Capitulo 4:

Un sonido proveniente de un teléfono celular hizo que me despertara del todo.

"¿Desde cuándo tengo un celular…?" me pregunté mientras que empezaba a buscar intranquilo por todo el cuarto.

Apuesto que si alguien me hubiera visto en ese momento se estaría riendo descaradamente por mi nerviosismo.

Paré un segundo para tomar un poco de aire, aunque seguía escuchando ese pitido horrible que reproducía ese aparatejo.

Me apoyé en contra del escritorio que estaba debajo de mi cama. Estaba relajándome y entrecerrando los ojos cuando de repente vi a alguien observándome por el ventanal.

Se estaba riendo, como yo estaba esperando que alguien lo hiciera.

Cuando termino de reírse, abrió su ojo… Era de un color rojo. Si, así era… Un rojo macabro.

Dijo unas palabras ilegibles, ya que no sé leer labios ni mucho menos. Seguido de esto, se retiro rápidamente por el tejado.

Salí de mi shock y abrí la ventana que estaba al costado del escritorio para escribir. Me agarré de una teja e hice fuerza para subir lo más rápido que podía.

Logré mirar de reojo a un hombre medianamente alto, de cabello blanco y con un bastón negro. El desgraciado no paraba de reírse sin darse cuenta de mi presencia.

De repente, salto hacia la calle fuertemente.

-¿Q-Qué?... – caían gotas de sudor por todo mi rostro. Estaba haciendo demasiada fuerza.

Mi mano se resbalo, pero por suerte mis pies estaban apoyados en la ventana aún. Logré volver a meterme dentro de mi cuarto.

Ahora me preguntaba, ¿debía decirle al respecto de lo ocurrido a mi madre? No, creo que no…

Hiperventilado, me vestí para ir a la escuela secundaria que estaba a pocas cuadras de mi casa. Baje acelerado por la escalera, evitando contacto visual y verbal con mi madre.

Apenas traspase el porche de mi casa, empecé a correr rápidamente. Si, estaba por llegar tarde a la primera clase.

Vi a lo lejos como todos entraban a montones, apretujados y sudorosos al colegio…

Me colé por un costado, evitando toda esa muchedumbre.

A veces me sorprendo de lo que puedo llegar a hacer para evitar problemas.

¿A dónde había entrado? Al baño. Bien, Garry, bien.

Empecé a ir más calmado por el corredor, viendo cual era el salón al que debía entrar.

Según tenía entendido, era el número 10… ¡Eureka! Ahí estaba.

Entre, y el profesor estaba sentado en un pequeño banco mientras que los demás jugueteab…

¡UN MOMENTO!

-¡TÚ, EL DEL PELO BLANCO! – Grité, mientras señalaba al peliblanco con mi dedo índice - ¡¿QUÉ HACIAS EN MI VENTANAL OBSERVANDOME, EH?!

-¡jajajaj! – Rió notoriamente – Ten de seguro que espiándote no… - siguió riendo.

-Tú… - dije en un tono agresivo y acercándome a él para acogotarlo. A veces puedo ser muy impulsivo por mis emociones…

Estaba a punto de pegarle, cuando de repente alguien detuvo mi brazo en el aire.

-Cálmate. – me dijo una voz proveniente de un hombre hecho y derecho. Era el profesor.

Tragué saliva, mire nuevamente al estúpido burlón de ojos rojos y cedí ante la fuerza que ejercía el maestro.

-Es tu primer día, así que primero deberías presentarte, ¿no crees? – cambió su seriedad por amabilidad rápidamente, tal y como se mueve un peón en un juego de ajedrez.

-E-Entiendo…

Baje mi brazo, y con una mirada de odio proseguí a presentarme.

-Soy Garry, Garry Batt… Un gusto conocerlos, espero poder llevarme bien con todos ustedes… - miré directamente al peliblanco, mientras que él seguía riendo.

-Un gusto conocerte, Garry. – Dijo el profesor, alzando su mano para tomar la mía – Yo soy Gilbert Nightray, el titular de este curso…

-U-Un gusto… - sus ojos dorados mataron mi tranquilidad, pero accedí de todas formas a estrechar manos.

Proseguí a sentarme dando pasos cortos en un banco que se encontraba vacío, al lado de una chica que se mantenía callada. Tenía el pelo blanco y la mirada perdida hacia un costado.

Apoyé mi mochila en el suelo y el ruido llamo su atención. Me observo de pies a cabeza, mientras que las gotas de nerviosismo caían por mi frente.

Alzó su mano para saludarme, y dijo:

-Un gusto conocerlo, soy Echo.

-¿E-Echo?... – no estaba atento – Perdón, jaja – reí nerviosamente – soy Garry. – estreché manos.

Dios mío, cuantos actos fallidos seguidos. Estaba siendo un desastre.

Ella me trataba de "usted" todo el tiempo, parecía una sirvienta o algo por el estilo…

-Echo… - dije, para que vuelva a mirarme – No hace falta que me trates de "usted", ¿sí? – sonreí.

-E-Esta bien… - se puso algo nerviosa.

-¿Qué sucede? – pregunté con cara de preocupación

-Nadie me ha pedido eso nunca… - Se puso aún más nerviosa – Es que… Debo ser respetuosa ante todos…

-Oh, entiendo… - No, en verdad no entendía bien nada.

Unas nubes taparon el sol, y el aula se tiño de un tono gris.

Empecé a mirar los rostros de mis compañeros, pero al parecer nadie se preocupaba por el hecho de estar a oscuras.

Miré al profesor en busca de una respuesta, pero lo encontré leyendo atentamente un libro de Stephen King…

-¿Profesor?... – lo miré fijamente esperando una respuesta.

-¿Qué sucede, Garry? – levanto una ceja y cerro el libro.

-Esta algo oscuro… ¿N-No cree? – Dirigí mi mirada hacia las lámparas que colgaban del techo.

-Puede ser… - Miro de la misma manera hacia las lámparas - Hey, Break, enciende la luz.

El peliblanco dejo de hablar con una joven chica de apariencia menor que la de los demás y quejándose se levanto para encender la luz.

Cuando toco el interruptor, nada ocurrió.

Continuará…