CAPITULO 25
Diez días después de su salida de prisión Alex paraba su vehículo frente al edificio del que salió una madrugada de hace seis años, el motor aun estaba encendido, parecía como si le costase volver a pisar aquella casa dónde tomó la decisión que le llevó a cambiar su vida.
Un coche patrulla se detuvo a su altura, Alex bajó la ventanilla del lado del copiloto.
-Perdone señora, pero no puede parar ahí – le dijo el policía cortés mente. Alex se disculpó y cuando el coche patrulla continuó su camino ella hizo lo mismo.
A tan sólo una manzana encontró un aparcamiento, decidió dejar el vehículo ahí al menos ese día, luego ya decidiría que hacer. Salió del coche, recogió el petate del maletero y comenzó a recorrer la distancia que le separaba de su casa, la distancia que le separaba de sus recuerdos, de sus miedos, de sus frustraciones.
Miró el temblor de sus manos cuando intentaba meter la llave en la cerradura, negaba al mismo tiempo que lograba hacerlo, abrió la puerta pero no se movió del sitio en el que estaba, era como si sus pies se negasen a obedecer al cerebro. Pasaron unos segundos antes de que por fin lograse moverse, suspiró encendiendo la luz, por fin había regresado a casa.
Caminó hasta su antiguo dormitorio, soltó el petate nada más entrar, se acercó hasta su cama y se dejó caer sobre ella, tapó sus ojos con sus brazos y gritó.
La detective Beckett llegaba a la 12th tras examinar la escena del caso en el que se encontraba inmersa, al llegar hasta su mesa observó, cómo cada mañana desde hacía una semana, un sobre. Se acercó con el rostro serio, lo tomó entre sus manos, lo rasgó, sacó el papel que había en su interior y comprobó la fecha.
Se sentó y abrió el cajón superior de la mesa, dejando allí el sobre con su contenido, mirando cómo el pequeño montón de cartas comenzaba a crecer.
-Chicos me voy a la morgue a ver si Alexis tiene algo para mí- sus compañeros asintieron, Ryan se acercó hasta su amiga sabedor del cambio de humor que en ella provocaban aquellas misivas.
-¿Todo bien? – le preguntó al llegar a su lado. Kate le miró y asintió continuando con su camino.
Ryan y Beckett se habían incorporado al departamento de homicidios al poco de salir la sentencia condenatoria para todos y cada uno de los integrantes del cártel blanco, llevaban ya cinco años en ese departamento bajo las órdenes de la capitana Gates y desde la llegada de ambos detectives había crecido el número de casos cerrados.
Beckett llegó al edificio de la morgue, dejó el coche en el parquin reservado para el cuerpo de policía y se encaminó hacia la sala dónde estaba trabajando la doctora Alexis Rodgers. La forense había comenzado a trabajar para la policía de Nueva York cinco años atrás coincidiendo con la llegada de la detective al departamento de homicidios. Poco a poco ambas mujeres se fueron convirtiendo en algo más que compañeras de trabajo dando paso a una gran amistad.
-Lex ¿tienes algo nuevo? – preguntó la detective nada más entrar.
-No, si lo tuviese te habría avisado – contestó Lex mirando a su amiga- ¿Qué sucede?
-Nada, sólo quería saber si habías descubierto algo – contestó Kate.
-Kate, que ya nos conocemos, ¿qué pasa? – Lex dejó el instrumental sobre la mesa y se acercó hasta su amiga.
-Ha llegado una nueva carta – dijo mordiéndose en interior de la mejilla- No lo entiendo, se ha pasado seis años ignorándome y ahora hace eso, no tiene sentido.
-Kate, ¿la has leído? – Kate la miró, y Lex supo de inmediato la respuesta- Vale ésta también la has guardado en el cajón, tal vez deberías leerlas, igual así lograrías entender porque lo hace.
-Tiene fecha de hace seis años – Lex la miró abriendo al máximo los ojos- Todas llevan fecha de hace seis años.
