Capítulo 4: Suave como seda
Cuando fue por ella la excitación de su cuerpo le impedía comportarse de forma "normal".
Mientras más se acercaba a la esquina donde trabajaba más aceleraba su paso.
Cuando por fin estuvo detrás de ella –quien se encontraba hablando con uno de sus clientes– quiso extender la mano y acariciarle el pelo –que contrario a lo que la gente pensaba cuando lo llevaba recogido, era muy largo –. Cuando por fin el hombre del auto rojo decidió irse, no sin antes pasarle un papel con una dirección y un teléfono, diciendo algo que no alcanzó escuchar, se volteó hacia él y lo miró con una sonrisa que ella misma se obligaba dar para todos sus clientes.
—Naruto —Saludó —Tiempo sin verte
—Lo mismo digo —Respondió parándose frente a ella.
— ¿Y a que se debe tu visita por estos lares? —preguntó con sarcasmo.
— ¿A qué será? —Preguntó con inocencia mal fingida — ¿Quieres que tomemos una copa antes de?
— Sabes que no tomo en horas de trabajo.
— ¿a qué le temes, Tenten? —Le susurró al oído luego de rodearla y abrazarla por la espalda —No es como si fuera la primera vez que bebemos antes de acostarnos —Deslizó una mano hacia abajo y la metió entre sus piernas sintiendo inmediatamente su sexo expuesto.
"Como siempre" pensó.
— ¿Temor? —Se mofó —Nada parecido, menos en tu presencia, es solo que en mi oficio… puede ser el pase para la muerte.
Naruto sonrió.
—Me duele que pienses que puedo hacerte daño.
Ambos se carcajearon.
—Entonces ¿Quieres comer algo antes de? —preguntó el rubio.
Tenten, a paso lento se acercó a él y le susurró al oído.
—Claro que tengo hambre —pasó la lengua por la oreja del Namikaze — ¿Sabes que quiero comer? — le preguntó en un toco sensual.
—Mmm… me lo puedo imaginar —susurró con la voz carrasposa, la tomo de la cintura y la acercó más a él —Sabes que no soy un tipo exhibicionista, pero si no nos vamos… —tomó su labio inferior entre sus dientes y haló de él un poco provocando una pequeña herida y probando el sabor metálico de su sangre —… te tomaré aquí, y ni tus "compañeras" o la policía podrán apartarme de ti hasta que termine contigo.
Y lo decía muy enserio.
Cuando llegaron a la pequeña casucha en medio de la nada la empujó inmediatamente a la pared, si hubiera puesto un poco más de fuerza estaría seguro de que le hubiera roto un par de costillas, pero no era el momento, quería disfrutar un poco después de todo.
De un solo movimiento rasgó el pequeño Top que "cubría" sus pechos, como lo esperó no llevaba sostén.
Ella lo tomó de las mejillas y desesperadamente lo acercó a él, besándolo aún estando casi sin aliento y bajó sus manos hasta la hebilla de la correa que mantenía su pantalón en su lugar y la soltó para luego desabotonar el pantalón, pero este no calló hasta que ella dejó su boca y se agachó llevando la prenda con ella y bajando, al mismo tiempo, el calzoncillo.
Cuando estaba a punto de introducir el miembro en su boca Naruto la detuvo, le pareció curioso pues era lo que más le gustaba que le hiciera. El rubio se sentó en una silla y le indicó que se acercara y lo montara, y cuando se acercó lista para posarse sobre él, el rubio la detuvo.
—Sabes cómo lo quiero — le dijo él dándole la vuelta, provocándola estar de espaldas a él y bruscamente la agarró de las caderas y la haló hacia él para poder insertarla, pero antes de estar completamente sentada sobre él ella se había sujetado de los brazos de la silla.
—Lo siento, corazón, pero sabes que no brindo "ese" servicio
—Lastima "Corazón" —de un fuerte jalón la hizo sentarse, insertando así su miembro dentro de ella —Pero sabes que es la parte que más me gusta de ti —y pasó el dedo indicé por la espalda duramente erguida de ella provocándole un escalofrío.
Sin pudor ni espera la tomó de ambos lados de la cadera y la obligó a moverse de arriba y abajo envistiendo al mismo tiempo, la castaña gemía sin miedo a que a escucharan –estaban en un lugar desierto –y se sostenía fuertemente de los muslos de rubio, trató unas cuantas veces de detener los movimientos del rubio, pero le fue imposible ya que él era más fuerte que ella.
Así que se dejó hacer.
La faena duró más de lo que había esperado, meses antes el rubio no tenía tanta resistencia, pero esta vez había sido sorprendentemente… bueno.
Incluso le gustó.
—Toma —le dijo el rubio extendiéndole una bandeja con unos cuantos alimentos en ella.
