¡Wepale! ¡Hooolaa, preciosuuraas :D! Gracias por sus lindos reviews, en serio, me dejan en las nubes *-*
Un Profesor Especial
Capítulo 2
Tomoka andaba de puntillas, verificando quiénes tenían el chaleco de titular. No encontró a nadie. Llegaron al salón y, Sakuno se sentó de última, al lado de la ventana. Tomoka se le sentó al frente, dejando su bolso, que tenía unas pepitas pegadas a la tela, parecidas a diamantes, descansando en el umbral de la ventana.
–Juju... – Tomoka se dobló a ver a su prima-. Tenemos la mejor vista – Sus ojos se tornaron locos hacia la ventana-. ¡Las lindas canchitas sexys de tenis!
–Serán los que están en las "canchitas" de tenis los que son sexys – Sakuno descansó la cabeza en su mano, dejando su bolso, que parecía una cartera, guindando de lado en el espaldar del pupitre.
–¡Las canchas también son sexys! –reprochó Tomoka-. Míralas solamente –las señaló con la mano-, esas rejas... esa malla... esas lineas blancas... ese piso verde que parece mojo y hongos... ¡Extremadamente sexy!
–... Estás loca, Tomoka –repuso Sakuno viéndola incrédula-. Completamente loca.
–¡Gracias! – Tomoka tenía un autoestima muy alto-. Oh – Se acomodó de frente en su pupitre-. Ahí viene el policía.
–¿Policía? – Preguntó Sakuno, viendo que el profesor dejó sus cosas en el escritorio, arqueando las cejas y hablando con incredulidad extrema.
–¡Claro! – Le susurró-. La escuela es la cárcel, ¡los profesores policías!
–... Ah ok – Sakuno se echó hacia atrás, sacando una libreta para anotar lo que el profesor empezaba a escribir.
Las lindas clases, pasaron rápido para Sakuno, que era una excelente estudiante, e hiper mega lento para Tomoka. La chica más loca sospechaba que ya habían inventado un dispositivo que sirviera como portal para ir a diferentes planetas, simplemente, las clases eran muy aburridas y lentas.
El profesor de inglés seguía dando la clase, por esa razón a Tomoka le resultaba tan estúpida la lección, obvio, hablaba perfectamente el inglés. A Sakuno también le pareció algo aburrida, pero no lo diría nunca.
Cuando el timbre sonó, Tomoka lanzó la libreta al aire del tiro, que cayó en el ventilador, que por la fuerza y velocidad de éste, la libreta fue a la cabeza del profesor de inglés.
–...Oppsi... – Tomoka se sentó rápidamente, mientras los demás alumnos reían, fue una excelente broma de primer día-. Sorry, ticher – Le habló en inglés,
–Come with me –fue lo único que dijo el profesor. Tomoka se levantó y...
... ésta niña era demasiado astuta.
–¡Oooh! – Se tiró al piso disimulando dolor, llevándose la mano a la barriga y tomándose una pastilla, sin que nadie se diera cuenta, que le alterara la fluidez sanguínea, para que se sintiera caliente su cuerpo y creyeran que tenía fiebre-. ¡Veo borroso!
–... Hija de... – Sakuno le miró boca abierta, mordiéndose el labio, pues, ella se había dado cuenta de que se tomó la pastilla.
–¡Llévenla a la enfermería! – Dijo un chico del salón.
–Necesita que la revisen –se acercó a ellas un chico rubio de ojos verdes.
–Yo... yo la llevo, tranquilos – Se ofreció Sakuno con un tic nervioso en la ceja por el comportamiento de su prima.
–Señorita Ryuzaki –habló el sexy presidente, el mismo rubio de ojos verdes-. Usted es nueva en Seigaku, permítame acompañarla y guiarla –se veía respetuoso.
–No, en serio... no hay problema...
–Por favor –el rubio le quedó mirando, penetrántemente –Tomoka le dio un pellizco en el brazo a su prima.
–Emm... sí claro – Tomó a Tomoka del brazo y ésta se guindó de su cuello, aparentando enfermedad-. Eres una zángana, Tomoka – Le susurró inaudible para todos menos para Tomoka.
–Cállate y llévame a la enfermería – Le reprochó.
– Sígame, por favor – Dijo el guapo chico rubio abriéndole paso a las dos chicas.
