TODOS LOS PERSONAJES PERTENECEN A JK ROWLING

¡Hola a Todos!

Estoy de vuelta para el último capítulo de temporada de "Frente a ti" donde se cierran y abren nuevos ciclos.

Haré los respectivos comentarios al final del capítulo.

Sólo les deseo la mejor lectura y puedan disfrutarla.

BUENA LECTURA

"Frente a ti"

PRIMERA TEMPORADA

Capitulo Once

"Inevitable"

¿Cómo diablos se metió en eso? No podía negarlo… la chica simplemente era hermosa y parecía el sueño de cualquier chico pero sencillamente no la quería, no pretendía "algo más" y los intentos por decírselo parecían ser interrumpidos por una u otra eventualidad. Después de navidad llevaban dos semanas saliendo sin tener el títulos de novios, sin embargo, ciertas insinuaciones de la chica por querer serlo le tenían francamente abrumado, lo único que quería era terminar de una vez por todas con aquel juego.

Se removió incómodo en la silla mientras estudiaba para el examen provisorio de transformaciones, llevaba quince minutos intentando leer el primer párrafo pero los esfuerzos parecían inútiles frente a los continuos pensamientos de cómo solucionar el pequeño gran problema de Samantha. Lanzó un suspiro mientras se revolvía el cabello intentando buscar la concentración necesaria para estudiar o mejor dicho repasar la materia porque en pocos minutos comenzaría el examen.

-James – Susurraron frente suya y la mirada azul de su prima le incómodo – Queda poco para el examen, concéntrate.

-Lo intento – Masculló esquivándole la mirada y buscar algunos apuntes entre la pila de libros y pergaminos – Estoy algo nervioso.

-Ya veo – Cerró el libro y apoyo los codos sobre la mesa – Nervioso y no precisamente por el examen de transformaciones. Te conozco y el problemilla que tienes te está volviendo loco.

-¿Qué quieres que haga? – Preguntó intentando bajar la voz – He intentado por todos los medios cortar con Sam pero siempre hay algo que me interrumpe.

-No es tan difícil – Suspiro la chica – Dile que no la quieres y no deseas continuar con las salidas. Simple. O realmente la quieres – Inquirió frunciendo el ceño

-No – Negó él – Suficientes salidas he experimentado para darme cuenta que no la quiero.

-Entonces.

-Lo intentaré hoy – Resolvió volviendo a abrir un libro – Y si vuelvo a hacer interrumpido tendré que inventarle algo.

-¿Cómo qué? – Preguntó intrigada

-No lo sé – Negó volviendo a cerrar el libro y dejarlo por imposible – Le diré que tengo novia o simplemente la evitaré.

-Dudo que puedas inventar una novia – Reflexiono pensando que los rumores corrían rápido por el colegio – Y evitarla será difícil. Sólo debemos recordar lo que ocurrió en navidad.

-Rose – Comenzó James – Déjame disculparme – Pidió y observando el atisbo de duda, la sujeto por la muñeca – Necesito explicarte lo que sucedió… - Insistió. Durante aquel día apenas cruzo palabras con la chica y cuando regresaron al colegio no parecía tener oportunidad de estar a solas, salvo hoy – El maldito despertador se quedo sin baterías, por lo cual me quede dormido, provocando que mi padre y hermana tuviesen que despertarme. Mi padre menciono algo sobre darme prisa y bajar al salón, salí de la cama para ducharme, vestirme y bajar dispuesto a viajar hasta la casa de Teddy. Cuando baje las escaleras pude percatarme de la presencia de Sam, la sorpresa fue mayúscula porque sabes bien la explicación que le di en la estación, estabas presente – La chicas asintió – Me vi en la obligación de acompañarla, les prometí que estar en casa del tío y así lo hice. Nunca tuve la intención de faltar a mi palabra. Me conoces… jamás lo haría.

-Te conozco – Suspiró Rose – Sólo te disculpo porque el tío abogo por ti.

-En serio…

-Dijo que jamás faltarías a tu palabra si no fuese estrictamente necesario

-Lo siento – Susurró soltando la muñeca sólo para tomar su mano – No volverá a pasar.

-Te creo James – Sonrió la castaña apretando la mano de su primo – Y también te pido disculpas, no quise escucharte, te trate fatal.

-Lo merecía – Afirmó él observando a algunos compañeros levantarse de su asiento. El examen estaba próximo a comenzar – La verdad, lo único que deseaba era poder deshacerme de Sam y largarme de allí. Por poco y me arrastra hasta su casa, incluso intento besarme…

-Lo hizo – Recordó entrecerrando los ojos

-Da igual – Habló encogiéndose de hombros – Entonces… amigos como siempre.

-Por supuesto – Asintió incorporándose de la silla para luego recoger sus cosas – Procura solucionar tu dilema hoy. No quiero verte pedir de rodillas a mi madre segundas oportunidades.

-Tenlo por seguro – Rió James imitando a su prima y recoger los libros para luego seguirle hasta el aula de transformaciones.

Salieron de la biblioteca rumbo hacia el aula de transformaciones para el examen y ubicarse en los habituales asientos; los últimos de la tercera fila que daba a la puerta, los últimos cuatro años mantenían aquella costumbre y pensaban continuarla los próximos tres años de colegio. Caminan repasando las clases teóricas y ejercicios realizados en clase, la poca concentración del chico durante los últimos días le impidieron coger atención donde tenía la buena suerte de contar con la ayuda de Rose.

El chico guardo los apuntes a pocos metros de ingresar al aula y rogo internamente porque su tía tuviese algo de piedad en aquel examen, por lo general, los examen no representaban demasiada complejidad pero tampoco deseaba confiarse y menos por el poco tiempo de estudio que llevaba, estaba confiado en retener los apuntes leídos y escuchados camino hacia el aula.

Ingresaron al salón observando a varios compañeros compartir las últimas informaciones y repasando los últimos detalles del examen. Ambos primos cogieron asiento sacando tinta y pluma a la espera de la castaña profesora que a juicio de varios ya demoraba en llegar.

