CAPÍTULO 27

Alex miraba a la mujer que tenía sentada frente a ella, es como si la viese por primera vez en su vida, no recordaba la oscuridad de sus ojos, no recordaba la dureza de su voz, necesitaba lograr hacerla entender. Caminaba por aquella estancia mientras intentaba ordenar sus ideas, tenía que ser clara a la hora de intentar hacerla entender, no quería olvidar nada, debería ser totalmente sincera y poner su alma y corazón en cada palabra que saliera de su boca. Kate la miraba con seriedad y se preguntaba por qué la había permitido quedarse, por qué estaba ansiosa por escuchar su voz por saber qué tenía que decir.

-¿Empiezas? – le dijo con total frialdad, una frialdad que para nada sentía en su interior. Alex la miró, apretó la mandíbula, se mordió el labio superior, se subió las gafas y respiró profundamente.

-Lo siento – fue lo primero que salió de su boca- Lo siento mucho – intentó continuar pero las palabras que luchaban por salir se mezclaban en su mente, guardó silencio intentando volver a ordenar todo.

-¿Ya está? ¿Eso es todo lo que tenías que decir? – Kate se puso en pie y comenzó a caminar hacia la puerta – Si eso es todo puedes largarte de mi casa – Alex la miró con temor, tenía que ser capaz de hablar, no tendría otra oportunidad y no podía dejar la que ahora le estaba siendo brindada.

-Lloré cada noche, lloraba por tu ausencia, por tu dolor, por el mío. Lloraba y maldecía en lo que me había convertido porque eso me arrebató la oportunidad que la vida me dio para ser feliz. Me sentía perdida, vacía. Nada de lo que la antigua Alex Vause tenía me servía para ser feliz, no quería ser esa persona, pero no tenía otra cosa, era La Vause – Kate la escuchaba con la mandíbula totalmente tensionada y sus brazos cruzados sobre el pecho- Sentía una liberación por estar en la cárcel, sé que eso sonará raro, pero realmente estar encerrada hacía que por primera vez en mucho tiempo me sintiera orgullosa de algo que había hecho. Estaba pagando por cada mala decisión que había tomado en mi vida y aquello me daba paz. Sentí como mi alma saltaba de alegría cuando vi que todo el juicio había terminado, me sentí bien por ti, por tus compañeros, por tantas vidas destrozadas por nuestros negocios – guardó silencio, sentía como se ahogaba, como le costaba respirar, estaba nerviosa porque cada vez que sus ojos iban a parar a Kate comprobaba como ésta no cambiaba su expresión de enfado y dolor- Necesito un poco de agua, ¿te importa? – Kate negó, Alex se dirigió a la cocina y tomando un vaso lo llenó de agua fresca del grifo. Lo bebió allí mismo, necesitaba tiempo, tiempo para descubrir cómo llegar hasta el corazón de la mujer que amaba.

-Montgomery se suicidó, ¿eso también te causó alegría? – Alex cerró los ojos al escuchar aquello y regresó al salón.

-Lo siento, él nunca quiso hacerte daño, te protegió durante años, supongo que no quiso ver como toda la admiración que sentías por él se transformaba en rencor. Intenté que nada le salpicase, nunca di su nombre, fue el único implicado que no detuvieron. Pero supongo que al final hizo lo que para él era correcto, sintió que él también debía pagar por sus pecados.

Ambas mujeres se miraron, dureza y frialdad frente a esperanza y ternura, Alex continuaba en pie, seguía caminando en círculos mientras hablaba, Kate sentada en el sofá tan solo escuchaba sin demostrar si las palabras escuchadas significaban algo para ella.

-Cada carta tuya recibida – Kate se tensó al escucharla hablar de sus cartas- hacía que me sintiese peor, porque esas misivas eran la prueba de tu amor hacia mí y ese amor me dolía – Kate cerró los ojos al escuchar eso- Me dolía porque no tenía nada que ofrecerte, me iba a pasar mínimo seis años encerrada en aquella prisión, ¡seis años! – repitió- Quería que fueras feliz, necesitaba que te olvidases de mi y siguieras con tu vida, una vida con alguien que estuviese a tu lado cada día, por eso mi silencio creí que así me olvidarías y podrías pasar página y continuar con la vida que tenias antes de conocerme. Cada vez que llegaba una de tus cartas me pasaba horas acariciando tu nombre, llorando por todo lo que había perdido, llorando por todo el dolor que te había causado, pero nunca las abría, no quería leer que me querías o que necesitabas hablarme o verme – Kate la miró sorprendida.

-¿No las leíste? – Alex agachó la cabeza y negó.

-Sabía que si lo hacía no podría continuar alejada de ti, te amaba, te necesitaba y si leía tu dolor o tus esperanzas sería débil y te dejaría regresar a mi, y eso te haría aun más daño. Así que prefería mantenerme en silencio, poniendo sobre un papel todo lo que no podía decirte en persona, te escribía a diario pero nunca envié esas cartas, eran mi secreto eran el lugar donde me permitía soñar. Soñar con una vida en la que estábamos juntas, en las que nuestro amor triunfaba y por fin lográbamos sentir esa felicidad que habíamos anhelado toda nuestra vida.

