TODOS LOS PERSONAJES PERTENECEN A JK. ROWLING
¡MIL DISCULPAS! No tuve buena semana y a duras penas pude terminar el capítulo. No está todo los detalles y situaciones que desee, sin embargo, perdí un papelito con los apuntes (lo lleve a casa y cuando lo busque no lo encontré, un misterio). El próximo capítulo será extenso y con todos los detalles que debía tener. Os prometo.
Con respecto a la historia…
Podremos observar el día post fiesta de Gryffindor, los pequeños detalles, escenas incomodas y castigos de ciertas castaña. Claro, los leones recurrirán a cierto moreno para obtener cierta "rebaja" en la sentencia.
¡Cierto! Con respecto a la contestación de mensajes, estoy trabajando en ello. Si por alguna razón, no contesto alguno. Pido disculpas de manera anticipada.
No quiero retrasarlos más. Saludos a todos.
(El próximo capítulo será hasta el domingo siguiente).
BUENA LECTURA
"Frente a ti"
TERCERA TEMPORADA
Capítulo Veintinueve
"Un segundo"
¿Cuánto tiempo resistiría? El suspiró impaciente de la castaña le indico que llevaba buen tiempo, sin embargo, el ceño fruncido le anunciaba el peligroso limite de su paciencia, límite que nadie podía cruzar si apreciaba su vida. No le gustaba coger el riesgo de ser maldecido, sólo le parecía gracioso hacerle enojar y sobre todo tratándose de la "gracia" realizada por la casa de Gryffindor.
Sencillamente la mesa de los leones estuvo casi vacía: los niños de primer y segundo año, valientes de tercero y algunos de séptimo se atrevieron a bajar, la resaca de la juerga parecía ser obvia y la mirada amenazante de la jefa de Gryffindor le decía "Di la verdad o muere lentamente". Su respuesta, sonreír y desayunar en silencio… primero porque prometió guardar silencio y segundo por la pareja sentada a pocos metros, llamó poderosamente su atención.
De los pocos "séptimos" valientes y/o sin resaca de la noche anterior, James y Rose parecían ajenos de todo y todos: sonrisas, risas y conversación amena pudo observar visiblemente sorprendido, recordando las últimas semanas donde apenas si cruzaban miradas y ni hablar de palabras. Hoy, el escenario parecía cambiar abruptamente.
-Harry Potter – Habló la castaña. El aludido le observó, curioso - ¿Quién organizó la fiesta?
-No lo sé – Suspiró él guardando libros de estudio en el bolso. – Sólo escuche el rumor, lo organizaron hace dos semanas.
-Minerva está furiosa – Acotó la mujer relajándose – No quiere castigar a todo Gryffindor, sin embargo, no puede quedar así.
-Comprendo – Susurró pensativo – No sería justo – Cogió el bolso siendo imitado por Hermione, las clases comenzaban y llegaban atrasados. – Hablaré con el grupo, tengo a quinto.
-Séptimo – Bufó llevándose una sonrisa del hombre – No te burles, primera clase y ya tengo problemas – Saliendo de la oficina del moreno
-No te preocupes – Le tranquilizo cerrando la puerta y caminar por el pasillo- Te acompaño.
-Dudó que alguien este en pie – Musito pensativa
-James y Rose – Susurró él
-Ninguno pudo participar – Reflexiono – él estaba convaleciente y ella castigada, todavía no puedo comprenderlo.
-No dijo nada.
-No – Negó inquieta – Me preocupa
-Si fuese grave – Acotó él – Te diría. Mione – Le detuvo a medio pasillo – Me lo hubiese dicho, tranquilo.
-Gracias – Sonrió reanudando la caminata. Harry ajustó la mochila y le siguió esbozando una enorme sonrisa; conocía a la castaña y podía percibir cuán preocupada estaba por su hija - ¡Harry!