-Habrá sucedido algo – Susurró James observando continuamente la puerta – Siempre es puntual.

-No lo creo – Negó la chica manteniendo la mirada fija sobre la puerta – Salvo tu problema hemos tenido días tranquilos.

-Gracias – Murmuró sarcástico apoyándose sobre el pupitre

-Llegó – Susurró girándose y mirar de frente

Efectivamente, la castaña ingreso al salón indicándole tomar asiento para luego y de un simple movimiento de varita aparecer los exámenes sobre los pupitres. Por inercia el lugar quedo silenciado por el rasgar de la pluma sobre el pergamino y algunos suspiros de alivio o frustración por determinadas preguntas.

El silencio del salón le permitía tranquilizarse lo suficiente y aguar el torbellino de pensamientos que luchaba por atraer su atención hacia conjeturas y sentimientos, los cuales, no deseaba prestarle atención. Necesitaba abstraerse y concentrarse sobre lo puntual e inmediato: Pedirle el divorcio a Ron. Sólo hace algunos días había confirmado la decisión y aprovechando el regreso de su aún esposo le comunicaría la noticia, no podían seguir viviendo una relación que sencillamente ya no funcionaba y dudaba poder recomponer.

Echo un vistazo al salón comprobando que todo marchaba bien y nadie estaba haciendo trampa, la mirada se detuvo sobre su hija y cierta opresión sobre su pecho le incomodo. Sabía la madurez y personalidad de su hija pero temía porque la noticia le afectará de sobre manera, después de todo, debía enfrentar la separación de sus padres y bajo ningún contexto aquello sería un escenario fácil. Desvió la mirada hacia su sobrino, esperaba que al menos él lograse cobijarla.

Ahogo un suspiro tanteando la pulsera sobre la muñeca izquierda y el torbellino de pensamientos cambio súbito hacia la figura de su mejor amigo y el intercambio de regalos ocurrido en la casa del licantropodo hace algunas semanas. Aquel día, salvo la ausencia de Ron y el retraso de James, la jornada había resultado hermosa y tranquila después de meses llenos de dolor, angustia e incertidumbre.

Observar la pulsera le llevo hacia el momento que la recibió de manos de su mejor amigo, la pequeña reunión de abrir los regalos ya había terminado y la hora del postre iniciaba para el agrado de James, Rose, Natalie y Teddy. Se había ofrecido ir a buscar los postres cuando el ojiverde le busco en la cocina.

-Necesitas ayuda – Soltó él sorprendiéndole

-Descuida, lo tengo – Afirmó sacando la bandeja de la nevera y dejarla sobre la mesa para luego lavarse las manos – Ve al salón, llevaré la bandeja.

-Hermione – Le llamó en apenas un susurro – Necesito entregarte algo – Comenzó – La verdad, no quería que santa se quedará con el crédito del regalo – Bromeó sacando del bolsillo de la chaqueta una pequeña cajita – La idea del libro surgió de los chicos… esto es mío.

-Harry – Dijo sonriendo alternando la mirada entre la cajita y el rostro – No es necesario…

-Sí, lo es – Apuntó jugando nerviosamente con la cajita. Lanzó un suspiro y continuo – Estaba en el precipicio a punto de caer y gracias a ti logre mantenerme aquí. No puedo desperdiciar la oportunidad de agradecer tu paciencia y cariño. – No podía negar algo extraño subió desde su estomago hasta la garganta, conocía al hombre parado frente suyo y sabía que aquel acto venía desde el corazón. Le observó desviar la mirada hacia la cajita y extendérsela, por un segundo, pudo jurar que temblaba – Te quiero Hermione.

-Y yo a ti – Sonrió recibiendo algo temblorosa la cajita, sutilmente la abrió dejando ver el contenido de la misma: Una pulsera de oro donde una H predominaba – Muchas gracias – Susurró para luego sentir los dedos de su amigo colocar la pulsera alrededor la muñeca izquierda – No importa lo que pase, siempre estaré aquí.

-Gracias

-¡Quiero postre! – Escucharon la voz de James protestar y luego un quejido - ¡Postre!

-Vamos – Rió después que la pulsera fuese colocada en su lugar. Guardo la cajita para luego besar la mejilla del hombre y coger la bandeja de postre.

No podía explicar el cumulo de sensaciones agolpadas en aquel instante y todas las que seguían circulando cada vez que evocaba aquel recuerdo, por alguna razón, el recuerdo le hacía olvidar lo próximo dándole un respiro a las próximas decisiones que debía tomar. Cerró la carpeta que revisaba apoyándose sobre el respaldo de la silla intentando despejar la mente y ordenar sus pensamientos durante el resto de hora, no podía darse el lujo de buscar explicaciones donde no existían. Por ahora, debía concentrarse en cosas más importantes.

Los siguientes minutos contemplo ausente la sala de clases y como uno a uno de los alumnos terminaba el examen para luego retirarse silenciosamente. La ansiedad por hablar con su hija le atacaba cada vez que alguna silla se escuchaba rechinar contra el suelo, la silla de James rechino lentamente mientras el aludido se incorporaba de su lugar releyendo el examen al tiempo que caminaba hacia el escritorio.

-Todavía queda tiempo – Susurró mirando al chico detenerse frente al escritorio

-Estoy bien – Aseguró él entregándole el pergamino – Hasta pronto.

-Cuídate – Habló esperando a los últimos cinco alumnos terminarán incluida, su hija

Cerró la puerta tras de sí dando un ligero suspiro mientras internamente apuntaba darle un gran abrazo a su prima por ayudarle, técnicamente, el dicho apunte leído y repetido durante su breve trayecto había sido el examen, si bien poseía algo básico pudo contestar las preguntas de manera decente.

Estaba dispuesto a esperar a la chica en la sala común pero la cabellera rubia a la distancia le hizo maldecirse internamente, evito gesticular y sólo emitir una ligera sonrisa mientras caminaba hacia la chica de sexto aparentando falsa felicidad. La aludida pareció tragarse la falsa alegría del chico puesto que acortó distancia colgándose al cuello del chico.

