Sherlock © BBC/Mark Gatiss & Steven Moffat, based in books of Sherlock Holmes
007: Skyfall©Ian Fleming, Sam Mendes, Michael G. Wilson, Barbara Broccoli, & others
Merlin©BBC, Julian Jones, Jake Michie, Johnny Capps, Julian Murphy & others
Aclaraciones: Las personalidades de los personajes pudieron haber sido algo modificadas para fines de este fic.
Advertencias: Spoilers de la serie, Incluye OC
Multipairing: Sherlock x John/ Johnlock. Mystrade. 00Q. Merthur.
Slash +18
—Diálogos—
[Notas de Autor]
(notas del texto)
De antemano gracias por los reviews.
Stone's heart
Blue. Sherlock estaba recostado en el sofá de la sala de su hermano menor, su cabeza colgaba por encima del mueble, sus manos estaban unidas por las puntas de sus dedos, su expresión era seria pero podía notarse su ceño fruncido, estaba enojado, una y otra vez se repetían los distintos escenarios en su mente sobre lo sucedido con su niña. Sherly Watson tenía cinco horas desparecida, ella estaba sola fuera de la escuela esperando que Sherlock fuera a recogerla pero el detective llegó tarde, sin embargo cuando se hizo presente fue para descubrir la escena de un crimen, huellas en el suelo entre otras señales eran las piezas que Sherlock intentaba reunir en su mente, la respuesta más lógica era secuestro, y el único responsable era… Uther.
Quinn salió de su habitación cuando escuchó azotarse la puerta principal, por un momento imaginó que era una entrada triunfal por parte de James pero, en realidad había sido Sherlock quién salió de la casa sin avisar, el menor se preocupo un poco, todos estaban haciendo lo posible por localizar el paradero de la niña Watson. Sherlock estaba furioso, era un hombre de ciencia, acostumbrado a usar sólo la cabeza pero tratándose de los Watson su lógica era destruida reemplazada por emociones.
Merlín estaba contento, por primera vez en mucho tiempo estaba a solas con Arthur aunque el rubio no lucía complacido, sin embargo eso no destruyó las esperanza del trigueño. Merlín asumió que su joven compañero estaba preocupado por algo, así que decidió entablar una conversación con él durante el postre.
—Arthur, ¿qué sucede?—preguntó Merlín suavemente para atraer la atención de su amigo. —Estás preocupado por lo que sucedió con Sherly… —, ese nombre causo un respingo en su espalda, —no te preocupes, confió que ella está bien, además, mis hermanos están en el asunto… la encontraran muy pronto—concluyó Merlín entusiasmado, deseaba contagiar su positivismo a sus hermanos, en especial Sherlock. Arthur miró la sonrisa de Merlín, llena de esperanza para contagiarlo pero su culpa era mucho más pesada que su amor por el trigueño en ese momento.
— Merlín, yo..—exclamo Arthur pero no pudo continuar, sus palabras fueron interrumpidas por un invitado inesperado.
El rubio fue levantado por el cuello, sus pies no tocaban el suelo, sus ojos azules se posaron en el rostro frente a él, lleno de ira, "un sociópata altamente funcional" era su propia descripción personal, el primer golpe destrozó sus labios, un hilo de sangre comenzó a brotar de su herida, los siguientes fueron igual de terribles, Arthur no intentó defenderse, merecía el castigo por su cobardía.
—¡SHERLOCK!—gritó Merlín al borde de las lágrimas, la golpiza fue rápida y brutal, el menor de los Holmes no pudo intervenir hasta que su labios se abrieron para pronunciar el nombre de su hermano. El grito de su hermano menor lo hizo reaccionar, Arthur estaba en un estado terrible después de tremenda descarga de ira. Sherlock se detuvo pero no estaba relajado.
—Eres un cobarde Arthur Pendragon—declaro Sherlock aún sujetando a Arthur por el cuello de su camisa, ahora manchada de sangre.
—Tú no lo conoces como yo… lo siento pero… —dijo Arthur intentando defenderse de la acusación de Sherlock, en ese momento entendió que el detective sabía la verdad sobre el paradero de la hija de John.
