Capitulo 3:

El viaje fue largo, las palabras no salieron de nuestras bocas en ningún momento y me limitaba a mirar por la ventanilla.

Me mareaban los árboles que se movían frenéticamente, entonces decidí mirar a mis pies y nada más.

-Garry… - rompió el silencio mi madre - ¿Tienes miedo?

-¿Miedo? – Tomé fuertemente mi pantalón con ambas manos – No sé qué es eso…

-No desesperes, por favor… - miro mi rostro de perfil – Lucha por la libertad, ¿sí?

La miré desconcertado.

-¿Desde cuándo eres así de poética, eh? - Reí un poco – Yo no le temo a nada. Simplemente son los interrogatorios que invaden mi mente…

Suspiro, y sin decir palabra alguna seguimos nuestro camino.

Creo que me quede dormido cuando estábamos pasando por un puente. Los parpados se me caían y tenía ganas de acostarme en mi cómoda cama en vez de aquel asiento duro y viejo.

Las circunstancias no eran de tanta importancia ante el cansancio, así que me eche a dormir como un niño pequeño.

-Garry, despierta… - me dijo una voz algo distante – Despierta…

Una mano corrió mi flequillo, y reaccione rápidamente ante eso.

-Por fin has despertado. - Dijo mi madre con una sonrisa – Hemos llegado a nuestro nuevo hogar…

Refregué mis ojos, y miré detrás de mis espaldas.

Era una casa gigantesca, pintada de un blanco brilloso y limpio, acompañado con detalles dorados. La luz del sol rebotaba en contra de las paredes y daba una ceguera temporaria.

-Qué… Qué bonita… - fue lo único que pude decir mientras quedaba boquiabierto.

-Vamos, los demás ya dejaron los muebles adentro y los acomodaron…

¿Tan rápido? ¿A caso tantas horas me había estado dormido? Maldito tiempo, siempre pasa tan ligero…

Afuera estaba helado, tan helado que fui obligado a colocarme mi chaqueta para no pescar un resfriado.

El pasto del patio era brilloso, aún más con el rocío que aún no se había disipado y largaba un olor agradable a lluvia.

Mi madre me detuvo diciendo que iba muy apurado, y que me detuviera para ver todo el patio.

-¿Hay más? – pregunté mientras miraba sorprendido alrededor.

-Así es – lanzó una sonrisa picarona – Ven hacia el costado.

Fui hacia mi derecha, y pude ver un pasillo verduzco que daba hacia una piscina azulada.

-¡WOOOOOOOOW! – exclamé como un niño pequeño, soltando la mano de mi madre y corriendo hacia aquella brillante piscina.

Me detuve al borde, mirando fijamente al agua cristalina. Un secreto mío es que siempre quise ser nadador profesional, pero fue un sueño tan lejano que nunca me prometí hacerlo realidad…

Estaba tan fascinado que no me percaté de que mi madre estaba acercándose sigilosamente por detrás de mí… No me había percatado hasta que me empujo.

¡SPLAAAAASH! El agua invadió todo mi cuerpo, dejándome totalmente empapado.

Nade hacia arriba con intensiones de salir y ver quien me había empujado.

Ahí estaba mi madre, riéndose sin parar hasta llegar a las lágrimas.

-¿No era qué no deseabas que pescará un refrío? – Tomé su mano para salir de la piscina – Al parecer quieres vengarte, ¿no? – reí

-Mmmh… Puede ser… - jaló para traerme a la superficie - ¿A qué venganza te refieres?

-Nada en particular. Olvídalo. – aclaré mientras que escurría mi ropa empapada.

-Vamos dentro. Te cambiarás de ropa en tu nuevo cuarto…

Eso me entusiasmo bastante. Entré por la puerta trasera de la casa, y lo que pude ver fue lujo por todas partes.

Me calme un poco, y pregunté:

-¿De dónde sacaste tanto dinero para comprar esta casa? – La miré fijamente esperando la respuesta, y al no obtenerla proseguí - ¿A caso te has metido en la mafia? – reí un poco.

-¡Jajaja! Que creatividad que tienes, hijo… No, nada de eso. Simplemente trabajé muchas horas extras...

Qué respuesta tan vacía que me había dado. No explicaba nada con detalles… Bueno, poco me importo. Yo ahora vivía en una mansión en miniatura.

Subí las escaleras, y la primera puerta a la izquierda decía "Garry".

Rodeé el picaporte con mi mano, exhale e ingrese.

Había una cama alta con una pequeña escalera que dirigía hacia ella, y debajo había un pequeño escritorio de madera con un ordenador bastante bueno.

Por lo demás, había un escritorio contra una esquina, el cual estaba posicionado para que cuando levantaras la vista un poco para el costado puedas ver hacia afuera.

Un ventanal enorme estaba del lado izquierdo de la habitación, iluminando todo.

Parecía un sueño, pero no lo era. Mi madre estaba cambiando, y me preguntaba por qué…

El entusiasmo borró los pensamientos de duda, y empecé a buscar donde estaba mi ropa para cambiarme de una maldita vez. Estaba harto de estar empapado y con frío.

Me puse una musculosa algo escotada (¿de dónde demonios sacaba ropa como esa? Nadie lo sabe.) Y unos jeans azules. La verdad es que la temperatura en todo el ambiente estaba perfecta, y no hacía falta abrigarse como en mi antigua casa.

-¡Garry, A COMER! – grito mi madre desde el comedor.

No hacía falta responder, ya que ella sabría de antemano que yo bajaría enseguida. No me gusta la comida fría.

Había preparado pizza, ¡con lo qué me gusta! Al parecer aquel día estaba de humor…

Estaba devorando salvajemente un trozo, cuando ella me dijo:

-Mañana debes ir a tu nuevo colegio…

Paré de comer, y miré el plato fijamente.

-Lo sé… - afirmé mientras que limpiaba el queso de mi boca - ¿Tienes una mínima idea de cuál curso me tocará? – Negué con la cabeza – Perdón, me refería a qué clase de curso entraré…

-Creo que con un curso lleno de buenas personas… - Tomo mi mano – Confía en ellos, ¿sí?

Miré desconcertado sus ojos llenos de entendimiento, y le pregunté:

-¿A caso ya los conoces?

-Ajá… - afirmo, soltando mi mano y volviendo a estar concentrada en su trozo de pizza – Ahora, sigamos comiendo… ¿Sí?

Afirmé con la cabeza, y seguimos devorando la masa cubierta de queso derretido con tomate.

Terminamos satisfechos y con mucho cansancio. Le di un beso en la mejilla para las buenas noches y me fui directo a dormir.

No recuerdo haber dormido tan placenteramente en toda mi vida. Pasar de ese colchón comido por las polillas a uno tan nuevo… Qué extraño se sentía.

Desperté con las voces de los pájaros chillando en mi ventanal.

Un día comenzaba, un día más pero no tan corriente como los otros…

Continuará…