Nota: Disfrútenlo y déjenme sus reviews que tanto me gustan :)
CAPITULO Vll: EL LUGAR
( Florence and the Machine - Cosmic Love )
Sentirte a mil kilómetros de la faz de la Tierra. Sentir que todo el vacío deja de tener sentido. Sentir que ya nada existe si no existe ella, y solo tenerla de lejos, como se tiene un sueño. ¿Cuánto hace que la conozco? Menos de un mes incluso. Puede que un mes ya. No lo sé, he perdido la cuenta. Mentiría si dijera que la única razón que me motiva a pensar en ella cada instante es su personalidad; porque me siento así desde que la vi, sin escucharla hablar siquiera. Caminaba bajo la brisa, despreocupada, poseyendo cada centímetro de tierra mojada a su alrededor. Y a cada cosa nueva que descubro de ella, más me inquieta, más me impacienta, más hondo me hace caer.
-¿A dónde vamos a ir? -Le pregunté sin prestar siquiera atención a mi propia pregunta. Esperaba momentos como este durante todo el día, durante toda la semana, y cuando por fin tenía uno intentaba sacarle el máximo provecho; Elsa estaba a solas conmigo. Ella jugueteaba con una flor de tela, tendida sobre su cama, y yo, sentado en el suelo, a su lado, solo la miraba. Esa era la imagen de lo que sucedía. Ella, como buena princesa, y yo, como buen vasallo.
-La verdad es que no me apetece salir. -Confesó. Yo miré al suelo y medité. Bueno, quiero salir, quiero respirar aire exterior. Quiero irme en alguna discoteca, emborracharme por primera vez en dos meses; quiero bailar, quiero escapar de esta cárcel, que no me aprisiona en absoluto, pero necesito sentirme libre.
-¿Y qué haremos sino?
-Quiero salir. -Se encogió de hombros. -Es solo que no quiero ir a emborracharme a una discoteca, y besar a desconocidos, y bailar como una cerda. Es lo que hacemos siempre. -Maté la imagen que se asomó a mi cabeza, de Elsa bailando y bebiendo.
-¿A dónde quieres ir?
-No importa, los demás no van a querer.
-Tú dímelo. -La animé. Ella giró la cabeza para mirarme, y luego giró el resto del cuerpo.
-Quiero ir a un estanque que hay en el bosque. Está a veinte minutos en linea recta; Espero hoy no este cubierto de nieve, y la luna se vea reflejada en el agua, y también hay árboles frutales. -No sé cuánto tiempo llevo mirándola a los ojos sin decir nada, pero todo a su alrededor me da vueltas y no existe. Y no me importa. -Pero ya te lo he dicho, los demás preferirán ir de fiesta.
-Podríamos ir tú y yo ahora, antes del toque de queda. Suena como un lugar que debería conocer. -Sonrió. Puede que empiece a convertirse en un problema esto de tener a Elsa tan cerca.
Caminamos en silencio y nos escabullíamos dentro del bosque, dentro del cual la noche parecía más cercana. Íbamos a paso ligero, como dos niños pequeños adentrándose en un mundo entero para explorar. Yo seguía sus pasos conocedores del camino.
-¡Espérame! -Le grité provocando en ella un risa que la hizo ir más rápido.
-¡Estás hecho un abuelo! -Se burló. Yo aceleré mi carrera, con la carcajada en la garganta y una estúpida emoción infantil de ver las ramas de los verdes árboles empapados a mi alrededor, con el sol del atardecer brillando sobre ellas. En ese momento la cabellera rubia de Elsa desaparecieron en algún camino que se desviaba hacia la izquierda, y la perdí de vista.
-¡Elsa! -Le grité aún agitado y emocionado. -¡Elsa, espérame! -Volví a gritar sin parar de correr intentando saber en qué punto había girado. Sí, fue justo en esa enorme piedra, allí dobló su esquina. -¡Elsa!
-¡Bú! -Aparece de la nada aprisionando mi brazo entre sus manos. ¡Me asusto, claro que sí! Pero luego veo cómo ríe y sonríe a mi costa y me relajo.
-¡Eres muy graciosa! -La empujé despacio mientras seguía riendo.
-¡Y tú eres muy lento! -Me empujó de vuelta mientras caminábamos.
-¡Tú te sabías el camino! -La seguí, poniendo especial atención en dónde ponía mis pies. No quería pisar una roca o una raíz, caer y hacerme un esguince. No soportaría estar postrado en una cama sin poder caminar, correr o jugar a algo con los chicos. La tierra se puede apreciar es de un color casi rojizo, está húmeda por el agua-nieve. Me gusta cómo huele este lugar. Me gusta el aspecto que tiene. Me siento como dentro de una fábula antigua, con la mejor compañía posible para alguien a quien le gusta soñar. Sentí un repentino golpe contra mi pecho. Era el cuerpo de Elsa, que se había detenido sin avisar. -Perdona… -Alcancé a musitar antes de quedarme sin palabras al mirar al frente.
No sé de dónde había salido ese lago. Parecía que alguien lo había pintado con óleos y luego lo había puesto justo delante de nuestros rostros. El sol del atardecer se hundía en el horizonte de agua, creando una línea anaranjada sobre la superficie; era tan brillante que hacía que me dolieran los ojos. Pero no podía dejar de mirar. Estábamos a dos metros de la orilla, y por ella asomaban unas piedras que habían enrojecido a causa del impacto de la luz.