—No eres un niño para temerle, Arthur… —dijo Sherlock molesto, el joven frente a él era una criatura patética. —Pero, entiende de una vez… vas a aprender a temer el apellido Holmes sobre el nombre Pendragon, vas a aprender a temerme a mí más que a Uther—declaró Sherlock a modo de amenaza.
Merlín no tardo en comprender lo que estaba sucediendo, al principio quiso ayudar a Arthur, curar sus heridas, atender sus penas pero a medida que avanzó el pequeño diálogo entre su hermano y el rubio se percató que Arthur sabía algo sobre la situación de Sherly, ocultó la verdad.
—Arthur… ¿dónde está Sherly?—preguntó Merlín con trémula voz. Arthur lo miró a los ojos, estaba herido, no físicamente, su "interior" estaba dañado.
—…Yo, Merlín…—intentó responder el joven, Sherlock lo observó severamente, entonces se rindió. —Ella está en mi casa… —confesó el rubio en un débil susurró.
—¿Tu casa? Todo este tiempo, las preocupaciones de John… mi hermano… y ella… pero… ¿por qué?—exclamo Merlín intentando mantener el control de sí mismo. Arthur intentó hablar para defenderse pero un movimiento de la mano de Merlín lo detuvo. —No digas más… largo de mi casa—dijo señalando la puerta, el muchacho espero hasta que el rubio se fue de su casa para atender a su hermano mayor, Sherlock necesitaba enfriar su cabeza para funcionar.
Arthur estaba destrozado, no quería herir a Merlín o su familia, tampoco a John pero su padre era un hombre de corazón de piedra, desde que era niño sólo sentía por él un profundo respeto y miedo, una mezcla no apta para sentir hacia tu padre. La pequeña criatura estaba encerrada por voluntad propia en la habitación que le perteneció a su madre, el único lugar de la casa dónde Uther no se atreve a entrar, acurrucada en una esquina de la habitación rodeada de oscuridad esperando a que sus padres la rescaten de su prisión.
Gray. John fue despedido de su empleo, la minuta estaba firmada por Uther Pendragon, el joven médico no obtuvo derecho de réplica a pesar de que no existía una razón plausible o quejas de algún paciencia sobre su trabajo en el hospital. John tomo la decisión de marcharse ese día, recogió sus pertenencias, se despidió de forma breve del personal más allegado a su persona, el motivo era simple, nadie en el edificio iba a desafiar la palabra de Uther.
Sherlock no estaba en casa, tampoco su hija, en cierto modo estaba aliviado porque así no tendría que explicar lo sucedido, necesitaba un momento para prepararse sin embargo las horas pasaron, nadie llegó a casa, John comenzó a preocuparse, estaba sentado en su sillón con unos bizcochos y una taza de café, pero la bebida estaba fría. El teléfono sonó de pronto, la llamada era de la escuela de su hija.
«¿Mr. Watson?»exclamo una voz femenina, John la reconoció de inmediato, Violet Hunter.
«Buenas tardes, Miss Hunter» respondió John cortésmente, al otro lado de la línea.
«Mr. Watson, quería confirmar si Sherly se encuentra en su casa… »dijo la profesora, su voz se escuchaba extraña, preocupada.
«Ella no está en casa, ¿qué sucede, Miss Hunter?». John inquirió que algo estaba mal.
«Oh, cielos… Mr. Holmes vino en la tarde, pero… »dijo Miss Hunter sin concretar nada.
«Sea directa…»exclamo John desesperado.
«Creí que Mr. Holmes vino por ella, pero no fue así, señor, no sabemos dónde está su hija» declaro Miss Hunter en tono serio.
«¿Qué tonterías está diciendo? ¿Dónde está mi hija?» exclamo John furioso, eran estupideces las palabras de esa mujer.
«Estamos buscando con la ayuda de Mr. Holmes» dijo la joven profesora, con esa frase terminó la llamada.
