Holaaaa! Vaya, no creí actualizar tan rápido, pero aquí me tienen. Muchas gracias a las personas que le han dado una oportunidad a este humilde fic mío. Les confieso que apenas me estoy enseñando a subir los capítulos, por lo que en el pasado no pude poner lo que se supone debía poner, sin embargo nunca es tarde, así que aquí va:
Naruto ni ninguno de sus personajes me pertenece.
Todos ellos le pertenecen a Masashi Kishimoto.
La historia y/o desarrollo de este fic es creado por mí.
Bien, espero que disfruten su estadía en este segundo capítulo.
Capitulo 2.
Primera noche
En vista de que Naruto no contaba con un auto en esos momentos, Hinata muy amablemente se ofreció a llevarlo. Llegaron al hotel en donde el rubio aun tenía sus cosas, y después de recogerlas se dirigieron al departamento de la chica.
A pesar de los años, de las experiencias, de sus caracteres y de la madurez, ambos chicos seguían platicando como si el tiempo jamás hubiera pasado.
Hinata no se sorprendió tanto cuando Naruto le contó que 3 años atrás se le había ocurrido manejar una bicicleta mientras ésta a su vez estaba montada arriba de dos patinetas, el resultado fue que se fracturó el antebrazo. El rubio siempre había tenido ideas locas.
La peli azul introdujo su coche en el estacionamiento subterráneo del edificio donde vivía, y ambos subieron por el elevador. Al llegar al piso 7, salieron, y un par de minutos después Hinata abrió la puerta de su departamento.
Adentro estaba oscuro. La chica entró sin problemas, pero Naruto, al cerrar la puerta tras de sí, comenzó a buscar el interruptor de la luz, sin éxito.
—Hi-Hinata, ¿do-dónde estás? –dijo temeroso. No es que fuera cobarde, pero el tenerle miedo a la oscuridad aun no lo había superado.
—En la cocina. –contestó de lo más tranquila. –Pensé que tendrías hambre. ¿Quieres algo en especial de cenar?
El chico se recargó en lo que parecía la pared. Cerró los ojos. Su respiración comenzó a ser pausada y comenzaba a sentirse mareado y débil. Le estaba dando un ataque de claustrofobia. No obstante, respondió:
—Ra-ramen.
—Bien, ya lo preparo. Ponte cómodo. Ésta es tu casa a partir de ahora. –Se escuchó a la lejanía- Puedes ir poniendo tus cosas en la habitación que tiene la puerta blanca con algunas flores; lamento que te tocará el de las flores, pero Hanabi se las puso hace como un mes y no se las he podido quitar.
—Ok. –susurró más para sí que para ella. "¿Cómo se supone que voy a llegar a la puerta de florecitas si no veo ni mis dedos?" Se maldijo entre dientes por no tener visión nocturna como los superhéroes. "No hay fantasmas. Los fantasmas no existen. Los fantasmas son producto de mi imaginación. No existe el diablo. Estoy solo. Estoy solo. Nada más tengo que caminar con los ojos cerrados y no veré nada." Se dijo, y así lo hizo.
En una mano llevaba su maleta, mientras que con la otra se dejaba guiar por la pared. Se topó con algunos muebles, pero tuvo el suficiente cuidado de no tumbar nada. Escuchó el rechinido de una puerta y no pudo evitar que los bellos de los brazos se le pusieran de gallina. Por fin logró introducirse a lo que parecía una habitación, siguió caminando hasta chocar con algo en las rodillas, le tembló todo el cuerpo. "No seas idiota, seguro que solo es la cama" se reprochó, y en efecto, se había tropezado con la cama. Colocó su maleta sobre ésta sin molestarse en comprobar que en verdad ese fuera el cuarto que le correspondía. A tientas se sentó en la cama, suspirando al hacerlo. No tardó mucho en darse cuenta que todo el departamento olía a Hinata.
"Huele tan bien"
Cómo habían cambiado las cosas en esos poco menos de 10 años.
Hinata ya no era una adolescente, y por lo tanto, él tampoco era ya un niño. Ella se había independizado y vivía en un departamento sola; él, sin embargo, se había hecho "autosuficiente", ya que se compraba lo que quería y gastaba su salario en lo que deseaba, más no era independiente, pues si lo fuera ya no viviría con sus padres. Hinata era una mujer hecha y derecha, madura, inteligente, bonita, amable, linda, y por sobre toda las cosas, tierna y amorosa. Él apenas y era un pedazo de hombre, un niño que apenas estaba superando la pubertad, un chico tosco, inmaduro, torpe, un poco lento, y por sobre todas las cosas, estúpido. Ella era una dulce flor en invierno, única. Él era un feo árbol en el bosque, una horrible hormiga que no tenía nada que ofrecerle a esa flor salvo cariño y amor.
