PERDIDA BAJO TU EMBRUJO

Kagome Higurashi hija del prestigioso hombre de negocios Takashi Higurashi es abandonada en medio de la nada, perdida entre los bosques sin nada, sólo con lo puesto y su pequeña mochila .

Allí en medio de los bosques estará con Inuyasha Taisho un hombre que es más de lo que dice ser, oculta su posición social para que los demás le ignoren pero es imposible ignorar el atractivo que tiene tanto físicamente como mentalmente.

El destino les juntó varias veces anteriores pero ellos lo habían ignorado hasta que allí en medio de los bosques pudieron conocerse tal y como son sin ser superficiales.

---------------------------------------------------------------------------------------------------------

EN EL CAPÍTULO ANTERIOR

-¿Qué es usted? ¿Un hombre lobo?.-le pregunté yo con sarcasmo.

El volvió a estallar en carcajadas.

-¡Pero bueno! Que le parece a usted tan gracioso.-le dije ahora sumamente molesta.

-Que estoy perdido, al lado de una tiquismiquis de la sociedad, una niñita de papa que es peor.-dijo él a mala fe.

-¡¿Qué?!.-grité yo a pleno pulmón, tanto, que hizo eco por todo el bosque.

-Exactamente eso mismo que usted grito, estamos los dos solos, sin comida, ni agua, ni un lugar para dormir, ni una manta para arroparnos, ni nada dónde cobijarnos si llueve o nieva.-dijo él, e iba a continuar diciendo las cosas negativas pero al ver mi cara se calló de golpe.

Yo estaba pálida a más no poder y lo único que hice fue.

-¡¿Qué?!.-esto sonó peor que el anterior grito porque esta vez si pude ver clara la situación, yo jamás había estado a solas con un hombre, y vaya hombre me tocaba.-dije mientras le miraba, atractivo y mucho.

-------------------------------------------------------------------------------------------

Capítulo 2: Inuyasha.

-No puede ser.-dije yo mientras intentaba calmarme, pero era imposible mirando al hombre que tenía al lado.

¿Por qué? Con la cantidad de hombres existentes en el mundo me tenía que tocar él.

-Yo que usted dejaría de pensar tonterías, y nos pusiéramos a pensar lo que en verdad importa…¿Qué vamos a cenar hoy?.-preguntó él mientras intentaba hacerme razonar.

-A mí lo que más me preocupa es donde voy a dormir.-dije yo intentando encontrar algo positivo en esto.

-Dirás dormir encanto, dormir, tu y yo.-dijo él con una sonrisa que hubiera conseguido poner a sus pies a más de una chica, pero yo en estos momentos no estaba para sonrisitas estúpidas, me preocupaba más lo que él había dicho eso de dormir, me parece que tendría que explicarle que yo dormiré en un sitio y él en otro.

-Creo que te has confundido amigo, tu dormirás en un sitió y yo en otro, nada de compartir el aliento uno con otro.-dije yo intentando no imaginarme esa escena para no sonrojarme.

Él me miró alzando la ceja izquierda al ver como me había explicado.

-¿Por qué no quieres que tu y yo compartamos el aliento o algo más?.-preguntó él picadamente.

-Mira, hoy no es uno de mis mejores días y tú me estás complicando un poco más el día, no estoy para tonterías y no quiero pagar contigo mi enfado así que por favor no me molestes.-le dije yo intentando serenar mi enfado.

-Uy…mejor no enfadarla no vaya a ser que saqué las garras.-dijo él con sarcasmo.

-¿Por qué te comportas como un crío?.-pregunté yo imitando su tono de voz.

-Mira hoy tampoco es mi mejor día, intento hacer chiste con la persona con la que me pierdo y esta me rechaza por unas simples bromitas.-dijo

-Me parece muy bien que bromees pero por si no lo sabías grandísimo tonto ¡PUEDE NEVAR!.-le grité yo en toda la cara, haciendo que él se echara para atrás.

Su rostro se ensombreció fruto del enfado que en él comenzaba a acumular.

