TODOS LOS PERSONAJES PERTENECEN A JK ROWLING
Estoy de vuelta!
Primero, muchos saludos a quienes siguen la historia.
Segundo, este capítulo ingresa en tierra derecha hacia las respuestas que necesita Harry con respecto a su fallecida esposa. Previo a esto, algunas cosillas que nos servirán para darle forma a los siguientes capítulos.
Tercero, la relación de Harry y Hermione todavía podemos considerarla como amistad, está vez, quisiera dejar la mayor cantidad de cabos resueltos para dar pie hacia la relación, después de todo, debemos considerarlo como la evolución de los sentimientos.
Por último, todavía y por varios capítulos no hablaré de relación, enamoramiento y/o confusión de ciertas personas. Todo a su tiempo.
De nuevo, gracias a todos quienes siguen la historia y los comentarios recibidos que siempre me animan a seguir escribiendo. GRACIAS.
Ahora sí.
BUENA LECTURA
"Frente a ti"
PRIMERA TEMPORADA
Capitulo Seis
"Búsqueda"
Hace dos meses jamás hubiese reconocido su rostro y menos levantar la barbilla, el peso del dolor y la vergüenza había pesado profusamente, sólo la paciencia y el cariño de las personas que amaba y estuvieron junto a él hicieron posible su recuperación. Hoy logró pararse de frente a ese espejo; erguido, sano, lucido, reconfortado y amado. La verde mirada se reflejaba a través del espejo y aunque reconocía que el brillo sobre ella dictaba mucho de lo que algún día fue, también reconocía que había mejorado considerablemente las últimas semanas y ello causaba alegría y satisfacción entre sus amigos e hijos.
Siguió observado su propio reflejo y tras de él visualizó el reflejo de su mejor amiga, cruzada de brazos y sonriéndole. Inevitablemente, el recuerdo de la noche que le encontró moribundo y ahogado en alcohol sacudió su mente y le hizo sentir la peor basura del mundo; primero por permitirse caer tan bajo y segundo por lanzar así sin más la ayuda de su amiga por la borda, intentando inútilmente de alejarla de su lado. Que iluso e imbécil había sido.
Ajusto los lentes sobre el puente de su nariz y acomodo el cuello de la camisa gris, se giro y estiro las manos hacia un lado buscando la aprobación de la castaña, a pesar de los reclamos, decidió coger un paso importante y regresar al departamento de aurores. Observó a su amiga meditar y analizarle de pies a cabeza, análisis que le provoco cierto escalofrío pero aguardo, sabía que nada estaba mal y lo único que faltaba para complementar su vestimenta era la túnica, la castaña se acercó hasta él y alzando la mano derecha hacia la cabeza le revolvió el cabello de manera amistosa.
-Un detalle – Informó Hermione devolviéndole la sonrisa a su amigo – Que no tendrá solución.
-No pensarás dejarme encerrado por el cabello – Bromeó
-Es una opción - Inquirió dándole la espalda y coger la túnica del moreno – Sólo porque prometiste hacer trabajo de escritorio, accedí.
-Lo sé – Suspiró él - Aunque deberé regresar pronto al campo, lo sabes.
-Concéntrate en recuperarte por completo ¿Sí? – Dijo extendiéndole la túnica.
-Lo haré, gracias – Habló recibiendo la túnica y seguir a su amiga hacia la cocina – Oye Minerva no te regañará, pasan de las ocho – Observando el reloj del salón mientras intentaba colgarse la segunda manga de la túnica
-Tengo la mañana libre – Explicó ingresando a la cocina donde el desayuno estaba preparado; sirvió el café y se giro hacia el ojiverde – Me alegro haberlo hecho, de lo contrario, estarías otros cinco minutos intentando calzar la túnica.
-Hace bastante que no visto túnica – Se excusó él siendo ayudado por la castaña – Supongo que es normal.
-O simplemente no puedes colgarte la túnica – Bromeó terminando de ordenar a su amigo - ¿Estarás bien? – Preguntó mirándole a los ojos.
-Te lo prometo – Sonrió él y observándose, añadió – Gracias
-De nada – Respondió – A desayunar.
Se sentaron a desayunar entre bromas y charlas sobre las obligaciones del auror durante este tiempo de inactividad, lo habían hablado en varias ocasiones sobre la incursión en el campo bajo las condiciones que el moreno arrastraba; el ejercicio físico que realizaba no podía comprarse con el extremo de la actividad y exigencia física en el campo de batalla, ni hablar la capacidad mágica y el conjunto de habilidades que había disminuido por las condiciones de salud. Si Harry Potter deseaba regresar a su trabajo, sin duda, debía seguir los consejos de su amiga.