Todos los demás alumnos se quedaron en el salón, esperando a otro profesor para que les diera clases. El teacher veía a Tomoka a distancia mientras salía del salón, llevándose los dedos índice y medio a ambos ojos, señalándola después, viéndole sospechoso, como diciéndole: "Te vigilo". Cuando el teacher se volteó, Tomoka le sacó la lengua y le mostró el dedo medio, sin que él se diera cuenta. Sakuno dobló los ojos por el comportamiento de su prima.
El chico rubio volteó disimuladamente, viendo a Sakuno. Seigaku era muy grande y tardarían unos minutos en llegar a la enfermería, así que él empezó una conversación.
–¿Vienen de Estados Unidos? – Preguntó ubicándose al lado de Sakuno.
–Sí, de Miami – Respondió Sakuno normal.
–¡Conocimos a Justin Bieber! – Gritó Tomoka saltando y con estrellas en los ojos-. Me tomé una foto con él... – Se dio cuenta que esa actitud no cuadraba con la farsa de la enfermedad. Rápidamente se llevó la mano al estómago y se guindó de Sakuno-. Creo que vomitaré...
–Aguante, Osakada – Rogó el presidente-. Ya casi llegamos a la enfermería.
–¿Y quién eres tú? – Preguntó Tomoka viéndole desde abajo, el rubio era alto.
–Oh, mis disculpas – El rubio se llevó la mano al pecho, siendo gentil-. Mi nombre es Christopher, Christopher Wilson.
–¿... Wilson? – Preguntaron las dos al mismo tiempo.
–Sí – Sonrió encantador-. Es un gran placer conocerlas – El chico hablaba en plural, pero su mirada se dirigía unicamente a Sakuno.
–¿Eres familia de los que hicieron las raquetas Wilson? – Preguntó Tomoka, super interesada.
–Pues... – No quería dar tal información
–¿En serio? – Preguntó Sakuno con una sonrisa y con brillo en los ojos. Christopher se sonrojó, eso bastó para que escupiera la información.
–Mi abuelo es la cabeza de la compañía y... mi padre es el sucesor principal – Explicó sincero, viendo hacia abajo-. Pero, no quiero que me traten diferente por ello. Me gustaría que fuéramos amigos, verdaderos amigos – Christopher vio a Sakuno.
Tomoka vio a los dos y, se soltó del agarre, yéndose por un lado, sin que se dieran cuenta, silbando chistosamente con las manos hacia atrás y mirando a los aires. ¡Qué se muera la enfermera! Tomoka salió corriendo, paseando libremente por Seigaku.
Sakuno se quedó mirando al chico. Era hermoso, sentía que sus ojos verdes la hipnotizaba, su cabello parecía oro y sus labios, quería morderlos...
Sakuno se estaba imaginando demasiadas cosas. Quitó su mirada del chico con un sonrojo muy notorio y caminó hacia un lado de él ¿Qué le pasaba? ¿Cómo podía tener esos pensamientos tan impuros con un chico que apenas conocía? Iba a escabullirse de ahí pero, el rubio le tomó de la mano, parándola.
–¿Ryuzaki, te sientes bien? – Preguntó Christopher preocupado.
–Sí... Sí claro. Muy bien – Sakuno se zafó del agarre con cuidado-. Creo que... ¿Y Tomoka?
–Bien... debió haberse ido – Christopher miró hacia todos los pasillos-. Ella regresará pronto. Ven – Le volvió a tomar de la mano, llevándola consigo hacia el salón de clases.
Entraron y, unos suspiros se pudieron oír por las chicas del salón ¿Qué se puede decir? Amaban al rubio, era el propio príncipe azul salido de los cuentos de hadas. Sakuno se separó lo más pronto posible del rubio, pidiendo permiso para entrar y saludando educadamente al profesor de historia, que escribía en la pizarra sobre la segunda guerra mundial, correspondiéndole.
Se sentó a lo último, donde estaba su puesto, sacó su libreta de la materia y empezó a copiar, sin prestarle atención a nadie más. Pero fue imposible. Se había oído la historia de Hitler trillares de veces, por lo que no tendría que prestarle atención completamente al tema.
Viendo que el profesor hablaba mucho y explicaba muy poco, empezó a escribir la vida de Hitler en su libreta, importándole un comino las palabras charlatanas del profesor. Éste se dio cuenta que la chica nueva no prestaba atención, por lo que hizo, como todo profesor mal nacido, llamar a Sakuno.