-Joder… -Musité, arrepintiéndome al instante. Quizás Elsa es la única persona que puede hacer que me arrepienta de hablar como hablo. Imité su gesto de llevarme una mano a la frente para que la luz no incidiera directamente en mis pupilas y seguí contemplando aquel pequeño paraíso rodeado de verdísimos árboles.
-Es bonito, ¿verdad? -Susurró, temerosa incluso de romper la calma.
-Es precioso.
Nos sentamos sobre las piedras y creo que perdimos la noción del tiempo. Era perfecto tener la opción de mirarla a ella, o tener aquel paradisíaco lugar como alternativa. Hablamos sin parar, como si la vida de uno dependiera de saber todo sobre el otro. Elsa tiene una hermana, pero no recuerdo su nombre. ¿Elizabeth?.. No, n-o.. Tiene nombre de princesa también, espera.. Humm, ¡Ah si! Anna. A Elsa le encanta leer, y a mí no. La abuela de Elsa pinta hermosos cuadros, mi abuela… Mi abuela es una señora muy hostil. Después de detallarnos cuidadosamente nuestra experiencia personal en el internado, se hizo un silencio que a ambos nos sirvió para contemplar el agua tranquila y mirar los hermosos follajes de los árboles frutales.
-¿Y qué tal entonces? ¿Ha vuelto a visitarte alguna chica? -Yo me encogí de hombros.
-No. Pero no me molesta. -Confesé. -Prefiero tener la tranquilidad de que no van a expulsarme por comportamiento lascivo. -Ella sonrió.
-Te has encariñado con este lugar…
-No esperaba que fuera así, tan rápido. Pero sí. Me gusta esto. -Inspiré aquel fresco aire aromatizado con las frutas a punto de madurar que pendían de las altas copas.
-Esto tiene muchas ventajas.
-Bueno, sobre todo para ti, que eres la líder de una logia. -Sonreí. Ella también lo hizo, pero con un deje de desaprobación. -Confiésalo. Te sientes importante.
-Yo no tengo espíritu de liderazgo. -Señaló bajando la cabeza y mirando sus pies.
-Pues eres toda una paradoja entonces, porque ¿cuánto hace que existen la logia?
-¿En realidad? -Me miró interrogativa. -En realidad solo tres años.
-¿Y cómo surgió todo esto?
-Yo tenía un mejor amigo, Kristoff. Fue el quien se cansó de todo esto, que ahogaba, que no daba ni un mínimo de libertad. Y un día me tomó de la mano y me dijo: "Elsa, tenemos que encontrar una forma de divertirnos aquí. Tenemos que pensar en algo." Teníamos trece o catorce años, y sé que no suena como mucho tiempo atrás, pero pasar de los catorce a los diecisiete es como una vida entera. -Yo asentí. -Y bueno, el día en que descubrieron todo lo que hacíamos, lo expulsaron. Deberían habernos expulsado a todos, pero el decidió asumir la culpa, y como yo soy la hija del director no sospecharon nunca de mi. El me pidió que siguiera con todo, y que esta vez tuviera cuidado de que no se enteraran las personas equivocadas: así es como surgió la logia.
-Vaya… -Musité. -Ahora entiendo por qué tanto anonimato entre unos y otros. Parecemos núcleos terroristas que desconocen de la existencia de los demás. -Ella sonrió.
-Es la solución que se me ocurrió a mí; no puedes pedirle peras al olmo.
-¡Tranquila! -Reí. -Ha sido un buen método. Todos te obedecen como ovejas a un perro pastor.
-No digas "te obedecen" como si tú no lo hicieras.
-No. No esperes que tras esta muestra de tu enorme corazón y tu poca capacidad de liderazgo yo te obedezca como los demás. -Bromeé. -Para mí, a partir de ahora, eres una igual.
-Ah, ¿antes no lo era?
-Me dabas un poco de miedo. Pero solo eso, es porque tus otros vasallos me sugestionaron.
-¡Esos! -Suspiró. -Esos no me tienen ningún miedo.
-Claro que sí.
-¡Claro que no! -Insistió. -Si me tuvieran miedo alguno no se acostarían unos con otros, violando los códigos, saltándose los toques de queda para quedar a tocarse.
-Muy agudo, tu juego de palabras. -Señalé con una sonrisa.
-Soy una chica lista, ¿qué esperabas?
-Precisamente eso, que fueras lista. -Ella me miró y sonrió de una forma que perduró, una forma diferente, especial. -Y tú… ¿nunca has… experimentado… con tus vasallos? -Ella soltó una carcajada.
-¡Claro que no!
-¿Qué? -Sonreí al verla descompuesta de la risa. -¿Qué tiene de malo? Yo en tu lugar ya las habría esclavizado a todas las chicas de la logia sexualmente.
-No, eso no es para mí. Todos son personas sin escrúpulos, acabarían sometiéndome ellos a mí. -Sonreí sin saber que contestar y dejé que mi mirada se perdiera en el horizonte, ahora azul y oscuro.
-¿Sabes? Me gustaría volver. -Confesé con cierta aprensión. -Me gusta mucho este lugar.
-Y a mí. Pero a todo el mundo le parece aburrido.
-Bah… -Exhalé. -Son adolescentes. Cualquier cosa que no les dé placer sexual les parecerá aburrido.
-Nosotros también somos adolescentes. -Sonrió. -¿Cómo de diferentes podemos ser a ese montón de chicos con los que convivimos?
-Podemos ser tan diferentes como nos propongamos. -Le informé. -Podemos ser tan diferentes como nos atrevamos. -Su sonrisa se extendió por un momento, pero ella consiguió reprimirla mordiéndose el labio.
¿Hasta dónde llegaríamos? Hasta donde quisiéramos.