De pronto y a pesar que el ojiverde llegaba atrasado al primer día de trabajo, el silencio y la circunstancia le llevaba a preguntar sobre el esposo de la castaña. Desde el incidente del ministerio y el rol que jugaba con respecto al amante de Ginny, el nombre del pelirrojo no se había mencionado y hasta cierto punto se evitaba hacer mención.
-Has hablado con él – Inquirió jugando su tasa vacía, la castaña negó sin apartar la mirada de los cubiertos; la última discusión y posteriores consecuencias abrieron un trecho demasiado largo en la pareja y la castaña dudaba seriamente en poder recuperarlo, y quizás lo importante, en desear hacerlo – Si quieres…
-No lo hagas – Negó la ojimiel – Necesito tiempo para pensar… es mejor así – Y antes que su amigo pudiese refutarle, añadió – Situación distinta es cuando desees hablar con él por Ginny. Sé que necesitas hacerlo.
-No creo poder enfrentarlo y reprocharle todo – Sonrió él melancólicamente – Será difícil.
-No presiones nada – Dijo cogiéndole la mano a su amigo y apretarla – Te encontrarás con él y cuando lo hagas sabrás que hacer y decir.
-Confías demasiado en mí – Sonrió avergonzado – Quizás lo primero que haga será golpearlo por guardar tal secreto.
-Confió en ti – Rió la castaña – Y aunque el impulso sea enorme, piensa y recuerda que él es el hermano de Ginny. No importa las razones ni intenciones son y serán hermanos siempre.
El moreno asintió y comprendió las palabras de su amiga, después de todo, lo único certero de aquel embrollo siempre sería que los pelirrojos eran hermanos, por tanto, la complicidad y silencio parecía correcto y hasta cierto punto justificable. En tal sentido, comprendía que lanzarse sobre el pelirrojo y machacarlo a golpes e incluso llegar a los insultos de nada servía, Ronald estaba sufriendo y estaba seguro sobre la culpa que cargaba sobre sus hombros por consentir, de algún modo u otro, la relación que empujo a su hermana menor hacia la muerte.
Después de la plática recogieron la mesa para luego dirigirse hacia la chimenea donde cogerían caminos distintos. La castaña se introdujo primero y dedicándole al ojiverde una última sonrisa, desapareció entre las verdes llamas.
Tambaleante cogió ritmo y camino a través del ministerio, recordando la última vez que piso aquel lugar y no precisamente para recibir buenas noticias, afianzó el agarre de la mochila y continuo el camino hacia el departamento de aurores. Sin duda, el destino que debía sortear.
Saludo a personas e intercambio breves palabras con magos y brujas, quienes sorprendidas por el regreso, le habían dado el pésame por la muerte de su esposa. En cuanto cogió un ascensor lanzó un suspiro, la segunda parte del duelo parecía recién estarla viviendo y es que los últimos meses sólo había salido al mundo muggle o simplemente permanecido encerrado en la casa, nunca pensó recibir aquellas muestras de cariño. Jamás se lo espero.
-Los rumores son ciertos – Dijeron en cuanto las puertas del ascensor se abrieron. Sorprendido el ojiverde observó al licantropodo frente a suya – Que alegría verte.
-Opino lo mismo – Sonrió él recibiendo el abrazo de su amigo – No dije nada, para no causar alboroto y eso
-Pues lo hiciste – Rió Remus iniciando el camino – La última vez… estabas fatal y bastante alterado.
-No tiene importancia – Negó él recordando el incidente con el pelirrojo – Te pido disculpas por ese día.
-Ronald pudo comentar algo – Masculló él deteniendo el paso – Tal vez, también hubiese reaccionado así, sin embargo, sé que no corresponde.
-Lo sé – Suspiró Harry fijando la mirada sobre el suelo – Sólo puedo decirte que es mi amiga y cualquier situación que le ocurra, me importa. Por lo demás, su ayuda ha sido importante y puedo estar parado frente a ti.
-Y me alegra – Sonrió Remus sujetándole el hombro – Deberás acostúmbrate de nuevo y realizar trabajo de escritorio por algún tiempo, lo sabes.
-He trabajado en casa – Dijo él – Puedo dármelas de estratega por algún tiempo.
-Excelente – Soltó el hombre lobo – Vamos, te acompañó al escritorio.
-¿Dónde está él? – Preguntó refiriéndose al pelirrojo, Remus negó – Viaje…
-Hoy regresa – Acusó él sin apartar la mirada del pasillo – Una semana de inactividad y después dos semanas de regreso, por supuesto, todo depende de los avances tácticos. Puedes prometer que no habrá incidentes.
-Hay cosas pendientes – Susurró Harry parándose frente a la oficina – No puedo decir cuándo hablaremos de eso y si solucionaremos el problemas en paz, sin embargo, no puedo prometer nada.
-Harry –
-Han pasado dos meses – Argumentó el moreno observando a su amigo – Y muchas cosas han cambiado y podrían seguir cambiando.