– Ryuzaki – El profesor le miró firme-. ¿Podría darme un resumen de lo que hablé? – Fue mucho lo que habló y poco lo que explicó. Sakuno se guardó sus palabras. Soltó su lápiz, dejándolo reposar en la libreta, se levantó de su puesto y habló con voz serena, con un tono muy agradable al oído.
– Adolf Hitler. Nació el 20 de Abril de 1889, murió el 30 del mismo mes en el año 1945 a los 56 años de edad, ambos en Berlín. Fue el que empezó la segunda guerra mundial. Su nombre completo era: Adolf Hitler Pölzl. Escribió una especie de diario en el cual redactaba su vida y pensamientos, titulado "Mi Lucha". Se convirtió en el Líder de los Nazis en 1921. Su propósito para empezar la guerra fue crear una raza perfecta. Era racista. Quería eliminar a los judíos, posteriormente a los gitanos. Sus mayores enfrentamientos fueron con Inglaterra, Estados Unidos, Francia y la Unión Soviética, teniendo de aliados a los países de Italia y Japón. La segunda guerra mundial empezó en 1939 y terminó en 1945, dada a fin por el asesinato del dictador – Terminó y se sentó. Todos quedaron con la boca abierta, contando al profesor que se veía perplejo. El presidente del salón solo se mordió el labio inferior sensualmente, era una chica espléndida, preciosa e inteligente. Le había impactado, quería probarla.
¡Tómelo, pues! ¡Para que se calle!
Después de que Sakuno le diera la cachetada psicológica al profesor, guardó sus cosas –ya había escrito bastante información en la libreta-, y sacó un libro, el de historia para especificar, buscando otro tema más interesante para leer.
–Profesor –interrumpió Christopher-. Esa intervención definitivamente merece puntos –habló como el propio presidente responsable de la justicia en su salón.
–Ya lo sé – El profesor sacó una carpeta y le agregó ocho positivas a Sakuno-. Felicidades, Ryuzaki – Le sonrió. Sakuno sin darse cuenta, se ganó el cariño del profesor y... el del presidente del salón.
El timbre sonó.
Sakuno guardó sus cosas en el bolso y sacó de una carpeta el horario de clases, verificando qué era lo que venía a continuación, la hora libre. La mayoría de estudiantes ya se habían ido, menos Christopher Wilson, que se le acercó tiernamente.
–Ryuzaki – Le llamó con una sonrisa-. Me encantó tu intervención en la clase de Historia.
–Christopher – Sakuno le vio, como verificando que era él-. Gracias – Le sonrió, recogiendo su bolso y empezando a caminar, dejando poco metros detrás al rubio.
–¿Quieres que te acompañe en la hora libre? – Preguntó el volteando a verla.
Osea, Sakuno. ¿Qué quería? ¿Que se le dedicara en el salón? ¡Pff! Parece que dos papis querían estar con ella.
–No es necesario, igual, gracias – Sakuno salió del salón, dejando solo al presidente estudiantil. Sintió algo de pena y deseos de disculparse, pero, algo le decía que no lo hiciera.
Sacudió su cabeza un par de veces para sacarse esos pensamientos. Caminó hasta el jardín central, se sentó debajo de un árbol, sacando un libro para leer en soledad alejada de los demás, estaba segura de que no había nadie. Pero, lo que no sabía es que la soledad le duraría poco.
–Hola, Sakuno – Un chico de mirada gatuna se apoyaba del tronco del árbol, viéndola cabizbajo.
–¿Ryoma? – Sakuno vio hacia arriba-. Hola – Le saludó con una sonrisa.
–¿Me puedo sentar? – Preguntó señalando el sitio.
–Sí, claro – Sakuno volvió su mirada al libro, mientras Ryoma se sentaba a su lado, viendo curioso el objeto.
–¿Qué lees? – Preguntó descansando su brazo en una pierna que estaba medio levantada.
–Asesinato en el Oriente Express de Agatha Christie – Dijo ella mostrándole la caratula del libro-. ¿Te gusta leer?
–Si me dan a elegir con otra cosa, no –dijo sincero.
–Já, já –rió tiernamente Sakuno, guardó su libro en el bolso-. Deberías hacerlo más a menudo, ejercita la mente.
–Yo ejercito mi vista mirándote –le miró picarón, pero con un tono de voz muy sensual.
