Navidad en Brooklyn
De Heidi Patacki
Sexta parte: Violines
"A veces tengo la sensación de
Que no voy a estar en este planeta
Por mucho tiempo
Realmente me gusta este lugar -
Estoy muy apegado a él
Espero estar equivocado.
Lo que realmente quiero decir es:
Tú eres la razón por la que quiero quedarme
Te amé antes de conocerte
Y te encontré justo a tiempo
Porque no quedaba nada ya... "
~ Ben Folds Five
Helga sintió frío. Trató de alcanzar algo para calentarse; la esquina de una colcha de la que pudiera jalar para cubrirse el hombro, pero sus brazos se sentían cansados, y pesados. Sus párpados fueron poco cooperativos cuando intentó abrirlos. Finalmente, tuvo éxito, sólo para encontrarse a sí misma mirando una luz blanca y brillante.
¿Un ángel? , se preguntó. Pensó en Arnold, y el dolor del recuerdo se precipitó hacia ella como un tsunami. Sintió una mano en su brazo.
"¡Oh, mami, mami, mira!" oyó chillar a su hermana "Abrió los ojos. Está despertando - ¡Papá, ven rápido!"
Helga volvió la cabeza, un esfuerzo que le costó la mayor parte de su energía. Vio a Olga inclinándose hacia ella en la cama del hospital, lagos de rímel negro formándose en el fondo de sus ojos llenos de lágrimas.
"¡Oh, mi querida hermana!" Sus lágrimas salieron a borbotones, y sollozó, "¡Estás despierta por fin!"
"¡Helga!" Miriam vino corriendo a su lado, dejando caer una taza de café, sin preocuparse por el derrame y agarró el otro brazo de Helga "¡Pensamos que te habíamos perdido!" Helga vio los ojos de Miriam llenos de lágrimas, también, y se sorprendió. Nunca pensó que su madre derramaría una lágrima por ella.
Bob fue el último en llegar a su lado. Helga se sorprendió al ver que tenía los ojos rojos de lo que parecían ser semanas de dolor. Estaba demacrado y sin afeitar, y Helga podía sentir sus grandes manos temblando cuando las colocó suavemente sobre sus pies al final de la cama.
"Oh, vamos, Miriam," dijo con su voz ronca, reprimiendo cualquier emoción: "Sabíamos que iba a salir adelante. Es una guerrera, como su padre."
Helga sintió sus propios ojos llenarse de lágrimas y derramarse mientras miraba a su padre.
"¿Qué están haciendo aquí?" dijo ella con voz ahogada: "¿Qué ha pasado? ¿Dónde está Arnold?"
"¿Arnold?" Olga dijo, confundida, "¿De quién estás hablando, querida hermana?"
"Sólo está cansada, Olga," Miriam la reprendió. "Helga, cariño, has estado en coma durante casi un mes. Nos hemos estado alojando aquí en Canadá, esperando a que reacciones- … ¡Oh, ha sido una pesadilla!"
"Sí," Bob murmuró," Los idiotas de este hospital no tienen idea de cómo dirigir el tráfico. Sólo el entrar y salir a diario de esta casa de locos ha sido suficiente para elevar mis niveles de colesterol. "
"¡Bob ! "
" ¡Papá! "
Helga en silencio disculpó a Bob, al ver de repente todo de lo que no se había dado cuenta cuando vivió con él. Ella era él. Todo lo embarazoso y grosero que ella había dicho alguna vez en su vida lo había aprendido de él. No sólo le había heredado las cejas gruesas, no; gracias a él, ella tenía la composición genética de un matón con un blando y cursi interior. Pero si había algo que había aprendido de Arnold, era que el blando y cursi interior era algo por lo que valía la pena para ser amado.
Arnold ...
"Esperen un minuto," dijo Helga, sintiéndose un poco más fuerte y luchando para sentarse, "¿Han dicho que estamos en Canadá? ¿Pero yo no estaba -?"
Fue ese el momento en de que los médicos entraron apresurados, urgidos por valorarla de esto y de aquello, para checar sus signos vitales y prepararla para la rehabilitación. Phoebe no estaba entre ellos.
No pudo haber sido un sueño, Helga se dijo con seguridad, mientras la pinchaban y la auscultaban. Pero ¿cómo pude haber vuelto a Canadá... a menos que nunca me hubiera ido?
"Mamá," dijo en voz baja cuando los médicos finalmente se fueron para procesar su información, murmurando entre sí acerca de su 'milagrosa recuperación'. "Actualiza mi memoria - ¿Cómo llegué a estar... en coma?"
"Oh, cariño," Miriam empezó con su pegajosa voz, "Estuviste en ese horrible, horrible accidente de ascensor. ¿Te acuerdas? En el edificio Turner."
"Y la anciana - ¿Qué le pasó a la anciana que iba conmigo?" Helga preguntó por segunda vez.
Miriam se quedó perpleja. Ella miró a Olga, quien se encogió de hombros.
"Helga, estoy segura que dijeron que sólo hubo una víctima en el accidente -" dijo ella, frunciendo el ceño ligeramente.
"Muy bien, retrocedan, ustedes dos," Bob ladró. "Así que está delirando un poco - ¿Cuál es la gran novedad?"
"¡Bob ! "
"¡Papá! "
Los tres se sorprendieron al ver que Helga soltaba una risita. Se sentía extrañamente segura, y sin duda cómoda, aquí en la tranquila sala de hospital con su familia. Había tantas preguntas - no podía creer que todo lo que había vivido durante su coma fuera sólo un sueño - pero si lo era, ¡eso significaba que Arnold todavía estaba vivo! Tengo otra oportunidad, pensó Helga, empujándose más arriba en la cama.
"Entonces, ¿cuándo es lo más pronto que puedo salir de aquí?" -preguntó con impaciencia.
"¿Cuál es la prisa?" Preguntó Miriam , "Todo lo que se necesite para que puedas sanar y recuperarte."
"¡Pero ya me siento muy bien!" Helga les aseguró. Como para echar a perder intencionadamente su estado de ánimo, Dirk Kramer entró por la puerta tan pronto como las palabras hubieron salido de su boca.
"¡Queri - da!" dijo, agarrándose el pecho. Su voz sonaba incluso más falsa de lo que Helga recordaba. "¡Oh, qué ali- vio!" -exclamó, y Helga vio a Bob rodar sus ojos cuando Dirk se acercó a su cama. Ella le sonrió.
"Dirk," ella dijo, estirándose hasta él y dándole un abrazo. Estaba de tan buen ánimo que de repente sentía que podía mostrar afecto, incluso a su marido.
"¿Miriam , Bob, Olga?" ella dijo: "¿Pueden darnos un minuto a solas?"
"Claro, cariño," dijo Miriam, acariciando su mano, "Me vendría bien un trago, de todos modos..."
Helga dio su madre una mirada, y luego vio a sus padres salir de la habitación junto con Olga. He ahí la raíz de todos mis problemas, pensó: mi alcoholismo y mi cinismo. Pero ¿qué son los padres si no los pasadores de los hábitos más indeseados?
"Muñeca," dijo Dirk, tomando asiento en su cama, "¡Te ves positivamente te-rri-ble! No es que quiera ser insensible."
"No te preocupes, Dirk," dijo ella, acariciando su espalda, "Siempre te admiré por tu franqueza. Te pareces a mí en eso." Sonrió.
"Helga, nena," dijo él "Será mejor que te recuperes rápido. ¡El ambiente en los bares de Canadá es una completa mierda! Vaya bola de ridículos leñadores que hay por aquí, ¿eh?"
Helga rió de su estúpida broma. "No podría estar más de acuerdo," le dijo; agarrándolo de las muñecas, agregó "¡Pero mis padres quieren que me quede! ¡Dicen que la recuperación va a durar meses!" Los ojos de Dirk se abrieron como platos.
"Mira," dijo él "Sabes que estoy a favor de tu recuperación, amada mía, pero espero que no esperes que me quede, ni siquiera por el resto de la semana. Sólo llevo aquí dos días y esta mierda de ciudad y tus padres ya me están volviendo loco".
"No tendrás que quedarte," Helga susurró: "Porque nos escapamos hoy." Dirk frunció el ceño.
"¿Escapar?" preguntó él, enderezando su corbata: "¿Qué es exactamente lo que quieres decir?"
"Todo lo que necesito es que robes una silla de ruedas y me saques de aquí sin causar conmoción," dijo Helga, manteniendo la voz baja. Él hizo una mueca pensativa.
"Querida," dijo, "Puede que sea un poco taimado, pero – ¿robar una silla de ruedas? Eso está por debajo incluso de mí".
Helga le dirigió una mirada escéptica.
