El cielo se tornaba gris desde que siquiera había amanecido. En las noticias de aquella mañana habían pronosticado una fuerte lluvia en la mayor parte del día, incluso se habían recomendado que de ser posible ni siquiera se atrevieran a salir de casa, lo cual sonaba absolutamente absurdo: Dios, ¿y a quién querían engañar? ¡Ese día era miércoles! El ombligo de la semana; los miércoles eran los días en los que no bufabas con resignación por ser inicio de semana, pero tampoco eran los días en los que rebosabas de felicidad por ser viernes.
El tráfico estaba imposible. ¿Quién diría que cuando llovía a la gente le gustaba salir más, especialmente en las horas pico?
Una chica en su automóvil suspiró con exasperación. Por lo regular su carácter era tranquilo y paciente, pero esa tarde absolutamente todo le estaba llegando hasta la coronilla. Hacía apenas 25 minutos y medio que había colgado con su novio para cancelarle por decimocuarta vez en ese mes. Hacia exactamente 32 minutos que había medio regañado a su hermana menor, por medio de un mensaje de texto, por haber subido una foto a facebook en donde ella (la hermana) solo traía puesto un mini short además del bra. Hacía poco menos de una hora que había tenido que soportar un escandaloso y exagerado regaño por parte de su jefe por haber llegado 20 minutos tarde aquella mañana debido a la tormenta. ¿Es qué acaso su odioso jefe caradura no tenía otra cosa más interesante qué hacer que fastidiarle la existencia por cualquier pequeñez? Y por si sus gritos fueran poco ¡le había descontado ese día de pago por llegar, según él, "excesivamente tarde"! eso sin mencionar que la había hecho trabajar aun fuera de su turno.
Bufó.
Estaba realmente enojada con ese hombre. La trataba como si fuera de palo. Maldito ricachón.
"—Esto no va a funcionar. Terminaré chocando si sigo así". – pensó al ver cómo casi atropella a un peatón por andar en su momento cabreado.
Intentó tranquilizarse y enfocar la mirada a una pequeña cafetería que estaba cerca de donde estaba.
Indecisa de sí sería buena idea o no, aparcó el coche a mitad de la cuadra y bajó con la típica delicadeza que portaba.
Corrió bajo la lluvia hasta llegar a la puerta del local. La abrió y de inmediato percibió unos olores bastante agradables; el rico aroma del café, pan dulce y té de hierba buena y jazmín, entre otras cosas muy ricas.
Se sacudió el caliente y hermoso abrigo negro que traía puesto para borrar de él el mayor rastro posible de agua, para después ir al cajero a pedir un capuchino y una rosquilla de chocolate.
Localizó una mesa junto a la ventana y se sentó plácidamente en ella a disfrutar de su comida.
"—Si Kiba se llegase a enterar que cancelé nuestra cita, otra vez, para ir a un café a desestresarme sola, seguro que no se lo tomaría nada bien. En especial porque últimamente anda algo posesivo conmigo, y eso me estresa todavía más."
Suspiró.
Kiba Inuzuka, su novio desde hacía 6 meses, en un principio había sido dulce y comprensivo, le solía gustar aconsejarla y darle una palmadita en la espalda cuando ella más lo necesitaba, pero nada más cumplieron 4 meses de relación y él le había propuesto algo total y absolutamente indecoroso; le había insinuado tener sexo, lo cual ella rechazó de inmediato; en el colapso de 2 semanas lo había rechazado 5 veces, lo cual había provocado en el Inuzuka una personalidad posesiva y territorial sobre ella. La trataba como si fuera un objeto, un tesoro que no quisiera que nadie más tuviera. La vigilaba y llamaba consecutivamente como para "asegurarse" de que no estuviera con otro, y a decir verdad, eso la tenia hastiada.
Ella no había aceptado ni aceptaría tener "relaciones sexuales" con Kiba solo por una simple calentura de éste. No. Ella quería que su primera vez fuera especial, con un chico a quien en verdad amara, y ese chico no era Kiba, de eso se pudo dar cuenta 2 meses atrás.
