TODOS LOS PERSONAJES PERTENECEN A JK ROWLING
¡Hola a todos! Agradecimientos a todas las personas que han dejado sus comentarios y mensajes. Muchas gracias.
Nueva semana, nuevo capítulo y nuevo problema.
El vertiginoso ciclo "Draco" puede considerarse superado salvo porque los amigos todavía siguen peleados. La decisión de Harry por asumir el liderazgo durante una misión le hará estar al límite de sus fuerzas y al límite de la vida y la muerte.
Abajo pequeño adelanto de los próximos capítulos.
BUENA LECTURA
"Frente a ti"
PRIMERA TEMPORADA
Capitulo Ocho
"Mentiras"
El árido escenario le hizo replantearse las horas invertidas en la táctica a usar y las posibles consecuencias de un mal movimiento, restregó el zapato sobre la tierra y pudo comprobar cuán movediza e inestable se hallaba, sin duda, peor a cómo se lo imaginó y por cómo trazo el plan de acción. Movió la cabeza espantando cualquier duda y decidió seguir la misión, paciente espero al resto de sus compañeros; la misión a ejecutar se remitía a caminar por los túneles subterráneos hasta llegar al centro de la cueva y lograr captura de una buena vez el sequito de mortifagos que día a día parecía coger más poder. Simple, según Harry.
Observó la nubes cubrir el cielo obviando el pensamiento sobre el inmenso regaño que recibiría de su mejor amiga. Sí, él había desobedecido e incumplido la promesa realizada "solo trabajo de escritorio", el estado físico iba mejorando pero no estaba en condiciones de asumir un duelo y menos tal misión, sin embargo, la situación ameritaba la presencia del jefe de aurores y quién había trazado el plan de acción. No podía permitir que el escenario se volviese adverso, lo había meditado demasiado y no podía fallar.
-Harry – Habló Ron. A pesar de las semanas y el tiempo trabajando juntos, la situación entre ellos poco había mejorado, casi nada – Ya llegaron todos
-Gracias – Sonrió él caminando el grupo junto a su amigo – Comencemos – Habló observando al grupo de aurores – Nos queda algunas horas de luz, debemos actuar rápido sin descuidar ningún detalle, de acuerdo – Varios aurores asintieron – Estén atentos a cualquier movimiento tanto humano como natural, las condiciones de la cueva y los túneles son desfavorables, en cualquier momento y producto de algún descuido podremos sufrir un derrumbe. Caminen despacio hasta llegar a la zona segura.
-Si señor
Le devolvió la mirada a su mejor amigo y siguió al escuadrón sin decir palabra alguna, la relación estaba quebrada en vías del resentimiento e indiferencia absoluta por parte de ambos, la última conversación entre ellos había sido demasiada sincera y Harry bailaba sobre el limbo de la hermandad y confusión.
-¿Qué querías? – Preguntó Ronald bruscamente horas antes de trasladarse hacia la misión
-Espero que los problemas personales – Comenzó él sentado detrás del escritorio – No sean un problema durante la misión, el riesgo de fracasar es alto y las consecuencias…
-Lo sé – Susurró el aludido – Escucha – Suspiró descruzando los brazos – Sé las consecuencias de un mal movimiento al interior de esa cueva y es probable morir sepultados pero pondré todo mi esfuerzo para salir airosos de esa situación.
-Me parece bien – Suspiró Harry – Sólo espero que las probabilidades sean erradas.
-Me pregunto – Menciono observándole – A quién lloraría Hermione si algo saliera mal.
-Estúpido – Masculló él incorporándose del escritorio y comenzar a ordenar – Tus insinuaciones comienzan a molestarme seriamente
-Creo que lloraría por ti
-Sabes qué – Le miró apoyándose sobre el escritorio y mirarle fijamente – Creo lo mismo, sin duda, Hermione sentiría mi muerte y posiblemente se arrepentiría de haberse casado contigo. Posiblemente usaría un gira tiempo y evitaría mi muerte.
-Ya no lo niegas – Sonrió Ron y el aludido frunció el ceño, confundido – Si percibieras lo mismo…
-¿Qué cosa?
-No lo entenderías – Negó y dándose media vuelta salió de la oficina.
¿Qué diablos tenía que entender? Sencillamente las conjeturas del pelirrojo le abrumaban y sacaban de quicio, observó la entrada de la cueva y un escalofrío recorrió la columna vertebral. La sola idea de terminar bajo rocas le preocupaba, pensó en sus hijos, su sobrina y Hermione, sin duda, prefería volver recibiendo el regaño y maldiciones de su mejor amiga a terminar bajo una tonelada de rocas.
-Volveré – Se dijo caminando hacia la cueva – Tengo que volver.
