TODOS LOS PERSONAJES PERTENECEN A JK ROWLING
Muchos saludos a todos!
Aquí me encuentro publicando la segunda parte de "Navidad" donde derechamente quedarán líneas generales para el último capítulo de la temporada y posterior continuación.
Realmente quisiera adelantar algo pero sería matar la sorpresa. Sólo queda decirles que disfruten la lectura – pequeña – pero espero no defraudarles.
Saludos y hasta la próxima semana.
BUENA LECTURA
"Frente a ti"
PRIMERA TEMPORADA
Capitulo Diez
"Navidad: Segunda Parte"
"Despierta a tu hermano" Recordó Natalie subiendo las escaleras hasta el segundo piso y cumplir la petición del dormilón de su hermano, llegaban tarde y él apenas parecía inmutado por aquel hecho. Anoche había decidido dormir temprano para precisamente no llegar atrasados a la casa de Teddy y poder abrir los regalos de navidad, decidieron que lo mejor sería abrirlos juntos y por lo mismo todos los regalos aparecieron en el árbol de los Lupins.
Llegó hasta la habitación del chico y después de tocar dos veces la puerta, decidió ingresar, las cortinas permanecían cerradas y el perezoso de su hermano cubierto por las sábanas hasta la cabeza mientras se removía inquieto. Camino hasta él percatándose que el reloj estaba paralizado, sin duda, llegarían tarde a casa de Teddy
-James – Susurró moviéndole ligeramente – Se nos hace tarde. Vamos, despiértate.
-Muérdago…
-¿Qué? – Inquirió la chica frunciendo el ceño y aplicar un poco más de fuerza – Tía Hermione se molestará, vamos.
-No… muérdago
-Deja de decir tonterías – Habló y cruzándose de brazos, añadió - ¡James Potter!
-¡Muérdago! – Exclamó él saltando de la cama hasta quedar sentado – Nat ¿Qué quieres?
-¿Qué quiero? – Preguntó irónica – El despertador está paralizado, te quedas dormido, dices tonterías y llegamos tarde a la casa de Teddy. ¡Vamos! – Aplaudió
-Maldición – Masculló cogiendo el reloj – Se descompuso… Dame quince minutos.
-Te esperamos abajo – Dijo Nat caminando hacia la puerta y sólo cuando estuvo a punto de cruzar el umbral de la misma, añadió - ¿Por qué decías muérdago? – Preguntó elevando las cejas
-No lo sé – Negó confundido a pesar que ciertas imágenes seguían girando en su cabeza – No recuerdo.
-Quizás quieras algún muérdago especial – Se escuchó la voz de Harry desde el pasillo y posteriormente la cabeza de este asomarse, sonriendo – No quiero arruinar nada, sin embargo, deberías bajar – Le sugirió a su hijo mayor.
-¿Qué ocurre? – Inquirió Natalie
-Vamos – Señalo el ojiverde
En cuanto la puerta se cerró cogió algo de ropa para luego darse una ducha rápida, preparándose mentalmente para el regaño de su prima por llegar tarde y retrasar el primer evento: Abrir los regalos de navidad. Cerró el grifo saliendo de la ducha para cambiarse de ropa, simplemente se seco el cabello con la toalla, peinarse resultaba tarea imposible puesto que lo había heredado de su padre y hasta el momento había sobrevivido a ello sin ningún tipo de problemas.
Se coloco una chaqueta castaña para luego salir de la habitación y bajar las escaleras hasta el primer piso para encontrarse a su padre y hermana, de seguro algo fastidiados por esperarle. En efecto, estaban fastidiados por esperar y en especial su pequeña hermana estaba molesta por algo extra… muy extra.
-No pensé que saldrías tan temprano – La voz de Samantha retumbo sobre sus oídos y un bufido molesto pero discreto se escucho desde su hermana
-De hecho llegamos tarde – Menciono Natalie cruzándose de brazos
-Lo siento Sam – Sonrió él visiblemente incómodo con la situación – Vienes sola
-Sí, había pensado que podíamos salir a dar una vuelta – Confesó
-Pues
-Anda – Habló Harry calmado – Ve a casa de Teddy en una hora. No llegues tarde.