Avanzó algunas zancadas para darle alcance, sujetarle de la cintura y apoyar cariñosamente la barbilla sobre el hombro de la mujer, la inicial queja atrás apenas un ligero "todo saldrá bien" salió de los labios de él. Transmitiéndole la seguridad y tranquilidad necesaria, podía comprender perfectamente lo que sentía, la preocupación por un hijo estaría rondándole hasta conocer más detalles. Información que debía esperar por algún tiempo.
-Deberías preguntar – Susurró reanudando la caminata, siempre prendido de la cintura y apoyando la barbilla sobre el hombro de Hermione – Busca el momento indicado.
-Lo haré – Suspiró para luego girarse entre los brazos del hombre y sonreír – Nos verán – Musito sin dejar de caminar, ahora de espaldas, negó – Llegaremos pronto.
-Falta un pasillo completo – Dijo él acortando distancia para besarle. Sonrió entre besos sintiendo los brazos de la castaña sobre sus hombros – Recuerda, varios recién deben estar enterándose de lo que paso anoche.
-Sí – Bufó separándose ligeramente. Harry bufó por el comentario anterior – No podemos confiarnos – Añadió colocando las manos sobre el pecho del ojiverde, este negó - ¡Harry! – Le regaño sintiendo el abrazo afianzarse
-Somos novios, Hermione – Recordó percatándose de la proximidad de la esquina y del salón de clases – Pretendes esconderme – Comentó haciéndose el ofendido.
-Nunca lo haría – Sonrió volviendo a subir los brazos hasta el cuello – Sólo recuerde, señor Potter. Somos profesores y debemos mantener la compostura.
-¿Cuál compostura? – Preguntó él volviéndole a besar – Esta… compostura… de… aquí… juntos – Decía entre besos y risas. Coloco la mano izquierda sobre la pared guiándose, de pronto, los dedos dejaron de percibir la muralla, sintiéndose desorientado.
¿Cuántos damnificados dejo la noche anterior? A simple vista podía visualizar al ochenta por ciento de estudiantes de Gryffindor con la peor resaca de la historia, vaya juerga. El desayuno parecía ser testigo de ello, sólo niños y algunos valientes estaban presentes, el resto simplemente saltó el desayuno para aparecerse a la primera clase del día, y sí, con la mejor cara que podían presentar, lo irónico del asunto, la presentación tenía nombre y apellido: Hermione Granger, jefa de Gryffindor y quien mínimo le quitaría cien puntos por irresponsables e impuntuales.
El pelinegro observó el reloj de pulsera sorprendido, corrigiéndose a la interna, prácticamente todos los estudiantes de séptimo de Gryffindor estaban apostados en la entrada del salón (cerrado, por cierto). Observó a Rose encogiéndose de hombros, recordó a la castaña salir antes del comedor.
-¡Harry! – Escucharon llamando su atención. James, Rose y Mike intercambiaron miradas.
Siguieron escuchando risas y pasos arrastrados por el pasillo continuo, las charlas cesaron haciendo silencio. De pronto, la figura de dos profesores apareció por el pasillo abrazados y besándose largamente, inmersos en su propio mundo… olvidándose, por ejemplo: de estar parados frente a los estudiantes de séptimo año, los cuales, se miraron entre sí, decidiendo silenciosamente quien interrumpiría la escena.
-B-Buenos días – Aclaró Mike después de ser empujado cinco veces por sus amigos
Un rojo furioso les adornó las mejillas apenas se separaron tal y como si la corriente eléctrica les hubiese recorrido el cuerpo, sólo así lograron percatarse del lugar y con quienes estaban; la castaña recobró la compostura y girándose solemnemente hacia el hombre, hizo un gesto de despedida.
-Hasta luego, profesor – Habló sin perder el sonrojo
-Hasta luego – Balbuceo Harry haciendo un gesto de despedida.