El camino hacia el punto central de los mortifagos se extendía por cinco kilómetros, la poca visibilidad y lo húmedo del lugar dificultaba el plan de acción de los aurores e incrementaba las posibilidades de derrumbe a medida que avanzaban. Cualquier mal movimiento o deslizamiento de tierra, por pequeño que sea, significaría un pasaje directo a permanecer sepultado bajo sedimentos y un ataque inminente del enemigo.
Los zapatos habían sido hechizados para evitar cualquier deslizamiento y proliferación de cualquier ruido contra las rocas, la concentración del grupo estaba en el punto máximo y todo movimiento parecía estar calculado para evitar cualquier accidente. El ojiverde giro hacia la izquierda y continuo el camino el punto central de la cueva, escucho los ligeros pasos del escuadrón seguirle y asegurarle que estaban junto a él.
-¿Estás bien? – Le preguntaron cuando detuvo el camino y cogió una bocanada de aire. Asintió desabrochándose los primeros botones de la camisa, el calor y agitación le hacían respirar más rápido –
-Estoy bien – Aseguró evitando emitir cualquier otro malestar. Las piernas le pesaban y aprovechando que el terreno caminaba, busco apoyo en las paredes, continuando – Cuidado, no sabemos cuán profundo es el terreno.
Frunció el ceño mientras se apoyaba en la pared, el terreno empeoraba y sentía la necesidad de salir lo antes posible de aquel lugar. El pelirrojo cambio la varita de mano y continuo el trayecto siendo el último hombre del grupo y por ende quien debe cuidar las espaldas de todos, en especial, de Harry Potter, apretó la mandíbula evitando recordar la última conversación entre ellos donde evidentemente algo había cambiado.
"… Posiblemente se arrepentiría de casarse contigo… "
Su matrimonio estaba al borde de un precipicio donde la mínima brisa podría precipitar el inevitable divorcio, la intuición de estar al límite de romper la relación le abrumaba sintiéndose acorralado, por supuesto, él más que nadie deseaba recuperar a su esposa e hija pero temía que cualquier mal movimiento desencadene lo peor. Trastabillo ligeramente esperando a que el grupo continuará por la cueva, lanzó un suspiro y agradeció la ligera brisa.
Ante este último pensamiento apenas si alcanzó a reaccionar frente a un hechizo lanzado a sus espaldas, torpe y cayéndose al suelo logro desviarlo provocando un estallido en el techo. Arrastrado por un compañero corrió rápido hacia adelante, sintiendo las rocas y el resto de la cueva derrumbarse tras suyo, apretó la varita y lanzo un hechizo hacia atrás sin lograr efecto alguno.
-¡Cuidado! – Exclamaron y de inmediato el grupo cayó al suelo mientras una luz verde pasaba arriba de sus cabezas - ¡Vamos! ¡Se derrumba, dense prisa! – Se escuchó la voz de Harry
-BOMBARDA – Se escuchó por la cueva y de pronto el firme suelo se derrumbo bajo sus pies.
El frío riachuelo sorprendió al ojiverde que apenas si pudo esquivar una gruesa roca, perdió el equilibrio y cayó al agua al igual que el escuadrón. Apenas si recupero la fuerza salió a flote y tuvo que volver a sumergirse producto de los hechizos que volaban arriba suyo, se maldijo por caer en aquella trampa, y lanzando algunos hechizos logro salir fuera del agua.
Aturdido comprobó el inmenso agujero por el cual cayeron y el amplio terreno donde el agua circulaba, al otro lado, la veintena de mortifagos reía y celebraban felices por el logro. Observó a su equipo y un ligero escalofrío recorrió su cuerpo, sólo diez de veinte habían sobrevivido durante la caída y el posterior ataque recibido en el agua.
-John – Susurró él – Pide refuerzos… rápido – Acusó tosiendo
-Sí
-Nos superan en número – Masculló alguien y el ojiverde el dio la razón
-Debemos resistir – Dijo él apretando la varita. Sintió algo escurrir por la frente y llegar a sus labios, sangre
-¿Estás bien? – La voz de Ron le sorprendió. Se limpió la herida y asintió
-Estoy bien – Habló intentando respirar de manera moderada
Sólo un grito de batalla retumbo las paredes de la cueva y la veintena de mortifagos correr desesperadamente hacia el escuadrón dispuestos a darle muerte. Estos últimos esperando estratégicamente el enfrentamiento, la desventaja numérica ameritaba prudencia y sigilo frente al enemigo… lo siguiente que se escucho fueron los hechizos y maldiciones vociferar de ambos bandos.