-¿A qué te refieres?
-Ni siquiera lo sé – Sonrió él apenado y girando el picaporte de la puerta ingreso a la oficina.
No podía dar respuestas a situaciones desconocidas; las cartas y la fotografía había trastocado la situación al punto de volverla incierta, parecía al borde de un precipicio urgente de respuestas que apenas estaba seguro desear escuchar y mucho menos de la boca de su mejor amigo. Dejo la mochila a un lado dedicándose a observar la oficina que compartía junto a Ronald, el lugar donde dio cuenta de la muerte de Ginny y la discusión feroz que sostuvo junto a su amigo, dos hechos que parecían haber sido ayer.
Camino hacia el escritorio y cogió asiento contemplando el techo blanco ligeramente oscurecido por el polvo y la falta de limpieza. Inevitablemente, el recuerdo del regaño de la castaña hacia él y Ronald le impulsaba a añorar el pasado y quedarse un buen rato allí, disfrutando de la simpleza y hasta rutinaria vida que llevaba.
-No pensé que fuese cierto – Mencionaron desde la puerta llamando la atención del moreno. La presencia del pelirrojo parado en la puerta le sorprendió, no esperando encontrarse tan pronto con él – Ahora compruebo que es cierto. Regresaste.
-No puedo permanecer escondido por siempre – Comentó él lanzando un suspiro – Debo continuar.
-Tú puedes hacerlo – Soltó Ron endureciendo su expresión, el ojiverde se maldijo internamente por el comentario anterior. – Sólo escritorio – Volvió a hablar cambiando el tema e internamente Harry le agradeció
-Por el momento – Informó acomodándose sobre su escritorio – En el corto tiempo pienso regresar al campo.
-¿Qué misión? – Inquirió él caminando hacia su propio escritorio y dejar el pesado bolso sobre este; los rumores sobre el regreso de su amigo le sorprendiendo y quiso pensar que sólo se trataban de rumores, verle allí y aparentemente recuperado le producía contradictorios sentimientos
-Rastreo, Londres – Dijo hojeando al carpetas sobre el escritorio
-Sería de ayudar tener otra visión – Menciono Ronald dándole la espalda a su amigo y desempacar algunas cosas – Existe evidencia sobre actividad y es potencialmente un escondite, la ubicación geográfica es perfecta y la accesibilidad muggle imposible. Hemos revisado los túneles, sin embargo y siempre que hemos intentando insertarnos tropezamos con callejones sin salida.
-Modificaciones – Susurró ganándose un asentimiento de su amigo – Según entiendo los túneles poseen profundidad, por lo menos, dos o tres niveles conectados entre sí.
-El departamento desecho la idea – Negó él sentándose sobre la silla y lanzar un suspiro. El viaje y los días sin dormir le pasaban la cuenta – Sólo el nivel superior es seguro e insertarnos nos expondría a emboscadas o incluso un derrumbe. La otra opción a considerar sería la quebrada y llegar de lleno hacia el corazón de la cueva pero la lluvia y lodoso del lugar dificulta la llegada.
-¿Qué sugieres? – Preguntó
-Túneles – Susurró pensativo
-Espero lo aprueben – Murmuro Harry jugando nervioso con los papeles sobre el escritorio – Ron – Llamó sin mirarle – Quiero preguntarte algo.
-Ahora no – Murmuró el pelirrojo incorporándose de su lugar – Estoy cansado, tal vez, mañana.
-Se trata de Ginny – Acusó él imitando a su amigo y detener su marcha – Es importante.
-¿Qué quieres? – Preguntó bruscamente fijando la mirada sobre la puerta – Pensé dejarte claro todo lo que pensaba la última vez
-La última vez – Acotó Harry – No mencionaste a su amante.
-¡Estoy embarazada! – Escuchó el grito desesperado de su hermana resonar sus tímpanos y provocar que el forcejeo entre él y el rubio terminará. La mirada profunda de la pelirroja le traspaso y un sentimiento muy cercano a la emoción absoluta le inundo.
Cualquier apelativo hacia el rubio parecía carecer de sentido ante lo innegable: El rubio perdió a su mujer e hijo no nato. Apretó los puños y exhalo profundo antes de dirigirle la mirada a su amigo, jamás pensó estar del otro lado… defender a quien supuestamente era el enemigo, sin duda, el rubio había demostrado algo más de decencia y por sobre todo amor hacia su hermana.
Algo ocurrió y cambio drásticamente sobre él, no podía opacar aquel sentimiento por su mejor amigo y desear golpearle hasta el cansancio. Si, podría decir que el sentimiento se asemejaba al rencor y por más que intentaba alejar aquel sentimiento peor se sentía.
