CAPITULO 11
Perdida en sus pensamientos recorría aquel parque que durante tanto tiempo había sido su refugio, Castle corría sin descanso persiguiendo a las palomas pero cada poco tiempo frenaba y giraba su cabeza en busca de su ama. Kate se sentó en aquellos columpios, los mismos en los que de pequeña jugaba con su madre, empezaba a impulsarse, los niños la miraban sin entender porque un mayor se montaba en ellos. Castle regresó junto a su dueña y se sentó al lado de aquellos columpios, esperando la hora de volver a casa.
Kate paraba su impulso y saltaba del columpio aun en marcha.
-Katie cuantas veces te he dicho que no hagas eso, te puedes hacer daño- La voz de su madre resonó en su cabeza, ahora mismo desearía poder escuchar nuevamente una bronca por parte de ella.
Caminaba arrastrando los pies, su cabeza continuaba luchando con su corazón. Había comenzado una batalla en la cual ella sabía que no existiría un ganador, porque Kate sabía perfectamente que hiciera lo que hiciera sólo perdería.
Entró en la casa, todo estaba en silencio, en el salón no había ni rastro de Alex, mandó al perro a la terraza y le llenó sus cuencos con agua limpia y comida, después recorrió la vivienda, la vio al abrir la puerta de su dormitorio. Estaba tumbada, los ojos cerrados, el pecho subía y bajaba muy sutilmente, estaba dormida se dijo a sí misma.
Se acercó hasta la cama, la miró, una tímida sonrisa se dibujó en su rostro, negó con la cabeza al tiempo que una lágrima comenzaba a recorrer su rostro. Se acercó un poco más, lo justo para poder acariciar el rostro de ella, tras hacer aquello se giró y se fue alejando de aquella cama.
-Kate – Alex se incorporó dejando su espalda pegada al cabecero de la cama.
Se paró con el picaporte de la puerta ya en su mano, suspiró, dejó salir las lágrimas.
-Kate – volvió a escuchar a su espalda.
-Descansa – fue lo único que dijo sin tan siquiera girarse hacia ella y salió del dormitorio.
Alex aguantó pocos minutos en aquella habitación, se levantó de la cama y tras ponerse una camiseta y unos pantalones vaqueros viejos salió.
La encontró en el salón, estaba hecha un ovillo en el sofá.
-Kate – se acercó hasta ella y se sentó en el suelo a su lado. Acarició el rostro de la detective.
-Déjame – Kate retiró la mano de Alex.
-Kate, tenemos que hablar – insistió ella.
-No hay nada de lo que hablar – contestó encogiéndose un poco más.
-Me fijé en ti en el mismo instante en el que entraste en el pecado – Alex decidió que había llegado la hora de ser sincera- Te quería en mi cama, era pura atracción, sólo sería sexo, sin compromiso, sin afectar al corazón. Llegó tu rechazo, fuiste la primera mujer que lo hizo, y eso sólo acrecentó mi deseo por ti – Kate se movía inquieta en el sofá- Pero luego todo se me fue de las manos, te conocí, y entonces el deseo se transformó, me enamoré de la chica dura, borde, dulce y tierna cuando quiere. Y te aseguro que eso es la primer vez que me ocurre, nunca antes había sentido esto por nadie – acariciaba la espalda de la detective con suma ternura- Y sé que a ti también te pasan cosas.
-Alex, yo no siento nada por ti – Kate deshizo el ovillo que era y se sentó- Olvídame, sal busca a una chica que esté dispuesta a meterse en tu cama, folla y listo.
-¿Por qué? ¿Porque te niegas a aceptar que en este tiempo tú también te has enamorado de mí? – Alex se puso en pie sentándose luego al lado de la detective.
-No me niego a aceptar nada – contestó poniéndose en pie.
-Kate – sujetó la mano de la detective evitando que se alejase de ella.
-No lo entiendes, no importa si yo siento algo o no. No puede haber nada entre nosotras – Las lágrimas corrían por su mejilla.
Alex se puso en pie, aun tenía sujeta a la detective, se acercó y sus dedos comenzaron a limpiar las lágrimas que bañaban el rostro de Kate.
-Alex, por favor, déjame ir – suplicaba Kate.
-Te quiero, te quiero. Y no es malo, no tienes nada que temer, no voy a hacerte daño – acercaba sus labios a los de la detective quedándose a milímetros de estos esperando que Kate le diera permiso para cerrar por fin la distancia que les separaba.
