Notas de autora: Hace meses que termine de publicar este fic en amor yaoi, pero se me olvido subir el ultimo cap aqui . Lo siento! Argh, soy la peor, lo se. Lo recordé ahora porque me llegó el mensaje de que agregaron el fic al story alert =S
Por cierto: Mil gracias a una niña muy especial y a quién por cierto, este cap va dedicado. Ella se ofreció a pasarme el link de donde descargar los caps de Loveless que me faltaban! ^u^ Wiii! Me hizo muy feliz! (Vos sabés quien sos ;P)
Parejas: Soubi x Ritsuka, principalmente. ¿Soubi x Kio? Muejejeje…
Género: Romance - Drama (al estilo telenovela =D)
Raiting: M (por alto riesgo de Ritsuka de perder las orejitas)
Summary: Ritsuka lleva una vida difícil, y todo se complicó aún mas con la llegada de Agatsuma Soubi, que alega amarlo. Pero el niño tiene razones de sobra para dudar sobre tal afirmación, sobre todo cuando Soubi siempre le está mintiendo.
"Si me amas, convénceme"
Por: Nadesiko Takase
Capitulo Tres:
"Pertenencias"
Podía sentir como recobraba el conocimiento paulatinamente. Despertó esa mañana de manera suave y placentera, sin la molesta alarma del despertador, sin los gritos de su madre, sin el ruido de objetos quebrándose. El mundo pareció materializarse mágicamente a su alrededor de manera silenciosa mientras se tomaba su tiempo para despertar.
Permaneció unos instantes con los ojos cerrados, deleitándose con la fantasía de poder permanecer dormido el resto del día o el resto de su vida. Hundió la cabeza en la almohada emitiendo un gozoso resuello de satisfacción; pero sus orejitas gatunas fueron alertadas, empinándose, al oír una risa suave como brisa. Antes de poder formular algún juicio, abrió los grandes ojos infantiles para encontrarse con un muy atento Fighter que lo observaba con un sereno brillo en los ojos.
Ritsuka aún era muy pequeño para comprender ciertas cosas del mundo de los adultos: las contradicciones entre sus actos y sus palabras, las mentiras, las reminiscencias, las traiciones… Y el extraño destello en los ojos de Soubi. Pero podía juzgar, por empatía, que el adulto se sentía en ese mismo momento tan satisfecho como lo estaba él después de esa profunda noche de sueño. ¿Pero qué motivo tenía Agatsuma para estar tan satisfecho?
- ¡Soubi! ¿Te quedaste aquí toda la noche? – preguntó con una leve entonación de reproche.
El aludido, percibiendo que el chico se hallaba de mejor humor esa mañana de lo que había estado la noche anterior, sonrió con una mezcla de alivio y alegría. Ritsuka realmente lo había inquietado y asustado.
El niño sintió una súbita oleada de temor pasar velozmente al pensar en lo que habría sucedido si, por esas casualidades del destino, su madre hubiera decidido entrar a su habitación la noche anterior y encontraba a un extraño (Soubi) en la cama con su hijo.
Pero el temor desapareció tan rápido como afloró. Esa mañana se sentía particularmente descansado y despreocupado. Recordaba la tristeza de la noche anterior como algo salido de un sueño; efímero, distante. Esa mañana, se sentía feliz de encontrar a Soubi a su lado, sonriéndole. Como si todo estuviese bien en su vida….
Era una bonita mentira.
Recordó el gemido de fondo que oyó del otro lado de la línea cuando llamó a su Fighter el día anterior. Ritsuka era joven, pero no lo suficiente como para no hacerse una idea de lo que probablemente estaba sucediendo en aquél momento.
