NOTA: Gracias por seguir esta locura de Fic y muchas gracias por comentar , de verdad me da mucho gusto y sigan haciéndolo, acepto ideas y recomendaciones, saludos!

CAPITULO V : "CINTA NEGRA"

Me encanta este lugar, a decir verdad. Es cierto que tenía una imagen horrible, de monjas en hábito y con reglas de madera que utilizaban para azotarte si alguna vez tenías alguna respuesta audaz o algún comportamiento desafiante, pero no era así en absoluto. No puedo decir que fueran liberales, pero en las clases de Ética e Historia los miércoles había debates, y se formaban discusiones pacíficas y civilizadas muy interesantes en las que, increíblemente, no había censura. Eso sí, las educadoras eran mayormente esposas de Cristo, y en razón de eso eran bastante exigentes y distantes; tajantes con el aspecto de los alumnos y su forma de expresarse. Yo soy muy malhablado, pero aún no había tenido problemas respecto a eso. De seis de la mañana a ocho de la mañana, confesión, eucaristía y desayuno. De ocho de la mañana a dos de la tarde, clases, con un descanso de media hora entre cada mitad. De dos de la tarde a cuatro de la tarde, el almuerzo. Y a partir de las cuatro había plena libertad, para hacer deporte, deberes, dibujar, escuchar música o lo que sea que quisieras; eso sí, a las ocho había que estar limpio y a buen resguardo en la habitación para que la hermana Marie pasara revista de que todo estaba en orden.

En el recreo de aquel día tuvo algo especialmente peculiar. Además de que estuve mirando a cada rincón de la cafetería, y después del patio, para encontrar a cuál de todas las chicas de mi curso podía ser la que se había fijado en mí, estuve con Gale en el enorme jardín que separaba la cancha de Tenis del enorme bosque que había detrás del edificio. Y a nosotros se unió Ivàn. Y más tarde Elsa. Manteníamos una conversación absurda de la que yo casi ni participaba; no quería disgustar a la líder de ninguna forma.

-Si alguno consigue las preguntas del examen de Historia de final del trimestre, primero vamos a comprobar que no hay dos copias… No quiero que pase lo mismo que la última vez. -Dijo Elsa con convicción. En aquel momento se acercó a nosotros, caminando con cierto aire de altanería, una chica de largo cabello rubio, rizado, abundante y brillante. Esa chica estaba en mi clase, la recuerdo perfectamente porque se sienta en primera fila y hace miles de preguntas, da miles de respuestas, y siempre sonríe a los profesores.

-Ha desaparecido un monedero hoy en la segunda hora. -Nos informó cruzándose de brazos. **** sea, ¿cómo se llamaba? Empezaba por "B"... ¿Cómo era?

-¿Y qué quieres aquí? ¿Un sabueso? -Desafió Iván.

-No. -Repuso con molestia. ¡Burdina! Así. Así se apellidaba, Burdina. Su nombre no lo sé, porque las monjas solo nos llaman por nuestro apellido. -Pero no se había producido ninguna desaparición hasta que llegó el nuevo. -Añadió dirigiéndome una mirada de desprecio. Yo fruncí el ceño y sonreí. Aquella acusación me resultaba divertida.

-Ya que me acusas de ladrón podrías tratarme de tú a tú. ¿No? Es lo menos que se le puede hacer a alguien a quien rebajas a la altura de delincuente. -Ella me miró. Todos me miraron. Elsa me miró. Burina no dijo nada.

-No niegas haberlo robado entonces… -Continuó, conservando las esperanzas de salir victoriosa de aquella confrontación.

-No puedo negarlo si no me lo preguntas como corresponde. -Sonreí.

-¿Has robado tú el monedero? -Desafió.

-¿Se trata de tu monedero? -Increpé.

-No.

-Entonces no te debo ninguna explicación. -Ella me miró con furia. Yo mantuve el semblante serio.

-Acabarán expulsándote por esto. -Me amenazó antes de retirarse.

-¡Estaré esperando en la dirección con muchas ansias! -Le dije mientras volvía por donde había venido.

Después de almorzar, hice mis deberes, como la alumno responsable que soy , y, como casi cada día, Iván se unió a Gale y a mí en nuestra flojera diaria en nuestra habitación. Uno de los chicos se había quedado en la puerta para vigilar que nadie nos viera fumar.

