NOTA: ESTO YA SE ACABA, uno o dos capítulos, no sé .. Muchas gracias por seguir esta historia bizarra, estoy muy agradecido por sus buenos comentarios.

Creo que este capitulo no los dejara muy contentos, también háganme saber que final se esperan para darme una idea y no cagarla jaja, saludos a todos!

XI: La emboscada

Sentí la necesidad de seguirla e intentar tranquilizarla, pero si algo he aprendido en los pocos ratos de paciencia y observación que me he brindado, es que cuando el mar se pone bravo, nada puede detenerlo. Y Elsa era eso, un mar. Tan tranquila, tan profunda, tan calma, tan indescifrable... Por eso sabía que ahora era pura tormenta helada, y debía dejarla estallar. Me senté sobre una de las piedras y me quedé mirando la luna reflejada en el agua. Ya era seguramente cerca de medianoche, y empezaba a hacer frío, pero quería quedarme un rato más. Y relajarme. Y pensar cómo me sacaría a mí mismo de aquel embrollo.

No puedo evitar considerarlo; hay demasiadas evidencias que lo respaldan. Elsa se avergüenza de esto, y por eso se ha enfadado tanto. Tiene miedo, y no le ha gustado saber que Gale se ha enterado. Estoy haciendo todo lo que puedo por intentar comprenderla, pero miro dentro de mí y veo que, estando con ella, cualquier bochorno, cualquier escándalo vale la pena. ¿Por qué para ella no es así? ¿Tan mal estamos queriéndonos? Creo que llevo aquí una hora, y Elsa no ha regresado. Aún no sé si tendré oportunidad de disculparme, o de enmendarlo, o si quizás ella haya decidido que esto no puede seguir adelante. Hace tanto frío... O al menos eso creo. Puede simplemente que esté confundiéndolo con el vacío que siento ahora que se me plantea la posibilidad de que nada de lo que sucedía de noche, a escondidas del mundo, en mi habitación. Ella era lo que sucedía, y quizás no volviera a suceder más. Flexioné las piernas y las envolví con los brazos. Solo un poco más, un poco de consuelo, un poco de fuerza, las estrellas brillando sobre mi cabeza. Debo volver a mi cuarto o enfermaré, pero nada me da la paz que necesito, solo este lugar. Creo que he cerrado los ojos sin darme cuenta, y un movimiento violento entre los árboles me hace abrirlos de nuevo. Me giré y solo vi oscuridad. ¡Y los ruidos volvieron!

(30 seconds to mars - end of all days )

-¿Hola? -Alcancé a decir, aunque tenía la garganta anudada por el miedo. -¿Elsa? -No exactamente.

-Notaba una sonrisa de quien había respondido. Pero no veía a nadie por ninguna parte.

-¿Quién es? -¿Tanto tiempo ha pasado que ya no recuerdas mi voz? -Justo delante de mi vi aparecer a Ivan, como centro de un semicírculo formado por no menos de treinta chicos y chicas. Chicos con los que había compartido muchas tardes y muchas risas. Incluso estaba ahí Burdina... Qué lejos había llegado la conspiración.

Cuando Elsa se entere de esto no va a estar contenta. Pero... ¿Qué hacen aquí?

-Ivan... -Musité. -¿Qué haces aquí? ¿Qué quieres? -El se encogió de hombros y se cruzó de brazos para empezar a caminar en linea recta, lenta y directamente hacia mí a través de los seis metros que nos separaban.

-No pretenderás que no haya público para una historia de amor tan bonita. -Dijo con cinismo, cada vez más cerca de mí. Tuve un inevitable miedo, y me sentí un cobarde. -La chica fría se enamora del chico rebelde y hacen el amor a escondidas del mundo. -Sonrió. -Miré hacia los lados con discreción, porque tenía pensado salir corriendo y quería conocer mis posibilidades.

-Definitivamente Elsa no debió haberte dejado solo. -Esa fue la clara señal de que no traía buenas intenciones hacia mí, por lo que obligué a mis piernas a reaccionar y salir disparadas hacia donde fuera. Ni siquiera abrí los ojos, solo quería llegar hasta el instituto, donde estuviera a salvo. Pero Ivan traía a muchos con el, estaban por todas partes. Y me interceptaron cuando quise dejarlos atrás. No alcancé a recorrer ni diez metros antes de que las manos de dos chicos se me clavaran en los brazos. Me arrastraron hasta la piedra, rompiendo mi pantalón y abriéndome la piel de las rodillas por las ramas y las piedras del camino. Me tiraron como a un perro junto a la piedra en la que Ivan se había sentado, y el, con esos aires de déspota, me miró, y me sonrió. Me incorporé pero decidí quedarme en el suelo, no quería que me volvieran a empujar.

-Es una pena... -Suspiró revolviendome el pelo. -Me agradabas, mucho. Pero tuviste que convertirte en la mascota de Elsa. -Negó con la cabeza. -Eres un idiota. Yo te advertí que no hablaras con ella, pero como eres un estupido, lo hiciste de todas formas. -Lo miré retorciendo el maxilar de pura rabia y me limpié la tierra de la cara con el dorso de la mano.

-No es nada personal, ¿sabes? Solo quiero darle a Elsa una lección. Tiene que saber que hasta los más poderosos reyes tienen puntos débiles. Quizás de esta forma entienda que el mandato de la logia no está hecho para ella. -Se me va a detener el corazón en cualquier momento. Esa calma psicopática con la que Ivan me habla me da tanto miedo que siento ganas de llorar.