"10 años, y ni aun con eso pude olvidarte." Soltó un suspiro en medio de una risa triste, burlándose de sí mismo. "Mis novias no pudieron borrar tu esencia de mi piel, ni de mis recuerdos. Y justo cuando creí que ya no podría sentir nada por ti, vuelves a mí y abres con una sola palabra los sentimientos que con tanto trabajo había cerrado bajo llave en mi corazón. Que fácil derrumbas murallas, Hinata."
Si bien, Naruto no era de los chicos que se podrían considerar cursis, pero cuando se trataba de esa mujer él podía hacer hasta lo imposible.
Suspiró.
Se levantó de la cama, dio dos pasos, pero se detuvo. Su sexto sentido le decía que algo no andaba bien por ahí ¿pero qué?
De repente, sintió algo "extrañamente maligno" tocar su pierna izquierda. El chico tembló como nunca antes lo había hecho. Tragó saliva, repitiéndose en susurros "No es nada. No es nada. Estoy loco.", sin embargo, la curiosidad pudo más que él y terminó por abrir los ojos en un intento de comprobar su teoría de que no había nada ni nadie. Bajó la vista. Lo que vio hizo que la sangre se le congelará. Había… había…
—¡AAAAAAAHHHHHHHHHHH! –Gritó con tan esmerada desesperación que bien se pudo haber confundido su grito de miedo por uno de severa tortura.
En la cocina estaba la peli azul preparando tranquilamente el ramen que le había pedido su amigo, se encontraba concentrada, con un cucharon en la mano derecha. Pero al escuchar semejante grito brincó y terminó por tirar el cucharon al suelo. Se colocó una mano en el pecho para tratar de tranquilizar a su acelerado corazón, pero no sirvió de mucho.
"¡Naruto!" pensó a la vez que salía corriendo de la cocina, empujando la puerta, hacia la sala, pero al llegar divisó entre las penumbras una sombra que llegaba hacia ella corriendo a la velocidad de un competidor del maratón de las olimpiadas.
— ¿Pero qué…? –comenzó, pero no pudo terminar. Soltó un chillido bastante notorio al sentir que esa "sombra" al acercarse a ella se inclinaba, la tomaba por la cintura, y se la colgaba al hombro como si ésta fuera un simple costal de papas.
El rubio instintivamente llegó a la puerta principal y la abrió de golpe, salió corriendo con dirección al elevador y, al llegar, apretó con mucha ansiedad y persistencia el botón de éste deseando por todos los cielos que las puertas se abrieran para poder salir de ese edificio a la voz de ya.
Hinata comenzó a golpearle la espalda en un intento por liberarse. Dios. ¿En qué estaba pensando ese hombre? ¡Nadie la había cargado así desde… desde…! ¿Para qué hacernos bobos? Nadie la había cargado como mochila desde que Naruto se había ido. Naruto era, al parecer, el único al que ella le daba un permiso inconsciente para que le hiciera esa clase de cosas que siempre la ponían en ridículo.
— ¿Qué se supone que éstas haciendo? –Le reprochó- ¡Bájame ahora mismo! ¡Naruto!
Pero el chico no escuchaba. Seguía muy entretenido apretando el botón del elevador.
La chica, al notar el estado de shock en que andaba su niño de ojos azules, optó por la salida más fácil que siempre le funcionaba cuando eran jóvenes; le pellizco el glúteo derecho, provocando que éste saliera de su ensoñación y diera un brinco.
— ¡¿Pero qué es lo que te sucede?! –Medio gritó- ¡Esa aun sigue siendo zona prohibida de cualquier manoseo!
—Tú puedes cargarme y abrazarme las piernas sin siquiera avisarme ¿Pero yo no puedo pellizcarte tu… am… re-retaguar-dia? –se justificó totalmente avergonzada.
— ¡Pero lo hice para salvarte la vida!
— ¿D-de qué demonios e-éstas hablan-do?
— ¡Te salve la vida, Hinata!
— ¿Pero de qué?