"Está bien," admitió con una sonrisa, mirando hacia el techo, "Puede que no. Pero, ¿dónde puedo encontrar una?"
"Simplemente toma una que no esté siendo utilizada", dijo Helga, su agarre en su brazo se apretó. Se sentía medio enloquecida, pero no le importaba. Tenía que llegar hasta Arnold, tan pronto como fuera posible. Su corazón no se calmaría hasta que viera su rostro. "Estoy segura de que tienen un montón de sillas de ruedas extra por aquí."
Dirk la miró seriamente por un momento: "De verdad quieres que haga esto, ¿verdad?" quiso estar seguro. Helga asintió solemnemente. Dirk suspiró y se pasó una mano por el pelo de color marrón oscuro recortado con mucho estilo. Helga trató de recordar por qué lo había amado. Tal vez porque le recordaba mucho quien ella estaba tratando de ser cuando proyectaba su despiadado, sarcástico exterior. Tal vez sólo estaba tratando de amar a la persona que ella creía que era.
"Nena," dijo, poniéndose de pie "Supón que simplemente no entiendo por qué tenemos que salir a hurtadillas de aquí. Eres una adulta – Y estamos en un país libre... dizque… ¿No puedes simplemente firmar tu salida?"
"Puedo," dijo Helga, poniendo sus pies sobre el borde de la cama. "Pero eso implicaría llenar de un montón de documentos, -y pelear con mis padres, - y aguantar el lloriqueo de Olga - por qué no sólo eres un amor y robas una silla de ruedas para mí, ¿lo harías?"
Dirk finalmente accedió y salió de la habitación a buscar la mentada silla de ruedas. Helga no podía creer que lo convenciera - debe ser su conciencia culpable, pensó, sorprendida de que tuviera una. El susto de que su distante esposa cayera en coma en medio de su más reciente aventura extra marital debió haber sido uno muy grande, lo suficientemente grande como para hacer que se apareciera por el hospital, algo que era impresionante cuando se trataba de Dirk.
Miriam volvió a entrar en la habitación después de que él se fuera, y le dijo a Helga que Bob y Olga habían ido a buscar a la cafetería algo para que comiera.
"¿Qué haces fuera de la cama?" la regañó. Helga giró los ojos.
"Ay, mamá - Quiero decir, Miriam - no empieces a tratarme como si tuviera siete años, sólo quiero ponerme algo de ropa, ¿está bien? Esta… servilleta… que me pusieron no detiene ni una corriente de aire."
"Bueno, está bien," Miriam aceptó "Trajimos algo de ropa para ti - podría ser un poco pasada de moda, son cosas que dejaste en la casa... hace años... tú sabes." La madre de Helga miró al suelo.
"Miriam," dijo Helga tranquilamente, tomando la ropa que habían traído. "¿Puedes cerrar la puerta?"
Helga observó a su madre mirar por la ventana mientras ella se vestía son los pantalones negros y la camiseta rosa pálido que habían traído para ella. Helga se sintió terrible cuando se miró en el espejo - no sólo lucía espantosa, sino que además no había usado rosa en años. La mayor parte de su ropa de adulta era en colores negros y grises - colores que se adaptaban a su estilo de vida de mujer de negocios.
Cayó en la cuenta de algo al pensar en sí misma como una mujer de negocios: "¡No he perdido mi trabajo!" -exclamó-. Miriam la miró, sorprendida por su arrebato.
"Por supuesto que no, Helga," dijo "No pueden despedirte por estar en coma, por el amor de Dios. Eso sería inusualmente cruel. "
"No conoces la política en mi campo, mamá - er, Miriam," Helga dijo, poniéndose los calcetines, "Y de todos modos, soñé que lo hacían."
"¿Soñaste mientras estabas en coma?" Preguntó Miriam, curiosa. Tenía una nueva taza de café, y ella bebió de ella tímidamente.
"Uh -huh ", dijo Helga, " Y estaba pensando, de todos modos -. Tal vez voy a dejar el negocio de intermediación."
"Pero - ¿por qué?" Preguntó Miriam, entrando en pánico. "¡Estuviste en la portada de la revista Time, Helga! "
"Sí", reflexionó en voz baja: "Fui alguien realmente importante." Ni siquiera querían que sonriera para la foto. Lo cual fue un alivio.
"¿Y qué harás si te sales?" le preguntó su madre.
"No lo sé", dijo Helga, echando los brazos al aire y sonriendo con malicia, "Tal vez trabajar en una lavandería. "
"¡Helga G. Pataki!" Miriam exclamó , horrorizada. Helga soltó una risita.
"Es broma, Miriam," ella dijo, "Caray, ¡Aliviánate!"
Helga vio lágrimas brotar en los ojos de su madre, detrás de los marcos de las gafas.
"No puedo alivianarme, Helga," insistió con su voz permanentemente exasperada. "Pensamos que estabas... ¡Oh, nunca me perdonaría a mí misma si no hubieras despertado!"
"¿Por qué no, Mir?" Preguntó Helga, colocando una mano sobre el hombro de su madre para hacerle ver que era real, y estaba sana y salva de nuevo. Aunque personalmente, Helga sabía no sería nada fácil para ella creer en la realidad ahora, no después de ese sueño tan realista...
"Porque fui una horrible madre," Miriam sollozó, "¡Es casi como si hubiera sido yo quien cortó los cables del ascensor!"
"Oh, ya basta," dijo Helga, dando a su madre un torpe abrazo, "No lo fuiste... las cosas podrían haber sido peores..."
Sin sentirse tranquilizada por sus palabras, Miriam siguió sollozando.
"¿Recuerdas aquella vez que nos fuimos en un viaje por la carretera juntas?" Preguntó Helga, y Miriam se animó un poco.
"¡Oh, Dios!" dijo con una sonrisa, secándose algunas lágrimas: "Recuerdo haber montado el toro..." ella se rió "Vaya que fue salvaje."
"Es uno de mis mejores recuerdos de la infancia," Helga mintió, tratando de que su madre se sintiera mejor. De repente Dirk entró con su tarea rodando dentro de la habitación.
"¿Una silla de ruedas?" Miriam dijo, perpleja "¿Te va a llevar a alguna parte?"
"¡Yep!" Dirk sonrió ampliamente, y Helga se puso nerviosa por un momento, "La iba a llevar a dar una vuelta por el hospital para que viera las decoraciones de Navidad - se perdió la Navidad la pobrecita, ¡su época favorita del año!" Le guiñó un ojo, y Helga agradeció a su estrella de la suerte por las milagrosas habilidades para mentir de Dirk.
"Me perdí la Navidad," Helga murmuró, tomando asiento en la silla rodante, "¿Qué fecha es hoy, a propósito?"
"¡Pero si es 26!" dijo Miriam, "Te lo perdiste apenas por un día, me temo."
Helga se estremeció en la silla de ruedas: su sueño había terminado el 25 de diciembre, y ella se había despertado en el 26... extraño.
"Bueno, nos vamos," dijo Dirk, empezando a llevársela. Helga vio el rostro de su madre cuando salían; demasiadas emociones expresaba: culpa, felicidad, perplejidad ante los acontecimientos de hoy, y, finalmente, amor. Helga había esperado ver esa mirada en el rostro de su madre desde que era una niña. Tal vez siempre había estado allí, tal vez era sólo que ella había sido ciega para notarlo entonces.
"Espera," Miriam dijo, con la voz que amenazaba con quebrarse de nuevo, "¿No deberías ponerte un abrigo?"
"No tengo ninguno," Helga dijo " Creo que mi elegante y nuevecito Donna Karen se quemó en el accidente."
"Dios," dijo Miriam, temblando "Es todo un milagro que hayas sobrevivido." Se acercó a su hija y se arrodilló delante de su silla de ruedas, tocando su cara brevemente, y luego se quitó su propio abrigo y lo envolvió alrededor de los hombros de Helga.
"Mantente siempre arropada," le susurró las palabras como una despedida, como si supiera que Helga se iba.
"Muy bien, entonces," dijo Dirk, dirigiéndose a la puerta "¡Volvemos en un periquete!"
Helga volvió a mirar a su madre mientras Dirk se alejaba con ella rodando. Miriam le dijo adiós con un pequeño ondeo de su mano. Doblaron una esquina, y ya se había ido.
La casa en Vermont estaba justo como la había dejado cuando había salido en su viaje de negocios a Canadá. Helga se quedó de pie en el vestíbulo de la finca por un largo rato, pasando sus manos sobre las cosas, miles de recuerdos inundando su mente.
Se sentía como una media persona. Como si su sueño hubiera tomado parte de ella y la mantenía en ese mundo que había visitado mientras estuvo en coma.
