Hola gente! espero que les siga gustando éste fic, aquí les dejo el tercer capi. Disfrutenlo :)

Naruto ni ninguno de sus personajes me pertenece.

Todos ellos le pertenecen a Masashi Kishimoto.

La historia y/o desarrollo de este fic es creado por mí.

Capitulo 3. Un impulso idiota

"Hinata Hyuga, una joven de no más de 15 años, había llegado corriendo al aeropuerto de Konoha. Toda ella estaba empapada en sudor, puesto que se las había tenido que ingeniar para escapar del colegio, brincarse la barda, y llegar al aeropuerto sin tomar siquiera un taxi, pues había olvidado coger su dinero de la mochila que había dejado en la escuela.

Agitada y cansada, movía la cabeza hacia todas direcciones con desesperación.

Tenía que encontrarlo. Tenía que decirle todo lo que por tanto tiempo había ocultado. Si no lo hacía ahora, jamás lo haría, y no podía darse ese lujo.

El vuelo de los Namikaze rumbo a Inglaterra salía a las 11:15 de la mañana.

Hinata le hecho una mirada a su reloj de muñeca. Eran apenas las 10:57. Podía lograrlo. Si aun no abordaban, podía encontrarlos. Siguió corriendo por todo el aeropuerto hasta que a lo lejos divisó una cabellera pelirroja que poseía una mujer alta y esbelta, quien no podía ser nadie más que Kushina-san, la mamá de Naruto.

La joven se acercó a la mujer pelirroja, la tomó del hombro e hizo que se girara.

Hi-Hinata, ¡qué sorpresa! –Dijo alegre la mujer mientras abrazaba a la pequeña- Creí que Hiashi-baka te había prohibido faltar a clase, y que por lo tanto, no vendrías a despedirte de nosotros.

Pues no cambio de opinión, pero aun así he venido.

Espera, -dijo la mujer mayor separándose del abrazo de la joven- ¿te has brincado clases para estar aquí? –preguntó con los ojos muy abiertos, sorprendida. ¿Quién diría que la tan responsable y educada primogénita Hyuga se haría la pinta para estar ahí con ellos?

Bu-bueno, y-yo, p-pues –no pudo continuar. Agachó la cara y comenzó a morderse el labio inferior- Por favor, no les diga a mis padres.

Kushina abrió todavía más lo ojos (si es que eso todavía se podía), asombrándose de que la chica ni siquiera haya querido poner una excusa como seguramente su hijo Naruto haría. Sonrió, complacida.

Descuida, tu secreto está muy bien guardado conmigo. –La chica levantó el rostro y le mostró una ligera sonrisa.- Ahora, veamos, ¿por qué razón la princesita Hyuga habría venido, aun en contra de la voluntad de sus padres? ¡Oh, sí! ¡Por Naruto-chibi!

La chica se sonrojó. ¿Acaso era tan notorio lo que sentía por el rubio? No, claro que no. Seguramente Kushina lo había dicho porque eran los mejores amigos, claro.

Acerté ¿cierto, Hina? –la nombrada asintió- Bueno, pues lamento decirte que mi hijo y Minato fueron a comprar unas golosinas antes de subir al avión, pero no tardan.

Y en eso estaban cuando dos cabelleras rubias, una poco más alta que la otra, comenzaban a asomarse entre la multitud.

Naruto, al ver a su querida amiga ahí, con el uniforme azul marino del colegio, con las mejillas sonrosadas y la corbata desecha, sintió como todo lo que había a su alrededor desaparecía.

¿Qué hacia ella ahí? No es que no quisiera que estuviera, pero ella siempre había sido muy correcta, y jamás faltaría a clase. Sin embargo, si eso no era una ilusión, que deseaba que no lo fuera, ella había faltado a clase por él y por nadie más. Tragó saliva. Su corazón empezó a latir desbocadamente como nunca antes. Sus mejillas se tiñeron de color carmesí. Su cerebro olvidó cómo hablar. El tiempo se había detenido.

Ve por ella, campeón –le susurró Minato a la vez que empuja a su hijo. Lo mismo hizo Kushina con la peli azul, y ambos se excusaron diciendo que irían a ver cuánto faltaba para abordar el avión. Dejándolos solos.

El rubio menor tragó saliva. ¿Qué se supone que le diría? Ya se habían despedido el día anterior, entre lágrimas y risas, así que ahora ¿de qué hablarían?