-Harás que haya una avalancha con esos gritos tuyos que podrían despertar a los muertos.-dijo él fríamente, incluso más fríamente que la nieve que comenzaría a caer.

Yo decidí callarme, la verdad es que me estaba comportando como un niña malcriada.

-Lo siento, no sé que me pasa normalmente no me comporto así.-dije a modo de disculpa.

Él me miró a los ojos para ver si me disculpaba de verdad o me estaba quedando con él, pero descubrió que lo decía de verdad. Y se quedó sorprendido.

-Está bien continuemos, no nos podemos separar primero porque estamos en un bosque y exactamente no sabemos lo que se esconde dentro de él, segundo porque así nos libramos de que uno se pierda y el otro no, y si nos encuentran que nos encuentren a los dos y no a uno solo.-dijo él con suma paciencia y con sus nervios controlados.

Yo le miré los labios mientras él hablaba, era algo que no podía evitar y el se debió dar cuenta porque me dijo.

-¿Estás bien?.-me preguntó preocupado.

-Emm…sí.-y rápidamente subí la cabeza para mirarle a los ojos.

Y él mientras tanto continuó hablando mientras yo no podía apartar la mirada de sus labios.

¿Cómo será besarle? Tengo unas ganas inmensas de besarle pero no puedo decirle: -Ey bésame, soy toda tuya…sería algo horrible y me humillaría un montón, mejor nada, no le mires a los labios y sobretodo no bajes la mirada más, no la bajes.- me regañe yo misma cuando mis ojos quisieron bajar a verle los pectorales.

Él me miró con una mueca pícara como si supiera lo que estaba pensando y mis ojos observando.

¡Maldición se ha dado cuenta!.-pensé yo enfadada.

-¿Que te pasa? Llevas rato mirándome con una cara rara.-me dijo él maliciosamente.

-No me pasa nada y no te estaba mirando.-mentí yo descaradamente.

-¡Ohh!.-exclamó él indignado.- Por supuesto que me estabas mirando, juraría que me estabas pidiendo a gritos que te besara.- dijo él picadamente.- Ya sabes…aunque me has dado una idea, seguro que frío no pasaremos.-continuó él aunque yo no le deje terminar.

-Yo creo que metí unas barritas de comida en la mochila.-dije yo mientras rebuscaba en mi mochila y confirmaba lo que acababa de decir.

Él estuvo observando alrededor para poder ver algún sitio donde cobijarnos de la nieve.

Yo le miré mientras volvía a guardar las barritas dentro de la mochila.

-¿Ocurre algo malo?.-pregunté yo.

Él me miró de arriba abajo y rápidamente ignoré el gesto de él ya que yo hice exactamente lo mismo que él la primera vez que lo vi.

-Sí, ocurre algo pero no sé si bueno o malo.-dijo él.

-¿Que pasa?.-pregunté yo preocupada.

-¿Dónde esta esa casa tuya a la que ibas?.-preguntó él.

-Está...-comencé a mirar y al fondo pude ver una casa de madera.- Es esa.-señalé yo, él siguió mi mirada y la vio.

-Esta a unos cuantos quilómetros…no llegaríamos ni en una semana.-dijo él

-¿Pero de que te quejas?.-le dije yo atrayendo su atención.

-Por lo menos sabes que estamos cerca de mi casa y no cerca de perdernos aún más.

Ahora me miraba de una forma un poco extraña, como si estuviera desconcertado por mi actitud positiva, aunque también tenía razón para mirarme así, en ningún momento había actuado de esa forma había estado comportándome como una niña malcriada.

-Oye...que color de ojos más extraños tienes.-me dijo de una forma como si me estuviera contando un secreto.

Yo le miré confundida y a la vez como si el frío le hubiera congelado el cerebro.

-Creo que no es momento de fijarse en mis ojos ¿No crees?.-le pregunté yo un poco avergonzada.

Él comenzó a reírse.

Definitivamente comprender a ese hombre era casi imposible por no decir imposible.

-La de paciencia que iba que tener.-pensé mientras suspiraba, y él se echaba a reía aún más.

-CONTINUARÁ-