— ¡De algo demoniaco que me ha rozado la pierna! ¡Te lo juro, Hinata, quería comerme!
La chica pestañeó. ¿Acaso Naruto había tomado alcohol y ella no se había dado cuenta?
—Haber, haber. Primero bájame. Luego ya veré qué te digo.
El rubio le obedeció, se inclinó y colocó sus pies en el piso. Después de reincorporarse la miró fijamente, soltando una típica sonrisa zurrona que lo caracterizaban desde niño. Simplemente no pudo evitar enternecerse y sentirse todo un galán al ver que la chica de sus sueños estaba totalmente ruborizada a más no poder, y pensar que ese sonrojo lo había provocado él lo hizo sentirse poderoso y vivo.
—A-ahora sí. Di-dime qué fue lo que pasó.
—Lo que te dije, Hina. –respondió con los ojos muy abiertos, haciendo ridículos movimientos con las manos, notablemente espantado- Algo rozó mi pierna y puedo jurar frente a un jurado legal que ese pequeño monstruo envolvió sus garras en mi rodilla.
Ella lo miró incrédula a la vez que fruncía con lentitud el ceño. Naruto podría ser impulsivo, imaginativo y hasta extremadamente soñador, pero nunca un mentiroso. Tal vez no le creía, pero al menos le daría el beneficio de la duda.
—Aja. –musitó intentando sonar interesada, pero logró absolutamente todo lo contrario.
— ¿No me crees? –su tonó era angustiado y con un dejé de desilusión. La antigua Hinata de 15 años le hubiera creído cualquier disparate, pero al parecer esta nueva Hinata de 25 ponía todo a prueba, incluso a él. Eso le dolió.
—No es eso, Naruto. –le contestó en susurro, temiendo que éste se lo haya tomado a mal.
—No me crees. –afirmó.
—No es que no te crea, es simplemente que me parece increíble y algo absurdo que en los meses que yo he vivido aquí no me haya pasado nada fuera de lo normal, y sin embargo, cuando llegas tú te sucede que un duende con afilados dientes te quiere comer.
—No era un duende, de eso puedo estar seguro. –Se defendió cruzándose de brazos- Era peludo. No media más de unos 30 o 40 centímetros. Pero era espeluznante.
—Bien, digamos que te creo. –rodó los ojos fingiendo hacerse la desentendida, pero la verdad era muy distinta. No tenía la intensión de imaginarse a dicho "ser" para luego asustarse, porque después de todo tenía que admitir que era una miedosa y sus nervios casi siempre la traicionaban- Ahora, si me permites, tengo que regresar a la cocina a seguir preparando la cena, o de lo contrario terminaremos pidiendo una pizza.
— ¡No te preocupes por la cena! Podemos ir al restaurante de la esquina y dormir en tu automóvil. Lo importante ahora es sobrevivir. No pienso regresar a donde está ese espíritu chocarrero, y tampoco pienso dejar que te haga algo a ti.
La chica negó con la cabeza. Su amigo se estaba comportando de una manera muy infantil, incluso haciendo nuevo record para él.
—Y dime, ¿con qué piensas que pagaremos la cena? Mi bolso, junto a mi dinero, se quedaron adentro.
—Yo siempre cargo mi cartera en el pantalón.
— ¿Y con qué suéteres? No traemos nuestros abrigos y está lloviendo a mares afuera. –tras lo dicho por la peli azul, el rubio se dio una mirada a sí mismo, comprobando que en efecto no traía su abrigo azul… ¿en qué momento se lo había quitado?
—No importa. Me quito la camisa y te la doy para que no te mojes.
— ¿Y-y t-tu qué? –tartamudeó deseando pasar desapercibida, pues el tonto rubor se había colocado en sus mejillas al imaginarse a su mejor amigo de la adolescencia sin playera.
— ¿Yo? Oh, vamos, soy hombre, puedo aguantar.
—Los hombres también se enferman. Y en todo caso, ¿cómo quieres que durmamos en mi auto si las llaves las he dejado en la cómoda de la entrada?
—No había pensado en eso. –confesó poniéndose serio mientras pensaba en la posible solución.
Hinata aprovechó su descuido y se giró, encaminándose a su departamento.
—No sé tú, pero yo si quiero dormir adentro con fantasma o sin él.
—Pe-pero, Hinata… -la chica no hizo caso a su llamado y entró en la oscuridad de la puerta. Ésta cerró un poco la puerta para luego presionar el interruptor de la luz.