Sakuno... eso no se lo esperaba. Se sonrojó y tapó su cara con ambas manos, que eran finas, delicadas y largas, con una manicura sencilla pero linda. Ryoma sonrió gustoso.
–Entonces... – Empezó de nuevo Ryoma-. ¿Quieres que te enseñe a jugar tenis?
–¿Eh? – Sakuno volteó la cabeza-. Claro... – Quería cambiar de tema-. Me encantaría aprender, me gusta mucho.
–Trato hecho –Chasqueó sus dedos,-. Te daré clases de tenis, Sakuno. Y... —le dio un beso en la mejilla y se fue sin previo aviso.
Ese chico era misterioso, sexy, precioso, buenote y 'cuadrao'. Eso estaba pensando Sakuno. ¿Qué le pasaba? ¿Cómo podía sentir esas cosas? Sakuno se llevó la mano a la barbilla y, se mordió el labio. Guardó sus cosas en su bolso, lo tomó y se dispuso a caminar.
Después de unos metros recorridos, Tomoka apareció detrás de ella, guindándose de la espalda desde atrás.
–¡Wepale! – Tomoka se bajó, sosteniendo a Sakuno que casi se caía por el impacto-. ¡No te caigas, prima!
–¡¿Cómo no me voy a caer con ese aparecimiento tuyo?! – Refunfuñó Sakuno-. Por cierto, ¿donde estabas cuando te ibamos a llevar a la enfermería?
–¡Tenis, amor! ¡TENIS! –empezó a bailar de una forma extraña-. ¡Me fui a las sexys canchas de tenis!
–Amm... qué bien –respondió de una forma mezquina Sakuno.
–¡Ay, Sakuno! ¡No seas odiosa! –le reprochó Tomoka-. Oye, mira –sacó su celular de última generación y se lo mostró-. ¡Seigaku tiene su propia página en internet! ¡Y aparecen los titulares! ¿Quieres investigar quiénes son?
–No, gracias. Tengo algo de hambre, voy a comprar a la cafetería. Nos vemos luego –le despidió.
–¡AAGH! ¡SAKUNO RYUSAKI!
De repente, se oyó un alboroto, pero no era proveniente de las primas, sino de un grupo más alejado. Un grupo de nueve personas se divisaba en la distancia, que iban siendo rodeados por chicas al instante.
–¡OMG! ¡LOS TITULAREES! ¡AAAAAAAHHH! –Tomoka salió disparada a ser una más del montón de chicas.
Sakuno se fue libremente saltando como Heidi a la cafetería, que quedaba a la vuelta de las canchas. La multitud que hacían fila para comprar, en su mayoría chicas, se fueron. "Ou... qué suertuda soy" pensó. Pasó entre los tubos que separaban las filas apoyó los brazos en la encimera donde atendían.
—Un yogurt de pera, por favor.
—En camino —dijo la cafetera, una viejita con rostro amable, pálida con ojos azules. Se parecía a Rose del Titanic.
Sakuno se meneó un poco, oyendo una canción de la cafetería.
—Toma la cucharita, cariño —dijo la cantinera, entregándole una cucharilla de plástico transparente-. Ya vuelvo para traerte el yogurt.
—No hay problema.
La cafetera se adentró al lugar y Sakuno la perdió de vista. La música venía de la cancha. Un gran alboroto... demasiado alboroto.
—Uff, ya volví —regresó la cafetera-. Aquí está tu yogurt. Son treinta dólares.
—Muchas gracias —recogió Sakuno y le entregó los cincuenta dólares. Quédese con el cambio.
—Qué lindo de tu parte, jovencita. Wow. Esto no puede quedarse así —la cafetera buscó algo entre algunas cajas. Sacó una revista de tenis y se posó al lado de Sakuno, que estaba abriendo el yogurt para empezarlo a comer-. Llévatela. Es la más nueva edición. Y... —la cafetera abrió la revista. Sakuno se asomó a su lado para verla, con la cucharilla en la boca. Sus ojos estaban abiertos, reflejaban inocencia y curiosidad-... Si ves por aquí... —pasó las páginas hasta llegar a una sección de color azul-. Ajá, la encontré —la cafetera dio un saltito de alegría-. Mira, aquí está nuestro alumno más preciado. Un póster hermoso —abrió más la revista para que se desdoblara el póster-. Yo siempre he dicho que ese muchacho iba a llegar lejos, además de que es muy guapo.
