Buenas noches, espero que os guste aunque sólo sea un poco este nuevo capítulo. Kynu, no tengo nada mejor que ofrecerte. Venga loca, besos


Alex sintió como un escalofrío le recorría el cuerpo, negó con la cabeza, el agua había perdido su calor, se fue incorporando lentamente hasta ponerse en pie y salió de la bañera, se agachó un poco para quitar el tapón y el agua comenzó a perderse por el desagüe.

Cogió una toalla, y se la enrollo sobre su cuerpo, con ella puesta comenzó a secar su larga cabellera con otra toalla más pequeña, nunca le gustó usar secador, le gustaba mucho más cómo le quedaba el pelo cuando se secaba despacio.

Abrió el armario del baño y tomó el tarro de crema hidratante, para Alex era todo un ritual el momento de aplicarse las cremas de cuerpo.

Dejó caer la toalla, quedando nuevamente desnuda, elevó la pierna hasta colocarla en el bordillo de la bañera, tomó un poco de crema con su mano y comenzó a extenderla por la pierna. Lento, haciendo pequeños círculos fue poniéndose la crema en la pierna, sus dedos recorrían el pie, subiendo despacio por la pierna, llegando hasta el muslo, extendía por la parte interna, despacio, acariciando cada milímetro de su pie. Después de darse un suave masaje cambió la pierna, comenzando el mismo ritual, crema entre los dedos del pie para ir ascendiendo despacio por toda su larga pierna hasta perderse nuevamente en la parte interna de aquel muslo.

Tras las piernas, llegó el momento del estómago, ambas manos recorrían aquella parte de su anatomía, no dejando parte de ella sin hidratar, sus manos fueron ascendiendo llegando hasta sus pechos, dejando la crema en pequeños círculos, sus manos recorrían con suavidad los pechos.

Siempre finalizaba extendiendo crema por sus brazos, tras lo cual sus manos volvían a recorrer cada centímetro de su piel asegurándose que la crema estaba totalmente extendida, se miró en el espejo, y tras dejar la crema de cuerpo tomó la de la cara, comenzando a extenderla por el cuello, dándose un pequeño masaje, luego pómulos y frente.

Tras aquello salió del servicio dirigiéndose hasta su cuarto, abrió el cajón de la ropa interior, y tomó un pequeño tanga negro, se colocó, y tomó un sujetador a juego, negro con encaje. Justo en ese momento el timbre de la puerta sonó, se dirigió a la puerta con el sujetador aun en la mano.

-Alex, ábreme – escuchó al otro lado. Renació la voz enseguida y abrió dejando antes la prenda intima sobre la silla de la entrada- ¡Serás cabrona! – fue lo que dijo la persona al ver ante ella a Alex tan solo llevando un pequeño tanga. Haciendo que ésta rompiese a reír.

-Anda pasa – se hizo a un lado para que entrase, mientras ella se ponía el sujetador. Sintió sobre sus nalgas un azote- ¡Nicky! – dijo dando un pequeño salto por la sorpresa.

-Te lo has ganado, por provocarme – Nicky entró cerrando la puerta tras de sí- ¿Te apetece que te de un masaje? – preguntó juguetona acercando su cuerpo al de Alex.

-Querida, ya conozco yo tus masajes, esta noche no, pero mañana tal vez – contestó dándole un muerdo.

-Me pones cachonda en un segundo – Alex se perdió dentro de su dormitorio entre carcajadas.

Nicky fue hasta la cocina y se sirvió una cerveza - ¿Vino? – preguntó.

-Blanco – contestó Alex casi a su lado.

-Vaya, me gustaba más lo que llevabas puesto antes – La mira sin pudor, desnudándola.

Ales se había puesto unas mayas negras, y una camiseta ajustada de tirantes también negra.

-Anda vamos al salón – tomaba la copa que Nicky le había servido.

Ambas se sentaron, Alex subió las piernas sobre el asiento, mientras Nicky apoyaba las suyas sobre la mesa auxiliar.

-¿Cómo estás? – preguntó posando una de sus manos sobre la pierna de Alex.

-Bien.

-¿Seguro? –Nicky era de las pocas que conocía la relación que habían tenido Piper y Alex hace un tiempo.

