Nota: Todo, los nombres, personajes y lugares son creación del profesor Tolkien. Aquí termina este corto fic de dos capítulos dedicado a un elfo malvado e incomprendido. Intentando de no hacerlo muy dulce y agradeciendo a todas las personas que han leído esta historia y especialmente a las que me escriben unas cuantas líneas al respecto.
Capítulo 2
La gente podrá acusarme de todo, menos de evitar una batalla. En mi regreso a Himlad me sentí más animado. Curufin también estaba más tranquilo, pensaba que era mejor tener a Celebrimbor seguro en Nargothrond, por eso no protestó cuando Orodreth se negó a formar parte de la nueva unión confiando en mantener Nargothrond oculto como mejor defensa. Por su parte Thingol ni siquiera tuvo la cortesía de responder a las cartas de Maedhros, algo típico de ese elfo oscuro. Es notorio el parecido entre Orodreth y Thingol, por algo son parientes.
Los planes se llevaron a cabo con gran precisión, aunque el número de aliados pareció disminuir sin la presencia de Turgon, que hacía bastante tiempo que se había marchado a un lugar oculto, ni siquiera Fingon pudo encontrar a alguien de su gente para mandarle el mensaje, pero confiaba en que su hermano se enteraría a pesar de todo. Yo lo dudo. Simplemente podíamos contar con nuestros propios elfos, las tropas de Fingon, los naugrim de Azhagal y los hombres que le juraron lealtad a Caranthir. Hombres de carácter sombrío, pero en estos tiempos quién puede ser de otra manera. Estaba todo listo, todo preparado, para lo que sería la última batalla abierta contra Morgoth.
¿Qué puedo decir de la guerra? Fue terrible, sangrienta, caótica, desastrosa. Nunca hubiéramos contado con que los ejércitos de Uldor nos traicionaran de esa manera, aunque hubieran sido humanos. Por primera vez vi la desesperación en los ojos de Maedhros. Como si de pronto se le hubieran acabado las ideas y no supiera lo que debía hacer. El llamado de Fingon parecía sumirlo en una mayor desesperación porque veía que el ejército de Morgoth diezmaba sus tropas. No podía decidirse si acudir al llamado de Findekano o enfrentar a los traidores que atacaban por detrás. Fue una mala hora, esa en la que Uldor casi le alcanza con su lanza, de no haber sido por Maglor que lo mató al instante creo que hubiera herido mortalmente a Maedhros, que ni siquiera se preocupó por eso. Se hubiera ido a todo galope con Fingon si no hubiera visto a Ambarussa caer herido en el campo de batallas. Caranthir fue en su auxilio y hubiéramos logrado controlar la situación pero no contábamos con los dragones de Bauglir, cortándonos el paso. Los naugrim aguantaron más de lo que hubiera pensado y lucharon bravamente, pero eran pocos los que todavía resistían los embates de los uruloki. Sin aliados y el ejército acabado Maglor ordenó la retirada en lugar de Maedhros, porque él simplemente se quedó quieto en su lugar. Caranthir tuvo que llevarle prácticamente a rastras del lugar.
Como nadie supo que hacer luego de esos desastrosos cinco días, simplemente se me ocurrió fue llevarles a todos a Amon Ereb, y para eso tendríamos que pasar primero por el monte Dolmed. El camino fue largo y penoso, casi nadie se atrevía a decir palabra alguna. Finalmente Maedhros se decidió y dijo con la voz seca
—No me sigan —. Dio media vuelta y se marchó.
No lo pensé dos veces, le seguí, no recuerdo bien por cuanto tiempo, hasta que llegamos al sitio donde el ejército fue arrasado por los Balrogs de Morgoth. El campo era desolado y con vestigios de la escasa vegetación carbonizada todavía humeando. No recuerdo si era humo o niebla lo que cubría el campo entero.
Ahí halló Maedhros el cuerpo de Fingon, con el cráneo destruido por el martillos de Gothmog, justo como encontramos al abuelo Finwë cuando asaltó Formenos. Fue como volver a esos días del pasado en que no supe que decirle o que hacer, simplemente me quedé quieto en mi lugar contemplado la sangre en la sombra que había caído.