El solo pensamiento ponía una densa nube negra sobre él. El concepto de compartir a Soubi con otra persona que para el colmo, ni siquiera era Seimei, le resultaba aniquilante. ¿Es que tendría que compartirlo con todo el mundo? A ese ritmo no quedaría nada para él… Si es que alguna vez hubo algo para empezar. ¿Cómo podía competir? Competir con su propio hermano, competir con Kio…
Soubi pareció percibir el súbito malestar que experimentaba su Sacrifice, así que rápidamente posó un casto beso sobre sus labios. Inmediatamente la mirada distante del chico cobró vida y sus mejillas de tiñeron de carmesí.
- Kawaii desu ne – susurró el adulto. Ritsuka tan solo sonrió, aparentemente de demasiado buen humor, puesto que era un hábito armar berrinche cuando el mayor se tomaba esas libertades.
Últimamente se sentía cada vez mas necesitado de Soubi; de su presencia, de su cuerpo, de sus caricias. Sentía la ingente necesidad de ser reconocido por él, tomado en cuenta. Las caricias y los castos besos que alguna vez le resultaban un tanto incómodos –pero muy bellos de todos modos- ahora le resultaban bastante… deseables.
Ritsuka le dedica una sonrisa algo forzada y se pone de pie con presteza para alistarse e ir al colegio. Le encantaba tener a Soubi de ese modo, para él. ¿Pero qué sucedería todas esas veces que no podía tenerlo?. Poseerlo tan solo por migajas era mucho peor que no poseerlo en absoluto.
- Te esperaré esta tarde, a la salida – le anunció una vez que partieron rumbo a la escuela. Ritsuka sintió que sus mejillas enrojecían mientras asentía quedamente, avergonzado de sentirse tan satisfecho.
Agatsuma sonrió indulgente y acarició una de las orejitas aterciopeladas. El mas joven tuvo que contenerse para no suspirar ante el contacto…
Y aunque también se esforzó por no suspirar durante las clases, no tuvo tanto éxito. No podía esperar para estar de nuevo cerca de Soubi, pese a estar molesto con él. Incluso algunas veces odiaba al hombre… pero solo lo odiaba porque sentía esa terrible necesidad de él. Se frustraba, porque Ritsuka no podía obtener lo que deseaba del Fighter, pese a que todavía no sabía específicamente qué era lo que tanto precisaba del artista. ¿Era información sobre Seimei? ¿Sobre su muerte? ¿Saber si su hermano lo amaba?.
Si, en parte. Ritsuka estaba seguro que Soubi sabía mucho más al respecto de lo que decía.
Pero esto era solo una parte. La punta del iceberg. Había otras cosas que Ritsuka deseaba pero no logaba ponerle nombre, lo que tan solo incrementaba su desasosiego y frustración.
Muchas veces, cuando Soubi lo abrazaba espontáneamente o le plantaba uno de esos besos que tanto le molestaban hace un tiempo atrás, Ritsuka creía estar a punto de resolver el gran enigma. Pero todo el asunto le resultaba tan amorfo e insustancial que permanentemente el entendimiento se le escurría entre los dedos, como agua.
De todos modos no importaba mucho. Aunque supiera qué era precisamente lo que necesitaba del Fighter, Ritsuka tenía el fatídico presentimiento que éste se lo negaría… Como se lo negaba todo.
Se negaba a decirle la verdad sobre su hermano…
Se negaba a ser sincero…
Se negaba a dejarlo tranquilo.
Muchas veces Ritsuka quería que Soubi desapareciera de su vida para siempre. De cierto modo, las cosas empeoraron cuando él llego aquél día, porque solo traía consigo mentiras y falsas esperanzas.
Cuánto daría Ritsuka por que Soubi lo amara de verdad…
Y el solo pensamiento lo hacía sonrojar. No comprendía por qué de pronto se hallaba pensando esas cosas, si hasta hace poco el hombre le resultaba altamente irritable. Pero sea cierto o no, Soubi alegaba desear brindarle un poco de sosiego, cuidar de él, protegerlo. Nadie había hecho eso por él desde que Seimei murió y él quedó completamente solo.