-¿Estás libre? – Preguntó alegre

-Acabo de terminar – Dijo él señalando a sus espaldas - ¿Por qué?

-Sólo deseaba pasar tiempo de calidad antes de la cena – Habló Samantha

-Claro… - Balbuceo él mirando de reojo la puerta del salón de transformaciones, los últimos alumnos salían y pronto lo haría su prima – Debo dejar esto a la sala común. Me acompañas.

-Vamos – Sonrió la rubia soltando el cuello del chico y sujetar su mano - ¿Cómo te fue?

-Genial – Asintió evitando mirar por sobre el hombro

El último alumno salió del aula de transformaciones dejándole a solas junto a su madre; el silencio, nerviosismo e inquietud de la ojimiel le provocaba incertidumbre y la extraña sensación que algo importante debían hablar. Por ello, decidió permanecer sentada al tiempo que James entregaba su examen. Espero paciente hasta que todos hicieran abandono del lugar.

-¿Qué necesitas decirme? – Preguntó Rose intrigada

-Es algo importante – Suspiró la castaña apoyándose sobre el escritorio tras suyo – Lo he pensado durante largo tiempo y retrasar la decisión sería causar más dolor. Siento que debes ser la primera en saberlo.

-Mamá…

-No quiero mentirte – Negó interrumpiéndole suavemente – Tu padre y yo hemos tenido muchos problemas, la muerte de Ginny trajo consigo demasiadas consecuencias. Sabes el tipo de discusiones sostenemos y la poca posibilidad de mejorar la situación.

-Le pedirás el divorcio – Afirmó Rose cabizbaja. La absoluta posibilidad del hecho le abrumaba pero sabía la certeza del divorcio en el corto plazo, no podía hacer oídos sordos a las discusiones y enfrentamientos. – Es eso, mamá.

-Sí – Asintió – A pesar de estar separados por el trabajo... sé que llegaremos a casa en algunos meses y la convivencia será incómoda por todo lo que ha pasado. Será extremadamente difícil. Nos hemos hecho demasiado daño y continuar sería un absurdo.

-Lo entiendo – Balbuceo la chica. Sí, lo aceptaba y estaba absolutamente de acuerdo, el concepto familia había desaparecido hace mucho y sólo convivían dos perfectos extraños, pero dolía. – No puedo negar los motivos ni cuestionar porque deseas separarte, te entiendo y lo respeto. Será difícil hacerme la idea del divorcio.

-Lo último que deseo es dañarte, hija – Murmuró la ojimiel acunando el rostro de la chica entre sus manos – Eres lo más importante para mí.

-También lo eres para mí – Sonrió

-No quiero que esto te afecte.

-Descuida – Negó sujetando las manos de la castaña – Ya te dije, tengo que hacerme la idea.

-¿Estás segura? – Le cuestiono

-Segura – Afirmó asintiendo y dando un suspiro, continuo - ¿Cuándo se lo dirás?

-Posiblemente tenga que hacerlo hoy – Confesó apenada - Regresa del trabajo de campo y no quiero desperdiciar la oportunidad.

-Comprendo

-Gracias – Susurró Hermione – No importa lo que pase, el cariño que sentimos por ti, es enorme.

El genuino abrazo de madre e hija les hizo entender que estarían juntas a pesar de todo, los últimos acontecimientos les golpearon a todos de igual manera y estás parecían ser alguna de las consecuencias. Después de las tragedias y desgracias, ninguno de los afectados volvería a hacer el mismo, al menos, las relaciones estaban particularmente afectadas: Si bien la relación entre Harry y sus hijos se fortifico, la relación entre Hermione y Ron cayó en el precipicio sin remedio alguno, además, la amistad del trío dorado de Gryffindor pareció dar un giro insospechado.

Lentamente ambas mujeres deshicieron el abrazo para luego retomar las obligaciones correspondientes, la pequeña castaña cogió la mochila y salió del salón esperando llegar rápidamente hacia la sala común y tenderse sobre la cama. Debía acostumbrarse pero el camino parecía poderosamente complejo. Subió rauda las escaleras mencionando la contraseña al cuadro sin levantar la cabeza mientras las lágrimas se agolpaba sobre sus ojos, no quería que nadie les viese llorar y mucho menos dar explicaciones.

Apenas ingreso algunos murmullos se hicieron oíbles pero los omitió olímpicamente pasando por la voz de la chica de sexto y la frasecilla "Que lindo James" que le hizo apurar el paso, lo último que deseaba era hablar con su primo y mucho menos verle la cara a Samantha. Subió las escaleras hacia el dormitorio y cerró las mismas tras suya a pesar de escuchar pasos tras de ella.

-¿Qué habrá sucedido? – Preguntó James girándose hacia la chica – Parecía…

-No te preocupes, James – Dijo la chica apoyándose sobre el respaldo del sofá – De seguro tuvo un mal día y desea estar a solas.

-No lo creo – Susurró girándose para observar por segunda vez las escaleras de las chicas, la castaña venía de hablar con su madre y algo no andaba bien. Escuchó a Samantha levantarse del sofá para caminar hasta él

-Vamos al jardín – Propuso la rubia sujetando al chico por los hombros – Después podremos ir a cenar juntos.

-No creo que sea buena idea – Negó girándose para mirar a la rubia – Lo mejor será subir a averiguar que sucede – Señalando el dormitorio de las chicas – Lo siento, Sam.

-James – Sonrió la aludida algo complaciente – Sabes que no puedes subir

-Lo sé – Dijo tranquilamente – Buscaré a Natalie… si quieres cenaremos juntos pero antes debo resolver este asunto.

-Está bien – Aceptó esbozando una media sonrisa – Te esperaré para cenar, no faltes.

-Claro – Asintió él alejándose de la chica y caminar hacia su propio dormitorio – Nos vemos.

Subió algunos escalones para luego bajarlos y comprobar que la rubia se había marchado del lugar, por supuesto, no admitiría saber subir a la habitación de las chicas y debía ganar tiempo antes de hacerlo. Cuando pudo comprobar que todo estaba desolado salió de las escaleras y cruzó raudo la sala para luego subir el camino hacia el dormitorio de las chicas de quinto antes de levantar cualquier alarma, acto que consiguió sin mayores problemas.

