TODOS LOS PERSONAJES PERTENECEN A JK ROWLING
HOLA A TODAS Y TODOS
Primero, disculpen la demora… nunca fue mi intención.
Segundo, aclarar los próximos capítulos… si bien, este debería llamarse "Brindis" lo he cambiado "Por la razón o la fuerza" principalmente porque Navidad estará divido entre tres y no en dos partes como originalmente lo presente.
Por ahora, les dejo con este capítulo ligeramente más largo que los anteriores y con muchas situaciones interesante.
Cualquier sugerencia o intuición sobre el camino de la historia háganmela saber, las que he recibido van muy bien encaminadas, y algunas que pensaba desechar, incluidas a la historia nuevamente.
Saludos a todos.
BUENA LECTURA
"Frente a ti"
SEGUNDA TEMPORADA
Capitulo Diecinueve
"Navidad I: Por la razón o la fuerza"
El mejor día de su vida.
El joven Potter no tenía dudas con respecto a ello y daría la vida misma con tal de repetirlo de nuevo, sin embargo, la situación dio un abrupto vuelco llevándole a la actual situación: Tirado sobre la cama sin ganas de levantarse a pesar que estaba a minutos de ingresar a clases, maldiciéndose internamente por el descuido que origino aquel caos y le impedía repetir el día anterior.
El plan del chico parecía sencillo hasta divertido, la poción multijugo proporcionada por Harry – a regañadientes – le permitía que Mile tomara su lugar y cumpliera el absurdo rumor de besar a cien chicas. Si lo hacía, podía quedar posicionado de mejor manera para acabar de una vez por todas con Samantha y asegurar que le dejará en paz.
Después de cinco horas… Mike apareció sonriente por la puerta de la enfermería seguido de Natalie, sin duda, el chico nunca había besado a tantas chicas en su vida y lo había disfrutado en grande. Cumplir la petición le permitía hablar con Samantha durante la cena y dejar las cosas claras… no importaba que herramientas usará, él tendría la última palabra, para variar.
Nunca imaginó el recurso que usaría para echar por tierra cualquier argumento.
Caminaba junto a sus amigos cuando la diviso a la entrada del gran comedor, brazos cruzados y sonriendo de manera autosuficiente, según él, convencida de tenerlo entre sus garras. Del mismo modo, le sonrió y le pidió a Natalie, Mike y Rose adelantar camino hacia la mesa, luego les alcanzaría.
-James – Habló Mike desde la puerta – Te busca, debes bajar si no quieres un escándalo.
-Ya voy – Masculló él saliendo de sus pensamientos. Se metió al baño para darse una rápida ducha recordando la conversación que sostuvo con Sam la noche anterior.
-Escucha Sam – Habló él apenas se acerco a la chica – No quiero…
-No eres gay – Aseveró la chica interrumpiéndole – No cumpliste la petición, sin embargo, te besuqueaste la mayor parte de la tarde con tu primita.
-¿De qué hablas? – Preguntó él en apenas un susurro dejándole helado – Estás equivocada…
-Pase por la enfermería – Aseguró descruzando los brazos para luego acariciar el cuello del chico – Parecía extraño verte con tanta energía por los pasillos besando a otras chicas… sólo fue cuestión de asomarme para verlos besarse. Bien escondidos se lo tenían ¿Cierto?
-No es cierto – Negó tragando forzosamente saliva
-Es por ella, cierto – Frunció el ceño acrecentando la confusión y miedo en él – La razón por la cual no quieres estar conmigo.
-Escúchame
-Escúchame tú – Rebatió acercándose peligrosamente – Está noticia puede dar vuelta la comunidad mágica pero permanecerá en silencio. Sólo si colaboras.
-Jamás – Siseó sabiendo la condición de la chica - Ni lo pienses.
-Pruébame – Sonrió
Desde aquel instante todo se vino abajo. Aparecieron de la mano por la puerta del gran comedor sentándose juntos, no podía elevar la mirada hacia los costados, temeroso de encontrar la azulina mirada de la chica y observar su dolor.
Se sentía la peor basura cuando la chica le besaba y los murmullos parecían abrumarle, la cena transcurrió lenta y tortuosamente hasta llegar el momento de subir a la sala común. Sólo en aquel espacio pudo observar el dolor plasmado sobre el rostro de la chica y la molestia de Natalie y Mike.
