Las chicas no se podían creer que su amiga Alex, estuviera muerta, asesinada para ser más exactos; estaban nerviosas e histéricas mientras andaban a paso muy rápido por el bosque. Querían llegar cuanto antes a la tienda de campaña, ya que allí estaban todos sus teléfonos móviles. Tenían que informar sobre lo ocurrido; un asesino andaba suelto y era probable que estuviera en ese mismo bosque. Estaba aterradas, ellas podían ser las siguientes.
Llevaban minutos andando desde que vieron el cadáver de Alex. Al estar tan alteradas no prestaron atención y lamentablemente se perdieron; eso no ayudó mucho a su situación , así que decidieron seguir adelante hasta encontrar algo. Eso era mejor que quedarse parada a esperar al asesino.
Al fin, llegaron a un gran claro, muchísimo más grande que aquel en el que habían acampado; lo más extraño de todo era que en medio del claro había una gran casa de madera del siglo XIX de dos pisos. Parecía que estaba abandona, ya que no tenía un aspecto muy habitable: madera oscura y roída, ventanas sucias, le faltaban algunas de las tejas etc., es decir, la típica casa abandonada que nada más verla la piel se te pone de gallina.
-¿No os parece raro que esté esa casa ahí? - pregunto Tiffany a las demás.
-Sí, es raro; pero podemos mirar si hay un teléfono o un telé casa tiene pinta de ser de principios de 1800, así que me imagino que puede haber uno. O si no podíamos buscar... - dijo Ro, pero no pudo terminar la frase.
-Un arma - la terminó Aisha. Un loco anda suelto; necesitamos algo para defendernos.
-¿Estáis diciendo de entrar a la casa? No me da buena espina - dijo Hope entre sollozos; todavía seguía llorando.
-Es la única forma de encontrar algo, aunque sea lo más mínimo; no sabemos dónde está la tienda, es la única alternativa - dijo Aisha. Todas estaban seguras, pero Hope no; esa casa le daba malas vibraciones. Venga Hope..., es como cuando fuimos de convivencias a ese bosque de Canadá. Hay que sobrevivir.
Tenían que sobrevivir, eso era lo importante; había que vivir por Alex. Después de varios segundos Hope aceptó la propuesta de entrar a la casa abandonada. Así que las chicas se acercaron a la casa. Nada más subir las escaleras de la entrada la madera crujió, pero esto no detuvo a las chicas. La puerta estaba abierta, así que entraron sin problema. Una absoluta oscuridad reinaba en la casa. Se apreciaban las grandes dimensiones del edificio, ya que había muy poco muebles, y la mayoría de ellos estaban rotos. Enfrente de la puerta principal se encontraban las escaleras que conducían al segundo piso. A la izquierda estaba una sala llena de muebles rotos y llena de mucha suciedad. Al fondo de esa sala había un hueco donde anteriormente se encontraba una puerta, y ese hueco conducía a la cocina; en la cocina solo había unos fogones estropeados y una mesa que no duraría mucho de pie. Por otra parte, a la derecha de la escaleras había otra sala, esta mucho más grande que la anterior. Allí estaba la chimenea, unos sillones y un sofá; también había pequeños armarios sin puertas y muchos trozos pequeños de madera en el suelo. Todo estaba muy sucio y con polvo. Aunque no pareciera que había nada útil, las cuatro se pusieron a buscar algo por la planta baja, pero no encontraron nada que les sirviera, ni teléfono, ni telégrafo, ni armas, ni nada. Desesperada, Aisha propuso subir arriba.
-Esas escaleras no tienen pinta de ser muy estables- exclamó Ro.
-Tenemos que sobrevivir - repitió Aisha. Parecía la más calma, pero no era así; era la que más aterrada estaba, no quería morir.
Así que Aisha subió la escaleras sin miramiento y las demás la siguieron. Las escaleras eran estables; solo crujían, como las de la entrada a la casa. Una vez arriba las chicas se pararon; la planta de arriba era bastante más grande que la baja. Había un pasillo largo que conducía a todas las habitaciones. Una parte de pasillo no tenía pared, así que se podía ver la planta inferior desde ahí; había una preciosa barandilla de madera con formas elegantes y talladas en ella. El estar podrida en algunas partes le daba un toque poco seguro; nadie se apoyaría ahí por si acaso.
-¿Por qué no nos separamos para encontrar algo más rápido? - preguntó Tiffany.
-¡Separarnos! - exclamó histérica Ro. ¿Estás loca? Si nos separamos será más fácil matarnos.
-Ro, si el asesino estuviese aquí, ¿no crees que ya hubiera atacado? Y hay que buscar cualquier cosa inmediatamente - dijo Aisha.
