijo, levantando las cejas con burla: "Ese es un paso en la dirección correcta. "
"Ya bájale, cabeza de balón," Helga gruñó: "Si tu plan es convertirme en una ñoña que desea el bien de todos entonces no estás de suerte."
"Helga," dijo Arnold, dejando escapar el aliento y cerrando la puerta principal detrás de él antes de subir y tomar asiento a su lado en la escalera "No cambiaría nada de ti." Él comenzó a poner un brazo alrededor de ella, y vaciló. Con valentía y sin pensarlo mucho, Helga lo agarró del brazo y tiró de él para pasarlo sobre sus hombros. Arnold sonrió.
"¿Qué diablos ves en una rematada loca como yo?" -preguntó ella, con lágrimas agolpándose en sus ojos de nuevo. Parpadeó para deshacerse de ellas, maldiciéndose a sí misma por ser tan gallina.
"Hmm," dijo Arnold, frotándose la barbilla, donde ya estaba creciendo la barba del próximo día. Helga sabía que siempre tendría dificultades para aceptar el vello facial en la barbilla y las mejillas del amor de su infancia.
"Bueno," comenzó de nuevo "No quiero adularte mucho, pero si pides una lista entonces te la voy a proporcionar. ¿Qué es lo que veo en ti ? No lo sé . ¿Mi pasado ? ¿Amor incondicional ? Complicación, eso es seguro. Y dedicación, sin duda . Una hermosa y joven mujer que ama demasiado a la triste y torpe niña que fue como para dejarla ir."
"¡Oh, deja de decir tonterías!" Helga dijo, sonrojándose furiosamente y mirando a lo lejos, a la sala de piano, donde Phoebe estaba sentada con Gerald. Ella los miró por un momento: todavía lucían como enamorados a simple vista; sus gestos y expresiones faciales eran las de un par de jóvenes en medio de una pelea de novios. "Difícilmente soy joven," ella murmuró "eso para empezar."
"Claro que sí," dijo Arnold, tomando su barbilla con suavidad y volviendo su cara hacia la de él. "Tienes toda tu vida por delante!" Sus palabras golpearon a Helga como una tonelada de ladrillos: pero era una tonelada bienvenida de ladrillos. Parecía ser el punto más brillante de luz, la moraleja, el significado detrás de todo esto.
"¡Cállate, cállate!" ella gimió, cerrando los ojos mientras él apretaba su rostro al de ella , "¡Cállate y simplemente hazlo," susurró "Sólo hazlo antes de que cambie de opinión, tú, baboso." Ella no podía creer lo que decía, pero sabía que Arnold sería capaz de captar el significado detrás de sus palabras, y parecían tan apropiadas, incluso ahora, después de todo este tiempo: ella era aún Helga, y él era aún Arnold, los enemigos, los amantes, la eterna paradoja.
"Shhh," él la arrulló, apretándola fuertemente en contra sí, contra el subir y bajar de su pecho, acariciando sus sienes y dejando que su nariz rozara los suya: "Si no tienes nada bueno que decir, mejor no digas nada en absoluto" la amonestó juguetonamente, moviendo los labios sobre los de ella mientras hablaba.
"Arnold," Helga lloriqueó con diminuta y vulnerable voz, una voz que nunca antes le había permitido oír, y mientras decía su nombre, sus labios tocaron los de él, y luego los presionaron, finalmente, finalmente. Su boca estaba fría debido a su caminata a través de la nieve, pero Helga pronto la calentó. Ella lo besó tímidamente, temiendo que el beso no fuera aquella perfección que siempre había esperado.
Pero, ¡Oh, la boca de Arnold! el suave toque de sus labios, la pequeña caricia de su lengua, era como cerezas, y azúcar, y tabaco…; y café y paletas heladas de naranja, y todo lo perfecto del mundo que ella había dejado escapar cuando se marchó.
"Arnold, Arnold," gimió suavemente , aferrándose a él, paladeando el sabor de él y temblando entera.
"Helga, Helga," él la imitó con una sonrisa burlona, besándola en la frente, las mejillas, la piel expuesta de su cuello por encima del cuello de su blusa.
"Bueno, bueno, ¿quién lo hubiera pensado?" dijo una burlona voz que Helga reconoció como la de Gerald. Le tomó a su visión un momento enfocarse de nuevo después de que los suaves labios de Arnold se separaron de los de ella, y miró a Gerald, quien los observaba desde el pie de las escaleras con una atónita Phoebe detrás.