A Sakuno se le cayó la cuchara, la boca, el yogurt, la coleta de las trenzas, los dientes y la tranquilidad que había mantenido hasta ese momento.
—¿... E-ese es el que ganó el nacional? —la voz le temblaba.
—Sí, cariño. Ryoma Echizen —cerró la revista y se la entregó a Sakuno-. Estudia aquí, por cierto. ¡Ooh! ¡Pero si se te ha caído el yogurt! Tranquila, ya te traigo otro.
La cafetera se adentró de nuevo a el mundo de la cantina. En su soledad, Sakuno volvía a abrir la revista, en la sección de color azul. Leyó el primer párrafo.
Ryoma Echizen. Ya era de esperar que el hijo del rey del tenis ganara el Nacional.
Como dice el dicho bien dicho, de tal palo tal astilla. Tratamos de conseguir una entrevista con él, a pesar de que insistimos mucho. Parece que al campeón no le gustan las preguntas. A pesar de su corta edad, el tenista posee un gran talento para el juego. Le gustan los gatos y nos enteramos de que posee muchísimo dinero. ¿Cuántas chicas estarán detrás de él? ¡Ni me lo imagino!
—No. Puede. Ser. ¿No será el gemelo, verdad?
—¿Eres tú Sakuno Ryuzaki? —preguntó una mujer de traje deportivo, con una carpeta en la mano.
—¿Eh? —volteó pestañeando-. Oh, lo siento. Me tomó desprevenida. Sí, soy yo.
—Soy la entrenadora Úrsula Tarzán. Hubo un cambio con tus clases de tenis—le entregó una hoja impresa, que en una esquina superior tenía el distintivo de Seigaku-. Espero que seas buena, porque el titular que te cambiaron no es nada facil.
Sakuno se saltó la orden de... ¿cambio de profesor? ¿Qué? ¿Le habían cambiado de profesor de tenis? ¿Y quién era el que le iba a dar? ¿Bob Marlie? Nada de eso. Su actual profesor era nadie más ni menos que...
—¡Ryoma Echizen!
Se oyó una multitud de chicas gritar al ver al sexy titular que se hacía paso entre la gente para ir a comprar en la cafetería, dejando atrás a la multitud, gracias a unos guardias que impidieron que lo siguieran.
—Oh, Ryoma —dijo Úrsula Tarzán al notar que el titular se le posaba al lado.-. Ésta es tu nueva alumna —señaló a Sakuno.
—Sí, ya lo sé. ¿Estás de acuerdo, Sakuno? Porque... —Ryoma sonrió pícaro, con las manos en el torso-, si quieres puedo volver a cambiar la orden, si es que no quieres que te de clases —Ryoma sabía muy bien que Sakuno quería que le diera clases, se lo había confesado anteriormente, solo quería experimentar un poco para ver cómo se pondría al decirle aquello.
—Eh-h... y-yoo... —Sakuno no sabía qué carajo hacer-. No... está bien así.
—Qué bien —sonrió más Ryoma, dando a ver esos dientes perfectamente alineados y blancos-. Ya me había ilusionado. Por cierto, Úrsula —volteó a la referida. Ryoma le hablaba por le nombre de pila a todos los profesores, otra muestra de su influencia-. ¿Puede dejarme un momento a solas con ella? Cierra la cafetería y asegúrate de que nadie entre. No quiero problemas.
—Oh, claro Ryoma. Entiendo, si alguien entra pensaría algo extraño, y lo único que quieres es cuadrar asuntos académicos con tu alumna. Claro que entiendo —la entrenadora Tarzán se fue del lugar.
—Sí, claro. Académicos, Úrsula —Ryoma levantó las cejas una vez, hablando con la entrenadora aunque ya no estuviera ahí.
En menos de medio minuto, la cafetería ya estaba cerrada.
—Ryoma... ¿Qué? ¿Tú eres el que ganó el nacional?
Ryoma guardó silencio por unos segundos.
—Parece que ya te enteraste... —se pasó la mano por el cabello, que cayeron mágicamente los mechones en su frente, tal cual Justin Bieber en su época de la melenita cool-. Sí, soy yo.
—¿Por qué no me lo dijiste? —preguntó Sakuno, algo molesta.
—No quería que me vieras de esa manera —tomó una silla de la cafetería, volteándola y sentándose con el espaldar en su pecho, descansando los brazos en éste de madera.
