Disclaimer: Naruto pertenece a Masashi Kishimoto.
30 Vicios
Tabla Momentos.
Brillo ~
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Llevabas toda la mañana pensando en esa extraña mujer. Si, la misma que derramó su café encima de ti, Sakura Haruno. Y es que tenía un no-sé-qué, que te llamaba la atención. Claro que no era ninguna de esas cursilerías de amor a primera vista, como bien lo podría haber catalogado el tonto de Naruto. No, no era eso, era otra cosa. Quizás la frescura con la que sonreía, o el brillo que viste en sus orbes jade.
Moviste suavemente la cabeza hacia los lados intentando poner tu concentración en los contratos que tenías sobre el escritorio. No tenías tiempo para pensar en esas cosas. Pero no pasaban ni diez minutos, cuando la imagen de ella volvía a aparecer en tu mente. ¿Qué tendría Sakura Haruno que no podías dejar de pensar en ella?
Enojado por no haber podido avanzar con el trabajo, tomaste tu abrigo —el cual estaba manchado— y saliste de la oficina, quizás un poco de aire lograra aclarar tus pensamientos.
Saliste a paso elegante de la empresa que tu abuelo con tanto esfuerzo fundó. Estabas realmente orgulloso de ser el presidente de una de las empresas más importantes del país, de eso no cabía duda. Como era costumbre, algunas de las recepcionistas te lanzaron sus típicas miradas seductoras, y tú, como siempre, hastiado de su actitud, no les prestaste atención y saliste por la imponente puerta del edificio.
La calle estaba abarrotada de gente, consultaste tu reloj y viste que era la hora en que todo el mundo salía a almorzar. Maldijiste tu suerte, ahora no encontrarías la paz que buscabas.
Comenzaste a caminar en dirección a un pequeño, pero elegante, restauran que solías frecuentar. Sabías que allí podrías meditar tranquilo. No tardaste mucho en llegar, por suerte quedaba cerca de la empresa y estaba ubicado sobre una calle poco transitada. Cuando entraste, un hombre de edad avanzada te saludo como hacia cada vez que ibas, te ubicaste en la mesa de siempre, apartada de las demás, y esperaste a que te llevaran tu pedido.
Mientras pasaban los minutos miraste por los vidrios que daban a la calle, observando a la gente que caminaba. Viste a una mujer embarazada que hablaba por celular, mientras que con la otra mano acariciaba su abultado vientre. Fue allí cuando te pusiste a pensar acerca de tu vida. Ya tenías veinticinco años, tu madre insistía en que ya deberías pensar en formar una familia. Soltaste un largo suspiro ante la idea. No tenías tiempo como para pensar en eso. Volviste a mirar a la futura mamá, hasta que desapareció. La imagen de la mujer de cabellos rosados se filtro, nuevamente, en tu mente, frunciste el cejo disgustado por tus pensamientos.
El hombre, llegó con tu pedido, le diste las gracias y se retiró.
Solo otra vez. Mientras comías tranquilamente, intentabas encontrarle la respuesta a tu reciente problema rosa. Fue después de un rato que se te ocurrió el por qué de lo que sucedía.
Quizás Naruto tiene razón y necesitas relajarte, salir con alguien. ¡Sí! Seguramente sea eso, que el simple hecho de que pienses en ella es porque, gracias al acercamiento de hoy en la mañana, tus hormonas despertaron. Lo único que tienes que hacer es hablar con Naruto para que te presente una de sus tantas amigas, o simplemente, esperar a que él te llame y lo proponga, como cada viernes. De ese modo, todo volverá a la normalidad, seguirías siendo frío como siempre, dedicado únicamente a tu trabajo.
Sonreíste orgulloso por tu último descubrimiento, nuevamente encontraste como librarte del problema.
Nuevamente en tu oficina. Ahora el aire ya no parecía tan pesado, y aunque no lo demostraras, estabas más tranquilo.
Alrededor de las seis llamó Naruto, con todo su discurso de que tendrías que salir un poco de tu oficina, conocer a alguien. Fue la primera vez que lo dejaste sin palabras, estaba realmente sorprendido de que hayas aceptado su invitación. Si no hubieses escuchado su respiración, hubieses pensado que dejo caer el teléfono. Reíste para tus adentros, que idiota podía llegar a ser Naruto.
Una vez que te hubiese dicho la hora y el lugar de la cita, cortaron. Lograste trabajar lo que quedo de la tarde, aprovechando a terminar lo que no pudiste por la mañana. Una vez que acabaste, te dirigiste a tu apartamento a prepararte para tu "cita".
Estabas en uno de los restauran más caros del centro, sentado frente a una rubia despampanante. Sí no recordabas mal, era una ex compañera del colegio. Su larga cabellera rubia, estaba atada en una elegante cola. Te miraba con sus intensos ojos azules, mientras te seguía hablando de lo que hacía actualmente. Su piel era blanca, demasiado blanca, tanto que podías notar el leve sonrojo que cubría sus mejillas, seguramente por el efecto del vino que estaban tomando.
Todo hubiese sido perfecto, sino fuera por las ganas que tenía ella de conversar, algo que a ti no se te daba muy bien. Su cejo se frunció varias veces al notar que no le prestabas mucha atención y que solo fingías hacerlo. Te preguntaste porque a las mujeres les gustaba hablar tanto y de cosas de tan poca importancia. Todas eran demasiado superficiales, por eso no te gustaba tener citas, no podías mantener una conversación interesante con ninguna. Siempre hablaban de lo mismo: de cómo se veían, de los lugares de moda, de a donde les gustaría viajar, y allí se acababa lo importante. Te gustaban las mujeres, pero solo para tener sexo, lo demás se podía ir al demonio. Era un pensamiento machista, pero siempre fuiste así: un machista, egocéntrico, orgulloso. Y hasta que alguien te demuestre que te equivocas, no dejaras de pensar eso.
Rodaste los ojos, una vez más. Allí se venía de nuevo…
—Sasuke, ¿me estas escuchando? —preguntó enojada.
—Claro que sí Ino —respondiste sin ganas—, es solo que me distraje creyendo ver a alguien conocido —. Mentiroso.
—Pues como te decía…
Paseaste tu mirada por el lugar en busca de algo más entretenido, y al parecer lo encontraste. Tu oscura mirada se poso en la persona que acababa de entrar. Frunciste el cejo una vez más. Allí estaba la causante de todos tus problemas… Con su extraño cabello rosa, su linda sonrisa y sus grandes ojos verdes, los cuales tenían un brillo especial, distinto de cualquier otro… allí estaba Sakura Haruno.