"Dirk," ella lo llamó entrando a la cocina, donde se estaba preparando un bocadillo de bienvenida a casa "Cariño, voy a necesitar el coche." Él la miró, confundido.
"¿No quieres primero, no sé, descansar, o algo así?" -preguntó él, dando un gran mordisco a su bocadillo.
Helga sacudió la cabeza "No tengo tiempo," dijo, "Hay algo que tengo que hacer. Y tengo que hacerlo ahora mismo." Dirk tiró su sándwich sobre la mesa, frustrado.
"Helga, ¿qué diablos está pasando?" -le preguntó, "¿Sabes que tus padres han dejado ya aproximadamente 200 mensajes en la máquina? Ya que se dieron cuenta que dejamos el hospital. ¿Qué voy a decir cuando llamen de nuevo?"
"Diles que no me voy a volver a alejar de ellos de nuevo, pero que tengo que ocuparme de algo en Nueva York primero," dijo ella. "Dirk, esto está acabado. Tú y yo lo sabemos. Voy a decirle a Maxwell que prepare los papeles – Puedes quedarte con la casa, pero yo quiero todos los muebles que he comprado, el Cadillac, y el bote."
El rostro de Dirk se volvió blanco. "Helga," dijo "creo que estás enferma..."
Ella se echó a reír: "Y te agradezco la preocupación, en serio," dijo ella, yendo a la nevera y agarrando un plátano y un par de manzanas para el viaje en avión "No te habías portado tan bien conmigo desde que nos enteramos que no podía tener hijos".
Él tragó saliva, "El doctor dijo que era importante que te mostrara todo mi apoyo..." murmuró.
"Lo sé, querido, y por lo que sea que valga, hiciste un excelente trabajo, de verdad," dijo ella "pero sé que tienes una aventura - quiero decir, por el amor de Dios - ¿no creíste tal vez que el permitir que tu amante contestara el teléfono en nuestra propia casa me haría sospechar?"
Él puso sus dos manos sobre el mostrador y miró al suelo.
"Maldita sea, Helga," dijo él, silencioso, avergonzado, "¿Por qué estás tomando esto tan bien?"
"No lo sé," dijo con una pequeña sonrisa "Creo que ya... me he hecho a la idea de que estemos separados." Él levantó la vista hacia ella.
"¿Es debido a que nunca estoy aquí? ¿Por qué viajo por negocios?" -le preguntó, "Bueno, no puedes culparme completamente por eso. Tu viajas más que yo."
"No, no, amor, no es eso," dijo con un suspiro: "Es por ésta cosa, ésta premonición que tuve-. Oh, diablos, no soy buena para explicarlo," Se rascó la cabeza "¿Estoy enamorada de otra persona?" Intentó.
"¿Lo estás?" -le preguntó, con los ojos muy abiertos. Helga asintió lentamente.
"Creo que sí," dijo " Sólo tengo esa sensación. No lo entenderías. Nunca fuiste un romántico."
"De eso soy culpable," dijo, levantando las manos "Pero no creí que tú quisieras eso."
"Yo tampoco," dijo con una sonrisa, "Pero... bueno, tal vez sí lo quería. Creo que sólo es un caso de mí habiendo olvidado lo que realmente quiero."
"Está bien," dijo él, apoyándose en el mostrador, en estado de shock hasta cierto punto "Puedes quedarte con el bote. Pero quiero el condominio en Salt Lake City." Helga levantó una ceja.
"En realidad," ella dijo, "Esperaba que pudiéramos venderlo y dividir el dinero."
"Maldita sea," dijo con una sonrisa socarrona, "Debí haberme casado con una caza fortunas sin cerebro, de esas que firman los acuerdos prenupciales sin leerlos."
Helga sonrió, "Para eso están las segundas oportunidades," le dijo.
Helga tenía una lista mental de tareas pendientes, a la que pasó revista mientras se abrochaba el cinturón de seguridad en el vuelo de primera clase que había reservado para el aeropuerto La Guardia. Ya había logrado las dos primeras tareas en su agenda: Escapar del hospital y dar fin a su frívolo matrimonio. Y ahora estaba trabajando en su tercer paso: Volar a Nueva York. Desde La Guardia cogería un taxi e iría a Brooklyn, al viejo barrio. Si Arnold no estaba allí, entonces buscaría en todo el mundo por él. Estaba dispuesta a renunciar a todo. Nunca se había sentido más viva.
Excepto por el hecho de que estaba agotada. La coma había cobrado su precio, y sus músculos aún se sentían apáticos y adoloridos. Aunque el viaje en avión tomaría menos de una hora de tiempo, sabía que se quedaría dormida en su asiento.
Una mujer se abrió paso por el pasillo y se sentó junto a Helga.
"Llego tarde," murmuró para sí misma. Luego miró a Helga, "Tuvieron que retrasar el avión por mí," dijo "¿Puedes creer eso?"
Helga se encogió de hombros, mirando a la mujer. Parecía extrañamente familiar. Era alta, con corto, descuidado cabello oscuro. Llevaba gafas grandes ropa y holgada, hippiosa, que no le iba bien a su delgada figura. Se dio cuenta de que Helga la estaba mirando y suspiró enormemente.
"Si vas a preguntar, sí, soy yo, Rhonda Rosewood - Llyod," dijo ella, y Helga estaba prácticamente ya echada hacia atrás contra la pared del avión en shock, "Y sí doy autógrafos - pero no son baratos. Cinco dólares la firma, y dos dólares adicionales por cada palabra de referencia personalizada."
"¿Q - ¿qué?" Helga tartamudeó, todavía sin creer que esta desaliñada mujer frente a ella fuera la Rhonda con la que había ido a la escuela. Pero tenía los mismos ojos, los mismos pómulos... y sin duda la misma actitud altanera.
"Referencia personalizada," Rhonda reiteró, malentendiendo la pregunta de Helga "Ya sabes, como, Querido Fulano de Tal, fue un placer conocerte, estoy tan emocionada que mi libro te haya inspirado- bla, bla, bla. Ese tipo de cosas."
"Rhonda - ¿qué no me reconoces?" Preguntó Helga, y la luz de advertencia de ajustar el cinturón de seguridad destelló por encima de la cabina del piloto. Las azafatas empezaron el ineludible paseo por los pasillos con su información y chequeo de seguridad.
"¿Te reconozco?" -preguntó, al parecer ofendida por la sugerencia: "Lo siento mucho, pero me encuentro con millones de fans al día, y tú simplemente no puedes esperar que yo recuerde todos los nombres, o siquiera las caras." Hizo una pausa por un momento. "No fuiste alguna de las novias de Devon, ¿verdad?" –le preguntó, furiosa ante la idea.
"No - nosotras fuimos a la escuela juntas," Helga le dijo. Rhonda rodó sus ojos.
"Oh, Dios, aquí vamos de nuevo," murmuró. Y luego volvió a mirar a Helga, sus ojos suavizándose un poco detrás de esos poco atractivos marcos de sus gafas. "Espera," dijo "¿Quieres decir, de niñas, a la escuelita?"
"Esa es una manera de decirlo," Helga dijo, cuando el avión comenzó a moverse hacia la pista, "Fuimos a la escuela primaria juntas. ¿Te acuerdas? Helga, la matonesa?"
Los ojos de Rhonda parecieron salirse de sus orbitas, y se echó a reír.
"Helga - oh, ¡eres tú!" se carcajeó "¡Ya no eres fea! Nunca lo hubiera imaginado. ¡Y esta ropa! ¡Qué elegancia! El tipo de ropas que yo solía usar antes de haber sido iluminada".
"¿Gracias?"
"¿Has leído mi libro, Helga?"
"Um... ¿no?" Helga dijo, en tono de disculpa.
"Bueno," Rhonda, sin perder un segundo, tomó su equipaje de mano "¡Tienes suerte de que llevo una docena de estos retoños conmigo cuando viajo!"
"¡Oh! Heh."
"Helga, ¿estás usando lápiz labial?" Preguntó Rhonda, abrazando una copia de su libro contra su pecho.
"Creo que sí," admitió Helga, tocando sus labios. Sólo quería estar guapa para Arnold, pensó. Se dio cuenta de lo patético que sonaría si le dijera a Rhonda que estaba corriendo tras su amor platónico del jardín de infantes, por lo que mantuvo la boca cerrada.
"Hel – ¡GA!", dijo Rhonda, entregándole el libro, que llevaba por nombre: 'Pensé Que Por Siempre Significaba Para Siempre'.
"¿Y no es así?" Helga murmuró acerca de la portada del libro. Por lo que ella sabía el significado era el mismo.
