Ningún personaje "conocido" me pertenece, a excepción de los que yo inventé. Todos ellos pertenecen a Masashi Kishimoto.
La historia es absolutamente mía.
CAPITULO 4
El "pedófilo"
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Dolor de cabeza.
Eso le habían dejado los berrinches inmaduros de su pequeña hermana en el teléfono.
¿Pero quién se creía esa niña? ¿Qué era dueña de su departamento?
Se frotó las sienes mientras se dirigía a la cocina a preparar el desayuno. Tomó una sartén y cuando iba a coger el aceite sintió una mano sobre su cintura; se exaltó tanto que terminó brincando, casi a punto de tirar todo.
—Tranquila, soy yo. –la alentó la voz de Naruto a sus espaldas.
La chica relajó los hombros, pero no por ello se estuvo tranquila… ¿desde cuándo acá él tenía permitido tomarle de la cintura y pararse atrás de ella como si fueran recién casados?... Dios ¡recién casados!... sacudió la cabeza. Algo malo le estaba ocurriendo a su cerebro para decirle tales estupideces.
El rubio, cegado por el delicioso olor que desprendía el cabello y cuello de Hinata, se dejó llevar; no quitó su mano de la cintura de la chica, y la otra la puso alrededor del abdomen de ella, atrayéndola hacia sí, recargando su cabeza en el hombro derecho de ésta. La chica, por su parte, estaba que se moría.
— ¿N-Na-ru-to?
— ¿Mm?
—Pu-pue-do cometer un ac-accidente… ¿po-podrias qui-quitarte?
El chico, desilusionado, se apartó con mucho pesar del cuerpo cálido y suave de la chica, mientras que ella lograba controlar su respiración.
Una vez preparado el omelette, Hinata sirvió en dos platos el dichoso desayuno, mientras tanto Naruto servía el jugo de naranja que tanto se había esmerado en hacer para no estar pensando en… la calentura.
—Hanabi vendrá. –soltó la peliazul mientras se metía la comida a la boca.
— ¿Ah, sí? –Se puso nervioso, ¿y quién no lo haría sabiendo que esa niña tenía toda la intención de castrarlo con una cuchara si fuera posible?- ¿Vendrá de visita?
—Algo así. –Se levantó de su asiento y caminó hasta el fregadero para dejar su plato- Se quedará todo el fin de semana.
Naruto se atragantó y comenzó a toser.
— ¿En-enserio? –dijo una vez recuperado.
—Sí, bueno… -Hinata se dio la vuelta con una expresión de ilusión y a la vez incomodidad- hace mucho que no paso tiempo de calidad con ella. Y, por lo que me han contado mis padres, desde que me mudé Hanabi se ha puesto un poco rebelde y solo se comporta cuando sabe que iré a casa de mis padres a visitarlos… o cuando ella viene aquí. Espero que no haya mucho problema.
Naruto le dio una media sonrisa temblorosa mientras levantaba su pulgar derecho.
—Des-descuida, no habrá ningún problema. Hanabi y yo siempre nos hemos llevado bien y…
—Te prometo esconder los cuchillos y cualquier otra cosa que contenga el mínimo de filo para que salgas vivo de ésta. – dijo antes de, acto seguido, taparse la boca para evitar soltar una risilla cuando vio el enorme suspiró de alivió del chico.- No creí que le tuvieras tanto miedo a mi hermana, Naruto.
—Y no le tengo miedo… le tengo respeto que es muy distinto.
—Aja, lo que tú digas.
— ¡Hinata, no te burles de mi! No comprendes lo peligroso del asunto.
— ¿Qué de peligroso hay que una niña venga a jugar contigo?
—En primera: Hanabi ya no es lo que se considera precisamente una niña, incluso legalmente ya cuenta como adulta. Y segundo: ¡ese monstruo me va a matar! ¡¿Sabes la cantidad de bromas que le gasté cuando éramos jóvenes?! En aquel momento sus venganzas se basaban en aventarme globos con agua o raparme mientras dormía en tu casa… -los ojos se le alteraron al recordar aquella mañana de hacía años atrás cuando al despertar en la casa Hyuga había amanecido con media cabeza sin cabello- ¡Imagínate lo que me hará ahora como venganza suprema! Y peor aun ¡¿Te imaginas lo que me hará si descubre que he dormido contigo?!