Se rascó nervioso la nuca al ver que Hinata le estaba dando la oportunidad de iniciar la conversación. Sin embargo, para su sorpresa, ella comenzó a hablar.

Na-Naru-Naruto, -agachó la cabeza para evitar que el nombrado pudiera ver sus ojos, para evitar que pudiera descifrar su alma.- Yo… tan solo… quería verte. Yo... –pero sus palabras fueron acalladas por los cálidos brazos del chico, quien la envolvió.

También te voy a extrañar mucho, Hina. –le besó la cabeza con extremada delicadeza, como si temiera que se desintegrara.

La chica no dijo nada, se limito a seguir en la posición en la que estaban, correspondiendo al abrazo con igual cariño.

Ella sabía que tenía que decírselo, que tenía que gritarle todo lo que sentía, pero simplemente las palabras se atoraron en su garganta. Lo único que quería en ese momento era quedarse así para toda la vida… lástima que el tiempo siempre giraba en su contra.

¿Puedes hacerme un favor, Hina? –esas sencillas palabras la sacaron de su ensoñación. Se separó lo suficiente del chico para mirarle directamente a los ojos, y al hacerlo, notó con suprema extrañes que el muchacho estaba sonrojado, no más que ella claro, nadie le ganaba en los sonrojos a ella, pero aun así era muy raro en él. Levantó una ceja en un intento de cuestionarlo sin palabras- Veras, no quiero verme como un aprovechado ¿sabes? Pero ya que quizá no nos volvamos a ver en un largo rato, yo… yo no quisiera… bueno, es que querría… tu sabes… prefiero que sea con mi mejor amiga antes de con una desconocida y… pues… ¿q-qué dices?

¿Ah? –musitó perpleja. Realmente no había entendido nada.

M-me refiero a… tu sabes… prefiero ha-hacerlo contigo antes que con alguien más… -miró que la chica arrugaba el ceño sin entender. Él se limito a resoplar. Tenía que ser más claro.- Es que… y-yo nunca he besado a nadie, lo sabes, así que me preguntaba si… si querrías ser tú la que le quitara la virginidad a mis labios… ¿qué dices? –Cuánto trabajo le había costado decir eso en un tono casual y no desesperado como en verdad quería decirlo. Ella se sonrojó aun más, lo cual le preocupó- P-pero si le estabas reservando tu primer beso a alguien más, pues… comprenderé –se excusó, pero por dentro estaba que se moría.- Estás en todo tu derecho de negarte y…

Sí. –susurró casi inaudiblemente. Hinata no sabía muy bien qué había dicho, pero la palabra mágica había fluido así como así. Después de todo ¿Cuántas veces en la vida se te podía presentar la oportunidad de besar sin compromisos al chico que te gusta?

Algo cálido invadió el pecho de ambos. Se miraron fijamente, y sin saber con exactitud lo que irían a hacer, se fueron acercando poco a poco, tímidos, con los corazones latiéndoles 10 veces más rápido de lo normal.

Hinata, yo… -pero antes de que el rubio pudiera arrepentirse de eso, la chica le terminó por plantar el más dulce beso jamás existente, hasta el momento, que alguien pudiera dar.

Él la tomó por la cintura, ella colocó torpemente sus brazos en el pecho masculino.

El beso era sencillo, pero aun así les provocó millones de cosquillas en el estomago. Una sensación exquisita.

En ese momento, Hinata comenzó a escuchar con enfado un ruido molesto. ¿Quién querría estropearles ese instante tan maravilloso?

El ruido se comenzó a hacer más latoso, hasta llegar al punto en que tuvo que abrir los ojos (los cuales no supo cuándo cerró) y vio… vio…"

"Estúpido despertador" pensó mientras estiraba el brazo y le daba un par de golpes para que se callara.

Se talló los ojos.

Otra vez había soñado con ese recuerdo. Ese dulce recuerdo de cuando le entregó por las buenas su primer beso a Naruto.

Estaba decidida a dormir 5 minutos más, después de todo estaba muy cómoda, calientita, como nunca antes. Apenas había cerrado los ojos cuando se dio cuenta de que algo no estaba bien.

Había un tercer brazo, más grueso, musculoso y moreno que las de ella, que la rodeaba apretadamente por la cintura atrayéndola inconscientemente a… ¡Dios! ¡¿Qué era eso?!...

Hinata abrió los ojos de golpe al momento de que los recuerdos de la noche anterior pasaran por su cabeza.