Arnold sonrió y miró a Helga.
"No te asustes," le susurró.
"Estoy tratando de no hacerlo," Helga murmuró. Algo sobre Gerald y Phoebe sabiéndolo era mortificante. Arnold se puso de pie y le ofreció una mano a Helga, quien a regañadientes la tomó, sacándola del mundo en la escalera que había consistido sólo de ella y de Arnold. Bajaron las escaleras y se dirigieron a sus conmocionados amigos.
"Bueno," dijo Helga, mirando a Phoebe y luego rápidamente al suelo.
"Te lo dije," dijo Phoebe con una pequeña sonrisa.
"¿Eh?" Preguntó Gerald y Phoebe lo condujo hacia la puerta, diciéndole que no preguntara. Cuando volvió de nuevo con la pareja rubia, Arnold enarcó las cejas.
"¿Qué estaba él haciendo aquí?" le preguntó.
"Cálmate, policía de la moralidad," dijo Phoebe con una sonrisa burlona: "No hay ningún adulterio aquí. Él sólo... se disculpó."
"¿Por qué?" Preguntó Helga, sintiéndose sacada de onda.
"Es una larga historia," dijo Phoebe, sonando un poco distante, pero aliviada, y renovada. "Pero era todo lo que necesitaba oír. Conseguí mi deseo de Navidad."
Phoebe se excusó para ir a tratar de enderezar el desorden post- fiesta en la cocina. En el salón, el tono de la música había cambiado: dulces y viejas canciones de Navidad habían reemplazado a la música de baile.
"Hombre!" dijo Arnold, echando un vistazo a la habitación, al gran grupo de personas que estaba reunido allí. "Seguro que es una multitud la que está aquí."
"Sí," dijo Helga, su ritmo cardíaco corriendo a toda marcha.
"Y no es una casa muy grande," agregó.
"Nop."
"Y estoy seguro de que Stinky te daría una tarifa de descuento si quisieras venir a quedarte a la casa de huéspedes para pasar la noche. Siendo Navidad y todo eso."
"¿Lo crees " Preguntó Helga, jugueteando con él un poco. Arnold asintió y sonrió, y se inclinó para colocar otro beso en los labios. Helga lo dejó profundizar el beso en esta ocasión, y su cuerpo gritaba por más cuando su lengua encontró la de ella.
"Entonces, ¿qué dices?" susurró, rompiendo el beso.
Él no tenía que preguntar dos veces.
Helga y Arnold recogieron a Miles y le dejaron saber a Reba y Kyo que Helga iba a pasar la noche en la pensión. Ella recogió sus cosas, y los tres caminaron con dificultad a través de la nieve espesa cruzando la calle hacia el Sunset Arms.
Ella y Arnold iban callados en el camino, no muy seguros de cómo actuar enfrente de Miles.
"Tal vez lo podamos ver," dijo Miles, mirando hacia el cielo "¿Tú que crees, papá? Esta es la hora en que Santa hace su ronda, ¿verdad?"
"Santa no viene hasta que todos los niños y niñas están profundamente dormidos," Arnold le aseguró. "Así que es mejor que vayas a derechito a dormir tan pronto regresemos, amigo. Es mucho más tarde que tu hora usual de acostarte, y a lo mejor eres tú quién está causando su retraso."
Miles lo miró con pánico por un momento, y caminó más rápido a medida que se acercaban a la casa de huéspedes. Cuando llegaron al interior, Stinky estaba en un escritorio en la sala común a la izquierda del vestíbulo, rebuscando entre papeles.
"¡Feliz Navidad, Stinky!" Miles llamó antes de saltar a las escaleras para llegar a la cama.
"¡Buenas noches Papá! ¡Buenas noches Helga!"
"Que duermas bien, Miles," Arnold dijo antes de que oyeran puerta de la habitación del niño cerrarse allá arriba.
"¿Helga?" Stinky dijo, caminando hacia el vestíbulo y mirando su bolso. "Así que has cambiado de opinión acerca de quedarte con nosotros, ¿eh?"
"Sí," dijo ella, aun resintiendo la manera en que Stinky la miraba "quisiera una habitación, si tienes una, claro está. No hay lugar en la posada de abajo, en la casa Heyerdahl."
"Sí, claro," dijo Stinky con su acento lento, "Déjame tomar tu bolsa."