— ¿Desde cuándo eres tan considerado? —le preguntó viendo con desconfianza la tostada y el vaso de zumo de naranja.
—Tienes que seguir trabajando ¿no? Es mejor que te vayas con energía a atender los asuntos menores —y sin decir más se dirigió al baño.
Cuando entró y cerró la puerta no pudo evitar sonreír, se acercó al gran tanque de agua y tomó un pequeño recipiente que flotaba dentro de este y procedió a lavarse el cuerpo, nunca le gustó la sensación pegajosa que provocaba el sudor seco, lo sofocaba, pero a veces se sentía bien, le recordaba lo que había hecho y era aterradoramente reconfortante.
A mitad de su baño, cuando todavía no procedía a enjuagar la espuma de su cuerpo, escuchó un fuerte golpe y pensó que el cianuro que había puesto en la comida por fin había causado efecto y con apresuro tiró la toalla al piso y procedió a secarse los pies, estaba ansioso por ver el cadáver y por fin proceder a terminar su muñeca –aunque este proceso era un poco más largo y complicado que los demás –no podía esperar.
Cuando salió del baño lo primero que sintió fue un fuerte objeto frio estrellarse en su cara, estuvo en un estado de shock por unos segundos y cuando por fin regresó en sí –al sentir la sangre que escurría de su nariz colarse en su boca –y vio a la chica castaña parada frente a él con la bandeja que le había pasado hace un rato –la cual estaba un poco abollada, por el golpe supuso –jadeando fuertemente y desnuda, como la había dejado.
—Cabrón… —dijo entre jadeos —… no eres el primero… que trata de matarme… hijo de puta — dijo con grandes esfuerzos.
—Tenten, cariño… —dijo él mientras limpiaba el fino camino de sangre entre su nariz y su labio inferior —Estas dando un mal servicio al cliente… tendré que quejarme con la gerencia
Acto siguiente se acercó a ella y tomándola del pelo la obligó a voltearse quedando de espalda hacia él y acercó sus labios a su oreja izquierda.
—Es una lástima ¿Sabes? Que nadie más pueda disfrutar tu delicioso cuerpo… —pasó la lengua por toda la extensión de su oreja —Bueno, aún quedan muchas putas en las calles.
He impulsándose con fuerza chocó la cara de ella contra la pared de cemento –que no estaba empañetada –y la movió de un lado a otro, como si de un trapo se tratase.
La sangre y la carne desprendida empezaron a caer al piso y Naruto finalmente aflojó el agarre, pero no la soltó.
La mantuvo lejos de la sangre pues no quería que se manchara su pelo, la miró a lo que le quedaba de cara –prácticamente se la había destrozado por completo –y al notar como los ojos temblaban supo que ya no le quedaban muchos minutos de vida.
—Vaya —murmuró —el cianuro actuó más lento de lo que pensé que lo haría —y luego de decir esto procedió a recoger sus pertenencias y a envolverla a ella en una manta para evitar manchar el auto alquilado que había adquirido.
Puso el cuerpo en el porta equipajes, ya estaba completamente muerta, o eso suponía, no estaba del todo seguro, en cualquier caso sus heridas era muy graves y eso junto al cianuro no le darían muchas posibilidades.
Mientras conducía por la carretera escuchó las sirenas de una patrulla y luego como el policía en esta le indicaba que se orillara.
Bueno. Pensó. Esto será un problema.
Cuando por fin se detuvo un policía tocó el cristal del lado del asiento del conductor y el rubio lo bajó.
—Buenas noches, oficial —saludó.
— ¿Sabe usted que transita la carretera con las luces apagadas?
—Estoy consciente de ello —respondió.
— ¿Podría mostrarme su identificación y su permiso de conducir?
El rubio sacó sus documentos y se los mostró.
Mientras los revisaba, Naruto estudió al oficial detenidamente: era alto y de tez pálida, no sabía si su pelo era negro o de otro color oscuro pues no podía diferenciarlo bien al ser de noche, sus ojos eran oscuros y tenia pestañas largas, lo que le pareció más curioso fueron las marcas en sus mejillas, parecían ser cicatrices diagonales que iban desde los lados de su nariz hasta la comisura de su boca, le daba una apariencia más madura y mayor de lo que podría ser.
Le era extrañamente familiar.
—Le dejaré ir con una advertencia —dijo sacándolo de sus pensamientos y entregándole los documentos de nuevo —la próxima vez, si nos volvemos a ver, no seré tan condescendiente como en esta ocasión
Y finalizando empezó a caminar hacia su patrulla.
El rubio se puso en marcha lentamente, dándoles tiempo a los policías de que avanzaran frente a él.