-Pueden ingresar – Anunció abriendo el aula – Debemos hablar – Siguió, borrando varias sonrisas pícaras.
Una larga conversación con la jefa de casa, les esperaba
¿Cuántos años transcurrió? Diez, veinte, una vida… Harry no tenía respuesta para cuán ciegamente se comportó durante tanto tiempo, recién ahora podía comprender los constantes reclamos de Ginny y Ron, los celos y conjeturas silenciadas por los más cercanos, tal parecía, todos intuían algo sobre ellos y les señalaban más nunca se dieron cuenta. Se sentía emocionado después de tanto sufrimiento e incertidumbre, sin miedos, podía decirle a todos cuán enamorado se sentía de Hermione.
Dobló la esquina esbozando una alegre sonrisa a punto de llegar al aula de defensa e iniciar el día escolar, sin embargo, no contó con la presencia de su mejor amigo, la pelirroja cabellera, túnica sucia y polvorienta y brazos cruzados le hacía dudar seriamente sobre las intenciones del hombre. Por un segundo, la discusión en el ministerio de magia que finalizó con hechizos, golpes y declaraciones a medias llenó su mente y la seria posibilidad de que la noticia del noviazgo estuviese en boca de todas, le llevó a la conclusión de posible escena de celos.
-¿Qué haces aquí? – Preguntó él observando el desierto pasillo, no podían obviar que el pelirrojo era prófugo – A plena luz del día.
-Necesitaba hablar contigo – Suspiró él colocándose la capucha – No podía esperar a la noche.
-Sobre qué – Indagó ladeando la cabeza. El pelirrojo sonrió
-El pasillo no es lugar
-El próximo pasillo corresponde al aula de defensa – Menciono – No querrás armar escándalos.
-No pretendo hacerlos – Sonrió pensativo – Se trata sobre el ministerio, debo ingresar.
-¿Cómo lo harás? – Preguntó sorprendido evaluando seriamente la salud mental de su amigo – Es decir, te identificarán.
-Usaré la poción multijugos e ingresaré, no es la primera vez- Se burló
-Ya lo sé – Suspiró Harry recordando – Supongo que piensas usar un mechón de cabello, mi cabello.
-Supones bien – Asintió él – Necesito ingresar y recolectar información.
-¿Por qué piensar que lo encontrarás allí? –
-Es el único lugar al cual no puedo ingresar – Sopesó el pelirrojo – Se lo pediría a Remus, sin embargo, sé que está vigilado.
-Soy tu última opción –
-No, la última es Hermione – Suspiró
-Dudó que seas igual a ella.
-Lo sé – Rio moviendo la cabeza – Me ayudarás.
-Sólo si regresas aquí – Señaló él – Quiero asegurarme que estás bien.
-Lo prometo – Asintió. Observó a su amigo coger la varita y cortar un ligero mechón de pelo – Cuídate
-Pierde cuidado – Dijo guardando el mechón – Si todo sale bien, sabré quien es el responsable de ésta locura.
-¿Cuánta poción posees?
-Dos horas – Aseguró él – Nos vemos.
-Nos vemos…
-Oye – Acusó Ron tras el moreno – Felicitaciones, sé que la cuidarás.
-Gracias – Sonrió él
Observó al pelirrojo desaparecer por un pasillo secreto y él dobló la siguiente esquina encontrándose de frente con sus estudiantes, todos, visiblemente trasnochados por la juerga de la noche anterior. Entrecerró los ojos, repasando los rostros hasta detenerse en su hija menor, la cual, le devolvió la mirada alegremente sin rastro de haber asistido a alguna fiesta.
Se apuntó mentalmente preguntar por pociones anti fiestas.
Suspiró aliviado porque el ligero cabeceo que sostenía no fuese detectado por el profesor de defensa, los parpados le pesaban y literalmente fue sacado de la cama por sus compañeros de habitación. Cogió la pluma apuntando las últimas palabras del profesor quien sólo realizaría la clase de manera teórica, según él; nadie del salón estaba apto para realizar hechizos, lo cual, nadie reclamo.