-No me digas que estás celoso – Respondió él con la mayor ironía que podía. Negó cruzándose de brazos – Es demasiado tarde para ello.
-Sólo quiero respuestas
-No te incumbe – Soltó él frunciendo el ceño - Quedaste fuera y no puedes repararlo. Viva o muerta, ya no te amaba.
-¿Cómo lo sabes? – Inquirió Harry sujetándose del escritorio
-Soy su hermano – Habló encogiéndose de hombros – Sé las difíciles decisiones que asumió y por desgracia las consecuencias de las elecciones que tomo. Sin embargo, sé lo feliz que fue.
-Hace cuanto…
-Algunos meses – Susurró Ronald cabizbajo – No estaba en los planes de nadie que lo supiese. Encontraste de las cartas – Afirmó recibiendo la confirmación del moreno – A mediados de marzo y cuando estuviste fuera de casa quise hacerle compañía a Ginny. Llevaba tres semanas sin verle y deseaba platicar un poco, llevábamos quince minutos charlando cuando él se apareció y sin más la beso en los labios, evidentemente, nunca reparo en mi presencia hasta que salte sobre él.
-¿Qué te detuvo?
-No lo comprenderías – Negó deseando salir de la oficina lo antes posible – Preferirías no saberlo.
-Necesito saberlo – Acusó él sin apartar su mirada del pelirrojo – Sé que amas y amabas a tu hermana y guardes especial discreción con respecto a su relación con Draco. Sin embargo, necesito comprender que sucedió.
-Lo único que puedo decirte es… - Dándole la espalda y sujetar el picaporte fuerte – Que jamás hubiese dejado a sus hijos, simplemente, el escenario cambio y dio giros inesperados.
-Se enamoró – Susurró Harry desviando la mirada
-Si sólo se hubiese enamorado – Meditó Ron observándole por sobre el hombro – Te hubiese enfrentado, créeme.
-No entiendo.
El pelirrojo movió la cabeza y alejándose de la puerta se acerco lentamente hacia el escritorio para luego sacar de la túnica un pequeño papel escrito y dejarlo frente al moreno. Le dedico una profunda mirada y asintió ligeramente antes de regresar hacia la puerta y salir raudo de la oficina. Algo pareció descomprimir los pulmones del hombre y lanzar un profundo suspiro mientras caminaba por el pasillo camino a su casa; la entrega de aquel papel se había postergado de demasiado tiempo y la espera por deshacerse de él le atormentaba día y noche, sintió que la misión encomendada por su hermana había terminado y por fin podía dejarla ir, en aquel punto, las respuestas y conclusiones sólo atañen a su mejor amigo, ahora él debía cargar aquel peso y de cierta manera, vivir la tercera parte del luto. Quizás la peor.
La dirección de Draco Malfoy sobre el escritorio le abrumaba y hasta cierto punto le hacía considerar la opción de lanzar el papel a la basura pero por otra parte, la necesidad de respuestas y encontrar un sentido a todo ese misterio se hacía urgente. Cogió el papel y lo guardo en la túnica mientras volvía a sentarse para comenzar a trabajar, ya tendría tiempo y mente para evaluar la posibilidad de viajar hasta Italia.
Amaba volar y sentir el aire sobre su rostro, sentir la libertad y alejarse del suelo por algunas horas le fascinaba y no estaba dispuesto a cambiarlo por nada. Nunca había caído de la escoba y dudaba que algún día algo o alguien le tiraran de la misma, sin embargo, jamás pensó que caería por las escaleras móviles y escapar por centímetros de hacerse trizas en el suelo.
Sólo un segundo de distracción por esquivar la bola de papel había ocasionado el accidente y si no fuese por la agilidad de la sobrina de su padrino, de seguro, estaría atravesando el túnel con la luz al final.
-Bienvenido – Habló la enfermera – Tuvo suerte señor Lupin, la señorita Weasley tiene excelentes reflejos.
-Así parece – Susurró él intentando incorporarse pero la cabeza pesaba – Me duele la cabeza
-Antes de caer se golpeo – Dijo ella sin mirarle – Le administre algunas pócimas, debe esperar.
-Gracias.
-Debes agradecerle a Rose – Hablaron desde la entrada. El muchacho observó a Natalie ingresar seguida de James y Rose – Por poco y terminas hecho trizas.
-Muchas gracias, Rose – Sonrió él apretando la mano de la chica
-De nada – Negó devolviéndole la sonrisa – Por lo menos, comprobamos que el puesto de guardián no deben cedértelo – Bromeó.
-Se lo dejo a tu primo – Confió dirigiéndole la mirada hacia James. El aludido apenas si hizo un gesto de afirmación – La próxima vez podrías avisar sobre el desnivel de las escaleras.
-No lo vi – Acusó este cruzándose de brazos.
-No lo creo – Bufó frunciendo el ceño.