Al momento en que la patrulla pasó a su lado, sus ojos azules se encontraron con unos negros que lo miraban como si lo estuvieran analizando, este hombre de pelo negro amarrado en una coleta alta había logrado que algo del rubio se inquietara, pero no pudo saber que ya que la patrulla se alejó.
Dando un largo suspiro el rubio desvió el auto hacia una avenida por la que seguramente no había policías, era tan solitaria a esas horas de la noche que dudaba que alguien pudiera estar por los alrededores.
Cuando llegó a su casa y entró a su garaje miró disimuladamente hacia todos lados para cerciorarse de que nadie lo viera y cuando las puertas automáticas por fin bajaron y lo ocultaron ante la vista de cualquier curioso abrió el maletero, sacando el cuerpo al instante.
Igual como hizo con los demás cuerpos –o mejor dicho, con ciertas partes de los cuerpos –la llevó al sótano y la acostó en una mesa de metal.
Insertó varias agujas por sus vías intravenosas, estas estaban conectadas a unas pequeñas extensiones transparentes que llegaba a una pequeña maquina.
Al encender el interruptor la sangre de su cuerpo empezó a drenarse pasando por las extensiones hasta llegar a la maquina, en cuestión de minutos ya no había nada más que drenar.
Complacido con la eficacia de la maquina, Naruto tomó el bisturí nuevo que había adquirido esa misma mañana y tomando un taburete en mano se acercó a la parte superior de la mesa –justamente donde estaba la cabeza –y con cuidado y precisión empezó a cortar la piel. Contorneó toda la parte capilar, empezando desde el medio superior de la frente, pasando por detrás de una de sus orejas, rodeó toda su nuca y pasó por la otra oreja hasta que por fin llegó a su punto de partida. Dejando el bisturí a un lado y tomó el borde de la parte cortada y lo apartó lentamente.
El sonido viscoso que hacía era repugnante, pero no era nada que no pudiera manejar.
Cuando por fin Naruto pudo despegar toda la parte capilar inmediatamente pensó que había sido más fácil de lo que esperaba, pero supo que pasó más tiempo que su media hora mental cuando escuchó el horrible cantar del reloj cucú –aquél que solo sonaba a la siete de la mañana – en la parte de arriba.
No le importó sentirse mareado por la falta de sueño, solo pensaba en terminar de una vez por todas su muñeca y en como deshacerse del cuerpo y la sangre.
La sangre podría tirarla por la alcantarilla del barrio de pretenciosos cercanos y el cuerpo podría arrojarlo a la parte honda del rio con algo anexo para aumentar el peso.
Fue a la habitación donde mantenía a su muñeca y con cuidado la puso sobre una mesa similar a la que había puesto el cuerpo de Tenten.
Era hora de la tarea más difícil y tediosa de todas.
Con cuidado quitó una de las hebras de pelo y la ensartó en una aguja curva, quemó un poco ambas puntas con el resplandor de una vela que había encendido antes de empezar y con algo de esfuerzo lo ensartó en el cráneo ya calvo de Hinata.
Era una técnica que un amigo –Que estaba en la cárcel cumpliendo con una condena de cadena perpetua por tortura y asesinato –Le había enseñado. Era algo que consistía de tiempo y paciencia, pero era una técnica mucho más segura que poner extensiones de pelo.
Cerca de tres horas ya habían pasado y ya había puesto una considerable cantidad de pelo –aunque había perdido la cuenta en la primera hora –pero, entonces, sus sentidos se pusieron alerta.
¿Qué fue ese ruido? Miró a su alrededor.
Volvió a escuchar un ruido, pero esta vez sonaban como… pisadas, pisadas asustadas.
Con rapidez se paró y corrió.
Había visto pelo rubio, abundante y largo pelo rubio.
Shion.
Cuando salió de la habitación vio como asustada ella se tropezaba con los utensilios que él mismo había dejado regados.
Se puso de pie y empezó a subir las escaleras, pero Naruto fue más rápido, tomándola del pelo y halándola hacia atrás la atrapó y la hizo tropezarse.
— ¡No! ¡Suéltame!
—Shion —le susurró al oído —Tranquilízate… no te haré daño
Otro ruido llegó.
Alguien estaba pateando su puerta.
Y de pronto alguien apartaba a la chica de su agarre y lo tiraba al piso, esposándolo.
Las cosas pasaron tan rápido que no se pudo percatar hasta que lo subieron a la patrulla.
Los flashes apuntaban hacia él pero no le molestaban, en realidad, se sentía bien, se sentía como una súper estrella seguida por sus fans.
Solo que no era así.
Acababa de salir del tribunal con una condena de cadena perpetua sin posibilidad de abogar, ahora era llevado desde ese lugar hasta la cárcel que lo acogería.
Se había declarado culpable del asesinato de las cuatro chicas y ante esto la familia pedía pena de muerte.