Observó de reojo a su mejor amigo y la incertidumbre se apoderó de él, se preguntaba si sospechaba sobre la relación con Natalie, la escena en la sala común y las pequeñas muestras de cariño no comunes entre amigos, le decían que él comenzaba a sospechar, varias le vio entrecerrar los ojos y permanecer pensativo. No, no quería problemas con él y a pesar de la compleja situación estaba dispuesto a hacerle frente.
-Bien – Suspiró Harry sobresaltando a varios somanbulos – Pueden retirarse, los quiero despierto para mañana.
-Por fin – Suspiró Mike guardando sus cosas
-James – Dijeron. El aludido observó a su padre – Un momento.
-Claro – Asintió cogiendo la mochila – Vayan ustedes, les alcanzó en el comedor – Acusó dedicándole una significaba mirada a su prima – Nos vemos.
-No tardes – Susurró la chica devolviéndole la mirada, el aludido sonrió
El último estudiante de Gryffindor cerró la puerta dejándoles solos, el chico camino entre los pupitres hasta llegar al escritorio de su padre. Sentía cierta ansiedad y nerviosismo, la presunción sobre el tema a platicar le intrigaba después de tantos problemas y escenas que suponían cientos de nuevos escenarios, por alguna razón, podía deducir que el ojiverde conocía la verdad.
-¿Qué ocurre? – Preguntó iniciando la conversación, la ligera sonrisa del aludido le acusó realizar la pregunta equivocada – Si es por la fiesta… - Equivocó de nuevo.
-Estoy seguro que Hermione les regaño – Suspiró cruzándose de brazos – Posiblemente, el nombre del profesor de defensa salió al aire y luego seré regañado, sin embargo, no es precisamente el tema que quería platicar contigo.
-Entonces…
-Eludiendo el tema sólo exasperaras al pelirrojo, créeme – Sonrió provocando cierta tensión en el chico – Ocurrió algo después del castigo de Rose – Indagó, el tono de voz le indico al chico que se trataba de una afirmación – El desayuno fue temprano, si consideramos que la mitad de Gryffindor tenía resaca, nunca les vi platicar y reír de esa manera.
-Papá – Susurró él cabizbajo – Estamos juntos.
-Pensé que habías terminado, tú decisión.
-Me equivoque – Confesó James cruzando mirada con su padre – Tenías razón, apresuré las cosas y no espere lo suficiente. Por otro lado, Rose comprendió que no podía negar lo que sentía y a pesar del miedo inicial, está dispuesta a intentarlo.
-Te dije que explotaría, lo hizo – Suspiró sonriéndole – Me alegró que estéis bien, lo difícil inicia ahora. Necesitas ser el apoyo de Rose, lo sabes.
-Sí – Asintió pensativo – Lo primero es Teddy.
-Y lo último Ron – Apuntó él acercándose hacia su hijo y sujetarle por los hombros – Lo comprenderá.
-Supongo… - Meditó – Según Rose, la platica que sostuvo con él le hizo comprender lo que sentía.
-¿Cuál platica? – Preguntó el hombre intrigado – Ya lo…
-Todavía no – Negó James – Creo que hablaban del divorcio.
-Comprendo – Susurró – Confía, todo saldrá bien.
-Y tía Hermione – Acusó intrigado - ¿Qué pensará?
-Es difícil saberlo – Meditó Harry – Debemos esperar, por ahora está preocupada. La escena del gran comedor la tiene inquieta y si le nota feliz después del castigo, se pondrá peor.
-¿Qué sugieres?
-Una excusa – Habló encogiéndose de hombros – Lo suficientemente convincente para el ingenio de tu tía.
-Será difícil.
-Sí – Sonrió pensativo – Aunque lo primero es Ted.
-Así es.