—Siempre he sabido que le tenías miedo a la oscuridad, pero creí que ya lo habías superado. –confesó con una media sonrisa posada en su rostro.
Naruto se sintió avergonzado, y más a regañadientes que nada, se metió al apartamento, cerrando la puerta tras de sí.
Ahora, con la luz encendida, todo se veía menos tenebroso.
La entrada, en donde se encontraba la cómoda, era un pequeño pasillo de no más de metro y medio de largo, el cual conducía a su vez a una exquisita sala bastante cálida y reconfortante. A su lado izquierdo había otro pasillo, un poco más largo, que dirigía a lo que parecía un estudio y biblioteca personal, y por ese mismo pasillo se encontraba una puerta que por su forma y decoración debía de ser la puerta que guardaba la cocina, en donde pudo notar que el foco estaba prendido. A su lado derecho desde el pasillo de la entrada, que era donde estaba, se podía apreciar que después de la sala y del mueble de los vinos había un comedor de madera formal para unas 8 personas, y aun más allá se podía apreciar otro pasillo que seguro llevaba a las habitaciones y baño. La decoración del lugar era un tanto sencilla, pero magnifico, igual que la dueña de éste. Había algunos cuadros preciosos que se podían apreciar mucho gracias a sus marcos negros que a su vez resaltaban en las paredes blancas.
Había una televisión pegada a la pared frente a la sala, y una mesa de cristal que era decorada por un florero en medio de los respectivos sillones. Naruto no pudo evitar preguntarse quién le había dado esas flores, y se enojo consigo mismo al pensar que quizá Hinata tuviera algún pretendiente. Era inevitable. Hinata era muy bonita y su carácter era adorable, sería extraño que no tuviera tras sus huesos a más de algún hombre.
La peli azul se limitaba a observarlo, y cuando notó que el chico fruncía el ceño y no apartaba la mirada de algo que había en la sala, dirigió su mirada hacia ahí y se topó de frente con el ramo de rosas que Kiba le había regalado dos días atrás. Hasta ese momento no se le había pasado el qué diría Kiba si se llegase a enterar de que ella le había dado alojamiento a un amigo varón. El problema no era "el dar alojamiento", el problema es que "le había dado alojamiento a un VARÓN".
"Que piense lo que quiera, Naruto es mi amigo y no lo iba a dejar en la calle" pensó con detenimiento.
—Bonito lugar. –comentó el rubio con sinceridad.
Ella sonrió diciendo un bajo y leve "Gracias". Después ella se dirigió a la cocina a seguir con lo que estaba haciendo antes de que el grito despavorido del chico la distrajera, y para su sorpresa notó que Naruto la seguía de cerca.
"Miedoso" se burló mentalmente.
La ojiperla se encontraba poniéndose la pijama en el cuarto de baño que había en su habitación. Recordaba cómo había transcurrido el momento de preparar la cena y también cuando la comían. Jamás se imaginó que Naruto se ofreciera voluntariamente a ayudarle a preparar el ramen, ni mucho menos que se la pasaría tan bien aquella noche, en la que no había parado de reír por las ocurrencias del rubio. Era una suerte que ninguno de los dos se hubiera ahogado cuando comían.
Se lavó los dientes y se cepilló el cabello hasta dejarlo en una coleta.
Se observó un momento en el espejo, como lo haría cualquier mujer que tuviera una pisca de vanidad. Traía una pijama sencilla, de color morado, que consistía en una blusa sin mangas y un short que le llegaba a media pierna. Y por primera vez en su vida se sintió tonta y desvergonzada al ponerse esa pijama un tanto infantil y que a la vez dejaba bastante piel al descubierto mientras tenia a un chico en su apartamento, y no es que fuera la primera vez que el rubio durmiera bajo el mismo techo que ella, pues en su infancia/adolescencia lo hacía muy a menudo, pero, sin embargo, había una gran diferencia ahora, y no se refería a que ambos ya eran adultos, no, sino a que ya no estaban durmiendo en la casa de los Namikaze o de los Hyuga bajo la supervisión paterna, sino que estaban en la casa de ella, SOLOS.
Hinata se ruborizó de inmediato.
"¿En qué estoy pensando? Soy una tonta"
De repente se escucharon unos ruidos, que la sobresaltaron.
Naruto estaba tocando la puerta del baño en donde se encontraba la chica.