"No te apures," dijo Helga, dando un paso atrás: "Si pudieras decirme el número de la habitación."
Stinky se rascó la cabeza, y fue a una fila de llaves que colgaban en la pared detrás del tablado con el libro de huéspedes.
"Supongo que te pondremos en el 2A," dijo, entregándole una llave de bronce antigua, "Hazme saber si la habitación tiene muchas corrientes de aire."
"Estoy segura de que estaré bien, Stinky," dijo, tomando la llave. "No me gusta tener que llamarte aún ahora que somos adultos 'Stinky' (Apestoso). Lo mismo va para Curly, pero 'Thaddeus' es casi tan feo como su apodo. ¿Cuál es tu nombre real, de todos modos, Stinky?" –le preguntó ella.
Stinky la miró directo y sin expresión: "Stinky," respondió, llanamente.
"Oh, je," Helga recogió su bolso, pero Arnold se lo quitó "Buenas noches, Stinky," dijo.
"Buenas noches, Stinky," añadió Arnold, siguiéndola por las escaleras con su bolsa.
"Arnold," Stinky respondió, con aridez. Algo en el tono de su voz hizo que Helga se estremeciera.
"¿No me digas que no te pone los pelos de punta, aunque sea un poquitín?" -susurró cuando estaban arriba. Arnold negó con la cabeza.
"Vamos, Helga," dijo, "Stinky es un buen tipo. ¡Diablos! Miles y yo probablemente estaríamos en un refugio para desamparados en este momento si él no nos hubiera permitido tantos retrasos en el pago de la renta, y cenas gratis."
"Bien, eso es bueno," dijo Helga, con un suspiro "Por lo menos es flexible en cuanto al dinero."
"Sí," dijo Arnold, poniendo su bolsa en el suelo delante del 2A. . "Aunque… ayer, de hecho, estuvo un poco agresivo conmigo al respecto. Dijo que tenía que dejar de holgazanear y pagarle a tiempo... me asustó un poco. Debe de estar de mal humor últimamente debido a las festividades o algo así. – Se ha portado un poco frío en los últimos días".
En los últimos días... Helga se preguntó si su presencia, y su cercanía con Arnold, era lo que le molestaba. Arnold puso las manos en su cara entonces, y ella al instante perdió interés en cualquier pensamiento acerca de Stinky. Todo lo que podía sentir era el calor de Arnold, lo único que podía ver era aceptación en sus ojos, todo lo que podía oír era su respiración suave. El mundo era Arnold otra vez, y cuando él la besó con ternura en ese pasillo, el mundo estalló en llamas, y toda la nieve bien que podía haberse derretido al tiempo que el cuerpo de Helga ardía en sus brazos.
Se separaron, sin saber qué hacer entonces. Arnold mencionó algo sobre que necesitaba una ducha, y Helga no se atrevía a asumir que la estaba invitando a unirse a él, así que sólo murmuró un 'Buenas noches' precipitadamente y se volvió para abrir la puerta. Sintió sus dedos, suaves y cálidos en la parte posterior de su cuello.
"Buenas noches, Helga" susurró dulcemente, besándole el cuello antes de caminar hacia el baño.
Helga no podía dormir. El hecho de saber que Arnold estaba allí, en la misma casa, y que no la detendría si ella iba y lo buscaba estaba volviéndola loca. Miró el reloj digital junto a su cama, los minutos pasaban tan despacio que pensó que iba a gritar en medio de la oscuridad.
Finalmente, cuando ya no pudo soportar más el deseo, ese antojo por él con el que había lidiado por casi veinticinco años, se quitó las sábanas de encima y se dirigió a la puerta. Luego se detuvo y se volvió para mirar alrededor.
Helga se acercó de nuevo a la cama: ¿qué estoy haciendo?, se preguntó, apretando los dientes con frustración. Todo esto es un sueño loco que terminará cuando deje la ciudad: ¿Qué quiero hacer?, ¿arreglármelas de alguna manera para hacer una vida aquí en este pueblo fantasma; vivir en una casa de huéspedes con un empleado de lavandería? ¡Ha!
Pero entonces se levantó otra vez, maldiciéndose a sí misma por pensar que podría dejar a Arnold. Se acercó a la puerta, y esta vez ella consiguió poner una mano en el pomo de la puerta antes de volverse de nuevo a mirar atrás.