¿Cómo pude mentirle? Los pasos de la castaña resonaban por los pasillos del departamento de aurores y sólo con el objetivo de encontrar la oficina del licantropodo; apretó la carta entre sus manos y negó ante la posibilidad que algo hubiese salido mal, lo último que deseaba sería presenciar un segundo funeral y mucho menos de su mejor amigo. Recorrió el último pasillo y toco la penúltima puerta antes de terminar con el pasillo, la voz del hombre lobo le indico que podía pasar y ésta así lo hizo.
Por un instante tuvo la tentación de reír ante la sorpresa y temor que expresó Remus Lupin ante su presencia, sin duda, anticipando que él sería el objeto de reprimenda ante tal tamaña estupidez. Tiro sobre el escritorio la carta antes enviada por Harry hacia sus hijos, la cual, cogió y leyó rápidamente escuchándole maldecir y murmurar algunas palabras, sin duda, la idea que el ojiverde dejará por escrito la excursión a una misión suicida le agradaba poco.
-¿Dónde está? – Preguntó sin esperar excusas u otro tipo de explicación. El aludido suspiro y acomodo sobre el asiento – No tengo todo el día, Remus.
-Se fueron hace una hora – Acusó él observándole fijamente – Si todo sale bien llegarán antes de las ocho
-Si todo sale bien – Repitió la castaña elevando las cejas y el hombre quiso esconderse debajo del escritorio – Conozco el riesgo real y lo que puede suceder si un pequeño detalle sale mal – Cogió el pergamino y lo agito sobre su hombro – Complementa la maldita carta que parece de… despedida.
-Hermione…
-¿Por qué quiso ir? – Preguntó interrumpiéndole – Quedan tres semanas para la recuperación total y apenas si está a medio camino, no puede soportar un duelo y mucho menos bajo las condiciones de la misión. Maldición.
-Las condiciones empeoraron – Habló él intentando serenar a la castaña – Todos los datos de Harry fueron significativos, sin embargo, debíamos apurar la intervención de lo contrario podría tener graves consecuencias. Lo pensó durante días y conociendo las deficiencias físicas y mágicas decidió acompañar al grupo.
-Más razones por las cuales no debió ir – Apuntó paseándose por el lugar – James y Natalie están preocupados por la situación.
-Lo entiendo – Susurró Remus pensativo – Todo saldrá bien.
-Remus…
-Permiso – Hablaron al tiempo que alguien ingresaba a la oficina – Remus, te necesitamos – Pidieron y el aludido se incorporo del escritorio preocupado – Hicieron un llamado desde la zona sur.
-¿Qué ocurrió? – Preguntó alzando la voz y llamando la atención de la castaña –
-Hicieron un llamado de emergencia – Acusó el chico – Refuerzos.
-Maldición – Masculló cogiendo la varita y echándole una mirada a Hermione, añadió – Es Harry
-¿De qué hablas? – Preguntó siguiendo al licantropodo por el pasillo - ¿Qué ocurrió? – Volvió a preguntar
-Todavía no lo sé – Negó doblando una esquina y antes de ingresar al sector de aurores, se detuvo – Quédate aquí – Sugirió y ante la negativa de la castaña añadió – No lo hagas más difícil, debo guiarlos y buscar al escuadrón de Harry. No – Continuo al observar las intenciones de la mujer – No puedes ir.
La castaña lanzo un suspiro y observó al licantropodo desaparecer por el pasillo dejándole sumida en la preocupación, sabía de los protocolos de seguridad y la alerta de refuerzos significaba que el escenario se encontraba adverso donde la integridad física de los aurores en el campo estaba en peligro. Negó fieramente e intento tranquilizar los nervios que sentía, deseando que sólo fuese un mal presentimiento.
-¿En qué trabajas? – Le había preguntado un fin de semana. Preparaba algo de comer mientras él escribía sobre un pergamino – No pensarás regresar…
-Claro que no – Sonrió él sin mirarle terminando de escribir – La situación está delicada y necesitan apoyo táctico. No existen muchas alternativas para abordar esa cueva… los túneles es lo viable pero implicaba demasiados riesgos.
-Una alternativa suicida – Menciono frunciendo el ceño – Harry – Llamó apoyándose sobre el lavabo – Prométeme no implicarte en la misión…
-Estoy implicado – Señalo los pergaminos y ella alzó las cejas
-Sabes a qué me refiero – Acusó mirándole fijo – No estás preparado.
-Lo…
-Promételo
-Hermione – Suspiró él incorporándose de la silla y caminar hacia ella. Se cruzó de brazos y sonrió – Te lo prometo
Se lo había prometido y ahora faltaba a su palabra; lo único que deseaba era maldecir a su mejor amigo por el haberle mentido y exponer su vida de manera innecesaria, la sola idea que la misión resultase un verdadero desastre le abrumaba. Ofuscada decidió regresar a la oficina del licantropodo para escribir un mensaje hacia su hija y sobrinos, después de todo, debían estar preocupados por todo el alboroto.