John estaba destrozado, no entendía la razón del porque la vida se empeñaba en poner obstáculos en su vida, porque insistía en hacer sufrir a una inocente niña, su hija. John tomo su celular y envió un texto a Sherlock Holmes, una simple línea.
"No regreses. —JW"
Sherlock se quedó en casa de Quinn, para ese momento la mayoría de la familia Holmes sabía sobre la situación de la hija de John Watson. Después de haber enviado el mensaje para Sherlock, el rubio estaba decidido a buscar por todas las calles de Londres , pero justo en la entrada del 221B lo detuvo el hermano mayor de los Holmes, Mycroft.
—Te lo dije una vez, no quiero nada que ver con tu familia, sólo me traen desgracias—exclamo John tratando de pasar sobre Mycroft.
—Qué dramático, John, cómo sabes que no eres tu quién causa problemas a mi familia—declaró Mycroft con su despectivo tono de voz, John se quedó en silencio. —Me agrada la niña, te la devolveré… todos lo haremos, quédate en casa a esperar por ella, esperar también es difícil, hazlo—dijo el mayor de lo Holmes moviendo su paraguas de un lado a otro, John bajo la mirada, sin pronunciar palabra, se quitó su chaqueta y de mala gana se quedó sentado frente a su café frío.
White. El primer encuentro entre Uther Pendragon y su única nieta fue angustiante para el primero, un sentimiento terrible invadió su cuerpo al ver el rostro sonriente de aquella niña, lucía idéntica a su querida Morgana, tantas memorias dolorosas de su hija perdida. Sherly estaba dando saltos alegres de la mano de su padre, uno de los doctores del hospital donde Uther era dueño.
El parecido era innegable, entonces decidió actuar, investigo a los Watson, entonces fue cuando comprendió que el joven doctor era padre soltero, no existía alguna pista de la madre de la niña. Las crueles dudas invadieron su cabeza, los escenarios, las posibilidades, la esperanza de encontrar una pista que llevara al paradero de su hija, Uther estaba desesperado por un rayo de esperanza, todo se disipo gracias a una prueba de ADN clandestina. La prueba fue conclusiva, la hija de John H. Watson tenía sangre Pendragon, ese hecho selló el destino de la niña.
Sherlock lo olvidó de nuevo, Sherly no podía culparlo, en realidad era uno de sus malos hábitos pero ella era una niña paciente, espero en la acera a que su padre recordará su compromiso. Un auto negro se colocó frente a la escuela, unos hombres en traje se dirigieron a la niña, de inmediato la pequeña rechazó a aquellos caballeros pero no pudo evitar que esos hombres la llevaran lejos de su escuela a un lugar ajeno a su vida. Sherly mantuvo la calma durante el viaje hasta que el auto se detuvo en una enorme mansión, dentro había un hombre mayor, no era un anciano pero incluso más grande que su padre, su rostro estaba relajado, parecía feliz, recibió a la niña Watson con un abrazo pero Sherly lo sintió ajeno.
—Mi niña, bienvenida a tu casa—exclamo Uther sin pensarlo demasiado, la niña se asustó ante aquellas palabras.
—¿Dónde está mi papi? ¿Basil? —preguntó la pequeña juntando su coraje, ese lado Watson que la caracterizaba frente a propios y extraños. El gesto de Uther endureció.
—No te preocupes por esas cosas, mi niña, Morgana… ya estás en casa—dijo Uther con voz severa, pero al pronunciar el nombre de su hija su rostro se suavizó de nuevo, Sherly estaba completamente confundida.
—Mi nombre es Sherly—se defendió la niña, las palabras de la pequeña trajeron a la realidad a Uther, su ceño se frunció, en su mente, el viejo hombre no quería ser corregido. Sherly comenzó a mirar a su alrededor buscando una salida, entonces sus ojos azules se encontraron con un rostro familiar.
—¿Arthur?—susurró la pequeña, iba alzar la voz para que el rubio la rescatará de aquella extraña situación sin embargo, el rostro de Arthur era una mezcla de angustia y horror, en ese momento la niña supo que su salvación no iba a venir por su parte, pero porque su caballero gendarme estaba tan aterrado, se pregunto en su cabecita.
