CAPITULO 26
Alex llegaba puntual como cada mañana a su puesto de trabajo, saludaba con una sonrisa a todos los compañeros que se cruzaban en su camino, tenía que admitir que pese a las dudas que ella tenía al principio había sido aceptada por todos sin ningún problema, además había demostrado con creces su capacidad para llevar a cabo su trabajo.
Nada más llegar hasta su mesa Michael abrió la puerta de su despacho llamándola, Alex se puso en pie, tomó su taza de café y camino los escasos veinte pasos que la separaban del despacho del jefe.
-Entra – dijo nada más verla- tengo un caso nuevo para ti – le miró alzando la ceja- ya sé que estás hasta arriba de trabajo, sé que en estos tres meses que llevas con nosotros no has parado, pero de verdad te necesito en este caso – le tendió el expediente y Alex comenzó a echar un vistazo- Tienes que hacer algo.
-¿El qué se supone que debería hacer? – decía mientras continuaba leyendo los documentos.
-Evitar que termine metiéndose en algún problema de los de difícil solución. Ponte a ello – Alex salió con el nuevo expediente bajo el brazo.
Joven de clase baja, maltratado por el marido de su madre, su padre fue asesinado en una reyerta por drogas. Con apenas 15 años había sido detenido ya en dos ocasiones por pequeñas posesiones de drogas pero de momento había logrado escapar de un centro de menores. La custodia le había sido retirada a la madre por los reiterados maltratos que el chaval había sufrido, siendo concedida a la abuela paterna.
La detective Beckett llegaba a la 12th después de interrogar a un posible testigo del caso en el que se encontraba inmersa, nada más llegar su teléfono comenzó a sonar, al ver en la pantalla el rostro de Alexis supo que tendría nueva información, cuando contestó la forense le comunicó que había encontrado una semejanza en la base de datos de las huellas encontradas en el cadáver. Pocos segundos después en el móvil de la detective aparecía un nombre asociado a esas huellas.
-Ryan, quiero que averigües todo lo que puedas sobre Ricardo Castillo – le dijo a su compañero.
-¿Eran de él las huellas encontradas? – Kate asintió- Me pongo a ello.
Kate rellenaba la pizarra con los datos que habían ido descubriendo, se giraba para mirar sus notas sobre las horas en los que los testigos habían visto a la víctima.
-Tenemos un problema – Kate se giró hacia su compañero- Ricardo Castillo es un menor, por lo cual no sabemos mucho – dejó el expediente sobre la mesa de Beckett.
-Tenemos su dirección, tráelo y mientras yo daré aviso a los servicios sociales – terminó de decir al ver que era un chico de con número social- Por lo que pone aquí – movía el expediente- ya se han encargado con anterioridad de él.
Más de una hora después aparecía en la comisaria el detective Ryan junto con el sospechoso, Gates se encontraba en ese momento hablando con la detective Beckett y ambas se giraron al ver llegar al detective.
Ryan dejó al chico en la sala de interrogación número 3 y se acercó hasta su compañera y la capitana.
-¿Empezamos el interrogatorio?
-Será mejor esperar a que lleguen los servicios sociales – dijo la capitana Gates- no quiero que si es culpable se nos escape por culpa de un tecnicismo.
-Los he avisado cuando Ryan fue a por el muchacho, de hecho deben estar a punto de llegar.
Las puertas del ascensor de la planta 4 se abrieron, caminó hacia el despacho del capitán de ese departamento, encontrándose la puerta abierta y nadie en el interior, giró sobre sus pies, cerró los ojos unos segundos y comenzó a caminar hacia el grupo de tres personas que había junto a una de las mesas.
-Servicios Sociales, nos han avisado por un detenido – dijo nada más llegar haciendo que las tres personas levantasen sus cabezas para mirar a la persona que hablaba, tendiendo su documentación.
-Les esperábamos, tenemos al chico en la sala de interrogatorios – contestaba la capitana Gates tras comprobar la acreditación mostrada.
Ryan miraba a su compañera, Kate estaba pálida tenía los ojos clavados en aquella persona y empezaban a brillar por causa de las lágrimas.