—¿Verte cómo? —Ryoma hundió la cabeza viendo para otro lado. En ese momento, Sakuno supo por qué lo hizo-... No querías que te buscara por interés —habló con un tono mínimo.
—Exacto —levantó la mirada. Sus ojos chocolate le veían como un gato, adorable pero sexy a la vez por ser humano.
—Ryoma... —Sakuno se acercó un poco, no se agachó, pero era algo baja y la cabeza de Ryoma le llegaba al pecho, un poco más abajo del busto. Definitivamente, Sakuno era muy, muy pequeña.-. Yo no te buscaría por interés, jamás.
—Eso lo sé, princesa —Ryoma le acarició la mejilla-. Por eso me gustaste desde el primer momento que te vi. Al instante me dí cuenta que no tenías ni idea quién soy.
—¡Oye! —le reprochó algo ofendida. En pocas palabras, Ryoma le había dicho: desubicada.
Ryoma rió con ternura. Se vieron los dos. Un momento épico. El tenista se le acercó lentamente, estirando su cuerpo para llegar al rostro de ella.
Sakuno dejó que el chico se le acercara. Ryoma estaba a muy pocos centímetros del rostro de ella que, por alguna razón, no se alejó de él. El chico se detuvo un momento para hablar.
–Me encantas, Sakuno. No sé qué es lo tienes, pero me traes loco –Ryoma le miró los labios a los ojos, hechizado-. No me mates por lo que voy a hacer.
Rápidamente, le tomó de la barbilla y le robó un cálido beso, cerrando los párpados para disfrutar el tacto.
Sakuno se sonrojó. Ya se esperaba el beso, un primer beso era algo impactante para cualquier chica. Pero ese tipo era demasiado caliente como para quedarse solo sorprendida. Cerró los ojos. Puso una mano en el cuello de Ryoma y otra en su nuca, atrayéndolo a ella para intensificar el beso. Por su parte, Ryoma se levantó de la silla y le tomó de la cintura, abrazándola para que quedara pegada a su cuerpo. Al chico le encantaban sus labios, su sabor, su cuerpecito, esa pequeña cintura, su sencillez, humildad, ternura, todo de ella. Sakuno sentía una calidez en su cuerpo irremplazable.
La maldita faltade aire les impidió seguir con el kiss. Ryoma colocó su frente en la de ella y los dos se vieron fijamente, con la respiración acortada.
—Entonces... —habló Sakuno-. ¿Yo la alumna y tú el profesor? ¿Es permitido?
—Me importa un maní si es permitido o no —Ryoma le acarició la mejilla-. Además, aún sigo siendo un alumno de Seigaku. Tenemos tiempo. Tú y yo.
¿Por qué era tan jodidamente hermoso?
—Entonces... —el papi sexy le tomó de la barbilla y la acercó a su rostro, dejando pocos centímetros entre ellos, queriendo más de ella-, te veo luego en la clase, hermosa.
—Te veo en las canchas, voy a cambiarme —se separó de Ryoma y encaminó su paso a una puerta, pero Ryoma le tomó de la mano.
—¿Y mi beso de despedida? —le sonrió alegre.
—No hay beso.
—Anda... —le rogó inclinando la cabeza, halándole por la mano hacia él-. Uno solo y te dejo tranquila.
Sakuno hizo una mueca parecida a un puchero. Ese chico la tenía sin reservas.
Se acercó a su boca, dispuesta a darle un corto beso. Pero el Ryoma fue más astuto. Le besó con todo el sentimiento. Le encantaba su sabor, amaba sus labios. Sakuno se dejó llevar. El chico le mordió el labio inferior, como si estuviera pidiendo permiso para adentrarse en su boca. Sakuno entendió lo que quería decir y dejó que sus lenguas chocaran en un suave roce. Se separaron.
—Prefiero no decirle a nadie de esto—habló Sakuno-. Las chicas se pondrían celosas y me armarían un lío. Si la gente se entera que sea espontáneamente. No busquemos ser noticia.
—Mmm... sí, te entiendo. Justo eso iba a decir —se mordió el labio-. Aunque, no me molestaría tener una relación abierta contigo. Recuerda, tú siempre serás mi princesa.
Sakuno guardó silencio, sonriendo con los labios cerrados. Era maravilloso lo que le había ocurrido ese día.
