NOTA: Dejenme un review (L)
IX: CONSPIRACIÓN
(The Killers - Romeo And Juliet)
La miré de reojo, como para que no supiera que estaba mirándola, y que, a la vez, estaba cayéndome a un vacío perfecto. Y me sentía debil, expuesto, susceptible, pero a la vez me sentía enorme, porque ella estaba sujetando mi mano. Era tan hermosa que casi me causaba dolor. En ese momento era como si ella pudiera hacer de mí lo que se le antojara. El viento acariciaba la superficie del lago y le daba de frente en la cara, peinando hacia atrás su trenza. Su pulgar se movió sobre el empeine de mi mano, provocándome un escalofrío que no pude evitar manifestar. Al sentirme temblar, ella se giró y me miró con una sonrisa.
-Lo siento. -Musitó mirándome.
-No, si me ha gustado. -Entrelazamos los dedos y ella se inclinó, depositando un beso en mi mejilla y luego posando su cabeza en mi hombro. -Este lugar es más bonito que antes de las vacaciones. -Señalé.
-Eso es porque estamos en pleno invierno. El invierno en realidad hace que todo se vea más bonito.
-No... -Medité. -No creo que sea el invierno.
-¿Entonces? ¿Qué es?
-Eres tú.
Pasaron los días. Ella estaba ahí, en cada momento, sonriéndome a escondidas, cuando nadie nos veía. Y a escondidas todo sabe mejor, al menos al principio. Porque aquello era nuestro, solo nuestro. Me iba a dormir deseando levantarme para ir corriendo al comedor y verla de lejos, desayunando con sus amigas, y que de cuando en cuando, entre sorbo y sorbo de té, me mirara como se mira a un eclipse; con miedo de que te deje ciego. De forma fugaz, mientras sus esbirras le hablaban, le contaban y le preguntaban. ¡Había tantas cosas que aún no sabía de esa chica! Demasiadas cosas que aún me inquietaban a pesar de que ya nos diéramos besos en la boca. Era tan adulta a veces, y tan niña en otras ocasiones...
-¿No se te ha pasado aún el cuelgue? -Me di la vuelta rápidamente, como si sintiera culpa por estar absorto en ella. Me encontré a Gale mirándome con una sonrisa burlona.
-¿Qué? Claro que sí.
-Por supuesto... -Puso los ojos en blanco. -¡Lo tienes superadísimo! Por eso te quedas mirándola como un tonto.
-Déjame en paz.
-Bueno, está bien, no te enfades... -Me dio una palmada en la espalda. -De todas formas creo que sería un buen momento si quisieras atacar. -Levanté una ceja y lo miré, extrañado.
-¿Qué quieres decir?
-Que si hubiera algún buen momento para intentar algo con Elsa, es este.
-¿Por qué?
-Bueno, a lo mejor tú no te das cuenta porque es tu primer año aquí. Pero las cosas están muy raras. Yo creo que hasta las monjas sospechan. -Dijo susurrando la última frase y mirando a los lados para asegurarse de que ninguna rondaba cerca de nuestra mesa.
-¿Qué hay de raro? -El acercó su silla a la mía y pegó sus labios a mi oído.
-No hemos salido de aquí ni una sola vez desde que empezó el curso. ¡Ni una! Los de la logia se están volviendo realmente chiflados. El otro día entré a la habitación de Iván y su compañero de cuarto, Hans, que también es uno de nosotros, estaba vomitando su hígado dentro del cesto de la ropa sucia. -Aquello me asqueó y no pude evitar que mi rostro lo reflejara. -¡Lo sé! -Dijo empatizando con mi sensación de náusea.
-Pensé que las borracheras aquí eran algo normal.
-Es normal que hagamos locuras, quiero decir, ¡para eso crearon la logia! Pero fíjate, llevamos tanto tiempo sin poder huir de este encierro que los chicos están volviéndose locos. Y cualquier cosa podría pasar. Bien podrían desmadrarse y que les dé un coma etílico o tener demasiado poco en cuenta la discreción y que acabaran descubriéndonos. -Gale tenía razón. Al fin y al cabo él había descubierto a otro de los chicos, al compañero de Iván, eso solo podía significar que, de seguir así las cosas, todos acabarían por conocerse entre todos. -Yo creo que las monjas ya sospechan que hemos vuelto a alzarnos. Ya no nos dejan solos en el desayuno, ni en el almuerzo, ni en la cena. Y he oído que piensas adelantar el toque de queda a las siete de la tarde. -Se me hizo un nudo en la garganta. No quería que sucediera eso, no quería tener incluso una hora menos para estar con Elsa. -Además Iván y yo creemos que Elsa anda en cosas raras. -Fruncí el ceño llevándome un pan a la boca.
-Es que tú no estás aquí cuando desaparece, pero si estuvieras te darías cuenta de que se marcha sin dar explicaciones ni excusas a nadie y vuelve justo antes del toque de queda. -Pasé el trozo seco de pan tostado rogándole al cielo que a Gale no le diera por atar cabos y se diera cuenta de que los dos nos íbamos a la vez porque nos íbamos juntos.
-Ya. -Carraspeé. -Habla con Elsa. Pregúntaselo. Seguro que te escuchará.
-No, tienes que hablar tú y probar suerte. Por eso te digo que es el mejor momento. Está frágil por algún motivo y todos sabemos que las mujeres sensibles son más fáciles de conquistar. -Lo miré, me causaba diversión su concepción de las cosas.
-Eres un psicópata. Y una manipulador. -El se encogió de hombros y le dio un sorbo a su jugo.
-Pensé que te gustaría saberlo. -Sonreí.