Ósea que Naruto estaba ahí, con ella, en su casa, en su cuarto, en SU cama… por lo que esa "cosa" que apenas y rozaba su espalda baja no era otra cosa más que… su… am… ¿amiguito?

La chica saltó de inmediato de la cama, cayendo de sentadillas al suelo, asustada. Más que despierta, en realidad.

Naruto, por su parte, se despertó cuando sintió que le faltaba algo… ¡y ahí estaba!... vio a Hinata con ojos divertidos… ¿qué hacia ella en el suelo?

—Na-Na-Naruto, v-voy a bañarme. –dijo más que avergonzada. Fue a su guarda ropa, cogió algunas prendas y se metió al baño de su cuarto.

El rubio no entendió nada, pero decidió que era hora de levantarse, además de que no podía ser un ingrato, tendría que por lo menos ayudarle a Hinata con el desayuno.

Se puso de pie.

Qué bien había dormido.

Hinata salió del baño con el cabello mojado, con una blusa formal blanca y un pantalón de vestir, descalza, pero para cuando se fijó, Naruto ya no estaba en su habitación, lo cual agradeció en lo más profundo de su ser.

Aun no sabría cómo mirarlo, seguía avergonzada.

Se puso zapatos, se cepillo el cabello, y salió de ahí con dirección a la cocina.

Para su sorpresa, encontró la mesa puesta junto a un bien servido desayuno, sin mencionar que su corazón se enterneció al ver a su rubio favorito con el mandil de conejo rosa que ella utilizaba.

—Gracias, no tenias porqué hacerlo, pero gracias Naruto.

El nombrado la miró con una enorme sonrisa en los labios. Se quitó el mandil, colocándolo en su lugar, para luego acercarse a una de las sillas y retirarla amablemente para permitir que Hinata se sentara. Ella obedeció a su orden no dicha, y se sentó, sintiéndose una princesa frente a su príncipe. Él se sentó frente a ella, y sin más, comenzó a comer lo más educadamente que podía su instinto animal.

— ¿A qué hora sales de trabajar, Hinata? Tal vez podríamos ir a cenar, en forma de agradecimiento por dejarme quedar aquí.

La chica pestañeó varias veces antes de tener la capacidad de contestar.

—A las 6. Eso si mi jefe no se enoja y me obliga a salir más tarde. –Comenzó a comer y, para su sorpresa, la comida sabía muy bien.- Pero no tienes que sentirte obligado a nada. Para mí es un placer tenerte aquí. De esa forma no me sentiré tan sola en este lugar que durante las noches parece hacerse más grande. –sonrió amablemente, con un curioso color carmesí posado en sus mejillas.

—Insisto, Hina. Además no lo hago por obligación. Di que sí. –puso cara de borrego a medio morir, haciéndola reír. Hace tanto que no veía esa cara…

—De acuerdo. Acepto. Pero con una condición.

— ¿Cuál?

—Déjame pagar. –apenas lo pronunció cuando el chico se puso a hacer su tan típico drama.

— ¡¿Pero de qué hablas?! ¡¿Y en verdad crees que te lo permitiré?! Yo pago y punto, Hina. Las damas tienen prohibido hasta intentar siquiera pagar algo cuando están en una cita…

— ¿Cita?

—Ah… eh… bueno, sería como una cita, entre amigos, claro, pero sea como sea, no permitiré que pagues. Eso no está a discusión. –agregó cruzándose de brazos.

—Bien. –aceptó rodando los ojos. Ese seguía siendo su mismo Naruto terco de siempre.

32 minutos más tarde Hinata salió del apartamento, dejándole las llaves al rubio para que éste sacara una copia y así cada quien pudiera salir y entrar cuando quisieran sin tener que atenerse al otro. Después de todo, Naruto no tenía que atender su cita de negocios con sus próximos socios ese día.

La primogénita del clan Hyuga iba manejando su automóvil con una sonrisita estúpida incrustada en sus labios.

Se sentía feliz. Plena.

Nadie, ni siquiera su mismísimo santo Hitler que tenia por jefe arruinaría su felicidad ese día.

Nadie… o bueno, casi nadie.

De repente, se empezó a escuchar una canción, el cual provenía del celular de la chica, quien metió la mano en la bolsa que estaba en el asiento del copiloto y comenzó a buscar a tientas su móvil. Cuando lo encontró, no se molestó en revisar quién era, tan solo se limitó a contestar. Gran error.

— ¿Si? Habla Hinata.

—Mi amor, ¿cómo amaneciste hoy?

