NOTA: Pues aquí tienen la entrega numero 6, disfrútenla porque ahora si no prometo actualizar muy seguido, saludos a las que me leen!, sigan comentando. Y bueno pondré unas canciones en negritas para que puedan acompañar el fic (si quieren)

CAPITULO Vl: Secreto Profesional

-Pasa. -Dije haciéndome a un lado.

-No, no pases. -Interrumpió una voz desde fuera. Yo me quedé congelado, no era una monja, ni el vigilante, no, era peor, era Elsa, caminando hacia mí, con su rostro serio y frío.

-Elsa… -Dije con los ojos como platos.

-¿Qué haces aquí? -Le preguntó a mi cita. Ni siquiera pude preguntarle su nombre.

-Eh… Yo… -Balbuceó.

-Vuelve a tu habitación. -Le ordenó. La chica agachó la cabeza y se retiró a paso veloz sin siquiera dedicarme unas palabras de despedida. -Elsa me miró, a mí, indefenso. Oí cómo se cerraba la puerta del baño. Qué cobarde eres, Gale Muchas gracias. -Vístete que vamos a salir. Tengo que hablar contigo.

( Ellie goulding - Starry Eyed) …..

Tengo grabado a fuego esa imagen, de la húmeda y fría noche cubriendo el camino de piedras que atravesábamos. Algunas gotas de agua-nieve seguían cayendo del cielo negro a pesar de que hubiera dejado de llover hacía bastante. De las hojas de los árboles pendían otras, y Elsa y yo nos alejábamos de la salida trasera, en dirección hacia la cancha de Tenis, y al oscuro bosque que para mí era desconocido. Era una perfecta madrugada. El olor de esa tierra mojada, el humo del cigarrillo de Elsa me atestaba los pulmones, y el humo del mío le bañaba a ella los ojos. Sentía unas inmensas ganas de sonreír, de darle la mano, y arrebatarle del rostro ese perpetuo semblante serio.

-¿De qué querías hablar? -Pregunté sin detener nuestro paso. Ella guardó sus manos en los bolsillos del enorme abrigo que le llegaba hasta por debajo de la falda.

-De muchas cosas. -Repuso, haciendo que mi corazón se agitara como las alas de un colibrí.

-Empecemos por alguna. -Sugerí mirándola con un gesto de simpatía y una sonrisa tímida. Porque de pronto, a solas con ella, adivinando y conociendo los gestos que la caracterizaban, ya no le temía.

-Háblame de ti. -Yo arqueé las cejas en señal de sorpresa. -Ahora eres de la logia, tengo que conocerte. -Sonreí mientras ella se desviaba hacia la izquierda y se sentaba en una enorme roca a la entrada del bosque, una roca resguardada de la lluvia, seca pero fría al fin. Y me quedé de pie frente a ella, mirándola a los ojos.

-¿Haces esto con todos los demás?

-A los demás las conozco desde que tengo ocho años. No necesito hacer esto.

-Entiendo. -Medité. -¿Y qué quieres saber?

-De dónde vienes, por qué estás aquí, lo que te gusta, lo que no te gusta, quién te cae bien, quién te cae mal… Lo que creas que necesito saber ahora que formamos parte del mismo conjunto. -Resoplé.

-Soy de Burguess, al norte. Estoy aquí porque mis padres creen que necesito algo de disciplina; y mis antiguos profesores también lo creían. No soy tan mal alumno, pero siento demasiado cariño por el conflicto y suelo vagar. Me cae bien Gale, no me cae mal nadie, al menos no aún. -Ella entrecerró los ojos, con una pierna sobre la otra y los zapatos llenos de tierra húmeda. Ladeó la cabeza.

-¿Eso es todo? -Yo sonreí.

-Sabes mucho más de mí de lo que puedo imaginarme. Sabías de mí incluso antes de decirme que te hablara de mí. Y yo de ti no sé nada. -Ella sonrió de forma curiosa.