Hinata se sonrojó hasta las orejas, fijando su mirada en el piso como si en éste estuviera la cosa más interesante del mundo.
—Bu-bueno, ella no tiene porqué enterarse de eso. Y yo n-no se lo contaré.
—Y yo estaría loco si se lo digo. –inconscientemente se alborotó el cabello mientras giraba el rostro para ver el reloj:- Oye, Hina, no es por apurarte, pero se te va a hacer tarde.
La nombrada también se giró para ver el reloj que estaba detrás de ella y dio un brincó… ¡se debió de haber ido hace 10 minutos! ¡Su jefe jamás le perdonaría que llegara tarde, y le gritaría, y le…! Bueno, le diría las mismas cosas de rutina. Ya se había acostumbrado.
Se fue corriendo al baño a cepillarse los dientes, y, para cuando regreso, Naruto estaba en la entrada con el bolso y el saco de ella en la mano.
—Que tengas un muy buen día, señorita Hyuga.
—Gracias, Naruto. –Dijo a la vez que se ponía el saco- Por cierto, Hanabi llega hoy en la tarde.
— ¿Cómo a qué hora?
—Me dijo que lo más probable es que fuera a las 5 o 6.
—Entonces si llegaré a tiempo para cuando llegue. –al notar la cara de confusión de la chica, aclaró:- Hoy tengo que verme con uno de los socios de mi padre para convencerlo del nuevo proyecto, pero será a la hora de la comida, así que llegaré a tiempo para recibir al monstruo.
—Ya veo. En ese caso te deseo la mejor suerte con tu socio. –se acercó a la puerta y la abrió.- Nos vemos.
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Hinata estaba en su bendita hora de comer en el trabajo, sentada frente a su escritorio, degustando el delicioso sushi de camarón que había comprado.
Se encontraba tan pacifica y tranquila que no se dio cuenta de a qué hora Kiba se había posicionado frente a ella con una rosa en la mano.
—Hola, mi amor. –dijo el moreno con una sonrisa coqueta plasmada en su rostro.
—Kiba ¿qué haces aquí? –Miró hacia todos lados, alarmada- No es que te quiera correr, pero si mi jefe te ve, me va a despedir; sabes que no le gusta que personas ajenas se infiltren en su empresa.
— ¿Y yo soy "persona ajena"? –Se señaló, ofendido- Hinata, soy tu novio.
—Ya lo sé, ya lo sé, pero ese no es el punto aquí. Por favor, vete.
—Oye, ¿qué es lo que te traes? ¡Antes te hubieras sonrojado y estarías más que feliz de que yo hubiera venido!
Pero antes, era antes.
—Kiba, por favor… -pero antes de que pudiera terminar por lo menos de respirar, el moreno se levantó y cruzó su tronco por encima del escritorio para plantarle un beso en los labios.
—Me vuelves loco cuando te haces la difícil. –le susurró antes de darle otro beso sorpresa, el cual Hinata, por cierto, no correspondió, pero tampoco rechazó; se había quedado estática. –Nos vemos pronto, mi amor. –y se marchó con una sonrisa de medio lado.
Hinata pronto caería en su cama, o eso era lo que él pensaba.
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Su pantalón de olor negro había comenzado a vibrar, provocando la irritación del chico pelinegro mientras se llevaba un trozo de carne a la boca, por lo que prefirió tragar rápido y contestar su celular antes de que éste reventara de la insistencia.
—Habla Sasuke, ¿qué pasa?
— ¡Temeeeeeee!
Esa voz… esa ruidosa, escandalosa y estruendosa voz… ¿dónde la había escuchado antes?
— ¿Dobe?
— ¿Y a quién más esperabas, baka?
— ¡Baka tu abuela!