Percibió al chico sentarse a su lado y apoyar la espalda contra el respaldo del sofá lanzando un profundo suspiro; cualquier tipo de molestia o maldición dirigida hacia el muchacho pareció desaparecer al comprobar la angustia que sentía, la misma que se apoderó de los tres durante el receso en la biblioteca.
Intentaba leer el libro de transformaciones desde hace quince minutos y apenas si había avanzando media página, las risas y cuchicheos del joven Potter y la chica rubia algunas mesas más allá le ponían los pelos de punta. Antes y después de Halloween el chico parecía tener popularidad frente al sector femenino y el aludido parecía disfrutar la atención prestada.
Estaba a punto de maldecir a su primo cuando el ingreso de la menor de los Potters a la biblioteca llamo su atención, llevando consigo un pergamino que agitaba y mostraba hacia ella. Simplemente cerró el libro incorporándose de su asiento al tiempo que James le imitaba dejando la conquista para otro momento.
-No puedo soportarlo más – Acusó James revolviéndose el cabello e intentar levantarse del sofá, sin embargo, Rose se impidió jalando la túnica – Rose.
-Perdiendo el control no lograrás nada – Musito echando una mirada hacia la pequeña Natalie – Contrólate.
-Quisiera verte perder el control – Dijo él observándole fijamente
-¿Quién dice que estoy tranquila? – Refutó ella esquivándole la mirada – Estoy preocupada… recuerda que mi padre se encuentra en esa misión.
-Lo siento – Susurró cogiendo un cojín y abrazarse a éste mientras se recostaba en el sofá – Espero que todo esté bien.
-También lo espero – Musito Rose cruzándose de brazos y fijar la mirada sobre el techo
-Rose…
-Teddy – Vocifero llamando la atención de todos. La aludida se incorporó del sofá para encontrarse al muchacho y recibirle con un abrazo – Sabes…
-Me acabo de enterar – Habló él besando la frente de la chica y saludar amistosamente a los hijos de su padrino – Tu madre escribió – Informó provocando que James saltará del sillón y Natalie se acercará rápido hacia la pareja – Mi padres y otros aurores respondieron al llamado de auxilio del escuadrón, acaban de irse donde posiblemente la misión se complico.
-Dice algo más – Interrogó James inquieto
-No mucho – Negó – Apenas había llegado al ministerio cuando el llamado ocurrió, agrega que permanecerá en el ministerio hasta saber algo más, posiblemente se aparecerá por el hospital de ser necesario.
-Debemos esperar – Dijo Natalie cabizbaja apoyándose en su hermano
-Escribirá cuando tenga noticias, Nat – Acusó James acariciándole el cabello y dirigiéndose hacia Teddy añadió – Gracias.
-De nada – Sonrió ligeramente – Mi padre y padrino están en ese lugar.
Mojado, sucio y visiblemente al borde del colapso la figura de Ronald Weasley se materializó bajo el umbral de la oficina del hombre lobo, el repentino golpe de calor que sintió cuando la frase "Hermione está muy preocupada por ti" salió de los labios del hombre fue volado de un plumazo ante la continuación "Y muy enfadada con Harry", mandando cualquier buen sentimiento al mismo carajo. Pudo observar la preocupación reflejada sobre los ojos de su esposa y la inevitable mirada ansiosa por conocer más.
-Ron – Susurró la castaña incorporándose detrás del escritorio y acercarse cautelosamente hacia el pelirrojo - ¿Estás bien? ¿Qué sucedió allá?
-Estoy bien – Masculló él – El plan resultó mal… el túnel previsto pasaba por arriba de donde se encontraba el grupo mortifago, derribaron el túnel y caímos hacia un pequeño lago donde comenzaron a atacar e impedir que saliésemos de allí. Harry lanzó algunos hechizos para distraerlos y logramos salir a duras penas – Continuo observando el ceño fruncido ante la mención del ojiverde, suspiro – Pedimos ayuda antes de comenzar el enfrentamiento.
-Lograron salir todos…
-Hubo algunos aurores muertos – Musitó cabizbajo y dirigiendo la mirada hacia su esposa, añadió - ¿Por qué no preguntas por él? – Interrogo sorprendiendo a la castaña
-Se supone que nunca debió embarcarse en la misión – Acusó apretando los puños – No está en condiciones de asumir un compromiso así.
-No puedo responder a ello – Negó Ron cruzándose de brazos – El asumió el compromiso de participar en la captura de aurores y frente a ello poco podemos hacer. No soy su niñera.