-Te lo prometo – Asintió él esbozando una ligera sonrisa – Nat…
-Ven – Señalo la cocina y el aludió asintió en silencio siguiéndole
El chico cerró la puerta tras de sí observando el semblante enojado y ofuscado de su hermana menor, sin duda, la intromisión de Samantha le hacía perder la paciencia y de cierta manera empujarle a él a romper la promesa de ir hasta la casa de Teddy y compartir un buen momento junto a sus tíos y prima. Desde ese punto de vista podía considerarse absolutamente culpable de todo delito, sin embargo, no podía dejar sola a la rubia y menos teniéndole fuera de la cocina esperando.
-Escúchame – Inicio la chica cruzándose de brazos – No pienso cubrirte frente a Teddy y Rose. Simplemente diré la verdad porque no llegarás…
-Llegaré – Corrigió
-Samantha no te soltará tan pronto – Dijo – Estás advertido y ni creas que seré tu abogada cuando nuestra prima se enteré de porque no estarás presente.
-No pienso fallarles…
-Ya lo hiciste, James - Soltó caminando hacia su hermano y pasar de él para abandonar la cocina – Que pases un buen día.
-Natalie – Se giró pero la aludida ya había desaparecido de la cocina – Maldición.
Salió de la cocina para encontrar a su padre y hermana coger la chimenea y desaparecer entre las llamas verdes, lanzo un profundo suspiro para luego dirigir la mirada hacia la chica de sexto año y sonreírle escuetamente. Debía admitir que aceptar salir con la chica podía considerarse un profundo error y que desde luego lo lamentaría más adelante, por ahora, sólo podía resignarse y prepararse mentalmente para recibir las penas del infierno por Teddy, Natalie y Rose.
-No debiste venir – Soltó él ocultando las manos en los bolsillos de la chaqueta – Te dije que estaría fuera por motivos importantes, Sam.
-Lo sé – Sonrió la chica rubia – Necesitaba verte James…
-Bien – Suspiró él desviando la mirada hacia el reloj de pared – Sólo tengo una hora, vamos.
-Vamos – Dijo alegre prendándose al brazo del guardián del equipo de Quidditch – No perdamos tiempo.
-Claro
¿Por qué había invitado a la rubia al baile de Halloween? Sencillamente no podía recordarlo y por ahora prefería dejar los motivos de lado, sólo esperaba que la hora avanzará rápido y sabe quién le diera una mano para cuando debiese partir a casa de Teddy. Un ligero escalofrío recorrió su espina dorsal esperando soportar los regaños y reclamo de su prima, últimamente las discusiones iba y venían, por lo general, él solía pedirle disculpas o explicar la situación esperando su perdón.
Bajo éstas circunstancias… él tenía la culpa absoluta.
"Maldición" La expresión ofuscada y malhumorada de su padre recorrió el segundo piso hasta llegar a la cocina donde se encontraba junto a su madre. Ambas se miraron extrañadas por las palabras del pelirrojo, la castaña iba a salir hacia el pasillo para averiguar lo sucedido pero la presencia de su padre se materializo bajo el umbral de la puerta, sostenía un pergamino y el semblante podía explicar su molestia por recibir aquella nota.
-¿Qué ocurrió? – Preguntó Hermione intrigada por el estado de su esposo – Del ministerio.
-Algo así – Masculló él doblando el pergamino – Necesitan apoyo en la zona sur… el equipo a cargo sufrió algunas durante un reconocimiento de rutina y debemos ayudar.
-Ahora – Habló Rose preocupada
-Ahora – Afirmó él resignado acercándose hacia su hija y abrazarla por los hombros – Deberán partir sin mí, no puedo desobedecer órdenes. Lo siento – Susurró besándole la frente
-¿Cuánto tiempo estarás fuera? – Inquirió la castaña preocupada por la repentina emergencia
-No dice – Suspiró pensativo – Podrías decirle a Harry que recibirá por la noche informes de la zona.
-Claro, pierde cuidado – Asintió
-Gracias – Sonrió abrochándose la túnica – Intentaré no prolongar demasiado la estancia.