-¿Cuándo hablará con él?
-La próxima salida a Hogsmeade – Anunció
-Es razonable – Dijo pensativo – Bien, vamos.
-Claro – Asintió caminando hacia la puerta
-Oye – Dijo Harry antes de salir – Felicidades
-Gracias.
Se ajustó los lentes sobre el puente de la nariz mientras ingresaba al ascensor antes de que partiera, dirigió la mirada hacia el empleado quien sorprendido le preguntó el piso y él entre dientes pronunció "Departamento de aurores", coloco las manos en los bolsillos del abrigo observando el reflejo que proyectaba: Harry Potter le devolvió la mirada atraves de los lentes.
Los recuerdos le inundaron puesto que la última vez que cruzó las puertas del departamento, sólo se limitó a consentir el divorcio con la castaña y aceptar rotundamente infiltrarse en un viaje del cual todavía pagaba las consecuencias. Cualquier presunción apuntaba hacia el capitán de aurores y él personalmente se ofreció a recolectar la información necesaria.
-Departamento de aurores – Acusaron sorprendiéndole – Buen día, señor Potter.
-Buen día – Susurró saliendo del ascensor y caminar sigilosamente por el pasillo principal, evitando cruzarse y saludar personas.
Avanzó por el pasillo hasta el final, la oficina que le interesaba se encontraba allí y la única opción de encontrar la verdad se hallaba a dos metros de él. Varias veces golpeó la puerta y el silencio le brindó la señal necesaria para ingresar sin problema alguno, a pesar de la seguridad, pocas puertas se hechizaban, la oficina de Henry Lyon no parecía ser la excepción.
Sólo un movimiento de la varita le bastó para cerrar las persianas y dejar la habitación con luz tenue. Un ligero vistazo le llevó hacia el escritorio principal y comenzar a revisar pergaminos, carpetas, planos, cualquier tipo de documento tipificado como "secreto" y le diera pistas sobre el accidente de la pelirroja, sin más, coloco gran cantidad de papeles sobre el escritorio pasando a llevar algunas fotografías del capitán del aurores.
Cada minuto le parecía eterno y la desesperación comenzaban a agolparse en el pecho, lo único que existía parecía ser misiones anteriores y detallados papeles sin importancia, de pronto, la idea de formular una teoría errada con respecto a la muerte de Ginny y el fracaso de la zona sur le aterró. Golpeó el escritorio con fuerza y mandó a volar los papeles de un movimiento de varita, revolvió el azabache cabello y resopló ofuscado, intentando aclarar su mente; separarla de cualquier sentimiento y comenzar a hilar pensamientos racionales, tal y como los aurores siempre deben hacerlo.
-Si fuese él – Se decía observando el escritorio pulcramente ordenado – Nunca dejaría documentos importantes e incriminatorios aquí – Señalo apoyándose ligeramente sobre el mueble y repasar los retratos sin darle mayor importancia – Tampoco usaría los retratos pegados a la pared, es obvio – Miró evaluando y descartando posibilidades.
Con sigilo se movió hacia el estante de la derecha observando la siguiente opción: Descartó la posibilidad obtener algo del interior u algún cajón suelto, se apoyó sobre la pared mirando una pequeña obertura, volvió a negar. Repasó la delgada línea hasta el suelo, apenas apoyó la rodilla sobre los tablones un crujido llamó su atención, palpó el piso percatándose que el suelo bajo el mueble estaba falso.
-Perfecto – Susurró.
-Capitán Lyon – Escuchó desde el otro lado cuando estaba a punto de mover el estante – Necesito hablar con usted.
-Diez minutos, señor ministro – Acusó el hombre ingresando a la oficina. La penumbra del lugar no le pareció extraño y sólo abrió las persianas – Estoy ocupado.