-Eres su mejor amigo
-El contexto es distinto – Vocifero dando un paso hacia atrás – Se encuentra en el hospital junto a Remus y los demás heridos.
-¿Y tú? – Inquirió
-Te importa – Preguntó de regreso y esbozando una amarga sonrisa, continuo – Te veré después.
No pudo ni quiso iniciar algún tipo de discusión con su esposo, los ánimos y las circunstancias ameritaban algún tipo de conversación mucho más profunda. Abandono la oficina del licantropodo para dirigirse hacia el hospital donde esperaba encontrar a su mejor amigo, esperaba, sólo con algunos rasguños y esbozando alguna sonrisa… esperaba no equivocarse.
Se traslado hacia el hospital resultó lento a pesar de usar la red flu y pasar los controles de seguridad rutinarios de los aurores. Sólo a la distancia pudo visualizar al hombre lobo platicando junto a un médico y la enfermera, apresuró el paso hasta queda a pocos metros de la conversación.
-Esperar será lo mejor – Escuchó la voz del medimago girándose y dejándoles solos
-Hermione – Suspiró Remus – Pensé…
-Ron habló conmigo – Acusó observando nerviosamente el lugar - ¿Cómo está?
-Perdió el conocimiento – Comentó – Y el estado físico y mágico es de cuidado, además, tiene un golpe en la cabeza y varios hechizos impactaron en su cuerpo.
-Maldición – Soltó Hermione cruzándose de brazos – Se lo advertí muchas veces… por qué permitieron que participará en misiones de campo.
-Planificaba el plan de acción – Argumentó él – Llevaba algunas semanas realizando esa labor y pidió la suspensión del permiso, habilitándole para misiones de campo. Intente hablar con él para que cambiará su decisión pero no funciono, tenía la decisión tomada.
-No puedo creerlo – Negó paseándose insistentemente por el lugar – La poca recuperación la echo por tierra por ésta estupidez y expuso su vida de manera innecesaria.
-Lo sé – Susurró Remus apenado – La decisión de Harry fue un rotundo error, sin embargo, regañarle ahora, no vale la pena.
-No estoy de acuerdo – Suspiro ella sentándose. Se quedaron por algunos minutos en silencio, observando algunas personas ir y venir con medicamentos, camillas y enfermos – Le envié una carta a Teddy – Habló llamando la atención de su amigo – No quería alarmar a los chicos y preferí avisarles donde me encontraba.
-Entiendo – Asintió el aludido - ¿Quieres que vaya a Hogwarts? – Inquirió midiendo su respuesta
-Gracias – Susurró sonriéndole ligeramente
El hombre lobo le devolvió la sonrisa y haciéndole un gesto de despedida emprendió rumbo hacia el colegio donde estaba encontrarse a los chicos, la preocupación e incertidumbre por el estado de salud de Harry debía estarles consumiéndoles, los últimos acontecimientos les habían golpeado demasiado fuerte para ahora soportar la espera de noticias del ojiverde. Internamente, él se sentía responsables por lo sucedido… debió oponerse desde un principio a la loca idea del moreno por participar en la misión de campo y arriesgar su salud de aquel modo, después de todo, le había visto en duelos de recuperación y sabía que faltaban semanas para la recuperación total tanto física como mágicamente. Suspiró e ingreso a la primera chimenea que encontró; cualquier mea culpa de poco servía.
Simplemente el cuerpo apenas respondía ante cualquier intento por moverlo y forzarlo le provocaba un dolor insoportable, abrió los ojos donde el techo blanco le dio la bienvenida, el olor a pociones y jabones le hicieron arrugar la nariz, escuchó algunos pasos y agradeció tener los lentes puestos para observar quien caminaba por el lugar: Una enfermera. Lanzó un suspiro de alivio al saberse en el hospital, agradecido por estar a salvo y no inmerso en la lluvia de luces, hechizos y maldiciones de la cual apenas salió vivo.
La situación se descontrolo por completo y aunque mantuvieron la formación firme; los hechizos y violencia de los mortifagos amenazaba con agotarles rápidamente, de pronto, el aire y la energía comenzaron a mermar bruscamente en su cuerpo. Recordó recibir un impacto sobre el pecho y caer de espaldas, sintiendo algo cálido salir de éste mientras el oxigeno se hacía escaso, intento incorporarse pero las piernas pesaban plomo. Lentamente comenzó a desvanecerse y finalmente perder el conocimiento.
-Bienvenido – Susurraron y el aludido asintió ligeramente - ¿Cómo se siente señor Potter?
-No puedo moverme – Dijo él
-Excedió sus propias fuerzas – Informó – Administramos un relajante para permitir mejor recuperación y beberá algunas pociones durante el día para evitar molestias.
-Comprendo – Masculló - ¿Cuándo podré salir de aquí?
