TODOS LOS PERSONAJES PERTENECEN A JK ROWLING
¡Hola de nuevo!
Después de una semana regreso para publicar el tercer capítulo: Las repercusiones del capítulo anterior se dejarán sentir y más de algún roce provocara entre en el trío de amigos… no todo está dicho y ciertas situaciones comienzan a preocupar al ojiverde sobre su verdadera responsabilidad en la muerte de su esposa.
Por otra parte, el matrimonio entre Hermione y Ron se encuentra al filo del precipicio ¿Quién de los dos cometerá el error de lanzar la relación al vacío? Pronto lo sabremos.
Sin más, espero tengan un excelente fin de semana. Saludos.
BUENA LECTURA
"Frente a ti"
PRIMERA TEMPORADA
Capitulo Tres
"¿O sí?"
¿Cómo definir el dolor? Apenas él lograba comprender lo que había sucedido hace algunas semanas y el profundo pozo donde cayó sin remedio alguno, desafiando el silencio y desolación que aquello implicaba, angustiado por la culpa que dolía menos y hoy lograba enfrentarlo lucido, despierto y vivo. Sin proponérselo había tocado el fondo del pozo y ahora podía regresar finalmente junto a las personas que amaba y necesitan de él.
La castaña había regresado y él prefirió irse a la cama antes de dar vueltas sin sentido por el primer piso, además el cuerpo le pesaba, la vuelta a la normalidad evidenciaba el estado deplorable en el que estuvo y aunque se sentía débil y cansado confiaba que el malestar se iría con las semanas. Jugó distraídamente con la varita entre sus dedos, sabía que la magia había disminuido pero deseaba prestarle atención a aquella distracción a la mirada de reproche que Remus le enviaba cada cinco segundos.
Apenas se había acostado cuando escuchó la voz del licantropodo llamándole del piso inferior, al subir las escaleras y posarse bajo el umbral de la puerta, la mirada preocupada evoluciono a reproche y molestia al comprobar su estado, y por supuesto, el ligero aroma que su desarrollado olfato le indicaba que se trataba de alcohol.
-Eres un inconsciente ¿Lo sabías? – Habló al fin cruzándose de brazos – No puedo creer que hayas permanecido encerrado aquí… emborrachándote.
-Sé que no estuvo bien – Dijo él bajando la mirada – Que no pensé…
-No pensaste en tus hijos – Soltó Remus interrumpiéndole. El ojiverde apretó la mandíbula y asintió – Si Hermione no fuese profesora, no quiero imaginar lo que hubiese ocurrido con ellos. Entiendo lo que sientes y aunque no puedo compararlo también quise desaparecer cuando tus padres murieron y pensaba que Sirius se había convertido en traidor – Confesó haciendo sentir al moreno la peor basura del mundo – Quizás podría darme el lujo de realizar algo así, sin embargo, no poseía otras responsabilidades por aquel entonces. Tú la posees.
-Lo siento – Murmuró él – No pensé en las consecuencias y sólo deseaba sacarme el dolor de encima.
-Ha pasado casi un mes – Susurró este tranquilamente – Es posible que cargues esto por algunos meses pero debes intentar continuar, vive el duelo, y luego vuelve a vivir. James y Natalie te necesitan.
-No es fácil
-No estarás solo – Negó Remus acercándose – Estaremos aquí para ayudarte, sólo no intentes alejarnos.
-No me dejarían hacerlo – Sonrió él recordando a su amiga – Muchas gracias.
-De nada – Aseguró este sujetándole el hombro – Hermione regresó al colegio – Cambiando de tema, Harry asintió – Sé lo que ocurrió con Ron, lo siento.
-No tiene caso – Bufó este recordando el puñetazo recibido – Cada quien debe recuperarse y él decidió refugiarse en el trabajo.
-Lo sé – Suspiro este – Lamentablemente el matrimonio de Hermione y él saldrá perjudicado.
-No lo creo – Negó Harry preocupado – Podrán tener problemas pero dudo que puedan separarse.
-Ron está fuera de control – Meditó el hombre lobo – Hermione trabaja todo el año y apenas se ven.
-Quizás tengas razón – Reflexiono cabizbajo – Estuvo aquí y discutieron. También visito a Rose y la situación parece que empeoró.
-Habrá que tener paciencia, veremos que sucede – Dijo él - ¿Cuándo hablarás con tus hijos?
-Hoy por la noche – Confió el moreno – Espero poder explicarles lo sucedido y logren comprender.
-Lo harán – Sonrió Remus – Tengo que regresar al ministerio, te visitaré más tarde.
-Claro – Asintió Harry agradecido – Gracias por estar aquí.
-No te preocupes – Negó él sonriendo – Recupérate.
El ojiverde asintió y observó a su amigo desaparecer por la puerta, suspiró y acomodo sobre la cama, faltaba por lo menos dos horas antes que sus hijos llegaran y debía dormir un poco. Confiaba plenamente que su amiga intentaría apaciguar los ánimos de los hermanos y les explicaría su estado actual, después de todo, no estaba seguro que lograse confesarle todo lo que había ocurrido estás últimas semanas.
