Sherlock © BBC/Mark Gatiss & Steven Moffat, based in books of Sherlock Holmes
Aclaraciones: Las personalidades de los personajes pudieron haber sido algo modificadas para fines de este fic.
Advertencias: Spoilers de la serie, Incluye OC
Sherlock x John/ Johnlock.
—Diálogos—
[Notas de Autor]
(notas del texto)
De antemano gracias por los reviews.
Dragonslayer
En un reino lejano de magia y dragones vivía un joven ordinario, John era un simple campesino, junto a su madre trabajaban sus tierras de sol a sol, ellos eran pobres pero tenían todo lo que necesitaban a su alrededor. Los tiempos cambiaron, una terrible sequía arruinó las cosechas dejando a la familia desamparada. La madre de John le pidió vender su más preciada posesión, la vaca de la familia, Harriet.
John salió a la aventura lejos de la granja que lo vio nacer, lejos de casa todo era tan nuevo, más claro, más bello. El joven rubio siguió el camino amarillo hacia ciudad Esmeralda dónde haría su venta, el plan era sencillo, vender a la vaca y conseguir oro para salvar sus tierras. En medio de sus ensoñaciones el suelo comenzó a temblar, "Harry", cómo la llamaba con cariño el muchacho, se puso tan nerviosa que comenzó a mugir, el chico intentó calmarla pero nada lo preparó para la criatura que se apareció frente a sus ojos. John era valiente, algo diestro en arte de la espada y el arco pero un dragón no era el espantapájaros en casa.
John apunto su espada en contra de la extraña criatura de ojos blancos y miles de dientes, la bestia no atacó de frente, se ocultó bajo la tierra, las rocas que salieron disparadas del suelo golpearon al muchacho, el polvo nubló su vista, no tenía la sospecha del ataque traicionero del dragón, cuando la bestia estaba a punto de volver a la superficie para asesinar al muchacho, una ráfaga roja apareció de la nada, John salió volando por los aires lejos de la trampa del dragón de los colmillos de acero. Lo último que logró observar John fue la figura de un hombre ataviado de negro sobre un dragón rojo.
John despertó bajo un cielo oscuro lleno de estrellas que le sonreían desde el firmamento, cerca de él se encontraba Harriet, quién estaba pastando tranquilamente, por otra había una cálida fogata con alimento a punto de ser servido.
—Fuiste un tonto al hacerle frente a un Whispering Death—dijo una voz profunda, entonces el muchacho se percató de la persona que estaba sentada sobre el pasto fresco frente a la fogata, a simple vista era una persona hermosa, de cabello oscuro y ojos claros, piel brillante a la luz de la luna pero con malos modales.
—¡No soy un tonto!—gritó John para defenderse, el hombre misterioso sólo esbozo una ligera sonrisa.
—No te pongas así, ni me mires de esa forma… —dijo el muchacho de negro, John lo observaba con cara de "pocos amigos". —… Eres un tonto, casi todo el mundo lo es… —añadió con una sonrisa, John enmarcó más su ceja en señal desaprobatoria. —Un Whispering Death sólo conoce una cosa, …matar—declaró el muchacho haciendo ver con evidencia la torpeza de John. El rubio suavizó sus facciones después de reflexionar las palabras del muchacho. —Tuviste mala suerte, otro dragón hubiera sido manejable… —finalizó el muchacho sacando la comida del fuego para servirla en platos.
—Soy John—exclamo el muchacho después de tomar su plato con alimento.
—Sherlock—respondió el hombre misterioso.
—Sherlock… —repitió John, —sabes mucho sobre dragones, acaso eres un cazador—cuestionó el muchacho mientras comía el estofado de Sherlock.
–Muchos piensan así pero es una idea errónea—declaró Sherlock, John lo miró interesado, el rubio deseaba una repuesta. John sintió un golpe en su espalda, por un momento creyó que era la vaca de su familia pero al girarse se encontró con otro tipo de animal… un dragón rojo de grandes ojos, asustado el joven corrió por su espada pero Sherlock lo detuvo entre sus brazos. —Tranquilo, tranquilo… Redbeard no va a hacerte daño—declaró el azabache.