La última hora de clases parecía extenderse hasta el infinito; y los últimos cinco minutos fueron infernales. Aoyagi constantemente lanzaba miradas a la ventana en busca de la esbelta silueta de su Fighter, y cada vez que no la hallaba, se esforzaba por ahogar esa molesta voz dentro suyo que solo le traía malos augurios.
No vendrá. No le importas… No realmente.
Ritsuka apretó los labios e infló los cachetes al sentir las lágrimas acudir a sus ojos.
Era absurdo.
Sabía perfectamente que si Soubi, por algún motivo no se presentaba como lo había prometido, no quería decir que no se importara por él sinceramente mas allá de cualquier orden que pudiera haber recibido.
¿Entonces por qué se sentía tan abandonado?
Sonó la campanilla.
Pronto las aulas se vieron vacías y el jardín de enfrente cubierto por una marea de chicuelos que iban a sus casas.
No había rastros de Soubi.
"No es nada. Seguramente se atrasó un poco… Soubi baka"
Permaneció de pie frente al muro, con las manos hundidas en los bolsillos y las orejitas caídas.
Soubi aparecería.
Y, si en algún caso no lo hacía, él iría a buscarlo. No era gran cosa.
-:-
Al ver la hora que era, Agatsuma se apresuró a dejar sus pinceles a un lado y rápidamente fue a lavarse. Kio le había estado hablando sin pausas y estuvo tan distraído y ocupado, que no se percató en la hora.
Ya podía ver la carita de enfado de Ritsuka. Soubi se pateó mentalmente por meter la pata tan pronto, siendo que no era muy seguido que el chicuelo estaba de buen humor y tan fácil de tratar.
- … Y podemos salir esta noche con los chicos a ese nuevo Pub que se abrió cerca de ese restauran donde solemos ir todos los sábados. Hace tiempo que no sales, sobre todo con gente de tu edad, Sou-chan. Deja al pobre niño Aoyagi en paz, ya tiene suficientes problemas…
Agatsuma apenas oía la verborrea de su amigo a esas alturas. Suficiente tenía con pelear por sacar la pintura de sus manos sin armar mas desastre del estrictamente necesario como para responder a los comentarios de Kio.
- … como la vez anterior, ¿recuerdas?. Lo prometiste. – pausa para observar a su compañero. - ¿Sou-chan?.
Soubi se secó las manos y comenzó a buscar sus llaves.
- ¡Soubi!
- ¿Qué?
- No me respondiste qué te parece lo que te dije. Me lo prometiste, así que no puedes echarte atrás. – señaló concienzudamente, tomándose un tiempo para retirar la paleta de sus labios y mirar expectante a su compañero en espera de una respuesta.
Soubi le observó tan solo un lapso de unos segundos, sonriendo por la expresión en su rostro.
- Uh… si. De acuerdo… - balbuceó, sacándose el delantal y colgándolo, asumiendo que Kio seguía hablando del Pub.
- ¡Genial!
Fue a buscar sus llaves en la cocina y cuando se volvió para decirle a Kio que estaba saliendo, se encontró con un rubio completamente desnudo parado en medio de su estudio.
- Kio… ¿qué estás haciendo?
La pregunta pareció irritar al normalmente afable pintor, pues frunció el ceño y bufó.
- ¡Soubi! ¡Te lo acabo de preguntar y me dijiste que sí! Y ya me quité toda la ropa, así que mas vale empezamos ahora y lo continuamos cuando quieras. Pero no sales de aquí sin haber empezado el bosquejo de mi desnudo.
Agatsuma meneó la cabeza en sentido negativo, tanto por la actitud tan desinhibida de su compañero como por haber olvidado aquella promesa que le hizo tiempo atrás –y que para ser sincero, lo hizo solo para callarlo aquella vez-. Sin embargo, siempre supo que Kio no dejaría la promesa pasar y le obligaría a atenerse a ella.
- Y cuando termines mi cuadro, si quedo satisfecho con la calidad de tu obra, ¡te recompensaré por tu ayuda haciéndote eso que tanto te gusta! – le sonrió guiñándole un ojo.