Maedhros cayó de rodillas ante el cuerpo Fidekano y vi como de sus ojos corrían lágrimas. No había visto a mi hermano llorar desde que papá murió, atacado por los balrogs de Moringoto. La historia parecía repetirse, perder a dos seres amados por las mismas criaturas y sin poder vengarles.
—Es mi culpa —le escuché decir en voz baja, casi imperceptible —todo el mi culpa, he llevado a la muerte a todos los que he querido.
Le miré dubitativo, me preguntaba si Maedhros había notado que le había seguido que le estaba mirando, quise marcharme, volver la mirada hacia otro lado, como cuando volví la mirada al encontrar el cadáver de abuelo Finwë, o como no me atrevía a ver al rostro a nuestro padre moribundo. Está vez no sería así, está vez no me quedaría quieto ni temeroso. Di un paso al frente y hablé.
—Escucha hermano, tú no tienes la culpa de nada —dije, al principio débilmente, luego mi voz se afianzó —si vas a echar la culpa alguien que sea a mí.
Miró con esa mirada dura, como si le molestara que yo estuviera presente. Por un momento me recordó a Fëanor cuando entrábamos al taller.
—¿Qué haces aquí? —me preguntó severamente.
—Tú me conoces, sabes que nunca escucho —le respondí con mi acostumbrado aire de cinismo, pero luego repensé mis palabras y le hablé en un tono sincero — .Ya sé lo que quieres, que me vaya lejos, pero está vez no va a ser así hermano, no me iré. Me voy a quedar a tu lado, porque a pesar de todo todavía soy tu hermano.
Su mirada se suavizó, pero todavía no me decía nada, algo que yo no toleraba. Se volvió y cerró los ojos, como si eso le impidiera escucharme. Yo simplemente imaginaba que por su cabeza pasaban ideas como que de no haber sido por mis acciones Thingol y Orodreth no se hubieran negado a enviar tropas a la batalla.
—Háblame hermano, sé que te he fallado muchas veces, pero no puedo cambiar el pasado. Si pudiera yo me cambiaría por Fingon y preferiría estar muerto si con eso él volviera a la vida, pero no puedo, lo quieras o no soy lo único que tienes ahora. Tú hermano que tiene mal temperamento, que actúa sin pensar dos veces, que se deja llevar las pasiones antes que por la razón, que ha traído vergüenza a la familia y que puede ser calificado de traidor, porque tiene las manos están manchadas con la sangre de su gente. No creas que no me he arrepentido de mis hechos, que no me remuerde la conciencia cada vez que pienso en todos a los que he matado sin compasión. Yo sé que no tengo salvación, pero sé que tú la tienes, tú eres como la esperanza para todos nosotros. Tú vas a cumplir el juramento cuando todos nosotros hayamos caído. Yo sé que tú intentas ir por el buen camino y que al final nos salvarás.
"Tú puedes solucionar las cosas, yo tengo confianza en ello, por eso no puedo permitir que tú caigas, antes prefiero caer yo primero, aun si para eso tengo que asesinar, robar, traicionar o lo que sea, no dejaré que tú lleves el peso del juramento solo."
—Gracias —fue lo único que me dijo antes de que comenzara a levantar un túmulo para Findekano. Le ayude en la penosa tarea. Lamenté también el hecho de que Fingon muriera de esa manera. De todos los primos, era él el que mejor comprendía nuestra búsqueda, pero eso y todo lo demás ya está en el pasado.
Durante la invasión a Doriath, delante de tantos cuerpos de los que he asesinado con mis propias manos, recuerdo esos días de las batalla de las innumerables lágrimas. Finalmente la maldición de Mandos me ha tomado completamente, y nada bueno ha quedado en mí, excepto esto querido hermano, recuperaré el Silmaril para que tú ya no manches tus manos de sangre, si tan solo pudiera alcanzar a Dior con mi espada…