-Rose

Frunció el ceño pensando que había hablado demasiado bajo pero elevar la voz significaba dejarse atrapar y ser descubierto, aclaro la voz e intento subir ligeramente su llamado. Pegó el oído en la puerta pero permanecía en silencio, suspiro cogiendo el picaporte rogando porque no hubiese seguro alguno, lo giro comprobando la poca resistencia de la puerta.

Abrió la puerta dejando asomar la cabeza al interior de la habitación donde las camas permanecían vacías, excepto una, la primera cama a la izquierda pegada a la pared. Dejó espacio e ingreso por completo a la habitación para luego cerrar la puerta tras de sí, sólo el ligero sollozo de la chica interrumpía el silencio del lugar y el chico sólo podía deducir que algo malo sucedía con sus padres.

-Rose – Volvió a hablar viendo la sorpresa de la chica que pareció abrazarse a sí misma. Rodeo la cama hasta posarse frente a ella y agacharse hasta alcanzar su altura, suavemente, despejo el rostro cubierto por el cabello castaño – ¿Por qué lloras?

-Déjame sola – Susurró sin apartarse del chico – No quiero hablar

-Sólo quiero ayudar

-Lo sé – Suspiró desviando la mirada – Simplemente quiero pensar.

-Estás llorando – Dijo arrodillándose mientras se apoyaba al borde de la cama con los codos – Puedes contar conmigo…

-James

-¿Qué sucedió? – Preguntó - ¿Por qué estás así después del examen?

-Lo siento – Susurró girándose para luego darle la espalda y mantener la mirada fija sobre la pared

No quería herir al chico ni despreciar las buenas intenciones de ayudarle pero necesitaba tiempo para sobreponerse a esto, no quería agobiarle con más problemas, suficiente tenía él con la rubia, el Quidditch y las clases para colocarle otro problema que resolver. Por el momento, deseaba permanecer en silencio y pensar.

Escuchó un bufido frustrado y el peso de las manos del chico al apoyarse sobre la cama, de seguro, dispuesto a abandonar la habitación preguntándose ¿Qué ocurría? Más ninguna respuesta obtendría, la única solución para él sería preguntarle a la castaña pero sabía que aquello le molestaría, por tanto, esperaría. Impaciente, espero el sonido de la puerta abrir y cerrarse pero nunca llegó tal sonido.

Sintió el colchón hundirse al costado izquierdo y el silencio continuar en la habitación, lentamente se giro encontrándose al pelinegro recostado juntando las manos a la altura del estomago. Frunció el ceño intrigada por la actitud del chico, no deseaba tratarle mal y mucho menos armar algún escándalo pero lo estaba buscando con creces.

-Admítelo – Acusó él antes de cualquier reclamo – Si la situación fuese a la inversa, harías lo mismo. No diré nada – Añadió – Sólo déjame hacerte compañía.

La aludida le observó detenidamente detectando la sinceridad y honestidad de su acción y palabras, podía hartarse de reclamos e incluso botarle al suelo pero él se quedaría allí. Lanzó un suspiro resignado mientras le volvía a dar la espalda y cerraba los ojos: Le intrigaba profundamente los próximos meses y sobre todo la reacción de su padre ante la petición de divorcio ¿Cómo lo sobrellevaría? Podía anticipar la especulación y discusiones previas al divorcio.

Volvió a lanzar un suspiro preguntándose ¿Qué sucedería si el accidente nunca hubiese existido? Si la pelirroja hubiese concretado el plan de reunirse con el padre de Joel, por supuesto, también el padre de su primo estaría pasando por un plan de divorcio. Abrió ligeramente los ojos y el silencio permanecía, la presencia a su lado le hizo mostrar sólo un gesto.

-Mis padres – Susurró al aire sintiendo la respiración del chico interrumpirse tenuemente – Mi madre tiene intenciones de pedirle el divorcio a mi padre. Dijo que llevaba días pensándolo, la situación entre ambos parece crítica y continuar juntos sólo implicaría seguir haciéndose daño.

-¿Qué sientes tú? – Preguntó él en apenas un susurro viendo el techo fijamente

-Es extraño – Respondió después de un ligero silencio – Sé cuán difícil ha sido la convivencia este último tiempo, sin embargo, me preocupa la reacción de mi padre. A pesar de todo la quiere.

-No podemos obligar a nadie a querer – Meditó él cruzándose de brazos – Insistir sería dañar aún más la relación. La noticia será dura para él y posiblemente no pueda comprenderla.

-Lo sé – Murmuró apenada

El pelinegro guardo silencio procesando las palabras de la chica y el eventual divorcio de los padres de ésta, sin duda, la noticia sería dura para los afectados y tomaría algún tiempo asimilar cualquier nueva condición. Desvió la mirada desde el techo hacia el cabello castaño de la chica, presintiendo sobre el duro proceso por el cual debería pasar las próximas semanas: Desde la reacción de su padre hacia el comidillo de rumores que se esparcirían como la pólvora en el mundo mágico, claro está, el colegio.

Descruzó los brazos sujetando el hombro de la chica haciéndole saber que estaba allí… No pensaba moverse ni dejarla sola, no después del apoyo incondicional mostrado por ella a causa del accidente de su madre y las posteriores consecuencias.

-Todo saldrá bien – Susurró él – Sabrán solucionar los problemas como adultos.

-Eso espero – Respondió Rose tranquilamente. Por segunda vez se giró apoyando un codo sobre la cama y la mano libre sujetar la mano izquierda del chico – Gracias.

-De nada – Sonrió – No pienso dejarte sola.

-Tu novia se aburrirá de ti – Bromeó entrecerrando los ojos. El chico se encogió de hombros

-No somos novios – Aclaró James – Espero que pueda aburrirse rápido

-Tienes que hacer meritos

-Tendré que hacerlo – Musito él pensativo – Por el momento… no pienso moverme de aquí.