Soubi sonrió entretenido, comenzando a ponerse el abrigo.
- Kio, vístete. – le dijo con suavidad.
- ¡No!
- Lo haremos otro día, pero no ahora…
- ¡Ima!
- Kyo…
- ¡No!
Agatsuma suspiró mentalmente, viendo que no había salida fácil de todo eso. Cuando a su compañero se le metía algo en la cabeza…
- Tal vez necesitas quitarte la ropa tú también para entrar en ambiente… - sugirió Kio con voz tan suave como seda, dedicando a su contraparte una mirada seductora.
Antes que Agatsuma se percatara de lo que estaba sucediendo, un muy habilidoso Kyo le había despojado de su abrigo y desabrochado la mitad de los botones de su camisa.
- Kyo… Kyo…
- ¡Soubi! Urasai…
- Lo haremos después, lo prometo…
- ¡No! Quiero hacerlo AHORA. Llevas tiempo haciéndote el desentendido y…
Kyo cortó abruptamente el hilo de la conversación así como todo intento de desvestir a su compañero mientras su mirada permanecía fija en un punto cerca de la puerta a espaldas de Soubi. Si Agatsuma no lo conociera tan bien, diría que podía ver un poco de vergüenza en la expresión del rubio.
Pero cuando Kyo dio la bienvenida al recién llegado, Agatsuma pensó que se caería de espaldas.
- ¡Ritsuka! Oi… ¡eres muy pequeño para estas cosas! – le dijo el rubio, levemente apenado y procediendo a esconderse detrás de la figura de Soubi. – ¿Qué haces aquí? Por esto es que debes tocar antes…
-Kyo, urasai…
Ritsuka no procesó nada de lo que Kyo dijo, o no quiso hacerlo. Su mirada pasaba de la muy obvia desnudez de Kyo a las manos de éste ubicadas sobre el pecho de Soubi y la camisa desabotonada de éste.
Pobre Aoyagi jamás pensó que podía sentir tantas cosas a la vez. Su rostro se tornó de un rojo furioso y rápidamente bajó la mirada al suelo, incapaz de seguir sosteniéndola. Estaba avergonzado, humillado, herido, furioso, indignado, triste y un sin fin de otras emociones que se prestaban al acontecimiento.
- Ritsuka… - Soubi trató de acercarse al chiquillo para calmar su visible turbación, pero Kio permanecía pegado a su espalda, ocultando su desnudez. De todos modos, Ritsuka no le dio oportunidad de acudir a su lado:
- Di-disculpen… No sabía… Yo… uh… ¡lo siento!
- ¡Ritsuka, espera!
Pero solo le respondió el sonido de la puerta al cerrarse de un portazo.
- ¡Kyo!
El aludido lo mira con una expresión totalmente inocente.
- ¡¿Qué?! La culpa la tiene el chiquillo por inoportuno... y entrar si golpear.
- Solo vístete, ¿quieres?
- No, la verdad que no quiero. ¿Pero me queda otra? – sonrisa picara.
-:-
Ritsuka corrió en dirección a su casa, su mente tan sobrecargada y confundida que apenas podía formular pensamientos. En el proceso de alejarse lo más que podía de Soubi, tropezó con algunas cosas y chocó con algunas personas, pero se levantaba rápidamente y murmuraba algunas disculpas sin detenerse siquiera a mirar a quienes se había llevado por delante. En su mente había quedado esa imagen con la que se encontró en le departamento, quemada en su memoria. Veía todo suceder frente a sus ojos una y otra vez.
Kio desnudo… Su cuerpo pegado al de Soubi. La camisa de su Fighter desabotonada, los elegantes dedos del artista acariciando su pecho, la mirada encendida. Sonrojo en las mejillas…
Ritsuka se sentía horrible, pero no sabía muy bien por qué. Experimentaba una profunda tristeza y desilusión que no sabía explicar ni se prestaba para razonamientos o fundamentaciones. ¿Acaso quería estar él en el lugar de Kyo?.