-Intenta escribir – Acusó Rose abrazando a su padre
-Lo haré – Asintió recibiendo el abrazo de su hija
Volvió a besar cariñosamente la frente de su hija para luego acercarse hacia su esposa y besarle sutilmente los labios, le acarició la mejilla y salió de la cocina, lo siguiente que escucharon fue el sonido de la aparición. La adolescente lanzó un suspiro y volvió a sentarse ingiriendo el último sorbo de café, sin duda, la noticia le apenaba porque realmente deseaba pasar tiempo de calidad junto a su padre y seres queridos, por desgracia, el trabajo había dicho otra cosa y lamentablemente debía acatarlo.
-Debemos irnos – Acusó Hermione – Ya verás que todo saldrá bien – Ánimo a su hija
-Lo sé – Sonrió ligeramente incorporándose de su sitio
La chica lanzó un suspiro mientras seguía a su madre hasta la chimenea, el trabajo de sus padres podía significar un factor a considerar si hablaban de motivos de separación, técnicamente se veían parte del verano debido a las responsabilidades de su padre. Se metió al interior de la chimenea dándole un último vistazo al salón de la casa esperando que todo resultase bien en las próximas horas.
Movió la cabeza por tercera vez mientras escuchaba la tenue maldición vociferada por su padre, la idea de colocar un muérdago bajo el umbral de la puerta de la cocina le parecía absurda, principalmente, porque él prefería dejarlo suelto por la casa. Sus padres prefirieron obviar su comentario y hacerlo a su modo, por supuesto, él seguía insistiendo que sería más divertido dejar el pequeño ramillete viajar por la casa, libre.
-El año pasado lo dejaron libre – Decía él cruzándose de brazos apoyado en la mesa - Será divertido.
-No tentemos a la suerte, hijo – Dijo Tonks tomando un sorbo de su café
-Es mejor así – Acusó Remus guardando la varita
-Vamos – Suspiró elevando las cejas – El año pasado soltaron ese muérdago por la casa que casualmente se posaba arriba de ustedes cada vez que estaban juntos.
-Buen punto – Sonrió su madre
-Entonces quieres que se pose en cualquier par de cabezas – Comentó el hombre lobo cruzándose de brazos – Queremos pasar un buen momento, no ocasionar discusiones.
-Está bien – Suspiró él resignado – Ustedes ganan – Admitió observando el pequeño ramillete removerse incómodo en el hechizo de su padre – Habrá que advertirles cruzar la puerta de a uno.
-Y reforzar el hechizo cada cierto tiempo – Añadió Remus
Un estruendo les hizo recordar la hora y avisarles la llegada de un invitado, por la hora, podía adivinar sin problemas de quienes se trataban. Salieron de la cocina encontrándose a Hermione y Rose paradas en medio del salón sacudiéndose los restos de polvo de chimenea.
-Puntual como siempre Hermione – Habló Remus siendo el primero en saludar a ambas mujeres
-¿Dónde está el tío? – Preguntó Teddy intrigado y frustrado porque su amiga le esquivará la mirada – Pensé que vendría.
-Hasta último minuto así sería – Explicaba la castaña sacándose la túnica dejándole ver jeans ajustados y blusa blanca – Le llegó una carta del ministerio, la zona sur.
-Entiendo – Susurró el hombre lobo pensativo – Estaba trabajando en el equipo de apoyo.
-Y Harry – Habló Hermione
-No – Negó él calmando cualquier especulación – Hace algunos días pidió elaborar planes estratégicos de baja complejidad… reconocimientos menores.
-No lo sabía – Susurró ella sorprendida pensando que su mejor amigo seguiría trabajando junto a su esposo
-Lo aprobaron hace poco – Confesó Remus encogiéndose de hombros – También nos sorprendió y hasta que su recuperación sea total, es lo mejor.
-Sin duda – Suspiró Teddy cruzándose de brazos
-Todavía no llegan – Inquirió la castaña
-Supongo que llegaran tarde – Vocifero Tonks sonriendo
Todos los presentes asintieron al tiempo que la chimenea volvía a emitir un estruendo y el polvo dejaba entrever las figuras de Harry y Natalie, sin duda, algo que llamo poderosamente la atención de todos y produjo cierto malestar en Rose mientras observaba el semblante serio de su prima.