-Testarudo – Suspiró la castaña volviendo a dar la espalda mientras el chico lanzaba una carcajada.

La realidad es que permanecieron en silencio por varias horas metidos en sus propios pensamientos, las circunstancias le exigirían poseer una fuerza envidiable y decisiones importantes se vislumbraban a la vuelta de la esquina. No sabían a ciencia cierta los próximos pasajes de su vida en Hogwarts ni como el camino le deparaba situaciones realmente complejas e inimaginables.

Lo próximo no sería un juego ni un examen complejo simplemente el curioso y a veces caprichoso destino asignando difíciles misiones: La primera implicaría la segunda, por ende, la decisión más importante de sus vidas… Continuar o sucumbir ante lo imposible.

Había salido de casa como un perfecto delincuente tras el próximo delito, por desgracia, no poseía opciones a elegir debiendo acatar órdenes superiores y después de largos días en terreno podía darse un respiro donde el descanso cada día parecía más difícil de conseguir. Traspaso las llamas verdes de la chimenea para luego caminar lentamente hacia la oficina, deseaba recoger y firmar algunos papeles antes de viajar a casa y darse una larga ducha.

Camino por el desierto pasillo convencido y tranquilo sobre la nula posibilidad de encontrarse al moreno en aquella oficina, la transferencia de unidad le sorprendió y tranquilizo al mismo tiempo, no deseaba tener enfrentamientos ni recibir cuestionamientos de nadie. Llegó a medio pasillo para luego sacar la llave e introducirla en la ranura de la puerta donde la giro logrando ingresando a la habitación, tal y como la había dejado antes de marcharse.

Sacó del solitario escritorio algunas carpetas colocándolas bajo el brazo y luego cogió la mochila de suelo para salir de la estancia tal y como regreso, silencioso. Jaló la puerta cerrándola de nuevo dispuesto a hacer el camino de regreso hacia la chimenea hacia su casa pero la presencia de su amigo le sorprendió.

El hombre lobo permanecía de pie cruzado de brazos visiblemente ofuscado por algún asunto, según el pelirrojo, importante para presentar aquel semblante tan poco habitual en él. Guardó la llave en el bolsillo de la túnica para luego hacerse hacia él algo inquieto, presumiendo, que algo importante acababa de acontecer.

-Que gusto verte – Susurró él intentando aparentar seguridad, sin embargo, la expresión del hombre lobo le intimidaba profundamente. De pronto, recordó su ausencia en navidad – De verdad, lo siento – Suspiró apenado – Incumplí la promesa de asistir a tu casa, supongo que Hermione te dijo los motivos.

-A estas alturas la promesa deja de tener sentido – Soltó Remus intrigado todavía más al pelirrojo – Nunca imaginé la gravedad de la zona sur.

De pronto, la expresión desconcertada del pelirrojo cambio súbito a la seriedad absoluta y la tensión en el ambiente creció. Nunca imagino la respuesta del licantropodo y el significado tan claro de sus palabras, apretó fuertemente la carpeta a la espera de cualquier señal del auror frente suyo. El aludido pareció entender el silencio impuesto y le hizo la señal de seguirle hasta la oficina donde nadie podía enterarse de la conversación de ambos aurores.

El pelirrojo siguió silenciosamente al licantropodo hasta la oficina cerrándola bajo hechizo y procurando que ningún sonido traspasará las paredes. Por comodidad metió las carpetas en la mochila para luego dejarla sobre el suelo mientras Remus rodeaba el escritorio y se sentaba tras de él.

En ambas partes la tensión crecía a pasos agigantados ¿Cómo iniciar la conversación prohibida? Podría él ofrecer las explicaciones pertinentes y luego fingir ignorancia pura, los días y semanas le decían que tarde o temprano debía afrontar las consecuencias de tamaña decisión… ofrecer silencio sólo podría ser la antesala de cualquier desastre todavía mayor. No, no podía permitirlo.

-¿Cuándo pensabas comunicarlo? – Preguntó de sopetón sorprendiendo al pelirrojo – Sabes lo peligroso que es y las consecuencias si te descubren. Ahora comprendo los largos viajes y los llamados urgentes desde la zona sur.

-Puedes bajar la voz – Pidió molesto a pesar de estar protegidos por los hechizos – Sólo el equipo en terreno y el ministro lo sabe.

-Merlín – Suspiró Remus apoyándose sobre el escritorio – Por equivocación tuve que leer tus informes al ministro y vaya sorpresa me lleve. Apenas puedo creerlo…

-Se lo has dicho – Afirmó preocupado por la infiltración de información

-Por supuesto – Aclaró – Remedio el asunto y prometió ser discreto.

-Siento guardar silencio – Confesó apenado por la situación tan difícil – Debí actuar rápido y la decisión se aprobó a las pocas horas, la situación es crítica y posiblemente empeore los próximos meses.

-Piensas continuar – Afirmó Remus frunciendo el ceño. El auror asintió – Corres el riesgo de ser asesinado… no puedes…

-Sé las consecuencias – Interrumpió él paseándose por la oficina – Es innegable el peligro que corro pero no hay vuelta atrás.

-¿Por qué lo dices? – Preguntó el hombre lobo temiendo lo peor y el semblante del pelirrojo parecía confirmarlo – No estás hablando en serio.

-Será pronto – Susurró mirando el suelo de la oficina – Me darán algunas misiones para ganarme su confianza, por lo pronto, tengo acceso limitado al círculo.

-¿Cuánto tiempo? – Insistió incorporándose de la silla

-A prueba un año – Confesó cabizbajo – El acercamiento será a mediados de diciembre

-No puedo creerlo – Negó buscando la mirada del chico – Mírame Ronald – Exigió – Comprendes que podrías perder a tu familia. Esto apenas circula la relación que puedas sostener con Hermione sino también con tu hija.

-Puedo manejarlo…

-¡Diablos Ron! – Exclamó rodeando el escritorio y posarse frente al pelirrojo. Le cogió por los hombros y añadió – Estás infiltrado en la zona sur, cumplirás misiones posiblemente asesinas durante un año e ingresarás por la puerta ancha como doble espía… no podrás manejarlo, la situación podría empeorar de aquí a un año.