Un sincero "Gracias" logró articular mientras abrazaba a su hermana y miraba a su tía Hermione, si bien, se alegraban que su padre estuviese bien y ligeramente recuperado, la razón por el cual este se había ausentado por casi un mes les preocupaba. El joven Potter agradecía que la mejor amiga de su padre le hubiese ayudado y logrado sacarle de aquel estado, sabía que el estado depresivo del auror continuaría, sin embargo, confiaba que se recuperaría pronto.
-¿Cuándo podremos verle? – Inquirió James
-Durante la cena – Dijo Hermione sonriendo – Iremos a la casa y podrán hablar con él.
-Mamá – Habló Rose a su lado – Quisiera visitar al tío Harry.
-Tendrás que esperar – Sonrió la castaña acariciando el cabello de su hija – Es preferible que lo hagan James y Natalie después iremos junto a Teddy ¿Te parece?
-Claro – Asintió la chica desviando la mirada hacia sus primos
-¿Por qué lo hizo? – Inquirió Natalie entre balbuceos. La castaña sonrió y acercándose hacia los hermanos, se arrodillo y acarició el rostro de la chica
-En ocasiones, el dolor es tan fuerte que buscamos maneras de apaciguar el sufrimiento – Susurró Hermione tranquilamente – Hay personas que después de una pérdida buscan la soledad y la buscan alejándose de las personas o dan un largo viaje, algunas personas se refugian en el trabajo y otras buscan la compañía del alcohol.
-¿Y nosotros? – Inquirió de nuevo restregándose las lágrimas - ¿Por qué no hemos hecho algo así?
-Ustedes se hicieron compañía y lograron el duelo – Argumentó Hermione – Y aunque quisieron aislarse siempre tuvieron a personas alrededor, apoyándoles. Su padre logró aislarse y no dejar a entrar a nadie.
-Gracias tía – Sonrió James – Quizás papá seguiría en casa y en peores condiciones, gracias por ayudarle.
-Lo conozco hace muchos años – Dijo ella revolviéndole el cabello al chico – Sé lo testarudo que puede ser y aunque pidió que le deje solo, no puedo hacerlo. Es el mejor amigo que puedo tener y lo quiero mucho.
-Comprendo – Susurró él tranquilo – Vendrás con nosotros ¿Cierto? – Indagó observando a su tía negar ligeramente
-Remus irá con ustedes – Informó atrayendo la mirada de su hija, gesto que James y Natalie captaron – Debo solucionar un asunto.
-Mamá – Habló Rose frunciendo el ceño recibiendo un gesto de silencio de la aludida
-Él irá por ustedes a la sala común, espérenle allí – Recomendó la castaña al tiempo que los hermanos se incorporaban – No deben preocuparse por nada, todo saldrá bien.
-Gracias de nuevo, tía – Habló Natalie besando la mejilla de la castaña
-Cuídense – Les despidió.
No habían cruzado palabra pero cada quién sabía las circunstancias y el punto convergente de ambas, por alguna razón, sabían las consecuencias de la aparición del pelirrojo y el posible escenario armado. Por un lado, Rose sabía que la presencia de su padre desencadeno la discusión del siglo junto a su madre y por el otro, Hermione presintió el tipo de conversación de padre e hija.
-Lo siento – Habló Hermione apoyándose sobre el escritorio y mirar a su hija – Debí avisar a dónde iría y por cuánto tiempo estaría fuera, tu padre debió pensar que le mentías y has recibido un trato completamente injusto. No quiero justificarle…
-No lo hagas – Negó Rose endureciendo su postura – Si no puede creerme y seguir sus impulsos entonces que no vuelva a aparecer por aquí.
-Rose – Concilió – Sé las actitudes absurdas y sin sentido de tu padre. Sin embargo, él también ha sufrido mucho y el tiempo que le hemos dedicado ha sido poco.
-Mamá – Bufó la adolescente – Prácticamente le escribo día por medio y ni siquiera ha devuelto el saludo, no puede decir que le hemos dejado abandonado y la primera oportunidad que tiene de vernos, se enfada. No puedo comprenderle y la verdad el juego ya comienza a agotarme. Además, es obvio que apenas si se ha preocupado por el tío Harry.
-Lo sé – Suspiró ella – Aunque Harry tampoco ha realizado mucho por comunicarse.
-Al menos, él lo ha entendido – Soltó – Irás a casa – Afirmó observando las intenciones de su madre por seguir la discusión – No tienes que hacerlo, si es por mí…
-No Rose – Negó Hermione sonriéndole ligeramente – No debes preocuparte de nada.
-¿Estás segura?
-Por supuesto – Afirmó.
-Eso espero – Le miro ella y haciendo un gesto de despedida salió de la oficina.