-Date prisa – Apuró Mike cruzándose de brazos
-Voy – Ajustándose la túnica para luego coger la mochila – Vamos
El cuerpo le pesaba mientras bajaba las escaleras hacia la sala común… no podía quitarse de la cabeza la última conversación sostenida con la chica, el desprecio, dolor y rabia que destilaban sus palabras antes de saber la verdad. Después de despedirse de Samantha y asegurar que nadie le vería subió las escaleras de las chicas hasta llegar al dormitorio de sexto, sólo un sencillo hechizo le permitió colarse y llegar hasta donde dormía Rose. Claro, tuvo que hechizar la zona y cerrar las pequeñas cortinas para evitar ser escuchados.
-¿Qué haces aquí? – Preguntó sentándose sobre la cama – Lárgate.
-Necesito hablar contigo – Pidió él haciendo el mismo gesto – Explicarte.
-No quiero tus explicaciones – Negó aferrándose a las sábanas – No quiero saber nada de ti…
-Samantha
-¿Crees que esto es un juego?
-Lo que siento es real
-Sal de aquí, no quiero verte ni oírte – Se incorporó ligeramente para encararle y posiblemente sacarle a patadas del lugar –
-No hasta que me escuches – Continuó él cogiéndole las muñecas – No hubiese usado la poción multijugos si quiera jugar, sólo quiero besarte a ti.
-Bien recibes los besos de Sam – Expresó Rose de manera burlona
-Nos descubrió – Susurró – En la enfermería. Simplemente amenazo con decir lo que vio.
Pudo soportar la rabia y enojo de la chica pero la indiferencia reflejada en sus ojos le dolía profundamente, la petición de salir de la habitación parecía una lápida y no tuvo el valor moral para contradecirle.
-Llegaremos tarde – Acusó Sam cogiéndole de la mano y salir raudos de la sala común – Tardaste mucho.
-Lo siento – Susurró él echándole una mirada a su amigo
-Debemos desayunar…
-Te veo en clases – Se despidió Mike cogiendo otro camino
El chico asintió apuntando mentalmente hablar con él lo antes posible, la sorpresa generó malestar en su amigo y hermana ni siquiera había platica con ésta última. De seguro, lo único que deseaba era lanzarla algún hechizo en el trasero… si lo pensaba con detenimiento, se lo merecía.
-Cuando lo vea… - Decía Natalie revolviendo la comida. Sólo quería estrangular a su hermano - ¿Qué diablos paso? Nos debe explicaciones.
-Olvídalo Nat – Acusó Rose
-Es ridículo – Bufó - ¿Por qué usó la poción si luego regresa a las garras de esa tipa?
-Quizás le guste – Habló incorporándose de su lugar – Voy a clases.
No podía permanecer en el mismo lugar que James y Samantha… A la rabia existente debía agregar los celos, la mezcla de emociones le dolía e intentaba refugiarse en la indiferencia. Sólo la única herramienta que pudo usar cuando supo la realidad de la relación de la pareja, asimismo, la realidad pareció alcanzarles cuando el chico menciono la amenaza de la Gryffindor al descubrirles en la enfermería: Dos primos besándose.
Mantuvo la mirada hacia adelante cuando cruzo camino con la pareja y evito manifestar cualquier tipo de emoción, no podía permitirse quebrarse menos frente a la rubia. Podía llamarlo orgullo femenino o simplemente celos.
-¿Cómo estás? – Preguntó Teddy dándole alcance y caminar juntos
-Bien – Suspiró esbozando una ligera sonrisa – Aparentemente… todo está solucionado.
-Así parece – Masculló pensativo – Por cierto, el próximo fin de semana habrá salida a Hosgmeade. Me debe la salida señorita – Bromeó
-Ted..
-Rosie
-Está bien – Suspiró la chica – Procura no perder el juego… no quiero cargar lamentaciones.
-Jamás – Respondió él ofendido – Bueno, voy a clases. Nos vemos
-Nos vemos – Sonrió reuniéndose junto a Mike
-Cita – Bromeó el castaño recibiendo un codazo – Sólo bromeo, vaya genio.
-¿De qué hablan? – Preguntó James
-Tiene cita – Acusó el chico señalando a Rose
-¿Con quién? – Preguntó de nuevo apretando la correa de la mochila
-No te importa, Potter – Resolvió la chica ingresando al aula
-No la presiones – Meditó Mike - ¿Qué está ocurriendo aquí? – Preguntó deteniendo el paso de su amigo – James – Llamó
-Mike…
-Me pide beber una asquerosa poción y besar a cien chicas – Rebatió cruzándose de brazos – No niego que fue divertido pero no estaba planeado que volvieses con Sam
-Debían ser noventa y siete – Corrigió entrecerrando los ojos – Es complicado – Bufó.