-Sentimos la demora – Acusó Harry revolviéndose el cabello, por alguna razón, todos sabían las siguientes palabras del moreno – Alguien se quedo dormido
-Tuve que despertar a James – Complemento Natalie sacándose la túnica
-¿Dónde está James? – Preguntó Tonks finalmente – No habrá ocurrido algo malo ¿Cierto?
-Para nada – Negó el moreno restándole importancia – Digamos que recibimos una visita inesperada en cuanto nos marchábamos.
-Se recuerdan la chica de la estación – Habló Nat recibiendo la afirmación de todos – Pues llegó de pronto a la casa y a pesar de todo James debió quedarse para hacerle "compañía" – Haciendo comillas con los dedos ante la última palabra
-Vendrá lo antes posible – Aclaró el ojiverde – Le di una hora.
-No creo que venga – Meditó Teddy cruzándose de brazos
-Mientras esperamos vayamos a la cocina – Ofreció Tonks – Como consejo… ingresen de a uno.
-¿Qué hicieron? – Preguntó Hermione frunciendo el ceño
-Papá dejó inmóvil el pobre muérdago – Contó el muchacho – No quiso dejarlo libre.
-Natalie – Susurró Rose cogiendo la muñeca de su prima
-Lo sé Suspiró la chica molesta por la situación – Por lo único que puedo abogar por él es dejarle en claro a Samantha que volvería en una hora. Sin embargo, sabes la fama que tiene y lo insistente que puede ser con los chicos.
-¿Por qué simplemente lo arrástrate a la chimenea? – Inquirió manteniendo su expresión molesta – Esto parecía ser importante para todos.
-Tampoco vino tu padre – Acotó Natalie dedicándole una sonrisa amistosa – No te preocupes, el cabezota de mi hermano cumplirá.
-Lo crees…
-Sí – Asintió – De ausentarse deberá rendirle cuentas a todos.
-Espero tengas razón
-Tranquila, todo saldrá bien – Le ánimo
Y dándose un ligero abrazo ambas chicas ingresaron a la cocina donde el ambiente, a pesar de las malas noticias, parecía distendido y alegre, ingredientes que les servían para pasar un grato día junto a su familia.
"Zona sur" Zona peligrosa donde se centraban los máximos esfuerzos del ministerio y los aurores por desmantelarla e intentar predominar por sobre los mortifagos, el ojiverde la conocía y había trabajado por algún tiempo en aquel lugar tan peligroso, sabía que cualquier emergencia significaba un riesgo para cualquier mago o bruja. Fijo la mirada sobre la castaña captando cierta preocupación reflejada cuando observaba a su hija, la cual parecía molesta mientras intentaba entablar algún tipo de conversación junto a Teddy y Natalie.
Lanzó un suspiro observando como el pequeño ramillete se removía en el umbral de la puerta y amenazaba con posarse sobre alguno de ellos, movió la cabeza para luego coger la varita y volver a aplicar el hechizo. La tradición había cambiado un poco admitiendo besos en la mejilla pero todavía se especulaba sobre las consecuencias de no cumplir con el mandato del caprichoso muérdago.
-Pegaré ese ramillete en el umbral de tu habitación, Remus – Bromeó él recibiendo un encogimiento de hombros del licantropodo - O en la oficina… de seguro hacen fila.
-Podría ser – Musito el aludido recibiendo un codazo de su esposa y la risa de los chicos
-Papá…
-Sólo lo dije a modo de broma – Habló Harry riendo
-Tendré que pasar la oficina más seguido – Vocifero Tonks aumentando las risas – O bien pegar mi propio ramillete.
-Buen golpe – Habló la castaña
-Hermione – Habló Remus observándole. Intentando contra restar los ataques, sin embargo, nada bueno se le pasaba por la cabeza – Olvídalo.
-Que poca imaginación, tío – Rió Nat
-Queda día por recorrer – Dijo encogiéndose de hombros – Ya buscaré algo.
-Suena una amenaza – Se burló el ojiverde riendo
La castaña movió la cabeza observando el reloj de pared faltando treinta minutos para cumplirse la hora prometida por su sobrino de llegar a casa, a pesar de la alegría, sabía que superficialmente estaba condicionada por la llegada o no de James. Conocía a sus sobrinos e hija y sabía que aquel día había sido planeado por ellos para pasar el día pos cena de navidad juntos, los cambios de planes del hijo mayor de Harry podía ser objeto de tensionar el ambiente, todo lo contrario a lo planeado desde un principio.