-Eres inteligente, me caes bien.

-¿De verdad? Pensé que tu actitud de desprecio era signo de que no te gustaba en absoluto.

-Bueno, es que los de la logia son muy importantes para mí, y no me gusta que nada ni nadie los ponga en peligro.

-Tu secreto está a salvo conmigo.

-Eso ya lo sé. Lo sé desde que vi cómo le contestaste a Burdina.

-Pensé que te molestaría que hubiera provocado a la nerd de mi clase. -Ella ladeó la cabeza.

-Es algo que yo no habría hecho. No me gusta entrar en conflictos innecesariamente. Pero me gusta la gente capaz de poner a otros en su lugar. -Yo sonreí.

-Dime tú; ¿de dónde vienes? ¿qué te gusta y qué no te gusta?

-Soy de Arendelle -Asintió haciendo bailotear su pierna. -Estoy aquí porque mi padre es el Director y prefiere mantenerme cerca. Me gusta leer, me gusta la música. No me gusta la gente irritante, ni los gatos.

-Arendelle no queda muy lejos. -Apunté guardando las manos en el bolsillo frontal de mi suéter. -No me gusta leer, pero sí me gusta la música. Y lo de los gatos… Bueno, creo que son animales interesantes. ¿Por qué no te gustan?

-Porque son egoístas; no te miran, no te necesitan, se comportan como si no estuvieras ahí; son ariscos, distantes, fríos. -Me resultaba curioso en exceso el hecho de que la visión que Elsa tenía de los gatos era la misma que yo tenía de ella.

-Y eso no es de tu agrado porque tú eres una persona cálida, cariñosa, cercana, considerada…

-¿Son impresiones mías o acabas de ser muy sarcástico? -Sonreí. -¿Tan mala impresión te he dado en tan pocos días?

-No… -Corregí. -Quizás solo sea una cuestión de que no exteriorizas. Puede que solo por eso me parezcas fría, distante y un tanto altiva.

-¿Yo? ¿Altiva? -Me preguntó sorprendida.

-Sí, bueno… -Me encogí de hombros y me senté a su lado. -La altanería no es más que un signo de inseguridades. -Ella se echó a reír a carcajadas, encorvándose, ante mi sonrisa curiosa. -¿Qué, qué es tan gracioso?

-Tú, tú eres muy graciosa. -Sonrió mientras me miraba a los ojos. Y a mí se me escapó la atención a sus brillantes labios curvados hacia arriba. Inmediatamente giró la cabeza, haciéndome sentir muy incómodo. -¿Qué te hace pensar que no soy considerada? -Musitó.

-Has arruinado mi cita. -Repuse mirando al suelo. -Ella volvió a mirarme mientras sonreía.

-Necesitaba hablar contigo.

-Y no podías esperar, claro que no. -Volvió a reír.

-Olvídalo, además te he hecho un favor. Esa chica no te hubiera gustado.

-¿Y eso por qué?

-Pues… Porque es así de "sugerente" con todo el mundo. -Sonreí ampliamente.

-No iba a casarme con ella. Solo quería hacer más llevadera mi estancia aquí. -Arqueó las cejas. Quizás me lo imaginara, pero parecía disgustada.

-Lo siento, es que hay cosas que se escapan a mi entendimiento. No me di cuenta, perdóname. Hablaré con ella y le diré que vuelva.

-No, no. -Me apresuré a responder. -¿Qué es lo que se escapa a tu entendimiento?

-El sexo por el sexo. No sé, pienso que eso debería hacerse solo con la persona a la que quieres. -Yo la miré descolocado. Pasé unos instantes sin poder articular palabra. -Olvídalo, se ha hecho tarde, volvamos a las habitaciones.

-Espera, espera. -Dije agarrándola gentilmente del brazo para evitar que se levantara. -¿Estás enfadada? -Ella miró al suelo uniendo las manos sobre su regazo.

-No. -Repuso. -No lo sé.

-¿He hecho algo que te molestara?

