CAPITULO 19
Ninguna de las dos entendía cómo podían haber terminado así, ambas tenían muy clara su misión, pero a ambas les había sido imposible cumplirlas. ¿Quién podría llevar a cabo sus órdenes si con ello se termina con aquello que aún te pude hacer humana?
Alex terminaba de comprobar que llevaba todo lo que necesitaba en el macuto, negaba al ver su reflejo en el espejo, hacía años que había dejado de vestir de aquella forma, tras meter un par de jerséis más cerró el macuto con él al hombro, se acercó hasta la caja fuerte, sacó todo el dinero que había en efectivo.
Se puso la cazadora, echó un último vistazo a aquella casa, sus piró sabiendo que pasase lo que pasase ella nunca regresaría allí. Tras cerrar la puerta se dirigió a las escaleras de emergencia, todas las noches a esas horas su guardaespaldas se marchaba a su casa, pero no quería correr riesgos.
Caminó por las solitarias calles de esa ciudad hasta estar segura de no haber sido seguida por nadie, sólo entonces paró un taxi. Nada más montarse el taxista le preguntó por su destino, ella sólo dijo Motta Haven, el conductor frenó en seco girando su cuerpo.
-Señorita, lo siento pero no le voy a llevar hasta allí y mucho menos a estas horas.
Alex tan solo le ofreció un fajo de dinero, el hombre tras mucho pensarlo arrancó el vehículo.
Mott Haven era uno de los vecindarios más peligrosos del Bronx, ir allí sólo significaba problemas, la tasa de delincuencia era de las más elevadas del país. La mayoría de los neoyorquinos sólo se acercaban al Bronx por el estadio de los yanquis o por el zoo, pero nunca llegaban hasta Mott.
Kate miraba la hora en su reloj, su mano reposaba sobre su cartuchera, algunos vagabundos se le habían acercado lo mismo que algún que otro camello, pero de momento se había librado de problemas, sobre su espalda reposaba su mochila con su equipaje y a su lado sentado y con las orejas en alerta estaba Castle.
Un taxi se paró a su lado, la puerta del vehículo se abrió saliendo el pasajero y casi sin darle tiempo el taxi arrancó a toda velocidad.
Ante Kate apareció una Alex totalmente desconocida para ella, llevaba unos pantalones vaqueros, una sudadera y una bomber, en sus pies nada de tacones, tan sólo unas viejas botas militares, al hombro un petate.
-Veo que has llegado puntual – Alex revisó la vestimenta de la detective comprobando que ambas iban muy parecidas vestidas- ¿Y ahora?
-Te dije que estaría aquí. Iremos a un lugar cercano de aquí, realmente está a sólo dos calles de aquí– empezó a caminar siendo seguida por Kate y su perro.
-¿Aquí? – preguntó Kate mirando el destartalado lugar ante el que se había parado Alex- ¿Y qué vamos a hacer en este sitio?
-Tú nada, sólo esperarme – Dijo Alex entrando en aquel edificio.
Pocos minutos después apareció un coche que se paró justo a su lado.
-¿Subes? – Kate abrió la boca al máximo ante sus ojos se encontraba Alex al volante de un Ford Mustang Shadow del 76 negro con la tapicería de los asientos en cuero rojo.
Tras dejar su macuto en el maletero, y hacer que Castle entrase en el asiento trasero ella se sentó en el asiento del copiloto.
-¿De dónde lo has sacado? – preguntó con miedo. Lo que menos necesitaban era que hubiera robado un coche.
-Antes de que me convirtiera en lo que soy hubo un viejo que intentó cuidarme, era suyo, me lo regaló hace muchos años pero nunca hasta hoy lo he necesitado. Nadie sabe de su existencia, así que nos viene bien – contestó mientras se perdía por aquellas calles.
-¿Adónde vamos?
-A un lugar dónde podamos investigar sin que terminemos muertas en cero coma – Kate la miro esperando una mejor respuesta- Vamos al condado de Sullivan en las montañas de Catskill, al pueblo de Rockland. La misma persona que me regaló el coche me dejó una pequeña propiedad allí.
-¿Y nadie sabe de su existencia?
-Digamos que nadie conoce a Alex Rhodes – Kate la miró sin entender- Rhodes era el nombre del hombre que trató de ayudarme, la casa está inscrita con ese nombre al igual que este coche. Ponte cómoda nos quedan cerca de 200 Km- Kate se preguntaba cuantos más secretos guardaría Alex.
El viaje transcurrió en completo silencio, ambas mujeres perdidas en sus propias mentes. Necesitarían calma si querían preparar el caso de tal forma que ni todas las influencias que Will pudiera tener le librasen de la cárcel. Alex sabía que llegado el momento Kate se sorprendería de quien era la persona que se escondía detrás de aquel nombre de Will.
Pese a los intentos que la detective hizo para no cerrar los ojos, el sueño finalmente le venció, Alex giró la cabeza observando cómo incluso dormida Kate no borraba el gesto serio de su rostro, daría lo que fuese por volver a ver la hermosa sonrisa que la detective tenía.
Dos horas y media después el vehículo paraba ante una pequeña cabaña – Kate, despierta hemos llegado- Decía Alex mirando a su acompañante. La detective comenzó a abrir los ojos- Hemos llegado- repetía Alex mientras descendía del vehículo moviendo su asiento para que el perro pudiera salir del coche.
Kate salió medio adormilada, vio como Alex sacaba los macutos de ambas del vehículo y comenzaba a caminar hacia la entrada de la casa, la siguió y subió los cuatro peldaños que había ante la puerta de entrada.
-Esperemos que Hanna haya limpiado y hecho la compra tal y como le dije – Alex encendió la luz nada más entrar abriendo del todo la puerta y haciéndose a un lado para que la detective entrase- Será mejor que vayamos a los dormitorios a dejar todo esto – dijo señalando el equipaje. La casa constaba de un salón, una pequeña cocina, dos dormitorios y un baño- Puedes elegir la habitación que prefieras.
Media hora después de haber llegado, ambas mujeres se tumbaban en sus respectivas camas, sabiendo que el día siguiente empezaría su guerra particular.