-Yo tampoco creo que sea buena idea separarse - dijo Hope.
-Pues hay que hacerlo - dijo de manera rotunda Aisha. El miedo invadía ya su cuerpo -. Tiff y Hope ir por el ala izquierda y Ro y yo por la derecha. No tardéis mucho; si pasa algo, chillad, y las demás iremos corriendo. Y sin más miramientos cogió a Ro del brazo y se fueron por su lado. Allí se quedaron Hope y Tiffany.
-Será mejor que vayamos a ver - dijo Tiffany. Hope no contestó y la siguió.
En la ala izquierda había seis puertas roídas que conducían a seis habitaciones diferentes. Tiffany se dirigió a las tres puertas que estaban a la derecha; por su parte, Hope se dirigió a las puertas que estaban a la izquierda. Hope entró por la primera puerta que tenía más cerca; estaba vacía, como las otras dos. Solo había basura y suciedad. Hope nada más terminar de revisar las habitaciones rezó por que alguna de sus amigas hubiera encontrado algo útil. Tenía mucho miedo, no quería que le pasase lo mismo que a su mejor amiga. No habían pasado ni tres horas y ya la echaba de menos. ¿Quién sería capaz de haberle hecho eso a Alex? Alex era la persona más buena que Hope había conocido; le apoyó mucho con el asunto de su madre; ella también había perdido a su madre. Aunque la de Hope no estuviese muerta, era como si lo estuviese; sus problemas mentales crecían con los años, y ya no era capaz de cuidarse a sí misma. Esos problemas se iniciaron cuando Hope tenía 14 años, y al año su padre, por el bien de sus hijos, decidió separarse e ingresarla en un psiquiátrico. Nunca olvidaría cuando se llevaron a su madre; fue el peor día de la vida de Hope Crawford. Pero Alex le ayudó mucho cuando se mudó a ese pequeño pueblo de Colorado; no tenía amigos, los días de clase eran insoportables, no tenía a nadie, solo estaba su hermano Ashton. Él fue un gran apoyo, siempre lo fue, le ayudaba en todo y estaba con ella en todos los momentos, tenía una muy buena relación, no era la típica relación de odio entre hermanos. El momento más gracioso que tuvieron fue cuando por primera vez vinieron sus amigas a su casa; Ashton abrió la puerta y a todas sus amigas se les cayó la baba, literalmente, al verle. Ashton era un joven muy atractivo.
Hope esperó al final del pasillo a que Tiffanny volviera de su inspección.
Tiffany, ya había registrado dos de las tres habitaciones que le habían tocado. Ella parecía la que más calmada estaba, pero se hallaba también asustada. Alex estaba muerta y ellas podían correr el mismo destino. ¿Quién sería? Tenía que ser alguien de su entorno. No, él no puede ser, pensó Tiffany; su exempleado Carter no pudo ser; vale, le despidió por tirar sin querer un vaso de agua encima, y su despido hizo que su familia se quedara sin ningún tipo de ayuda económica, pero no es para matar a una persona, volvió pensar Tiffany.
El no saber nada hizo que Tiffany se estremeciera de miedo; era muy raro que a ella se le notara cualquier debilidad de sentimientos, ya que siempre había sabido esconder sus sentimientos, desde que eran pequeñas sus padres la habían educado así. Sus padres eran personas muy arrogantes, y sus corazones estaban llenos de amor al dinero; el dinero y la ambición regían sus vidas, y por lo tanto la de Tiffany también. Pero desde que conoció a Alex y a las demás eso había cambiado; sabía que hay otras opciones y que los sentimientos de las personas están ahí presentes, que todo no es el dinero. Alex fue la que más le ayudó; una vez rompió su tarjeta de crédito para que viera que ese cacho de plástico dominaba su vida. Cómo echaría de menos sus broncas por lo superficial que era a veces. Aunque había cambiado algo, seguía siendo esa caprichosa niña de papá, pero en menor medida.
En la última habitación, vacía y dominada por suciedad, tampoco encontró nada. Así que desesperada se fue a reunir con Hope, a ver si había encontrado algo que mereciera la pena.
Al otro lado del piso se encontraban Aisha y Ro. Esta parte no estaba distribuida como la anterior, En vez de haber seis puertas, una a cada lado, había cuatro, dos a la izquierda y las otras dos estaban escondidas al fondo del pasillo, muy lejos de ellas. Aisha se quedó en la parte izquierda y Ro se tuvo que ir al oscuro y tenebroso fondo.