Esa voz… esa voz fue suficiente para hacerla caer de golpe a la fría realidad de cemento que tenia debajo de su nube rosa.

—Kiba –respondió secamente-. Hola, amanecí –"Abrazada al hombre que hasta la fecha se robó mi corazón" pensó para sus adentros, pero por obvios motivos no le diría eso a su novio- bien. Dormí como un bebé. ¿Y tú?

—Me alegro. ¿Yo? No pude dormir.

— ¿Por?

—Porque estuve pensando en ti. –confesó el chico detrás de la línea, haciendo enfadar a la chica. "¿Pensando en mi? Más bien pensando en lo que podrías hacerme teniéndome debajo de tuyo" pensó con amargura.

—Qué tierno, Kiba.

—Ya lo sé. Oye, ¿tienes algo que hacer hoy en la noche?

Y aquí venia. La misma pregunta que le hacía a diario.

Resopló disimuladamente irritada.

—Perdón, Kiba, ya sé que últimamente te he cancelado mucho, pero hoy también estaré ocupada. –Agradeció haber recordado que tenía una cita con su Naruto- Lo siento.

—Prácticamente ya ni nos vemos, Hinata. –se quejó el moreno. - ¿Y mañana? ¿También estarás ocupada mañana? –dijo molesto.

— ¿Mañana? Pues, no sé. Todo depende del trabajo que tenga.

— ¿Y el sábado? ¿Qué me dices del sábado?

— ¿El sábado? –repitió haciendo memoria.- Creo que le prometí a Hanabi ir al cine y a los videojuegos de la plaza para pasar tiempo de calidad con ella, últimamente ya tampoco la he visto. Se quedará a dormir. –añadió. En eso, se dio cuenta de que no tendría dónde meter a Hanabi… bueno, no dudaba de que Naruto le cediera la habitación, aunque en realidad el chico no había dormido en ella, pero… ¿entonces dónde dormiría Naruto?... ni hablar de que durmiera Naruto con ella mientras Hanabi estuviera de visita. Sería todo un escándalo.

— ¿Y el domingo? –sonó cansado. Odiaba las negativas.

—Pues Hanabi seguirá en mi casa…

— ¡Hanabi se las puede arreglar solas una tarde, Hinata! Ya no es una niñita de 12 años a quién tengas que cuidar para que no se queme. Ya tiene 20. –se exasperó.

—Bu-bueno, supongo que tienes razón. –susurró débilmente.

— ¿Entonces? ¿El domingo está bien?

—Supongo. –respondió sin mucho ánimo- Pero solo un par de horas, no quisiera dejar a mi hermana sola por mucho tiempo.

—Bien. –bufó- Nos vemos el domingo, amorcito.

—Hasta entonces.

Colgó el teléfono.

Si Kiba llegaba a descubrir que Naruto había dormido con ella, se le iba a armar.

Había llegado a casa con éxito y a la hora justa.

Su jefe estaba de buenas ese día, por lo que no le costó nada de trabajo salir a la hora que se supone siempre debería de salir.

Estacionó el coche en el estacionamiento subterráneo, se apeó de él y se dirigió tranquilamente al elevador. Llegó a su piso, y al pararse frente a la puerta de su departamento rebuscó en su bolso las llaves, pero no las encontraba… ¿dónde las había metido?

Instantáneamente, la puerta se abrió, dejando ver a un muchacho de cabellera rubia y sonrisa zorruna.

—Solo tenías que tocar. –le dijo burlándose, a lo que ella rodó los ojos. No estaba acostumbrada a tener que tocar en su propia casa.

—Al parecer ya estás listo para irnos.

—Así es. –Se hizo a un lado para que pasara- Pero si aun no tienes hambre, podemos esperar.

— ¿Estás bromeando? ¡Me muero de hambre! –respondió entusiasmada mientras dejaba su bolsa y su maletín sobre uno de los sillones. – Solo espera a que me cambie.

—Pero si así te ves más que perfecta, Hina. Te ves como toda una sexy ejecutiva.

La peli azul se sonrojo notoriamente ante el cumplido, sintiéndose tonta por ello.

La velada se había pasado de maravilla.

Naruto no paraba de hacerla reír, llegando a tal punto en que la gente que también estaba cenando ahí se les quedara mirando como bichos raros. Pero ni a Hinata ni a Naruto les importaba en lo más mínimo.