-Bueno, oír que eres una desconsiderada, fría y distante de alguien que acaba de conocerte no es que sea de mi agrado.

-Perdóname. -Le dije. -No pretendía molestarte.

-Da igual, volvamos, ya es tarde.

-Era tarde antes de que saliéramos. No pienso irme de aquí hasta que dejes de estar molesta, y soy muy obstinado.

-Está bien, ya no estoy enfadada…

-No, pero tiene que ser en serio.

-Es en serio.

-Pues entonces está bien.

-¿Ya podemos irnos?

-No. -Repuse poniéndome cómodo. -Me apetece quedarme un rato más aquí. -Ella me miró y sonrió.

-Ciertamente eres idiota. -Yo la miré.

-No te enfades conmigo. Hago las cosas sin querer.

-Está bien… -Se resignó con un gesto divertido. -Te lo perdonaré por ahora.

Me pasé la noche, recostado boca arriba, con el antebrazo sobre la frente, sin poder parar de sonreír. Sin poder dejar de pensar en ella, sin poder dejar de preguntarme si ella también estaría pensando en mí. Me tapé la cara con las manos, ocultando una histérica sonrisa. Sabía que terminaría enfermándome de insomnio por ella, lo supe desde el momento en el que la vi. Resoplé con una sensación extraña en el pecho.

-Jack, ¿estás bien? ¿estás entrando en un shock cardiorespiratorio o algo? -Me preguntó Gale con la voz adormilada.

-¿Te he despertado?

-Sí.

-Lo siento.

-¿Estás bien? -Repitió. Yo suspiré y giré el cuerpo hasta quedar de lado sobre la cama, y de frente a la suya.

-Gale…

-Qué…

-Tú eres mi confidente, ¿no? Estás obligado a respetar el secreto profesional y no contarle a nadie lo que yo te cuente.

-A no ser que me cuentes que vas a matar a alguien… ¿Qué has hecho, Idiota?

-Todavía nada.

-¿Y qué te pasa?

-Me gusta Elsa. -Vi en la penumbra cómo el bulto que formaba su cuerpo se desplegaba y ascendía como una torre sobre el colchón. Se destapó de forma violenta y se estiró hasta el interruptor, haciendo que hubiera una luz que nos dejó ciegas a ambos. -¡Joder! ¡Lo sabía!

-¿SABES QUE ESTA PROHIBIDA PARA NOSOTROS LOS MORTALES? -Susurró exasperado abalanzándose sobre mi cama y mirando a mis ojos entre-cerrados.

-Maldita sea, Gale. Me gusta, es preciosa.

-¿Qué hay de la chica que te trajo Iván?

-Está buena, pero Elsa la espantó. Además… Elsa me mató desde que la vi por primera vez. Estoy hechizado.

-Mierda… -Musitó. -Mírate, diciendo tonterías, lo tuyo es serio.

-¿Y qué tiene de malo? No es como si fuera a decírselo.

-¡PUES MÁS TE VALE!

-Sí, ya, ya, es inalcanzable.

-¡Y virgen! Y tú eres… Bueno, tú eres tú.

-¿Por qué lo dices así, como si fuera un **** violador o algo?

-Eres el anti-inocencia.

-Me voy a cambiar de internado. -Rematé ahogando mi desgracia en la almohada.

-No seas Imbécil. Se te pasara. Además Elsa te ignorará, como ha hecho siempre, y se te pasará.

-¿Estás seguro?

-Seguro. Ahora duérmete, que mañana nos toca la primera excursión nocturna del curso. Y no hay posibilidad de error.

-¿Y a dónde vamos?

-No lo sé. Por eso, duérmete, no quiero que te echen del colegio por idiota.

-Está bien.

No pude dormir, pero ¿qué importaba? ¿Qué importaba si estaba loco por alguien que no me pondría un ojo encima ni aunque estuviera en cada punto del espacio que la rodeaba? A mí me gustaba sentirme así.