"¿No has crecido lo suficiente como para darte cuenta de que el uso de maquillaje y el vestir elegante sólo perpetúa la dominación del hombre sobre nosotras? Es completamente misógino siquiera el considerar comprar pantimedias. Quiero decir, piensa, Helga. ¿Para quién te estás vistiendo? ¿Para tu marido? ¿Para tu amante? ¿Por qué no te vistes para ti misma?"
"Wow, Rhonda," dijo Helga, poniendo el libro en su bolso "De verdad has cambiado."
"Bueno," dijo Rhonda, enderezándose el collar de conchas cauri que llevaba. "Pasar por un divorcio resultó ser una experiencia verdaderamente iluminadora."
"Ay, Diosito," Helga pensó, "Tengo mucho que esperar del futuro, entonces."
"¿Eres divorciada?" Preguntó Rhonda, saltando ligeramente y agarrando el brazo de Helga. La miró con los frescos ojos de la hermandad. Helga sonrió. El ver Rhonda en el avión sin duda significaba algo. Estoy en el camino correcto, pensó. Él me va a estar esperando – como dijo Curly en su sueño.
"Sí," Helga gritó por encima del rugido del despegue. "Bueno, no legalmente, aún no. Pero le acabo de decir que lo iba a dejar, de hecho."
"Oh," La cara de Rhonda decayó un poco, "¿Tú lo dejaste a él?"
"Uh –huh," dijo Helga "Pero fue porque él me estaba engañando."
"¡Hijo de su madre!" Rhonda gritó, mostrando más apoyo.
Hablaron de sus perdedores ex maridos durante el resto del vuelo. El de Rhonda era Devon Woodward, el actor.
"El hijoeputa acaba de ganar un Oscar por interpretar a un tipo retardado," Rhonda hablaba con dificultad después de haber tomado un par de copas de champán cortesía de primera clase. "Quiero decir, por amor de Dios," se burló ella, entrecerrando los ojos "¿Qué tan difícil le es hacer eso? Prácticamente es un retardado en la vida real."
Helga se rió, y Rhonda le preguntó si quería un poco de champán.
"No, gracias ", dijo Helga. "Yo no bebo. Ya no."
"Ohhhh, es cierto," dijo Rhonda, sentándose, "Eras una borracha en la escuela secundaria, se me olvidaba."
"Sí," dijo Helga, alisando su pelo y suprimiendo el impulso de mandar a la aun pretenciosa pero menos vana Rhonda a besar el suelo. Rhonda estiró la mano rápidamente y le desarregló el cabello de nuevo.
"¡Hey!" Helga protestó: "¿Cuál es la gran idea?"
"¡Olvídate de tu pelo!" Rhonda dijo militantemente "¿A quién estás tratando de impresionar? ¿A mí? Me gusta más desordenado. ¡Hey!" le gritó a la azafata: "¿Qué tiene que hacer una chica para conseguir una bebida en este basurero volador?"
"Yo solía tener mi propio avión," Rhonda susurró a Helga, mientras una molesta aeromoza llenaba su vaso de nuevo. "Nunca debí haber tratado de que hicieran mi libro una película," agregó, riendo.
Fue un vuelo de cuarenta y cinco minutos, pero en compañía de Rhonda, Helga sintió que podía haber estado volando hasta Siberia. Cuando el avión finalmente aterrizó en La Guardia, Helga no podía esperar para bajar. Estaba nevando otra vez: gordos copos de nieve post navideños empezaron a caer apenas el avión tocó tierra.
Rhonda estaba completamente ebria para el momento en que se bajaron del avión, y Helga tuvo que ayudarla a caminar. Se las arregló para encontrar las maletas de ambas y arrastrar la muy embriagada autora hasta la zona donde la gente estaba esperando taxis. Una enorme limusina esperaba a Rhonda y Helga ayudó al conductor a meterla dentro.
"Helga, eres una verdadera amiga," Rhonda arrastraba las palabras: "Nunca te voy a olvidar de nuevo. Te ves muy bien. A pesar de que no deberías."
"Adiós, Rhonda," Helga murmuró mientras el chofer de la limusina cerraba la puerta. Feliz de librarse de ella, se acercó hasta el mar de taxis amarillos para conseguir uno que la llevara. Su ritmo cardíaco se elevó ahora. Estaba tan cerca. Sólo un viaje de treinta minutos en taxi.
A menos que el tráfico fuera malo. Era el día después de Navidad, y Nueva York era un hervidero de intercambios de regalos y parientes en su camino de regreso a casa. Helga se preocupó por esto por un momento, y trato de calmarse. El tráfico era con toda probabilidad la menor de todas sus preocupaciones, sin embargo. El hecho de que la hipotética esposa de Arnold aún estuviera vivita y coleando estaba haciéndola sudar con nerviosismo, incluso en este congelante frío. No es que deseara la muerte a alguien, Helga pensó rápidamente. Sólo que sería más fácil para todos si Arnold no estuviera casado...
De pronto cayó en la cuenta de que todo esto era una locura. Está bien, había tenido un sueño acerca de Arnold. ¿Y qué? Ella había tenido un montón de sueños sobre Arnold antes. ¿Alguno de ellos la inspiró alguna vez para dejar a su marido y volver a Nueva York para tratar de conquistarlo? No... Pero ninguno de sus sueños anteriores había sido nunca tan intenso. Cada detalle de su comatoso sueño había quedado quemado en su memoria como si hubiera sucedido en realidad: la abuela de Phoebe que la amonestaba en el pasillo, Miles y sus galletas de azúcar, el cartel de 'No Molestar' balanceándose en la puerta de Stinky la noche anterior... Helga se estremeció.
"¡Hey, señorita!" uno de los taxistas la llamó con un fuerte acento de Nueva York, "¿Necesita un viaje o qué?" -preguntó, manteniendo abierta la puerta de su cabina para ella.
"Oh..." dijo Helga, sacudiéndose de sus pensamientos y entregándole su bolso, "Gracias," dijo ella, abordándolo. La nieve, por otra parte, caía con más fuerza. Por favor, por favor, no permitas que nos quedemos atascados, Helga rezó.
El taxista subió después de colocar su bolsa en el maletero, y se pusieron en marcha pero muy lentamente. El tráfico era el peor Helga había visto nunca: por lo general no estaba en la ciudad durante las fiestas.
"Entonces, ¿A dónde se dirige?" preguntó el conductor. Helga se sorprendió al ver que él era caucásico – lo que era una verdadera rareza en los conductores de taxi.
"Brooklyn," respondió ella "Hillwood específicamente. ¿Lo conoces?"
El taxista rió brevemente, "¿Conocerlo?" él dijo: "Nena, yo crecí allí."
La cara de Helga se puso blanca - "¡¿Estás bromeando?!" exclamo: "Acabo de volar junto a una mujer con la que crecí aquí en Hillwood. ¡Vaya coincidencia!" Ella sabía que eso significaba algo. Sabía que estaba haciendo lo correcto. Había fuerzas poderosas trabajando aquí...
"¿Cuál es el nombre de la chica?" le preguntó su taxista. "¿Con la que volaste?"
"Rhonda Llyod - Quiero decir, Rhonda Rosewood -Lloyd."
Su taxista se dio la vuelta y trató de ubicar su rostro. Algo acerca de la forma de su barbilla y esa boca de burla fácil le parecían familiares - pero estaba segura de que no conocía esos ojos de color azul grisáceo.
"¡Estás bromeando!" dijo, entrecerrando los ojos un poco mientras estudiaba a Helga, "Yo fui a la escuela con Rhonda Lloyd."
"Yo también," dijo Helga, frunciendo el ceño. Echó un vistazo a su licencia de conductor de taxi. Thaddeus Gammelthorpe.
"¡Curly!" -exclamó ella, la culpa por no reconocer de inmediato a su amigo de la adolescencia cayó en torrente sobre ella.
"Así es como me llamaban," dijo, sonriendo y mirando hacia ella "Pero no me resultas familiar. ¿Quién eras?" -preguntó, y su pregunta golpeó a Helga con un tino desgarrador.
"H- Helga," tartamudeó un poco, y Curly casi se estrelló ante el reconocimiento.
"¡Que me condenen al infierno!" -exclamó alegremente. "¡Eres tú! Apenas te reconozco sin todo ese rímel, delineador de labios y todo lo demás." Él se rió.
"Yo casi no te conozco sin tus gafas," Helga le devolvió, sonriendo. "Te ves muy bien, Curly," dijo ella, sintiéndose sacudida. Lucía casi exactamente como lo había visto en su sueño. No era tan delgado, y sus ojos eran brillantes, pero por lo demás era la viva imagen del adulto que Helga había soñado que fuera.