Observó de reojo al moreno sonriendo por la pequeña pelea de Remus y Tonks, le sorprendía gratamente el cambio de obligaciones de su amigo después del incidente en la última misión. No podría aguantar otra carta sobre alguna misión suicidad en algún lugar del mundo. Al menos, le tranquilizaba su decisión y confiaba que pronto lograría recuperarse por completo.
Prácticamente tuvo que sostenerse a la rejilla que daba paso a la casa de Samantha y adquirir un semblante serio mientras le explicaba por décima vez porqué debía irse lo antes posible. Habían dando un paseo por el callejón diagon y luego aparecido cerca de la casa de la muchacha con intención de despedirse pero ésta parecía insistir con que debería quedarse a almorzar.
Se quedó parado cruzado de brazos explicándole lo importante y urgente que significaba ese día para él, sin embargo, la chica parecía no entrar en razón. El muchacho tuvo que prometer acompañarle durante la próxima salida a Hogsmeade, cualquier cosa, con tal de salir de aquel lugar y aparecer en casa de Teddy.
-Lo prometes – Repitió Sam rodeando el cuello del chico
-Te lo prometo – Suspiró él volviéndose a zafar del abrazo de la chica – Ahora tengo que irme.
-De acuerdo – Sonrió volviendo a acortar distancia y darle un beso en la comisura de los labios – Saludos a tu padre y hermana.
-Claro
Se despidió por última vez de la chica para luego girar sobre sus talones y caminar rápidamente hacia la primera chimenea disponible. Todavía estaba a tiempo de llegar a la hora establecida. Cogió la chimenea desapareciendo entre las llamas verdes rogando internamente porque el regaño fuese sutil.
La nuble de polvo le impedía ver y escuchó las conversaciones alrededor suyo detenerse súbitamente, desorientado logro salir de la chimenea y divisar la figura de su padre parada sobre el umbral de la puerta, sonriendo y asintiendo. Satisfecho.
-Hola – Saludo él quitándose la túnica y sacudir su cabello del polvo
-Llegas a tiempo – Respondió él haciéndole una señal – Ven, tienes trabajo.
-Lo imagine – Dijo caminando hacia la cocina
Al interior de ésta saludo alegremente a todos repitiendo lo arrepentido que estaba por llegar tarde y hacerles esperar. Por supuesto, saludo a todos menos a su prima. La aludida estaba en el lavabo limpiando los cubiertos usados para cocinar, tarea la cual él tuvo que sumarse y ayudar.
-Cuando terminen – Habló Remus – Vengan al salón
-Claro – Respondió James subiéndose la camisa hasta el codo
En silencio pudo observar los intentos de la chica por esquivarle y mostrarle su total indiferencia a su presencia, después de todo, él había fallado a ese día. Con calma se apoyo sobre el lavabo y le miro fijamente intentando buscar cualquier tipo de cambio de humor.
-Lo siento – Susurró sin apartar la mirada – Se apareció por la casa y no tuve opción.
-No quiero hablar…
-Sólo quiero explicarte…
-No quiero tus explicaciones Potter – Bufó imitando la posición de su primo al apoyarse sobre el lavabo – Puedo comprender que te quedarás dormido y llegarás tarde, sin embargo, no puedes incumplir una promesa – Se seco las manos para luego posarlo sobre los labios del chicos – Y mucho menos por esto – Señalando los restos de un lápiz labial.
-Rosie
-Ya casi termino aquí – Acusó girándose – Ve al salón.
-Bien – Suspiró sacándose el delantal y tirarlo sobre la mesa – De verdad, lo siento.
No espero respuestas y salió de la cocina dejando a la chica terminar de limpiar, de cierta manera, se merecía aquel trato de todos por la inoportuna salida. Se sentó junto a Natalie lanzando un suspiro donde sólo la aludida pudo percatarse del brusco primer encuentro entre primos, movió la cabeza, a pesar de también estar molesta por lo ocurrido tomo la mano de su hermano y la apretó cariñosamente. Gesto que James agradeció.