Ahora me estoy volviendo loca, pensó, sentada en la cama y poniendo su cabeza en sus manos. ¡Es él quien me está volviendo loca!
Pero era una locura que la hacía sentirse viva de nuevo, y llena de pasión, y que hacía que todo valiera la pena. Esa locura que significaba amor; algo ante lo que no había sucumbido desde la secundaria, cuando todavía permitía que su mera presencia en una habitación la fundiera.
Helga se levantó de un brinco de nuevo, esta vez decidida a no volver atrás. Se detuvo frente al espejo del tocador en la habitación, examinándose a sí misma. ¿Son estos pijamas poco sexys?, se preguntó, estudiando sus pantalones de pijama rayados y su camiseta blanca. Dirk siempre pareció pensar que sí - ah, pero ¿qué estoy pensando? Ella pensó, llena de pánico. Ni siquiera había tenido relaciones con Dirk en más de dos años, y ciertamente no había habido nadie en medio.
Entonces se acordó de las palabras de Arnold en el gimnasio ese día: Ni siquiera he besado a nadie en tres años. Y vaya que no había perdido su toque, Helga pensó, y un estremecimiento recorrió su cuerpo al mero recuerdo de sus suaves besos.
Así que por fin abrió la puerta y se lanzó al pasillo. Se topó con alguien que justo salía del baño contiguo, quien resultó ser Arnold, tenía una toalla envuelta alrededor de su cintura.
"Helga," dijo, ajustándose la toalla con más fuerza. Finalmente consiguió verlo sonrojarse. Realmente sonrojarse- todo su cuerpo se puso rosa. Helga sintió el suyo emitir una reacción similar.
"Hola," dijo ella, su voz divertida e irreconocible. "¿Quieres platicar?"
Arnold sonrió, "¿No puedes dormir?" le preguntó.
"En realidad no," Helga admitió en voz baja.
"Ven," dijo, sacudiendo la cabeza en dirección a su habitación al final del pasillo. Helga sintió gotas de agua de su pelo mojado caer en sus brazos desnudos. Ella lo siguió hasta su habitación, un modesto apartamento de soltero con un saludable árbol de ficus que crecía en una esquina. Su cama parecía cómoda, así que Helga se trepó en ella. Arnold sonrió, mirándola.
"Parece que nos sentimos un poco aventados esta noche, ¿eh?" -preguntó él, caminando hacia la cama.
"No sé ni lo que estoy sintiendo," Helga admitió, su voz seguía sonando extraña a sus oídos: "Siento que me volví loca." Se sentó en el borde de la cama y ella se acercó a él. "¿Parezco como loca?" susurró, dándose cuenta de que era su corazón latiendo con fuerza en sus oídos lo que estaba obstruyendo su audición, por lo que las cosas sonaban diferentes.
"A mi parecer estás perfectamente cuerda," dijo en voz baja, inclinándose sobre ella mientras se apoyaba en las almohadas. Helga cerró los ojos y aspiró su olor: a frescura y jabón, a almizcle y deseo ya emergiendo en su piel recién bañada.
"Arnold," dijo ella, mirándolo con ojos virginales, sintiendo como si estuviera entrando en territorio inexplorado, aunque ella había estado en la cama con su buena cuota de hombres ya, pero nunca se había sentido así: surrealista, elegante, con una perfecta y tenue luz de luna que entraba por las ventanas a través de continuas líneas de nieve espesa. "No sé qué hacer," susurró. "Siento que desaparecerás cuando te toque. Dime que no estoy soñando."
"No estás soñando," le aseguró "Estoy realmente aquí," dijo, tomando su mano y presionándola contra su cálida mejilla, "¿Ves?" La dulzura de su tono, el ritmo lento, y el cuidando de sus movimientos, casi hizo trajo lagrimas a los ojos de Helga. ¿Por qué no me espere hasta esto? se preguntó, ¿Por qué perdí tantos años?
"Dime algo," dijo ella, con voz temblorosa: "Algo que haga que te conozca otra vez. Dime algo que haga que todos estos años se olviden. Algo que funcione como máquina del tiempo- hazlo, para que nunca nos separemos otra vez," le suplicó.
Él la besó suavemente. "Te amo" fue todo lo que él podía ofrecer. Helga lo tomó en sus brazos y lloró suavemente sobre su hombro. Era todo lo que podía pedir.