-Tú eres complicado – Apuntó el chico – Vamos… explícate.
-Bien…
Se recostó sobre la silla observando detenidamente el techo de la oficina ligeramente ahogado entre cuatro paredes, el papeleo e informes le aburrían sobre manera por lo sistemático del trabajo. De cierta manera extraña el trabajo de campo y la libertad inmediata que sentía por pisar el suelo, a pesar de ello, sabía que podía pedir un permiso e inmediatamente regresaría al campo.
Sonrió de manera inconsciente imaginando el regaño o charla preventiva de la castaña, si incorporarse al trabajo de campo implicaba tenerla frente suyo en dos minutos, firmaría cualquier papel, sin dudarlo. Por desgracia, la situación había cambiado ligeramente durante la tarde anterior, la visita a la editorial había marcado líneas claras sobre privacidad y mesura sobre los reportajes, por supuesto, la cuota de amenazaba de ambos había sugerido un incentivo.
A pesar del pequeño éxito del viaje… la castaña había colocado una condición, refutando la pequeña promesa hecha hace algunas horas: Sólo podía aparecerse por el castillo fin de semana por medio y sólo si la situación lo ameritaba, en pocas palabras le prohibía aparecerse por el lugar salvo si se trababa de vida o muerte. La condición quedaba sujeta hasta navidad y él no paraba de mirar el calendario esperando la fecha.
No le molestaba cumplir la condición de la castaña, lo verdaderamente difícil parecía mantenerse quieto mientras Marcos revoloteaba cerca la castaña… la idea de verles juntos le hervía la sangre. Sin duda, le abrumaba la intensidad de las emociones y lo impulsivo que podía ser si algo le ocurría a la castaña.
-Adelante – Habló sentándose correctamente, la figura de Remus apareció - ¿Qué necesitas Remus?
-Ayuda – Suspiró él cerrando la puerta tras de sí para luego sentarse frente al escritorio – Hay algunos problemas… Necesitamos enviar un segundo equipo a Italia.
-¿Para qué? – Inquirió ceñudo – El grupo de Ron.
-No – Negó – Un grupo de menor peligrosidad, el primer equipo necesita apoyo para ampliar el rango de búsqueda.
-Comprendo – Susurró él apoyándose sobre el escritorio - ¿Cuál es la ayuda que necesitas?
-Que vuelvas al campo – Pidió sorprendiendo al ojiverde – Es importante, no podemos perderles la pista. Será rápido.
-Conozco los términos, Remus – Sonrió él – "Rápido" significa tres meses.
-Entonces…
-Cuenta conmigo – Aceptó él sintiendo la emoción por salir de aquel lugar - ¿Cuál es el equipo?
-Bryan y Melissa – Acotó
-Me parece bien – Asintió esbozando una enigmática sonrisa – Iré a prepararme…
-Harry – Dijo observando al moreno colocarse la túnica – Da aviso a Hermione. Suficiente tuve la última vez.
-Por supuesto – Sonrió – Nos vemos.
-Cuídate.
"Amigo mío" Recordó las palabras de su amigo después de relatarle la historia del chantaje – omitiendo a su prima, claro – "Tienes serios problemas" Sí, lo sabía e intentaba buscar algún tipo de solución a aquel embrollo… si seguía así, pasaría el resto de vida junto a una mujer que no amaba y estaba obsesionada, por no decir loca. Relatar la situación a otra personas le sirvió para relajarse y re pensar lo ocurrido, no podía evitar recriminarse por lo descuidado que fue.
-Señor Potter – Llamaron y el aludido parpadeo ligeramente – Podría verbalizar lo que piensa o lo que le mantiene distraído.
-"Su hija, profesora" – Estuvo tentado a decir frente a Hermione. Sonrojado negó – Lo siento.
-Se quedará después de clases – Vociferó la castaña intentando ocultar la preocupación que sentía por el chico pero debía mantener el papel – Bien. Continuemos…
Se disponía a transformar la silla del profesor en alfombra cuando el ligero picoteo de la lechuza llamó la atención de todos, evitó lanzar alguna maldición dirigiéndose hacia la ventana, sabía de quién se trataba y le haría saber lo imprudente que podía ser el ojiverde cuando se lo proponía. No parecía una carta, sólo una simple nota.