Hinata descubrió que su amigo había ido en una ocasión a esquiar en nieve, pero no le quedaron ganas de volver a ir, puesto que, aparte de que se había caído infinidad de veces porque la colina estaba muy parada, una mini avalancha lo había alcanzado y enterrado un metro bajo la nieve, lo que le causo claustrofobia… el chico era bastante claustrofóbico, por lo que pudo deducir.

Naruto, por su parte, encontró asombroso el que Hinata aun no aprendiera a nadar, así que, como buen amigo y compañero, le ofreció enseñarle cuando pudiera regresar nuevamente a Konoha dentro de un par de meses más, a lo que ella aceptó nerviosa.

Regresaron al departamento a las 10:30 pm, por lo que se dedicaron a cambiarse de ropa por una cómoda pijama.

Hinata, antes de retirarse a dormir, se aseguró de sacar al peluche de felpa del cuarto en donde dormiría el rubio, y lo colocó en el baño del pasillo, amarrado con 3 sogas, por petición del chico. Algo que fue absolutamente patético y exagerado.

Una vez la peli azul llegara y se tirara en su cama, sintió una soledad invadir su pecho… ¿qué era lo que sucedía? ¡Ella siempre había dormido sola! Bueno… excepto cuando su hermanita Hanabi tenía miedo, pero eso era punto y aparte… ¿porqué ahora sentía que su cama era demasiado grande para una sola persona?... el hecho de que Naruto hubiera dormido con ella una sola vez no había cambiado nada ¿verdad? No necesitaba de él para dormir. Claro que no. Estúpida.

"Ya duérmete" se regañó internamente a la decima vuelta que daba en la cama.

Miró el reloj: 11:43 pm.

Suspiró.

¿Qué estaba pasando con ella?

"¡Solo fue una noche! ¡Eso no tiene que intervenir en la gran educación que por 25 años he mantenido de dormir SOLA!"

Se puso una mano sobre la frente. Tenía que ir a despejarse.

Se levantó y salió sigilosamente hacia la cocina, con intensión de tomar un poco de agua, pero cuando estuvo afuera de ésta se fijó en que la luz estaba encendida.

Extrañada, fue al mini bar y regresó con una botella de vino casi vacía. Si alguien estaba en su casa se llevaría una enorme sorpresa.

Abrió cuidadosamente la puerta y cuando estuvo a punto de lanzarle la botella a la sombra que había dentro de la habitación, se dio cuenta de a quién pertenecía la sombra.

El rubio la miró con cara interrogante.

— ¿Qué pensabas hacer con eso? –señaló la botella.

—Ah… nada, nada, es solo protección personal…

— ¿Protección personal? –Preguntó en medio de una carcajada- No me digas que pretendías defenderte de un violador o un rufián con eso.

—No te burles. –le reprochó.

—De acuerdo, Hina, pero ¿verdaderamente creíste que alguien se metería a tu depa sabiendo que tienes a todo un hombre durmiendo en tu casa?

—Pues no veo porqué no. Aunque tenga a "todo un hombre" durmiendo en mi casa, ese "todo hombre" tiene el sueño más pesado que una roca, así que no me serviría de mucho.

La miró ceñudo. Ese comentario no era muy halagador que digamos.

— ¿No tienes sueño? –preguntó para cambiar de tema.

—No es eso. Tengo mucho sueño, pero no puedo dormir, así que vine a tomar agua o leche o lo que sea que me caiga de peso. –respondió mientras caminaba hacia el refrigerador y lo abría descuidadamente.

—Que coincidencia. Yo vine por lo mismo. ¿Te gustaría que preparara chocolate caliente, Hina?

—Pues… si no es mucha molestia…

— ¡Claro que no! Solo dame unos minutos.

El rubio preparo el chocolate y ambos se lo bebieron en un silencio bastante cómodo, el cual se interrumpió cuando la chica se levantó y puso su taza en el fregadero.

—Me iré a dormir, Naruto, sino no rendiré mañana.

Él asintió despreocupadamente.

Ella estaba a medio camino de salir de la cocina cuando un impulso idiota la hizo detenerse.

— ¿Sabes? H-hoy tam-bien e-está haciendo un poco de frio… ¿qui-quisieras alguna otra manta para cubrirte?

—Pues…

—Aunque s-si qui-quieres p-puedes dormir en mi cama… solo por hoy.-agregó apresuradamente. ¿Por qué había dicho aquello?

—De acuerdo. –Respondió gustoso.- En seguida voy.

La chica asintió y sin mirarle a la cara, se marchó.