"Te ves bien, también, Helga," dijo él, con los ojos fijos en ella mientras conducía. Helga quería abrazarlo, pero había una especie de pared de plástico entre ellos.
"¿En serio?" -dijo, mirándose a sí misma otra vez. Había tratado de arreglarse lo mejor que pudo para este viaje. Se había lavado el pelo y se puso uno de sus trajes más 'sofisticados': elegantes pantalones negros y un sweater de cuello alto de cachemira gris. Sobre el conjunto llevaba la chaqueta hasta la cintura de Miriam que se veía fuera de lugar.
"Sí, en serio," dijo Curly, todavía sonriendo.
"Entonces, ¿qué onda con el acento?" Preguntó Helga, sentada hacia delante e inclinándose sobre el asiento frente a ella.
"Oh," él dijo, dejando caer la inflexión "Es sólo algo que hago, je. Lo quitaré si te molesta."
Helga se acercó y pellizcó la mejilla de Curly "Increíble," dijo ella, sonriendo "Curly, este es el mejor día de mi vida."
"¿Por qué?" -preguntó, mirando hacia atrás, hacia ella.
"Por fin estoy haciendo lo que quiero," dijo. Recordó su sueño: Curly se había mantenido en contacto con Arnold, al menos en ese mundo, de todos modos. Ella jugó con la idea de preguntarle por la situación marital de Arnold. Aunque tenía demasiado miedo de la posible respuesta.
"¿Sabes? Leí acerca de todas esos grandes negocios que hiciste," dijo, "Que impresionante."
"Supongo que sí," Helga dijo "Creo que esa parte de mi vida ha terminado." Ella sintió algo, como la sensación de un déjà vu corriendo a través de ella - ¿no lo había ya dicho antes?
"Yo pude haber sido un actor de novelas, ¿sabes? - Quiero decir, …" Curly dijo, levantando una ceja. "Pero no quise una vida superficial," afirmó con orgullo: "Y de todos modos, me gusta ser taxista. Además hago un montón de otras cosas al lado, también. ¿Cómo trabajos de vigilancia? Y por un tiempo estuve en Las Vegas, repartiendo cartas, pero ese lugar comienza a afectarte después de un tiempo, ¿sabes? Ah -Y quitar nieve," agregó, y Helga se quedó helada.
"¿Quitar nieve de los caminos?" -preguntó tímidamente, estremecimientos moviéndose a través de ella. Curly había dicho que trabajaba para una empresa quitando la nieve en su sueño... ¿no era cierto? Las cosas estaban empezando a ponerse borrosas.
"Sí," dijo, "Mi amigo es dueño de un negocio de mantenimiento."
"¿Jake?" Preguntó Helga, el nombre le vino casi inconscientemente.
"Ese mero," dijo Curly, dándose la vuelta, sorprendido. "¿Ya habías oído hablar de Mantenimiento de la Vialidad Invernal de Jake, supongo?"
"No...," dijo Helga en voz baja, "Curly necesito que me digas algo."
"Cualquier cosa, mi Princesa Nórdica," bromeó, usando su viejo apodo para ella.
"¿Con quién te has mantenido en contacto todo este tiempo?" -preguntó ella, su corazón latiendo salvajemente, "Del viejo barrio, quiero decir."
"Bueno, vamos a ver," dijo Curly, frotándose la barbilla desnuda. "No es tanto que me haya mantenido en contacto con la gente, por decir, pero más o menos sé dónde todos ellos terminaron."
"¿En serio?" Helga dijo con una risa nerviosa. "Entonces, ¿dónde está todo el mundo? Yo no me mantuve en contacto con nadie - ni siquiera con Phoebe, ni siquiera contigo."
"Sí, eso me dolió por un tiempo," Curly dijo con una pequeña sonrisa, "¿Sabes que estaba loco por ti en la preparatoria, verdad?"
"Er – no," dijo Helga, "No tenía ni idea." Ella trató de quitarse esa idea de la cabeza por ahora - no tenía tiempo para los anhelos pasados de Curly en este momento.
"Hombre, eras tan despistada," dijo Curly, riendo y sacudiendo la cabeza. "Me recuerdas a mi ex- esposa. Sin ofender."
"Um, no hay ninguna ofensa," dijo Helga, deseando que continuara ya con su develación de la vida actual de sus antiguos compañeros de clase, "¿Estás divorciado?"
"Tres veces," dijo encogiéndose de hombros, "Y no dejes que nadie te diga que la tercera es la vencida, porque no lo es. ¡Fue la peor de todas!"
"Estás haciendo esa cosa del acento de nuevo," le informó.
"Lo siento."
"Así que, bueno," Helga dijo: " Ciertamente ahora sé en detalle lo que Rhonda está haciendo estos días - pero ¿qué pasa con todos los demás?"
"Hmm, " dijo Curly: "Bueno, sabes seguramente que Phoebe es médico."
"Lo había adivinado," dijo Helga, su corazón se saltó un latido cuando se enteró de que otra de las previsiones de su sueño había sido correcta. Pero ésta no era tan espectacular: ella había sabido que Phoebe se especializaría en medicina.
"¿Está casada? " Preguntó Helga.
"Lo último que supe es que ella estaba divorciada," Curly le dijo, y el corazón de Helga vaciló de nuevo. ¿Y si su sueño había sido exactamente preciso en todo momento? - ¿Qué tal si Arnold murió ayer en un accidente de coche?
Pero no, eso no podía ser cierto. Después de todo , las cosas eran diferentes. Sin ella en la escena, Stinky no habría estado cegado por los celos, incluso si es que aún vivía en el antiguo barrio...
"¿Qué pasa con Stinky?" -preguntó ella. "¿Qué pasó con ese pendejón?" Usó una palabra insultante que ellos solían usar en los viejos tiempos. Él se rió entre dientes, y luego se puso serio.
"Está en la cárcel," dijo Curly con sinceridad, y Helga sacudió la cabeza. "Sí," dijo, "Una chica dijo que él la estaba acosando, y eso lo metió en un montón de problemas. Pobre tonto."
"No te sientas mal por él," dijo Helga rápidamente.
"Lo siento", dijo Curly, "Tienes razón. El chico siempre me dio el miedo en la escuela secundaria, tal vez realmente no era buena persona."
"Entonces, ¿qué hay de los otros?" Helga le preguntó "Lila, y Nadine - y Arnold" se las arregló para chillar el nombre.
Curly le dio una mirada por el espejo retrovisor. "Te gustaba Arnold, ¿no es así?"
Helga se encogió de hombros y miró por la ventana, convencida ahora de que la noticia sería mala. ¿Por qué tuve que despertar? se preguntó - si tan sólo me hubiera dado cuenta de que era un sueño, mientras yo todavía estaba en el coma, podría haberlo salvado, o incluso, podría haber retrocedido en el tiempo. Pero, en retrospectiva, no se había realmente sentido como un sueño en el que ella tuviera el control de las cosas. No se había sentido realmente como un sueño en lo absoluto - ¿No lo había sentido a él dentro de ella? El labio de Helga tembló mientras se preguntaba cómo pudo haber sido engañada por el disfraz de un sueño.
"Supongo que estaba medio enamorada de él cuando éramos niños," murmuró.
"Bueno, bueno, vamos a ver," dijo Curly, haciendo tiempo. "Lila trabaja para los Cuerpo de Paz" Helga se burló y Curly sonrió. "Sí, lo sé," dijo "Y Nadine se casó con un compañero entomólogo. Creo que viven en Arizona. En algún lugar en el suroeste."
"¿Y Arnold?" Helga exigió, preparándose. Curly se volvió y la miró.
"Ay, Dios mío," él gimió. "¡Este tráfico! Espera. Espera sólo un segundo. Voy a hacerme a un lado."
"¿Qué?" Preguntó Helga "¿A un lado de la carretera?" Curly no le respondió, sólo guiaba el taxi sobre el bordillo y lo aparcó allí, ganándose varios bocinazos de sus compañeros viajeros. Acababan de salir del puente conector - El río Hudson pasaba por debajo de ellos.
Curly bajó del taxi, y Helga lo siguió.
"¿Qué demonios es esto? " -preguntó, lanzando sus brazos al aire "¿Por qué nos detenemos?" Curly la miró, y luego miró al río. Sacó un paquete de Marblos del bolsillo de su chaqueta, se puso uno en los labios y lo encendió.
"¿Quieres un cigarrillo?" -preguntó él, ofreciéndole el paquete.
"No," dijo Helga lentamente, apenas siquiera tentada: "Creo que lo dejé."
"Creo que el estar en coma te haría eso." dijo Curly, mirándola fijamente.
"¿Lo sabías?" -le preguntó en voz baja.