-Fue increíble lo de hoy en el recreo. -Rio Gale desde la puerta.

-Sí, la verdad es que fue genial. ¿Viste la cara de Elsa? -Añadió Iván después de exhalar humo.

-No. -Confesé con curiosidad. -¿Qué cara puso?

-Cara de que le encantas. Dijo Gale; Iván frunció el ceño.

-¿Cara de que le encanto? Cada vez me gusta más este lugar.

-¿Cómo que "cara de que le encanto"?

-¡Sí! Sonrió y te miró, como cuando no te esperas algo genial, cara como de: "al final el nuevo sí que vale la pena". –Repuso Gale -Puse los brazos detrás de la cabeza en señal de orgullo, en señal de plena satisfacción.

-Entonces no conviene molestarla con tu plan de hoy… -Le recordé a Iván. -Por fin dejo de caerle mal, no arruines las cosas.

-¿Qué plan de hoy? -Preguntó Gale.

-Jack, no seas maricón. Ya te he dicho que no se va a enterar. -Repuso Iván.

-¿Qué plan de hoy? ¿De qué no se va a enterar? –Insistió el ojiverde de Gale.

-De que Jack tiene una cita esta noche. -Gale sonrió ampliamente.

-¿Con quién? ¿Una del grupo?

-Sí. -Respondió Ivan.

-¡Genial!, pues cuando venga, yo me iré… No quiero ser testigo de nada.

-Muchas gracias… -Le respondí con sarcasmo.

Luego Iván se retiró, porque siendo uno de los proveedores tenía muchas cosas de las que ocuparse antes del toque de queda. Mientras anochecía, Gale y yo hablábamos. Me alegraba que mi compañero de cuarto fuera tan ameno; siempre había algo de lo que hablar, y era muy simpático, sin rencores acumulados o críticas innecesarias. Era huérfano de padre, y dibujaba muy bien. Nuestra habitación tenía varios de sus pequeños dibujos; Dibujos de Evangelion o de Saint Seiya. Hablamos de la cantidad de Pokemóns que pueden existir y de si estaba nervioso por mi cita a ciegas. Le confesé que me preocupaba que no fuera… de mi gusto. Pero el me alivió en pocas palabras: "todas las personas de "la logia" son guapas. Es una condición". Tras el toque de queda, esperamos a que Iván volviera para traernos los cigarrillos y unas cervezas. Tocó la puerta mientras yo terminaba de sacudirme el pelo con la toalla. Faltaba bastante para que llegara mi "pizza", así que me permití el lujo de andar en boxer por la habitación.

-¿Puedes abrirle tú, Jack? Estoy ocupado en el baño. -Me pidió Gale con la voz apenada desde el baño, si lo más seguro es que estuviera haciendo sus necesidades. Yo hice el esfuerzo titánico de levantarme de la cama, para abrir. Cuando desplegué la puerta de madera oscura, me encontré con una obra de arte. Una verdadera obra de arte. No, no era Iván.

-Buenas noches. -Sonrió. Era una chica, era igual de alta que yo; tenía el pelo del color del chocolate más delicioso, y los ojos de un castaño abrasador. Si esa era mi cita, estaba bastante contento.

-Hola… -Musité aún perdido. Supongo que mi deleite fue evidente, porque a ella le divirtió mi gesto.

-Vengo a buscar a mi cita de esta noche. -Gracias al cielo. Me enseñaron que desconfiar era una regla, así que siempre tenía que preguntar por la "acreditación", para comprobar que no sería alguna infiltrada intentando desmantelar la logia.

-No sé de qué hablas. -Respondí con seriedad. Entonces ella se mordió levemente el labio, dejó caer la mano junto a su muslo y arrugó la falda del uniforme bajo sus dedos, haciéndola ascender hasta descubrir lo más alto de su pierna derecha, alrededor de la cual estaba atada una cinta negra, era idéntica a la que usaba Iván en la muñeca y Gale atada en la mochila. No tenía dudas. Ella pertenecía a la logia.

-Madre mía. -Susurré sin poder evitarlo mientras la miraba. ¿He dicho ya que me encanta este sitio?

-¿Sabes ya de qué hablo?