Naruto lavó los trastes utilizados y sin que nadie le dijera nada, se puso a brincar y a gritar sigilosamente su buena suerte. Bailaba en un ritual tan ridículo que le daría risa a cualquiera. Unos minutos más tarde, se aclaró la garganta y se calmó, para después dirigirse con cara de bobo a la habitación de su querida mejor amiga.

Música.

Jodida música… ¿Por qué osaba despertarlo de manera tan abrupta?

Se maldijo entre dientes por seguir teniendo la misma manía de poner el celular bajo la almohada para contestar si le llamaban a media noche por algo de emergencia.

Metió la mano por instinto debajo de la almohada, encontró el celular y se lo colocó en la oreja derecha sin fijarse quién le llamaba.

— ¿Hola? –contestó adormilado, sin abrir los ojos.

Pero nadie de la otra línea le respondía.

— ¿Hola? –volvió a repetir con la misma pereza que antes. Al no escuchar nada, estuvo a punto de colgar cuando en eso escuchó una tímida voz del otro lado.

— ¿K-Kiba?

— ¿Kiba? –repitió sin entender- No. Se ha equivocado de numero, señorita. –iba a colgar cuando la voz le volvió a interrumpir.

—No me he equivocado de número. ¿Eres Kiba o no? Porque si no es así no encuentro razón para que contestes ese teléfono. ¿Quién eres?

—Me llamo Naruto.

La chica se quedó callada por unos segundos antes de poder pronunciar nada.

— ¿N-Na-ru-to Namikaze?

—El mismo.

— ¿El mismo Naruto cabezón y latoso que disfrutaba de esconderme los juguetes cuando iba de visita a mi casa?

— ¿Quién eres?

— ¡¿Qué demonios haces en la casa de mi hermana?! –Se exaltó, haciendo que el rubio tirara el celular del susto, el cual había cogido nuevamente sin mucho esfuerzo- ¡¿Qué no se supone que estabas en Inglaterra?! ¿Qué haces aquí? Y, especialmente, ¿qué haces en el depa de Hina? Hay cosas que se llaman HOTELES. Y,… espera, ¿por qué contestaste el celular de Hinata? ¿Dónde está ella? O no me digas que… ¡eres un maldito animal! ¡Estás durmiendo en la misma cama que ella ¿verdad?! –Naruto a estas alturas ya estaba rojo- ¡ella siempre deja su celular bajo la almohada, y esa es la única explicación que le encuentro a que me hayas contestado tu!

— ¡No! –respondió más que despierto- T-te estás e-equivocando Hanabi. Yo… no estoy dur-durmiendo en la cama con Hina, ¿cómo crees? Sería incapaz. –en eso sintió que algo se movía sobre su abdomen. Fue en ese momento en el que fue consciente de que Hinata tenía la cabeza apoyada en su pecho y los brazos atados a su fornido abdomen. Se sonrojó todavía más- E-es q-que ella dejó su móvil en la sala. Sí, eso. Y yo lo escuché primero y vine a contestar.

—Espera… ¿en qué cuarto estás durmiendo?

—En el de las flores…

— ¡Ese cuarto es mío! ¡Ahora si te voy a matar! ¡Haz profanado mi habitación!

—Haber, haber. Yo no le vi nombre a la puerta, así que…

— ¡No me importa! Ese es mi cuarto. ¡Quiero hablar con Hinata AHORA!

—Yo también te extrañé. –respondió irónico.

No era que no se quisieran, pero pelearse era su única manera de demostrarse cariño, por lo que ya se había convertido en una tradición que, al parecer, no había cambiado con los años.

—No me trates de cambiar la conversación, Namikaze. Pásame a mi hermana.

—Ya voy, ya voy.

Naruto miró el reloj. Eran las 6:13 am. Se lamentó tener que despertar a ese ángel caído del cielo llamada Hinata, ya que ésta se levantaba a las 6:35 am.

En cuanto el rubio le informó quién la llamaba, la chica se levantó de un brinco y cogió el móvil a toda prisa. Su hermanita no estaría nada feliz.

CONTINUARÁ...

N/A: qué tal va quedando?

Realmente no esperaba actualizar, otra vez, tan pronto, pero no me ha costado nada de trabajo hacerlo, espero que les guste...

la proxima semana tengo semana de examenes, por lo q no sé con exactitud si pueda subir esos dias...

Muchas gracias a las personas que comentaron y me dan su apoyo, y tambien a los que leen.

Bueno, sin más, HASTA LA PROXIMA! Espero sus reviews!