Helga no pudo conciliar el sueño esa noche, no con Arnold acostado a su lado. Durante mucho rato se quedaron despiertos juntos: hablaron, con voz baja y demasiado conscientes, temerosos de que el más ligero incremento en el volumen de sus voces podría romper la perfección de este momento que ellos, simples mortales, habían tenido la suerte de experimentar.
Ellos alcanzarían a un punto en sus conversaciones que golpearía a cada uno de ellos de una manera tal que acabaron por hacer el amor otra vez, y Helga volvería a llorar, lo que llevaba a Arnold a preguntarle qué estaba haciendo mal. Y ella se reía en medio de sus lágrimas de felicidad y le decía que era sólo que lo estaba haciendo todo muy bien.
Finalmente desgastado, Arnold se había quedado dormido en los brazos de Helga en algún momento alrededor de las tres de la mañana, mucho después de que los regalos fueron colocados bajo los árboles de navidad, pero no demasiado tiempo antes de que todos los niños del mundo se levantaran para descubrirlos. El 'Regalo' de Helga estaba yaciendo ya en sus brazos, y ella no tenía ningún deseo de salir de la cama; ningún deseo de volver a salir de la cama alguna vez de nuevo, de verdad. Ella sólo quería seguir haciendo lo que estaba haciendo, viendo cada respiración de Arnold, disfrutando la sensación de cada parte de su piel en contacto con cada parte de la de ella.
Se sentía como una huérfana largamente hambrienta que de repente había sido alimentada, y ella no sabía qué hacer con eso. Arnold ofrecía la clase de amor que ni siquiera sus padres habían podido darle, y ella sólo esperaba poder encontrar algo innato dentro de ella para poder retornárselo. Ella no tenía ninguna formación previa en este rubro, estaría improvisando a partir de ahora.
Cuando Arnold dio la vuelta en su sueño, Helga se maravilló de lo cómoda que era su espalda, mientras se recargaba en ella. La de Dirk era huesuda e inestable, y Helga le habían dado calambres en el cuello por tratar de evitar sus omóplatos. Pero Arnold parecía haber sido hecho para descansar sobre él, piel suave sobre los músculos de un hombre que trabaja, era el paraíso sólo el presionar su cara contra él.
Tuvo que controlarse para no reírse de vertiginosa felicidad. ¿Cómo era que estaba aquí? ¿Cómo pudo, tan mal guiada como siempre estuvo, encontrar su camino de regreso a él a pesar de todo? Su única respuesta era el destino, algo en lo que ella siempre había creído en cuando lo había amado, algo que había olvidado en compañía de Dirk y de otros hombres quienes le hicieron creer que el amor era sólo áspero realismo que las películas habían arruinado haciéndolo parecer como algo fácil.
Helga entendía, sin embargo, que esto era todavía el mundo real, y que las cosas de aquí en adelante no iban a ser fáciles. Habría problemas de dinero, estaría la cuestión de Miles, a quien parecía gustarle Helga bastante bien hasta ahora, pero no había forma de saber cuál sería su reacción cuando se enterara que era la novia de su padre. Hasta donde Helga sabía, Arnold no había tenido amantes desde que Kathryn murió.
Pero no se podía negar ahora que ellos estaban destinados el uno al otro, y de alguna manera, Helga sabía que iban a solucionarlo todo. Al menos tenía a Arnold, el maestro de la solución de los problemas de todo mundo, a su lado. Ella lo apretó en su sueño y sonrió: siempre estuviste a mi lado, pensó, incluso cuando no lo merecía.
Arnold despertó alrededor de las cinco de la mañana, y Helga se hizo la dormida. Lo sintió pasar por encima de ella, le oyó salir de la habitación, oyó el WC en el pasillo. Se dio la vuelta y fingió que estaba despertando cuando él estaba volviendo a entrar en la habitación. Todavía parecía conservar dentro de ella una parte de aquella veneración que sentía por él, se dijo, sonriéndole mientras cruzaba la habitación hacia ella.
"Hey," le susurró, con la voz más ronca de lo habitual, debido al sueño. Se arrodilló junto a la cama y bajó su rostro al de ella: "¿Cómo has dormido?" le preguntó.
"Estupendamente," respondió Helga, "Pero probablemente debería retirarme a mi habitación por el resto de la noche. ¿No entrará Miles en cualquier momento para avisarte que es hora de abrir los regalos?"