-Dale tiempo – Susurró Nat
-¿Qué puedo hacer? – Inquirió él
-No la presiones – Aconsejó – Si lo haces terminará peor.
El aludido asintió mientras al poco tiempo la chica salía de la cocina sentándose junto a su madre y continuar la plática junto a los demás. Pudo observarle charlar ligeramente junto a su padre e internamente el chico rogaba porque estuviesen hablando de él, gesto egocéntrico pero necesario a esas alturas.
-Sólo quiero golpearle – Finalizó la chica empuñando sus manos. El moreno rió ligeramente – Tío
-Lo siento – Negó él colocándose serio – Nadie niega que se equivoco e incumplió su palabra. Ante puso compromisos y les falló, sin embargo, dale el punto que desde siempre le dijo a esa tal Samantha el compromiso que tenía – Hizo una pausa y luego continuo – Nos sorprendimos cuando apareció por la casa preguntando por James.
-No lo sé – Suspiró frustrada observando a Teddy y James incorporándose llevando consigo escobas
-Lo conoces bien – Dijo él sonriendo – Sabes que nunca faltaría a su palabra de ser estrictamente necesario.
-Sí
-Entonces…
-Lo pensaré – Sonrió observando a James y Teddy estrechar la mano. Si, siempre cumplía sus promesas.
Si la discusión con la chica le puso incómodo la petición de Ted por jugar Quidditch le puso los pelos de punta, la pelea del último juego todavía estaba fresca y las últimas horas había prometido colocar la situación en contexto. Cogió la escoba que le ofrecían y camino junto al chico hasta la puerta trasera, sintió la necesidad de hablar antes de montarse en cualquier escoba.
-Teddy – Habló él – Antes de salir, necesito hablar contigo.
-¿Sobre?
-La pelea que tuvimos – Balbuceo él – No fue correcto golpearte y faltarte el respeto como capitán. Discúlpame.
-También tengo la culpa James – Sonrió el aludido - Quise culpar a alguien por perder el partido e iniciar la pelea no fue acertado. También lo siento.
-Podemos dejarlo en tregua – Continuo extendiéndole la mano
-Por supuesto – Sonrió estrechándole la mano a James – Vamos.
-Vamos
El día transcurría de manera tranquila; los chicos volaban mientras las chicas les observaban y los adultos preparaban el almuerzo mientras seguían platicando. A pesar de la situación y las intensas ganas de golpear al hijo mayor de los Potter la breve conversación con el ojiverde logro tranquilizarle, por supuesto, se sentía furiosa por lo ocurrido e intentaba ocultarlo. No deseaba preocupar a más personas.
-No te preocupes – Decía Natalie sentada a su lado – Sabe que cometió un error y aunque lo mandaste al cuerno, volverá a pedirte perdón.
-Apenas si lo escuche – Suspiro Rose elevando la mirada hacia Teddy y James
-No te mortifiques – Sonrió la chica tranquilamente
-¡Remus Lupin! – Escucharon desde el interior de la casa – Tú eras el responsable del muérdago y ahora anda suelto por la casa.
-Está bien, está bien – Se disculpaba el auror subiendo las escaleras hasta el segundo piso – Buscaré la varita
-¿Quieres que te ayude? – Preguntó Harry saliendo de la cocina
-No quédate – Negó subiendo las escaleras – Mejor intenta localizarle
-Un muérdago suelto – Musito Natalie observando los alrededores - ¿A quién se lo ocurrió?
-Vete a saber – Susurró la chica dejando que los adultos se encargarán de ello
La navidad afectaba seriamente al hombre lobo y colocar un muérdago bajo el umbral de la puerta podía considerarse una pésima idea, recorrió la planta baja intentando localizar el escurridizo ramillete sin éxito alguno, abrió la puerta de la mini biblioteca del licantropodo y sólo el típico olor a libros llego hasta su nariz. Cerró la puerta al tiempo que pasos se escuchaban acercándosele.
-Encontraste algo – Habló la castaña parada a algunos pasos de su amigo
-Nada – Dijo él – Posiblemente se escapo o busco otro hogar al cual molestar
-Lo dudo – Negó – Deberemos estar atentos – Y cruzándose de brazos, añadió – Por cierto, no pensé que pedirías tratar misiones de baja complejidad. No habías dicho nada.