"Lo leí en el periódico. Magnate de las Fusiones en Coma Después de Desplome de Ascensor Canadiense. Traté de ir a verte," admitió con una risa oscura "Ellos sólo permitían a la familia en el cuarto del hospital. Pero yo me quedé en la puerta y miré por esa pequeña ventana. Podía ver tus pies desde la esquina."
Helga sonrió.
"Es por eso que sé cómo te va a hacer sentir lo que estoy por decirte," dijo, sacudiendo la ceniza sobre la nieve sucia. Helga frunció el ceño, confundida.
"¿Qué quieres decir?" preguntó ella "¿Qué quieres decir con eso de que sabes cómo me voy a sentir? ¿Cómo me voy a sentir acerca de qué?"
"Acerca de perder a alguien que ya se ha ido," dijo, sin mirarla. "Es un sentimiento endemoniadamente extraño. Tuve miedo de que estuvieras muerta, Helga. Y yo ya había... perdido tu amistad, perdido mi oportunidad. Estabas justo allí... y yo ni siquiera pude abrir esa puerta. No pude siquiera mirarte a la cara y decirte adiós. No puedo creer que hayas abordado mi maldito taxi."
"Dicen que bueno es lo que termina bien, ¿no? " Helga dijo, caminando hacia él y envolviéndolo en un abrazo. Ella nunca había abrazado a Curly a lo largo de su amistad - pero sus brazos alrededor de ella ya se sentían familiares, gracias a su sueño.
"Helga," Curly dijo, con la voz ahogada en su cabello: "Te vas a poner mal."
"¿Qué?" preguntó ella, separándose de él. Creyó ver los inicios de lágrimas en los ojos.
"Es sobre Arnold," dijo en voz baja: "Yo sé que él significaba algo más para ti que _"
"¿Qué, qué? " Preguntó Helga, histérica, agarrando sus brazos, "Sólo dime, acaba de decírmelo de una vez," exigió ella, llorando ya.
Curly se limpió una lágrima de sus ojos gris - azulados, "Él se ha ido, Helga. Él y su esposa murieron hace cinco años en alguna expedición. Igual que sus padres. Es una desagradable ironía - . . . No puedo creer que no oyeras la noticia".
Helga soltó de los brazos de Curly y se sentó en la nieve. Los coches continuaron pasando y ráfagas de nieve se arremolinaban alrededor de su cara, como si fueran lágrimas congeladas. Pero Helga comenzó a escurrirse fuera del mundo.
Sólo llévame, susurró silenciosamente a su traumatizada cabeza, llévame de vuelta al estado de coma, o incluso mejor, acaba ya conmigo. Llévame hasta él. Sintió brazos alrededor de ella, calentándola. Sí, pensó, sólo llévame a un lugar cálido, lejos de este mundo. Hacia él... sintió manos sacudiéndola de los hombros.
"¡Helga!" La voz de Curly la trajo de vuelta a la realidad. No se estaba muriendo. Helga puso su cara en sus manos y lloró.
Tienes toda tu vida por delante, Arnold había dicho en su sueño. Entonces, ¿por qué se sentía como si acabara de perderla?
Curly la llevó a su hogar en la ciudad. A Helga no le importaba a dónde la llevara ya más. Su propósito para estar en Nueva York simplemente se había ido volando por la ventana con el alma de Arnold.
Así que había muerto junto a su amada. Helga se preguntó si su nombre era realmente Kathryn . Se preguntó si habían tenido un niño. ¿Había algún Miles en algún lugar que estaba en la misma situación que su padre había estado en su niñez? ¿Y había una niña rubia que lo miraba desde lejos, su dolor haciéndose cada vez mayor con los años? ¿Era la vida este injusto ciclo, repitiéndose una y otra vez?
El apartamento de Curly era pequeño. Helga descansó en su cama hasta la cena, mientras que él y su compañero de habitación, un compositor que tocaba en todos los clubes de Tribeca, hacían la cena.
"¿Helga?" La voz de Curly entró silenciosamente en la sala cuando el anochecer cayó. Ella miró al cielo a través de su pequeña ventana mientras yacía allí, sintiendo como si no tuviera fuerzas para responderle.
Él entró y se sentó en la cama detrás de ella. Ella no estaba frente a él, pero oyó su pequeño suspiro. Puso una mano con cuidado en su cabello y lo movió suavemente alejándolo de su cara.
"Hey," dijo "La cena está lista."
"Está bien" Helga alcanzó a decir. Luego se volvió y lo miró. "No sé cuál es mi problema," dijo con una risa forzada. "Él era mi... estúpida fantasía de niña." Curly negó con la cabeza.
"Yo hubiera reaccionado de la misma manera si no hubieras despertado... si no hubieras salido del coma," Curly le aseguró.
Helga no le creyó. Nadie había querido nunca a alguien como ella había amado a Arnold.
"Muy bien," dijo Curly, levantándose, "Ven a comer si quieres. Kevin hizo estofado de carne."
"Suena bien," dijo Helga, tratando de levantar la cabeza. "¿Curly?" lo llamó cuando él ya se iba, con la voz quebrada "Ayúdame a levantarme" Él trotó para llegar a su lado y le dio una mano para ayudarla a salir de la cama.
"Dios, estás tan débil," dijo, "¿Cuánto tiempo hace que dejaste el hospital?" le preguntó mientras se abrían camino a la cocina.
"Salí esta mañana," dijo Helga, tomando asiento en la pequeña mesa de la cocina con los muchachos, y saludando con la cabeza a Kevin, quien le sirvió un plato de guiso.
"¿Y cuándo saliste del coma?" Curly preguntó con curiosidad, aceptando su propio plato de su compañero de cuarto.
"Esta mañana," respondió Helga, inexpresiva. Probó la sopa y el líquido le quemó la lengua y el paladar. Pero se sintió bien, ese pequeño dolor. La hacía sentir viva. Me desperté del coma esta mañana y me fui a la mierda de ese hospital, pensó, finalmente oyendo sus propias palabras. Se sentía todopoderosa, como si nada pudiera tocarla. Tal vez esa es la gracia de perder todo, Helga pensó, eres libre de preocupaciones.
"¿Esta mañana?" Curly repitió, conmocionado. Kevin se echó a reír, pensando que ella estaba bromeando. Helga se encogió de hombros. Curly la regañó un poco por no cuidar su salud. Ella no podía creer que todavía se preocupara por ella, después de la forma que lo había bloqueado de su vida a él y a todos sus otros compañeros de borrachera después de ese difícil periodo cuando salió de rehabilitación. Ella no podía creer que él había venido a verla al hospital. No podía creer que no hubiera cruzado esa puerta cuando nadie estaba mirando.
"Helga, eso es una locura," dijo, sacudiendo la cabeza. "¿Qué demonios estaba pasando por tu cabeza?"
"Tuve una corazonada," Helga contestó con honestidad. No había manera de que ella sólo se quedara tirada allí, en ese cuarto de hospital, preguntándose cosas. Sólo que ahora en lugar de conseguir que esa corazonada fuera rascada, sentía como si el lugar en que la sufriera simplemente hubiera sido amputado. ¿Su corazón? Helga sentía como si aún fuera capaz de amar. Pero una parte de ella definitivamente se había perdido. Pero no podía poner decir a ciencia cierta cuál era.
Ella fue a la cama después de cenar, y Curly llegó poco después. Empezó a arreglar un lugar para dormir en el suelo, pero Helga insistió en que compartiera la cama con ella - era una cama matrimonial, después de todo, y ambos eran muy delgados y había mucho espacio. Así que Curly durmió sobre las mantas y Helga debajo de ellas.
Sólo que Helga no durmió. A pesar de su cansancio, no podía correr el riesgo de soñar de nuevo. Podía escuchar a Kevin en su dormitorio de al lado, rasgando su guitarra y trabajando en la letra de una canción. Ella apenas podía escucharla a través de la pared.
"Mientras iba errando en una noche de invierno," cantaba "...Pensando en esa niña tan querida; - ella rompió este corazón mío. - Ella es como... un capullo de rosa. - Que florece en el mes de junio. - Es como un instrumento musical - que acaba de ser afinado…"
"Yo le ayudé a escribir esta canción," dijo Curly de repente, haciendo a Helga saltar. Su voz sonaba casi como si estuviera fuera del cuerpo en el cuarto oscuro. Lo único que ella podía ver era el cuadrado de la ventana, la nieve que pasaba y caía más abajo en la calle. "Nunca me da ningún crédito," dijo Curly con una pequeña risa.
"Así que eres compositor también," dijo Helga, hablando suavemente en el silencioso susurro de la noche en el cuarto: "¿Cómo supiste que estaba escuchando?"