El solo pensamiento incrementó su sonrojo y encendió un cosquilleo ardiente e incómodo en su bajo vientre que le cortaba la respiración. ¿O la falta de aire se debía a la agitación?
Cuando estaba a unas cuadras de su casa, se percató que ese sería el primer lugar donde Soubi lo buscaría. No quería ver a Soubi. No quería ver a nadie. Se sentía demasiado confundido y turbado. Las emociones se había agolpado en su pecho y mente amenazando con hacer estallar a ambos órganos vitales y Ritsuka sabía que no podría mantener el aplomo frente a otra persona. Parecía que un tumulto de emociones lo agobiaba y desbordaba su capacidad de adaptación. Sus mecanismos de defensa habían sido sobrepasados.
En ese momento, todo parecía haber perdido relevancia y significado. Ya nada le importaba, pues se sentía como un niño al que le habían arrebatado la cosa más importante en la vida. Ritsuka sentía que le habían quitado algo de cardinal importancia para su supervivencia.
Necesitaba estar solo y asimilar lo que estaba sucediendo, poner las cosas en orden. Calmarse. Respirar. Respirar.
Sentía que la cabeza le comenzaba a dar vueltas y las piernas le fallaban. Sentía un frío en sus extremidades entumecidas y la garganta seca. Sentía su corazón latir en sus oídos y golpetear frenéticamente su pecho.
Respirar.
En su mente recreaba una y otra vez lo sucedido. La cercanía entre los cuerpos de Kyo y Soubi, el contacto físico, la confianza, la intimidad…
El sonrojo de sus mejillas se hizo aún mas intenso y el cosquilleo de su bajo vientre parecía tornarse insoportable. El dolor, la rabia, la humillación parecían alcanzar sus límites cuando recordó a Kyo, desnudo, con la mano en el pecho de Soubi y la camisa desabotonada de éste.
Lo último que Ritsuka habría querido ver era esa escena, y daría cualquier cosa por olvidarla; por no tener conciencia del hecho, por volver en el tiempo.
De pronto se sintió tan agotado que se desplomó en la primera banca que vio. Se tomó unos minutos hasta que su respiración se normalizara. El torbellino a su alrededor pareció calmarse un tanto y su mente se tranquilizó para finalmente permitirle mirar a su alrededor y ver donde había ido a parar. Se había detenido en una parada de bus no muy lejos de su casa, pero tampoco suficientemente cerca como para ser visto fácilmente por algún conocido.
Había bastante gente pasando cerca suyo yendo y viniendo en silencio, ignorando completamente al niño que parecía abandonado y perdido.
Ritsuka en encogió, haciéndose un ovillo y ocultando su rostro en su rodilla esperando poder rehuir del mundo con éste gesto por el tiempo que fuera necesario.
-:-
- No quiero verte, Soubi. – murmuró el pequeño, sintiendo la presencia del mayor detrás suyo.
No tuvo que girarse para confirmar que era su Fighter, pues una leve brisa nocturna llevó el característico aroma del hombre hasta sus papilas olfativas. Aoyagi cerró los ojos, sintiendo un estremecimiento al inhalar profundamente el suave aroma de que identificaba tan plenamente a Soubi.
Era bizarro como solo el sentir la fragancia de la persona que lo había herido tanto podía, al mismo tiempo, reconfortarle y brindarle un bálsamo para sus heridas. Era una ambivalencia que amenazaba la cordura del pequeño, que era demasiado joven para comprender aún la subsistencia entrelazada de dos emociones tan contradictorias.
La noche se había cerrado rápidamente sobre él sin que siquiera lo percibiera. Las calles se habían tornado desérticas y la fría brisa nocturna le había deleitado con su indeseada compañía durante esas horas que pasaron desapercibidas por el pequeño.
