gracias a todos aquellos que habeis leíado esta historia, gracias a quienes la habeis comentado. Os diré que ha sido una de mis historias favoritas. Pero como siempre digo todo lo qeu empieza tiene un final y hoy esta historia llega a su final. Gracias.
Como cada mañana desde hacía un mes Alex entraba en el dormitorio con la bandeja del desayuno quedándose quita al lado de la cama mientras contemplaba como Kate aún dormía, dejaba la bandeja en la mesilla y se sentaba al borde de la cama mientras comenzaba a acariciar la espalda de la detective, ésta iba abriendo los ojos lentamente y al hacerlo del todo y ver a Alex dibujaba una sonrisa en su rostro.
-Buenos días amor – Alex besaba con dulzura los labios de la detective.
-Que bien huele – decía incorporándose y sentándose con la espalda apoyada en el cabecero de la cama- Me estás acostumbrando muy mal – decía con una sonrisa mientras Alex colocaba sobre las piernas de la detective la bandeja del desayuno.
-Bueno, aún estás convaleciente – Contestaba Alex.
-O sea, ¿Qué cuando esté totalmente recuperada dejarás de hacer esto? – preguntaba con falso enfado.
-Por supuesto – contestaba Alex riéndose al tiempo que recibía un almohadazo.
-Serás cabrona – decía Kate riendo también.
El último mes ambas mujeres lo habían pasado en la cabaña de Alex, desde el momento en el que la detective despertó tras su operación ambas mujeres habían estado juntas. Se habían dado cuenta de la peor forma de que el tiempo podía no ser infinito y que ya habían pasado demasiados años separadas. Querían ser felices al fin, y para eso ambas necesitaban en sus vidas a la otra.
Durante las dos semanas en las que la detective había tenido que estar ingresada ambas habían decidido que el mejor sitio para su recuperación sería en la cabaña de Alex, así que el día que dieron el alta a la detective pusieron rumbo a las montañas.
Las dos primeras semanas habían estado acompañadas por el padre de la detective pero finalmente él había regresado a Nueva York, le costó separarse de su hija pero terminó aceptando que con Alex estaría bien cuidada, así que finalmente se marchó con una sonrisa.
-Sé feliz, te lo mereces más que cualquier otra persona que conozca- le dijo a Kate mientras la abrazaba justo antes de montarse en su coche y poner rumbo a Nueva York.
Kate salía de la habitación con la bandeja del desayuno ya vacía, al llegar al salón encontraba a Alex comprobando su mail, ésta la miró con una sonrisa dibujada en el rostro.
-Pensé que te quedarías un rato más en la cama – Kate giró un poco el sillón y se sentó sobre las rodillas de su novia- me encanta tenerte así – le dijo Alex retirando el pelo y besando el cuello de la detective.
-¿Qué vamos a hacer hoy? – preguntó la detective mientras acariciaba el rostro de Alex.
-Podíamos dar un paseo hasta el lago.
-Sí – Alex la miró sabiendo que algo pasaba por la cabeza de la detective.
-¿Qué sucede?
-Nada – contestó Kate agachando un poco la cabeza.
-Ya, soy experta en nadas y tu gesto me dice que es algo – le dijo mientras su mano apoyada en el mentón hacia que levantase la cabeza.
-Vale, quiero regresar a la ciudad, estoy bien - Alex alzó la ceja- casi estoy totalmente recuperada.
-Has dicho la palabra clave, casi – decía Alex con seriedad.
-Cariño, sólo quiero volver a la civilización, no he dicho que vaya a volver al trabajo, no lo haré hasta que esté totalmente recuperada, pero necesito la ciudad.
-Pensé que estábamos bien aquí- dijo con temor.
-Alex, que quiera volver a la ciudad no significa que quiera separarme de ti. De hecho estaba pensando que deberíamos buscar casa – Alex la miró y la detective comprobó como en su rostro comenzaba a dibujarse una sonrisa- Una casa que sea de las dos, con jardín porque lo necesitaremos – su novia la miró entrecerrando los ojos sin entender a qué se refería- Claro no querrás que nuestro cachorro destroce la casa – dijo Kate sonriendo.
-¿Cachorro?
-Sí, tendremos un perro, echo de menos tener uno desde que Castle murió.
-O sea que una casa con jardín, un perro, ¿algo más? – preguntaba sonriendo.
-Una valla blanca – Alex comenzó a reír.
-Y una valla blanca, tendremos todo.
-Bien, ¿preparamos las maletas? – dijo Kate poniéndose en pie.
-Veo que te ha entrado la prisa, pensé que querías ir a caminar hasta el lago.
-Eso era antes de saber que tendremos la casa, el perro y la valla – contestaba riendo mientras se perdía en el interior del dormitorio.