-En algunos días – Respondió alejándose de la cama y coger una libreta de la mesilla – Después deberá hacer reposo por algunas semanas, tiene niveles físicos y mágicos muy bajos.
-Había mejorado.
-Entiendo – Susurró anotando algunos dados y dar vuelta la página – Sea lo que sea, deberá comenzar de nuevo y ésta vez cuidarse, estuvo bastante cerca – Recomendó caminando hacia la puerta – Volveré dentro de una hora. Tiene visita ¿Quiere verle o prefiere dormir?
-Sí – Balbuceo este presintiendo quién podría ser. Carraspeo para luego continuar – Que pase.
-De acuerdo
Por alguna razón tuvo la imperiosa necesidad de poseer la varita cerca o bien desaparecer tras la capa de invisibilidad, la presencia de su mejor amiga sólo le hizo erizar la piel y hacer que el ritmo cardiaco aumentará. No podía quitar de su mente la innegable verdad; le había mentido a Hermione Granger y sabía que merecía las penas del infierno.
Prácticamente había hecho añicos la promesa de algunas semanas sobre mantenerse alejado de las misiones de campo y sólo remitir el trabajo tras un escritorio, la culpa escrita sobre su rostro el día que renunció al permiso extendido y firmar plena disposición a los ejercicios de campo hecho por tierra cualquier compromiso realizado. Avergonzado, le observó caminar hacia él sin emitir sonido alguno… por primera vez en años no podía descifrar ¿Qué diablos estaba pensado Hermione? Un ligero atisbo de decepción le hizo sentir la persona más miserable del mundo. Y vaya que lo era.
-¿Quieres maldecirme, cierto? - Preguntó evitando dirigirle la mirada. Escuchó un suspiro molesto y sintió su cuerpo temblar – Lo…
-No lo digas – Interrumpió cruzándose de brazos y frunciendo el ceño, añadió – Mírame Harry Potter – Ordeno y el aludido obedeció sin chistar – Rompiste tu compromiso y me has mentido.
-La situación…
-No me importa la situación – Declaró – No estás en condiciones de soportar enfrentamientos mágicos, la recuperación es lenta y podrías haber salido gravemente herido… - Se aclaró la garganta y continuo – Incluso haber muerto ¿Lo entiendes? Prácticamente eres un muggle defendiéndose con un trozo de madera.
-Hermione
-No piensas en tus hijos – Reclamo acercándose peligrosamente – No entiendes lo importante que eres para ellos y la preocupación que sentí pensando que podía perderte. Demonios, sabes cuán importante eres para mí.
El moreno pudo encontrar la esquiva la mirada de la ojimiel y lanzar un profundo suspiro al comprobar, en efecto, cuán importante era. Se incorporó ligeramente de la cama, omitiendo cualquier dolor mientras le pedía en silencio a su amiga que se acercará hasta él, extendiendo los brazos y emitiendo una ligera sonrisa.
-Última vez – Susurró rodeando a la castaña con sus brazos – No volveré a romper una promesa o mentirte. Confía en mí.
-Confió – Murmuró devolviéndole el abrazo – Tus decisiones agotan la poca paciencia que tengo – Soltó sintiendo el pecho del ojiverde subir y bajar producto de la risa
-Entonces, deberé consultar mis decisiones contigo – Resolvió deshaciendo el abrazo y mirar el rostro de la castaña – Gracias por estar aquí.
-Sólo deseaba maldecirte, qué querías – Sonrió ella observando el vendaje de la cabeza y el pecho – Te lo dije.
-Lo sé – Suspiró sintiendo la movilidad volver lentamente a su cuerpo – Dicen que podré salir en algunos días.
-Te mantendrán en observación – Meditó – Podrán proporcionarse pociones para acelerar la recuperación luego podrás regresar a casa y hacer reposo.
-Eso espero – Habló - ¿Cómo están?
-Preocupados – Respondió sentándose mejor sobre la cama – Tu carta sólo ocasiono preocupación.
-No podía partir sin decirles la verdad – Comentó cabizbajo – Me sentía culpable por salir al campo y apenas si comentarles algo. Aunque no tenía el valor suficiente para decirles eso en persona.
-Bueno… Remus viajo al colegio y de seguro deben estar hablando – Le ánimo – No niego que posiblemente estén molestos pero lo entenderán.
-Gracias.
Movió la cabeza desviando la mirada de la castaña y el pelinegro mientras cerraba la puerta tras de sí, no podía contemplar las muestras de cariños entre ambos amigos, si todavía podía considerarles "amigos", los abrazos, gestos y miradas superan el umbral lo aceptable, por alguna razón, se sentía un verdadero intruso en aquella relación siendo que él mismo sostenía un matrimonio junto a la castaña.