-No seré doble espía – Negó él soltándose del agarre del licantropodo – Seguiré transfiriendo información a ustedes

-Saben quién eres, cierto – Afirmó él siendo constatado por Ron – Una misión a prueba será colocarte entre la espada y la pared, sabotear y brindarles información sobre los aurores será importante para ellos. Cuando sortees las misiones te pedirán ser el infiltrado hacia el ministerio.

-Sé perfectamente cuál es mi lugar – Acusó seguro de cumplir perfectamente la misión – Las personas que amo no se verán afectadas.

-¿Estás seguro? – Insistió el hombre lobo cruzándose de brazos

-Te lo prometo

El intercambio de mirada de ambos aurores pareció una batalla silenciosa por conseguir la razón y los argumentos necesarios para solventar sus posturas. Cualquier infiltración significaba un costo demasiado alto para cualquier auror: la muerte personal o seres queridos, el fracaso total y la traición hacia el ministerio parecían ser algunos síntomas, sin duda, riesgos que el pelirrojo había asumido desde el primer momento.

-Señor Weasley – Decía la voz del ministro en compañía del jefe de campo – La situación en la zona sur es delicada y la información obtenida es precaria, el riesgo de sufrir ataques es alto y no tenemos la menor idea de los planes centrales del grupo mortifago.

-Lo sé, señor – Dijo él permaneciendo con la mirada fija sobre la pared – Hemos realizado intentos por acercarnos al perímetro pero son inútiles.

-Lo sabemos – Aclaró el jefe de campo – Por ello y tras pensarlo detenidamente hemos tomado una decisión, radical.

-¿Cuál sería? – Preguntó desviando la mirada hacia los superiores frente a él

-Una infiltración

-Infiltración…

-Es la única forma – Suspiró el ministro – Debemos ser cautelosos y provocar el mínimo de sospechas.

-Consiste en montar el escenario donde alguien de los nuestros – Comenzó el jefe de campo – Quede a la deriva en combate y logre salvar a un mortifago… contextualizar un escenario de aparente deserción y ganar paulatinamente su confianza.

-Será un trabajo a la largo plazo – Musitó él intrigado por el plan – Si las características de la misión es delicada entonces por qué estoy aquí.

-Hemos pensado en ti – Vocifero el jefe – Serías un candidato a infiltrar.

Había aceptado tal responsabilidad sin apenas cuestionar nada sólo convencido de hacer lo correcto y terminar finalmente aquel calvario. Se preparo durante semanas cada detalle de la infiltración donde por poco termina muerto a manos de varios mortifagos, duros días prisionero le llevaron a mantenerse firme y ganar la confianza del grupo siguiendo el entrenamiento anterior, no podía mostrar dudas sobre sus intenciones.

Poco a poco comenzó a recibir comida y agua donde logro entablar conversaciones fluidas con los magos, pudo comprender los turnos, zonas estratégicas y funcionamiento del lugar a cabalidad. Con sorpresa comprobó la enorme fortaleza del lugar y el predominio mortifago, supo entonces, lo difícil que sería ingresar a ese lugar en el corto plazo… las pequeñas cúpulas le impedían conocer la estructura de la zona sur casi similar a una secta donde debía superar a su pequeño grupo para lograr escalar al interior de las jerarquías.

-Espero sepas lo que haces – Soltó Remus

-Cumpliré la misión – Susurró él

El pelirrojo cogió la mochila del suelo colocándola sobre la espalda para luego salir de la oficina y largarse a la casa, debía aprovechar el poco tiempo de descanso que poseía, pronto las misiones comenzarían debiendo concentrarse lo máximo posible para conseguir optimos resultados. El destino del ministerio y el mundo mágico dependía de ello, no podía fallar.

Por otra parte, el licantropodo simplemente quedo mirando la puerta cerrada preguntándose ¿Cuál misión cumpliría realmente el pelirrojo? La misión del ministerio o la zona sur: la infiltración asimilaba decisiones riesgosas y la posibilidad de asumir algún tipo de traición aumentaba con el tiempo, nadie sabía lo que realmente sucedía en aquel lugar y poder que implicado podría sobrecoger hasta el auror más experimentado del ministerio.

Sólo basto el sonido del timbre para que la castaña cogiera sus cosas y emprendiera rumbo hacia el ministerio de magia, no deseaba perder ni un segundo y estaba decidida a buscar a su esposo, si corría con suerte podría hallarle en la oficina antes de perderle el rastro y seguirle hasta la casa sería verdaderamente incómodo.

Subió en ascensor hasta el piso de aurores para buscarle, el pulso parecía acelerarse a cada paso que daba ante la proximidad de la oficina del pelirrojo. Las puertas del ascensor se abrieron permitiéndole ingresar al pasillo y encontrarse a su mejor amigo.

-Hola – Saludo él cargando varias carpetas - ¿Cómo estás?

-Bien – Sonrió aparentando tranquilidad – Venía a hablar con Ron, lo has visto.

-No – Negó – La verdad también le buscaba, la oficina estaba cerrada.

-Entiendo – Musitó la castaña pensativa – Le preguntaré a Remus – Resolvió

-Hermione – Dijo Harry mirándole a los ojos – Estás bien… te ves preocupada.

-No tiene importancia…

-Para mí si

-Primero debo hablarlo con él – Refiriéndose al pelirrojo – Estarás aquí

-Te veré en la casa – Respondió esbozando una ligera sonrisa

-Allí estaré

-Nos vemos

La castaña le devolvió la sonrisa a su mejor amigo para luego caminar hacia la oficina del licantropodo, tal parece, el presentimiento de que su esposo estuviese allí no falló porque el aludido caminaba por el pasillo visiblemente preocupado y murmurando algunas palabras. La concentración del hombre le obligo a carraspear para llamarle la atención, gesto que el pelirrojo escuchó sorprendido por verle.

-Siento haberte molestado – Habló el jefe de campo apenas hubo cruzado la carpa – Tenemos un asunto crítico.