La noche llegó y oscureció la habitación del moreno que permanecía acostado bocarriba y mirando fijamente el techo. Sintiendo el impulso por coger un vaso de wisky y beberlo hasta la inconsciencia, la rutina había sido esa: Llegada la noche y después de dormir toda la tarde, sólo quedaba seguir bebiendo y evitar sentir el atronador silencio que susurraba que estaba solo en esa inmensa casa.
Apretó la mandíbula y desvió la mirada hacia el closet a un costado de la entrada del baño, suspiro maldiciendo en silencio, recordando la noche que subió ebrio hasta allí y guardó de manera sentida, lo único que no había desaparecido en aquel avión: El maletín de Ginny, lo había protegido de tal manera que ni siquiera el fuego lo había quemado y hasta ahora no reunía las fuerzas necesarias para abrirlo e inundarse de recuerdos.
-¿Papá? – Hablaron sacándole de sus pensamientos y obligarle a desviar la mirada hacia la puerta. James y Natalie se asomaban
-James, Natalie – Susurró él incorporándose de la cama y quedar sentado sobre ésta. Ambos jóvenes sonrieron e ingresaron a la habitación, abrazando y besando el rostro del ojiverde – Me alegró verles, los extrañe.
-Nosotros también – Dijo Natalie sin atreverse a soltar a su padre – Nos preocupaba no saber nada de ti.
-Lo siento – Sonrió observando a sus hijos. Feliz porque estuviese bien – No ha sido una temporada fácil. Para ninguno de nosotros, supongo que Hermione les habló de ello – Inquirió incómodo ante la mención. James asintió – Sé que debe ser difícil de entender y no puedo culparles por ello.
-Nosotros tampoco – Susurró James sentándose sobre la cama – Prométenos que no volverás a desaparecer así.
-Tenlo por seguro – Sonrió él feliz. Escuchó pasos por el pasillo y espero a Hermione asomarse por la puerta, sin embargo, la figura de Remus le sorprendió. Frunció el ceño - ¿Dónde está Hermione? – Inquirió dirigiéndose hacia el hombre lobo.
-Me pidió que acompañará a los muchachos – Respondió el aludido ingresando a la habitación - Al parecer había tenido un inconveniente con Ron y decidió resolverlo.
-Dijo que mañana pasaría a saludar junto a Rose – Comentó Natalie
-Comprendo – Susurró este preocupado. No lograba comprender al pelirrojo pero sabía que no estaba pasando por un buen momento – Espero que este bien.
-¿Por qué debería estar mal? – Inquirió el licantropodo elevando las cejas – No debes preocuparte… después de todo, deben hablar e intentar solucionar las cosas.
-Lo sé – Masculló inseguro
Obligándose a sonreír y quitar cualquier pensamiento negativo, siguió platicando junto a sus hijos sobre las últimas semanas, intentando de alguna u otra forma superar los días distanciados y recuperar aquel amor que por tanto tiempo se vio obstaculizado. Después de noches y días de soledad Harry podría disfrutar aquel amor y tranquilidad que tan poco había experimentado, y agradeció la oportunidad de estar junto a ellos.
Retrocedió al menos cinco pasos mientras la palma de la mano permanecía a la altura de su mandíbula, extendida y rígida. La respiración entrecortada y el crepitar de la chimenea parecía ser lo único que mantenía la casa viva, simplemente, porque el silencio parecía tan o peor acompañante que lo hecho por el auror.
La respiración se normalizó y la turbada mirada se centro sobre su esposa, apoyada sobre el marco de la puerta que daba a la cocina, el cabello sobre su rostro y la mano izquierda tocando su rostro. De pronto, el corazón del hombre dio un vuelco al percatarse que sangre manchaba los dedos de su esposa y se alarmó, quiso acercarse a la castaña pero no se lo permitió y las palabras se atascaron en su garganta impidiéndole cualquier signo de arrepentimiento.
-Hermione
-No quiero escucharte – Negó la castaña despejándose el rostro. Un pequeño corte sobre el labio dejaba escapar gotitas de sangre y el pelirrojo se maldijo por su impulsividad – Vine para reclamarte por Rose y lo hice, debo regresar al castillo.
-Hermione – Intento de nuevo – Lo siento, lo siento mucho. No quise…
-Lo hiciste – Interrumpió sin apenas mirarle. Camino a través del salón hacia la chimenea, agarró del botecito un puñado de polvos flú y los lanzó – No pienso aguantar tus berrinches y mucho menos que trates a Rose de aquel modo, te lo advierto – Menciono introduciéndose en la chimenea – Buenas noches.
-Her…
La castaña había desaparecido entre las llamas verdes y Ronald no entendía el descontrol sufrido ¿Cómo pudo abofetear a su esposa? Simplemente la discusión había tomado ribetes insospechados y cientos de sentimientos se entremezclaron en él, que jamás pensó, en golpear a su esposa. Turbado, cogió asiento sobre el sofá y cubrió su rostro intentando encontrar el detonante de aquel error.