-Vale, sólo ha sido un accidente – Intervino Natalie echando una mirada a su hermano – James – Llamó – Podrías darle una disculpa, se lo merece.
-Sólo ha sido un accidente – Repitió.
-James – Acusó Rose mirándole.
-Lo siento, Ted – Dijo él entre dientes – Será mejor irnos… termina la hora del almuerzo y tenemos clases, Rose.
-Claro – Susurró ella y depositando un beso sobre la frente del muchacho, se despidió – Vendré a verte después de clases.
-Estaré aquí – Sonrió él despidiéndose de las chicas
Por alguna razón, evitó la mirada del joven Potter… si bien técnicamente habían crecido juntos y desde niños se llevaron muy bien, la situación pareció cambiar desde que ingresaron a Hogwarts. Él cursaba un año mayor y casi no se veían, el equipo de Quidditch si bien pudo unirles de nuevo, sólo hizo todo lo contrario, sin duda, algo extraño ocurría y aparentemente estaba continuamente dando vuelta alrededor de ellos. La percepción de Teddy Lupin era aguda y sabía que algo extraño sucedía ¿Qué era? Estaba lejos de saberlo.
-¿Por qué te comportas así? – Preguntó Rose camino a clases de transformaciones – Las escaleras comenzaban a moverse y cambiar de posición en el momento que le llamaste y lanzaste la bola de papel. Pudo hacerse daño y lo sabes.
-Fue un accidente – Dijo él sin mirar a su prima – Además… estabas cerca y pudiste salvarle. Punto.
-Tienen problemas en el equipo – Indagó a lo que James negó – Entonces porque te comportas como un imbécil.
-No quiero ni pienso darte explicaciones – Contesto él – Simplemente le lance la bola de papel, no di cuenta de las escaleras, ya pedí disculpas ¿Estás feliz?
-Tranquila – Suspiró la chica ingresando al aula donde su madre comenzaría la clase – Prométeme que no harás algo así de nuevo, James.
-Rose
-Promételo
-De acuerdo – Suspiró él parándose frente a su prima – Lo prometo. Feliz.
-Muy feliz – Sonrió dándole un beso en la mejilla
El joven Potter sonrió y movió la cabeza para luego sentarse junto a su prima, la madre de la chica había llegado al aula y daba inicio a la clase. Se prometió preguntar por su padre terminado la clase, después de todo, hoy volvía a la vida normal e intentaba reintegrarse a la vida que había dejado botada por casi dos meses. La noche anterior apenas si había dormido pensado en eso, le preocupaba que las personas alrededor le hicieran recordar a su madre y él volviese a sumergirse en la soledad y tristeza.
La voz de Hermione explicando el encantamiento le hizo comprobar que aquella posibilidad estaba muy lejana. Su padre tenía a buenos amigos junto a él, cualquier situación anormal que sucediese, ellos estarían allí, tía Hermione estaría allí.
Pensó sobre lo ocurrido antes del almuerzo y la verdad no encontraba explicación para lo ocurrido; simplemente había arrogado el papel y llamado a Ted para luego escuchar el grito de Rose y el hechizo que evito que el muchacho se hiciera mil pedazos, todo ocurrió de manera espontanea y no podía explicar el motivo para realizar un acto tan peligroso y casi asesino de su parte. Porque aunque no quisiera admitirlo, si, si había percibido el movimiento de las escaleras y el lanzamiento de la bola había logrado desplazar a Teddy lo suficiente para que resbalara y cayera al vacío. Le asustaba la posibilidad de sus acciones, si bien, se llevaban borde y las diferencias habían causado problemas al interior del campo de Quidditch, jamás le haría daño. Ni siquiera tenía motivos para odiarlo ¿Cierto?
-James – Le llamaron y el aludido pestaño algunas veces antes de dirigir la mirada hacia Rose. La clase había terminado y apenas si había escuchado media explicación – Vas a hablar…
-Sí, claro – Movió la cabeza e incorporó de su sitio – Me esperas fuera o irás a ver a Ted.
-Te espero – Sonrió la chica – Apenas hemos comido y debemos pasar por la cocina.
-Que no te escuche tu madre – Rió él y recibiendo un golpe en el brazo, se despidió de Rose. Volvió a sonreír y cogiendo las cosas camino hacia el escritorio de la profesora - ¿Cómo ha estado?
-Más atenta a la clase que ti, claro – Sonrió la castaña causando un leve sonrojo del chico. Movió la cabeza y continuo - ¿Qué sucedió? Rose comentó un accidente.
-Algo así – Respondió él apenado – Fue culpa mía – Susurró cabizbajo –
-Haberlo admitido es importante – Acusó Hermione terminando de ordenar – Supongo que no te has quedado para decir esto, cierto. – Dijo causando un ligero asentimiento del chico – Tu padre.