-Pero yo a ti sí – dijo Kate perdiéndose en los ojos de Alex para después bajar su mirada hacia los labios entreabriendo los suyos- Es un error – dijo justo antes de apresar con su boca la boca de ella.
Un beso, deseado por ambas durante tanto tiempo, un beso que para cada una significaba una cosa. Un beso era lo que abría las puertas del infierno para Kate. Un beso era lo que a Alex le daba una oportunidad para poder ser feliz por primera vez en su vida. Un beso que hacía que el corazón de la Vause latiera feliz por una vez en su vida. Un beso que hacía que las lágrimas de ambas rodaran libres por sus rostros. Lágrimas dulces en el caso de Alex, lágrimas cargadas de hiel en el caso de la detective.
Un beso, abriendo las puertas del abismo para Kate. La detective se separó, tomando aire, pegó su frente a la de Alex – Es un error – repitió al tiempo que se abrazaba con desesperación a aquella mujer.
-Disfrutemos de este error – Alex la apretaba entre sus brazos, temerosa de que en cualquier momento Kate desapareciera.
-Te haré daño, me haré daño – Kate hablaba sin separarse de ella- Me odiarás y me odiaré.
-No lo haré, nunca podría odiarte – decía levantando el rostro de la detective- Te quiero demasiado como para odiarte.
-No importa cuánto me quieras, no importa que esté locamente enamorada de ti, te haré daño.
-Me gusta el peligro – dijo Alex guiñando el ojo a la detective.
-Te lo he advertido – dijo dándose por vencida Kate y volvió a atrapar aquellos labios que la llamaban a gritos.
El móvil de Alex comenzó a sonar, al principio ambas decidieron ignorarlo, la insistencia hizo que se separaran.
-No te muevas – Alex se acercó a la mesa donde tenía el teléfono. Su rostro se endureció – Ahora vengo – se perdió por el pasillo con el móvil en sus manos.
Kate salió a la terraza, dejándose caer sobre una de las hamacas allí instaladas. Escondió su rostro entre sus manos, Castle se acercó hasta ella y comenzó a lamer su mano.
-La he cagado, esto no tenía que estar pasando. ¿Qué voy a hacer ahora? – preguntó mirando a su perro, que rápidamente empezó a mover su cola.
-Disfrutar – le contestó la voz de ella a su espalda- ¿Te apetece salir a comer? – Kate la miró y se dio cuenta que el rostro de ella continuaba con la dureza aun dibujada.
-¿Todo bien? – le preguntó tendiéndole la mano.
-Era trabajo – Alex tomó la mano de la detective y al instante sintió como tiraba de ella para hacerla sentar sobre ella.
-¿Todo bien? – repitió Kate acariciando el rostro de Alex.
-Ahora sí – contestó relajando el rostro y apoyando su cabeza sobre el pecho de la detective.
-Vayámonos – dijo Kate de repente.
-¿Qué? – preguntó descolocada Alex.
-Marchémonos de la ciudad, tomémonos unos días libres, deja que te cuide lejos de esta loca ciudad.
-Tengo un barco – Kate la miró sorprendida- Si lo dices en serio podríamos salir a navegar con él, pero está anclado en Los Hamptons.
-Eres más pija de lo que pensaba – dijo sonriendo Kate- Vayamos a ver tu barco – dijo finalmente dando una palmada al culo de Alex.
Hicieron las maletas entre bromas, los ruidos que se escuchaban en esa casa eran las risas de ambas.
Kate sabía que serían pocos los momentos que tendrían de felicidad y había decidido disfrutarlos, no quería pensar en todo lo que terminaría pasando, sólo esperaba que llegado el momento Alex supiese lo mucho que la había amado.
Antes de salir Kate mandó un WhatsApp, "me voy con Alex unos días fuera de la ciudad, le han dado una paliza, no he descubierto aún el porqué ni el quién. En dos días hay un nuevo envío, la encargada será Niky Nichols" tras enviarlo y esperar el OK de regreso escondió aquel móvil.
-¿Lista? – preguntó Alex abriendo la puerta del dormitorio de la detective.
-Sí – recogió las gafas de sol de encima de la cama, suspiró y se giró hacia la puerta.
-¿Estás bien? – preguntó Alex cuando la detective llegó a su altura.
-Un poco asustada – contestó.
-Tranquila, iremos a tú ritmo – Le dijo besándola la cabeza.
Aquella frase dicha por Alex, sólo logró que Karte se sintiera aún peor.