Es urgente, lo siento.
Necesitan apoyo en Italia. Algo menor.
Estaré fuera por tres meses junto a Bryan Kirk y Melissa Mills.
Harry.
No supo cuándo y en qué momento cruzó el umbral de la puerta, la frase "Termino la clase" parecía lejana y sonó estrictamente a orden de los labios de la profesora, gesto que nadie contradijo y obedecieron por inercia. El chico observó sorprendido a Mike y Rose, ésta última visiblemente preocupada… posiblemente la preocupación le hizo devolverle la mirada – la primera – gesticulando algo parecido a "Tu padre".
-¿Estás segura? – Preguntó él
-Conoces a mi madre – Siguió Rose - ¿Por quién suspendería una clase?
-Buen punto – Susurró desviando la mirada la puerta de la sala – Será grave.
-Hubiese salido corriendo – Apuntó de nuevo
-Tienes razón
Sí quería llamar la atención, lo consiguió. Debía reconocer que deseaba dirigirse hacia el ministerio, específicamente no sabía para qué, sólo deseaba verle… saber que estaría bien. Observó la nota por quinta vez y recordó porque quería verle "… junto a Bryan Kirk y Melissa Mills".
Conocía a Bryan Kirk hace cinco años; casado, treinta años, dos mellizos de tres años, cabello negro y ojos cafés. Compañero del ojiverde en divisiones mayores, sin embargo, la paternidad le hizo reducir el riesgo y sólo dedicarse a cosas pequeñas, por él no existía ningún motivo podía desconfiar, se cuidarían mutuamente.
Caso distinto… Melissa Mills.
-Sólo por ésta vez – Acusó cruzándose de brazos detrás del escritorio – Le daré razón a Ginny.
-Vamos Hermione – Sonrió Harry apoyándose en el escritorio – Serán tres días y no estaremos solos.
-Eres ciego, cierto – Bufó ella – Mills buscará la manera de que estén a solas… le interesas. Allí la preocupación de Ginny.
-Soy casado…
-No muerto…
-No lo niego, es bonita…
¡Ciego e imbécil! ¿Cómo podía obviar que parecía modelo? Melissa Mills… Ahora de veintisiete años, morena, ojos cafés, cuerpo perfecto que parecía devorarse con la mirada al ojiverde cuando le veía, por algunos meses, el dolor de cabeza para la pelirroja hace tres años. Aquella vez la prensa filtro un beso robado de los aurores desatando la tercera guerra mundial.
Cogió la nota tirándola a la basura intentando colocar sus pensamientos en orden lógico, después de todo, el hombre no tenía compromisos y podía hacer lo que quisiese sin dar explicaciones a nadie. Por lo demás, estaría fuera tres meses. Tamboreó los dedos sobre la mesa intentando obviar el pequeño detalle y reflexionar la ansiedad que sentía… no existía problema ni peligro, la misión parecía sencilla. Simple.
-Está celosa – Susurró Natalie después de escuchar el relato de James, Mike y Rose sobre el abrupto cierre de clases, la noticia sobre el viaje de campo relatada por Teddy les dio luces de lo que ocurría
-¿Qué dices? – Inquirió James dejando de lado su jugo de calabarazas – Nat…
-Olvídalo – Negó la chica guardándose cualquier comentario
-Bryan y Melissa – Menciono Rose seguro de haber escuchado el último nombre – Me suena el nombre de la mujer.
-Melissa Mills – Acusó el chico sonriendo ligeramente – Estaba colada por nuestro padre hace algunos años… vaya pelea que ocasiono.
-Mills – Habló la chica recordando, sólo le conocía por apellido debido a que su madre la mencionaba por el mismo – Ahora recuerdo.
-Linda chica – Volvió a sonreír. Ésta vez, elevando una ceja hacia su prima – Mi padre tiene suerte de estar tres meses junto a ella.
-Tía Hermione debe estar preocupada – Acusó Teddy – Es la primera misión luego de recuperarse por completo. Sumado al período largo de ausencia.
-Sí, tienes razón – Apoyo Mike
-Iré a la biblioteca – Anunció Rose incorporándose de su lugar – Nos vemos.
-Te acompañó, necesito libros – Acusó James siguiéndole
-Nunca necesitas libros – Murmuró la chica caminando por el pasillo
-Samantha tiene horas extras – Informó él caminando a su lado – Debo aprovechar que estoy solo.