-¡No vuelvas a tratar de aquel modo a Rose! – Exclamó Hermione parada en el umbral de la cocina. Había llegado hace apenas cinco minutos y luego de protocolares saludos, la discusión se había desatado
-¡No te encontraba en el maldito trabajo! – Decía él incorporándose de la mesa - ¡Y por lo demás, ya lo explique! Porque mejor te sinceras y me reprochas por haberle pegado a Harry.
-No creas que no lo haré – Le miró fijo – Sabes que se recupera y su salud es delicada. No entiendo ni quiero entender, sois amigos no enemigos.
-La discusión pertenecía a ambos – Masculló este caminando hacia el salón – Él no debía meterse en asuntos que no le correspondían.
-Es nuestro amigo
-¡Y nosotros un matrimonio! – Exclamó él - ¡No debe meterse!
-No vale la pena seguir discutiendo contigo – Suspiró ella – Mañana llevaré a Rose donde Harry, si quieres verle, tendrás que disculparte.
-Por ningún motivo – Frunció el ceño y sujeto a la castaña por la muñeca. La aludida se soltó bruscamente de él - ¡Ella vendrá junto a su padre! ¡Te lo ordeno!
-¡Irá junto a su tío! ¡Es la última palabra! – Dijo
El pelirrojo se incorporó bruscamente del sofá mientras la bofetada sobre el rostro de su esposa resonaba por sus oídos. Simplemente, la idea que su hija se alejara de él y prefiere pasar tiempo junto a su tío, le cegaba y enfurecía a la vez, amaba a su hija y jamás haría algo que pudiese lastimarla. Dolía pensar que tanto su esposa como hija prefiriesen al moreno.
-¿Quieres sentarte? – Decía Remus observando al ojiverde pasearse por la habitación. Sólo basto que sus hijos bajasen a preparar algo de comer para que él saltara de la cama y comenzará a caminar – Los chicos subirán y te verán exaltados, ya suficiente preocupaciones han tenido. Hermione sabe lo que hace – Repitió por quinta vez y aunque lo repitiese otras cinco, sabía que el semblante de preocupación del moreno, no desaparecería – Mañana vendrá y podrán hablar. Además, se encuentra junto a su esposo y es tu mejor amigo.
-Lo sé – Suspiró este revolviéndose el cabello y meterse a la cama – Sin embargo, la última discusión no tenía buen tono y me preocupa lo que puede suceder, él no está bien.
-Está pasando por malos momentos, compréndelo – Acusó él – Este último mes ha sido diferente para todos y lo hemos asimilado de distintas maneras.
-Por favor, Remus – Le detuvo cruzándose de brazos – No intentes justificarle, somos adultos y debemos hacernos cargo de nuestras acciones.
-¿Qué sucede? – Inquirió este posando la mirada sobre el ojiverde – Porque parece que quieres salir corriendo a partirle la cara a Ron…
-Hemos discutido – Soltó él – En realidad, discutía con Hermione y el tono subió y le sujetó fuerte.
-De cualquier manera – Suspiró – Deben solucionarlo ellos.
El moreno guardó silencio ante la llegada de sus hijos, resignado, porque bajo su posición y contexto no podía hacer mucho, teniendo Remus la razón, no importaba cuán amigos sean. Hermione estaba casada y debía solucionar el problema junto a su esposo.
Después de cenar y platicar por algunos minutos, volvió a quedarse solo recostado sobre la cama, pensativo e inquieto por lo que estuviese aconteciendo en la casa de sus mejores amigos. Lo sabía, lo sabía y repetía constantemente, debía de alguna u otra manera conseguir alejar cualquier tipo de pensamiento negativo, enfocar su energía porque sus amigos solucionarían el problema en buenos términos.
-¿Por qué no nos esperaste? – Interrogó James a su prima durante el desayuno. Se sentó frente suya y su hermana junto a él – Llegamos a pensar que seguías dormida
-Lo siento – Se disculpó la chica revolviendo el tazón de cereales y leche – No podía dormir y decidí bajar a desayunar antes.
-¿Estás bien? – Inquirió Natalie preparándose una tostada – Te ves preocupada.
-Algo – Murmuró llamando la atención de ambos hermanos – Quisiera saber que sucedió entre mis padres
-Son mayores – Acusó el joven Potter mirando de reojo la mesa de profesores y no encontrar a su tía – Solucionarán cualquier problema de la mejor forma.
-James – Suspiró ella dejando de lado el desayuno – Sabes que ninguna discusión llega a buen puerto y alguno de los dos termina cabreado. Y últimamente, mi padre está algo extraño y eso me preocupa.
-Tranquila – Susurró él tomando un sorbo de jugo – Debe estar pasando por un mal momento y aunque las conversaciones siempre son tensas, estoy seguro y convencido, que sabrán estar a la altura para resolver los problemas. Además, ya la verás e irán a nuestra casa.
-Lo sé – Sonrió - ¿Cómo está el tío?
-Se encuentra bien – Sonrió él tranquilo – En algunas semanas podrá volver al trabajo y retomar la rutina. Sólo deseo que pueda mantenerse y no recaer.