Había sentido y sufrido tanto en unos cuantos minutos que su cuerpo y mente parecieron agotarse por completo. Si le hubieran preguntado que estuvo haciendo todas esas horas o en qué estuvo pensando, Ritsuka no habría podido contestar. Parecía que su mente se había desconectado por completo de la realidad, permitiéndole un breve sosiego de todo aquello que lo atribulaba.
Finalmente su mente parecía haberse apagado. Las imágenes que tanto lo atormentaron dejaron de sucederse en su cabeza y su afecto parecía haberse embotado.
- Ritsuka, es tarde. Deja que te lleve a tu casa.
El aludido guardó completo silencio, apoyando la frente sobre las rodillas, encogiéndose aún mas sobre si mismo en el banco mientras comenzaba a reparar por primera vez en lo fría que estaba la noche.
Pero su mente parecía haber abandonado su cuerpo, así que ni siquiera se planteó volver a su hogar a tomar un baño caliente, o descargar su frustración en su Fighter, o siquiera llorar. El corazón que tenía que dar las órdenes y controlar sus sentimientos parecía estar muerto o de huelga luego del brutal golpe inflingido por la persona que amaba.
¿Amaba? ¿De dónde había salido tal aseveración de su embotada mente?
Súbitamente todo tenía sentido para Ritsuka, como si estuviera viendo un cuadro bajo una diferente luz.
Todo ese dolor que experimentaba, así como ese maravilloso cosquilleo en su vientre cada vez que Soubi estaba cerca, o esa tranquilidad o sensación de invensibilidad y al mismo tiempo vulnerabilidad que le provocaban las miradas, las caricias o la sola presencia de Agatsuma, era amor.
Ritsuka lo amaba.
Como no recibió respuesta, el adulto, con movimientos lentos, rodeó la banca donde estaba sentado el niño y tomó asiento a su lado, permitiendo una prudente distancia entre ambos por más que su corazón pedía a gritos estrechar el pequeño cuerpo contra el suyo y llenarlo de besos.
- Ritsuka…
- Yo te quiero para mí, Soubi. – murmuró nuevamente el niño, sin elevar el rostro que permanecía oculto.
La mirada del rubio se estremeció de satisfacción y alegría al oírlo decir eso, pero antes de que pudiera responder, el pequeño prosiguió, la razón y precaución completamente olvidadas mientras su cerebro estaba de vacaciones y no podía reprimir su lengua.
- No quiero compartirte con nadie; ni con Kio, ni con Seimei… Con nadie. Te quiero solo para mí.
Soubi sonrió condescendiente y extendió una elegante mano para acariciar conciliatoriamente una orejita peluda; su sonrisa ensanchándose al notar como su pequeño se inclinaba más hacia su mano en busca de mayor contacto.
- Ritsuka… - pronunció con suavidad. El aludido se tomó unos momentos antes de reaccionar y lentamente elevó la cabeza y clavó la mirada vacía en los claros ojos del adulto.
"Hermosos ojos tiene"
- Ritsuka, soy tuyo. Solo tuyo.
El chico frunció el ceño y con movimientos desganados dejó caer la cabeza, clavando la mirada en el suelo, permaneciendo abrazado a sus rodillas.
- No… No eres mío. Eres de Seimei y solo cumples con las órdenes que te dio. No me quieres realmente; lo quieres a él y cumples con sus deseos.
Antes de que pudiera procesarlo o pensarlo siquiera, las palabras brotaban de su boca como un manantial. El niño se habría sorprendido si no estuviera tan enajenado.
Soubi tan solo lo miró, su sonrisa ensanchándose a cada palabra. Su mano se deslizó con delicadeza de la orejita aterciopelada, pasando por el frío y húmedo rostro hasta posesionarse de la barbilla del menor, obligándolo a mirarlo.
- Te amo porque es lo que mi corazón siente, no porque se me haya ordenado. Cada célula, cada palpitar de mi corazón y cada respiro que doy te pertenece.
