CAPITULO 14
Se encontraron en la entrada del edificio de Alex, ella bajándose de su vehículo, Kate parando la moto y sacándose el casco, se miraron, no hubo palabras, ambas necesitaban lo mismo, ambas necesitaban sentir la piel de la otra, sin hablar, sin amor, ambas necesitaban sexo. Sexo para intentar olvidar los demonios que les habían asaltado, Alex para olvidar que con el próximo amanecer volvería a ser la fría, implacable y temible Alexandra Vause, mujer que sólo conocía una lealtad y esa era para Will. Kate tratando de olvidar que su misión estaba a punto de terminar y con ella mataría cualquier atisbo de felicidad, porque el fin de su misión implicaba el fin de su amada.
Entraron a en el edifico devorándose la boca, el viaje en el ascensor se les hizo eterno, las manos se perdían bajo la ropa de la otra, la necesidad las estaba matando, Alex rogó a Kate que parase un segundo su ataque.
-Así no podré abrir- dijo entre jadeos, logrando que Kate retirase sus manos de sus pechos y dejase de morder su cuello.
Llegaron al dormitorio entre jadeos, tropezando con todo lo que encontraron a su paso, Alex arrancó los botones de la camisa de su chica, lanzándola sobre la cama, Kate se quitó rápidamente el sujetador, y el resto de la ropa al tiempo que comprobaba que Alex hacía lo mismo.
En la mirada de ambas se podía ver la oscuridad del deseo, se necesitaban, como nunca habían necesitado a nadie.
El duelo de miradas duró sólo unos segundos, siendo reemplazado de inmediato por un duelo de lenguas, se devoraban la boca.
Las manos de Alex presionaban los pechos de la detective al tiempo que su boca abandonaba los labios y comenzaba a besar su cuello, encontrando el punto exacto dónde se nota el latido mordiéndolo con desesperación, logrando que Kate lanzase un gemido.
La detective sentía el peso de su amante sobre ella, sentía sobre su piel como crecía la humedad de Alex, bajó una de sus manos alcanzando el centro de su chica, comenzando a estimular el clítoris, al tiempo que con su otra mano tiraba de su amante para apoderarse nuevamente de su boca.
Alex se dejó hacer, moviendo sus caderas, exigiendo casi que Kate aumentase el ritmo de sus dedos en su centro, gimió cuando sintió como entraban en ella dos dedos de su amante, mordió los pechos de Kate logrando que ella también gimiera.
Mientras se sentía llena por su amante descendió su mano, sintiendo como ella estaba más que preparada para recibirla, no hubo caricias, sólo introdujo sus dedos de forma brutal.
Los sonidos que llenaban ese dormitorio eran los gemidos de amas amantes, entregadas al sexo, al placer, entregadas a sentir que estaban vivas, aunque fuese por última vez.
Estaban a punto de llegar al orgasmo cuando ambas dejaron brotar una lágrima, absorbida por el sudor de ambos cuerpos, se dejaron ir, entregándose a un orgasmo.
Ambas se quedaron dentro de la otra, ambas querían guardar aquel momento, aunque fuese por unos segundos más. Ambas clavaron sus ojos en la otra, descubriendo al hacerlo que aquellos ojos amados habían cambiado.
Finalmente se movieron, se acariciaron, se dejaron tiernos besos.
Kate salió de la cama y empezó a vestirse, Alex la miró mientras salía también de la cama empezando a caminar hacia el baño.
No hubo palabras, no hubo despedidas, Kate salió de aquella casa, mientras Alex sentía el agua caer por su cuerpo.
-Lo siento – pronunciaron ambas cuando se sintieron a salvo, dejando salir todas las lágrimas que habían acumulado.
Ambas no sabían qué hacer, Alex tumbada en su cama miraba su móvil sobre las sabanas, Kate sentada en el suelo con la espalda pegada a la pared intentando decidir si usaba el móvil tirado junto a ella.
Ninguna sabía si debía ir tras de la otra, ninguna sabía cómo explicar lo que había sucedido, ambas sabiendo que no podían hablar, Alex temiendo que al hacerlo su amada la odiase al ver su otro lado, y Kate sabiendo que no podía hacerlo sin hablar de su traición.
Imaginar las lágrimas de la otra les dolía, podían sentir como sus almas se hacían pedazos con cada minuto que iba pasando. Por primera vez en mucho tiempo ambas sentían miedo, terror, pánico a perder al ser amado.
Kate supo en ese instante que no podría vivir sin Alex, supo que su vida a partir del momento en el que ejecutase su traición sería una vida sin esperanza y lloró como hacía años que no lo hacía, lloró sabedora que no había nada que ella pudiera hacer para cambiar su futuro.
Alex decidió que era mejor enfrentar ese miedo, era mejor abrirse explicando quien era y arriesgar a perder a su amada, que perderla sin haberlo intentado.
Se levantó de aquella cama, se vistió, tomó las llaves de su coche y salió de aquel edificio decidida a luchar por su felicidad.
Los repetidos golpes en su puerta, sacaron a Kate de su estado, limpiándose las lágrimas se puso en pie y arrastrando los pies llegó hasta aquella, lanzándose a los brazos de la persona que vio al otro lado.
-Te amo – dijo Alex apretando contra su cuerpo el de la detective.
Dos cuerpos enlazados sobre un colchón, eso fue lo que encontró el primer rayo de sol que atravesó el cristal del ventanal.
-Tengo que irme mi amor – susurró Alex a su amante- Te quiero – le dijo dejando un dulce beso en su cabeza.
-Alex – dijo Kate haciendo que ésta se girase con el pomo de la puerta ya en la mano- Yo también te amo, no lo olvides.