La chica estaba tan perdida en su mundo que no se dio cuenta que alguien la miraba con bastante detalle en la acera de enfrente de la cafetería donde se encontraba.
Ella tomó un trago de su café a la vez que cerraba los ojos. Su momento de "Hulk" ya había pasado. Ahora tan solo tenía unas fuertes ganas de llorar, que seguramente la terminaría por deshidratar.
La persona que la observaba se talló los ojos, después se dio una cachetada, y hasta se pellizcó, pero seguía viendo a esa mujer, a ese ángel caído del cielo. No estaba soñando, tenía que ser ella.
Se colocó bien la capucha de su abrigo azul marino, y en un momento de arranque, cruzó la calle tapizada en agua. Se introdujo en el local, y sin pensarlo 2 veces, se acercó con paso tembloroso a la mesa de la chica que parecía estaba teniendo una pelea interna.
Ella conservaba los ojos cerrados, por lo que no pudo verlo, lo cual fue bastante alentador para él.
Él no le quitaba la mirada de encima. Estaba embobado. Era ella. No había duda, tenía que ser ella.
— ¿Hi-Hinata Hyuga? –pregunto tembloroso. ¿Qué tal que si su mente le estaba gastando una de sus buenas bromas? Definitivamente tenía que ir al oculista y al psicólogo.
La chica abrió los ojos de golpe. ¿Esa voz era…? No. ¡Qué absurdez!
Giró en automático la cabeza hacia su flanco izquierdo. Las consecuencias fueron inmediatas: un escalofrió le recorrió desde los pies hasta la cabeza; la sangre se le comenzó a subir a las mejillas; su corazón empezó a latir a mil por hora; y por si fuera poco, su cerebro simplemente olvido cómo pensar.
Él, sin embargo, la contemplaba embelesado. Hinata no había cambiado en nada, ni siquiera una arruga, cicatriz o marca de expresión se había apoderado de ella en esos… ¿qué?... casi 10 años que no la veía.
— ¿Na-Naru-to? –preguntó en susurro, escéptica.
Una sonrisa surcó la cara del joven.
—Vaya, Hinata, veo que tienes buena memoria, no me has olvidado.
¿Olvidarlo? ¿Cómo se le pudo ocurrir a ese cabezota que ella lo había olvidado? Jamás, ni aunque se lo hubiera propuesto, hubiera logrado poder olvidar a ese cabello rubio, esos hermosos e hipnotizadores ojos azules, esas extrañas y curiosas rayas en las mejillas que le daban aspecto infantil, o esa sonrisa zurrona de él que siempre la había maravillado. No. Hinata no habría olvidado a Naruto Namikaze Uzumaki ni aunque la hubieran amenazado a muerte para que lo hiciera.
—Y por lo que veo, tú tampoco me has olvidado a mí. –sonrió intentando mantenerse cuerda para evitar desmayarse, y no es que se desmayara muy a menudo, pero el verlo ahí, frente a ella, era una gran emoción que no podía controlar.
— ¿Bromeas? ¡No has cambiado en nada! Sigues tan joven como hace 10 años. ¡Hasta parece que estuviera viendo a la misma Hinata de 15 años! —"Sigues igual de bonita que siempre…no, espera, ¡estas más bonita todavía!" pensó el chico sin animarse a decírselo a la cara.
Realmente Hinata, a ojos de Naruto, no había cambiado para nada: sus ojos seguían siendo plateados, del color de la luna; su cabello había crecido, si, ahora le llegaba poco más arriba de la cintura, pero lo seguía manteniendo de ese color tan poco peculiar y hermoso, azul eléctrico oscuro… suave y liso; su piel era blanca como la leche; y sus labios, Dios, sus labios eran tan delicados, finos y rosados, que simplemente eran perfectos. Era, en pocas palabras, la más hermosa muñeca de porcelana jamás creada.
—Tú tampoco has cambiado en nada, Naruto.
— ¡Oh, por favor! Claro que he cambiado. Ahora soy más guapo.
Ella soltó una risilla. Era cierto, sin duda estaba más guapo que a sus 16.