Alex también se ponía en pie y se dirigía hasta el cuarto mientras negaba con la cabeza, aquella mujer la volvía literalmente loca, cuando entró comprobó que la detective había comenzado a sacar su ropa del armario.
-Decías en serio lo de preparar las maletas.
-Claro, cuanto antes lleguemos antes podremos ponernos a buscar la casa – contestaba Kate mientras continuaba vaciando el armario. Alex se sentaba en la cama.
-Pero ¿tiene que ser hoy mismo el regreso? – preguntaba cruzándose de brazos.
-Sí – contestaba la detective mientras empezaba a sacar la ropa de su chica del armario.
- ¿Qué no me cuentas?
-Nada, ¿confías en mí? – Alex asintió- entonces prepara tu maleta.
Tres horas después ambas mujeres estaban montadas en el coche de Alex rumbo a la ciudad. Durante el trayecto Kate se dedicó a ir proponiendo tanto zonas donde podría estar situada la casa como razas de perro.
-Gira a la izquierda – dijo la detective cuando estaban ya en la ciudad.
-¿A la izquierda? Pero por ahí no se va ni a tu casa ni a la mía.
- Gira – repitió Kate sonriendo.
Tras seguir todas las indicaciones que Kate le fue dando llegaron a Southern Blvd. from Westchester Avenue to E. 163rd Street, en el sur del Bronx.
-Para el coche ahí – dijo Kate señalando un hueco en ese mismo lugar. Cuando Alex detuvo el vehículo la detective bajó.
Alex miró a la comisaria que tenían justo enfrente era la 41th- ¿Qué hacemos aquí?
Kate movió su mano para indicar a su chica que la siguiese, caminaron no más de diez minutos y la detective se paró frente a un local abandonado, Alex la miró seguía sin entender qué hacían ellas allí.
-¿Me lo explicas? – dijo cruzándose de brazos.
-Naciste en esta zona, creciste aquí, saliste huyendo. ¿No te gustaría que los jóvenes no tuviesen que huir como hiciste tú? ¿No te gustaría que pudieran quedarse sabiendo que es posible cambiar las cosas y no terminar en la cárcel o muertos? ¿No te gustaría que los que salieran de esta zona lo hicieran con un futuro? – Alex la miraba con los ojos llenos de lágrimas- Creo que este local es un buen comienzo, demuestra a este barrio quien es Alex Vause, da a los jóvenes la oportunidad que tú no tuviste – Alex se abrazó a su chica llorando- Eres asistente social porque quieres cambiar las cosas, me pareció una buena idea, es una forma de empezar desde cero.
-Te quiero – fue lo único que Alex pudo pronunciar, el llanto le impedía hablar.
-Te quiero, por siempre y para siempre – contestó Kate mientras limpiaba las lágrimas del rostro de su novia.
-Por siempre y para siempre – contestó Alex mientras su chica tiraba de ella para entrar al local- ¿Cómo lo has conseguido?
-Mi padre ha sido el encargado de buscar el local y conseguir los permisos – contestó sonriendo. Entraron de la mano, la detective se paró en medio del diáfano local- Hay otro piso encima, y aquí se pueden hacer varias divisiones- Alex miraba todo con una sonrisa- Mientras yo continuo con mi recuperación, tú podrás organizar el nuevo centro de menores, ¿qué te parece?
-Me parece genial, Centro de Menores Johanna Beckett – dijo Alex mirando a su chica- Daremos un futuro a los jóvenes del barrio – Kate la miraba con lágrimas- ¿No te gusta el nombre? – preguntó con algo de preocupación.
-Me encanta, gracias – contestó la detective fundiéndose con su chica en un abrazo sin fin.
-Ahora ya sólo nos falta la casa y el perro – dijo Alex riendo.
TRES MESES DESPUES.
Kate y Alex terminaban de colocar la última caja de la mudanza y se tiraban rendidas sobre el sofá, nada más hacerlo sintieron como hasta ellas llegaba el cachorro de labrador que se les quedaba mirando.
-Quiere subirse – Le dijo Alex a su chica.
-Ni se te ocurra, el sofá es nuestro.
-Pero mírale, mira su cara, sólo por esta vez –decía Alex poniendo morritos.
-Alex, tenemos que enseñar normas a Neo o de lo contrario esta será su casa y no la nuestra- pero Alex continuaba con su cara de súplica- ¡Por dios! Está bien – dijo dando una palmada en el sofá y Neo se subió allí de inmediato- Empiezo a creer que la idea del perro no fue tan buena- dijo sonriendo.
-Gracias – Kate miró a su chica sin entender- Gracias por aparecer en mi vida y enseñarme la luz. Gracias por quedarte en mi vida y enseñarme lo que era el amor, gracias por dejarme intentar hacerte feliz. Te amo Katherine Beckett.
-Gracias a ti por amarme, por dejarme amarte. Te amo.
FIN