-Sólo quiero saber cómo esta – Susurró él – Regresar al trabajo después de tanto tiempo…
-Está bien – Confió Hermione apoyándose sobre el escritorio – Caso contrario, no le hubiese permitido salir de la casa. Prometió realizar sólo trabajo de escritorio y confió en su palabra.
-Irás a verle – Inquirió James
-Quizás mañana – Dijo ella – Conozco a tu padre y si le presiono se molestará.
-Es probable – Rió él lanzando un suspiro de alivio – En fin, gracias por ayudarle y por ayudarnos.
-De nada – Sonrió y ladeando la cabeza, añadió - ¿Qué sucede? – Inquirió observándole, James frunció el ceño, intrigado – Te ves extraño.
-Estoy bien – Dijo él observándose algo nervioso. La mirada de su tía parecía atravesarle – Algo cansado pero bien ¿Por qué lo preguntas?
-Por nada – Negó Hermione – En fin, cualquier cosa que suceda te avisaré.
-Gracias – Asintió recogiendo la mochila – Me tengo que ir… Rose me espera fuera.
-Claro – Sonrió Hermione observando a su sobrino salir del aula y luego de quedar parada, se encogió de hombros, suspiró – Chicos.
No pudo ni quiso pensarlo dos veces y mucho menos encerrado en aquella oficina, aprovechando la hora de almuerzo y seguro que nadie le buscaría por el departamento, cogió la túnica y salió raudo del lugar para tomar la primera chimenea desocupada y aparecerse en la oficina de su mejor amiga.
-Hermione – Habló él encontrándose la oficina desocupada. Observó la hora suponiendo que se encontraba en clases – Tendré que esperar – Se dijo sentándose sobre una silla.
Apenas si alcanzó a recoger los primeros pergaminos cuando un fuerte estallido se dejo escuchar por el pasillo continuo. Rauda y dejando de lado cualquier obligación salió de la sala de transformaciones para visualizar la capa de humo y polvo que había cubierto el lugar, por instinto, llamó a su sobrino escuchándole toser junto a la pared y visiblemente herido en la cabeza por donde un hilo de sangre bajaba por su rostro. Un segundo estruendo llegó hasta sus oídos y el sonido de un peso caer cerca la alerto e hizo apuntar hacia el oponente en pie.
-¿Qué crees que haces? – Preguntó sorprendida al visualizar a su hija sostener fieramente la varita
-Atacó a James – Expuso la chica acercándose hacia el moreno y golpearle ligeramente el rostro - ¿Qué crees que iba a hacer?
-¿Quién le golpeó?
-Joel – Tosió James procurando moverse lo menos posible. La ojimiel desvió la mirada hacia un joven y rubio inconsciente en el suelo – Molestaba a Rose y cuando quise acercarme… atacó.
-Entiendo – Murmuró Hermione – Te curaré la herida…
-¿Y Malfoy? – Preguntó Rose intrigada
-Lo llevaré hasta la enfermería y le enviaré una nota a la directora – Comentó. De un rápido movimiento el rubio había desaparecido del lugar y sólo restaba sanar las heridas del joven Potter – Vamos.
-Comienzo a creer lo hábil que eres – Mencionó James haciendo una mueca de dolor
-Caso contrario – Comentó Rose sujetando a su primo – Hubieses terminado peor
-Comienzo a creerlo – Musitó la castaña esbozando una sonrisa sacando las llaves de la oficina. Ambos jóvenes le observaron curiosos – Un Potter siempre se mete en líos y lo que es peor, sin siquiera saber que existen.
-Te escuche Herms – Hablaron desde la oficina – Debes admitir que la totalidad de líos estaban secundados por ti.
-¿En serio? – Preguntaron los jóvenes detrás de la castaña. Le sorprendía la presencia del ojiverde pero todavía más lo dicho por él, no siempre habían escuchado ese tipo de cosas, no frecuentemente
-Olvídenlo – Movió Hermione la cabeza ligeramente sonrojada y dándole espacio a James para sentarse. De pronto, la sonrisa de satisfacción del moreno desapareció al observar la herida de su hijo – Procura recostarlo, Rose.
-Bien – Susurró sentando al moreno y recostarlo sobre el sofá – Faltan almohadas – Murmuró sujetando la cabeza de su primo, sin soltar la cabeza del chico, se sentó sobre el sofá acomodando la cabeza de James sobre sus muslos
-¿Qué ocurrió? – Preguntó Harry arrodillándose junto a su hijo
-Un hechizo…
-Le dio su merecido a Malfoy – Interrumpió James sonriendo elevando la mirada y encontrar la mirada de su prima – En serio, dejo inconsciente a Malfoy.
-Fueron reflejos…
-Bueno… - Comenzó Harry riendo – No eres la primera y de seguro… no serás la última mujer Granger que hechice el trasero de un Malfoy.
