Capitulo 2:

Estaba recostado en un lecho de rosas azules, tal y como la que me daba la vida en aquel momento…

Una rosa roja caía del cielo y se poso sobre mi pecho, la cual agarré rápidamente y la aferré a mi tórax.

Fue morir y fue nacer ese momento, me hiperventile y me tuve que obligar a levantarme de ese lecho.

Las espinas lastimaron mis dedos, y mientras miraba como caía la sangre por mi brazo, unas manos blancuzcas tomaron mis mejillas y levantó mi vista hacia su rostro.

Lo que vi fue un rostro deformado, lleno de angustia y una sonrisa macabra, le salían mil caras como las de velmez, y eso me llevo a…

-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH! – grité, mientras me levantaba bruscamente de la cama, todo sudoroso y con la respiración acelerada.

Fui palpando temblorosamente con mis manos hasta conseguir prender la luz de mi habitación. Temía lo que podría llegar a ver dentro de la oscuridad abrazadora.

Suspiré al notar que mi habitación estaba igual que antes, no había ningún cambio…

Volví a recostarme, pero algo duro había dentro de la almohada, parecía algo circular con forma de canica.

Abrí la almohada, desgarrando la tela y palpando en el relleno para encontrar algo. Aquello me hizo acordar cuando yo abrí ese muñeco escalofriante, en busca de algo redondo…

Moví mi cabeza, refrescando mis ideas y despidiendo ese recuerdo horrible. Seguí buscando y encontré una pequeña bolita de color verde.

Empecé a golpearla contra el escritorio de mi cuarto, hasta que se hizo mis pedazos y dejo caer un pequeño papel.

Me agaché con temor mientras que gotas de sudor frías corrían por mi espalda. Estaban tan heladas que me hicieron creer que alguien estaba tocando mi espalda.

Me di vuelta rápidamente, perdiendo el equilibrio y cayendo arriba del papelito. Quede en ridículo, ya que detrás de mí no había nada más que una lámpara que alumbraba mi rostro.

Suspiré, y me arrodillé de vuelta para poder leer el papel.

-¿D-Donde esta?... – el papel había desaparecido – No puede ser… ¡¿LO HE PERDIDO?!

Diablos, estaba acabado. Empecé a buscar por todo el cuarto, e incluso hice que mi madre venga a preguntarme qué ocurría.

Le dije que no ocurría nada, y que se vaya a dormir de nuevo. Con cara de preocupación, cerró nuevamente la puerta de mi habitación y se fue a descansar.

No logré encontrar aquel papel, aunque me pasé toda la noche buscándolo… De todas formas, al otro día iba a ser sábado, y no debía ir a ninguna parte… Excepto por la mudanza, eso me perseguía constantemente.

-Buff…. ¿Dónde estará? – Me senté sobre la acolchonada cama - ¿Qué habrá sido?...

La verdad es que estaba muy tranquilo para la situación en la que me encontraba, el tema era serio porque ese papel era algo importante seguramente… Y si no lo leía, algo me iba a ocurrir.

El cansancio me disparo por la espalda, traicionándome y obligándome a dormir.

-¿Dónde estoy? – me pregunte en voz alta. Una luz cegadora entro por mis pupilas y me dejo extrañamente mareado.

Era la luz del sol mañanero que entraba por mi ventana.

-Caray, me hizo asustar… - cerré las cortinas, pero antes mire hacia aquella plaza llena de melancolía y recuerdos de mi infancia.

Estaba lleno de niños con miradas de adultos, sin ilusiones ni sueños…

Esta vez cerré bruscamente la cortina, y apoyé mi frente contra el vidrio.

-¿Por qué?... – Dejé caer una lágrima - ¿Por qué se parecen tanto a mí?...

Escuché un "toc toc" detrás de mi puerta que me asusto, y me obligo a secar rápidamente mis lágrimas y tratar de hacer una sonrisa en mi rostro.

Abrí la puerta, y detrás estaba mi madre.

-Empieza a recoger tus cosas, ¿sí? – Sonrió – Más tarde te traigo el desayuno…

Siempre siento que tiene el diablo en su saliva, y no tengo una explicación para eso…

-Está bien. – cerré la puerta después de ver que se retiraba por el pasillo.

No me di cuenta que me comporté nervioso enfrente de mi madre, con razón me miro con preocupación… Cuando me siento amenazado, tomo su presencia como un intruso.

Suspiré apoyado en la puerta, mirando el desastre que estaba hecha mi habitación.

"Bien, empecemos a ordenar…" me dije, mientras que me ponía firme y recogía varias camisetas que estaban esparcidas por todo el suelo.

En 1 h 30 min terminé de recoger todo, dejando solo el inmobiliario vacío.

Qué raro se sentía el vacio, además del eco que se escuchaba cuando respiraba… Era muy triste todo.

"Toc toc" nuevamente, abrí la puerta y ahí estaba mi madre acompañada por 3 hombres.

-Ellos vienen a cargar los muebles, no te preocupes – dijo al ver mi cara de sorpresa.

-E-Esta bien…

Ella no me dijo nada de que vendrían personas a ayudarnos, pero bueno, no debía enfadarme por algo tan insignificante… Últimamente estaba muy irritable.

Uno de los hombres me saludo amablemente, al parecer era un vecino de hace muchos años. Nunca noté que él era un vecino.

Empezaron a desarmar los muebles de madera y llevándose las bolsas llenas de cosas varias…

Ropa, televisores, ordenadores, juguetes, todo en un camión que se estaba alejando hacia nuestro nuevo hogar.

-Vamos, Garry. Sube al coche – dijo mi madre, animándome a enfrentar la realidad mientras que me hacía señas con las manos.

Rasqué mi nuca mientras que asentía y entraba dentro del auto.

El miedo se acercaba a mí, y empecé a pensar como plasmar mi vida en folios y no en lienzos…

Continuará…