-Sí, tranquila, aquello terminó hace mucho, ahora casi éramos unas desconocidas – tras aquello dio un largo trago de vino- ¿Sabes qué sucedió?

-No, Red me dijo que Piper la cagó, pero poco más. No sé cómo puedo perder la maleta, nunca había cometido un error tan gordo – Alex la miró elevando las cejas, gesto que no pasó desapercibido para la pelirroja- ¿Le pasó antes?

-Sí, pero lo pude arreglar. Quizá debí haber dado cuenta a Will y tal vez ahora ella aun estaría viva.

-O tal vez habría muerto entonces – decía ella acariciando la pierna de Alex.

Ambas se miraron, entre ellas todo era fácil, Alex apuró su copa, deshizo la postura india en la que estaba sentada y se levantó del sofá caminado hacia su dormitorio.

Nicky dejó la botella vacía sobre la mesa y fue tras los pasos de su amiga.

Tras un largo paseo la detective Beckett regresaba a casa junto a Castle, el perro nada más entrar fue corriendo hacia su bebedero, mientras Kate dejaba la correa junto a la puerta y se dirigía a la cocina, tomando una botella de zumo de frutas y yendo con ella hasta el salón sentándose en el sofá.

-Ahora no castle, ahora debo trabajar – dijo cuando el perro se sentó a su lado- Ve a jugar a la terraza – el perro como si la entendiese se marchó moviendo el rabo en dirección a su lugar de juegos.

Kate abrió al expediente que su capitán le había facilitado, primero comenzó leyendo la información que tenían a cerca de la cabecilla de la rama de blanqueo, realmente había poca información. Lo más chocante es que sólo trabajaba con mujeres, casi todas eran de clase media-alta, pero las más cercanas a ella eran de clase baja.

Alex Vause, había crecido en hogares de acogida hasta que con sólo 16 años logró la emancipación, en el expediente no ponía nada a cerca de su pasado.

Desde que logró la emancipación estaba limpia, ni siquiera una multa de tráfico emborronaba su expediente, colaboraba con varias asociaciones benéficas, sobre todo con aquellas que trabajaban con niños de la calle.

Tenía varias empresas, una galería de arte en Chicago, un restaurante en Los Angeles, una tienda de moda en Los Angeles, otro restaurante en Londres, y varias tiendas de comics diseminadas por países europeos, y hacia poco más de dos meses había abierto un bar de copas en NY.

Se suponía que todos aquellos negocios eran usados para el blanqueo del dinero obtenido con la venta de drogas, pero hasta la fecha nadie había podido demostrarlo.

Alex, tan solo tenía que rendir cuentas a su jefe, el capo del cartel, del cual no se tenían ni fotos, ni nombre. Era un misterio.

Kate debía lograr entrar en la organización acercándose a Vause y una vez estuviese trabajando junto a ella intentar dar con el cabecilla.

Vause era soltera según el informe y no se le conocía ninguna relación sentimental.

-Raro, con lo guapa que eres, debes tener a alguien escondido – dijo Kate para ella.

Descubrir quién era su pareja, facilitaría las cosas, porque por regla general las parejas eran puntos débiles.

Tras repasar cada detalle, dejó ese informe y tomó el sobre cerrado con sus órdenes.

Su nombre mientras estuviera de misión sería Nikki Heat – Joder, es nombre de stripper- continuó leyendo.

Nikki había crecido sin la figura paterna, su padrastro había abusado de ella, haciendo que escapase de su casa con 15 años, viviendo desde entonces en la calle. Había trapicheado con drogas para poder sobrevivir, hasta que con 18 años, comenzó a trabajar en un bar de alterne.

-Stripper lo que yo decía – comentaba mientras bebía de la botella.

En menos de dos años, se convirtió en la gerente del lugar, a los 25 años, se retiró del trabajo al casarse. Hace poco más de cinco meses su esposo había fallecido en un tiroteo con la policía al tratar de escapar de un atraco.

Estaba sin blanca y necesitaba trabajar, el lugar adecuado el bar de Vause.

-Bueno, Kate o mejor dicho Nikki, mañana te toca ir a buscar trabajo – dio el último trago y se marchó a su habitación a comprobar que ropa podría ponerse.