—Hinata, es enserio, tienes que tirar ese oso. Está poseído, y seguro que va a querer violarme durante la noche.
La chica suspiró divertida. Resultó que cuando fueron al cuarto en donde dormiría el rubio se encontraron con que en el suelo estaba un peluche de oso, que bien se pudo haber caído del librero que ahí había. Para varear el peluche se lo había regalado Kiba el día en que le pidió ser su novia. El "monstruo peludo y con garras que había abrazado la pierna de Naruto" no fue más que la caída de ese peluche.
Rió y negó con la cabeza. Tuvo que correr y sacarlo a rastras de su cuarto para vida de que éste saliera.
Media hora más tarde, Hinata yacía acostada plácidamente en su cama, y muy a pesar de que el foco ya estaba apagado, no se encontraba dormida.
De pronto, tocaron a su puerta, y sin esperar a que ella contestara algo, la puerta se abrió.
—Hi-Hinata, ¿estás dormida?
—No.
—S-sé q-que no estoy en con-diciones de pedirte algo más de lo que ya me has ofrecido, p-pero, en v-ver-dad ese oso me da mala espina. ¿Po-podría dor-mir con-contigo ésta noche?
El chico agradeció por primera vez en su vida que las luces estuvieran apagadas, pues de esa forma ella no vería el sonrojo que lo predominaba.
¿Dormir con ella? ¿En la misma cama? ¿Bajo las mismas sabanas? ¿Uno cerca del otro? ¿Cómo lo hacían los actores en las telenovelas?
"¡Claro que no! Estaría mal, tú tienes novio y él se enfadaría si supiera que duermes con un amigo. ¿Qué diría tu padre si se llegase a enterar que su primogénita hace eso? ¡Dile que no!" Le reprochó su subconsciente, a lo que la chica contestó:
—So-solo esta noche.
"¡Estúpida! Hasta parece que nunca me escuchas. Luego ¿porqué te pasan las cosas?"
El rubio sonrió de oreja a oreja, y más tardaron el darle el Sí que en lo que cerraba la puerta y corría hacia la cama matrimonial en la que dormía Hinata.
Se echó y cubrió con las sabanas, recostándose del lado izquierdo de la ojiperla quien, al parecer, tenía toda la voluntad de desmayarse. ¿En dónde rayos tenía la cabeza ese día?
"Entre las piernas" refunfuñó su amargado subconsciente.
2:47 am.
Llevaba casi 3 horas acostada en esa cama, con ese hombre, y no podía conciliar el sueño. Estaba nerviosa, inquieta, y por increíble que parezca, ansiosa. Hasta ella misma creía que había rotó su propio record del tiempo en que podía estar sonrojada sin parar.
Miró de reojo a su compañero, quien parecía estar en su quinto sueño, y suspiró. Se veía realmente tierno. Su cara estaba relajada y hermosa. Creyó por un momento haber visto al mismo niño hiperactivo de 8 años al que conoció en una plaza comercial cerca de un parque, perdido.
Sonrió de medio lado. Esos recuerdos se le antojaban tan lejos y, al mismo tiempo, tan cercanos… ¿qué tanto había pasado desde aquel entonces? ¿17 años? ¿18, Quizá? … habían vivido muchas cosas juntos, siempre más unidos y aferrados que una tortuga a su caparazón. Y cuando se fue, todo había sido muy duro. Enfrentarse a la realidad solos, por separado, sin la compañía testaruda del otro, era un camino muy difícil.
Recordó con nostalgia el día en que Naruto había llegado corriendo a la escuela, porque aparte de que había llegado tarde al salón, se le podía notar a leguas de distancias que había llorado. Ese día se había mostrado muy serio y callado, lo cual era muy raro en el chico más alborotador y latoso del salón. Hasta los mismos profesores, incluidos Kakashi sensei y Kurenai sensei, estaban preocupados.
Ese día, Naruto no había hablado con Hinata, ni siquiera se atrevía a sostenerle la mirada, y cuando por fin salieron del horario de clases, la acompañó a su casa como siempre hacia, pero esta vez en silencio.
"— ¿Qué pasa, Naruto? Hoy no me mandaste ninguna bolita de papel para tener mi atención en clase. –le dijo mirando cualquier reacción que éste pudiera tener, pero el rubio tan solo se limitó a lanzar un largo suspiro.
—No tenía ganas.
