CAPITULO 4
El jueves llegó y con él el día en el que Kate comenzaba a trabajar en aquel local, nada más llegar el gerente la hizo acompañarle hasta su despacho para que firmase el contrato laboral.
-Bienvenida Al Pecado, Nikki- le dijo su jefe tras firmar el contrato- Nada de llegar tarde, nada de novios viniendo al local, nada de ligar con clientes, nada de beber mientras trabajas, ¿te queda claro?
-Clarísimo, ¿puedo empezar ya mi jornada?
-No – Kate le miró sorprendida- Debes cambiarte de ropa, debes trabajar en top les – Kate le miró entrecerrando los ojos- Es broma, así estás bien, antes de empezar debes conocer a tus compañeros
Kate salió del despacho siguiendo al hombre, se dirigieron hacia la mesa del fondo del local en la cual se encontraban sentados y charlando los camareros del Pecado.
-Chicos, os presento a Nikki, es la nueva camarera- todos levantaron la mirada para fijarse en ella.
-Bienvenida Al Pecado – dijo el camarero al que ella ya conocía.
-Gracias, ¿Charly? – dijo ella tratando de recordar el nombre del joven, viendo como él asentía.
-Yo soy Helen – dijo una rubia de pelo rizado – Y ellas son Martha, Salen, Karen y Atrix – las cuatro saludaron con un movimiento de cabeza – Hoy falta Gloria, está enferma.
-Encantada – ninguna de ellas era la mujer que buscaba.
-Nikki, acompáñame y te explico un poco dónde está cada cosa – Dijo Charly.
En la mesa del fondo Alex no perdía detalle de la nueva, dibujando una sonrisa al fijarse en el culo de Kate cuando esta se giró para acompañar a Charly.
-¿Cuánto creéis que tardará Alex en meterla en su cama? – preguntó Martha con una sonrisa pícara dibujada en su rostro.
-Una semana – contestó Helen.
-Tres días- dijo Salen.
-Un mes – afirmó Atrix- ¿Y tú qué dices Karen?
-Confío en la nueva y Alex no lo logrará – todas al escuchar aquello comenzaron a reír- Algún día tiene que aparecer la mujer que se le resista, ¿no? – contestó ella alzando los hombros.
Por fin después de una larga primera semana de trabajo en el pecado Kate tenía un día libre, en esa semana había ido entablando amistad con el resto de las chicas, pero de su objetivo no tenía señales y eso comenzaba a exasperarla.
Aquella mañana, como en ella era habitual, se levantó pronto y tras dar un largo paseo por Central Park con Castle, decidió regresar a casa y tras darse una ducha salir de compras, hacía unos días que había visto unas botas que llevaban su nombre pero no había te tenido tiempo para ir a buscarlas.
En un primer momento pensó ir con la moto, pero realmente aquel día le apetecía caminar, perderse por las calles de NY, adoraba esa ciudad, sus calles, sus ruidos, sus olores, la rapidez que transmitía.
-Perdón, no la había visto – dijo al chocarse contra alguien al doblar una esquina.
-No pasa nada, tranquila, yo también iba despistada – contestó la persona al tiempo que se agachaba a recoger sus paquetes del suelo.
-Deja que te ayude- dijo ella haciendo lo mismo – Creo que este era el último – le decía entregándole una pequeña caja.
-Gracias, soy Alex.
-Era lo mínimo, soy Nikki – contestó sonriendo.
-Te conozco – Kate la miró alzando una ceja- Eres la nueva camarera del pecado.
-Sí, cierto – no podía creer que el destino terminaba de poner frente a ella a la mujer que buscaba.
-¿Te apetece un café? – Alex la miró mordiéndose el labio inferior.
-Gracias, pero no quedo con clientes. Repito que siento el golpe – dijo y comenzó a caminar.
-Espera Nikki – posó su mano en el brazo de Kate- Si el problema es que no quedas con clientes, entonces no hay problema – Kate la miró como si no entendiera- No soy una cliente, soy la dueña del local.