¿Cuánto tiempo podría soportarlo? Un par de veces se cuestiono el hecho de sencillamente optar por lo fácil: Pedir el divorcio y dejar de martirizarse por un matrimonio muerto, sin embargo, se resistía ante la posibilidad que su esposa saliera corriendo a los brazos de su mejor amigo, no tenía pruebas y sólo la intuición podía dar cuenta de los insipientes sentimientos que sentían. Algo que iba mucho más allá que la amistad y la hermandad forjada a través de los años.
Se cuestionaba el viaje realizado durante el séptimo año y las repercusiones reales que sufrieron. ¿Qué hubiese pasado si él nunca hubiera marchado? Si hubiera sido él y no su mejor amigo quien fuese el soporte y aliento que necesitaba cuando sus vidas corrían peligro… si, debió dejar de lado los celos pero la respuesta de la castaña le basto y se mantenía hasta ahora… se quedaría a su lado pase lo pase y pese a quién le pese, simplemente, debía aceptarlo. Más siempre se resistió.
-¡¿Papá?! – Le llamaron desde el sentido contrario y la voz de su hija le sobresalto. Aturdido se giro para encontrarse a sus sobrinos, Remus y Teddy caminar hacia él - ¿Estás bien? – Preguntó para luego abrazarle fuertemente, esbozo una sonrisa correspondiendo el abrazo y acariciarle suavemente el cabello – Pensé que estabas herido.
-Algo magullado – Respondió recibiendo un abrazo de James, Natalie y Teddy – Me dirigía hacia el ministerio para recibir ayuda.
-Será mejor que atiendas aquí – Acusó Rose observándole de pies a cabeza - ¿Dónde está mamá?
-Adentro – Señaló la habitación – Estoy bien, no te preocupes.
-Quiero acompañarte – Volvió a decir
-De acuerdo – Aceptó él y dirigiéndose hacia Remus, añadió – Regresaremos.
-Bien – Asintió el aludido – Vamos
-Les veré luego – Anunció la chica despidiéndose
-¿Crees que podremos entrar? – Pregunto James a su padrino – Después de todo, está la tía.
-Creo que si – Meditó él eludiendo la posibilidad de encontrarse un escándalo de ambos amigos
La expresión de sus hijos ingresando a la habitación le hizo comprender la imprudencia cometida y las consecuencias nefastas si la misión hubiese resultado un completo desastre. Apretó la mano de su amiga apenas escucho las voces de Natalie y James dirigiéndose hacia él, internamente prometió no cometer aquel error por segunda vez.
Abrazo a sus hijos mientras dirigía la mirada hacia Hermione, Teddy y Remus, este último, visiblemente molesto por lo ocurrido, después de todo, él había insistido varias veces sobre la estupidez que cometía.
-¿Cómo estás? – Preguntó Teddy saludándole afectuosamente
-Agotado – Confesó él – Tendré que hacer reposo por varios días.
-Nos preocupaste – Dijo James – La carta…
-Lo sé – Asintió apenado – Fue un error. No pensé en las consecuencias, debí hablar con ustedes.
-¿Cuándo saldrás? – Preguntó Natalie ahora
-Algunos días – Contó lanzando un suspiro - Sólo deseo estar en casa
-Nosotros también – Dijo James sonriendo
-¿Dónde está Rose? – Preguntó Hermione de pronto – Pensé que estaba con ustedes.
-Nos encontramos a Ron – Soltó Teddy – Al parecer esperaba ser atendido y Rose decidió quedarse junto a él. Volverán pronto.
-Comprendo – Musitó pensativa llamando la atención del moreno
-El resto de aurores… - Susurró Harry
-Están bien – Contesto el hombre lobo – Están siendo atendidos… otros esperaran por familiares – agregó enviándole una significativa mirada. Habían muerto algunos compañeros.
Cada misión ejecutada tenía ciertos riesgos y consecuencias asociadas, la muerte de magos o personas inocentes, sin duda, correspondía a consecuencias que todos los aurores debían asumir. Arriesgar la vida y cumplir el deber pasaban a convertirse en reglas generales, Harry lo entendía y admitía que las reglas básicas del oficio de auror se resumía a estar dispuesto a morir durante cada salida.
-Ojala dejarás de correr estos riesgos – Comentó Rose saliendo de la pequeña enfermería – Un mal movimiento puede costarte la vida.
-En otro tiempo – Suspiró el pelirrojo abrazando a su hija – Estos rasguños eran menores comparado a la situación que vivíamos. Estos riesgos no significan nada.
-Lo entiendo – Asintió mirando el suelo – En aquel entonces intentaban sobrevivir pero ahora es distinto. Tienen familias.
