CAPITULO 16

No esperaron, no escucharon las órdenes de su capitán, bajaron los escalones de dos en dos, no les importaba quien estuviera, el rostro destapado, el odio dibujado en él.

-Mierda. ¡Un médico! ¡Necesitamos un médico!

Abrían aquel cerrojo, entraban, comprobando que nada se podía hacer, no pudieron evitarlo, ella no pudo evitarlo, se lanzó sobre aquel cuerpo inerte y comenzó a golpearlo.

-Ni se te ocurra morirte, habla maldita hija de puta.

Visionaron cada segundo de las imágenes de las cámaras internas, alguien había logrado burlar la seguridad de aquella comisaría, había logrado llegar hasta la detenida seccionándole la yugular.

-Ha sido Hunter – dijo Kate aún con los rastros de sangre en su cuerpo.

-Pero no aparece en las imágenes – intervenía Roy.

-No me hace falta ver su rostro, Hunter es el solucionador del cartel, y Nichols era un cabo suelto – insistía la detective.

-Váyanse, y detective Beckett cuando esto termine quiero su placa y su pistola sobre mi mesa – Kate le miraba sin entender- No puedo permitir el comportamiento que ha tenido en la zona de calabozos y menos aún el desprecio que ha mostrado ante el cadáver de la detenida- Kate salió de aquel despacho sin tan siquiera esperar a su compañero.

-Capitán, debería entenderla – Ryan intentaba mediar entre ambos.

-Sé que han perdido no sólo a un compañero sino también a un amigo, y soy consciente de que ahora mismo la detective está destrozada porque ya nunca podrá solucionar las cosas con Esposito, pero no por eso voy a permitir que mi comisaría se convierta en un lugar sin respeto – Ryan agachaba la cabeza y salía de allí.

Una moto atravesaba las calles de NY, volaba sobre el asfalto, esquivaba los coches con los que se cruzaba, sorteaba a los peatones, no le importaban semáforos o señales, sólo quería llegar a su destino, llegar y poder ser libre de sentirse rota.

Alex llegaba al Pecado, nada más entrar buscaba con su mirada, pero no encontraba a quien buscaba, en su lugar apareció el camarero.

-Señora Vause, no la esperaba.

-¿Dónde está? – preguntó dejando las gafas de sol sobre la barra.

-Ha llegado esta mañana y ha presentado su carta de renuncia – El muchacho le tendía el papel.

Con aquella carta en las manos bajó hasta su despacho en el local, se encerró. Sacó de su maletín todos los expedientes que tenía, en algún lugar debía de estar el nombre del tercer componente de los agentes infiltrados. Antes de comenzar a repasar cada papel, tomó el móvil y marcó un número saltando de inmediato el buzón de voz, insistió obteniendo el mismo resultado. Dejó el móvil sobre la mesa y tomó el primer expediente.

Las horas fueron pasando, cada cierto tiempo Alex volvía a marcar aquel número de teléfono, por fin cerca de las siete de la tarde, no saltó el buzón de forma inmediata, se quitó las gafas esperando la contestación al otro lado, pero ésta no llegó.

-¿Dónde estás?- preguntó al aire.

Kate seguía sentada en las escaleras de aquella casa, dónde tantas veces ella y Espo habían pasado las horas hablando de todo y de nada.

Allí rota por el dolor, bañada por las lágrimas recordaba las promesas hechas, recordaba aquel siempre estaremos cubriéndonos las espaldas, aquel no importa quien llegue nosotros siempre seremos hermanos.

Olvidó aquellas promesas, olvidó que él era su hermano, y ahora nunca podría volver a tenerlo a su lado, no había tenido tiempo de decirle que todo había pasado, que lo mejor era empezar nuevamente de cero, y ya nunca se lo podría decir.

Ellos se lo habían robado, ellos y junto a ellos estaba ella. Sí, ella, Alex Vause, el amor de su vida, la mujer que había logrado entrar de lleno en su alma formaba parte de quienes le terminaban de arrebatar a su hermano.

Alex tomaba aquel último expediente, la puerta del despacho se habría dando entrada a Red.

-¿Se puede?

-Ya estás dentro – dijo levantando la vista.

-Te traigo una cerveza – Dijo sentándose y tendiendo una botella a su acompañante.

-Gracias, ¿qué sabemos?

-Nichols ya no es un problema – Alex suspiró- Lo siento, sé lo importante que fue una vez para ti.

-Mi lealtad es con Will, con nadie más – contestó Alex dando un trago a su cerveza.

-Me gusta escuchar eso – Alex la miró – He recordado una cosa.

-Tú dirás – se revolvía en su asiento.

-He recordado que un día con encontramos con el detective Ryan en una cafetería – Alex la miraba interesada- Estaba muy bien acompañado por la señorita Heat.

Ryan llegaba cansado a su casa, se había pasado horas intentando localizar a su amiga, pero finalmente se dio por vencido.

Se quitó los zapatos, la chaqueta, se des aflojó el nudo de la corbata, se acercó hasta el frigorífico y sacó la botella de leche, dando un largo trago.

Sonrió al recordar la voz de su amigo – Tío eres un cerdo, bebe en un vaso, no de la botella- se acercó hasta uno de los armarios y sacando un vaso se sirvió la leche en él.

Con el vaso entre sus manos se dirigió hasta el baño, abrió el grifo de la ducha, comenzó a desnudarse, bebió el contenido del vaso y se metió en la ducha, dejando que el agua caliente se llevase su dolor.

Salió de la ducha se envolvió la toalla alrededor de la cintura, escuchó el timbre, se dirigió hasta la puerta, y abrió.

Las sirenas de la policía resonaban por las calles de NY, junto a ellas se escuchaba el sonido de una ambulancia.

Kate miraba su teléfono, demasiadas llamadas sin contestar, la mayoría eran de ella, también había de Ryan, y las últimas eran de su capitán.

No contestó a ninguna, se subió en la moto y condujo hasta su casa. No podía contestar a nadie, no se veía capaz de seguir con todo, no aquella noche.

Al llegar a su casa se sorprendió de la persona que la esperaba en su puerta.

-¿Qué hace aquí?

-Asegurarme de que estés viva.

Kate le miró, y las lágrimas regresaron a ella, supo con certeza que ahora sólo quedaba ella.

-¿Ryan? – preguntó casi en un susurro.

-Está en el hospital, grave, pero al menos aún está con vida, le he puesto protección – decía él también roto por todo lo que aquel día había sucedido.

-Vamos – Él la detuvo.

-No Kate, tú no irás, creemos que aún estás a salvo, no voy a dejar que te expongas, tú no.

-Pero señor, es mi compañero, debo estar con él- decía ella.

-Ahora no, ¿quieres honrarle? ¿Quieres honrar a Esposito? Detén a los máximos responsables, sin pararte ante nadie.

-Pero señor – insistía ella.

-Termina con ellos Beckett, y honra a tus compañeros – El capitán salía de la casa de la detective.