-Tú tiempo libre ocúpalo lejos de mí
-¿Estás segura? – Inquirió dándole espacio para ingresar a la biblioteca – Sabes la verdad… no tenemos opción. O prefieres que todos se enteren de lo nuestro.
-No existió "nuestro" – Aclaró bajando la voz dirigiéndose hacia las últimas estanterías – Sólo… besos de un día.
-Espera – Atajó deteniendo el paso y sujetarle de la muñeca – Te confesé lo que siento. Jamás podría ser un juego. Tampoco para ti.
-¿Qué sabes?
-Lo sé.
A pesar del forcejeó y los intentos por separar al chico simplemente no pudo evitar corresponderle y responderle con la misma intensidad el beso, intentando dejar salir la rabia y los celos que sentía en aquel momento. Lo sabía, sabia la encrucijada por la cual pasaban… deshacerse de Sam implicaba que todos se enterarán de la verdad y por ello la rubia poseía el derecho de pasearse y besarse con el chico a voluntad.
Dejaron las mochilas tiradas en el suelo mientras el chico aprisionaba a su prima contra la estantería sin soltarle la cintura, sintiéndose extasiado por volver a probar los labios de la chica, la acción que debió hacer la noche anterior y no pudo dejar de pensar toda la maldita mañana. Sintió los dedos de Rose acariciarle el cuello y revolverle el cabello de manera cariñosa, el simple gesto de niños y hoy poseía un contexto distinto, los niños pasaban a hacer adolescentes y las caricias no tan inocentes.
-Solucionaremos esto – Susurró Rose separándose ligeramente. Agitada y las mejillas sonrojadas
-Lo haremos – Asintió él siendo silenciado por los labios de la chica.
Debía existir alguna solución ¡Merlín debía ayudarles!
¡Maldición! ¿Dónde diablos se metió su padre?
¡Cuatro meses! Si Harry Potter no regresaba antes de navidad, la mitad de Hogwarts reprobaría transformaciones y la otra mitad moriría de cansancio por todos los deberes diarios que ordenaba hacer. Por supuesto, Natalie Potter estaba la última mitad junto a Rosie y Teddy… James y Mike a punto de reprobar, claro.
Conocían la exigencia de la castaña y los últimos meses tenía a medio colegio en las salas comunes y/o biblioteca haciendo cientos y cientos de deberes que parecían no tener final. Los chicos consideraban seriamente mudarse a la biblioteca, por supuesto, después de enviarle lechuzas de ayuda al ojiverde.
¿Cómo suponían la razón de tal calvario? Simple, la tregua del diario espiró días después de la nota y diariamente las portadas sensacionalistas aparecieron de nuevo… sumado a la imprudencia de James leyendo la frase "Sí, Melissa sigue igual de bella" en clases de transformaciones hizo colocar la aguja en rojo en el termómetro de paciencia.
-Mike despierta – Acusó Natalie dándole un codazo a su amigo
-Lo siento – Se disculpó restregándose los ojos – Ya termino.
-Es tarde – Suspiró la chica elevando la mirada del pergamino – James, Rose podrían apurar el paso con los libros.
-No alcanzaba el libro – Se excusó la chica al tiempo que James dejaba un banquito de lado
-De acuerdo – Suspiró Nat observando que ambos chicos dejaron las varitas sobre la mesa - ¿Cuánto llevan?
-Dos pergaminos –
-Faltan ocho – Bostezó James – Muero de hambre… vamos a la cocina y pidamos algo de comer.
-No pensarás comer aquí – Enterró los ojos Natalie
-Sala común, Nat – Acusó él de manera obvia - ¿Qué dicen?
-Estoy de acuerdo – Asintió Mike cerrando el libro – Si duermo, prefiero hacerlo en el sofá.
-Bien – Siguió Rose – Vamos.
-Vamos – Suspiró la chica – Vayan ustedes a la cocina – Apuntando hacia su hermano y prima – Llevaremos los libros con Mike.
-Me parece – Dijeron ambos
-Tía Hermione quiere matarnos – Acusó Mike incorporándose del asiento – Comprendo su preocupación pero somos inocentes.
-Sí, tienes razón – Murmuro. Las últimas semanas sólo podía convencerse de tres cosas; la castaña estaba molesta… traducción, posibles celos, le molestaba y había perdido la paciencia con respecto a Melissa Mills, y su padre lo hacía a posta. Recogió los últimos libros rodando los ojos "Adultos" pensó.
