PERDIDA BAJO TU EMBRUJO

Kagome Higurashi hija del prestigioso hombre de negocios Takashi Higurashi es abandonada en medio de la nada, perdida entre los bosques sin nada, sólo con lo puesto y su pequeña mochila .

Allí en medio de los bosques estará con Inuyasha Taisho un hombre que es más de lo que dice ser, oculta su posición social para que los demás le ignoren pero es imposible ignorar el atractivo que tiene tanto físicamente como mentalmente.

El destino les juntó varias veces anteriores pero ellos lo habían ignorado hasta que allí en medio de los bosques pudieron conocerse tal y como son sin ser superficiales.


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*EN EL CAPÍTULO ANTERIOR*

Él se comenzó a impacientar al ver que no reaccionaba me comenzó a zarandear agarrándome por los hombros y moviéndome como si fuera una muñeca a la que puedes arrancarle la cabeza si quieres, entonces yo reaccione zafándome de su agarre.

-¿Estás bien?.-me preguntó él.

-¿Quién eres?.-es lo único que yo pude decir.

Él se quedó mirándome fijamente.

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CAPÍTULO 4: AMOR ENTRE LA NIEVE

-¿Cómo que quién soy?- me preguntó Inuyasha

Yo no podía ver nada, era como si no lo viera.

-¿Quién eres realmente Inuyasha?- le volví a preguntar.

Él me miró con una cara mezcla de sorpresa y de incredulidad.

-Yo, soy Inuyasha Taisho ¿Recuerdas?"- dijo Inuyasha con sorna.

-Hay algo dentro de ti, sé que me ocultas algo, pero no sé el que- dije yo desesperada, y como siempre me sucedía en estos casos.

Me alejé de Inuyasha dejándolo sorprendido, y comencé a hacer esculturas y a jugar con la nieve, siempre que notaba algo diferente de los demás, algo que me pudiese asustar o cualquier otra cosa, la reemplazaba por mi propia realidad.

Hice un palacio con la nieve que parecía sacado de un museo de arte, Inuyasha estaba impresionado.

-¿Estás bien?- preguntó preocupado, eso me hizo reaccionar y parpadeé un par de veces hasta que se me fue la neblina.

-Sí- contesté haciendo una sonrisa.- Si nos ponemos en marcha llegaremos a mí casa en unos pocos de días-

InuYasha centró toda su atención en el palacio que había creado a base de la nieve que había en el suelo.

-¿Desde cuando haces este tipo de palacios?- preguntó él extrañado, ya que era un palacio como el de las princesas Disney.

-Desde que tenía ocho años, me gusta mucho lo que puedo hacer con las manos si me lo propongo- dije yo muy contenta al ver que mi palacio era del agrado de alguien, normalmente mi padre criticaba toda escultura o cuadro que hacía.

Él me miró sorprendida y entornó los ojos para ver mejor mis emociones, yo me di cuenta de eso e instintivamente agaché la cabeza.

-¿Te ocurre algo?-

-No- dije yo con un mueca en los ojos, me había acordado de que en presencia de mi padre actuaba de la misma manera que estaba actuando con InuYasha, agachando la cabeza como si le tuviera miedo.

Nos mantuvimos en silencio mientras caminábamos intentando acercarnos más a la casa en la que estaríamos en unos días.

-¿No tienes sueño?- le pregunté yo tímidamente.

Él escucho mi tono tímido al preguntarle y pestañeo repetidamente hasta que al fin me contestó.

-No, la verdad es que mientras antes lleguemos a esa casa tuya mas calientes estaremos ya que no quieres calentarte conmigo- dijo el pícaramente mientras yo me sonrojaba como un tomate haciendo que él se riera a carcajadas.

-¿Que te hace gracia?- le pregunté yo aunque estuviéramos caminando.

-¿Eres virgen?- me preguntó el mofándose.

-Te he preguntado yo antes-

Él suspiro, pero sabía la respuesta, sólo quería hacerme pasar vergüenza.

-Me hacía gracia esa expresión de timidez- dijo sinceramente.- Ahora debes decirme si eres virgen- dijo él con una sonrisa pícara.

-No- contesté simplemente.

Él me miraba con el rostro oscurecido por mi respuesta.

-¿No?-me dijo él con una voz que daba miedo.

-Exactamente no te voy a contestar- dije yo riéndome al ver que el se había pensado que yo respondería si era virgen o no.

Ahora él me miraba con una cara indescifrable solo podía ver que quería matarme por haberlo "asustado" de esa forma.

-¿A que te refieres?- preguntó él exigiendo una respuesta.

-Te he dicho NO a que NO TE VOY A CONTESTAR no a que NO SOY VIRGEN- dije yo riéndome ahora de su cara.

Él estaba alucinando.

-¿Sabes cómo se soluciona para saber si eres virgen o no? preguntó muy sensualmente, haciendo que a mí me temblaran las piernas cosa que para él no paso desapercibido y con eso su sonrisa pícara se hizo más ancha.

-No me interesa- contesté mientras tragaba saliva.

-Yo creo que sí- dijo mientras dejaba de caminar y me agarraba por la cintura.

Yo realmente no me quería resistir, quería saber que era estar en la cama con un hombre, pero él era un hombre desconocido, pero tenía pinta de ser un amante jodidamente fantástico, así que intenté que estás ideas se fueran de mi cabeza, porque probablemente el tendría novia, estaría casado, quizás tuviera hijos o con un poco de suerte fuera gay.

Normalmente los guapos o tenían novia, estaban casados o eran gays.

Él me abrazó más fuertemente y me levantó haciendo que su pelvis chocara contra la mía, haciendo que un temblor de necesidad me apareciera por primera vez en muchos años.

Él volvió a hacerle y tuve que aguantar los gemidos que se quedaban en mis labios y las ganas de decirle que hiciera todo lo que quisiera conmigo, pero no podía, yo no era una zorra ni mucho menos.

Comencé a agitarme debido a la excitación que yo comenzaba a acumular.

Parecía que a él le estuviera pasando lo mismo que a mí, lo que empezó como una broma acabó como una realidad...y menuda realidad.

-Inu...yasha- dije entrecortadamente.

Él no me hizo caso y comenzó a besarme en el lóbulo de la oreja derecha, haciendo que me estremeciese.

-Para...-le supliqué yo.

-No...-dijo él en un gemido ronco debido a la excitación que él hacía rato que había pensado a sentir.

-No podemos- le dije intentando frenar todo lo que yo estaba sintiendo.

Él no parecía escucharme y continuaba con la otra oreja mientras acariciaba mis trasero.

Yo intenté alejarme de él pero era imposible, en tamaño él era el triple de yo.

Comenzó a ponerse muy ansioso y yo comencé a llorar ya que comenzaba a tener miedo.

Él pareció reaccionar ante mis sollozos y mis lágrimas y se freno.

-Lo siento- dijo él avergonzado pero muy fríamente a la vez, esa voz tan cortante me dolió casi hubiera preferido no decirle nada y que él continuará con lo suyo, pero no podía.

Yo intenté agarrarle pero el se alejó de mí.

-No me toques, hace unos momentos no querías que te tocara yo- me dijo fríamente.

-Yo...yo...-comencé a tartamudear, yo realmente era una niña metida en el cuerpo de una mujer.

No lo pude evitar e hice lo que en ese momento me salió del alma, lo abracé fuertemente.

Él se sorprendió y me abrazó mientras me daba un beso en la coronilla.

CONTINUARÁ.


Quiero agradecer a todos aquellos que leen y a la que me dejó rw ya que sino lo hubiera eliminado

***setsuna17***