Los ojos de Ritsuka se abrieron de hito en hito. El rubio lo sintió estremecerse antes de arrojarse a sus brazos, ocultando el rostro en su pecho, las pequeñas manitas rodeando su cuello en un abrazo.
La sinceridad con la que le había hablado el artista era tan transparente que ni Ritsuka podía seguir negándose a aceptar que los sentimientos del Fighter hacia él existían realmente y eran genuinos.
- ¡Dime que me amas! – exigió el pequeño con voz llorosa, su rostro permaneciendo oculto contra el pecho del mayor. Soubi lo estrechó aún más contra él y besó sus fragantes cabellos oscuros.
- Sukidayo, Ritsuka…
- ¡Dilo de nuevo!
El mayor rió quedo por la efusividad y necesidad del chico, pero accedió, buscando su rostro para llenarlo de besos, tremendamente complacido de que su pequeño finalmente admitiera que también era tan celoso de él como Soubi lo era del crío.
- Sukidayo…
- ¡De nuevo!
- Te amo… Te amo… Te amo…
Ritsuka gimoteó quedamente y se removió entre los fuertes brazos del rubio cuando éste plantó un firme beso sobre sus labios; más el crío no intentó retroceder o deshacerse del contacto.
- Soubi… – jadeó cuando se separaron, sus mejillas terriblemente enrojecidas.
Agatsuma estaba feliz, extasiado. Para algo que había empezado tan mal, estaba terminando demasiado bien. Prácticamente todos sus deseos se materializaban en ese momento mientras se deleitaba con la bella imagen de su niño avergonzado y sonrojado por la intensidad de sus propias emociones y de las del rubio.
Pero súbitamente, Ritsuka apoyó las manitas sobre su pecho y se separó de él, dirigiéndole una fea mirada de enfado que para el rubio, resultaba terriblemente tierna. Ritsuka no sabía cuánto se parecía a un gatito enfurruñado cuando se molestaba.
- ¿Sucede algo? – preguntó con serenidad el mayor, sonriéndole afectivamente.
Ritsuka apretó los labios, al parecer más molesto por instantes, y dio una fuerte palmada en el hombro del adulto, consiguiendo de respuesta tan solo una risa entretenida de su contraparte, que a su vez, solo logró indignar a un ya de por sí bastante molesto minino.
- ¿Qué sucede, Ritsuka? – inquirió el mayor entre risas, mientras trataba de protegerse de los golpes que le daba el chiquillo. Finalmente logró apresar sus muñecas y las sostuvo con firmeza en una mano, inclinándose nuevamente hacia sus labios para recibir otro beso, pero el pequeño hizo el rostro a un lado. – Ritsuka… - perseveró, la húmeda lengua rosada sobresaliendo entre sus rosados labios y acariciando sutilmente el cuello expuesto del niño, haciéndole estremecer fuertemente y respingar, sobresaltado.
Aoyagi le plantó la cara, mirándole con el ceño fruncido, en sus ojos una mezcla entre placer, vergüenza, indignación y enojo bastante compleja pero al mismo tiempo hondamente deliciosa para el adulto.
- ¡Estoy enojado contigo, Soubi! – sentenció el pequeño, tratando de liberarse de la restricción que el mayor imponía sobre sus muñecas sin éxito.
Agatsuma rió.
- ¿Ah, si? No parecías muy molesto hace unos instantes.
El rostro y cuello del niño adoptó un bonito tono carmesí ante el sagaz comentario.
- ¡S-Soubi! – protestó. - ¡Suéltame! Estoy enojado contigo, eres muy cruel.
El rubio se limitó a frotar la nariz contra el cálido cuello del menor antes de que sus labios siguiera su ejemplo dejando fugaces besos en toda su extensión antes de posarse sobre el pulso, sintiéndolo palpitar.
- Lo siento, Ritsuka. Te amo…
- Decir que me amas no cambiará el hecho que me plantaste hoy para estar con… con.. ¡con Kio!