-Descuida – Negó cambiándose de túnica – Navidad puede esperar.

No podía evitar sentirse cansado y preocupado por la presencia de su esposa, le parecía extraño recibir su visita después de dos semanas y la expresión plasmada sobre su rostro le desconcertaba: la extraña mezcla entre decisión y temor parecía librar alguna especie de lucha interna. Relajó la postura alzando las cejas y vociferando un ligero suspiro.

-Que sorpresa verte – Susurró él dando ligeros pasos hacia adelante – No pensé verte tan pronto.

-Bueno – Balbuceo la castaña. Extraño, según la apreciación del pelirrojo – Han pasado dos semanas.

-Si – Musitó desviando la mirada hacia el suelo – La última llamada demando demasiado trabajo

-Entiendo – Dijo Hermione – Posiblemente estés cansado para platicar… aunque tampoco quisiera dejar está conversación para otro momento.

-Debe ser importante – Indagó él observando – De lo contrario, no estarías aquí – Señalo – Vamos a la oficina.

-Claro

No podía evitar la extraña sensación de incertidumbre ante las próximas palabras de su esposa: el tono, las pocas palabras y el semblante de la castaña le indicaban que algo andaba mal, no podía evitar sentirse poderosamente intimidado por su presencia. Movió la cabeza apoyándose en el escritorio mientras Hermione permanecía de pie en medio de todo.

-No puedo aplazar esto – Comenzó Hermione llevándose cierto desconcierto del hombre – No podemos continuar…

-¿A qué te refieres? – Preguntó él sintiendo la boca seca y el corazón latir fuertemente – Hermione…

-Nuestro matrimonio – Aclaró mirándole a los ojos – No puede continuar. No podemos pretender estar bien cuando ocurre precisamente lo contrario.

-Me castigas por lo ocurrido con Harry, cierto – Vociferó él sin emitir expresión alguna

-No culpes a nadie – Negó frunciendo el ceño – Quisiera remediar la situación e intentar comprenderte…

-No me amas – Musitó encontrándose con la mirada de su esposa. El color castaño de sus ojos le decían cuando aprecio le tenía, sin embargo, no lograba encontrar ninguna pizca de amor

-Aquel día que me golpeaste, termino – Confesó Hermione – Tus acciones me hacen tomar la decisión de pedirte el divorcio. Si algún día te amé… hoy no puedo decir lo mismo, salvo el cariño de amigos que guardo hacia ti.

-Hace cuánto tomaste la decisión – Habló Ron

-Algunas semanas – Suspiró cabizbaja

-Alguien lo sabe…

-Nuestra hija – Soltó en apenas un susurro – Quiero serle sincera sobre las decisiones que tomo y quise decírselo antes de venir.

-No puedo negarte el deseo de separarte – Suspiró el pelirrojo – Puedo aceptar que varios errores que cometí lo hice desde la vereda de los celos y mis propias inseguridades jugaron malas pasadas. Sin embargo, sé que la elección está condicionada por Harry.

-¿De qué hablas? – Preguntó sorprendida desviando la mirada desde el suelo al rostro de Ronald

-Los últimos incidentes están enmarcados por el accidente y la condición de Harry – Expusó cruzándose de brazos – Sí, oculte su estado de salud y por algún momento le desee lo peor. No puedo quitar la idea sobre su responsabilidad sobre la muerte de Ginny, por ello, discutimos varias veces e involucramos a nuestra hija, hubo incidentes en el ministerio, ocupo tu atención y provoco mis celos. Ahora te separas.

-Ronald.

-Sin el accidente – Suspiró interrumpiéndole – Posiblemente la decisión de divorcio sería igual manera. Es inevitable.

-Lo siento – Susurró Hermione

-Yo igual

Se alejó del escritorio para luego coger la mochila y silenciosamente salir de la oficina, la decisión de la castaña estaba tomada y a pesar del dolor punzante en el pecho, lo aceptaba. En otro tiempo, la noticia le hubiese devastado moviendo cielo, mar y tierra por impedir cualquier tipo de separación, rogando por conseguir una segunda oportunidad.

Para desgracia de él la situación actual dictaba distinta y la decisión de la mujer opacaba algo la incertidumbre de cada misión hacia la zona sur. No poseía vínculos afectivos y podía fiarse de la seguridad absoluta del castillo, no temía porque su hija corriera peligro.

-Debo pedirte un favor – Argumentó antes de marcharse y cumplir la misión encomendada: la captura de uno de los suyos le pedía internarse en la zona y sacarle inmediatamente de allí sin ser detectado – Si el auror muere dirás que es mi cuerpo…

-Ron

-La situación es delicada, lo has dicho – Interrumpió – Si muere huyendo lo atribuirán a un espía… no puedo permitirlo.

-No puedo insertarte por completo…

-No puedo ser amenazado…

-Corres un segundo riesgo – Vocifero el auror

-De cualquier manera terminaré haciéndolo – Susurró él – Prometes hacerme ese favor.

-Lo prometo

No tenía porque correr aquel riesgo – por ahora – le tranquilizaba poder contar con aquel respiro, sin duda, el divorcio haría sufrir a su hija y le ocasionaría cuestionamientos por las elecciones tomadas en el pasado pero la sola idea de tener a las mujeres que amaba con vida le alegraba y hacía soportar cualquier dolor.

Abordó el ascensor marchando pisos superiores hacia la oficina del ministro de magia: debía informar sobre los últimos acontecimientos y pedirle la máxima discreción frente a la filtración hacia el licantropodo, lo último que deseaba era poner en riesgo a más personas.

"Maldita pasta" Pensó el moreno colocando la mano derecha bajo el chorro de agua después de quemarse en la olla. Hace varios días no preparaba algo y solo comía de la cafetería del ministerio, adaptarse a otro oficio y cumplir los horarios del mismo le hacía desvelarse, le gustaba la nueva sección y los cientos de planes tácticos que debía planificar a diario.

Las últimas semanas apenas había hablado con la castaña y las cartas recibidas de sus hijos poco le decían sobre ella. Con los días le preocupaba que algo estuviese mal o se encontrará enferma.