—¿Red… Redbeard? —exclamo el muchacho algo nervioso. El dragón respondió a su nombre y se acercó a John, restregó su cabeza sobre el cuerpo del chico.
—Parece que le agradas… —dijo Sherlock sin soltar a John permitiendo que su escamoso amigo jugueteará con el rubio.
—Si eres un "cazador" porque tienes un dragón…—se quejó John quién finalmente se liberó del agarre del azabache.
—Te he dicho que no soy un "cazador de dragones"—corrigió Sherlock acariciando al dragón. —Me considero un altamente funcional jinete de dragón… —declaro el muchacho montando a la criatura, Redbeard dio unas cuantas vueltas alrededor. John se sujetó a Harry para evitar desmayarse de la impresión, nunca en su vida había visto a un hombre compartiendo tanto con una criatura como lo es el dragón.
—¡Oro!—gritó Sherlock de pronto dando un salto para desmontar al dragón rojo.
—¿Qué dices?—exclamo John confundido mirando a su alrededor.
–Oro, John, oro… lo tienes escrito por toda tu cara, tú buscas oro… te llevaré hacia el oro—declaró Sherlock extasiado.
—No entiendo, ¿cómo lo supiste?—exclamo el rubio algo nervioso.
—Mira tus manos… —dijo Sherlock tomando las manos de John entre las suyas, —mira esas marcas, esos cortes —decía el azabache mientras inspeccionaba con algo de rudeza las manos de John, acariciando los bordes de las heridas más recientes, —tus manos son de un hombre de campo, un trabajador… y tus uñas, oh pobres uñas… —, Sherlock acercó las manos de John sobre su rostro, el rubio podía sentir ligeramente la respiración de Sherlock sobre sus dedos, —estás uñas están roídas por tus dientes, una clara señal de ansiedad… además, tu ropa—, el color rojo brillante del rostro de John competía con la brillante coraza de Redbeard cuando sintió la mano de John rozar su el área entre sus piernas, —tu ropa tiene distintos retoques y parches… además está la vaca, es un animal formidable, porque llevarías lejos a un animal de su calibre, la respuesta: para venderlo en ciudad Esmeralda, lo cual se deduce del hecho que ibas por el sendero de ladrillo amarillo…—puntualizó Sherlock. John se quedó en silencio un momento, cuando sus ojos miraron al azabache había un brillo en ellos.
—¡Increíble! ¡Eres asombroso!—declaró el joven rubio entusiasmado, el silencio se apodero de Sherlock en está ocasión, por un momento, John creyó que había ofendido a su compañero pero en su lugar sólo causó una reacción en cadena de fuertes emociones dentro del corazón del jinete de dragón.
—Ven conmigo John, te llevaré dónde está el oro—dijo Sherlock regresando a la realidad, subió sobre Readbeard y estiró su mano hacia el muchacho campesino, John lo dudo un momento pero entonces decidió simplemente confiar en Sherlock.
El viaje sobre Redbeard fue una experiencia totalmente nueva, el viento sobre su cara, el paisaje debajo de sus pies, las nubes a su alrededor, el sol del atardecer coloreando el cielo de suaves colores, tonos elegantes y soberbios, pero John estaba demasiado ocupado conteniendo su grito inicial que retumbo en la bóveda celeste, sus brazos estaban aferrados a la cintura de Sherlock, todo su cuerpo estaba anclado a él, por alguna razón, la situación complació al jinete.
Lejos de la ciudad Esmeralda, más allá del camino amarillo estaba las montañas, en la más grande y majestuosa montaña vivía el dragón dorado, una bestia que custodiaba el oro robado de los enanos, a su alrededor era "tierra de nadie", ningún hombre se acercaba a esos terrenos, excepto Sherlock. Redbeard atravesó la densa neblina, entro por una grieta dejando a los dos muchachos dentro de la montaña, justo en el corazón dónde vivía el enorme dragón dorado.