Soubi detuvo sus acciones para mirar al niño en los ojos con culpabilidad.
- Ritsuka, no es…
- ¿… lo que parece? – completó la frase, su mirada clavándose en la suya. Soubi claramente podía leer en ellos lo herido y traicionado que se sentía su niño a raíz de ese mal entendido. - ¿Qué estabas haciendo con él, Soubi? ¿Acaso no dijiste que me amas?
- Te amo, Ritsuka, más de lo que podrías llegar a imaginar.
Al ver que el rubio no dijo más, el chico frunció el ceño aflojando el forcejeo hasta que Soubi finalmente liberó sus muñecas. Ritsuka suspiró sin apartar la mirada calculadora ni por un instante del hombre que tenía frente a sí.
Soubi era suyo.
Si, tal vez fue de Seimei una vez, pero ahora era suyo.
- No quiero que vuelvas a… a hacer esas cosas con Kio… ¡ni con nadie!. ¿Entendido, Soubi? – habló con voz calma pero firme. El mayor no pudo más que sonreír complacido ante la actitud dominante y segura de su Sacrifice.
- ¿Es una orden? – inquirió con suavidad, sonriéndole afectivamente. Las facciones del pequeño se relajaron mientras sopesaba la situación por unos segundos.
- No. Simplemente es… una petición. – dijo finalmente. La sonrisa de Soubi se ensanchó. - ¿Está bien? ¿Lo harías por mi, Soubi? – insistió Ritsuka, su tono tornando su frase en casi una plegaria, sus ojitos aprehensivos y vulnerables. Soubi tomó una de sus pequeñas manos y besó cada uno de los pequeños dedos con infinita devoción.
- Mmm… No lo sé, Ritsuka. ¿Por qué no quieres que lo haga con nadie más?
Agatsuma trató de contener la risa cuando el pequeño retiró bruscamente la mano de su agarre y lo tomó de ambos hombros, dedicándole una mirada penetrante.
- ¡Soubi! ¡No estoy bromeando! No quiero que hagas esas cosas con nadie más, ¿entendido?
El rubio parpadeó con fingida inocencia.
- ¿Pero por qué no, Ritsuka, si se siente tan bien?
El pequeño enrojeció furiosamente.
- ¡Por eso mismo! ¡Solo puedes hacerlo conmigo, Soubi! ¡Con nadie más! ¿Me entiendes? – largó el chicuelo, apresurando a ocultarse en el pecho del mayor apenas terminó de hablar. Podía prácticamente sentir a Soubi sonreír con autosuficiencia mientras rodeaba delicada figura con sus brazos y se ponía de pie, llevándole consigo.
- Está bien, Ritsuka. Solo contigo….
El pequeño emitió un resuello y se removió entre sus brazos, elevando el rostro y mirándolo con intensidad antes de tomar la iniciativa por primera vez y posar sus cálidos labios sobre los del mayor. Dejándose llevar por las agradables sensaciones y los impulsos del momento, Ritsuka deslizó la aterciopelada lengua sobre los cálidos y húmedos labios del mayor, deleitándose con su carnosidad.
Agatsuma separó un poco sus labios y mordisqueó delicadamente los del más joven, haciéndole gemir en el beso. El rubio se halló gratamente sorprendido cuando sintió al pequeño deslizar tímidamente su lengua en su boca y acariciarla internamente.
- Solo conmigo…. – murmuró nuevamente Ritsuka en el beso.
-:- Owari -:-
Notas finales: La verdad tenía previsto hacer de éste un fic de al menos 15 caps, pero por motivos de tiempo e inspiración he tenido que terminarlo aquí, sin cumplir la gran mayoría de mis planes y expectativas. Pero creo que el final está bastante decente, ¿o no?. Y dejo la ventana abierta para una secuela por si la inspiración llega en donde definitivamente las orejitas de Ritsuka pasarán a la historia =D (como estuvo planeado desde el inicio -.-U)