Hermione
Sólo hoy pude escribirte, la situación mejora.
Es probable que regrese el 23 para recoger a los chicos en la estación.
Saludos, Harry.
¡Cuatro meses! Cuatro insoportables meses y sólo hoy la castaña recibía la segunda carta dirigida hacia ella, por lo general, los saludos venían de las cartas enviadas hacia James y Natalie. Instintivamente giro la mirada hacia el calendario 22 de diciembre. Al día siguiente viajarían para las pequeñas vacaciones de navidad.
Los meses parecían eternos y las noticias del diario le ponían de mal humor, la portada de algunos días prácticamente le puso los pelos de punta "El secreto amor de aurores: Al altar", las consecuencias de aquel día: cien puntos menos para las cuatro casas y diez pergaminos a la primera hora de mañana. Sí, lo sabía… desquitarse de aquella manera no parecía ser la solución a lo que comenzaba a sentir con fuerza.
Tres meses soportó la lejanía, rabia, confusión y celos para descifrar aquello que siempre estuvo allí, esperando el momento oportuno para salir a la luz pero subyugado por el manto de la amistad y compañerismo eterno. Sólo divagando en el examen del grupo de cuarto Gryffindor le hizo comprender y asimilar el cúmulo de emociones que sentía… la sorpresa y nerviosismo le hicieron pegar un ligero salto del asiento que pocos se dieron cuenta.
Sí, sentía celos porque la "bella" de Melissa estuviera junto al moreno y no precisamente la sensación se debía al cariño de hermanos que compartían. Sólo el amor de mujer podía provocar aquel sentimiento de pertenencia hacia el ojiverde… sentía celos porque se sentía profundamente atraída por su mejor amigo.
-Mamá – Hablaron sacándole de sus pensamientos - ¿Qué haces aquí?
-Buscaba las llaves – Balbuceo percatándose que había permanecido parada junto a la puerta de la oficina – Ustedes… - Observando al par de chicos – Es tarde.
-Biblioteca – Respondió James evitando mencionar "Gracias a usted" – Estudíabamos.
-Ya veo – Suspiró la castaña sacando las llaves del bolsillo y meterla en la cerradura – Los pergaminos a primera hora – Les recordó
-Ha recibido carta de mi padre – Titubeo James recibiendo un codazo de la chica
-Sí – Asintió Hermione – Vuelve mañana… estará en la estación.
-En serio – Sonrió James lanzando un inesperado suspiro – Que bueno…
-Vayan a la sala común – Aconsejó dedicándoles una ligera sonrisa – Buenas noches.
-Buenas noches – Dijeron ambos – Genial – Murmuró James caminando
-¿Qué pretendes?
-Nada en especial – Dijo restándole importancia – Simplemente, habrá menos reprobados – Rió.
-Seguimos en peligro – Argumentó - Lo primero es terminar los deberes.
-Sí, jefa – Sonrió sujetándole la mano – Vamos.
-Podría vernos – Se detuvo la chica
-Tonterías – Negó él sacando el mapa del merodeador y apuntar hacia el punto más alejado del castillo "Samantha" – Ravenclaw… deberes. Vamos – Continuó caminando sujetando la mano de Rose. El mapa parecía peso suficiente.
Ajustó la correa de la mochila mejorando la posición de la espalda, la caminata hasta el campamento les tomaría dos horas y ya comenzaba a sentir la ansiedad por regresar: el pequeño equipo de apoyo había finalizado las tareas y junto al primer equipo regresaban al ministerio. Por supuesto, los meses fueron duros y el moreno temía porque la misión se extendiera por otro mes, la sola posibilidad le volvía ansioso.
A pesar de la adversidad confiaba en el equipo de aurores, Bryan y Melissa. Giró hacia la derecha observando a la chica ajustar su abrigo y bufanda, no podía negarlo y comprendió los celos de la pelirroja, la mujer podía volver loco a cualquier hombre y tenerlo a sus pies. El trabajar juntos – de nuevo – supuso a principio cierta incomodidad, intentando colocar ciertos límites… limites que la morena intentaba saltarse constantemente buscando algo más.
-Vamos – Habló Bryan iniciando la caminata
-Vamos, Harry – Susurró Melissa cogiéndole del brazo y caminar
-Claro – Susurró él rodando los ojos. Sí, la chica había intentado besarle en varias ocasiones acercándose peligrosamente.