-Sí, lo sé – Suspiró el mago cerrando la puerta – Dos semanas del ataque a Hogwarts y no tenemos respuesta para la opinión pública ¿Qué piensas hacer? Pensé que estaba resuelto, culpar a Weasley y su grupo.
-No es sencillo – Le miró fijamente deteniendo su papeleo – El maldito recurso de Potter, lo impide. Debo apelar en dos meses.
-¡Dos meses! – Exclamó el ministro. El hombre se apoyó sobre el escritorio dejando caer mechones castaños y su mirada parecía fulminar al capitán de aurores – Lyon tengo un problema aquí y necesito ayuda.
-También tengo problemas, Lucas – Susurró frunciendo el ceño – Soy perfectamente consciente sobre el ataque a Hogwarts, sin embargo, el ocultamiento de información es realmente molesto.
-¿Qué harás? – Preguntó inquieto – No podemos sostener esta situación, Ronald esta aliado con los infiltrados, los aurores no pueden encontrarle y el maldito grupo que posees está fuera de control.
-Escucha – Susurró Henry aputandole con la varita – Lucas, por Merlín – Sonrió él – Hemos estado en situaciones peores, lo sabes – Dejó la varita sobre escritorio y camino hacia el mueble de la derecha, le movió y sacó la tabla del suelo – ¿Qué ocurrió hace dos años? – Le miró sonriendo para luego sacar del suelo una pequeña caja – Bajo las cuerdas, la infiltración nos perjudico y no reaccionamos a tiempo, los grupos de ataque estaban posicionados y sólo restaba definir los puntos de aparición, lo recuerdas.
-Perfectamente – Susurró el hombre – Henry, la situación no es comparable.
-No, no lo es – Negó dejando un papel doblado en la caja sobre la caja – Aceptó, exageramos en la medida pero resultó efectiva para sacar del camino a varios.
-¿Qué quieres decir? – Volvió a preguntar – Lo harás de nuevo.
-Lo haremos – Corrigió el hombre sellando el suelo y volver a colocar el mueble en su sitio – Cumpliremos un doble objetivo, desviar la atención del público y desestabilizar emocionalmente a magos indeseables. Será sencillo y lo vincularemos al ataque anterior.
-¿Cuándo?
-Debe estar ocurriendo ahora – Sonrió cogiendo la varita – Créeme Lucas, la protección se irá por el caño.
-¿Qué será? – Preguntó observando al mago llegar hasta la puerta
-Amigo mío – Suspiró sosteniéndole la mirada al ministro – Harry vivirá un segundo luto – Anunció abriendo la puerta para salir – Es perfecto.
-¿Por qué estás seguro? – Inquirió frunciendo el ceño, el aludido le devolvió la mirada – Henry, ya cruzaste el límite… te lo dije aquel día, si te metes con él…
-Cobraría venganza, lo sé – Interrumpió entrecerrando la puerta – Pasaron los años, él ni el amante se enteraron. El golpe les dejó fuera de combate y la evidencia bajo tierra – Señalando el mueble - ¿Por qué sería distinto?
-Se trata de Hermione, es diferente.
-Es igual – Sentenció saliendo de la oficina. Después le siguió el ministro
Harry vivirá un segundo luto. Sintió las piernas temblar y el corazón latir a mil por hora, la conversación de ambos hombres sencillamente le dejó sin aliento, la capa de invisibilidad "prestada" de la oficina de su mejor amigo resbalo por la cabeza cayendo al suelo dejándole ver sudado y visiblemente aturdido por la información; temblando y respirando agitadamente movió el mueble para luego sacar la tabla, raudo saco la caja.
Observó los antiguos mapas de aparición, medición de terreno, planos estratégicos originales, todo lo necesario para haber eliminado la zona sur y lo hubiesen hace bastante tiempo sino fuese por la medidas de Henry y Lucas. Miró las cartas y sorprendido comprobó que varias correspondían antes, durante y después de la fecha del accidente, quiso abrirlas y leerlas pero la imperiosa necesidad por saber de la última carta deposita por el auror y la necesidad de salir corriendo de aquel lugar para prevenir a la castaña, pudo más.