— ¿Porqué no me dijiste que habías vuelto? Hubiera estado encantada de ir a recogerte al aeropuerto.
—No quería molestarte, además, ni yo sabía que iba a volver. Fue algo… ¿cómo decirlo?... de sorpresa. Eso sin contar que la señorita –la señaló- cambio de número de celular.
—Pudiste haber llamado a mi casa.
—Buen punto. Entonces no tengo excusa.
—No, no la tienes. –Concordó- Pudiste haberme avisado por algún mensaje en facebook, pero el señorito –ahora fue ella la que lo señaló con el dedo índice- canceló su cuenta hace 5 años. Pudiste decirme por twitter, pero no tienes. Al menos pudiste haber tenido la decencia de mandarme un correo electrónico, pero desde hace años que se cerró y canceló tu cuenta por falta de uso. –Le recriminó con cara seria- ¡Hasta por una video-llamada! Pero nunca te conectas en Skype. Naruto, hace 5 años que no sé nada de ti. –Se cruzó de brazos, molesta- ¿Sabes o siquiera te imaginas lo angustiada que he estado? Apenas hace 2 años me enteré de que seguías con vida debido a que tu mamá llamó a la mía para ver cómo estábamos. Lamentablemente cuando eso paso yo no estaba para pedirle que me pasara tu número telefónico o tu dirección para siquiera mandarte una postal. Estaba muy preocupada de que pudiera pasarte algo. Pero a lo que veo, el señorito se ha dado la gran vida mientras se olvidaba de la que alguna vez fue su mejor amiga.
— ¿Estás enojada? –El silencio le confirmó sus sospechas- Perdóname, Hina. La única excusa que puedo ofrecerte es que mamá quería que tomara muy en serio mis estudios, ya sabes, porque yo seré el que tomé las riendas de la empresa junto a mi padre cuando ellos crean que esté realmente listo, y pues tu sabes que nunca he sido muy destacado en los estudios, por lo que me vi obligado a eliminar cualquier distracción, ósea todas mis redes sociales, para poder demostrarles a mis padres y a mí mismo que si puedo.
Naruto se colocó una mano tras la nuca, en acto tímido, lo que le dio a entender a Hinata que todo lo que éste decía era verdad.
Por experiencia propia, ella sabía que su amigo no tomaba muy en serio la escuela cuando eran jóvenes; en más de alguna ocasión ella le había pasado las tareas, e iba a su casa, o él a la de ella, para que ésta le explicará las mismas. A menudo, en los exámenes, ella había hecho trampa y había adquirido con el tiempo cierta habilidad para pasarle las respuestas a Naruto. Hinata nunca copió en ningún examen, ni tampoco tuvo la necesidad de hacerlo, aunque sí tuvo muchas oportunidades, sin embargo, si hacía que su amigo le copiará por lo menos 4 de 10 preguntas, asegurándose así que él adquiriera (junto a las respuestas que él contestará bien por sí solo) por lo menos 7 u 8, hasta 9 preguntas bien de 10. No es que no confiará en las habilidades y memorias del chico, era solo que éste era muy distraído y ella realmente se preocupaba porque él no reprobará.
Naruto era consciente que sin Hinata no hubiera pasado la secundaria ni hubiera entrado a la preparatoria, y le agradecía de antemano todas esas tardes que se la pasaban estudiando.
—Supongo que debí avisarte de lo que iba a hacer. –Completó con un tono de culpabilidad- Si estás molesta conmigo, estoy absolutamente de acuerdo contigo en que lo estés. –finalizó el muchacho viendo hacia el suelo.
La chica suspiró resignada y asintió.
—Ya entiendo. –Sonrió- De todos modos no estabas obligado a decirme nada. Espero que todo te haya salido bien.
Él levantó la vista y la posó en ella. Esa era la chica que él recordaba; siempre tan amable, comprensiva y atenta.
—Me gradué, y no puedo estar más orgulloso por ello. –sonrió ampliamente.