"No lo sé," contestó Curly. Ambos guardaron silencio por un rato después de eso. Kevin continuó tocando en la habitación de al lado. Pero la música parecía eurítmica; como si estuviera en el aire caliente de dentro de la habitación y en la fría nevada de afuera.
"¿Quién pondrá el zapato en tu lindo pie?" Kevin cantaba: "¿Y quién va a vestir con guante tu mano? ¿Y quién va a besar tus labios de rubí, - y quién va a ser tu hombre?"
Helga se dijo a sí misma que ella ya no necesitaba eso. Renunciaría al amor; había cosas más importantes en la vida. ¿No es cierto? Debería haberse dado por aludida cuando se había enterado de que era estéril. Ella no estaba destinada a encontrar el amor como el resto de las chicas. Helga sintió que las lágrimas se resbalan por sus mejillas.
"Tal vez vaya a una tierra lejana. Un viaje a Francia o España. Pero aunque viaje diez mil millas, voy a volver aquí otra vez." Oyeron a Kevin terminar su canción, pero continuar tocando la melodía estilo folk en su guitarra.
"Es talentoso," dijo Helga, su voz saliendo desigual.
"No llores," dijo Curly.
"No puedo evitarlo," dijo, sollozando, "Él tiene razón - podría ir a cualquier parte del mundo, y terminaría aquí de nuevo ¿Qué hay acerca de este lugar?"
Sintió a Curly encoger los hombros adormilado y su movimiento en el colchón.
"¿Curly?" dijo ella, después de un rato de silencio, esperando que no se hubiera quedado dormido ya.
"¿Uh -huh?"
"¿Acaso Arnold tuvo niños?" preguntó. Esperaba que él no pensara que estaba tratando de torturarse. Era sólo que tenía que saber si había un Miles por ahí, solitario.
"Sí," dijo Curly "Un niño. Es algo muy triste."
"¿Y qué pasó con él? " Helga le preguntó entre más lágrimas que ya salían sin emoción.
Curly suspiró, "Es un asunto feo, Helga," dijo, "Arnold y Kathryn - que era su esposa - se conocieron en una especie de grupo de apoyo para adultos que quedaron huérfanos de niños. Así que los padres de ella tampoco estaban cerca para cuidar del niño cuando ella y Arnold murieron, y por supuesto, él pequeño no tenía más familia. Ha estado entrando y saliendo de hogares adoptivos desde que tenía alrededor de dos años."
Helga no dijo nada durante un largo rato, dejando que la calma de la habitación cayera sobre ella. Tal vez podría dormir, pensó. Tal vez yo estaba destinada para vivir en sueños. Ciertamente crecí entre sueños - sueños de Arnold, sueños tontos. Tal vez me arruinaron para el mundo real...
"Me gustaría encontrarlo" dijo "Me gustaría verlo y asegurarme que esté bien."
Helga esperó a que Curly le dijera que se estaba volviendo loca. Él rodó sobre su espalda, y Helga se dio la vuelta para mirarlo.
"Está bien," dijo, mirando hacia el techo.
"Me gustaría ir mañana por la mañana," ella añadió, retando su naturaleza responsable.
"Va a ser difícil," Curly dijo: "Los caminos son un desastre."
"Pero ¿y qué onda con las barredoras de nieve?" Preguntó Helga, su mente acelerada. Esto era algo que tenía que hacer. Se sentía como si pudiera ver todo claro otra vez - como si esto fuera lo que estuvo esperando; el significado detrás del sueño; la mujer que se desvaneció en el ascensor, la noche que había pasado con Arnold en algún otro plano de la realidad.
"Supongo... Supongo que Jake podría prestarme una mañana," dijo Curly, trazando el plan lentamente. "Pero tendremos que caminar hasta su garaje, en el Bronx."
"No me importa," dijo Helga, "Iría a cualquier parte." Curly la miró.
"De verdad lo amabas, ¿eh?" le preguntó. Helga alisó las mantas sobre su estómago.
"Sé que es difícil de creer," admitió ella "Nunca sostuve su mano, ni siquiera le dije jamás una sola palabra bondadosa sin hacer un mal gesto."
"No es tan difícil de creer," dijo Curly, rodando sobre sí. "Buenas noches."
Helga trató de dormir, pero entonces otra pregunta llegó a la superficie en su mente.
"¿Curly?"
"¿Sí?"
"¿Cómo se llama?" preguntó ella, "¿El hijo de Arnold?"
"Oh, diablos," dijo Curly, devanándose los sesos "Se me olvida... um..."
"¿Miles?" Helga sugirió tímidamente.
"¡Sí!" Curly dijo: "Miles. ¿Cómo lo supiste?"
Helga no respondió. Vio la nieve caer de nuevo mientras se iba quedando dormida. Estaba temblando - esperaba Curly no se sintiera la cama moverse. Me ha sido dado algo, se le reveló mientras el sueño se apoderaba de ella. Un accidente, un coma, un sueño, un propósito. El punto más luminoso de repente estaba bien enfocado.
Salieron del apartamento a la mañana siguiente alrededor de las siete a.m. Curly le dijo que Jake abría el garaje a las 8 am en días muy ajetreados, y hoy era seguro que iba a ser un día muy ajetreado.
"Estoy de vacaciones esta semana," dijo Curly, mientras caminaban a través de las aceras vacías cubiertas de nieve. "De barrer la nieve de las calles, quiero decir. Espero que no vaya a querer que me quede y le ayude con el trabajo."
"Lo siento," dijo Helga "No hubiera querido que te vieras envuelto en esto."
"Está bien," dijo Curly rápidamente: "Sólo espero que tengas la fuerza para hacer este viaje."
"Aunque sea la última cosa que haga," Helga murmuró. No podía apartar los ojos del paisaje urbano. Ella nunca había visto las calles tan vacías, tan blancas, tan puras. La tormenta de nieve había logrado encerrar por completo todas las madrigueras de Nueva York, sólo ella y Curly lo desafiaban, se abrían paso con dificultad a través de los densos bancos de nieve. Sus oscuros abrigos de invierno los convertían en dos manchas oscuras en el lienzo por lo demás vacío.
"¿Qué es todo esto, de todos modos?" finalmente él le preguntó a medida que se acercaban al Bronx, que estaba tan inanimado como Brooklyn lo había estado: "Quiero decir, ¿toda esta cruzada? ¿Por qué es tan importante ver al hijo de Arnold?"
"Vas a pensar que estoy loca," dijo Helga, "Pero luego - Supongo que ya lo crees." Él se echó a reír, pero ella se mantuvo seria. "Tuve una visión mientras dormía."
"¿Una visión?" Curly dijo: "¿Cuándo?"
"Durante el coma," Helga dijo, "Yo estaba... con ellos. Yo estaba de vuelta en el viejo barrio, con Arnold y Phoebe e incluso con este Miles que no he conocido aún."
Curly se quedó en silencio. Helga sabía que no iba a fastidiarla por ser excéntrica en esto - él había sido lo suficientemente excéntrico cuando niño, así que ya conocía lo que era eso.
"¿Hablas en serio?" le preguntó. Helga vio Mantenimiento de la Vialidad Invernal de Jake justo adelante.
"No lo sé," dijo Helga "¿Sí? Eso creo. Sólo sé lo que tengo que hacer ¿Alguna vez has tenido un presentimiento...? ¿De repente ves las cosas claras, y hasta tienes un plan que no puedes crees que no viste antes?"
Ambos dejaron de caminar en la nieve para recuperar el aliento, mientras que su objetivo ya estaba a la vista.
"Sí," respondió suavemente Curly. Dio un paso hacia ella y ella se volvió para mirarlo. Él inclinó un poco la cabeza y le dio un beso en los congelados labios.
Helga lo miró fijamente después de que se hubo retirado. Ella no sabía qué sentir - ciertamente no estaba de humor para romance, pero apreciaba los esfuerzos de Curly. ¿Era esto parte del plan también? Tenía que ser algo más que una extraña coincidencia - Curly, Rhonda, Phoebe - su pasado y su presente, su sueño y la realidad que estaba delante de ella, todo se estrelló al mismo tiempo como un océano violento en su mente.
"¿Qué fue eso? " Helga le preguntó.
"¿Buena suerte?" Curly respondió tímidamente.
Jake fue con ellos a la Sala de Registros. El asiento delantero de la barredora de nieve era muy pequeño, y Helga estaba aplastada entre Curly y Jake. Mantuvo su muslo lejos de Jake en el asiento, pero no le importaba el peso del brazo de Curly contra el suyo.