En correspondencia a antiguos favores, lo haremos.
Lo realizaremos a medio día, será rápido.
Cordiales saludos. Atentamente, P.
Disminuyó el tamaño de la caja para guardarla en el bolsillo de la túnica y salió disparado de la oficina procurando dejar todo en orden.
La evidencia estaba bajo tierra. Las crueles palabras del auror tenían sentido, la evidencia del accidente se encontraba en la pequeña caja que procuraba no apretar con demasiada fuerza, la evidencia del maquiavélico plan de Henry se encontraba allí y la evidencia del ataque hacia Hermione también. Apretó la mandíbula ante el último pensamiento y apresuro el paso por el extenso pasillo hacia el primer ascensor.
Le urgía llegar a Hogwarts.
-¡Vamos profesor! – Decía un pequeño grupo de Gryffindor agolpados en la entrada del gran comedor – Hágannos ese favor, es importante.
-Muy importante – Recalcaban los mayores de séptimo. Ligeramente alejados, Mike, Natalie, James y Rose sonreían – No queremos estar castigados por tres semanas.
-Profesor Potter – Hablaron – Dennos una mano, lo hicimos por una buena causa.
-Y también mencionaron mi nombre – Susurró él haciéndose el ofendido – En serio, no tengo problemas para ayudarles pero no soy jefe de casa.
-Por favor – Dijeron varios. James y Mike asintieron
-Tres semanas de castigo – Repitió Mike frustrado – No puedo creerlo, es injusto.
-Dímelo a mí – Suspiró Rose recordando las noches por cumplir castigo – Ni siquiera estuve en la fiesta.
-Igual yo – Suspiró James cruzándose de brazos – Ojala pueda convencerle.
-Primero hay que convencer a papá – Apuntó Natalie. Sencillamente la resolución de la jefa de casa había sido, tres semanas de castigo realizando diferente deberes durante la noche, prácticamente todo Gryffindor estaba castigado
-¿Por qué están seguros que lo conseguiré? – Preguntó Harry recibiendo sonrisas misteriosas. De reojo, pudo ver a Natalie rodar los ojos
-Profesor… - Comenzaba Mike pero un ligero empujón de su novia, le calló – Sólo intento ser explicativo – Sonrió.
-Ahorratelo –
-Te escuchará, papá – Acudió James sin borrar su sonrisa – Nosotros lo intentamos durante la clase y fue inútil. La directora simplemente le dará la razón y no podemos acudir a otro profesor.
-Tal vez, Marcos – Soltó Rose reflexivamente. Natalie y Mike le miraron sorprendidos
-Es buena idea – Habló el chico rascándose la barbilla, llevándose la entrecerrada mirada de su padre, suspiró – Hay que hablar con él.
-De ninguna manera – Soltó Harry recibiendo varias miradas, incluso de las mesas vecinas. De reojo observó la presencia de la directora y la castaña – Es decir, hablaré con la profesora y le explicaré lo sucedido. Haré lo posible – Señaló
-¡Bien! – Exclamaron victoriosos - ¡Gracias profesor!
-No pensé que usarías ese recurso – Le susurró a la chica, la cual se encogió de hombros – Se nota que eres su hija.
-Sólo es justicia, tío – Río la chica alejándose de la entrada para sentarse a la mesa
-Sí, claro – Suspiró él caminando entre las mesas, la situación le parecía graciosa y por obvias razones la pequeña comitiva había acudido a él, después de todo, parecía ser el único que podría convencer a Hermione Granger de reconsiderar el castigo. Por supuesto, nunca pensó que Rosie usaría el comodín del profesor de historia para aceptar de manera más rápida y segura.