Arnold sonrió: "Para alguien que nunca ha tenido niños, sabes muy bien como es todo esto."
"Sí, bueno," dijo Helga, dejando la cama de mala gana "Yo fui una, alguna vez," le recordó. Él la besó suavemente en el puente de su nariz.
"Cierto," dijo con una sonrisa: "Gracias por pensar en él. ¿Supongo que te veré en la planta baja cerca del árbol? "
"Cuenta con ello," dijo Helga, dándole un beso de despedida "Aunque jamás podría estar tan temprano como Miles."
Dejó la habitación de Arnold con un dejo de tristeza que se reprochó no debía estar sintiendo. No seas melodramática, chica, pensó, no es como si no fueras a verlo de nuevo en unas pocas horas. Pero tenía una sensación extraña. Como que se supone que las cosas no deberían ser tan fáciles. Como que la vida tiende a tirarte sus bolas curvas en momentos como éste. Pero ella lo sacudió de su cabeza- tenía todo el derecho a tener un final feliz, se lo había ganado, ¿no?
Helga oyó una puerta cerrarse cuando se dirigía a su habitación, y ella instintivamente miró hacia la vieja habitación en el ático de Arnold. El cartel de NO MOLESTAR en la puerta de Stinky se balanceaba ligeramente. Helga se estremeció, y rápidamente se fue a su habitación, cerrando con llave la puerta detrás de ella.
La mañana de Navidad llegó como cualquier otra, con cielos inusualmente brillantes y una nueva capa de nieve que cubría la capa vieja. Helga se despertó alrededor de las nueve de la mañana, después de haber tenido unos extraños sueños acerca de Olga informando a la familia que iba a dejar a su esposo por otro hombre: y luego presentándoles a Sid, el niño con la tonta narizota de su vieja clase de cuarto grado.
¡Hombre!, pensó, saliendo de la cama y frotándose los ojos, ¿la noche de anoche realmente ocurrió? Miró a su alrededor y, por supuesto, estaba en la casa de huéspedes. Pero ella no podía estar segura hasta que no viera a Arnold. Así que se vistió a toda prisa, se recogió el pelo en un moño descuidado, y se dirigió hacia las escaleras para unirse a las festividades de apertura de regalos.
Mientras bajaba, los sonidos de la sala común le aseguraron que todo era como debería ser: Arnold estaba riendo con uno de los otros huéspedes, Miles estaba jugando con un nuevo, ruidoso y molesto juguete, y alguien estaba haciendo café en el cocina. Cuando Arnold la vio venir por las escaleras, le sonrió, y Helga devolvió su afectuosa sonrisa, sabiendo que no debería abrazarlo frente a Miles por el momento.
"Hola, Helga," dijo, poniéndose de pie cuando ella entró en la habitación, y apretando su hombro en secreto entendimiento. "¿Has dormido bien?" le preguntó de nuevo.
"¡Estupendamente!" Helga respondió otra vez, deseando haberse tomado más tiempo para arreglarse con un poco más de esmero. Arnold pareció no darse cuenta, sin embargo, sus ojos eran tan cálidos como lo eran ayer por la noche.
Helga se sentó al lado de Arnold en el sofá, tomó una taza de café y se relajó. Las cosas iban a salir bien. Ese perturbador Stinky ni siquiera estaba cerca para estropear su estado de ánimo. Dejó a Miles explicarle con detalle cada característica de su nuevo juguete.
"Y, ¿ves este botón?" –le preguntó, mirando hacia arriba para asegurarse de que ella le estuviera prestando atención. Helga asintió, y él continuó, dando una explicación detallada de su función. Cuando terminó, miró a su padre.
"Oye, papá, ¿dónde está Stinky?" le preguntó. "Él no ha abierto nuestro regalo todavía."
"Me dijo que se nos acabó el rompope," dijo Arnold con un encogimiento de hombros, "Al parecer no es Navidad si no hay rompope. Así que fue a la tienda a comprar más."
Miles ladeó la cabeza a su padre: "Papá," dijo con una pequeña sonrisa, "¿No vas a darle a Helga su regalo?"
"¡Oh- Miles!" Helga dijo, avergonzada "Estoy segura de que no me trajo nada - no teníamos pensado realmente que yo iba a estar aquí esta mañana."
"No, pero sí te traje algo pequeño," dijo Arnold, sorprendiéndola "Miles me ayudó a elegirlo."