— ¡Ey, ey, ey! ¡Con Tsunade no te metas o terminaras con tu lindo rostro bajo el inodoro!
—Como si le tuviera miedo.
—Mejor no tientes la suerte, teme, que mi abuela te puede hacer tragar tus palabras. Pero ya, no te llamé para ponernos a discutir sobre lo que te hará mi abuela si la sigues insultando a sus espaldas.
— ¿Ah, no? ¿Entonces para qué me llamaste después de tanto tiempo?
— ¡¿Tanto tiempo?! ¡Te llamé ayer!
—Y ni cómo olvidarlo. Prácticamente me arrastraste a que te acompañara a comprar esa cosa para impresionar a Hinata.
—Sí, bueno, pues te quería pedir un favor respecto a esa cosa.
— ¿Ahora qué?
— ¿Podrías ir a recogerlo por mi?
— ¿Y yo porqué? Ni que fuera tu asistente personal, idiota.
—Por favooooooor.
—No.
— ¡Anda, teme, y te quiero más que ayer!
— ¿Me querías ayer? –soltó con sorna.
—Oh, cállate. –bufó. Entre los amigos varones la primera regla es nunca decirse si se quieren o no, o de lo contrario parecerían del otro bando- Lo que pasa es que tengo que llegar temprano a casa para…
— ¿Ahora resulta que le llamas "casa" a el hogar de Hinata? ¿No crees que te estás tomando demasiadas confiancitas con ella?
— ¡Quieres callarte y escucharme!
—No
—Como sea. El punto es que regresaré temprano a la casa de Hinata para poder abrirle la puerta a Hanabi.
—Oye, tú sí que quieres arrasar con todas las herederas Hyuga ¿eh? Mira que dormir, o eso es lo que tú dices, con la princesita Hinata no te bastó, sino que ahora hasta Hanabi pagara las consecuencias.
— ¡Oye, no soy un pervertido ´ttebayo!
—Eso es lo que todos los pervertidos dicen.
— ¡Ya! ¡¿Me harás el favor, si o no?!
—No.
— ¡Temeeeeee! Si lo haces te dejaré de dar lata durante un día entero mientras esté en Konoha.
—Que sean dos.
—Uno y medio.
—Tres.
— ¡Dos, y es mi última oferta ´ttebayo!
—Está bien. Yo voy por esa cosa. ¿En dónde te la doy?
—En el depa de Hinata. Pasa a la hora que salgas de trabajar.
—Sí, lo que tu digas, jefe. –dijo con burla.
— ¡Así se dice, teme!
—Idiota.
— ¡Nos vemos en la noche!
—Lo que digas. Adiós.
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La peliazul por fin había llegado a su piso después de un día extremadamente eterno en la oficina, pero no debía quejarse, pues dentro de un poco más todos sus esfuerzos tendrían una gran recompensa, ya que su jefe por fin le daría el ascenso prometido.
Sin embargo, con una sonrisa cansada recordó que su pequeña hermanita estaría ya adentro de su departamento, por lo que eso le garantizaba una velada divertida, y aun más sabiendo que Naruto estaría ahí.
Se paró frente a su puerta y, antes de poder tocar (puesto que ese día Naruto también se había quedado con las llaves), escuchó un grito atroz. Alterada, tocó con mucha rapidez y en cuestión de segundo la puesta se abrió y un rubio salió disparado para abrazarla y cubrirse con su cuerpo.
— ¡Está loca, ´ttebayo!
Y ahí estaba: la no-tan-inocente Hanabi tenía un tenedor en las manos.
— ¡Quítate, hermana, que ese tarado tiene que morir!
—Hanabi, tranquilízate. –le ordenó con toda precaución la mayor de las Hyuga.
— ¡¿Qué me tranquilicé?! ¡Ese baka –lo señaló- hizo el ademán de irse a dormir a TU cama! ¡Él tenía toda la intención de profanar tu cama!
—Hanabi, solo se iba a acostar, no pasa nada por eso.
— ¡Pero te podría pegar los piojos!