Aisha empezó a buscar con ansiedad por toda la habitación; no encontraba nada y eso la angustiaba. Se estaba volviendo loca, necesitaba algo o si no moriría por sus nervios antes de que el asesino las matase. ¿Pero quién sería capaz de hacerles algo a ellas? Solo le rondaba un nombre en la cabeza... Aaron, el exnovio de Alex. Pero él nunca sería capaz de matar a Alex; no tenía pintas de ser un psicópata, además fue él quien la dejó, porque estaba enamorado de otra chica. Así que volvía a estar sin ningún sospechoso; ¿quién había matado a Alex? Y, lo más importante, ¿por qué?
A Ro no le gustaba para nada ir al fondo del ala ella sola; estaba aterrada, pero lo tuvo que hacer ella. Sin duda era la más miedosa de las cinco, mejor dicho, de las cuatro. Siempre necesitaba el apoyo de los demás para cualquier cosa, ella se consideraba el eslabón más débil, y nunca había entendido por qué las demás eran sus amigas. Inspeccionó las dos habilitaciones sin éxito; iba a reunirse con Aisha cuando se dio cuenta de algo. Había un estrecho pasillo al lado de la pared, por donde como mucho entraba una persona; dos, si uno iba detrás del otro. Y por primera vez en su vida se armó de valor y se adentró al pasillo, igual había algo útil, pensó Ro con esperanza. Una vez en el pasillo, vio que al final había una puerta. Para su asombro no estaba rota ni roída, y parecía nueva. Siguió acercándose. Conforme se adentraba en el pasillo iba perdiendo visibilidad, ya que la oscuridad se hacía más presente. Ro ya estaba escasos centímetros de la puerta y cogió la manilla e intentó abrir, pero no pudo; estaba cerrada con llave. ¿Cómo había en una casa abandonada una habitación con una puerta nueva, y, además, esa puerta estaba cerrada con llave? Eso solo significaba una cosa...: alguien estaba en esa casa, puede que el asesino. Ro no dudó en abrir la boca para chillar para que sus amigas vinieran. Pero antes de soltar ningún ruido alguien le tapó la boca con su mano, una grande y fuerte mano. El agresor era el asesino de Alex, que se había dado cuenta de que Ro era una molestia y tenía que callarla. Así que primero le dio un golpe en la cabeza para aturdirla, cosa que funcionó a las mil maravillas; Ro no sabía ni dónde estaba. Aturdida, la arrastró fuera de aquel insufrible pasillo tan estrecho y lleno de humedad. Una vez fuera le dio un puñetazo en el estómago para que estuviera más débil; ahora estaba aturdida y con el estómago dolorido.
El asesino decidió sacarla fuera de la ala izquierda para que Aisha no les viera, así que la volvió arrastrar, siempre con las manos en su boca para que no alertara a las demás. Ya fuera del ala, se encontraban donde las chicas se había separado, en la zona de la barandilla de madera, donde se podía ver el piso inferior. Nada más llegar ahí, Ro reaccionó e intentó defenderse, así que empezó a revolverse y a patalear como pudo; el asesino al ser más fuerte que ella supo controlarla; Ro desesperada siguió revolviéndose, no quería morir. El asesino ya se hartó de esa situación, tenía que acabar con ella cuanto antes o las demás podían darse cuanta y a todas no podía matarlas; había una a la que jamás podría hacerle daño, una a la que amaba como a nadie, una por la que haría cualquier cosa, incluso matar. Así que el asesino, para terminar el asunto, cogió a Ro y la estampó contra la pared; tuvo suerte de que el impacto no produjera ningún ruido, pero el golpe fue brutal. Con Ro contra la pared, sacó uno de los tantos cuchillos que tenía en su gran bolsillo y se lo clavó en el estómago con gran intensidad y rapidez; el cuchillo atravesó a Ro. No pudo articular palabra por la puñalada recibida; si no habría gritado el nombre del agresor, ya que al estar contra la pared le había visto el rostro, pues su capucha se le había caído a causa de todos los golpes que ella le había dado. Así que Ro conocía al asesino. Ro estaba perdiendo mucha sangre, no podía ni moverse, pero por si acaso el asesino decidió rematar el asunto; la cogió y la empujó contra la barandilla de madera. Él sabía que estaba inestable y que el más ligero peso haría que se viniera abajo, y así, nada más tocar la barandilla, Ro se precipitó hacia abajo, donde murió al tocar el suelo. Su cuerpo sin vida se quedó en la planta baja, con una gran mancha de sangre en el estómago y el suelo, y con el cuello partido por el golpe. Después de esta terrorífica escena el asesino se fue con paso burlesco antes de que las chicas llegaran.