La chica de 15 años arrugó el ceño, preocupada. Ese chico que tenía a su lado no era el mismo chico de siempre, ahora se mostraba lejano y frio.
—Sabes que puedes contarme todo ¿verdad?
—Lo sé. –resopló agachando todavía más la cabeza, sin atreverse a mirarla- Es solo que… no sé cómo decirlo, Hina. –su tonó era deprimente, lo que impulsó a la chica a colocarse frente a él, interrumpiéndole el paso.
— ¿Qué es lo que pasa? –le interrogó. El rubio la miró a los ojos por primera vez aquel día, y sintió que se derrumbaba de nuevo. Sabia de sobra que ella podía ver más allá de la máscara fría que él tenía en ese momento, por lo que teóricamente estaba desnudo frente a ella.
—Me voy, Hinata. Me voy de Konoha por tiempo indefinido. –para este momento la cara de la chica se había descompuesto- Mi padre tiene que arreglar unos asuntos de la empresa de la familia en Inglaterra, y nos mudaremos. Por lo que me explicó mi mamá, tal vez no regresemos nunca.
Y solo bastaron esas palabras para que la chica sintiera que un balde de agua congelada le cayera encima."
Y, sin embargo, ahí estaba ella, acostada, observando su rostro con detenimiento. Él estaba ahí. No era un sueño, esta vez no.
Estaba tan concentrada en sus recuerdos que no se dio cuenta cuando él abrió los ojos y la miraba entretenido. Se veía tan concentrada que le casi le dio pena interrumpirla. Casi.
— ¿No puedes dormir?
La ojiperla salió de su ensoñación de golpe. ¿Cuánto tiempo llevaba observándole?
—Pues, la verdad es que no. T-tengo un poco de frio. –mintió.
— ¿Tienes más cobijas guardadas por ahí? Si quieres yo puedo ir por ellas.
—N-no te preocupes. Estoy bien. –y sin más, se colocó boca arriba y cerró los ojos avergonzada por haber sido descubierta en su delito.
El rubio no estaba dispuesto a permitir que su anfitriona pasará frio por su culpa, por lo que se quitó la parte de la cobija que estaba bajo su poder y la colocó de tal forma que la cubriera. La chica, al sentir este acto, abrió nuevamente los ojos, desconcertada.
— ¿Qué haces?
—Tapándote. –le respondió sonriendo. Ella pestañeó captando el mensaje.
—P-pero tú pasaras frio.
—Ya te dije. Soy hombre, no me pasara nada.
—No quiero que te de una buena gripe por mi culpa. Cúbrete. En serio, Naruto, estoy bien.
— ¿Segura?
—Por supuesto.
El chico, aun no muy convencido, se volvió a tapar con la cobija, sin embargo, en cuanto notó que su niña de ojos plateados cerró los ojos, se vio en la obligación de tomar una decisión severa, que podría tener dos resultado: uno era que Hinata lo golpeara, y el otro, era que lo aceptara a la buena. Rogó porque fuera la segunda.
Se acercó a la muchacha y colocó cuidadosamente su pierna izquierda por sobre las de ella, a la vez que ponía su brazo izquierdo alrededor de la pequeña y perfecta cintura de ésta, abrazándola.
La chica abrió desmesuradamente los ojos. La sangre se le subió en tiempo record a las mejillas, y su cuerpo se entumió.
— ¿Te incomodo? –Preguntó ingenuo el muchacho- Perdón, tan solo no quería que pasaras frio. –se disculpó mientras con un deje de tristeza quitaba su pierna, pero cuando iba a retirar el brazo de su cintura, ella lo detuvo.
—N-no te preocupes, Naruto. Pu-puedes quedarte así. N-no me incomodas, es solo que es ra-ro. N-no e-estoy acostumbrada a esto. –maldito tartamudeo.
Naruto sonrió y volvió felizmente a apretujarla contra sí. Definitivamente esa noche dormiría como un bebé.
Hinata, sin embargo, no sabía por qué había dicho lo que dijo, pero una parte de sí se sentía dichosa por eso. No supo muy bien si después se quedó dormida o se desmayó, pero el punto es que perdió la consciencia.
¿Cómo habían terminado en esto?
Qué tal quedó? Bueno, creo que puedo hacer un mejor trabajo, pero esperen y se sorprenderán. Después de todo, no todo en la vida es color rosa.
Espero ansiosa sus comentarios ^^