-Tiene el apoyo de las personas que le quieren, no estará solo – Afirmó retomando el desayuno – Ya verás que podrá recuperarse y aunque la situación sea distinta, retomaremos la vida.
-Tienes razón – Suspiró James
El desayuno concluyó y la mañana transcurrió entre clase y clase, cumpliendo la rutina escolar, a la espera de la hora de almuerzo y posterior viaje hacia la casa de Harry. Aunque confiaba en la versión de James y Natalie sobre el estado de su tío, Rose estaba preocupada, algo le decía que estaba mal y el presentimiento que algo ocurría con su madre, le hacía apresurar la hora de almuerzo y encontrarse junto a ella.
-Debo irme – Acusó Rose terminada la clase de historia. Su primo le observó y asintió brindándole una ligera sonrisa, tranquilizándole – Nos vemos.
-Cuídate y saludos a mi padre – Habló él
-Claro
Se colgó la mochila a la espalda y salió del salón en búsqueda de su madre, agitada por la carrera, toco la puerta de la oficina esperando porque la abriera, sin embargo, sólo recibió un escueto "Pase" que le hizo fruncir el ceño y temerosa abrir la puerta.
No quiso ni podía sostenerle la mirada a su propia hija, de pronto, el ardor sobre el labio inferior se volvió molesto y por instinto bajo aún más su rostro, conocía varios hechizos pero ninguno consiguió que su rostro dejase de estar hinchado. Firmó el último documento y esquivando la mirada de Rose comenzó a ordenar sus cosas.
-Tendrás que ir sola – Susurró ella recogiendo papeles y libros – Debo hablar con Minerva y no puedo faltar, le pedí a los elfos que dejarán algo de comida en la cocina del tío.
-¿Por qué no irás? – Inquirió la chica sin apartar la mirada del labio hinchado de su madre. La aludida le observó confundida – Por la reunión o por miedo de contestarle al tío lo que sucedió.
-No pienso discutir ese asunto contigo – Resopló Hermione – Por lo demás, sólo nos corresponde a tu padre y a mí solucionar los problemas.
-Y crees que ésta es la mejor manera – Contradijo frunciendo el ceño y bastante frustrada por la situación – Es injusto, sobre todo para ti – Añadió y girándose hacia la puerta se retiro del lugar. Sabía que debía coger la chimenea en la oficina de la directora y aunque le frustraba aquella posición, no podía hacer mención hacia su tío. Por el momento.
Se calzó los pantalones y camiseta limpios para después dirigirse hacia la cocina, coger leche y batidos, y regresar hasta la habitación que le había refugiado durante un mes y donde esperaba abandonar lo antes posible para regresar al trabajo y continuar su vida, necesitaba con urgencia sentirse útil y no encarcelado en aquel lugar.
Se recostó sobre la cama y observó detenidamente el closet dispuesto a su lado, la imagen del maletín de su difunta esposa le estremecía y aunque deseaba abrirlo y sumergirse en los recuerdos, sabía que la decisión parecía demasiado prematura, indeciso porque la elección le ocasionará más sufrimiento que paz. Inquieto y buscando darle explicación a su actuar, se apoyo sobre el colchón dispuesto a ir hasta el closet y sacar el maletín, sin embargo, el ligero golpeteo de la puerta y la suave voz de su sobrina le hizo cambiar de opinión.
-Adelante – Habló él sentándose sobre la cama. La puerta se abrió dejándose ver la hija de su mejor amiga, le dedico una sonrisa y le hizo señas para que se acercará – Que gusto verte.
-El gusto es mío – Habló Rose caminando hasta el ojiverde y abrazarle – ¿Cómo has estado? James dijo que estabas mejor
-Mucho mejor, gracias – Suspiró – Espero recuperar la condición física de antaño y regresar al trabajo, es algo aburrido estar aquí.
-Debe serlo – Sonrió ella – Sólo… ten presente que hay personas que te quieren mucho.
-Lo sé – Asintió y observando la puerta por donde había llegado su sobrina, añadió - ¿Dónde está tu madre? – Inquirió y la inquietud se instalo sobre su pecho cuando la chica le desvió la mirada – Rose…
-Debía hablar con la directora – Acusó sin dirigirle la mirada a su tío. Este lanzó un suspiro y alargando la mano sujeto la barbilla de Rose, no podía mentirle – Tío.
-Dime la verdad – Pidió él sosteniéndole la mirada. Si Hermione poseía la habilidad para sonsacarle cualquier información, pues él, la tenía sobre la pequeña castaña – Sólo deseo ayudarle y estar allí. Por favor, ¿Qué sucedió?
-Ayer – Susurró Rose – Regresó a casa porque debía hablar con mi padre. Las razones no tenían relación conmigo y que se trataba de otro asunto. Desde la noche hasta el mediodía no le vi, sólo cuando fui hasta la oficina pude darme cuenta de lo que ocurrido.
-¿Qué ocurrió?