Por suerte, no había tenido éxito.
Sintió la espalda y el cuello rígidos debido a la incómoda posición desde el sofá de la sala común, sólo pretendía coger un descanso para luego continuar los deberes, sin embargo, el sueño le invadió hasta los primeros rayos matutinos. Se incorporó del sofá dejando de la lado la manta que le cubría y observar desorientado el lugar donde se encontraba.
-Maldición – Susurró masajeándose adolorido el cuello para luego mirar algunos cojines tirados en suelo y a su amigo sobre estos – Mike, despierta.
-Cinco minutos – Balbuceo tapándose la cabeza con la almohada – Me queda media página.
-Y treinta minutos para terminarlo – Acusó Rose bajando las escaleras – Dense prisa… no pretenderán entregar el trabajo adormilados y sucios.
-Podría ser – Sonrió James bostezado – Aunque tienes razón – Suspiró cogiendo el pergamino para continuar
-Mike – Habló Rose – Vamos, date prisa.
-Bien – Murmuró él revolviéndose el cabello – Supongo que terminaste.
-Me quede después del "descanso" – Sonrió la chica – No quise despertarles.
-Estaban dormidos – Se escuchó a Natalie desde las escaleras
-¿Cómo estás? – Preguntó James bajando el pergamino
-Bien – Susurró Nat – El dolor pasó…
-Debiste esperar a comer algo – Frunció el chico el ceño – No cenaste.
-Lo siento – Suspiró rodando los ojos – Ahora estoy bien, tranquilo.
-Bien – Suspiró el chico dejando el pergamino a un lado – Iré a cambiarme para entregar los pergaminos.
Sus amigos asintieron sin mayores problemas, la hora de entrega estaba acordada para las nueve y apenas si pasaban de las ocho y media. Mike cogió asiento en el sofá y fijó la mirada sobre el pergamino, pensativo y reflexionando sobre las pequeñas vacaciones de navidad y año nuevo… largas vacaciones.
-Bajaré al comedor – Anunció Natalie
-Voy contigo – Apoyo Rose recogiendo sus cosas – Nos encontramos en la oficina, Mike.
-De acuerdo – Soltó escuchando a ambas chicas salir del lugar. Lanzó un suspiro y escribió algunas líneas para terminar el trabajo.
No podía evitar sentirse aturdido y hasta cierto punto temeroso ante lo que podía proyectar en los próximos meses, después de todo, existían ciertos límites con los cuales era peligroso jugar. Precisamente, la broma y el juego pareció, irónicamente, llevarles hacia un juego difícil de maniobrar e intrigante por cómo saldrían de allí.
El chico recordó el trayecto desde la biblioteca hacia la sala común, por supuesto, lamentando el sinfín de deberes que debían entregar al siguiente día, la mayoría de profesores opto por continuar la materia y dejar los deberes postergados para después de año nuevo.
Mientras subían las escaleras hacia la sala común, recordó lo gracioso y divertido que resultó hacerse pasar por su amigo, besando a cerca de noventa de chicas. Claro, el resultado no resultó óptimo para el chico pero la experiencia quedaría como anécdota.
-Admítelo – Decía sin dejar de sonreírle a Natalie – Pasar por James y besar a cien chicas fue divertido.
-Noventa y siete – Aclaró acomodando los libros en la mesa llegando a la sala – Incluso menos, la última te descubrió
-Detalles – Menciono restándole importancia al hecho que la poción finalizo antes de tiempo – Fue divertido
-Podrías dejar de decir "divertido" – Bufó Natalie sentándose en el sofá – Nos queda mucho trabajo. Además, sucedió hace bastante tiempo.
-Oh, vamos Nat – Le ánimo él sentándose a su lado – James y Rose todavía no regresan, vamos – Picándole con los dedos el brazo – Son deberes, no el fin del mundo.
-No molestes, Mike – Pegando un brinco
-Cosquillas – Vociferó entrecerrando los ojos. Le hacía gracia pillar un punto débil - ¡Cosquillas!
Por ahora… no podía considerarla una buena o mala estrategia.
-¿Dónde están las chicas? – Preguntó James
-En el comedor – Vociferó incorporándose del sofá – Vamos.