Puffff, como si fuera posible.
Los reporteros lo atacaban con preguntas molestas.
¿Por qué lo hizo?
¿Era por venganza?
¿Algún trauma de la infancia?
Pero entonces, cuando una reportera pelirroja le preguntó si le quería decir algo a la familia de las víctimas, él solo se detuvo y volteó hacia ella, provocando que diera un paso atrás.
—No me arrepiento de nada —declaró —pero solo quiero decir a mi chica… —refiriéndose a Shion.
Todos se quedaron callados y esperaron a que dijera lo que quería decir.
Naruto miró directamente a la cámara.
—Pronto volveremos a estar juntos, en cuanto salga de ese lugar… —sonrió encantadoramente —te buscaré y podremos ser felices… para siempre.
Y fue empujado por ambos policías, mismos que había visto aquella noche en la carretera.
Te lo prometo.
Final alternativo
Le tomó cerca de seis meses, pero por fin había terminado.
Su muñeca estaba completa.
Un cuerpo curvilíneo, sensual, con las medidas perfectas.
Un rostro hermoso en forma de corazón con exquisitas mejillas rosas.
Ojos exóticos y únicos que te transportaban a un mundo irreal.
Y pelo como ningún otro, de un color común pero increíble a la vista y al tacto.
Estaba lista y le daría el placer al mundo de contemplarla en todo su esplendor en su siguiente exposición en Nueva York.
La vistió de un largo vestido azul con blanco, algo parecido al de Alicia de "Alicia en el país de las maravillas" solo que este tenía un cuello largo para ocultar las hendiduras del cuello, también le puso un sombrero azul que tenía un listón blanco alrededor y zapatos rasos de color negro, la colocó dentro de una caja de cristal la cual Jiraiya le ayudo a sacar de la casa, la colocaron en el piso para poder abrir el auto, y mientras su padrino hacía esto, Naruto puso ver como sus vecinos –que aún no salían de su luto –se acercaban a él.
—Nos entristece mucho que tengas que irte, Naruto —dijo la señora Yamanaka mirándolo con cariño.
—Es muy hermosa —Dijo Inoichi mirando la muñeca —Realmente tienes talento para esto hijo.
—Gracias
—Es nostálgico verla, tiene algo tan familiar que… —la señora Yamanaka sacudió la cabeza —A Ino le hubiera encantado verla, ella siempre me decía que amaba tu arte.
Naruto sonrió.
—Muchas gracias, se la dedicaré a sus memorias
—Gracias, pero aún pienso que un viaje en barco… desde Japón a Estados Unidos es muy estresante.
—No se preocupe, como siempre he tenido que viajar en barco, por mi fobia a los aviones, he logrado acostumbrarme —dijo —a demás estaremos hospedándonos en algunos sitios siempre que lleguemos a un puerto, así que será como un viaje por el mundo, emocionante.
Jiraiya lo llamó.
—Es hora de irme
—Estaremos orando por ti —Dijo la esposa de Inoichi abrazándolo y besándolo en ambas mejillas, Naruto le devolvió el abrazo.
—Esperamos verte de nuevo —Dijo Inoichi dándole la mano y luego abrazándolo.
—Yo también lo espero —respondió y se separó de ellos —Adiós
—Hasta pronto —dijo la pareja de esposos mientras veían como Naruto y Jiraiya, después de asegurar la caja de cristal, entraban al auto y se marchaban.
— ¿Te creyeron? —preguntó el peliblanco mientras conducían.
— Claro —dijo el rubio —La verdad fue muy fácil que creyeran lo de mi "fobia a los aviones" —rió con ganas.
—Al menos no pidieron explicación —dijo Jiraiya —Siempre es mejor así, no tienen que saber que es por la poca revisión en los barcos, y más sobre el cuidado con las obras de arte de exportación.
—Es realmente bueno que sean tan descuidados en cuanto a estas cosas.
—See
Y luego de eso cambiaron el tema y siguieron su camino hacia el lugar en el que desembarcarían.
Después de todo, no era la primera vez que transportarían un cuerpo o "cuerpos", tampoco sería la última.
Y aún falta un capitulo el cual será un epílogo de la infancia de Naruto ¿Por qué se convirtió en lo que es? Aquí lo sabrán.
¿Cuál final les gustó más? Sinceramente prefiero el alternativo, pero del primer final ya tenía eso de "cuando salga de aquí…" en la cabeza, no sé, era tan guay.
Y la verdad no creí que de verdad creyeran que Shion sería la siguiente XD no se los diría si fuera así.
Mientras organizaba este capítulo andaba escuchando canciones de My Chemical romance, así que imagínense xD
¿Qué les pareció?
Gracias por sus anteriores RR.