—Morgana, vamos a comer, debes tener hambre, hay pastel de fresas, tu favorito—comenzó a decir Uther, la niña rechazó el agarre de aquel hombre.
—No sé quién eres tú… Quiero ver a mi papi, Basil… ¡Papi! ¡Basil!—comenzó a gritar la pequeña, Uther enfureció, sujetó con fuerza el brazo de Sherly, ella sintió que su brazo iba a salirse de su cuerpo, en medio del dolor, la niña logró patear en la espinilla al "hombre malo".
Sherly comenzó a correr alrededor de su casa buscando un lugar dónde esconderse, detrás de ella podía escuchar los gritos de aquel extraño hombre, las pisadas de los caballeros de traje que la obligaron a venir a esta casa, en medio de una súplica encontró una vieja puerta abierta, sin pensarlo demasiado, la niña se metió en aquel cuarto y se encerró. La habitación estaba a media luz, no había electricidad, pero el sol aún regalaba luz natural, Sherly se encontró en la habitación de una niña, había muñecas hermosas, dibujos de sueños frustrados y libros sobre viajes llenos de aventuras, por un momento, la niña Watson se sintió a salvo.
Las horas pasaron de forma lenta, el sol se despidió de Londres, y la luna se asomó entre las cortinas de seda color verde de aquella habitación, Sherly estaba asustada, hambrienta y desesperada, entre sollozos suplicaba por la presencia de sus padres pero ninguno se apareció dentro de ese cuarto, incluso imaginó que el Doctor llegaba en su T.A.R.D.I.S. con toda su familia para rescatarla pero no sucedió, la niña se quedó semidormida en la esquina de aquella habitación. Sherly se aferró a su único amigo en ese momento, su pequeño peluche de puercoespín, "el favorito"… Jawn.
—Papi… Basil… vengan por mí—era su suplica entre sueños.
El sol de mañana se asomo por la ventana, su dulce luz cayó sobre su rostro provocando que se despertará, estaba adolorida por haberse quedado dormida en el suelo, se talló los ojos con el dorso de su mano pero, su situación actual no era un mal sueño, era la realidad, seguía atrapada en esa habitación sin salida. Un suave aroma llegó a su nariz, el olor a deliciosos y esponjosos hot cakes con miel, el sonido de la puerta la hizo acercarse.
—Sherly, abre… Es Arthur—dijo el rubio sosteniendo entre sus manos el desayuno. La niña se quedó pensativa. La puerta se abrió lentamente. Arthur entró a la habitación, estar ahí era una tortura, hace años que nadie entraba en ese sitio.
Arthur dejo la comida en el tocador para la niña, ella se acercó totalmente hambrienta, comenzó a devorar la comida a grandes trozos, el rubio le pidió comer un poco más despacio para evitar que se ahogara con el alimento, ella estuvo de acuerdo e intentó comer un poco más despacio, el muchacho sonrió aunque el gesto le hizo sentir un poco de dolor.
—Basil está enojado—estableció Sherly antes de colocar el tenedor con un gran trozo de hot cake en su boca. Arthur la miró sorprendido, las heridas que Sherlock le hizo aún eran frescas, y le causaban dolor. —O acaso,… fue mi papi—añadió con la boca llena, —no creo que fuera Merlín, …entonces en verdad fue Basil—concluyó la niña después de comer el platillo entero. Arthur se arrodilló en frente de ella, quería explicarle que no era su culpa, que él estaba siendo cobarde, pero las palabras no brotaban de sus labios. —¿Te duele mucho?—preguntó la niña acariciando su rostro.
—No lo suficiente…—murmuró Arthur derrotado, esperando que la niña no escuchará sus palabras. —Sabes, hay algo para ti… —dijo Arthur cambiando el tema, en su rostro coloco una de sus mejores sonrisas principescas.
Arthur recordó de su niñez uno de los tesoros de su hermana, era una dulce ironía que su sobrina (quién en realidad desconoce sobre su origen) escogiera para ocultarse la habitación de su madre, ese pequeño santuario dónde Morgana creció en su infancia hasta la época en que desapareció de la vida de los Pendragon. El tesoro era un enorme peluche de un dragón rojo, era tan grande como Sherly.