¿Qué diablos va a hacerme? ¿Sobreviviré a esta noche? Sea lo que sea lo que va a sucederme, tengo claras dos cosas: no lloraré y no suplicaré. Quiero conservar al menos la entereza y la obstinación que me caracterizan. -Llegó la hora. -Sentenció tras echarle un vistazo al lago. -Susy. -Vociferó hacia el ejército de alumnos que dirigía. Una chica dio un paso hacia adelante, pero el miedo me impedía quitarle los ojos de encima a Ivan.

-Susana, se llama. -Me dijo. -Aunque tú la recordarás mejor como "Burdina" o "la mascota del profesor". -Sonrió. -He pensado que lo más justo es que se encargue ella, ya sabes, para poner un poco de justicia y equilibrio. -Trago saliva e intento no pensar. no quiero que me vean suplicar. No quiero que me vean tener miedo.

-Otros dos chicos siguieron a Burdina mientras caminaba hacia mí. Ivan saca del bolsillo de su camisa un paquete de cigarrillos y se lleva uno a la boca para encenderlo. Sé que no debería hablar, que me beneficia mucho más, en cualquier caso, mantenerme en silencio. Pero estoy tan asustado que el miedo actúa en mi lugar.

-¿Vas a pegarme? -Le pregunté mientras daba su primera calada, haciendo un esfuerzo titánico porque no oyera cómo temblaba mi voz.

El me miró ceñudo y con los ojos muy abiertos. -¿Yo? -Exclamó. -¡Por favor! No soy ningun maton.. -Dijo poniendo su mano boca abajo delante de mis ojos. -Ese no es trabajo para mí. -

En aquel momento sentí cómo tiraban de mis brazos con violencia, y tuve la audacia para mirar y comprobar que eran los acompañantes de Burdina. Me tiembla todo el cuerpo, no sé cuánto tiempo podré aguantar. No sé lo que van a hacerme. Pienso en Elsa, ojalá no me hubiera dejado. Pero me tranquiliza y me alivia saber que está a salvo. Sirve como consuelo.

Los chicos me arrastran hasta la orilla del lago. -¡Un momento, un momento! -Se apresura a interrumpirlos Ivan, haciendo que se detengan y se volteen. El los rodea y se pone justo delante de mí, mirándome a los ojos. Supongo que es ella la que quiere dar el primer puñetazo.-miro a Burdina y se lleva otra vez la mano al bolsillo de la camisa y saca un cigarrillo que pone entre mis labios.

-En realidad me sabe mal tener que hacer esto. Me caes muy bien. -Lo encendió y di una calada institntiva que necesitaría para lo que iba a sucederme. Cerré los ojos al exhalar.

-Espero que entiendas que uno a veces tiene que hacer cosas que no le gustan para conseguir sus objetivos. Después miró al chico que retorcía mi brazo derecho y asintió con la cabeza, y ellos empezaron a arrastrarme hacia las rocas que hacían de orilla para las profundidades de aquella agua tranquila.

Ivan acompañó mi camino y se sentó en una de las rocas mientras uno de ellos me pateaba las piernas para hacerme caer de rodillas frente al lago. Burdina me agarró de los pelos. -Cuando quieras, Susy. -Me empujó con tanta violencia que las rocas se clavaron en mi pecho antes de que mi cabeza quedara sepultada bajo el agua. Pataleé e intenté deshacerme del agarre, pero un tercero, no supe cual, me inmovilizó las piernas, y Burdina de sentó sobre mi espalda, creándome una sensación de claustrofobia que me hacía querer morir. El agua estaba tan fría, y todo estaba tan oscuro que la asfixia pareció durar años hasta que volvieron a sacarme a la superficie. Ivan seguía fumando mientras me miraba, y los demás chicos chiflaban, reían y aplaudían. Ivan asintió nuevamente, y Burdina volvió a sumergirme. Sucedió una y otra vez, y cada vez con menos espacios entre respiración y respiración. El miedo, el pavor me quitaba aún más oxígeno y ya no tenía fuerzas ni para maldecir, ni para odiar. Ni siquiera para pensar. Estaba asustado. Solo quería desmayarme para no sentir nada. El dolor en cada parte el cuerpo, la angustia, la presión contra mis pulmones habían llegado al punto de entumecerme y causarme no otra cosa que indiferencia. Durante aquello, deseé no estar vivo. Burdina tiró otra vez de mi pelo para sacarme del agua y mis párpados se desplomaron con el aire frío chocando contra la piel cuarteada de mi cara.

-¿Sigues despierto? -Me dijo Ivan al oído. Yo mascullé un "sí" inconsciente. Me castañeaban los dientes, y mis extremidades, aunque seguían aprisionadas y doloridas, aún podían temblar. -Vamos a darte un baño de agua fría. -Sonrió. -A ver si se te quita la calentura y las ganas de follar con colegialas. -Sentí todo mi cuerpo precipitarse a través de las piedras. Lo que más miedo me causaba era no ver el fondo y pensar que habría kilómetros de agua hacia abajo. El agua me envolvió y me causó ardor. Pero pronto dejé de sentir el cuerpo. Los chicos seguían sosteniendo mis brazos, golpeándome el estomago y Burdina empujaba mi cabeza hacia abajo para que no pudiera salir a respirar.

-Eso es. Necesitas que te bauticen para que dejes de hacer esas cosas tan malas que haces. -Siento que no me queda mucho antes de perder la conciencia, y lo único que pienso es en lo mucho que quiero a Elsa. Y si alguien me preguntara si volvería a hacerlo sabiendo que voy a acabar bajo un lago, me llamarían loco, pero diría que sí. Definitivamente diría que sí.

-¡Jack! -Escucho mi nombre. Es la voz de Elsa. Debo de estar muerto, porque eso es lo único que necesitaba oír.