-Quieres dejarlo Harry – Interrumpió Hermione pidiendo un espacio para curar a su sobrino
-¿Qué hiciste tú? – Preguntó James curioso por las últimas palabras de su padre
-Que…
-Silencio – Acusó la castaña echándole una mirada asesina a su amigo. El aludido se encogió de hombros - ¿Cómo te sientes James?
-Mejor – Susurró él y reparando sobre su padre, inquirió - ¿Qué haces aquí?
-Buena pregunta – Murmuró la castaña girándose hacia su amigo
-Necesitaba hablar contigo – Menciono él cambiando su buen humor – Supongo que durante la tarde no tendrás clases…
-Acompáñame – Susurró la castaña dejándole el paño con ungüento a su hija – Mantenlo sobre la cabeza algunos minutos
-Bien
La castaña cerró la puerta tras de sí sin despegar la mirada del moreno, le inquietaba que estuviese allí y más cuando se suponía que debía estar trabajando ¿Por qué habría de venir? La respuesta apuntaba hacia su esposo pero el semblante de su amigo le decía todo lo contrario, pidiéndole en silencio respuesta a una muda pregunta. Observó al ojiverde sacar del bolsillo de la túnica un pergamino y extendérselo para leerlo, acto que realizo enseguida y por lo menos tres veces antes de encontrarse con la mirada decidida y determinada de él.
-Italia – Susurró ella entendiendo el significado completo del pergamino; la dirección – ¿Quién?
-Ronald – Susurró él suspirando – Regreso de la misión por la mañana y luego de una breve conversación me dio ésta dirección. Siempre supo de la relación entre ellos y guardo silencio todo este tiempo... al parecer todavía guarda lealtad porque no quiso contarme mucho.
-¿Qué piensas hacer? – Preguntó Hermione devolviéndole el pergamino –
-Quiero encontrarle – Vocifero él decidido – Si quiero continuar debo saber toda la verdad, duela lo que duela.
-Entonces – Susurró la profesora – Tendrás que esperar...
-Todavía quieres acompañarme – Musito él apenado
-Claro que sí – Sonrió ella – Siempre secundo los líos que lideras y hace bastante que no hechizo el trasero de un Malfoy.
-Las mujeres Granger no pierden el toque – Bromeó él recibiendo un cariñoso golpe de la castaña – Que puedo decirte somos inseparables.
-Engreído – Rió la castaña ingresando a la oficina.
Cerró los ojos aliviados porque el ungüento hiciera efecto y disminuyera el dolor de cabeza que poseía, lanzo un suspiro y se acomodo mejor sobre los muslos de su prima y disfrutar de la agradable sensación de sus dedos haciendo contacto sobre su cabeza; La verdad el incidente del pasillo había comenzado por el forcejeo entre Rose y Joel, por supuesto, él se interpuso propinándole un puñetazo y en respuesta había recibido un hechizo que le hizo volar y golpearse la cabeza, después de eso, humo, hechizos y el cuerpo de Malfoy inconsciente.
De manera inconsciente puso la palma de su mano sobre la muñeca de su prima, acariciándola lentamente donde el imbécil de Joel había dañado. Abrió los ojos y usando el ungüento masajeo ambas muñecas delicadamente; escucho un "no es necesario" pero negó y siguió en lo suyo sin prestar demasiada atención en la conversación de su padre y tía al otro de la puerta, sin moverse, y dejando el ungüento de lado beso las manos de la ojiazul brindándole una sincera sonrisa de agradecimiento.
-"Engreído" – Escuchó las risas de su tía y padre - ¿Cómo te sientes?
-Mucho mejor – Sonrió él – Gracias.
-De nada – Dijo ésta – Tengo algunas cosas que hacer y regresare por la noche. Puedes quedarte mientras el dolor y el mareo desaparecen y luego dejar cerrado. Te parece.
-Claro, gracias – Dijo él emitiendo una sonrisa
-Bien – Suspiró y recogiendo su bolso se despidió de ambos jóvenes – Cuídense y procuren no meterse en problemas ¿Sí?
-¿Por qué pides imposibles? – Bromeó Harry bajo el umbral de la puerta. Lo último que escucharon del moreno fue un quejido y risas provenientes del pasillo; un empujón y posiblemente un golpe había sido la respuesta de la castaña – Que violencia…
"Camina Potter" Había escuchado Rose mientras reía ligeramente y a tientas buscaba el ungüento; el suave masaje sobre las muñecas le tranquilizo y removió algo colocándole nerviosa, la extraña sensación de hormigueo sobre el estomago y el cosquilleo continuo sobre los muslos se intensifico, no sabía ni deseaba saber por qué sin embargo odiaba admitir que la sensación le agradaba y mucho. Volvió a escuchar a su primo suspirar y quedarse quieto hasta el punto de llegar a pensar que se había quedado dormido.