Kate miraba a Alex intentando asimilar todo lo que ella le decía, intentando enterrar las ganas que tenía de abrazarla y besarla, de gritarle que aún la amaba, que eso nunca había cambiado, de gritarle que durante todo ese tiempo lo único que ella había necesitado era saber que ella no la había olvidado.

-Te amaba con locura, sabía que eras la mujer de mi vida, lo supe el mismo día que te vi por primera vez, pero estabas en la otra punta del país, no podía hacerte eso, no podía condenarte a una relación sin futuro, a una relación donde nunca nos pudiéramos ver – Kate se fijo en como las lágrimas bañaban el rostro de su amada- Necesitaba que fueras libre, por eso mi silencio – repetía, necesitaba que ella la entendiese- Mi silencio no era olvido, mi silencio te ofreció tu libertad.

-Sólo te necesitaba a ti para ser feliz – dijo Kate casi en un susurro- Sólo eso y me lo negaste – Alex la miró y comprendió. Comprendió que todo lo que ella había hecho para evitar el dolor de la detective tan sólo había causado más dolor, dolor a ambas.

-Creí hacer lo correcto, creía que eso era lo que necesitabas, creía que podrías volver a tu vida y que la herida curaría. Perdóname, por favor amor, perdóname – se arrodillaba ante Kate apoyando sus manos en las piernas de la detective- Perdóname por todo el dolor que te causé tratando justamente de lograr lo contrario.

-Me hiciste mucho daño, demasiado – decía Kate mirando aquellas manos posadas sobre sus piernas.

-No tenía nada que ofrecerte. Y entonces comencé a renacer, comencé a ser la persona que realmente quería ser, quería que cuando me presentase ante ti pudieras sentir algo de orgullo – Kate alzó su cabeza y clavó sus ojos en los de Alex.

-¿Mostrarte ante mi? hiciste todo lo que pudiste para alejarme de ti y por otro lado estabas transformándote para mostrarte ante mí, no tiene ningún sentido – retiraba las manos de ella y se levantaba esquivando el cuerpo de Alex.

-Quería que vieras en qué me había convertido, quería que supieras que cambié por ti, cambie por el amor que sentía. Te quería alejar porque no podía ofrecerte nada y porque no me sentía digna de tu amor – Kate la miró negando- Necesitaba ser una persona nueva no sólo para sentirme bien sino también para demostrarte que por ti haría cualquier cosa – ella también se ponía en pie y se giraba para ver a la detective.

-Dios Alex, ya me habías demostrado tu amor – Alex la miró sin comprender- Entregaste a todo tu cártel, traicionaste a todos aquellos que juraste lealtad, y lo hiciste por mí, no necesitaba más pruebas de tu amor, ¡sólo te necesitaba a ti! y eso me lo has negado durante seis años – se fue acercando hasta Alex para terminar golpeando su pecho al pronunciar esa última frase y entonces se rompió, y dejó salir todas las lágrimas que retenía en sus ojos, y sintió como los brazos de Alex la pegaban a su cuerpo, como su mano recorría su espalda mientras la otra limpiaba aquellas lágrimas.

-Te quiero, eso no ha cambiado. Nunca he dejado de quererte y sé que nunca podré hacerlo. Lo siento, siento todo lo que te he hecho sufrir – repetía una y otra vez como un mantra Alex mientras acunaba entre sus brazos a Kate.

-Yo también lo siento – contestó ella apretando su cuerpo al de Alex aún más.

Durante varios minutos ambas mujeres continuaron abrazadas, sintiendo la piel añorada durante tantos años, siendo conscientes de que por mucho que lo intentasen nunca podrían dejar de amarse, pero sabiendo que seis años de separación y dolor eran difíciles de olvidar.

-Alex necesito pensar – dijo la detective cuando ambas se separaron.

-Ya, lo entiendo, sólo quería explicarme no podía dejar que por más tiempo creyeses que no te quería o que me había olvidado de ti – decía ella encogiéndose de hombros.

-¿Servicios sociales? – Alex asintió.

-Creí que era una buena opción, intentar que ningún joven se deje enredar en negocios poco lícitos que lo único que harán será destruir su vida – Kate asintió y en su rostro apareció una pequeña sonrisa- También mantengo una de las tiendas de comics, mi casa, mi Mustang, y la cabaña, eso es lo que queda de la antigua Alex Vause, eso y el amor que siento por ti.

Kate no dijo nada, sólo la miró, suspiró y agachó la cabeza, su corazón latía desbocado y gritaba que no la dejase salir de aquella casa, pero su cerebro le decía que no debía dejarse llevar que tenía que pensar en muchas cosas.

-Necesito curarme – dijo Kate alzando la cabeza- Necesito olvidar el dolor para poder dejar libre el amor que siento por ti – Miró al cambio de expresión en el rostro de Alex- Claro que te quiero, pero ahora mismo estoy muy dolida, necesito tiempo para curar esas heridas, y poder vivir todo lo que siento por ti – Alex asintió sonriendo- Ayúdame a curar esas heridas – le dijo perdiéndose en los ojos de ella- Enséñame en lo que se ha convertido la mujer que amo, lucha por reconquistarme.

Alex salió de aquella casa con esperanzas, esperanzas de que aún era posible un futuro juntas, y le costase el tiempo que le costase lograría sanar todo el dolor que había provocado a la mujer que amaba.