— ¡Hanabi, por dios, baja ese tenedor y déjanos pasar!
La nombrada no tuvo de otra más que obedecer a regañadientes y hacerse a un lado.
Naruto, por su parte, avanzó con Hinata por delante.
—Quiere matarme. –susurraba el rubio una y otra vez hasta que llegaron al sofá, en donde, sin proponérselo y sin soltar a Hinata, se sentó con ella en sus piernas, lo que provocó el sonrojo de ambas ojiperlas: una de rabia y otra de vergüenza.
—Na-Naruto, ¿podrías soltarme?
—No –dijo con voz asustada observando con detenimiento el cómo la pequeña Hyuga volvía a alzar el tenedor en su dirección.
—Te lo dije, hermana, él te quiere violar.
—Hanabi…
— ¡Te juro, Hanabi, por todos los cielos, que yo no he tocado a Hinata… -la menor le miró con los ojos entrecerrados- más allá de cómo un amigo tiene permitido! –agregó para salvar su pellejo.
—Eso dices tú, pedófilo.
— ¡No soy un pedófilo! –Se defendió- ¡Hinata ya está mayorcita como para que a mí se me considere un pedófilo!
Hinata se golpeó la frente con su palma derecha. Ese Naruto y sus comentarios imprudentes; si que quería que lo mataran.
— ¡Ahora sí! –gritó Hanabi mientras se les echaba encima a los otros dos, provocando que todos terminaran acostados: Hanabi sobre la Hinata que intentaba quitarle el tenedor para que no lastimara a Naruto, y Hinata sobre el rubio quien, por cierto, estaba muy aferrado al abdomen de ésta última.- ¡Quítate, hermana! ¡Juro que no le haré nada malo!
— ¡Eso dijiste la última vez que lo encontraste en mi habitación y Naruto terminó con un dardo a 2 milimetros de su cabeza! –soltó agitada mientras sostenía ambas manos de la pequeña.
— ¡Eso fue hace años! ¡Ahora es distinto! ¡Ha confesado que tiene pensamientos poco decentes contigo!
Y mientras que las dos hermanas peleaban, el timbre de la casa comenzó a sonar.
Naruto tuvo que liberar a Hinata de su encierro y poco a poco se fue deslizando para dejarlas sobre el sillón mientras iba a la puerta rogando a que fuera su amargado mejor amigo.
Sin embargo, cuando estaba a dos pasos de llegar a la puerta, un tenedor pasó rozando su hombro izquierdo y, al girar para ver de dónde demonios salió eso, se encontró con la imagen de las hermanas Hyuga tiradas en el suelo; con Hinata sobre la espalda de una Hanabi buscando un "algo" para seguirle lanzando al rubio.
Naruto tragó saliva poco antes de abrir la puerta y, al hacerlo, dijo:
— ¡Hola, te… ¿me?! –Arrugó el ceño- ¿quién diantres eres tú y qué has hecho con el teme?
El hombre parado bajo el marco de la puerta se le quedó viendo con cara de pocos amigos.
CONTINUARÁ…
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N/A: Ok, ok, no tengo perdón… fueron muchos meses sin subir nada, pero como le dije a alguien en uno de mis otros fics, sentía que me hacía falta una "conexión" para unir una parte de ésta historia con otra parte que ya tenía en mi cabecita, pero no sabía cómo, y todavía no sé pero dije "si sigo esperando a que la idea me venga por arte de magia, seguiré esperando, mejor continuo y veo a ver qué sale" y bueno, ¡aquí me tienen! Prometo no defraudarlos.
Agradezco especialmente a rafael, Lilipili, Dublealfa, RickNXT y Uzumaki Yui-Chan por hacerme saber que les gusta la historia y que por nada del mundo debo dejarla.
Muchas gracias a todos!
Nos vemos pronto!
(Por cierto, ya estoy de vacaciones de verano! XDD así que no tendré excusa alguna para no actualizar!)
Espero más que ansiosa sus reviews!
HASTA LA PROXIMA!