-James – Susurró dejando el pañuelo a un lado - ¿Estás dormido?
Acarició el rostro del chico al tiempo que lentamente acercaba su propio rostro hacia él; el corazón latía desaforado y la razón la detuvo al mismo tiempo que tocaban la puerta. Se alejó del rostro de su primo justo al tiempo que James abría los ojos y observaba la puerta, de seguro, preguntándose quién podría ser.
-¿Quién es? – Preguntó Rose
-Soy Natalie – Hablaron y girando el picaporte ingreso a la oficina – Me encontré a papá y dijo que estaban aquí ¿Qué te paso James?
-Un accidente – Sonrió él tranquilo – Algunos minutos de reposo y podré irme a la sala común.
-¿Quieren algo de comer? – Inquirió la niña – Tía Hermione dijo que podrían tener hambre y podíamos ir a la cocina.
-Vaya con eso – Murmuró Rose echándole una significativa mirada a James – Iré a buscar algo. Quédate aquí y no permitas que tu hermano se mueva ¿De acuerdo?
-Bien – Aceptó Natalie sentándose en el lugar de la castaña
El chico observó a la castaña salir de la oficina y dejarlo solo junto a su hermana; por alguna razón, la comodidad había acabado y no sentía la necesidad de cerrar los ojos.
-Si no estuviese noqueado verificaríamos la información – Menciono Harry subiendo las escaleras de caracol y usar la red flú
-Según James se lo merecía – Argumentó la castaña – Supongo que algo más que discutir provoco la pelea a varitas.
-Tenlo por seguro - Susurró él observando la puerta entre abierta – Debes estar en la enfermería
-Entonces luego le daremos explicaciones – Dijo ella acercándose hacia la chimenea
-Otra vez rompiendo las reglas
-Me vas a recordar mi infancia Harry Potter – Habló ella desafiante y el aludido hizo un gesto de paz – La casa debe estar protegida, por tanto, debemos aparecernos lo más cerca posible.
-Pues – Meditó él – Lo único cercano es el callejón 12
-Iremos allí
-Espera – Sujetándole por lo hombros – El callejón 12 es cuna de criminales y saqueadores…
-Y la casa de Malfoy se encuentra a treinta minutos de camino – Refutó
-Entonces debemos mezclarnos – Dijo él colocándole la capucha sobre la cabeza y hacer lo mismo con la suya – Sígueme la corriente.
-Harry…
-Sígueme
-De acuerdo – Suspiró.
El húmedo olor de la estancia, el humo y las risotadas hicieron colocar los pelos de punta al par de amigos; si bien Harry podía ser un auror respetado y experimentado no significaba que ese tipo de lugares fuera catalogado como "De cuidado". Instintivamente cogió a la castaña por la muñeca y comenzó a caminar por el lugar buscando la sala de ese lugar lleno de magos y brujas que bebían y reían a destajó.
-Ahora entiendo la capucha…
-En ciertos lugares – Susurró él cerca del oído – Nuestra cabeza posee precio, vamos – Continuando el camino hacia la salida
-¡Oye! – Exclamaron y ambos adultos se paralizaron a metros de la puerta - ¿Por qué tan rápido? – Preguntó burlesco – No piensas compartir a la chica – Acercándose hacia Hermione, sin embargo, el ojiverde desenfundo rápido la varita para apuntarle en el corazón – Si deseas tu corazón intacto – Comenzó usando un tono frío – Te recomiendo que te alejes y saques tu mirada de ella.
-Claro, claro – Sonrió este alzando las manos – Comprendido… es suya
-Lo has captado – Susurró él ocultando a su amiga con su cuerpo y retroceder hacia la salida – Susurró él ocultando a su amiga con su cuerpo y retroceder hacia la salida.
-Pensé que le hechizarías – Murmuró Hermione saliendo el lugar y caminar por un angosto pasillo
-Hubiese significado un duelo con veinte magos enloquecidos – Respondió volteándose de vez en cuando – Por lo demás, ni siquiera sé si pueda mantener un duelo decente.
-Es cierto – Dijo pensativa saliendo hacia el exterior – Sigamos…
-Debemos caminar – Acusó el ojiverde – Sólo espero encontrarle.
-Lo haremos – Menciono la castaña siguiéndole el paso a su amigo.
Treinta minutos de caminata hacia la casa de Draco Malfoy, sí, el niño rubio y rico que conocieron en el colegio, el hombre con quien Ginny Potter había mantenido una relación a espalda de su esposo e hijos y quien supuestamente tenía las respuestas que desesperadamente deseaba conocer Harry Potter. No importaban los secretos y lo cruel de los mismos… sólo importaba la verdad.
Continuará…