—Me alegro por eso, Naruto. De verdad que sí. –Dijo sinceramente- Estoy muy feliz por ti. ¿Recuerdas? El día en que te fuiste te dije que podrías lograr cualquier cosa que te propusieras, solo tenias que poner tu corazón en ello.
—Apostaste por mí, Hinata. Creíste en mí aun cuando nadie más lo hacía, y ahora te estoy plenamente agradecido. Si logré esto, fue en tu nombre.
—No digas tonterías. –Se ruborizó- Si lograste eso fue porque tú querías, y no porque yo hubiera hecho algo al respecto.
—Modesta, como siempre. –dijo para después tomar asiento frente a ella en la misma mesa- Pero fuera de eso, quisiera pedirte un favor…, bueno, más bien a tus padres.
La chica pestañeó, notablemente confundida e intrigada.
—Es que… -prosiguió el rubio, avergonzado- creo que va a haber un congreso o un evento muy importante aquí, en Konoha, y prácticamente en ningún hotel hay habitaciones. Apenas pude conseguir alojamiento para la noche de ayer, que fue cuando llegué, pero los dueños del hotel ya me dijeron que no pueden darme habitación para hoy. Estaba pensando seriamente en ir a casa del teme de Sasuke a pedir posada, pero ahora que te veo, pues, se me ocurrió que tal vez… que quizá tus padres me permitirían dormir en su casa hasta que encontrará algo. Solo estaré aquí durante 15 días.
Hinata inclinó la cabeza hacia un lado, arrugando el ceño, divertida.
—Y quieres dormir en casa de mis padres –afirmó.
—Pues… si ellos me lo permiten, si. –Concordó tímidamente.- ¿Crees que quieran?
—Es probable. Si. A mis padres, o por lo menos a mi madre le encantaría tenerte de visita, -agregó al recordar que por alguna extraña razón de la que no estaba enterada su padre y Naruto no se llevaban lo que se dice muy bien- por Hanabi no abría problema, pero… bueno… ¿n-no preferí-rias que-quedarte conmigo en vez de c-con ellos? –Ahora era el rubio quien no entendía nada- Hace unos cuantos meses comencé a vivir por mi cuenta, y compré un departamento. –Se explicó- No es muy grande, -aclaró- pero si lo suficiente para dos o tres personas. Hay una habitación que no uso, que bien podría ser para huéspedes y la cual usa Hanabi cuando se queda de vez en cuando conmigo. Podrías dormir en mi casa, si quieres, claro. –terminó con un deje de nerviosismo.
— ¡Si quiero! –respondió ansiosamente, más emocionado de lo que se supone debía de estar. Se sonrojó por su ya habitual imprudencia.
—Entonces ¿qué esperamos? –Declaró sonriente la chica- Son casi las 9, deberíamos ir por tus cosas al susodicho hotel ese que dijiste, e instalarte en mi casa antes de que sea más tarde.
— ¿Deseosa por tenerme en tu departamento? –preguntó coqueto mientras ponía una mano en su barbilla. Notó con diversión cómo se le subían los tonos a la cara a Hinata. Se rió sin poder evitarlo siquiera. Definitivamente esa seguía siendo la misma niña tímida, inocente y educada de la que se había enamorado hace ya tanto, por la que se había sentido desfallecer cuando se mudó de casa y ya no podía verla, y por la que se sintió extrañamente feliz cuando le dieron la noticia de que tendría que ir a Konoha por asuntos de negocios. Su Hinata. Cuánto la había extrañado. Y sin embargo, Naruto tuvo que admitir con pesar que ella había podido vivir sin él sin sufrir ninguna clase de cambio.
Nunca le dijo a la Hyuga sus sentimientos hacia ella por temor a perderle. Si tan solo supiera que él terminó con honores su licenciatura siempre con la idea de algún día ser merecedor de ella. De su corazón, de sus pensamientos, de su alma. De su amor.
CONTINUARÁ...
n/a: Hola gente detrás de la pantalla! Éste es el primer fic NaruHina que hago, ésta es mi pareja favorita, espero que les guste la historia... y realmente espero con ansia algún comentario que me quieran regalar si quieren que la continué... gracias por leer ^^
