Capitulo 12
PoV Oz
-Faltan 5 minutos para que abran el parque de diversiones… - Levante la mirada - Habrá que esperar, entonces.
-¿Esperar? ¿En serio? – Dijo Alice, la "gruñona" – ¡Yo no voy a esperar nada! – Pateo fuertemente las rejas y se adentro al parque de diversiones.
-¡A-ALICE! – Trate de agarrarle el brazo, pero fue en vano porque de un tirón se resbalo de mis manos. – Ay, ay… - Tome mi cabeza y fui detrás de ella.
La perdí de vista y me empecé a preocupar, ¿qué pasaría si alguien nos veía ahí dentro sin permiso alguno? ¡Seguramente llamarían a nuestros padres! Y eso no sería muy agradable…
La pude encontrar después de unos minutos de búsqueda.
-¡Hey, Alice! – Me dirigí hacía ella, pero no obtuve respuesta física alguna. -¿Qué sucede? – Tome sus hombros.
Ella simplemente se limito a señalarme una carpa de circo mediana y algo extravagante a diferencia de otras.
Empezó a caminar sin rumbo hacía esa carpa.
-¡E-Espera, Alice! – Trate de detenerla nuevamente, pero esta vez recibí un puñetazo inconsciente de su parte. -¡Auch! ¡Eso dolió! – Tomé mi mejilla, roja en aquel entonces.
Abrió de un solo movimiento las cortinas que tapaban la entrada de aquella carpa. Alice tenía los ojos en blanco, sin respuestas a los reflejos ni nada, y me empezaba a preocupar mucho.
Cuando llegue a la entrada del portal, me encontré con que Alice se estaba metiendo dentro de un portal extraño, forjado de materiales verdes y negros, con detalles en blanco.
-¡ALICEEE! – Tome su mano para intentar evitar que haga tal locura, pero por desgracia, fui arrastrado por la gravedad hacía ese portal.
PoV Sharon
Estúpido y poco caballero Break. Hay veces que inclusive puede hacer que saque mi peor lado, como si me existiera una doble cara.
Me dijo que vaya a las 8 a ese parque de diversiones tan extraño y sobretodo, mugriento.
Sigo pensando que una dama como YO no debería ir nunca a un lugar así, porque si no, ¿para qué existen esas fiestas lujosas para millonarios como mi familia?
Deje mis quejas de lado y empecé a correr, algo tambaleante por la culpa de mis zapatos con tacones, pero no me importaba porque ya eran casi las 8 y si no llegaba a tiempo no podría pegarle en la cabeza a ese estúpido albino.
¡Qué sucias que están estás calles, dios mío! pensé mientras que ponía una mueca de asco.
Cuando logré llegar al parque de diversiones, ingrese jadeando a este mismo. Los zapatos me estaban matando porque lógicamente no están hechos para correr de tal manera.
-Tsk… - Levante mi talón izquierdo para poder verlo de reojo sobre mi hombro. – Se me rompió… - Tenía un agujero en lugar de un tacón.
Saque el móvil de mi cartera. Busque en mi agenda a Break y le envié un par de mensajes, pero como ya me lo esperaba, ninguno tuvo respuesta alguna del payaso blanco.
Anduve merodeando por ahí y me compre unos dulces. A pesar de ser una dama Rainsworth, no dejaba de ser una niña y tenía mis pequeños vicios como todo ser humano.
Mientras me seguía quejando por el dolor de tobillos que tenía, vi una luz parpadeante morada proveniente de una carpa.
¿Qué diablos es eso? pensé mientras que me tragaba sin querer un caramelo a medio masticar. Tosí un poco y escupí el caramelo, sabiendo que no habría ninguna persona de clase alta para quejarse de mi conducta inapropiada.
Mire hacia mis costados y al verificar que no había nadie, me adentre en el callejón de carpas, aunque solo estaba interesada en una.
Me puse en puntitas de pie para mirar por una rendija.
Lo que vi, fue totalmente extraño y nuevo para mí, aunque… Me parecía que ya había oído sobre algo así al respecto…
Era tarde, lo bastante tarde como para que todos en la mansión se duerman como bebés acurrucados en los brazos de una madre.
Tenía una corta edad, unos 9 años, y mi curiosidad era demasiada por saber que había en la biblioteca de la casa.
Mi abuela siempre me decía que no debía entrar ahí porque habían cosas que no debía leer a mi corta edad, pero ¿qué iba a leer yo si no entendía muchas palabras de esos libros complicados que solía leer ella? Suponía que no había peligro alguno.
Me adentre entre las grandes puertas que cubrían las estanterías polvorientas y llenas de libros. A veces me preguntaba qué pasaría si una estantería se cayera. No quería ni siquiera imaginármelo…
Era un mundo aparte de la mansión. Historias jamás contadas, relatos inimaginables para cualquier ser humano y, hasta tal vez, muy oscuros como para existir en papel y tinta.
Empecé a caminar entre los grandes pasillos con una vela, procurando que la llama no toque ningún libro y cause un gran incendio que acabará con toda la mansión en sí.
De repente, vi un libro que brillaba entre una esquina muy oscura.
Irradiaba una luz de color purpura, tal vez más violeta, no lo sé. En aquel entonces no distinguía colores por nombre.
Me acerque a él, tomándolo entre mis pequeñas manos mientras apoyaba la vela en el suelo.
Lo cargué hasta una mesita que en ese momento estaba iluminada por la luz de la luna llena.
Corrí la gran tapa verdosa que protegía a las hojas, y una gran nube de polvo salió al chocar contra la mesa.
Como no sabía leer aquellas letras extrañas y retorcidas que decía el gran libro, corrí las páginas hasta llegar a alguna página que me pudiera explicar de qué habla.
Y, ¡Eureka! Una página con una gran imagen dibujada a mano que por lo menos podía reubicarme en lo que estaba "leyendo".
Era como una especie de agujero con el mismo color violeta-purpura que irradiaba el libro hace unos instantes. Sí pasaba mi dedo por encima del dibujo, sentía los detalles en relieve y seguía irradiando unos pequeños rayos de luz al contacto.
Ese libro era genial. No entendía que decía, pero era genial de todas formas.
Antes de que pudiera cargarlo y llevármelo a mi habitación, oí unos pasos y una voz familiar llamándome.
Entre el nerviosismo y la confusión, intente cargar el libro y llevarlo de nuevo a donde estaba. Y por suerte pude terminar mi objetivo.
Salí de la biblioteca y cerré la puerta. Pero, mientras la cerraba, vi una sombra femenina detrás de mí.
-¡Sharon! – Gritó mi abuela, Sheryl, mientras que agarraba mi brazo y me llevaba de vuelta a mi habitación. - ¡No quiero que vuelvas a entrar ahí!, ¿entendido, señorita?
-S-Sí… - Asentí cabizbaja, triste porque no podría volver a ver nunca más ese libro tan asombroso…
Bueno, algún día podré volver a verlo… pensé, tratando de recuperar los ánimos mientras que me acostaba en mi pequeña cama.
Y, finalmente, pude volver a verlo.
Continuará…