-El labio – Dijo en apenas un susurro y la adrenalina pareció dispararse en el moreno, por instinto, apretó los puños y la mandíbula – Estaba hinchado y el rostro pálido.
-¿Dónde está? – Preguntó Harry incorporándose de la cama, sin embargo, la castaña le detuvo y obligo a sentarse – No me quedaré sentado… no mientras tu madre…
-Por favor – Negó Rose preocupada por el semblante de su tío – Podría empeorar la situación y mi padre no se encuentra bien…
-No tiene justificación – Rebatió el ojiverde cogiendo la varita y guardarla en el bolsillo del pantalón – ¿Dónde está Hermione?
-Hogwarts – Informó la chica y ayudando al ojiverde a incorporarse, añadió – Iré contigo.
-Bien – Susurró él cogiendo una chaqueta y salir junto a su sobrina rumbo a Hogwarts. Sintiendo la rabia crecer en su interior.
No podía ni deseaba imaginar la discusión entre sus mejores amigos, sin embargo, la descripción clara de Rose sobre el estado de la castaña le volvía intranquilo y poseer inmensas ganas de golpear al pelirrojo. Sintió la sangre viajar rápido por sus venas y apretar con fuerza la varita, si bien la magia que poseía podría considerarse débil y la condición física dejaba mucho que desear, las ganas y el coraje pesaban aun más.
Sin ceremonias llegaron hasta la oficina de la directora, quien no se encontraba, por lo que simplemente emprendieron rumbo hacia la oficina de Hermione. La hora de almuerzo casi terminaba pero sabían que no se arriesgaría a presentarse en el comedor, a medida que se acercaban, el moreno sentía la respiración volverse más profunda y el pulso dispararse.
-Rose – Detuvo a la chica a pocos metros de la oficina. La aludida le observó preocupada – Necesito que esperes fuera, debo hacer esto solo.
-Tío…
-Por favor – Pidió él sujetándole de los hombros – Sé lo preocupada que debes estar, sin embargo, sé también lo incómoda que resultaría hablar si estás presente ¿Entiendes?
-Sí – Susurró ella cabizbaja – Sólo procuren no discutir demasiado…. Ya suficiente ha tenido.
-Pierde cuidado – Sonrió y cogiendo algo de aire, camino hacia la oficina. Dio ligeros golpes sobre la puerta y espero ansiosamente la respuesta.
-Adelante – Dijeron desde el otro lado y echándole una última mirada a la castaña, Harry ingresó
Cerró la puerta tras de sí mientras observaba a su mejor amiga buscar interesadamente un libro sobre su estante, dándole la espalda, supo que aquello podría ser una estrategia para que el visitante no se diera por enterado sobre su estado. Frunció el ceño, no logrando contener la rabia que sentía y desear aparecerse frente al pelirrojo.
-No quiero interrumpir tu trabajo – Habló observando la postura rígida y tensionada de la castaña – Necesito hablar contigo y no puedo esperar.
-Harry – Dijo ésta girándose hacia su lado derecho. El ojiverde alzó las cejas – Debes estar en reposo y no haciendo visitas.
-Así recibes a tu mejor amigo – Bromeó acercándose ligeramente, sintiendo la tensión crecer y los intentos de la castaña por evitarle – No crees que merezco un abrazo… estoy en pie y sin ninguna gota de alcohol en la sangre.
-Harry – Reclamó Hermione moviendo la cabeza y darle la espalda por segunda vez – No quiero bromas con respecto a eso. Además, todavía estas convaleciente y debes alimentarte, recuperar tu estado físico.
-Lo recuperaré, no te preocupes – Habló él situándose a espaldas de la castaña y sujetar el libro que ésta leía o parecía leer – Lo ideal sería realizar una evaluación sobre mí estado físico y mágico, y así como van las cosas, creo que pronto pondré a prueba ambas.
-Harry – Susurró girándose y mirarle de reojo, sin embargo, la mano del moreno le sujeto la barbilla obligándole a girarse por completo.
Observó el rostro pálido, ojos cansados y ojerosos, los labios resecos y ligeramente hinchados, abrió los ojos y delicadamente poso el dedo pulgar sobre el extremo izquierdo del labio inferior, abrió y cerró la boca evitando vociferar algún improperio hacia el pelirrojo. Apretó la mandíbula y frunció el ceño mientras posibles escenas se paseaban por su mente, pudo imaginar el hilo de sangre caer por los labios y las lágrimas recorrer el rostro de su amiga. Algo parecido a un gruñido salió de sus labios a modo de "Se las verá conmigo" mientras soltaba la barbilla de la castaña y atravesaba a grandes zancadas la oficina hasta llegar a la puerta, la cual nunca fue abierta.
-Por favor, Harry – Susurró Hermione interponiéndose entre su amigo y la puerta – No hagas una locura.