-No subes –
-Después – Dijo recogiendo las cosas y seguir a su amigo
Simplemente en el intento de zafarse y ser liberada de la tortura de las cosquillas, Natalie comenzó a inclinarse en el sofá y Mike a seguir la inclinación de la chica. No supo cuándo y ni cómo, el ataque de cosquillas infantil cesó y los rostros quedaron a un palmo, agitados por el juego y las risas. Estos últimos quedaron en el olvido siendo sustituidos por el silencio y crepitar de las llamas de la chimenea.
-¿Dónde se encuentra la profesora? – Escuchó preguntar a James sacándole de sus recuerdos. A pocos metros se hallaba un grupo de sexto
-Pegó un aviso – Dijeron – Está en el gran salón.
-Bien – Asintió haciéndole regresar
Un poco de cordura. Sólo una chispa de cordura les hizo regresar a la realidad y la línea que pretendían cruzar, de golpe se separaron y mientras él observaba aturdido el suelo, Natalie subía las escaleras argumentando sentirse mal. A los pocos minutos el regreso de James y Rose le hizo reaccionar casi por completo.
Las conversaciones del gran salón le trajeron de regreso y por alguna razón tuvo un mal presentimiento, observó a pequeños grupos observarles mientras caminaban hacia las chicas, ubicadas a la mitad de la mesa de Gryffindor. De pronto, pudo percibir y comprobar que la mayor parte de la atención estaba dirigida hacia su amigo.
-¿Qué ocurre? – Preguntó James sintiéndose incómodo por la atención prestada
-Nada grave – Acusó Natalie restándole importancia
-Nada grave – Repitió el aludido frunciendo el ceño – Medio comedor parece interesarse en mí…
-En realidad… - Iba a decir Rose sin embargo guardo silencio
-Rose…
-James Potter – Menciono Nat esbozando una sonrisa – Haz tu mejor actuación
-¿De qué hablas? – Preguntó intrigado
-Nuestro nuevo mejor amigo – Señalando el diario que estaba posado sobre la mesa, por alguna razón, ninguno de los chicos se había percatado de aquello.
Pestaño ligeramente releyendo la frase subrayada por sobre la fotografía estática: "El engaño del siglo". Sólo demoro tres segundos en percatarse de la pareja que se besaba efusivamente tras una estatua, Samantha y un chico que logro identificar como Ravenclaw, abrió los ojos sorprendido y visiblemente aturdido por la noticia.
Un ligero carraspeo le hizo salir de sus pensamientos y mirar sobre el hombro, la figura de Samantha le saludo algo tímido y visiblemente ofuscada por la situación, después de todo, la aparente relación nunca fue tal y todo siempre fue un juego. Se incorporó de la mesa mientras las palabras de su hermana daban vuelta por su cabeza "Haz tu mejor actuación".
Sí, hoy podía terminar todo.
-Necesitamos hablar – Acusó la chica – En privado.
-No necesito hablar contigo – Vocifero seriamente – No hay nada que aclarar.
-Jamás te engañaría…
-La fotografía dice otra cosa – Interrumpió señalando el diario sobre la mesa – Escúchame, no quiero saber nada ti. Esto se acabo.
-James…
-No Sam, terminamos – Puntualizó mirándole a los ojos
-Puedo decir la verdad – Rebatió haciendo un rápido movimiento hacia la mesa y James supo a qué verdad se refería.
No. Hoy no terminaría todo.
Apretó los puños furiosos por sentirse atado e inútil frente a la situación, sólo por un ligero instancia se sintió libre, ahora simplemente parecía acatar lo dictado por aquella chica que amenazaba con contarlo todo. Desvió la mirada hacia el suelo para luego coger el diario dedicándole una significativa mirada hacia Rose y volver la atención hacia la rubia.
-Vamos a los jardines – Vociferó él evitando escuchar el bufido airado de Natalie, sin duda, cualquier opción de conversación le parecía absurda.
Lanzó un suspiro y arrugó el diario literalmente…
-"Maldito diario" – Pensó James
Continuará…
Sí, lo sé. Tal vez, demasiada información y que poco a poco se irá aclarando.
Algunas aclaraciones… Si bien Hermione reconoce sentirse atraída por su amigo, no quiere decir que este enamorada ciento por ciento. Algo así, como lo que ocurrió con Harry en un principio.
Por otro lado, sé que deben estar odiando en lo profundo a cierta rubia… la verdad, ni siquiera sé cómo sacarla xD
Para el próximo capítulo podremos observar.
-La llegada de Harry
-Reencuentros
-Preparativos de la cena de navidad
-Planes
Próximo capítulo: Navidad II: Brindis.