-Perdón, debo ausentarme un momento – dijo poniéndose en pie y comenzando a caminar rápidamente hacia la zona de aseos.
-Señorita Vause – dijo Gates haciéndole saber a Alex que la recordaba perfectamente- ¿quiere hablar con el muchacho?- Alex era incapaz de contestar su cuerpo se había girado siguiendo con su vista el camino recorrido por Kate.
Mientras en los servicios, Kate se mojaba repetidamente la cara, intentando de esa forma aplacar su nerviosismo. La puerta del aseo se abrió, Kate miró a la mujer que entraba a través del espejo que había sobre el lavabo, apoyó las manos y respiró profundamente.
-Kate – escuchó a sus espaldas.
Beckett se giró con brusquedad, golpeó la cara de Alex con todas sus fuerzas. Alex miró como la mujer que amaba salí de allí sin tan siquiera haber pronunciado una sola palabra, se miró en el espejo y suspiró.
-A ver como lo arreglas – se dijo mirándose al espejo- porque parece que una alegría no se ha llevado al verte.
Cuando Alex regresó a la zona de interrogatorios buscó con su mirada a la detective, negando con la cabeza al descubrir que no estaba allí.
-Se ha ido – le dijo Ryan situándose a su lado- ¿Servicios Sociales? – le preguntó mirándola directamente a los ojos.
-Me alegra ver que te recuperaste totalmente. Sí, estudie en la cárcel y he logrado trabajo al salir. Hay quien piensa que debido a mi pasado estoy altamente calificada para intentar salvar a los chicos enseñándoles el lado malo. ¿Va a volver? – preguntó sujetando el brazo del detective cuando éste iba a entrar en la sala.
-Ni idea, sólo cogió sus cosas y salió corriendo. ¿Empezamos el interrogatorio? – Alex asintió.
Kate llegaba a su casa, soltaba el bolso, se quitaba la cazadora, las botas, por el pasillo se fue despojando de la camisa, llegó al baño abrió el grifo de la ducha, se quitó los pantalones, y con la ropa intima aún sobre su piel se metió bajo el agua.
Lloraba mientras sentía que su cuerpo se iba relajando bajo la cálida agua, pegó su cuerpo contra la pared haciendo que su piel se estremeciese por la diferencia de temperatura y se fue dejando caer hasta quedar sentada sobre el suelo de la ducha. Escondió su cabeza entre sus brazos, sentía como todo el dolor acumulado durante los últimos seis años comenzaba a salir, dejando un vacío en su alma.
Tras más de media hora sintiendo el agua caer sobre su piel, se puso en pie, cerró el grifo y salió envolviéndose en una toalla, contemplo su reflejo en el espejo comprobando como tenía los ojos completamente rojos por el llanto.
El timbre de la puerta comenzó a sonar cuando ella había terminado de ponerse ropa cómoda, no quería ver ni hablar con nadie, pero la insistencia de quien estuviese al otro lado hizo que finalmente se dirigiese hasta la puerta. Abrió sin tan siquiera comprobar antes quien era la persona el otro lado.
-¿Qué haces aquí? – dijo al ver quien estaba al otro lado.
-Tenemos que hablar – contestó apoyando la mano sobre la puerta cuando la detective comenzó a cerrarla.
-¿Ahora? Tuviste casi tres años para hacerlo y me ignoraste – dijo intentando cerrar la puerta nuevamente.
-Por favor – suplicó. Kate se alejó dejando la puerta abierta.
-Haz lo que te dé la gana, yo me voy a mi cuarto. Si intentas entrar te pegaré un tiro – dijo sin volverse a mirar a la persona que dejaba en el salón.
-Kate – escuchó en su espalda cuando ya llegaba a su cuarto.
-Alex, en serio no quiero hablar contigo, no hay nada que hablar – dijo girándose y encontrándose con los ojos de Alex brillando por las lágrimas.
-Está bien, no hables pero, por favor escúchame – imploró intentando contener su llanto.
-Te escucho – dijo finalmente cruzándose de brazos.
-Vayamos mejor al salón, ¿te parece? – Kate no contestó tan solo caminó hacia aquella estancia.