-Claro porque... -Mis propios pensamientos me interrumpieron. Como por acto de un electroshock la verdad me vino a la cabeza. Pensé que te gustaría saberlo. Dijo Gale. Y en aquella ocasión en que Elsa me dijo que la sorpresa que me daría no sería desagradable: pienso que te gustará. Fueron las palabras que utilizó. Y cuando le pregunté cómo estaba tan segura, ella respondió: tengo mis contactos. ¡Claro! ¿Quiénes sino podían ser sus contactos? ¡El único que sabía que a mí me gustaba Elsa era mi compañero de cuarto! ¡Mi confidente!
-¿Pasa algo? -Me preguntó como si supiera de lo que acababa de tomar conciencia.
-¡Tú! -Exclamé entrecerrando los ojos y apuntándole con el dedo índice. -¡Tú se lo dijiste a Elsa!
-No sé de qué me hablas. -Repuso fingiendo no entenderme.
-Oh, por supuesto que lo sabes. Y todo tu discurso de "Elsa está rara" no ha sido más que una provocación para que te dijera que estamos juntos. -Gale despegó el vaso de sus labios lentamente y la depositó en la mesa otra vez, con el rostro congelado. Giró la cabeza y me miró como si acabara de decirle algo increíble.
-¿QUÉ? -Exclamó. Sentí que alguien me estaba vaciando el pecho como a un pavo en Navidad. -¿ESTÁS CON ELSA? -Me apresuré a hacerlo callar poniendo torpemente mi mano sobre su boca.
-¿Te estás haciendo el idiota?
-¡JACK! -Apreté mi mano más fuerte contra su cara.
-Oh, no intentes hacerme creer que no tenías ni idea. ¡Se lo dijiste a Elsa por una razón! Tendrías que haberte figurado por qué quería saberlo. No finjas que no lo sabías. -El, inmediatamente después, me agarró del brazo y tiró de mí hasta la salida del comedor sin decir nada. Yo me forcé a seguir su histérico paso con su mano aún aferrada a mi codo. Una vez en el pasillo, miró de un lado a otro para comprobar que estábamos solos y luego me increpó con la mirada.
-Le dije a Elsa que le gustabas porque ella me interrogó, Jack. Y ES LA LÍDER. Casi me meo encima cuando vino a preguntarme, no me quedaba opción. Además ella soltó una risa burlona después. ¡Jamás me imaginé que eso y un portazo podían significar que le gustaras!
-¿Y ENTONCES PARA QUÉ DIABLOS TE PASAS TODO EL DESAYUNO ANIMÁNDOME PARA QUE LE ENTRE? -El miró al suelo, avergonzado. Me entró un tremendo sentimiento de inseguridad.
-Ivan también estaba en la habitación el día que Elsa me interrogó. Y cuando se marchó riéndose, Ivan pensó que la mejor forma de que tú acabaras fuera del grupo sería que te declararas, Elsa alucinara contigo, se enfadara porque le entraste, y te echara. -Sacudí la cabeza desconcertado.
-¿Por qué querría Ivan que me echara? ¡Si fue el quien me metió! ¿Por qué colaborarías tú en eso? Pensé que éramos amigos. -Aquello me dolía, de forma real. Creí que Gale era alguien en quien podía confiar.
-Lo siento... -Musitó aún sin ser capaz de mirarme a los ojos. -Ivan está loco. Lo único que quiere en cada momento es molestar a Elsa, porque la odia, porque la envidia, porque nunca se le hizo con ella. Y ahora quiere que te vayas porque en estos últimos meses te has convertido en la persona favorita de Elsa aquí, todos nos hemos dado cuenta. Solo sale contigo, y se marcha y está horas perdida contigo. Supongo que jamás pensó que Elsa... wow... Te correspondiera. -Su rostro revelaba la incredulidad de sus propias palabras. -Y yo... Yo no quería que te marcharas. Pero tengo mucho miedo, Ivan es capaz de cualquier cosa. No sabía qué podía pasar conmigo si no colaboraba con el. -Yo suspiré y me froté la cara con las manos.
-¿Cómo se supone que te crea ahora? ¿Cómo sé que no eres un loco que también me quiere hacer daño? -Increpé, lleno de dudas, de frustración.
-No puedes saberlo. Supongo que tienes que creerme.
-¡Pues no te creo!
-Y lo entiendo, perfectamente. -Me quedé un rato en silencio pensando en todas las cosas que pasarían ahora que acababa de meter la pata hasta el fondo diciéndole a Gale que Elsa y yo estábamos juntos. ¿Y si se iba de la lengua? ¡Dios! ¡Elsa iba a matarme! -Perdóname, por favor...
-¿Se lo dirás a Ivan? ¿Se lo dirás al Director? ¿Se lo dirás al resto de la logia?
-¡No! ¡No haré eso! ¡Te lo juro!
-¡Dios, Gale! -Exclamé dándole un pisotón al suelo y llevándome las manos a la cabeza. -¿Qué demonios hago yo ahora? ¡Elsa va a matarme!
-¡Dile que fue culpa mía! Es la verdad...
-Entonces te matará a ti. Y luego a Ivan.
-Es lo justo...
-Dios, cierra la boca. No necesito que te pongas autocompasivo ahora. Necesito pensar algo. No sé lo que haré.
-Tenemos que hablar con Elsa. Ella sabrá lo que hacer.
-Sí, cuando descubra que Ivan está conspirando contra ella y que tú estás ayudándola probablemente sepa lo que hacer. Colgarlos a las dos por los huevos. -Volví a frotarme el rostro. Esto no podía estar pasando, no ahora que las cosas estaban saliendo tan bien. -¿Hay algo más que deba saber? -Gale suspiró.
-¿Recuerdas a Burdina? La chica de nuestra clase, la mascota de los profesores. La que te acusó de robar el monedero.
-Qué pasa con ella.
-Sabe lo de la logia.