-Vaya, entonces el problema es mayor. No salgo con mis jefes – Alex la miró sorprendida- Lo siento, pero no me gusta mezclar las cosas. Y ahora si no te importa tengo un poco de prisa – se colocó las gafas de sol y retomó su caminar- Esperaba no haberse pasado.
Tras dar unos cuantos pasos se giró y comprobó como Alex continuaba en el mismo sitio observando cómo Kate se perdía entre la gente.
Red abría la puerta de su casa encontrándose al otro lado a Alex.
-Vaya, ¿habíamos quedado?
-No, pero pasé por delante de tu puerta y decidí parar para saludarte – Alex entró y soltó sus paquetes sobre el sofá dejándose ella caer sobre el mismo- Estoy agotada.
-¿Te apetece tomar algo? – Alex la miró sonriendo- Vodka para las dos – se perdió dentro de la cocina regresando con dos vasos y una botella de ese liquido- Y la verdadera razón de que estés aquí ¿es?
-No te puedo engañar, ¿no?- Red sirvió las copas y miró a su amiga negando- Está bien, hoy me he encontrado con la nueva camarera.
-No Alex, ya te dije que no lo hagas.
-De verdad, fue casualidad – Red la miró alzando las cejas – Te lo prometo, fue una casualidad tal vez el universo quiere decirme algo.
-Alex – la regañó.
-El caso es que al invité a tomar algo y me rechazó – se bebió de un solo trago el contenido de su copa.
-Vaya, me parece que esa chica me va a caer bien – dijo Red muerta de la risa.
Kate llegó a la cafetería en la que había quedado con su padre, le vio sentado en una de las mesas del fondo, leyendo un informe.
-Se suponía que era tu día libre – dijo llegando hasta su altura y dejándole un beso en la mejilla.
-Sólo hacía tiempo mientras llegabas – le contestaba sonriendo – Estás muy guapa Katie.
-Ya, haciendo tiempo, hemos un adicto al trabajo.
-Mira quién habla. ¿Pedimos algo de comer? – la mostraba la carta.
-Perfecto, yo quiero una hamburguesa y una cerveza.
-Yo lo mismo, pero agua el lugar de cerveza – le dijeron a la camarera cuando llegó a tomar nota- ¿Cómo va el trabajo?
-Bueno, empezando el operativo, veremos cuando termina.
-Ya, eso supone que hoy es el último día que nos veremos, ¿cierto?
-Lo siento papá, pero sí. Hasta que no termine la operación lo mejor es mantenernos alejados – vio como en el rostro aparecía la sombra del miedo y la tristeza- Tendré cuidado – dijo apoyando sus manos sobre las de su padre.
Las horas con su padre siempre se le pasaban volando, desde que su madre había muerto la relación entre ellos dos se había estrechado. Ella nunca se había recuperado de la muerte de su madre, sabía que nunca lo haría esta que los culpables de su muerte estuvieran entre rejas. Por eso ella era policía, la muerte de su madre estuvo relacionado con un caso de drogas, de ahí que ella entrase en narcóticos, departamento que no pensaba abandonar hasta que lograse hacer justicia a su madre.
Cuando llegó a su casa, fue directamente al cuarto de invitados, allí en una caja guardada en lo alto del armario estaba toda la información que había sobre el asesinato de su madre. Habían pasado siete años, y la información era casi la misma que al principio. Una compra de drogas que salió mal, un tiroteo y en medio su madre que regresaba a casa tras tomar declaración a un cliente.
Castle llegó hasta ella con una pelota en su boca, la dejó caer justo a los pies de su dueña y se sentó sobre sus patas traseras, esperando que ella se la lanzase.
Kate le miró y sonrió, a ella nunca le habían gustado los perros, siempre le habían dado miedo, a su padre tampoco le gustaban, por eso pese a que su madre los adoraba nunca logró convencerles para que tuvieran uno.
Cuando su madre murió, una de las primeras cosas que Kate hizo fue comprar a Castle, aquello hacía que su madre estuviera algo más cerca de ella.