Encontrarse en el ministerio le tranquilizo sólo hasta que pudo notar el nerviosismo y preocupación plasmado sobre su rostro, actitud distinta hace dos semanas, a pesar de la preocupación inicial podía tener la seguridad de platicar un poco y saber la razón de aquellos nervios.

Sólo un ligero "clic" le alerto de la llegada de la mujer mientras los pasos se dejaban sentir en el pasillo antes de llegar a la cocina, la figura de la castaña se instalo bajo el umbral de la puerta y él continuo observando el semblante preocupado y nervioso de Hermione. Apago lo que estaba cocinando para luego acercarse hacia su amiga, la contemplo y la preocupación continuo: cabello castaño desordenado, ojos apagados y fracciones tensas.

-Te sientes bien – Susurró él acunando el rostro de la chica - ¿Por qué estás así? Hey – Mirandole a los ojos – Comienzas a preocuparme, Hermione.

-No tienes porque – Negó permitiéndose una ligera sonrisa – Simplemente he tomado una decisión muy importante.

-¿Cuál? – Inquirió Harry frunciendo el ceño

-No puedo continuar junto a él – Musito bajando la mirada mientras hablaba – No quiero continuar sabiendo que tarde o temprano el daño podría ser peor.

-Te refieres a…

-Sí – Asintió mirando al ojiverde y sujetar las muñecas del mismo – Él lo dijo… la decisión es inevitable…

-Hermione…

-Le pedí el divorcio a Ron.

El moreno alzó las cejas y separo ligeramente los labios sorprendido por la confesión de su amiga, la última frase parecía ser producto de algún tipo de broma, sin embargo, la decisión plasmada sobre el rostro de la castaña le afirmaba la veracidad de lo dicho: le pedía el divorcio al padre de su hija. Los años de inestabilidad llegaban a un punto sin retorno donde la única posibilidad era separar sus caminos antes del desastre total y ambas partes dañadas.

Comprendía la decisión de la castaña la cual se reforzó durante los últimos meses, los recientes acontecimientos provocaron una huella profunda y la relación se vio profundamente afectada.

Refugió a la ojimiel entre sus brazos brindándole el apoyo y contención necesaria, no podía fallarle en aquel momento. Permanecería junto a ella todo el tiempo que fuese necesario.

-Gracias – Susurró la chica

-Es mi turno – Sonrió acariciándole la espalda – Ahora soy yo quien no pretende alejarse.

La suave risa de la castaña relajo el ambiente y lograron bajar la tensión que poseían, por supuesto, todavía quedaba mucho por explicar y un largo camino por recorrer hasta concretar el divorcio. Lo único verdaderamente certero era la mutua compañía: la simple compañía de dos viejos amigos compartiendo una comida, la entrañable sensación de tranquilidad y paz cada vez que estaban juntos, la sensación de estar juntos.

Fin Primera Temporada

Continuará…

Con respecto a la continuación

-La segunda temporada será el 22 de marzo: Comienzo a estudiar y debo adaptar algunos horarios. No se preocupen… no está en mis planes dejar botada la historia. Lo prometo.

-La temporada según estimaciones mías tendrá alrededor de catorce capítulos: Si queda mucho y la misión especial del trío todavía no comienza.

Con respecto al último capítulo

-La situación de Rose parece mejorar por el apoyo de su primo: El historial de la relación de sus padres le hace comprende lo necesario del divorcio.

-Se quiebra la relación de Hermione y Ron: El peligroso trabajo del pelirrojo es precursor de la "dócil" actitud del mismo frente al divorcio.

-A pesar de la preocupación el hombre lobo guarda silencio por seguridad de Ron.

-El apoyo incondicional y los últimos sucesos, a la interna, provoca efectos en el moreno: Siendo el hombro disponible para su mejor amiga.

Con respecto a la Segunda Temporada

-Los acontecimientos provocarán en el ojiverde duda, temor e incertidumbre. El alejamiento del pelirrojo sólo puede atribuirlo al divorcio, no imaginando la verdad.

-Las obligaciones en el colegio harán para Hermione el divorcio sostenible. El alejamiento de su ex esposo, al igual que el ojiverde, lo atribuye al divorcio.

-El delicado contexto del pelirrojo hace posible el divorcio. La extrema situación le hacen tomar drásticas decisiones.

-La situación de James parecerá complicarse y las buenas relaciones junto a su prima, liarse. Situaciones drásticas necesitan medidas drásticas. Además, las especulaciones de su hermana poco a poco le irán convenciendo sobre una posibilidad cierta.

-Los acontecimientos harán alejarse a Rose de su primo, sin embargo, la solución poco convencional cambiará el asunto. El alejamiento de su padre dolerá y sabrá sobrellevarlo, sobre todo, a raíz de conjeturas que pronto tendrán asidero.

-Será la pequeña Natalie la primera en abandonar los prejuicios, miedos y objeciones, permitiéndose la simple capacidad de observación hacia lo posible.

-La decisión de Ronald colocará a Remus entre la espada y la pared, sin embargo, guardará silencio por la seguridad de todos.

Con respecto al Próximo capítulo.

-¿En qué piensas? – Preguntó James dejando de lado una revista de Quidditch

-En papá – Musitó Natalie cerrando el libro y dirigirle la mirada a su hermano – ¿Crees que podía enamorarse de nuevo?

-Ha pasado un año – Susurró pensativo desviando la mirada sutilmente hacia el retrato de su fallecida madre – Aunque tuvo altibajos entre la recuperación y el trabajo, logro estabilizarse, tal vez si podría llegar a enamorarse, claro, si él también así lo quiere y lo permite. ¿Por qué la pregunta? – Le interrogo frunciendo el ceño. Su hermana se encogió de hombros volviendo a abrir el libro – Natalie.

-No es nada – Negó desviándole la mirada y fingir leer

Muchas gracias a todos.

Tanto a las personas que tomaron su tiempo y dejaron su comentario

Como a las personas que anónimamente pasan por los capítulos

A todos gracias.

Nos vemos en algunas semanas.

Anita