-No pienso dejar pasar esto, Hermione – Bramó este furioso
-Nos corresponde a Ron y a mí solucionar los problemas – Aclaró
-Eres mi amiga – Soltó él sujetándole de los hombros – Y si discutieron fue por lo ocurrido esa tarde, no pienso dejarle impune este golpe – Masculló acariciando por segunda vez los labios de la castaña – No pienso permitir sus abusos.
-Harry…
-Dame paso – Interrumpió señalando la puerta –
-Cuídate…
-Volveré…
Beso la frente de su amiga y salió de la oficina raudo de regreso hacia la oficina de la profesora Mcgonagall y luego dirigirse hacia el ministerio de magia. La opresión sobre el pecho le indicaba que debía darse un respiro, sin embargo, la varita empuñada por su mano dictaba todo lo contrario, sintiendo la imperiosa necesidad de llegar lo antes posible hasta el ministerio. Es por ello, que en cuanto puso un pie en aquel lugar las miradas y cuchicheos a su alrededor se hicieron presente, la presencia del "niño que vivió" después de la trágica fortuna de su familia levantaba todo tipo de comentarios que prefirió obviar. Apresurando el paso se dirigió hacia el piso de aurores donde esperaba encontrar a su mejor amigo.
Dobló la última esquina y camino por el pasillo donde se ubicaba su oficina, a la distancia, escuchó la voz del licantropodo llamándole pero fingió no escucharle y continuar el camino. Apretando la mandíbula sujeto el picaporte de la puerta y giro ingresando al lugar que compartía junto al pelirrojo, observó su escritorio vacío y a su amigo darle la espalda, concentrado frente a un mapa haciendo cálculos de rastreo sobre mortifagos.
"Necesito hablar contigo" "Estás ocupado" "Te molesto" o incluso un simple "Ronald" fueron las frases que cruzaron su mente para iniciar la conversación con el pelirrojo, sin embargo, la imagen de la castaña y el evidente golpe que poseía sobre sus labios, le hizo desconectar cualquier pensamiento racional o civilizado, por lo que el primer impulso fue acortar distancia y antes que su amigo se diera cuenta de su presencia, cogerle por las solapas de la túnica y propinarle un certero golpe en el rostro haciendo caer sobre el piso.
Aturdido y visiblemente sorprendido por la intromisión, el pelirrojo saco su varita e intento protegerse de su atacante, sin embargo, la certera patada del moreno sobre su muñeca le hizo lanzar un gruñido de dolor e incorporarse a duras penas del suelo. La imagen del pelinegro le descoloco y hasta cierto punto temió, intento gesticular algunas palabras pero éstas murieron sobre su garganta mientras su amigo le sujetaba por la camisa y le golpeaba contra la pared.
-¡¿Qué demonios te pasa?! – Logró decir Ronald intentando zafarse de su amigo. Le sorprendía la fuerza del ojiverde, parecía mentira que aquel hombre estuvo moribundo durante un mes
-¡Y tienes el descaro de preguntar! – Exclamó él sin apartar la mirada del pelirrojo - ¡¿Qué te pasa a ti?! ¡¿Por qué tratas a Hermione como si fuese basura?! – Soltó, provocando que el semblante del pelirrojo cambiase y usando la fuerza se soltará del moreno - ¡Vi el golpe!
-¡Cualquier discusión nos corresponde a ambos! – Vocifero alejándose del moreno mientras limpiaba la herida sobre el labio - ¡Es mi mujer!
-¡No es tu propiedad! – Bravo Harry apretando la varita
-¿De quién es? – Preguntó Ronald adoptando una pose que transmitió escalofríos al moreno - ¿Tuya?
-Es mi amiga – Susurró él – No pienso permitir que la trates así.
-Te lo dijo ella.
-Rose
-No te metas, Harry – Negó este – Por preocuparte de asuntos ajenos, paso lo que paso.
-¿De qué hablas? – Inquirió él frunciendo el ceño –
-No tiene sentido hablar de eso – Negó él – Sólo procura no entrometerte en asuntos ajenos.
-No dejaré sola a Hermione – Aseguró el ojiverde retándole – Si vuelves a hacerlo, recibirás algo más que un golpe. Te lo juro.
-Ya veremos – Susurró desafiante – Potter – Habló antes de que se marchará – No te vuelvas a acercar a mi esposa.
-¿Por qué? – Inquirió él frunciendo el ceño – Tienes miedo que pueda quitártela ahora que estoy viudo…
Se estrelló contra la pared expulsado por el hechizo que Ron había convocado, logro incorporarse y observar su alrededor ligeramente borroso, la opresión sobre el pecho aumento y a tiendas desenfundo la varita lanzándole un hechizo a su mejor amigo, por supuesto, que eludió fácilmente debido a la debilidad del moreno. Aspiro una profunda bocanada de aire y la visión pareció mejorar, sin embargo, cayó de nuevo al suelo producto de un puñetazo, escuchó: "Hermione es mía" y la sangre del ojiverde pareció circular dándole la energía necesaria para incorporarse y abalanzarse sobre el pelirrojo.
-¡Harry! ¡Ron! – Exclamaron y ambos amigos se vieron separados por el hombre lobo - ¡¿Qué diablos les pasa?!