-Ni lo pienses – Dijeron apenas se acercó hasta la castaña. Ambos parados detrás de la mesa de profesores
-Fue obvio – Sonrió él lanzando un suspiro
-Demasiado – Susurró sintiéndose observada por gran parte de Gryffindor – Sumado a los rumores, ya sabes.
-Sí, claro – Musito pensativo, podía percibir la tensión de la mesa de Gryffindor – Mione – Susurró acercándose unos pasos – Son tres semanas…
-No lo intentes, Harry – Le advirtió sin retroceder – Sé perfectamente porque te pidieron el favor.
-Sí, saben que puedo convencerte – Admitió sin borrar su sonrisa – Que podría bajar el castigo a dos semanas o una semana y media.
-Nunca – Negó escuchando sonidos de frustración – Soy jefa de casa y cumplo mis obligaciones.
-Hermione – Suspiró – Son tres semanas… veintiún días… veintiún noches – Avanzó dos pasos y la castaña retrocedió uno – Tendrás que supervisar a casi cien estudiantes, entre ellos, Rose quien cumple castigo.
-Cumplirá su castigo y luego se sumará al resto – Acotó.
-Les castigarás por una fiesta – Le miró ladeando la cabeza – Vamos Hermione, piénsalo bien. Son veintiún noches de trabajo, imagina lo que podríamos hacer.
-No imagino nada – Le devolvió la mirada, retrocediendo.
¿Cuánto se conocían? ¡Merlín lo sabía! El labio inferior apretado de Hermione le indicaba fehacientemente la provisoria victoria del ojiverde, la secreta victoria debía negociar y la cual él tenía una ligera ventaja, sin embargo, no podía confiarse porque luchaba contra le responsabilidad y sensatez de la mujer, cualidades poderosas, la conocía lo suficiente para prever un ligero arrepentimiento. Sin más, le ofreció asiento caballerosamente escuchando ligeros suspiros de alivio y gritos no tan contenidos.
Conocían a Hermione Granger y nunca echaba pie atrás. La única posibilidad certera parecía ser aquel hombre que caminaba hacia la profesora detrás de la mesa principal, expectantes les observaron: Harry Potter se encontró repentinamente con la negación inicial, después de todo, el alboroto armado por Gryffindor y los rumores del pequeño espectáculo de la pareja durante la mañana viajaba libremente por el colegio. La tensión se percibía entre los estudiantes y el primer movimiento del hombre les hizo sonreír a medias, la castaña apenas si se inmuto, continuando la plática.
Un sonido generalizado de frustración se escuchó desde la mesa ante la negativa de la profesora, ligeros murmullos se escucharon y cuchicheos de otras casa se hicieron presente. El avance del profesor y retroceso de la jefa de casa les devolvió la esperanza, la respiración de volvió lenta y los murmullos del exterior les parecieron molestos, las palabras pronunciadas por el hombre y el cambio en la rígida postura de la profesora, les hizo mirarse y sonreír.
Un silencio que sólo comprendieron tres chicos les dio la privilegiada oportunidad de conocer la pequeña victoria del profesor de defensa, el intercambio de miradas les bastó y la ligera reverencia del hombre al cederle el asiento le hizo lanzar un suspiro de alivio y pequeñas muestras de alegrías. De pronto, la burbuja de emociones y seducción se rompió y el molesto ruido del exterior del gran comedor se intensifico hasta el punto de provocarle una desagradable sensación.
Unos gritos ensordecedores les hicieron incorporarse de la mesa y para cuando quisieron caminar para averiguar el origen del alboroto, un potente rayo desde la entrada del gran comedor la cruzó hasta llegar a la mesa de profesores, provocando un gran estruendo y la inmediata reacción de los estudiantes quienes intentaban salir de aquel lugar lo antes posible.
James, Rose, Natalie y Mike sólo dejaron de avanzar cuando el desgarrado nombre de la profesora de transformaciones salió de los labios de Harry Potter.
Continuará...