-Pronto la misticidad de los aurores terminará – Sonrió él – De héroes invencibles pasaremos a burócratas detrás de un asiento. Los focos de mortifagos cada día es menor, peligrosos, pero insignificantes.
-De ser así – Musitó la chica doblando en la esquina – La última misión no hubiese implicado problemas.
-No podemos controlar todo, Rose – Sonrió él débilmente – A veces la misión más sencilla puede convertirse en un infierno… debemos tomar riesgos y asumirlos responsablemente.
-Papá…
-Sé que es difícil comprender mi trabajo – Suspiró a pocos metros de ingresar en la habitación del moreno – Las presiones nos llevan a perder el control y molestarnos con las personas que amamos – Detuvo el paso y sujeto a su hija por los hombros – Siento mucho el comportamiento que tuve y la manera poca delicada que te trate. No tienes porque asumir discusiones que no te corresponden.
-Afecta a mi madre – Argumentó – Tampoco tiene la culpa de las discusiones entre Harry y tú.
-Ese asunto – Masculló él soltando a su hija – No tiene importancia… no lo entenderías.
-¿Por qué?
-Olvídalo Rose – Negó sonriéndole ligeramente – Te pido le des saludos a tu madre.
-No entrarás
-Ya lo hice – Habló para luego acercarse a su hija y besarle la frente – Nos vemos.
No importaba cuánto quisiera, no podía comprender el comportamiento de su padre ni mucho darle sentido a la conversación que sostuvieron. Parecía disculparse pero se resistía a ser completamente sincero; lo amaba y sentía un enorme cariño por él, sin embargo, no podía justificar los arranques e impulsividades de su padre, no cuando aquello afectaba directamente a su madre.
Le observó desaparecer por un pasillo para luego dirigirse hacia la habitación donde estaría su tío, la carta dirigida hacia sus primos le había preocupado y lo último que necesitaban era otra temporada como la de inicio de año escolar. Lanzó un profundo suspiro e ingreso a la habitación donde todos estaba reunidos junto al moreno; despierto, alegre, cansado y por sobre todo. Vivo.
-Comenzábamos a preocuparnos – Habló Harry de buen humor – Pensamos que un medimago pudo secuestrarte.
-Harry – Regaño Hermione mientras las risas se escuchaban
-Estaba acompañando a mi padre – Contó ligeramente sonrojada mientras saludaba a Harry - ¿Cómo te sientes?
-Mejor – Asintió él observando a todos – Debo suponer que vienes por la última ronda de regaños ¿Cierto?
-No tío – Negó sonriendo ligeramente – Supongo que recibiste suficiente
-Supones bien – Dijo él en apenas un susurro
-Mamá…
-No tienes idea…
-¿Por qué cuchichean? - Inquirió la castaña escuchando risillas – Harry
-Sí – Levantó la cabeza ocultando desastrosamente su sonrisa – Sólo intercambiamos puntos de vista.
-Seguro – Mascullo cruzándose de brazos
-Disculpen – Hablaron llamando la atención de todos, la enfermera se asomaba por la puerta – Debo administrar las pociones al paciente.
-Debemos retirarnos – Anunció Remus
Todos en la habitación asintieron y procedieron a despedirse del moreno, pronto volverían a verle y poder conversar tranquilamente, después de todo, la recuperación de éste sería larga y lenta después de la recaída de la misión. La tranquilidad sobre aquel hecho y la fortuna que el ojiverde estuviese bien, les dejaba calmos sobre su salud.
Por otra parte, Harry se prometió no volver a cometer los errores y pensar dos veces antes de actuar. No sólo contemplo la preocupación y tristeza de Hermione sobre su estado, sino también, el profundo miedo que llegó a sentir al imaginarse lo peor. Por ningún motivo deseaba provocar aquel sentimiento sobre su mejor amiga, no podía soportar verle a los ojos y observar el miedo de la pérdida absoluta.
Definitivamente, sería la última vez que le mentiría a su mejor amiga.
Continuará…
-Tienes un problema – Atacó Natalie frunciendo el ceño – Supongo que no habrás quedado para mañana, cierto.
-Aunque debemos admitirlo – Meditó el chico dejando la copa de lado – El crédito lo merece tía Hermione.
-Mañana será un buen para agradecerle – Menciono el chico
-¿Por qué? – Inquirió el aludido confundido por las palabras de la castaña. El pequeño ramillete entre las manos del ojiverde y las mejillas sonrosadas de la chica, le hicieron lanzar una carcajada – De verdad, lo siento – Susurró apoyándose en el pasamanos – Dámelo Harry – Pidió
-¡Muérdago! – Exclamó él saltando de la cama hasta quedar sentado
Próximos capítulo: Navidad (parte I – II )