-Te lo advierto Potter, aléjate – Escupió Ronald paseándose enfurecido por la oficina
-La advertencia va para ti – Soltó Harry limpiándose la sangre de la boca y salir de la oficina con un portazo
-Espérame aquí – Acusó Remus al pelirrojo. Salió de la oficina y acercarse hasta el ojiverde que llevaba algunos metros recorridos – Espera… ¿Qué paso allí?
-Ya lo sabes – Murmuró él debatiéndose entre largarse de allí o ingresar de nuevo a esa oficina – No pienso quedarme de brazos cruzados. Golpeó a Hermione y no pienso consentirlo.
-¿Hablas en serio? – Dijo frunciendo el ceño, el ojiverde asintió – No es el modo de solucionar los problemas.
-Díselo a Ron – Señaló este
-Vamos a la enfermería – Ofreció pero Harry se negó –
-Debo ir a Hogwarts – Susurró él – Se lo prometí a Hermione. Hasta luego.
-Harry
Haciendo caso omiso a los llamados del hombre lobo abandono el ministerio de magia y aunque no tenía permitido aparecerse cerca de los terrenos de Hogwarts prefirió hacerlo a bajar la planta baja y encontrarse con periodísticas y otras personas que lograsen dar cuenta de los golpes y el estado tan deplorable en cual se encontraba. Se apareció el inicio del bosque prohibido y cruzo los terrenos observando aliviado que no existían alumnos deambulando por el lugar, quizás porque muchos estaban en clases o al interior del castillo, la hora de almuerzo terminaba y la jornada escolar iniciaba de nuevo.
Evito encontrar a estudiantes y cogió todos atajos conocidos para desplazarse hacia la oficina de su mejor amiga, golpeó la puerta con los nudillos e impaciente espero a que la castaña abriese la puerta, podía imaginar su reacción e incluso esperaba algún tipo de golpe. No recibió golpes pero si el abrazo de su amiga que le condujo al interior de la oficina, lo sentó sobre el pequeño sofá y comenzó a sacar algunos ungüentos intentando aliviar el dolor.
-¿Qué hiciste? – Interrogó la castaña esparciendo el ungüento por el mentón y labios del ojiverde – No debí permitir que vayas.
-Estoy bien – Susurró él haciendo una mueca de dolor – Sólo fueron golpes.
-¿Estás seguro? – Preguntó escudriñándole con la mirada. El estado del ojiverde le decía otra cosa – Estás agitado y sudando… usaste magia.
-Un poco – Murmuró bajando la mirada pero su amiga le obligó a subirla. Trago saliva – Hermione.
-Te quedarás aquí – Resolvió la castaña – Por lo menos, hasta que comas y duermas un poco – Termino de aplicar el ungüento e incorporándose del sitio, cogió pluma y pergamino escribiendo una nota, la ató a su lechuza y la envió – Le pediré a Rose que pueda ayudarme.
-Tranquila – Sonrió él y atrapando la muñeca de su amiga, le hizo sentarse a su lado. Cogió un poco de ungüento y lo frotó suavemente en el labio inferior – Lo siento.
-No es tu culpa – Negó – No debiste…
-Debo y lo haré siempre que lo necesites – Aclaró él – Me has ayudado tanto… déjame devolverte la mano. Por ésta vez, seré tu salvavidas.
-Gracias.
-No tienes porque – Susurró –
-¿Mamá? – Dijeron desde fuera. La castaña se incorporó del sillón y abrió la puerta, lo primero que visualizó fue la expresión de su tío, lo cual le preocupo - ¿Qué sucedió?
-No importa – Dijo la castaña recibiendo una mirada de agradecimiento del moreno – Por ahora, tú tío se quedará hasta pueda sostenerse y viajar hasta la casa. Necesito que vayas a la cocina y traigas algo de comer, sopa, pan y jugo, estaremos atrás.
-Bien – Acusó la chica saliendo de la oficina y cumplir las órdenes de su madre
-¿Cocina? – Inquirió Harry elevando una ceja - ¿Dónde quedo la defensora de elfos?
-Sólo por hoy obviaré ese detalle – Resolvió ella guardando los ungüentos
El moreno sólo atino a sonreír y encogerse de hombros, convencido, que las reglas podrían romperse siempre y cuando la ecuación lograse completar con: pleitos, golpes, hechizos, Hermione y Harry. Se pregunto si la receta volvería a repetirse durante los próximos días, después de todo, y evitando armar escándalos, todavía no había relatado el escándalo formado en el ministerio y mucho menos la razón que ocasiono que el pelirrojo le atacase usando la varita, movió la cabeza, cierto sentimiento de culpa le embargo. La provocación realizada sólo daba elementos a los cuales su amigo se aferraría, rogaba por la idea sólo fuese considerada como un impulso y no una directa amenaza.
Después de todo; Harry Potter no deseaba quitarle la esposa a Ronald Weasley
¿Cierto?
Continuará…