-Si seguía allí posiblemente volvería a cometer algún error – Confesó apenado por la última excursión – Prefiero alejarme de los problemas
-¿Tú? – Preguntó evitando reírse. El ojiverde entrecerró los ojos ofendido – Harry…
-No volveré a fallarte – Suspiró él
-Entiendo tus razones – Sonrió dando un paso hacia adelante – Sólo cuídate y no te metas en problemas – Y lanzando una ligera carcajada, añadió – Al menos inténtalo porque sé la atracción y predilección que tienen los mismos por ti.
-Recuerde profesora – Habló el ojiverde dando otro paso – Usted estuvo involucrada en varios líos.
-Y sigo estándolo – Vocifero lanzando un suspiro. Gesto que intrigo al moreno – Recuérdame matar a nuestro amigo
-¿A qué te refieres?
Sólo la mirada fija sobre el techo le hizo seguir la mirada y darle la razón sobre matar a su amigo licantropodo. Silencioso y plácidamente posado sobre sus cabezas se hallaba el fugitivo muérdago, de pronto, el puso se acelero incómodo frente a la situación e intentando mantener la calma desvió la mirada hacia su mejor amiga, tan o más indecisa que él sobre qué hacer. ¿Qué hacer? O mejor dicho ¿Por qué sentirse incómodo cuando el beso podía considerarse de cualquier índole?
-La tradiciones no son malas – Vocifero la castaña llamando la atención del ojiverde – Debemos considerarlas un juego
-Tienes razón – Balbuceo él intentando procesar las palabras de la castaña y predecir el siguiente movimiento ¿Cuál posible? No lo sabía
Simplemente observó la distancia de sus cuerpos hacerse nula y los labios de ambos juntarse tan sutilmente que podrían jurar que nunca estuvieron juntos. Sin embargo, el ligero hormigueo que dejo el sutil beso les indico que había pasado, en efecto, se besaron.
Escucharon las pisadas del segundo piso donde Remus bajaría, el ojiverde saco la varita y atrapo el caprichoso muérdago que extrañamente parecía baila la danza de la victoria. La sujeto fuerte entre las manos mientras silenciosamente seguía a su compañera, dándole por segunda vez la razón, no importaba cuanto intentará alejarse de los problemas… estos les seguirían. A ambos.
-Te mereces una paliza – Afirmó Hermione observando al licantropodo bajar las escaleras
-¿Por qué? – Inquirió el aludido confundido por las palabras de la castaña. El pequeño ramillete entre las manos del ojiverde y las mejillas sonrosadas de la chica, le hicieron lanzar una carcajada – De verdad, lo siento – Susurró apoyándose en el pasamanos – Dámelo Harry – Pidió
-Todo tuyo – Dijo él
-Mi habitación será lo mejor – Masculló volviendo a subir las escaleras – Por cierto – Añadió antes de desaparecer por completo en las escaleras – Hermione – Sonrió y el moreno sabía lo siguiente lo vendría, lo conocía y a pesar de los años, la chispa de merodeador seguía – Un simple hechizo solucionaba el problema, no debieron sacrificarse.
-¡Lupin! – Exclamó la castaña sonrojándose y ante la ligera risa del moreno, le golpeó en las costillas
-Sólo era broma – Sonrió este siguiéndola hasta la cocina – Es un juego
Las risas continuaron y los comentarios del hombre lobo continuaron durante el resto del día, en efecto, los involucrados lo consideraron un juego anecdótico y posiblemente lo siguieron considerando durante horas. Sin embargo, todavía el juego no podía explicar la extraña sensación de hormigueo sobre los labios que permaneció la mayor parte del día y aunque dicha sensación desapareció a los días, secreta y silenciosamente, comenzaba a crecer la inquietud.
Si. La inconsciente pregunta sobre ¿Qué pasaría si el juego se repitiese? El hormigueo volvería sobre sus labios o simplemente el juego estaba terminado. ¿Cómo terminar un juego que jamás comenzó?
Con el tiempo se darían cuenta que el juego sólo podía ser la realidad.
La verdad.
Continuará…