"¡Hasta lo compramos en Riches!" dijo Miles con orgullo.
"¿Cuándo lo compraste?" Preguntó Helga, fuera de sí, mientras Arnold le entregaba una pequeña caja de joyería.
Arnold se encogió de hombros, "Ayer por la noche antes de la fiesta. Es sólo una pequeña baratija. Vamos, ábrelo." Helga hizo lo que le dijo, encontrando en el interior un collar con un pequeño colgante de oro en forma de corazón.
"¡Arnold!" -exclamó ella, ruborizándose, "¿Sabías de mi relicario?"
Él frunció el ceño, "¿Qué relicario?" -le preguntó, "¿No me digas que ya tienes uno...?"
"Oh - no," Helga se rió, "lo tuve cuando era niña, pero – creo que se perdió en algún punto. Gracias." Dijo en voz baja, dándole un rápido abrazo, deseando tenerlo en sus brazos para siempre.
Arnold le ayudó a ponerse el medallón alrededor del cuello, y le preguntó a Miles que le gustaría hacer por Navidad. Miles, por supuesto, sugirió que fueran a ver la película que contaba una versión aderezada con efectos especiales de su nuevo juguete destructor de aliens.
"Está bien," Arnold dijo, asintiendo "¿Te gustaría unirte a nosotros, Helga?"
"¿Por qué no?" dijo ella: "Si Miles está de acuerdo, claro está. No tengo nada más que hacer, eso es seguro."
"Estoy de acuerdo," dijo Miles: "¿Cuándo podemos ir, papá? ¿Podemos irnos ya ahorita?"
"Dudo que la están exhibiendo tan temprano," dijo Arnold, levantándose del sofá. "Voy a buscar el periódico. Tendrán los horarios de las funciones ahí."
Helga se relajó en el sofá después de que él se fue, haciendo espacio para Miles, quien la invitó a ayudarle a completar un rompecabezas que una anciana que vivía en la casa de huéspedes le había regalado.
De repente, - el chirrido de unos neumáticos. Luego silencio. El corazón de Helga se congeló - el coche que había hecho el ruido sonaba como si estuviera justo afuera.
"Espera aquí, Miles," ella dijo, saltando del sofá para seguir uno de los huéspedes masculinos que salía para ver de qué se trataba la conmoción.
"¡Oh, Dios mío!" oyó al hombre exclamar cuando abrió la puerta principal de la casa de huéspedes. Helga alcanzó a ver rojo por encima de su hombro. Rojo oscuro contra la deslumbrante nieve blanca. Sangre en la nieve. Arnold.
Ella saltó las escaleras, tropezó y golpeó su rodilla en el suelo helado mientras caía. No podía moverse. Estaba temblando. Las piezas del escenario que yacían ante ella tomaron sentido lentamente... Stinky... saliendo del coche... Arnold... agarrándose el costado.
"¡Llamen a una ambulancia!"
"¡No lo vi!"
'Que alguien llame al 911, ¡rápido!"
"¡Papá!"
"Sólo iba por algo a la tienda..."
Los sonidos que la rodeaban parecían muy lejanos. Helga se arrastró por la nieve hacia Arnold, quien veía más allá del hombre que se estaba inclinando sobre él, atendiéndolo, mirando directo a sus ojos, suplicándole.
Esos ojos. Esos ojos que nunca debieron haber conocido el dolor.
Helga se arrojó a su lado, justo a tiempo para escuchar decir su nombre con su último aliento.
Y luego se había ido.
Todo fue un borrón rojo por un momento. Había sangre en sus ropas. Miles estaba gritando, dos mujeres de la casa de huéspedes lo estaban reteniendo. Otro hombre estaba amenazando a Stinky, acusándolo de atropellar a Arnold a propósito.
"¡Estabas sentado allí, esperando a que saliera!" -gritaba el hombre.
"¿Por qué demonios iba a hacer eso?" Stinky gritaba en respuesta.
Helga sabía por qué.
Stinky había atropellado a Arnold por celos. Por su causa. Por su causa.
Ella sintió una mano en su hombro, preguntándole si estaba bien.
La respuesta era no.
Helga levantó la cabeza y dejó escapar un grito salvaje que sacudió el hielo que colgaba de los tejados, y luego se colapsó sobre un montón de nieve, sin poder procesarlo, incapaz de respirar sin él.
Continuará en la parte 6
P.30/03/2014