El brillo dorado invadió los ojos de John, se tuvo que cubrir el rostro para no dañar su persona, estaba asombrado de la gran cantidad de oro que existía dentro de la montaña, el sonido de las monedas al tintinear hizo que el joven se percatará de la criatura que vivía debajo del oro, era una versión gigante del lindo dragón a su lado, rojo como el fuego del sol.
—Es enorme… —exclamo John sin aliento.
—¿Quién se atreve a traspasar mis dominios?—habló una gruesa voz, el dragón.
—¡kya! ¡Habló!—gritó John impresionado, el dragón giró su cabeza hacia su dirección.
—Obviamente, John… todos los dragones hablan, algunos más que otros, incluso cuando Redbeard sea adulto tendrá la capacidad de hacerlo… —dijo Sherlock acariciando al dragón.
—¿Cuándo crezca?—repitió John mirando al dragón mimado, era suficientemente grande para sus ojos.
—Redbeard es un bebé—explicó Sherlock declarando lo obvio, John no podía creer sus palabras.
—Yo.. sabes, mejor me iré—dijo John mientras se movía con lentitud hacia atrás.
—¡Asqueroso ladronzuelo!—exclamo el enorme dragón enfurecido, el aire se volvió seco, de su fiero pecho expulsó una poderosa llama de fuego en contra del inocente muchacho.
John escapo de las llamas cayendo sobre el oro, Sherlock no fue tan afortunado. John busco con la mirada al azabache después del feroz ataque, lo que sus ojos observaron era una figura increíble, Redbeard protegió a Sherlock pero dónde el fuego toco la piel del azabache se asomaba una piel oscura, escamosa, un color rojo opaco. El fuego se hizo presente una vez más, John cubrió su cuerpo, de pronto sintió las alas de Redbeard protegiendo su figura, Sherlock no se movió de su sitió.
—¡SHERLOCK!—gritó John desesperado, un rugido a su lado imitó su voz.
—Sherrrgg …growlckrrr*… —fue el gruñido a su lado. (N/A. *Sherlock)
El fuego no afectó a Sherlock, sólo causo una interesante transformación, el amable jinete del dragón ahora tenía otro rostro, escamas brillantes resaltaban sobre sus pronunciadas mejillas, sus ojos azules ahora eran de un amarillo cruel, John no prestó mucha atención sobre esos cambios, se acercó corriendo hacia Sherlock, al momento de tocar su piel su mano sufrió una leve quemadura.
—Te mentí John, no soy un dragonslayer, ni siquiera un dragonrider… en realidad soy un dragon child—declaro Sherlock mirando a un preocupado John.
—Yo… no soy bueno entiendo cosas complicadas, no me importa el oro, sólo quiero que estés a salvo—dijo John con mucha seguridad. Una extraña respiración se escuchó detrás, John giró su cabeza y se encontró con el enorme dragón de la montaña.
—Hombrecillo, eres valiente y sensato, de corazón puro… Me has convencido, te dejaré libre pero no te daré mi oro—declaró la criatura con una hipnotizarte voz, el pequeño Redbeard dio saltos de alegría alrededor de su figura paterna.
Sherlock regresó a su otra forma, aquel simpático muchacho que montaba dragones cruzando los cielos, tomo a John entre sus brazos con cierta euforia, una extraña alegría. Se dice que cuando un dragón escoge pareja lo hace para tu la vida, y justo ese día Sherlock decidió que John sería su "elegido", John no sintió temor, ahora estaba seguro que estaba a salvo en los brazos de Sherlock. John regresó a casa con su vaca, oro y Sherlock, entonces ellos fueron felices por siempre.