-¿Y eso no te dice nada?
-Que en su momento las escribió pero no las mandó – contestó cruzándose de brazos- El punto es ¿por qué las manda ahora?
-Efectivamente no hay más ciego que el que no quiere ver – dijo Lex negando – Kate, que fueran escritas hace seis años dice que no dejó de pensar en ti- Kate la miró sorprendida- Por dios, Kate, te dedicas a coger asesinos, ¿y no eres capaz de llegar a esa conclusión tú sola? –Beckett miró a su amiga entrecerrando los ojos- Igual deberías informarte sobre su estado.
-¿Perdona?
-¿Aun está en prisión? – Le preguntó la forense a su amiga- Creo que eso es una de las cosas que deberías averiguar.
Kate abandonó el edificio con muchas más dudas de las que le habían llevado hasta allí, pero en algo su amiga tenía razón, la fecha de las cartas le demostraba que Alex no se había olvidado de ella y por alguna extraña razón que no quería averiguar descubrir aquello hizo que en su rostro se dibujase una gran sonrisa.
Alex salía de su casa poniendo rumbo al Bronx198 East 161st Street, decidió tomar el metro. Tomó el tren 4, D hasta la estación 161st Street/Yankee Stadium. Salió cerca de la intersección de E. 161st Street y River Avenue desde allí caminó en dirección Este por la calle 161 hacia Grand Concourse. Y su destino se alzó ante sus ojos en la esquina de E. 161st Street y Sheridan Avenue. Subió por las escaleras hasta el segundo piso, de forma inmediata una señorita se dirigió a ella.
-Buenas tardes, ¿deseaba algo? –Alex la miró sonrió con timidez y se acercó hasta el mostrador.
-Buenas tardes, tenía una cita con el director – la mujer la miró por encima de sus gafas- Soy Alexandra Vause – la mujer tecleo en el ordenador.
-Cierto, llega puntual, Michael la está esperando y con él está Tim – Alex sonrió al escuchar aquello- Tercer despacho a la izquierda, por ese pasillo – le dijo señalándole con la mano.
-Gracias.
Alex caminó por el pasillo que le habían indicado y al llegar a la tercera puerta por la izquierda llamó esperando a que le dieran permiso para entrar, éste no tardó nada en llegar. Fue Tim al primero que Alex vio cuando entró en aquel despacho.
-Alex – dijo Tim abrazándola – Me alegro de verte, ¿todo bien?
-Buenas tardes, sí todo bien, un poco raro estar de vuelta, pero bien – contestó ella encogiéndose de hombros.
-Señorita Vause, me alegro de conocerla finalmente – Alex se acercó hasta el hombre tendiendo su mano.
-Lo mismo digo, pero por favor llámeme Alex.
-Lo haré si tú me llamas Michael – ella asintió- Bien, siéntate, y hablemos del trabajo.
Durante su estancia en prisión Alex no malgastó su tiempo, a los pocos meses de su ingreso decidió estudiar, necesitaba continuar purificando su alma por años de haber vivido sin importarle las consecuencias de sus actos. Tras meditarlo durante un tiempo, se decanto por estudiar Trabajo Social, durante los años de estudios conoció a Tim Robins, su tutor, a medida que pasaron los años Tim se convirtió en un amigo para Alex. Cuando él se enteró de su salida de inmediato habló con Michael uno de sus mejores amigos desde la época de la universidad, y tras comentarle todo sobre Alex, Michael decidió dar una oportunidad a la mujer.
-Alex, voy a ser sincero, no te pasaré ni una, si vuelves a las andadas estarás en la calle de inmediato – Alex le miró y asintió- Mientras hagas tu trabajo me dará igual tu pasado, pero si dejas que lo que fuiste destroce lo que eres hoy en día, yo mismo te entregaré a la policía.
-Entendido, pero no tendrás que hacerlo. Me gusta la persona en la que me he convertido – contestó totalmente convencida de lo que decía.