"¿Así que están buscando al chico de sus amigos, eh?" Preguntó Jake. Era un hombre grande, Canadiense, con barba y ojos amables como de Santa Claus. Su acento era pegajoso. Helga no culpaba a Curly por haber adoptado su inflexión. Su manera de conducir era atroz, pero Helga intentó no ponerle cuidado.
"Sí," dijo Helga "Nunca se sabe lo que vas a obtener en un hogar adoptivo. Podría estar muy bien - ... pero podría ser miserable, y creo que le debo a mi amigo asegurarme de que esté bien."
"Shoo, te diré," dijo Jake, asintiendo con la cabeza. Encendió la mal sintonizada radio que tenía en la camioneta; una vieja canción de Tom Petty sonó por todo el camión.
Llegaron a la Sala de Registros, y después de un poco de investigación en equipo, les llegó el nombre de la actual familia que acogía a Miles: los Pushkirks, que vivían en Dogwood Lane, en los suburbios cerca de la ciudad.
Así que allá se dirigieron. Helga se sentía nerviosa. ¿Qué le diría para convencerlos de que al menos le permitieran visitar a Miles? ¿Cómo iba a explicar su necesidad de verlo, de asegurarse de que él existía de la forma en que ella se acordaba? Si son una buena familia, y él es feliz allí, los voy a dejar en paz, decidió. Sólo tengo que verlo. Sintió una punzada de culpa mientras se preguntaba si la razón por la que necesitaba asegurarse de que Miles estuviera bien era principalmente porque quería dar un último vistazo al pasado que se había perdido: 'al muchacho de los cabellos dorados'.
El hogar de los Pushkirk era una gran casa victoriana en la colina. La nieve era peor en su barrio de lo que había sido en las calles principales. Jake finalmente llegó hasta su entrada, y se estacionó en la calle. Curly salió primero, y le ofreció la mano. Helga rodó los ojos y se bajó de la camioneta por su cuenta.
"¡Mierda!" dijo mientras se abrían camino hasta la congelada calzada de los Pushkirk.
"¿Qué? " Preguntó Curly.
"Tengo que dejar de hacer eso," dijo.
"¿Hacer qué?" le preguntó.
"Negarme a las amabilidades de la gente. Lo siento."
"Hey," dijo Curly, encogiéndose de hombros. "No es nada. No te preocupes por eso."
"No," dijo Helga "Sí importa." Llegaron al gran pórtico. Helga oyó música que venía del interior – una suave, practicada melodía flotaba a su encuentro. Curly tocó el timbre y oyeron a alguien gritar 'Pasen'. Curly miró a Helga, y ella asintió con la cabeza. Quitaron un poco de nieve de la puerta y la abrieron.
Inmediatamente al entrar, fueron golpeados por el fuerte olor a pan de plátano. Helga se quitó la gorra y se dirigió a la derecha del vestíbulo, mirando hacia una habitación llena de la luz de una mañana de invierno.
Tres niñas asiáticas estaban sentadas en la sala, en antiguas sillas de respaldo alto. Llevaban vestidos sencillos, de manga larga y zapatos Mary Jane. Cada una tenía un violín, cada una movía hábilmente su arco sobre las cuerdas, tocando algo que Helga no reconoció. La canción era algo hermoso y suave, y les iba a las chicas a la perfección mientras ellas creaban sus ritmos con sus pequeñas manos. Era la escena más hermosa que Helga había visto jamás; sintió que las lágrimas brotaban de sus ojos.
Curly le dio un codazo, y se volvió para ver a dos personas de mediana edad - un hombre regordete con gafas, y una mujer delgada que lleva una enorme camiseta con un oso de peluche estampado sobre ella. Ellos le sonrieron educadamente.
"Lo siento," dijo Helga, secándose las lágrimas de sus ojos, "Sus hijas son hermosas." Se preguntó si debió haberlas llamado sus hijas, ya que estas personas de raza blanca que estaban de pie ante ella definitivamente no eran los padres naturales de las niñas. Pero los Pushkirks sonrieron dulcemente, y le dieron las gracias.
"Ryo, Kai -shan, y Pai son una bendición," dijo la señora Pushkirk con emoción.
"Son hermanas vietnamitas que vinieron a nosotros hace apenas dos años."
La música de violín siguió, y Helga no pudo contener las lágrimas.
"Este joven dijo que usted estaba interesada en ver a nuestro Miles," dijo el Sr. Pushkirk "¿Conocía usted a sus padres?"
"Um, sólo a su padre," dijo Helga, avergonzada por su débil argumento para tener el privilegio de visitar al hijo de Arnold. Se secó las lágrimas de los ojos, sólo para empujar otras frescas con cada nuevo parpadeo.
"Miles vino a nosotros hace apenas seis meses," dijo la señora Pushkirk en voz baja "La ha pasado mal con algunas otras de las otras familias que lo han tenido - pero estamos tratando de nutrir sus necesidades especiales lo mejor que podemos." Helga asintió. La forma de hablar los Pushkirks le recordaba a su maestro de cuarto grado, el Sr. Simmons.
Helga miró de nuevo a la habitación de las niñas tocando violines, y dejó que la música calmara la rabia que surgió en ella cuando pensó en Miles siendo tratado mal en otras casas. Maldito seas, Arnold, pensó, ¿por qué no pudiste tener un trabajo de escritorio, y así ahorrarle a tu hijo el trauma que tú viviste siendo niño?
De repente vio algo moverse por la ventana de la habitación, iluminada intensamente por el sol que finalmente iba reapareciendo afuera. En un flash vio a Arnold allí, de pie - un brillante destello de sombra entre la intensa luz. Ella parpadeó, y ya se había ido.
Así que esto es obra tuya, Helga pensó, su ánimo elevándose al mismo tiempo que las notas de la música de las chicas. ¿Fue el espíritu de Arnold lo que estuvo detrás de su sueño - de su insistencia en venir aquí – de todo? Helga oyó pasos bajando las escaleras hacia el vestíbulo, y se volvió.
Miles estaba de pie en la escalera, petrificado, mientras miraba a Helga. Él era tal como lo había visto en el sueño. Su pelo rubio despeinado y apuntando para todos lados como su padre lo había tenido, pero sus ojos eran el mismo par desconocido que había conocido en sus sueños, y que suponía que debían ser influencia de los genes de su madre. En este momento estaban muy abiertos y espantados.
"¿Helga?" –dijo él, medio aterrorizado y medio extasiado. Helga asintió, y renunció a tratar de contener las lágrimas. Las chicas dejaron de tocar, y el único sonido entre todo el grupo de sorprendidas personas en el vestíbulo era el de los zapatos de Miles que golpeaban el suelo mientras corría hacia Helga y saltaba a sus brazos.
Helga lo apretó contra su pecho y un torrente de emociones se apoderó de ella. La parte de ella que siempre había estado vacía se llenó y desbordó de tanto exceso.
"En mi sueño," Miles susurró mientras ella lo apretaba contra sí, y Helga asintió, sin dejar de llorar. Pero sus lágrimas eran de felicidad ahora, llena del mismo tipo de maravillosa satisfacción que había sentido cuando estaba en los brazos de Arnold.
Los Pushkirks y Curly tenía un millón de preguntas en la punta de sus lenguas que ni siquiera Miles y Helga hubieran podido responder. Pero ellos guardaron silencio y los dejaron disfrutar su momento - dos personas solitarias que habían pensado que la vida les había pasado de largo. El punto de luz más brillante de la habitación, de la ciudad, del mundo.
Nota de la Autora: Las letras de la canción de Kevin son de "Mientras Deambulaba en una Noche de Invierno." de John Gorka con Dar Williams. Recomiendo encarecidamente ambos cantantes! Escriben su propia música y tocan sus propias guitarras. :) Bueno, eso es todo por esta serie! Estoy pensando en escribir un breve epílogo para aclarar algunas cosas, sin embargo. ¡Espero que todos hayan disfrutado! Gracias a aquellos de ustedes que leen y dejan comentarios. - Ya he empezado mi próximo fic de Hey Arnold!, y espero que lo disfruten también. ~ Mena
Nota de SS: Gracias a todos por haber llegado hasta aquí. Espero que la hayan disfrutado tanto como yo. Mil gracias por todas sus palabras y sus comentarios. Gracias a nova por siempre, Sakura Undomiel, acosta perez jose ramiro, Nimia Forctis, Alexamili, Cerezo de Luna, Orkidea16, MarHelga, GRIMMM y todo aquel que haya dejado reviews antes o quienes la marcaron para seguirla o como favorita. En un rato mas contestaré personalmente como siempre, es solo que ando un poquito atareada. Y finalmente, gracias sobre todo a Heidi Patacki por permitirnos compartirla.
T. 29 Marzo 2014
P. 1 Abril 2014