The end
—Sherly, ¿qué estás haciendo?—pregunto Frodo acercándose a su compañera, todos en clases estaban en tiempo libre, y la pequeña Watson paso largo rato haciendo dibujos.
—Estoy dibujando—dijo Sherly haciendo ver lo obvio pero Frodo no se molestó, ella era su mejor amiga, conocía su peculiar personalidad.
—Si… eso puedo verlo pero, ¿qué estás dibujando?—insistió el niño mirando de reojo el anillo dorado que colgaba del cuello de Sherly.
—Ah, estoy dibujando la historia de Sherlock, el dragón y John, el granjero—dijo la niña mientras coloreaba el rojo de las escamas de un enorme dragón rojo acostado sobre oro amarillo. En su mesa de trabajo se encontraba muchos otros dibujos sobre sus "personajes", además estaban algunos otros libros sobre cuentos, The wizard of Oz, How to train your dragon y su favorito, The Hobbit.
—¿Puedo ayudar?—pregunto Frodo interesado, el mismo era un pequeño tolkienista por influencia de su familia.
—¡Si!—respondió Sherly entusiasmada, le dio herramientas de "trabajo", y ella misma comenzó a contarle la historia a Frodo para que encontrara inspiración. —En un reino lejano de magia y dragones vivía un joven ordinario, John… —.
En el eco de la enorme casa se escuchaba una voz solitaria en el armario del estudio lleno de libros, unos grandes otros viejos, de autores de todos los tiempos, y algunos tan antiguos que eran reliquias, sobre el escritorio estaba la pieza de una historia sin terminar, una laptop encendida, en el fondo de pantalla una foto familiar. El murmullo de la voz se escuchaba atento, sorprendido, feliz.
«—Hombrecillo, eres valiente y sensato, de corazón puro… Me has convencido, te dejaré libre pero no te daré mi oro—declaró la criatura con una hipnotizarte voz»
—¿Hamish?—exclamo una voz femenina. La puerta del armario se abrió con suavidad para revelar a un niño pequeño, estaba sosteniendo un extraño libro lleno de dibujos infantiles sobre dragones, vacas y granjeros. La mujer que abrió la puerta se sorprendió al ver el libro, luego sonrió con ternura. —Encontraste mi viejo libro—dijo la mujer recordando los tiempos en que ella y su amigo de la infancia crearon los dibujos, y cómo Quinn con ayuda de Merlín lo hicieron un libro casero para su cumpleaños. —"Sherlock, el dragón y John, el granjero"—dijo leyendo el título en la portada.
—Es una historia maravillosa, mamá—dijo el pequeño con ojos brillantes.
—Pero, hijo, no hay palabras en ese libro…—declaró la mujer acariciando los cabellos de su niño.
—Las palabras son irrelevantes, sé que es una buena historia—declaró el pequeño tomando a su madre de la mano para ser llevado a su cama. —Mamá, … podrías contarme la historia de Sherlock, el dragón y John, el granjero antes de dormir… —dijo el pequeño en medio de un bostezo, su madre sonrió.
—Sólo un poco, debes ir a dormir, tus abuelos vienen de visita mañana… —dijo la mujer, el niño se emocionó, adoraba a sus abuelos, ella tomo el libro entre sus brazos, y comenzó a recitar el sueño que alguna vez tuvo cuando ella era una niña.
William Hamish Wordsmith, el hijo de Arthur Wordsmith y Sherly Watson, un niño valiente, muy seguro de sí a pesar de su corta edad, el día de su nacimiento fue una alegría, Sherly fue quién escogió los nombres, aunque su padre no estaba de acuerdo en que su querido nieto llevara su segundo nombre, el rechoncho bebé que le sonreía entre sus brazos lo hizo pensar que quizá "Hamish" no era un nombre tan malo como siempre creyó, Sherly era feliz al ver la el cuadro de su Basil cargando a su hijo, su nieto mientras que su papá sonreía lleno de felicidad,… la vida era buena en esos momentos.
FIN