—No pude protegerte de mi padre, pero… "él" lo hará—dijo Arthur entregando el enorme juguete a la niña, Sherly lo recibió con entusiasmo. —Eres libre de usar este cuarto como te plazca, debo irme… o padre podría venir—advirtió Arthur, se despidió de la niña con un bezo en su cabeza, Sherly estaba otra vez sola.
Sherly se trepó a la cama con el enorme dragón de felpa, en un suave movimiento se retiró su bufanda favorita, aquella que fue un regalo de Basil en el pasado, envolvió el cuello del dragón rojo con ella, el azul resaltaba mucho, sacó de su saco a su otro amigo, con un enorme abrazo se aferró al dragón esperando su rescate.
Uther Pendragon era una figura de autoridad, respetado por muchos, temido por otros, pero alguien que es superior a él estaba sentado frente al escritorio de su despacho, Arthur fue quién recibió a las visitas, John Watson, Sherlock Holmes y otra figura que el joven no reconoció de forma inmediata. El silencio se apropio de la habitación mientras John contaba los segundos para recuperar a su hija, Sherlock estaba tratando de no hablar para no arruinar la situación, la única persona calmada era la mujer frente a Pendragon… Diane Holmes.
La mujer tenía una mirada sobre Uther, el hombre no se dejo intimidar, aunque comenzó a sudar en frío. Después de un momento, Diane abrió su bolso y de él extrajo un folder, se lo entregó al joven Arthur para que Uther pudiera leer el documento en su interior. El papel era un documento legal que estipulaba la custodia completa de Sherly Watson a nombre de John Hamish Watson, entre algunos documentos anexos podía destacarse el logo de Pearson-Specter. El rostro de Uther se desfiguró cuando se topo con la orden de arresto que se levantó en su contra por secuestro.
—¡No! ¡No les daré a mi Morgana!—gritó Uther arrojando los documentos al suelo. Diane frunció el ceño, el rostro de su segundo hijo era una remembranza de su gesto enfadado, con un gesto de su brazo, John y Sherlock salieron de ese sitio para buscar a gritos a Sherly.
—Uther… —llamó la hermosa mujer, pero el hombre estaba tan perturbado por la idea de perder a su "hija" que no la escuchó, —¡Uther!... —insistió Diane, el hombre posó su confundida mirada sobre ella. —Sólo diré una vez… No te acerques a mi familia, eso incluye a los Watson… Si vuelves hacerlo, verás las consecuencias—concluyó la bella dama con una sonrisa villanesca.
Sherly escuchó las voces de sus padres gritando su nombre, un desesperado llamado, salir por la puerta no era una opción con ese hombre malvado golpeando la puerta con todas sus fuerzas, forzando su entrada, entonces la pequeña pensó salir por la ventana pero estaba en el segundo piso. La niña respiró profundo, se armó de valor, abrió el ventanal de par en par, estaba lista para reunirse con sus padres. La pequeña llevó todo su cuerpo al otro lado del barandal de la ventana, entonces escuchó su nombre una vez más.
—¡SHERLY!—gritó John al percatarse de la presencia de su hija y su delicada situación.
La niña soltó verdaderas lágrimas de alegría cuando divisó el rostro de su padre, quién estaba totalmente preocupado, la niña ni siquiera lo pensó dos veces cuando soltó el barandal y se dejó caer hacia el vació. John corrió con todas sus fuerzas, sus pasos fueron seguidos por su Sherlock, entre ambos lograron atrapar a Sherly, John la sostenía con fuerzas, hizo su mayor esfuerzo para evitar que la niña fuera herida, a su vez, era el detective consultor quién los sostenía a ambos, la niña Watson lloró con fuerza aferrándose a sus padres, su padre respondió el agarre, su otro padre recargó su cabeza sobre la pequeña a modo de consuelo. Sherly iba a regresar a dónde pertenece, su hogar… 221 B Baker street.
FIN
